viernes, 25 de mayo de 2018

PERMANENCIA Y FIDELIDAD

La verdad es que me daba una pereza enorme tener nada que comentar sobre el Evangelio de hoy (Marcos 10,1-12), la polémica entre los fariseos y el Señor a costa del matrimonio, porque bastante hay montada en torno al tema desde el Sínodo de la Familia y lo que colea... Así que había decidido fijarme en la primera lectura... ¡Más pereza aún! ¡La Carta de Santiago! Y eso que en mi etapa juvenil (durante el BUP) era todo un best-seller para mí, que la tenía requetesubrayada y requeteanotada, me ayudó mucho en un momento de mi vida, quizás por aquello del comienzo "considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeados por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento" (Santiago 1,2-3), ahora tampoco me apetecía...

Así que me he dicho, voy a darme una vuelta por la UNIVERSIDAD jesuita de CREIGHTON, en USA, de donde, de vez en cuando, cuando me fallan las musas, o el Evangelio del día (por las circunstancias que fueren, no me suscita nada), saco los comentarios a modo de "firma invitada" y resulta que... ¡La autora de hoy se ha decantado por poner el acento también en la primera lectura! ¡Pues será "de Dios" que así sea! 


Pero primero conozcamos a nuestra "firma invitada", se trata de DIANE JORGENSEN, estudió Trabajo Social, y luego se especializó en Atencion Espiritual Hospitalaria, siendo así que ha sido Coordinadora de los Servicios de Capellanía Hospitalarios, durante más de 20 años, en diversos centros hospitalarios y de cuidados paliativos, función que sigue desarrollando, actualmente, en el Campus Sanitario de la mencionada universidad. Casada, dice que comparte con su esposo la pesca y la caza, pero que disfruta igual cuidando sus flores y haciendo colchas, y sobretodo la compañía de sus perros, "Chloe" y "Jake". 

He aquí su comentario:

Toda esta semana hemos estado leyendo la Carta de Santiago, una exhortación llena de orientación e instrucción a los primeros cristianos, procedentes del judaísmo, sobre cómo vivir su nueva vida en Cristo, especialmente mientras esperan el regreso del Señor.

El pasaje que tenemos para hoy (Santiago 5,9-12), tiene más sentido si lo ponemos en el contexto de un versículo anterior "tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías" (Santiago 5,7) Se advierte a los hermanos que no se quejen, ni que se juzguen unos a otros, sino que sean pacientes y perseveren. "habéis oído la paciencia de Job en el sufrimiento y sabéis el final que el Señor le dio; porque el Señor es compasivo y misericordioso" (Santiago 5,11)

De la misma manera, las virtudes de la perseverancia, la paciencia y la fidelidad son las que se insinúan en la lectura del Evangelio, donde los fariseos interrogan a Jesús para ver cómo responde a la pregunta sobre el divorcio. Al principio, la primera lectura nos puede servir como una especie de "charla motivadora". El estímulo adecuado para perseverar en las dificultades nos ayuda con el entrenamiento deportivo para conseguir el podio, con terminar una carrera universitaria para ser aquello que queremos ser o desarrollar un talento musical para convertirnos en músicos virtuosos, porque podemos ver el objetivo final y nos sentimos recompensados ​​por nuestro éxito. Pero en tiempos de angustia y dificultades, lo anterior no vale, carecemos de estímulo positivo, y lo negativo nos hace perder el horizonte y el objetivo final, y ni siquiera recordar a otras personas que han perseverado a través de esas mismas pruebas o que nos recuerden nuestro propósito original, simplemente no alcanza a elevarnos de nuestro profundo dolor y sufrimiento.

Esto nos plantea preguntas difíciles en nuestras vidas, especialmente en tiempos de dificultad y zozobra. ¿Por qué tendríamos que "permanecer" en nuestras compromisos vitales, especialmente los adquiridos con otras personas (familia, amigos, hermanos en religión) cuando precisamente son éstas mismas la fuente de algunos de nuestros más profundos sufrimientos? ¿Cómo seguimos confiando en la compasión y la misericordia de Dios en medio de la pérdida de empleo, los tornados, el hambre, la guerra o el terrorismo? ¿Por qué hemos de perseverar? ¿Cuál es el objetivo, cuál es "la victoria" que se supone vamos a lograr?

A veces, simplemente, no hay nada a lo que aferrarse en las situaciones difíciles, sino a la única sabiduría comprobada y aquilatada en el tiempo: Mantener siempre constante la dirección y los compromisos adquiridos, pese a las dificultades (es lo que se viene a llamar "ser fieles a la opción fundamental") Se necesita una confianza radical para "permanecer" cuando no tenemos respuestas a los "¿por qués?" o "¿cuánto tiempo va a durar esta desazón, esta prueba?"



A su vez, que SANTIAGO proponga a JOB como ejemplo, lejos de resolver las cosas, lanza interrogantes más desgarradoras: ¿Tal vez el camino hacia la perseverancia no es a través del desarrollo de la fuerza sino a permitirnos ser más abiertos, más vulnerables, más desprotegidos? Tal vez cambiar la pregunta por "¿quién?" es mejor que "¿por qué?" frente a nuestras adversidades y problemas: ¿Quiénes son mis hermanos, mis compañeros, mi comunidad? ¿A quién pertenezco? ¿Quién eres tú Dios? ¿Podemos confiar en que Dios está obrando en los demás, en mí, en todos los eventos, incluso cuando no podemos ver o imaginar a dónde se dirige todo esto? Desgraciadamente no hay una respuesta estándar para cada uno de nosotros, sin embargo, podemos quedarnos, precisamente, con la respuesta dada, en forma de máxima, por San IGNACIO DE LOYOLA "En tiempos de prueba, no hacer mudanza".