lunes, 18 de diciembre de 2017

PORQUE ES NUESTRA FIESTA,
ES NUESTRA ESPERANZA

¡Gritad de gozo a Dios, nuestra fuerza, 
aclamad al Dios de Jacob!
¡Entonad la salmodia, tocad el tamboril, 
la melodiosa cítara y el arpa; 
tocad la trompeta
porque es el día de nuestra fiesta!

(Salmos 81,1-3)


Hoy es, en efecto, nuestra fiesta, celebra la Iglesia, y esta pobre porción de ella que somos nosotros, NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA, de la EXPECTACIÓN, de la O, en esta casa, de NAZARET. 

¡Es nuestra fiesta y ésta es nuestra esperanza!

Y somos, como todos nos conocen, POBRES DE NAZARET, porque si hemos fundado nuestra pobre opción de vida en tres pilares, a modo de invocaciones:

¡Abba!
¡Amén!
¡Aleluya!


No menos cierto es que,  para todo ello, tenemos por modelo y maestra a MARÍA, que por humillarse delante del Señor supo hacer suya, como nadie, su condición de hija, para poder exclamar:

¡Abba, Padre, necesito de ti!

Porque esta es la actitud de los pobres, de los pobres de la Biblia, los que aguardan y esperan en el Señor, los que cumplen su Palabra, los que viven de su justicia, los "anawim",  porque MARÍA al decir 

¡Fiat, hágase en mi tu Palabra!

estaba pronunciando el "Amén" definitivo al proyecto irreversible de Dios de salir al encuentro del hombre, en su hijo, JESÚS, nuestro Señor. Y finalmente porque ella, sin duda alguna, aunque los evangelios no lo narran, fue la primera en pronunciar el

¡Aleluya!

ante la resurrección de su hijo, no en vano, la Iglesia, conocedora de esta trayectoria vital de MARÍA, durante el gozo del tiempo pascual une la resurrección del Señor al gozo de MARÍA, saludándola con el "Regina Coeli".