jueves, 18 de enero de 2018

SEMANA DE ORACIÓN
POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
MENSAJE DEL MINISTRO GENERAL


La Iglesia celebra, desde el año 1908 el OCTAVARIO DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, con la finalidad de orar para que las palabras del Señor, en la oración al Padre "que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" (Juan 17,21) sean una realidad en el mundo y no causa de escándalo, porque si los que nos decimos cristianos andamos divididos ¿qué testimonio es el que habremos de dar? Desde entonces la Iglesia ha querido poner el acento de la reflexión, junto con el resto de confesiones cristianas, en un tema y han encargado los textos, las reflexiones y  los materiales a una comunidad y realidad eclesial concreta. Este año el VATICANO junto con el resto de confesiones cristianas han querido poner el toque de atención en la libertad, siendo invitados para ello las Iglesias del CARIBE (que comprenden realidades muy amplias) que comprenden países tan cercanos, a la par que dispares, pues la región, a efectos de organización de la Iglesia Católica, comprende las Islas de SANTA LUCÍA, FUERTE DE FRANCIA, JAMAICA, PUERTO ESPAÑA, NASSAU, CUBA, REPÚBLICA DOMINICANA, HAITÍ, PUERTO RICO y las islas nortemericanas de Santo TOMÁS, de la SANTA CRUZ, de San JUAN, las VIRGINIAS y el enclave de GUANÁNAMO.

Que nos sirva hoy, a modo de pórtico de entrada en este tiempo de oración la Carta Circular, con motivo de la ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, dirigida por el Ministro General de los Franciscanos, Fray ANTHONY MICHAEL PERRY, Ofm, a toda la Orden (en donde sean precisos mis incisos los señalaré expresamente):


Queridos hermanos de la Orden de los Hermanos Menores,
y todos los hermanos, hermanas y amigos de nuestra Familia Franciscana,

¡Que el Señor os dé paz!

“¡Cantadle al Señor, porque ha triunfado admirablemente!”. Este himno de MOISÉS y de MIRIAM, elevado a orillas del MAR ROJO, expresa bellamente el tema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de este año: "Nuestra vocación común de continuar la obra salvadora de Dios y de guiar a todos los hijos de Dios de la esclavitud a la plenitud de la libertad que su Hijo, Jesús, que ha adquirido para toda la creación".

Como nos recuerdan las Iglesias del CARIBE, que han preparado el tema de este año, ¡la esclavitud no es, por desgracia, un fenómeno del pasado! Al contrario, constituye una gran parte de nuestro presente. Esto se puede ver a través de sus consecuencias. Como nos lo hacen notar nuestros hermanos y hermanas caribeños, basándose en su propia experiencia, muchos desafíos contemporáneos son herencia del pasado colonial y del comercio de esclavos: La pobreza sistémica, violencia, injusticia, adicción a las drogas y pornografía, violencia de las pandillas y de los núcleos familiares, y relaciones familiares gravemente deterioradas. ¿Podemos sorprendernos de encontrar esos frutos en donde la dignidad humana se considera una mercancía?

La esclavitud no solo está presente a través de las consecuencias del pasado. También está presente en formas nuevas y antiguas. ¿Cuántas veces hemos escuchado al Papa Francisco condenar las nuevas formas de colonialismo a través de las cuales las “naciones desarrolladas” se empeñan en mantener sus estilos de vida a expensas y detrimento de los “últimos” de nuestros hermanos y hermanas: los niños, los ancianos, los pobres e incluso “nuestra hermana madre Tierra?”. Si consideramos la naturaleza de esta cultura del “descarte”, ¿es de extrañar que la esclavitud persista? Hoy más de cuarenta millones de personas están esclavizadas. Si bien la mayoría de estas personas trabajan en algunos de las ex colonias, que están entre los países más empobrecidos del mundo, pero prácticamente no hay nación en la que alguien no esté esclavizado.


(Pensemos, el inciso es mío, por un momento, en todas aquellas realidades que no queremos saber, no queremos saber de dónde proceden muchos de los caprichos que nos concedemos ¿Quien de nosotros no tiene un móvil? ¿Sabemos que los microprocesadores de los móviles se confeccionan con koltán, un mineral muy raro y escaso, que extraen en condiciones de semi-esclavitud mineros, incluso niños, en condiciones infrahumanas? ¿Quién de nosotros no lleva algo "de marca"? ¿Sabemos la explotación laboral que se esconde detras de nuestras marcas y del merchandising que se pone en venta detrás de todo fenómeno musical, de televisión, o evento, incluídas las propias olimpiadas? Decimos que estamos en contra de la esclavitud, de la explotación laboral, del trabajo infantil... pero muy pocas veces nos preocupamos, ni nos preguntamos, por la procedencia ética de muchos de los artículos que nos rodean)

Como discípulos de Jesús, en cuya desnudez estamos llamados a caminar los franciscanos, no podemos quedarnos callados, ni dejar de responder con fe a la realidad de ese horroroso pecado; y esto hasta el cumplimiento de la acción  a la que nuestro discipulado nos llama. Al comienzo de su ministerio, Jesús nos ofreció una concisa “declaración de sus intenciones” para su obra. Basándose en los escritos de ISAÍAS, el cual había sido deportado durante el exilio babilónico de Israel, Jesús declaró qué tipo de Mesías desea ser: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” (Lucas 4, 18-19).



(Según veo en la propia web de los franciscanos, actualmente su labor se desarrolla por medio de veinte hermanos profesos y seis de votos temporales, repartidos en seis comunidades, en PUERTO RICO, CUBA y REPÚBLICA DOMINICANA, la Provincia Caribeña de los franciscanos se llama "Nuestra Señora de la Esperanza" y su labor pastoral se realiza en seis parroquias, un Centro de Salud, una escuela y un proyecto llamado "Nueva  Esperanza" por el que apoyan el desarrollo integral de unos cuatrocientos niños.)

Jesús fue claro. Es – y lo será para siempre- no solo el Salvador de nuestras almas. Él es el Salvador de toda la persona humana: Del alma, del cuerpo, y de toda la red de relaciones a la que pertenecemos como personas, es decir, como familias, comunidades y, en última instancia, la creación entera. Porque el pecado esclaviza no solo nuestras almas. Nos hace a todos esclavos en su totalidad a través de círculos viciosos cada vez más grandes. Jesús nos liberó de esta esclavitud total, ofreciéndonos a cambio ese regalo de salvación total que es el Reino de Dios: Un reino de verdad y vida, un reino de santidad y gracia, un reino de justicia, amor y paz.

Si esta fue la misión de Jesús, también es nuestra misión como miembros de su Cuerpo, aunque si es una misión que ningún miembro puede esperar cumplir por sí mismo. No importa cuán sinceros sean nuestros esfuerzos individuales, ni cuánto pueda dedicar una Iglesia por sí misma a la realización del Reino de Dios, la misión de Jesús le pertenece a todo su Cuerpo. Solo juntos, como su único Cuerpo, nosotros los cristianos  podemos esperar cumplir lo que se nos pide a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo: Vivir de tal manera que puedan creer en la victoria que Dios ha ganado para ellos en Jesús, su amado Hijo, y arraigados en esta fe, sepamos que juntos, no trabajamos en vano. 

De una manera típica de su cultura compartida, nuestros hermanos y hermanas en el Caribe le han puesto música a esta fe a través de The Right Hand of God (La diestra de Dios). Si bien este himno merece ser cantado en su totalidad, como espero que lo hagan en las celebraciones locales de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de este año, unas cuantas estrofas podrían ser suficientes para expresar el contenido de esta fe (en su carta, el Ministro General cita una cuantas estrofas, he estado mirando por YOUTUBE y sólo he encontrado este himno en un vídeo medio en condiciones, os comparto el texto en inglés, y traducido, porque la traducción pierde parte de la belleza de la rima de las estrofas):





The right hand of God 
is writing in our land, 
writing with power and with love; 
Our conflicts and our fears, 
Our triumphs and our tears, 
Are recorded by the right hand of God. 

The right hand of God 
is pointing in our land, 
pointing the way we must go; 
so clouded is the way, 
so easily we stray, 
but we’re guided 
by the right hand of God. 

The right hand of God 
is striking in our land, 
striking out at envy, hate and greed; 
our selfishness and lust, 
our pride and deeds unjust, 
are destroyed by the hand of God. 

The right hand of God 
is lifting in our land, 
lifting the fallen one by one; 
each one is known by name, 
and lifted now from shame, 
by the lifting of the right hand of God. 

The right hand of God 
is healing in our land, 
healing broken bodies, 
minds and souls; 
so wondrous is its touch, 
with love that means so much, 
when we’re healed 
by the right hand of God. 

The right hand of God 
is planting in our land, 
planting seeds of freedom, 
hope and love; 
in these many-peopled lands, 
let his children all join hands, 
And be one with the right hand of God.

La diestra de Dios
está escrita en nuestra tierra,
escrita con poder y amor;
nuestros conflictos y nuestros temores,
nuestros triunfos y nuestras lágrimas,
están escritos por la diestra de Dios.

La diestra de Dios
señala hacia nuestra tierra,
indicando el camino a seguir,
demasiado nublado es el camino,
demasiado fácilmente nos desviamos,
pero somos guiados
por la diestra de Dios.

La diestra de Dios
golpea nuestra tierra,
atacando la envidia, el odio y la codicia;
nuestro egoísmo y nuestra lujuria,
nuestro orgullo y obras injustas,
son destruidos por la diestra de Dios.

La diestra de Dios
se alza en nuestra tierra,
alzando a todos los caídos;
cada uno es conocido por su nombre,
y alzado de la vergüenza,
por el alzar de la diestra de Dios.

La diestra de Dios
está sanando en nuestra tierra,
curando los cuerpos rotos, 
las mentes y las almas;
tan maravilloso es su toque,
con amor que vale mucho,
cuando estamos curados
por la diestra de Dios.

La diestra de Dios
está plantando en nuestra tierra,
plantando semillas de libertad, esperanza y amor;
en esta tierra tan poblada,
dejad que sus hijos unan sus manos,
y sean uno con la diestra de Dios.



Mis queridos hermanos, el Señor ha triunfado admirablemente. Caballo y jinete ha arrojado al mar. No importa qué tan a menudo resurjan para amenazar la victoria liberadora que Dios ha obtenido para sus hijos en Jesús, su Hijo amado: Sabemos que para salvaguardar nuestro agotador trabajo lo hemos asegurado en el mismo Jesús, que llama a todos sus discípulos a ser uno, como él y su Padre son uno “para que el mundo crea que tú me has enviado” (Juan 17,21)

Bendigo a cada uno en su servicio del Evangelio.