miércoles, 28 de septiembre de 2016

SÍGUEME...
...EL JUEGO DE LAS EXCUSAS


Normalmente, todos nosotros, después de la experiencia del amor primero, que es la forma de decir "tener esa experiencia personal de Jesús, vivo y realmente presente, en medio de nuestras vidas" por la que nace "la llamada vocacional" (sea la que fuere) solemos tener el momento, a continuación, "seguimiento" que es la respuesta que da el primer interlocutor al Señor en el Evangelio de hoy (Lucas 9,57-62): "Señor, te seguiré, a donde quiera que vayas".

Claro que, como dice el refrán "de buenas intenciones está el cementerio lleno", porque una cosa es la respuesta que solemos dar, como discípulos eufóricos por haber encontrado al Señor "¡Hemos encontrado al Mesías!" (Juan 1,41) del anuncio gozoso de ANDRÉS a su hermano PEDRO,  y otra cosa es después de la euforia inicial, como pistoletazo de salida, ir manteniendo, día a día, como en una carrera de fondo, la fidelidad al Señor y la coherencia plena, como bien pudo afirmar San PABLO "he peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe" (2 Timoteo 4,7) ¡Y eso que seguir al Señor no es garantía de nada! Mirad si no, la respuesta dada al primer discípulo venturoso "las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza", o sea que si viniste buscando comodidades ya te puedes ir olvidando del tema, máxime, cuando ya sabemos como acaba la historia, por más que el Señor intentara hacérselo entender a sus discípulos "meteos esto bien en la cabeza, al hijo del hombre va a ser entregado" (Lucas 9,43).

Y hay otro refrán que me dijo una vez un jefe que tuve en otro trabajo, que yo nunca lo había escuchado antes, que dice "de repente, ni cobarde, ni valiente", quiere esto decir que las decisiones en la vida no deben tomarse de forma precipitada, ni decir que no como primera opción, pero tampoco arrojarnos de forma inconsciente a cualquier disyuntiva... pero este refrán no puede aplicarse al Señor, "él cuando llama, llama" y no hacen falta más explicaciones, me resulta curioso que la única vez que el Señor pide algo para sí en el Evangelio, que es el asno de la entrada en JERUSALÉN, le dice a sus apóstoles: "Y si alguien os pregunta, decid, el Señor lo necesita" (Lucas 19,31) ¡El Señor lo necesita, sobran las explicaciones! Y mucho me temo que lo que vale para un burro, vale también para nosotros, "el Señor nos necesita" ¡y sobran explicaciones! por eso el Señor nunca nos llama diciendo "¿Querrías seguirme?" (ya si lo pide por favor alucinamos), porque simplemente dice: "¡SÍGUEME!"

Y claro, estamos tan poco acostumbrados a llamadas o propuestas tan tajantes, porque somos muy dados a sopesarlo todo, controlarlo todo y querer organizarlo todo, por eso somos tan poco dados a imperativos, porque son secos y tajantes, ante ellos no cabe escapatoria, no es lo mismo que un jefe te diga "por favor... ¿quieres traerme el informe que te pedí ayer?" a que te diga "¡El informe, tráelo ya! que los imperativos nos repelen, por eso empezamos, como en el caso del Evangelio de hoy a poner pegas:

SÍGUEME.... Déjame primero ir a enterrar a mi padre... Evidentemente, si el Señor no cayó en la trampa de ponerse a discutir con el diablo, en sus tentaciones en el desierto, sino que se limitó a zanjarle la conversación de forma tajante (lo que hoy llamamos un ¡ZASCA en toda la boca!) no vamos a ser tan ilusos de creer que se va a dejar enredar por nuestras excusas, la mejor defensa es un buen ataque, de ahí lo áspero de la respuesta "deja que los muertos entierren a sus muertos" ¡Si total, ya está muerto, ya no puedes hacer nada más por él! a no ser que suene a excusa para dilatar el momento de la respuesta.

SÍGUEME.... Déjame primero despedirme de mi familia... El segundo discípulo parece un poco más listo en su excusa, es como si pensara "si a este pobretico (el primero) la excusa del muerto no le ha valido, pongamos entonces como excusa a los vivos", pero el Señor ya había dicho mucho tiempo antes, cuando MARÍA y sus hermanos, al comienzo de su predicación pública quisieron llevarle de vuelta a casa "mi madre y mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la cumplen" (Lucas 8,21) o sea que al discípulo de esta excusa habría que decirle ¡buen intento, pero no te cuela!

Así que una cosa está clara a la vista del Evangelio de hoy, si el Señor te dice "SÍGUEME" sólo te quedan dos opciones: Seguirle sin rechistar o desobedecerle, claro que si el Señor te llama, ten por seguro que rehuirle es tarea del todo inútil, ya lo intentó el profeta JONAS y su viaje de huída se convirtió en una especie de ODISEA, pero no la de ULISES, sino de coña... ya lo dice el Salmo: "¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro; si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha" (Salmo 138,7-10). Sólo los santos saben dar respuesta a este "¡SÍGUEME!" de forma decidida y valiente, ójala nos encontremos en la nómina de los santos, empezando por PEDRO y ANDRÉS "y dejando las redes y a su padre, al punto, le siguieron" (Marcos 1,18), y ya puestos, dejadme citar una vez más a mi queridísima Mª EMILIA RIQUELME: "Pude seguir el impulso divino que me apremiaba, despreciando el humano respeto y perdiendo mi pobre nada en Dios, que fue siempre mi todo" (Pensamientos, nº 10).