domingo, 28 de mayo de 2017

LA ASCENSIÓN NOS HABLA DE ESPERANZA...


Galileos… ¿Qué hacéis ahí plantados, mirando al cielo? (Hechos 1, 11)

La verdad es que la historia ha cambiado mucho desde que los ángeles le echaron en cara a los discípulos que se habían quedado, “embobados” mirando al cielo al ver partir al Señor en la Ascensión, ya que ahora, al contrario, la pregunta que se ha de hacer a los peregrinos, en Tierra Santa, en el lugar de la Ascensión, si es que unos ángeles aparecieran en ese momento, sería la contraria: “Peregrinos… ¿qué hacéis ahí plantados, mirando al suelo?”…

La cosa es como sigue, si no me enteré mal, resulta que la antigua Iglesia de la Ascensión del Señor estaba construida en planta octogonal, sobre parte del monte en el que se encuentra el Huerto de los Olivos, hasta la invasión de JERUSALÉN por parte de los musulmanes que, como ya sabemos, arrasaron todo lo cristiano y todas las edificaciones cristianas de los cruzados… de esta forma, actualmente sólo queda de dicha iglesia una traza de muro, octogonal, cuyo espacio central está a cielo abierto, por lo que parece más bien un patio, y en su interior, en el centro hay un pequeño “edículo”, o lo que es lo mismo, una mini-construcción, que los musulmanes edificaron para preservar el resto, que además, hoy día está anexo a una mezquita, por lo que es de propiedad privada y los cristianos hemos de pagar “la correspondiente entrada” para poder verlo, salvo el día de hoy, empezando por la víspera de anoche, en la que los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa ponen unos toldos, techando el espacio, y celebran en su interior el rezo de las vísperas, le Eucaristía y una vigilia de oración.


Verlo, verlo, lo que se dice ver no hay mucho que ver, el edículo propiamente dicho y poco más, y la curiosidad de que en su interior se conserva, protegido por un marco, un trozo de la roca madre del monte, de la que se dice “se aprecian las huellas de Jesucristo”. He de reconocer que yo le eché la foto correspondiente aunque sin saber muy bien cómo, ni dónde, ni en qué manera se apreciaban las huellas de Cristo, que hay que pasarse un rato intentando averiguar o encontrar dónde estarán las pretendidas huellas del Señor en aquella roca tan manoseada y besada por cientos de miles de peregrinos, por eso he dicho que la gracia del lugar, ahora, es mirar al suelo, no al cielo…

Sea como fuere, ciertamente, no ha sido uno de los sitios que me hayan conmovido especialmente de este viaje, me ha pasado un poco como con el Santo Sepulcro, que sí, que aquí resucitó el Señor, o aquí ascendió al cielo –en este caso- pero me conmueve mucho más el corazón imaginarme y sentir, por ejemplo, a Jesús llorando por JERUSALÉN en la capilla de Dominus Flevit, que imaginándomelo volando hacia arriba en plan Superman… ¡qué le vamos a hacer, la fe de cada cual es personal, y me conmueve siempre mucho más la parte humana de Jesús que la divina!

Se celebra hoy, además, la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en la Iglesia, por eso el breve comentario del Evangelio de hoy (Mateo 28, 16-20) que os traigo es de la mano de EILEEN WIRTH, de la Universidad Jesuita de CREIGHTON, actualmente jubilada, profesora que fue de la Facultad de Periodismo y Ciencias de la Comunicación de dicha universidad, sobre la que sus compañeros escriben:


Va a ser difícil imaginarse las aulas o el Campus Universitario de Creighton sin sentir los pasos rápidos de EILEEN WIRTH, que ha sido desde hace veinte años la directora del Departamento de Periodismo, Medios de Comunicación y Computación, pues se jubilara este año, al final del año académico (...) Durante todo ese tiempo, WIRTH ha enseñado, asesorado y ha sido ejemplo de integridad periodística para cientos de sus estudiantes. Su red de antiguos alumnos, que desde sus actuales puestos de trabajo en grandes medios, ofrecían empleos o prácticas a sus alumnos recién graduados es legendaria. Sus alumnos han aprendido de ella la importancia de escribir bien, el valor de las relaciones personales y la comprensión de los valores de la educación de la Compañía de Jesús (...) Nadie espera que EILEEN vaya a estarse quieta después de su jubilación. Ella planea escribir otro libro, esta vez una historia del periodismo. Seguirá con su trabajo de voluntaria trabajando con los refugiados, organizará la Fundación de la Biblioteca Pública de OMAHA. También tiene previsto ayudar a otros a aprender a escribir mediante talleres de escritura independiente y creativa. Ella también va a seguir participando en la Universidad con la Asociación de ex-alumnos y profesores.

Y es que, este año el lema de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en la Iglesia, escogido por el Papa FRANCISCO ha sido "No temas, que yo estoy contigo (Isaías 43,5) Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos", por eso he escogido este breve comentario del Evangelio de hoy escrito por esta profesora de periodismo jubilada, porque nos convoca, también ella, a la esperanza:

Al contemplar la escena de la Ascensión, me planteo lo que significa la Ascensión para nosotros hoy en día. Parece que celebra al mismo tiempo la pérdida y la esperanza - la pérdida de Jesús en la tierra, pero la esperanza de que él permanece con nosotros para siempre. Irónicamente, los apóstoles por su parte siguen tan perdidos, tan aferrados al mundo, que es muy probable que el mensaje del Señor no hubiese pasado de ellos si él mismo no les hubiera mandado su Espíritu Santo, de esta manera sí que sería posible que su anuncio llegara a los confines de la tierra para las generaciones venideras.

Este mensaje entrecruzado de pérdida y esperanza que me evoca la Ascensión siempre me ha parecido especialmente válido en este tiempo, al margen del ciclo litúrgico, porque coincide con la temporada de graduaciones en la que tantos jóvenes experimentan una combinación agridulce de pasar de la seguridad de sus familias, de los amigos, de los estudios, para iniciar la incertidumbre de enfrentar una nueva vida en cuyo horizonte está el buscar trabajo, realizarse, fundar una familia. Y al igual que los discípulos, tenemos miedo de enfrentarnos a lo desconocido. Sin embargo la promesa de Jesús de que ‘yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’ resuena en nosotros y nos tranquiliza. Al igual que los apóstoles al salir de esa montaña, podemos confiar en que Jesús permanecerá con nosotros, no importa dónde nos lleve la vida. ¡Mis bendiciones a todos los graduados y a sus familias y a todas las transiciones que están experimentando! Que el Señor esté con vosotros para daros esperanza, fuerza y ​​valor.