miércoles, 26 de junio de 2013

POSICIÓN DE LA IGLESIA ANTE EL CONSUMO Y TRÁFICO DE DROGAS

La ONU celebra hoy el DÍA INTERNACIONAL CONTRA EL ABUSO DE LAS DROGAS Y LUCHA CONTRA EL TRÁFICO ILEGAL, lo que aprovechamos para compartir con nuestros lectores el discurso dado por el observador del VATICANO ante la ONU, en el año 1.987, con motivo de una de las primeras reflexiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre un tema tan delicado.
 
La posición de la Santa Sede con relación a la lucha contra el tráfico ilícito de la droga es la de un apoyo total. En efecto, constatamos que el fenómeno de la droga es de una vastedad y proporciones terribles, no respeta ni sexo ni edad ni nacionalidades, está en conexión con la delincuencia, la mala vida y los factores de la decadencia general; numerosos jóvenes y adultos han muerto o van a morir por su causa; su contexto es de explotación sexual, de comercio de armas, de terrorismo, de destrucción de relaciones familiares; su tráfico está en gran parte controlado por organizaciones dirigidas por grupos criminales fuertemente centralizados con la implicación de una amplia gama de personal entrenado, desde los químicos hasta los especialistas en comunicaciones y el reciclaje del dinero, desde los abogados hasta los guardias de seguridad.
 
Una de las causas más importantes que empuja a los jóvenes y adultos a la experiencia de la droga es la falta de motivaciones claras y convincentes para vivir, el vacío de valores, la convicción de que no valga la pena vivir, el sentido de soledad y de incomunicabilidad, la ausencia de la intimidad con Dios, la falta de proposiciones humanas y espirituales vigorosas, la fuga para olvidar, la estructura social carente de satisfacción dentro de una lectura materialista y destructora de las necesidades humanas. La ambición del dinero se apodera del corazón de muchas personas y con el comercio de la droga las transforma en traficantes de la libertad de sus hermanos. Esta ambición se mezcla con grandes intereses económicos y aun políticos.
 
El abuso de la droga es totalmente incompatible con los principios fundamentales de la dignidad y de la convivencia humanas; los traficantes de la droga son mercaderes de muerte que asaltan a la humanidad con el engaño de falsas libertades y perspectivas de felicidad en un infame comercio. Cualquier serio propósito preventivo a largo alcance exige intervenciones aptas pare secar las fuentes y frenar los cursos de esta ría de muerte. La lucha contra la droga es un grave deber conexo con el ejercicio de las responsabilidades públicas.
 
En cuanto a la liberalización de la droga hay que recordar que la droga no se vence con la droga; la droga es un mal y al mal no se le hacen concesiones. La experiencia ha enseñado que la liberalización no es una solución sino una rendición. La distinción al caso entre drogas pesadas y ligeras conduce a un callejón sin salida, la toxico dependencia no acaece en la droga, sino en lo que conduce un individuo a drogarse.
 
Para el remedio de este flagelo se sugieren tres pistas: prevención, represión y recuperación.
 
En cuanto a la prevención hay que recuperar los valores humanos del amor y de la vida, únicos capaces de dar pleno significado a la existencia, sobre todo si son iluminados por la fe religiosa. Les toca a las Instituciones públicas empeñarse en una política seria, dirigida a subsanar situaciones de desajuste personal y social, entre las que sobresalen la crisis de la familia, la desocupación juvenil, los problemas habitacionales, la falta de servicios socio-sanitarios, las deficiencias del sistema escolar, etc.. El método más seguro para esta prevención es la serena convicción de la inmortalidad del alma, de la futura resurrección de los cuerpos y de la responsabilidad eterna de los propios actos.
 
En cuanto a la represión, no suficiente pero necesaria también, hay que combatir la organización mercantil y financiera internacional de la droga; hay que formar un frente compacto que se empeñe en denunciar y perseguir legalmente a los traficantes de muerte y en abatir las redes de la disgregación moral y social; hay que poner un freno eficaz al expandirse del mercado de sustancias estupefacientes; es necesario que salgan a la luz los intereses de quien especula en este mercado, se exige que sean identificados los instrumentos y mecanismos de los cuales se sirve y proceder a su coordinado y eficaz desmantelamiento.
 
Dice el Santo Padre Juan Pablo II: "Mi exhortación animosa y mi admiración... para los jefes de Gobierno y ciudadanos que se han empeñado en combatir la producción, la venta y el abuso de la droga, quizá pagando un precio muy alto, incluso sacrificando su integridad física.... Invito a las autoridades civiles, a los que tienen poder de decisión económica y a todos los que tienen una responsabilidad social a proseguir e intensificar sus esfuerzos para perfeccionar en todos sus grados la legislación de lucha contra la toxicomanía y a oponerse a todas las formas de la cultura de la droga y su tráfico." (Mensaje a la Conferencia Internacional de Viena, 4 de Junio de 1987; cfr. Discurso del Santo Padre a los participantes al Congreso “Solidarios por la vida”, Ciudad del Vaticano, 11 de Octubre de 1997).
 
En cuanto a la recuperación es necesario conocer al individuo que se droga y comprender su mundo interior, llevarlo al descubrimiento o redescubrimiento de su propia dignidad y ayudarlo, como sujeto activo, a resucitar y hacer crecer aquellos recursos personales que la droga había sepultado. El camino es mediante una confiada reactivación de la voluntad orientada hacia ideales nobles y seguros, pues el miedo al futuro y al compromiso en la vida adulta, que se observa en los jóvenes hoy en día. los vuelve particularmente frágiles, con tendencia a encerrarse en si mismos; las fuerzas de la muerte los empujan a entregarse a la droga y a la violencia, e ir a veces hasta el suicidio. Atrás de lo que pudiera aparecer como fascinación por la destrucción se encuentra un llamado juvenil de ayuda y de profunda sed de vivir que conviene comprender para que el mundo sepa modificar radicalmente sus posiciones y sus modos de vida.
 
Los jóvenes que han vencido a la droga se tornan esperanza y testimonio de que la victoria es posible; se vuelven pare la sociedad, preocupada por el fenómeno de la droga, un nuevo impulso pare luchar, para comprometer todas las fuerzas, toda la buena voluntad. Muchas son las acciones que se necesitan pare el combate eficaz del abuso de la droga, pero hay una central sin la cual nada se podrá lograr: la acción de restaurar en toda su fuerza la convicción del valor trascendente e irrepetible del hombre y su responsabilidad de libre autorrealización.

lunes, 24 de junio de 2013

"YO SOY PORQUE NOSOTROS SOMOS"

 
Cuenta una tradición que, en una ocasión, un antropólogo europeo propuso a una serie de niños africanos, de la tribu xhosa, el siguiente juego:
 
"Colocó una cesta con fruta debajo de un árbol, y luego se llevó consigo a todos los niños hacia el otro extremo, como si fuera la meta de una carrera, y entonces les dijo a los niños: "Cuando dé la señal de salida, salid corriendo hacia la fruta, el primero de vosotros que llegue, será el ganador y podrá comerse la fruta". Dando la voz de "¡ya!" cuál no sería la sorpresa del antropólogo al descubrir que todos los niños se cogían de la mano y de esta manera llegaban todos juntos hacia la fruta, y todos se sentaban bajo la sombra que hacía de meta, a disfrutar bajo su sombra de su premio. Cuando el antropólogo les preguntó por qué había obrado de ese modo, los niños respondieron "UBUNTU... ¿cómo sólo uno de nosotros podía estar alegre si los demás estaban tristes?"
 
UBUNTU, en el dialecto xhosa, significa "Yo soy porque nosotros somos".
 
 
Algo así debieron pensar, o se inspiraron directamente en ello, toda la comunidad educativa del Colegio AVE MARÍA de GRANADA cuando, como consecuencia de la crisis, descubrieron las carencias más básicas en algunos de sus alumnos (ropa, alimentación, material escolar...) y respondieron como un sólo cuerpo que se siente mal si alguno de sus miembros padece. Por eso tomaron la decisión de crear un fondo social, llamado FONDO SOLIDARIO AVEMARIANO con la finalidad de paliar estas carencias y estas necesidades de su alumnado, a fin de que los niños y niñas que conforman su comunidad educativa se dediquen a estudiar y formarse, para ser los hombres y mujeres del mañana, sin ninguna otra preocupación, como solía decir su fundador, el Padre ANDRÉS MANJÓN: "Educar no es hacer adultos según un modelo, sino eliminar aquellos obstáculos que les impiden ser los hombres y mujeres que serán en toda su plenitud".
 
Y es que, cualquier iniciativa que se lleve a cabo para paliar los zarpazos de la crisis, la inoperancia política y el desgaste del tejido social en medio de quienes sufren, pasan hambre, apuros o necesidad, no solamente ha de ser conocida, sino además, apoyada y sostenida por quienes la compartimos, por eso es que hoy os la hemos dado a conocer, para que todos los granadinos y granadinas que se sientan UBUNTU, es decir, involucrados con la suerte de los alumnos de una de las instituciones educativas y sociales señeras de nuestra historia y de nuestra ciudad, la puedan ayudar y sentirse solidarios con ella.
 
Recordad, pues, estas bellas palabras de los niños xhosa: "Yo soy porque nosotros somos"

sábado, 22 de junio de 2013

LOS MOSTACCIOLI DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

 
Cuenta uno de los primeros escritos biográficos de San FRANCISCO de ASÍS, la llamada "Leyenda de Perrusa" (Capítulo 8) que entre los primeros seguidores de FRANCISCO hubo una viuda, noble, y adinerada, llamada JACOBA DE SETTESOLI, a la que FRANCISCO con su peculiar sentido del humor, y en atención a lo que la buena dama le asistía y socorría en todos sus desvelos apostólicos, amén de su rudo y hasta varonil carácter, llamaba "Fray JACOBA"-como si fuera una más de sus frailes, que estando cercana la muerte de FRANCISCO éste la hizo llamar con el siguiente pedido:
 
Un día llamó el bienaventurado FRANCISCO a sus compañeros y les dijo: «Vosotros sabéis que la señora JACOBA DE SETTESOLI fue siempre y es muy fiel a nuestra Religión y devota de la misma. Creo que, si le informáis de mi estado, esto será para ella una delicadeza y un gran consuelo. Decidle en especial que os envíe, para una túnica, un paño monástico de color ceniza como el que fabrican los cistercienses en los países de ultramar; que os envíe también aquel manjar que tantas veces me preparaba cuando estuve en Roma». Los romanos llaman a este pastel «mostaccioli», y se hace con almendras, azúcar o miel y otros ingredientes.
 
Así que si sóis un poco cocinitas, y teniendo en cuenta esta curiosidad de la vida de San FRANCISCO si os aburrís mucho este fin de semana, podéis probar a hacer los "mostaccioli" ese dulce italiano, que al parecer el poverello de Asís sólo podía disfrutar, entre sus ayunos y sus pobrezas, cuando visitaba a Fray JACOBA, quien por cierto, fue de las pocas personas, ajenas a los hermanos de FRANCISCO que tuvo el privilegio de asistirle en su lecho de muerte.
 
MOSTACCIOLI
 
 
INGREDIENTES:
 
140 gr de harina de trigo
6 huevos
1 vaso de miel
20 gr de bicarbonato
400 gr de almendras tostadas
50 gr de canela
350 gr de azúcar
Cáscara de dos limones
Cáscara de dos naranjas
 
ELABORACIÓN:
 
Moler las almendras tostadas y mezclarlas con el resto de los ingredientes. Incorporar en último lugar, poco a poco, la harina, hasta que todo quede como una pasta bien trabada. Amasar esta pasta hasta conseguir una lámina de unos dos centímetros de grosor, que cortaremos con un cuchillo o con un cortapastas en forma de rombos (ya que esta receta viene de la "mostaeca" una especie de pan romboidal que los romanos hacían en los banquetes de bodas). Después introducir las pastas así cortadas en el horno a 200 ºC durante unos 5 u 8 minutos.
 
Los "mostaccioli" propiamente dichos son estos, aunque si se quiere, se pueden bañar con chocolate derretido y esperar que enfríen, que suele ser la forma moderna y más italiana de hacerlos.

lunes, 17 de junio de 2013

MODOS EN LOS QUE EL SEÑOR HABLA CON SU PUEBLO: PARTE SÉPTIMA

LOS ÁNGELES, MENSAJEROS Y EL ÁNGEL DE LA GUARDA.
 
Otra forma por la que se puede escuchar a Dios y discernir su voluntad es por medio de los ángeles… Aquí es cuando la gente se sonríe, ya que esto parece todavía algo más osado, más propio del Antiguo Testamento, y si se quiere, más pueril, más propio de la fe de los niños pequeños, pero no debemos olvidar que, en la Escritura, los ángeles han sido siempre portadores, mensajeros, de la Palabra del Señor y de su voluntad, de hecho, el mismo Pablo afirma (Hechos 27,23) lo siguiente:

Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y venero y me dijo: «No temas, Pablo; tienes que comparecer ante el emperador; Dios te concede la vida de los que viajan contigo». Por tanto, ¡ánimo, amigos!”.
 
Ya me puedo imaginar las objeciones de los teólogos y de los sabios:
 
Eso estaba muy bien en el Antiguo Testamento, cuando el Espíritu de Dios no estaba dentro de la gente, porque aún no les había sido entregado por el Señor en Pentecostés, cuando una persona no podía escuchar a Dios por sí misma en el interior de su propio corazón. Sí, puede que Dios usara ángeles entonces, pero no ahora”.
 
Por eso hemos escogido un versículo del Nuevo Testamento, porque nos imaginábamos que se iba a esgrimir este argumento.
 
Pero hemos de creer, a un tiempo, en la existencia de los ángeles, es una verdad, como suele decirse, de fe, más aún, más difícil es de creer que el Señor creara a los ángeles para que se sienten y se estén quietos. No, tienen un trabajo que hacer, y su trabajo es precisamente llevar mensajes y velar por el cumplimiento de la voluntad del Señor.
 
Sin embargo, en contra de la objeción anterior, diremos que en determinados casos los ángeles son mucho más eficaces que el espíritu que habita en nosotros, ya que muchas veces estamos tan ocupados y tan preocupados que no somos capaces de escuchar la voz del Señor en nuestro interior, mientras que los ángeles no necesitan de nuestro interior para comunicarse con nosotros, ya que pueden relacionarse con nosotros directamente. Y lo pueden hacer tanto en nuestro sueño, como en nuestro estar despierto, mediante visiones. Basta con saber interpretar, en la gran mayoría de los casos, lo que nos quieren decir, aunque dado que son más eficaces que nosotros mismos oyendo nuestra voz interior, su mensaje suele ser más claro y evidente, menos simbólico.
 
De la misma manera, todos tenemos ángeles de la guarda. Me di cuenta una vez, leyendo una obra piadosa sobre la devoción al ángel de la guarda, que mi ángel de la guarda debería estar aburrido. Nunca le di mucho trabajo por hacer. Él me seguía por todas partes sin hacer nada porque yo no lo estaba usando. Yo no estaba obrando según la fe en la existencia del ángel de la guarda. Yo no le estaba dando ni el permiso, ni la oportunidad de que pudiera hacer, fuera lo que fuese lo que el Señor quisiera que hiciese cuando lo puso a mi lado. Se supone que el Señor lo puso ahí para ayudarme a dar lo que el Señor espera de mí, para ministrar mi vida y para que me ayudara. Lo primero que hice, motivado por la lectura de aquella obrita piadosa, fue darle un nombre, lo llamé “Espiga del Señor”. Creo que la primera vez que me di cuenta de que mi ángel de la guarda tenía un papel más importante que desempeñar en mi vida fue cuando, habiendo hecho serios propósitos al respecto, intentaba hacer largos ratos de oración, o de intercesión, en la noche, sin conseguirlo, pues el sueño y el cansancio me vencían, entonces mentalmente le pedía a mi ángel de la guarda que siguiera de guardia, orando e intercediendo por mí cuando yo ya no podía humanamente seguir más. Aparte de un par de situaciones de peligro, de verdad, en las que he sentido como providencialmente escapaba ileso de un peligro cierto, cosa que, entonces, sin duda alguna, debo de achacarle a su celestial protección.
 
Otras veces andamos preocupados, sin encontrar la solución a un problema al que llevamos dándole vueltas a la cabeza y, de repente, una noche, nos despertamos con una conciencia clara del problema, y además, de cuán fácil y evidente era la solución, tanto que nos avergonzamos de no haberla encontrado antes y haber gastado tantas energías y tanta desesperación en ello. Solemos decir: "El Señor puso la respuesta en mi mente" Bueno, sí, pero quizás lo correcto sería decir que Él envió un ángel para hacerlo. Ser conscientes de la presencia real y verdadera de nuestro ángel de la guarda, o ser sensibles a su actuación en nuestras vidas, aún en los detalles más pequeños, nos ayuda a no sentirnos nunca solos o desamparados. No en vano, por ejemplo, en una cultura tan secularizada como la actual, los ángeles custodios, por ejemplo, siguen siendo, en gran cantidad de países, los santos protectores de un servicio estatal tan importante y arriesgado, como útil para los ciudadanos, como es la policía.
 
Más a menudo de lo que creemos, el Señor va a usar a un ángel, al ángel de la guarda o a un ángel mensajero para poner pensamientos concretos en nuestra mente, para darnos orientación o dirección en algunos casos concretos. Quien, por ejemplo, andando completamente perdido por la calle no ha sentido una intuición interior que, con fuerza, le decía: "Espera. Gira a la izquierda en el siguiente cruce. No vayas por el camino que tú te habías trazado", y de repente hemos atajado un montón hacia donde ya creíamos que llegábamos tarde, o hemos llegado a donde creíamos habernos perdido. Deberíamos ser más sensibles y hacer más caso a esta voz interior y comprender de dónde proviene.
 
A estas alturas, habiendo hecho un recorrido, no sistemático ni cerrado en sí mismo, de las distintas maneras en las que el Señor puede seguir comunicándose con nosotros, a nivel individual y comunitario, y con independencia de que todos hemos experimentado la voz del Señor de alguna de las maneras propuestas, lo cierto es que puede que os estéis preguntando si para vosotros, en el caso concreto, es posible que el Señor os esté llamando a un ministerio profético, a un ministerio de su Palabra y discernimiento de su voluntad.

sábado, 15 de junio de 2013

MODOS EN LOS QUE EL SEÑOR HABLA CON SU PUEBLO: PARTE SEXTA

LA ORACIÓN O EL CANTO EN LENGUAS.-

 
Y como también sabemos, y tenemos experiencia de ello, el Señor no sólo se manifiesta en nuestro discurso de una forma consciente, sino que lo puede hacer de una forma inconsciente, completamente nueva y diferente, nos estamos refiriendo al don de lenguas. Al orar en lenguas, lo que realmente sucede, es que ya estamos actuando y viviendo en el Espíritu Santo, por ello se suele decir que este don es el primero que manifiesta la efusión del Espíritu Santo en los hermanos. Por eso bien dice San PABLO en relación con el don de lenguas que:
 
"El que habla en una lengua desconocida se edifica él mismo"
 
(1 Corintios 14, 4)
 
Es decir, demuestra que ya ha sido edificado por el Espíritu Santo por la efusión recibida. 

¿Cómo puede ser esto posible? ¿Acaso no hemos notado que cuando se ora en lenguas durante un tiempo prolongado enseguida comienzan a ocurrir cosas en el Señor? Es algo probado, cualquiera que haya sido bendecido con este don puede confirmarlo, que en cuanto se ora en lenguas desaparecen las emociones, los malos pensamientos, las distracciones del Señor, las cargas del día… No estamos orando en el Espíritu, sino que estamos orando con el Espíritu. PABLO dice:
 
"Pues si rezo en lengua arcana, mientras mi espíritu reza, mi mente queda baldía."
 
(1 Corintios 14, 14).  

A medida que se sigue orando en lenguas y se derrama con más fuerza la presencia del Espíritu Santo, nuestro pensamiento comienza a focalizarse sólo y exclusivamente en el Señor, y empezamos, imperceptiblemente a estar más atentos a las cosas espirituales, nos hacemos más dóciles a la actuación del Señor en nosotros. Sucede, a menudo, que la mayoría de las veces no se ora en lenguas el tiempo suficiente para que podamos avanzar hasta ese nivel. Muy a menudo, los hermanos sólo oran en lenguas cuando sus emociones se encuentran eufóricas, cuando sienten poderosa la unción del Señor en ellos, cuando se sienten bien espiritualmente o cuando se quiere provocar la adoración y la alabanza. Y desconocen que orar en lenguas es algo mucho más eficaz cuando nuestras emociones rozan la desesperación y la depresión, cuando nuestra mente está aburrida, o cuando es necesario escuchar al Señor en medio de nuestra noche oscura.  

Y no debemos olvidar que, por medio de la oración en lenguas, el Señor también puede hacernos llegar su Palabra o un discernimiento de su voluntad, aunque no sepamos qué es lo que estamos diciendo al orar en lenguas. Para ello se hace presente la interpretación de lenguas. Así PABLO dice:
 
"Si alguno quiere rezar en una lengua desconocida, que rece que también pueda interpretarla”
 
(1 Corintios 14, 13).
 
Lo que se necesita es aprender a escuchar la voz del Espíritu Santo, porque es el Espíritu Santo el que nos ayuda a escuchar la voz del Señor.  

La gran mayoría de las veces la oración en lenguas, como hemos dicho, ayuda a la adoración y a la alabanza, otras veces sirve para eliminar nuestras barreras, limitaciones y trabas a una oración centrada de verdad en el Señor, pero otras veces, por medio de la oración en lenguas puede ser que el Señor verdaderamente quiera decirnos algo, a nosotros, particularmente, o por medio de nosotros al resto de la comunidad o del grupo. Si hemos recibido una palabra en lenguas, que porta un mensaje del Señor, alguien lo ha de poder entender, guiado por el mismo Señor, da igual que sea la misma persona que oró en lenguas, que otro hermano que haya presenciado u oído la misma. 

No nos es tan difícil aceptar el don de lenguas como una liberación, una sanación, o una exaltación de los sentidos, especialmente mediante el canto y la música, para la alabanza y la adoración, pero pensar en el don de lenguas como transmisor de un mensaje, de una palabra del Señor, nos cuesta más trabajo. Cuando los hermanos de la Renovación Carismática Católica me enseñaban que se podía entender una palabra en lenguas y que yo podía hacer esto, pensé que era un disparate de cabo a rabo. Hasta que, un día, la unción del Espíritu de Dios me mostró que podía ser posible: En una reunión de oración, en MADRID, se alzó un don de lenguas, de los de alabanza y música, toda la asamblea cantaba al Señor en lenguas, cuando de repente yo mismo me encontré, con mis oídos y mi conciencia, diciéndome a mí mismo: ¿Por qué estamos rezando ya el padrenuestro si la oración acaba de empezar y esto lo dejamos siempre para el final? En cuanto me hice consciente de esta pregunta percibí que la asamblea seguía cantando en lenguas… ¡aunque yo entendía un padrenuestro, perfectamente, con sus cadencias y sus signos de puntuación, allá donde se esperaba que estuviesen, y sin embargo era un canto ininteligible! 

Como todo en la vida del Espíritu, todos los carismas y dones son para ejercerlos, de lo contrario se pierden antes de quedar estériles o ser inservibles para la comunidad, con independencia de que en un momento dado podemos ejercer uno de ellos con preeminencia sobre los demás, o el Señor nos considere más capacitados para ejercer un solo don en beneficio de la comunidad, si bien es cierto que, la interpretación del don de lenguas, como todo, también se educa con la práctica.
 
Había un pastor que tomó la costumbre de llevar una grabadora de mano siempre encima, cuando se sentía especialmente llamado a orar en lenguas en voz alta se grababa a sí mismo. Era muy metódico y conservaba todas las cassettes perfectamente ordenadas, registradas y anotadas en fichas, en las que referenciaba el momento en que oró así, la fecha y la circunstancia (si era una intercesión, si estaba agobiado, si le apetecía alabar, si quería discernir algo, etc, etc…). Luego, pasado un tiempo prudencial, se ponía en oración, en la presencia del Señor, y escuchaba de nuevo las grabaciones y descubrió, para su sorpresa que entendía lo que estaba diciendo, el Señor le interpretaba alguna de esas palabras, si era su voluntad, y gracias a ello obtuvo mayor ciencia, mayor consejo, sabía de los resultados de la intercesión y fue dotado de una gran cantidad de palabras de conocimiento. Pero fue constante, en la parte espiritual, su oración en lenguas, y en la material, su trabajo de estudio y su tenacidad guardando esas palabras.
 
En una ocasión, estando en una Asamblea Nacional, durante la adoración, sentí fuertemente en mí estas palabras, que no hacía nada más que repetir durante la adoración: “Zahur zesardín den serdán” y así estuve cantando en lenguas, mentalmente, porque la adoración era en silencio, salvo por el ministerio de música que la animaba… Como siempre que tengo un don de lenguas repetitivo, que se canta repetido, como un canon, luego suelo recordarlo, por la repetición, por eso lo apunté en la libreta en la que tomaba apuntes de las enseñanzas de la Asamblea. Sin embargo, ya no me acuerdo si al día siguiente, o ese mismo día, no me acuerdo tampoco si con motivo de una enseñanza o de la homilía, el predicador dijo algo que entendí enseguida era la “traducción” de aquel don de lenguas: “No herirán al pastor en el jardín cerrado”, cosa que yo no entendí del todo, pero que a algunos de los hermanos allí presentes sí que les sirvió para discernir otros problemas que a mí se me escapaban.

jueves, 13 de junio de 2013

MODOS EN LOS QUE EL SEÑOR HABLA CON SU PUEBLO: PARTE QUINTA

LA PALABRA DE CONOCIMIENTO.-

Lo mismo acontece con el don o carisma de palabra de conocimiento, denominada por otros, enunciado profético. Todos tenemos dentro de nosotros mismos, gracias a los dones del Espíritu Santo, especialmente la sabiduría, la ciencia y el consejo, un tesoro de sabiduría en nuestro interior.

Y estamos llenos de la Palabra del Señor, la que no sólo escuchamos, sino que guardamos y atesoramos en lo más profundo de nosotros. Por eso dijo el mismo Señor:

"Quien crea en mí. Así dice la Escritura:

«De sus entrañas manarán ríos de agua viva»"

(Juan 7, 38)

Tenemos que aprovechar esa sabiduría interior.

Y ello es algo que se consigue mediante el habla, me explico:
 
¿Alguna vez habéis notado que a medida que hablabais, de repente, se derrama vuestro discurso, y entonces mientras estabais hablando de cualquier otra cosa, brota algo de vuestros labios que no sólo sale espontáneamente, sino que además no era lo que esperábamos?
 
Los psicólogos lo llaman un lapsus linguae, es decir, algo que se manifiesta  oralmente mientras no estábamos pensando en ello. Normalmente esto sucede cuando estamos aconsejando a alguien, especialmente en un clima de oración poderoso y presencia ungida del Señor, como acontece, por ejemplo, durante la intercesión.
 
Así, por ejemplo, supongamos que estamos intercediendo por alguien, que nos ha pedido intercesión, pero que no nos ha dicho nada más de su vida, y de repente, en la oración vocal, pedimos al Señor que "sane a este hermano de su adición al juego" e, inmediatamente, conforme nos escuchamos y nos damos cuenta de ello, pensamos que a lo mejor estamos ofendiendo al hermano (pues nada sabemos de él, ni él nos ha dicho nada), y nos asalta la duda, pero luego, el propio hermano nos confiesa que ese era precisamente su problema pero que le daba vergüenza asumirlo frente al resto de los hermanos. Esto mismo es lo que se llama "palabra de conocimiento".
 
Otros autores lo llaman "discernimiento de espíritus" y es un don que han poseído de forma poderosa gran cantidad de santos, sobre todo aquellos en los que ha brillado especialmente su ministerio de dirección espiritual y que han pasado mucho tiempo en el confesionario "escudriñando los corazones de los fieles". Así por ejemplo San IGNACIO DE LOYOLA, el santo cura de ARS, San JUAN MARÍA VIANNEY y más recientemente, el PADRE PÍO de PIETRALCINA, de quien so cuento la siguiente anécdota:
 
En una ocasión una señora fue a confesar con el Padre PÍO, cuando aún en vida tenía mucho reconocimiento, tanto que la gente hacía cola desde la madrugada, a las puertas de su humilde convento capuchino, para confesar con él. A su regreso a su casa, la mujer, que salió de aquella confesión toda reconfortada y renovada, se llevó consigo una foto del Padre PÍO que colocó, orgullosa, en el salón. Su marido, que era menos creyente, un día discutiendo con su mujer por sus beaterías, harto ya de las mismas, arrojó un zapato contra la foto del santo capuchino. Mucho tiempo después la mujer convenció al marido para que confesara él también con el Padre PÍO, lo que el buen hombre hizo a regañadientes, y sin embargo, al encontrarse frente a él, tuvo tal derrumbamiento de su alma que se abrió por completo, confesándole toda su vida y todas sus faltas, entre sollozos, como un niño pequeño. El Padre PÍO escuchó, paciente y comprensivo y al concluir el relato le dijo con una sonrisa pícara: "¿Eso es todo, hermano mío?" a lo que el hombre respondió: "¿Cómo que "es eso todo"? ¡Acabo de desgranarle toda una vida de pecado!" y el Padre PÍO con la misma sonrisa le dijo: "¡Aún te falta confesarte por el zapatazo que me tiraste!"

miércoles, 12 de junio de 2013

MODOS EN LOS QUE EL SEÑOR HABLA CON SU PUEBLO: PARTE CUARTA

LAS VISIONES.-

Dijimos ayer que lo que hemos llamado sueños en tercera persona, o vistos desde fuera, son auténticas visiones que el Señor nos concede durante la noche, durante el sueño, por lo que cabría ahora aclarar qué son las visiones, que son otra de las formas en las que el Señor se puede comunicar con nosotros. Entonces, antes de seguir, preguntémonos:

¿Qué son las visiones?
 
A menudo oímos a grandes predicadores compartir con la asamblea que en un determinado momento tuvieron una visión del Señor, o es bastante frecuente, a veces en la intercesión, que algún hermano diga que tiene una visión y a continuación la comparta con el resto o con la persona por la que se intercede, en la Biblia leemos que PEDRO, PABLO, los grandes hombres y mujeres del Señor tuvieron visiones:

Estaba yo orando en Jafa, cuando tuve una visión en éxtasis: Un objeto, como un mantel enorme, se descolgaba por las cuatro puntas desde el cielo y llegaba hasta mí.
 
(Hechos 10, 19) 

Y como solemos ser amigos de los dones escandalosos y llamativos, como muy bien denuncia San PABLO en una de sus cartas, nos solemos quejar porque nosotros no tenemos visiones, también nosotros querríamos gozar de una visión.

Hasta que descubrimos que podemos ser capaces, a lo mejor, como sucede con cualquier don o carisma del Espíritu Santo, de tener visiones, si bien éstas no tienen por qué manifestarse siempre de la misma manera. ¿Pero, qué debemos entender por  una visión? Una visión es, simplemente, una manifestación del Espíritu Santo en nuestra mente. La diferencia con los sueños es que se produce mientras estamos despiertos, en el estado de vigilia.


A veces, para que ello ocurra, puede ser necesario que los sentidos naturales se tengan que poner en un estado de suspensión o de cese de recopilación consciente de la información. Es lo que la Escritura refiere, de algunos personajes bíblicos y profetas, como caer en un trance. Caer en trance significa que la influencia o impresión del Espíritu Santo en nosotros es tan fuerte, que los sentidos naturales se suspenden de manera que ciertamente, durante el trance, no vemos, ni oímos nada de lo que sucede a nuestro alrededor, salvo aquello en lo que el Espíritu Santo quiere que focalicemos nuestra atención.
 
Me trasladó en trance a una montaña grande y elevada y me mostró la Ciudad Santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, de Dios.

(Apocalipsis 1, 10)

Ahora, muchos de nosotros podremos decir que nunca hemos tenido esta experiencia de caer en trance, y entonces diremos que no hemos sido bendecidos con este don o este carisma en concreto. Sin embargo, el trance no es una conditio sine qua non para que se produzca el hecho de tener una visión. Puede haber personas con una sensibilidad tal, a las  cosas del Espíritu Santo, que no tienen por qué caer en trance necesariamente para recibir una visión.
 
Es lo mismo que sucede con el don de descanso en el Señor o caída en el Espíritu Santo, que es un hecho que puede presentarse con bastante fuerza en un determinado clima de oración y, sin embargo, no tiene por qué darse en todos los presentes. Había un pastor pentecostal, dotado especialmente por el Señor con este don de la caída en el Espíritu Santo, de tal manera que cuando oraba o imponía las manos a los hermanos por los que oraba, automáticamente, aquéllos descansaban en el Señor, que solía decir que al principio le daba mucho reparo la espectacularidad de las caídas en el Espíritu Santo, hasta que entendió que, de la misma manera en la que cuando un médico o cirujano opera en nosotros, previamente nos anestesia, el Espíritu Santo se prepara aquellas personas en las que va a operar, obrar, de una forma más poderosa mediante esta especie de anestesia espiritual.  
 
Igualmente, puede haber personas dotadas de una mayor sensibilidad a las cosas del Espíritu Santo, más abiertas a su intervención en sus vidas, que no necesitan caer en el Señor o descansar en el Espíritu, para que el Señor pueda obrar en ellas. Por eso, a este tipo de personas, más espirituales o más sensibles, no les es preciso caer en trance para que el Señor les muestre una revelación o una visión, porque han adquirido, mediante la práctica, el ejercicio y la oración constante, de desconectar de este mundo y no dejarse distraer mediante su propia voluntad.
 
Estas visiones durante la vigilia, al margen del sueño, sean o no en trance, a diferencia de los sueños, se caracterizan porque la gran mayoría de las veces no se muestran de una forma dinámica, es decir, no presentan la información como una película en movimiento, sino que se muestran con un carácter estático, como si de una fotografía o una postal se tratase. Las imágenes pueden aparecer cargadas de simbología y de mensajes ocultos que, nuevamente, sólo con la práctica, o con un discernimiento responsable, seremos capaces de interpretar. Y, si al principio, estas visiones se pueden presentar de forma esporádica, cuando se convierten en el don o carisma principal con que ha sido dotado un hermano en concreto, aprenderá incluso a evocarlas a voluntad, a solicitarlas del Señor en casos concretos, especialmente durante la intercesión, como la forma en la que el Señor le dota de palabra de conocimiento para escudriñar mejor las almas, su estado de ánimo y la predisposición al Señor de la persona por la que se intercede.
 
Así, por ejemplo, en una ocasión, estaba yo en un grupo de oración y se pidió interceder por una hermana, que lo estaba pasando bastante mal, enseguida hermanos más mayores que yo en la Renovación le impusieron las manos a dicha hermana y comenzaron a orar por ella, ellos con más intensidad, y el resto también, entre los que me encontraba yo, a cierta distancia. En ese momento vi la imagen de esta hermana, en una carroza muy lujosa, como la que estamos acostumbrados a imaginar cuando nos acordamos del carruaje de la Cenicienta, que estaba atorado en el barro, que cubría los radios de las ruedas hasta la mitad. Era extraño pero el carruaje no tenía animales de tiro, no vi caballos, sólo el carro atrapado en el barro con la hermana en su interior asomada a la ventanilla. Y entonces pensé: Es una rica señora, atrapada en su vida y sus circunstancias, y no encuentra a nadie que la ayude.

Poco después, compartiendo con un reducido número de hermanos esta visión, me confirmaron, pues yo hasta ese momento desconocía por completo las circunstancias personales de esa persona que, en efecto, era rica, es decir, su status económico y ritmo de vida era muy superior a la media de todos los que formábamos el grupo de oración y que, de la misma manera, estaba atravesando por importantes problemas, familiares y personales, ligados en parte a la necesidad de "seguir aparentando"  un status económico ante los demás y su círculo social, cuando hace mucho tiempo que atravesaba importantísimos problemas económicos, al punto de estar casi al límite del desahucio.

lunes, 10 de junio de 2013

MODOS EN LOS QUE EL SEÑOR HABLA CON SU PUEBLO: PARTE TERCERA

LOS SUEÑOS.-

Es por ello por lo que, el Señor, conocedor de nuestras limitaciones, otras veces prefiere comunicarnos, o mejor dicho, ayudarnos a discernir, en un estado en el que podamos alcanzar la mayor objetividad, lejos de las impresiones de nuestros sentidos, de nuestros procesos mentales y cerebrales, libres incluso de nuestros propios prejuicios, racionales o no, y para ello se vale del momento en el que todos nuestros filtros sensoriales y racionales carecen de estímulo, es decir, durante el sueño.
 
No debe sorprendernos esta forma de comunicarse del Señor con nosotros, de hecho está bastante atestiguada en la Biblia, incluso en el Nuevo Testamento, como le sucedió a José cuando decidió repudiar a María, y en sueños recibió un discernimiento en sentido contrario:
 
Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no tengas reparo en acoger a María como esposa tuya, pues lo que ha concebido es obra del Espíritu Santo.
 
(Mateo 1, 20) 

De la misma manera en que el cerebro entiende y conoce el mundo, la realidad que le rodea, por medio de las cinco únicas formas de recopilación de la información de que dispone, y que son los sentidos, el Señor, por medio del Espíritu Santo puede comunicarse contigo durante el sueño, aunque para que tu cerebro sea capaz de entender el mensaje, de conocer la realidad, evidentemente ha de hacerlo a través de los mismos cauces de información, por eso, en los sueños es tan vivo lo que se ve, tan real lo que se escucha, tan tangible lo que se toca, tan sabroso lo que se gusta y tan impresionable lo que se huele… 

De la misma manera en que una rosa no nos habla directamente a nosotros acerca de su ser, sino que se nos muestra por medio del tacto (pincha), de la vista (es rosa y bonita), del gusto (amarga si nos comemos un pétalo o dulce si lamemos el néctar) o del olfato (huele bien), y es nuestra mente la que ordena estos datos inconexos para formar la imagen mental de lo que es una rosa, de la misma manera el Espíritu Santo no puede hablar a nuestra mente de forma directa, sino que ha de usar las mismas impresiones que la mente está acostumbrada a recibir para recabar la información y unirla formando un determinado mensaje. Y dado que es por medio de la vista y del oído por los que recabamos la mayor parte de la información, es por lo que nuestros sueños se muestran casi siempre como representaciones visuales y auditivas, a modo de una película, que podemos ver y recordar, con independencia de que asistamos a la misma en primera persona, como protagonistas, o vista desde fuera, como se suele decir, como espectadores. 

Y este es, para empezar, el primer criterio de discernimiento respecto de los sueños: Cuando soñamos al modo de que estamos viendo una película, igual que cuando estamos sentados en el sillón de nuestra casa viendo la televisión, entonces este sueño no tiene que ver con nosotros mismos, sino que tiene que ver con una situación extraña a nosotros, con algo externo, con el discernimiento de cualquier cosa que no es para mí vida, aunque puede que la sea de otro; mientras que cuando formo parte activa del sueño, como personaje principal o secundario del mismo, entonces el mensaje que el sueño quiera transmitir sí que será para mí, tendrá que ver con mi vida o con mi situación personal. 

Estos sueños en  los que nosotros somos los protagonistas, o actores secundarios, pero los vivimos en primera persona, es decir formando parte de la trama, nunca son sueños proféticos, que tengan que compartirse con los demás, o darlos a conocer al grupo o a los hermanos, ya que son simples llamadas de atención del Señor, en el sueño, por medio del Espíritu Santo, sólo y exclusivamente para mí, mi vida o mis circunstancias. Habrás de estar atento a su interpretación, pero sólo para saber lo que el Señor nos quiere decir o lo que nos quiere manifestar, y suelen ser, además los sueños más ricos en símbolos y en imágenes oníricas, los que nos cuesta más trabajo recordar cuando despertamos, ya que cada símbolo ha sido escogido por nuestra mente, bajo la dirección del gran director de teatro que es el Espíritu Santo, para decirnos algo, pero hay que estar muy atentos para recordar el mayor número de detalles y símbolos y luego, durante la vigilia, ahora sí, con la ayuda de la razón, desentrañar el significado intentando interpretar toda esa simbología a un nivel consciente. 
 
Así, por ejemplo, una vez, yo mismo soñé que estaba recorriendo una especie de museo, lo cierto es que no prestaba atención a ninguna obra en concreto, salvo una que me llamó poderosamente la atención. Era como una especie de icono, y debía de ser copto, o del estilo de las miniaturas del Beato de Liébana en su Apocalipsis, ya que las figuras humanas eran muy morenas y de grandes ojos almendrados (esto ya lo sabía, conscientemente, por mis conocimientos de historia del arte). La escena representaba un rey, sentado en un trono, tocando el arpa, mientras que a su lado, de pie, había un ángel, se notaba que era su consejero, por la proximidad al monarca y porque parecía indicarle, con el dedo, que mirara al cielo, donde había un gran león, en una nube de resplandores. En la escena había también una especie de incensario de pie o pebetero.
 
Tan viva fue la imagen de este icono que vi, que yo nunca había visto antes, ni tenía conciencia de que pudiera existir, en la realidad, una obra de arte con esas características, que por eso me acordaba perfectamente al despertarme. Muchos años después, un hermano del grupo, siguiendo mis detalladas instrucciones accedió a pintarlo para mí, consiguiendo que adquiriera toda su fuerza expresiva, tal y como lo recordaba:
 
 
Parece evidente que el rey pueda ser el Rey David, el único rey bíblico con aptitudes musicales, especialmente por el detalle del arpa. Mientras que es evidente que el ángel insiste en que se aperciba de la presencia del león en el cielo, clara referencia a su descendencia mesiánica, al cumplimiento de la promesa hecha sobre su casa y su linaje, a Jesucristo, León de Judá que se nos muestra victorioso en el Apocalipsis (5, 5). El pebetero o incensario pudiera hacer referencia a la frase: “Suba, Señor, mi oración como incienso en tu presencia” y aunque todos estos símbolos e imágenes puedan ser interpretados fácilmente de forma individual, lo cierto es que, vistos en su conjunto, aún no he logrado descifrar del todo su significado. 

Sin embargo los sueños que percibimos como una película, como un espectador independiente, que no forma parte de la misma, y contempla lo que sucede desde fuera, son los que sí pueden tener un carácter profético propiamente dicho.  De esta manera, suelen ser sueños más directos, cuya interpretación es más fácil, en los que la voluntad del Señor se muestra clara y diafanamente, para que nos quede bien claro el mensaje, por eso bajan los niveles de la simbología propia de los sueños en primera persona, y por lo general, las cosas son tal y como se muestran, sin significados extraños. Ya que este tipo de sueños, como auténticas profecías, sí se han de compartir con el grupo o con los hermanos, ya que es un mensaje del Señor para todos, por medio de un instrumento concreto, el hermano que lo haya soñado. 

Y, como todos los dones y carismas, esta facultad también ha de ser orada, pedida al Señor y, sobretodo, ejercitada, para no perderla, además con la práctica pronto nos daremos cuenta de otra distinción mucho más profunda de los sueños: Los sueños en primera persona son los sueños de toda la vida, los que según las psicología tratan de decirnos algo a nivel inconsciente para nuestro propio equilibrio emocional, o en los que el Espíritu Santo, si en vez de psicólogos lo analizamos como creyentes, puede estar diciéndonos algo para progresar en nuestra fe, sanar nuestras heridas o ayudarnos a descubrir aspectos desconocidos de nosotros mismos o nuestra personalidad; mientras que los sueños en tercera persona, aparte de ser proféticos propiamente dichos, como hemos señalado antes, no son sueños en el sentido psicológico del término, sino que son auténticas visiones concedidas por Dios durante el sueño, durante la noche, lo que, ciertamente no es lo mismo.