miércoles, 30 de octubre de 2013

POR TANTOS SUEÑOS ROTOS, UN GESTO DE SOLIDARIDAD

 
Os queremos ofrecer una iniciativa para que la realicéis en este mes de Noviembre, que ahora comenzamos, tradicionalmente es el mes de los difuntos, y nos acordamos de ellos, como mandan el cariño que tuvimos a nuestros familiares, amigos y seres queridos que ya no están con nosotros, pero superemos, por una vez, la estrechez de miras de nuestra propia vida y miremos, un poquito nada más, más allá del horizonte, pensando en la injusticia de la muerte de tantos otros seres humanos, igual de hermanos nuestros, que mueren en pos de un sueño, que ficticiamente les hemos creado en sus lugares de origen, para terminar miserablemente en nuestras ciudades y pueblos.
 
Puede que el escenario más desolador, en las últimas semanas lo haya dado la localidad italiana de LAMPEDUSA, ante la que todos "los hombres y mujeres de buena voluntad" -como cantaban los ángeles anunciando el nacimiento de Cristo- se han sentido conmocionados, doloridos y, lo que es peor, avergonzados, pues todos somos cómplices, aunque sea por omisión, de todas estas tragedias que se suceden a nuestro alrededor sin que hagamos nada por evitarlo, y tampoco hay que irse tan lejos, LAMPEDUSA ciertamente lo está, pues sin ir más lejos, en GRANADA, concretamente en MOTRIL, por ser ciudad costera, también se repite constantemente este goteo de inmigrantes llegados en patera.

Y aunque este drama no esté en nuestra mano el solucionarlo y erradicarlo, es verdad, siempre podemos denunciar, siempre podemos ayudar, siempre podemos colaborar, en la medida de cada cual, pues aunque no seamos responsables de la situación del vendedor de KLEENEX en el semáforo ante el que nos paramos todos los días caminos del trabajo, no menos cierto es que, muchas veces, más que el euro de los pañuelos... "¿Alguna vez le dijiste buenos días con una sonrisa? ¿Le has preguntado si necesita algo de ropa, comida...? ¿Haces al menos por comprarle los pañuelos, de vez en cuando? Si se ausenta unos días ¿te preocupas pensando "qué le habrá sucedido"?" lo que ellos necesitan, porque todos lo necesitamos, es un poco de acogida, de escucha, de comprensión.
 
Dice el refrán que "el roce hace el cariño", pero si no damos el primer paso nunca vamos a conseguir nada, por eso, esta iniciativa que hemos ideado, para compartir este mes de Noviembre con nuestros socios, amigos y colaboradores, de acoger a los inmigrantes que mendigan en nuestras calles, al menos con "UN CAFÉ Y UN BOCADILLO POR CADA SUEÑO ROTO" no pretende tanto el gesto, o la solución puntual a un día menos de necesidad y apuro, sino a que tomes contacto con su realidad, aprovecha el gesto para preguntarle, al menos, su nombre, porque así lo dignificas y le dotas de personalidad, ya no es un ser anónimo, perdido en el paisaje de la calle, porque tiene un nombre, y eso lo humaniza, sólo con eso, ya lo verás diferente... Seguro que hay menos inmigrantes mendigando en nuestras ciudades que habitantes en las mismas, si cada cual nos responsabilizáramos, individual o colectivamente (colegio, asociación, vecindario, trabajo, sindicato, parroquia...) de una de estas vidas, de uno de estos sueños rotos, seguro que todo sería diferente.

martes, 29 de octubre de 2013

LA CASA DE LA SAGRADA FAMILIA EN NAZARET

Este Domingo pasado se ha celebrado, en el marco del AÑO DE LA FE, el evento de las familias, cuyo patrocinio se encuentra bajo la Sagrada Familia, de la que el Papa FRANCISCO no sólo ha dado varias catequesis, en la Audiencia General, en la homilía y en el Ángelus, amén de la oración final que el Papa ha dirigido a la Sagrada Familia. Por esta razón no voy a insistir en el tema, para no hacerme repetido, sin embargo quiero compartir con vosotros el marco físico en el que se desarrolló la vida de la Sagrada Familia, esto es, su casa en Nazaret.
 
Hay que decir que en Nazaret hay dos casas que visitar: La "Casa de la Virgen" (su casa de soltera, y donde se verificó el milagro de la Anunciación y Encarnación de Jesucristo "He aquí la esclava del Señor (...) y el Verbo se hizo carne, y acampó entre nosotros") y la "Casa de San JOSÉ", que luego sería "la Casa de la Sagrada Familia", toda vez la costumbre de que la esposa, tras la celebración del matrimonio, abandonaba su casa familiar y se iba a vivir, como es lógico, a casa de su esposo.


La actual "Casa de San JOSÉ" o de la Sagrada Familia, es un complejo que consta de una Iglesia, construida en el año 1.914, sobre los restos de la antigua, que a su vez fue destruida por los musulmanes, en una de sus dominaciones de los Santos Lugares. Como suele ser habitual en las iglesias de Tierra Santa, en el subsuelo de la Iglesia se encuentra el motivo de su construcción: Albergar y proteger los restos arqueológicos de la "casa de San JOSÉ", ya que las casas, en esta zona en la antigüedad, eran más parecidas a las cuevas, que existen por ejemplo en lugares de ESPAÑA como GUADIX, es decir, casas que estaban excavadas en la roca, no construcciones al uso como estamos acostumbrados a creer. Y en esta casa no sólo se verificaría la vida terrena de la Sagrada Familia en NAZARET, con los 30 años de la vida oculta (infancia, adolescencia y juventud de Jesucristo), sino que también sería, hemos de suponer el lugar del fallecimiento JOSÉ, pese a que el Evangelio nada refiera sobre este episodio, con todo, la muerte de JOSÉ está representada en la Iglesia, en una de las pechinas de la bóveda del crucero.

No debemos pasar por alto que, en el Evangelio, los sueños tienen un papel muy importante en la vida de San JOSÉ: Por medio de un sueño un ángel del Señor le dice que no ha de repudiar a María, por lo evidente de su embarazo, porque su hijo es obra de Dios todopoderoso; por un sueño se pone en camino para salvar a Jesús del decreto de la matanza de los niños menores de tres años dictado por Herodes, y nuevamente por un sueño, regresa de Egipto cuando, según el ángel, ya habían fallecido los que querían atentar contra la vida del niño… de esta manera pareciera que el evangelista pretende hacer al lector establecer una conexión mental con otro gran patriarca de la historia de ISRAEL, en la que los sueños tuvieron la misma importancia, y con quien incluso comparte el nombre, nos estamos refiriendo a JOSÉ, el gran intérprete de sueños ante el faraón en el Antiguo Testamento.

Sea como fuere, aunque el Evangelio no le da más papel y relevancia a la figura de San JOSÉ, su figura fue luego encumbrada tanto por los textos y evangelios apócrifos posteriores, por las visiones de la beata CATALINA EMMERICK, en cuya "Vida de la Virgen" podemos descubrir un San José esposo, preocupado constantemente por esa misión, que le sobrecoge, de ser "custodio del misterio de MARÍA y JESÚS" o que nos ofrece una bella estampa sobre su muerte, en la cama, con MARÍA sosteniéndole la cabeza y JESÚS sentado a los pies de la cama.

Aunque es el patrón de la Iglesia en general, de los movimientos obreros de inspiración católica, y suele ser el gran “intendente” de casi todos los conventos de clausura femeninos, que le tienen siempre puesto, a la puerta del convento, y al que se acude cuando las necesidades económicas aprietan, como buen padre de familia, lo cierto es que su figura es completamente desconocida para la gran mayoría de los fieles cristianos. Hay que decir que, al menos, en su Iglesia en tierra santa, se ha tenido el detalle de representarle como un joven varonil, no la típica imagen de la iconografía de un anciano venerable (claro que esta segunda imagen se usa en el arte para "preservar la virginidad de María", pues hasta el espectador mas tonto entiende que un anciano, aunque quisiera, no podría violentar a la Virgen, lo que no deja de ser una tontería iconográfica, toda vez que JOSÉ, según la tradición, era de los jóvenes más honrados de las tribus de ISRAEL y era perfectamente consciente del papel que estaba representando en la historia de la salvación: Ser el custodio de la Virgen MARÍA).

Lo mismo que sucede con la "Casa de la Virgen MARÍA" en NAZARET, la tradición y devoción de los primeros peregrinos cristianos a la "Casa de San JOSÉ" o de "la Sagrada Familia" es una de las históricamente mejor demostradas y mejor documentadas. Como hemos dicho antes, la Iglesia alberga y cobija los restos arqueológicos de dicha casa-cueva, entre cuyos elementos destacan, prácticamente por ser los originales: la cisterna de agua y la bodega (en todo lo hondo de la gruta), algunas estancias, como la que se quiere identificar como el taller del carpintero, la cocina y el recibidor, por ser de las más externas, ya que el hogar propiamente dicho, es decir, los dormitorios, estarían en las estancias más internas.

Y en época posterior, en los primeros siglos del cristianismo, la casa de JOSÉ fue usada como baptisterio cristiano. Los fieles descendían a la piscina bautismal por medio de siete escalones, símbolo de los siete dones del Espíritu Santo que iban a recibir con el bautismo. Al lado del último peldaño había una acequia, que simbolizaba el agua corriente del río JORDÁN, y saltando por encima de este canalillo, se entraba en la piscina bautismal propiamente dicha, en cuyo fondo hay un mosaico de seis cuadrados, que en la antigua tradición judeo-cristiana representaban a los seis ángeles que acompañan siempre a Dios creador en su trono.

domingo, 27 de octubre de 2013

NUESTRA VOCACIÓN: LUGAR DE LA VIUDA Y TERRENO INTELIGENTE

En la mentalidad hebrea las viudas, junto con los huérfanos, constituyen el paradigma de clases sociales en situación de máxima de necesidad, tanto física como emocionalmente, y que por ello se erigen en culmen de la predilección de la misericordia de Dios, y del quehacer caritativo y social de la antigua comunidad hebrea: De ahí la gran cantidad de referencias bíblicas que convierten en un auténtico mandato legal el asistir a las viudas y los huérfanos, al tiempo que se desprecian socialmente las conductas que hagan daño a estos colectivos, y el mismo Dios, en sus palabras, se vale de esta figura para mostrarnos su corazón misericordioso:

Cuando siegues la mies de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al inmigrante, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas. (Deuteronomio 24, 29)

¡Maldito quien defraude de sus derechos al inmigrante, al huérfano o a la viuda! Y el pueblo a una responderá: ¡Amén!(Deuteronomio 27, 19)

Padre de huérfanos, protector de viudas, es Dios en su santa morada. (Salmo 68, 10)

Desde esta perspectiva la FAMILIA EUCARÍSTICA POBRES DE NAZARET, tanto a nivel asociativo, como de esta pobre comunidad de vida, nace con una vocación bien definida, “ser casa de acogida” pero no sólo de la viuda, los huérfanos o los inmigrantes, siguiendo el tenor literal de la escritura, sino por extensión, de la totalidad de las personas que viven en riesgo de exclusión, de las marginadas, de las que pertenecen al extrarradio de todos los contextos, sean sociales, económicos, laborales, familiares y, por qué no decirlo, incluso eclesiales, en suma, todas esas “periferias existenciales” a las que el Papa FRANCISCO tanto nos urge a acudir para anunciar a Jesucristo.
 
Acogida para todos los que vengan a ella, especialmente paras aquellas personas que han buscado ayuda o consuelo por los cauces normales y, pese a todo, no lo encuentran. Confirmamos aún más esta vocación con las propias palabras de Jesús al afirmar:
 
Y añadió: “Os aseguro que ningún profeta es aceptado en su patria. Ciertamente, os digo que había muchas viudas en Israel en tiempo de Elías, cuando el cielo estuvo cerrado tres años y medio y hubo una gran carestía en todo el país. A ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta en Sidonia”. (Lucas 4, 24-26)
 
Porque esa es, en el fondo, la vocación de esta pobre comunidad, acoger a todos los hombres y mujeres que, escandalosamente, ni siquiera encuentran consuelo, apoyo o esperanza entre los suyos, a veces, incluso, entre la propia Iglesia, porque desde este punto de vista todos estos hombres y mujeres pueden reclamar con más derecho “su condición de huérfanos”, porque han perdido hasta el Amor de Dios, se les ha desdibujado la imagen del Padre bueno, porque la Iglesia se ha convertido para ellos, lejos de ser la “Madre y Maestra”, en definición del bendito JUAN XXIII, en una “madrastra”, de la que han podido recibir una mala palabra, una condena o un mal ejemplo. A todas estas personas, que se van quedando “en las orillas del camino de la Iglesia”, sacrificadas por otros intereses de la historia, la moral o del paso lento de la Iglesia, son las que esta pobre comunidad quiere acoger: Porque si es verdad aquello que se dice de que “extra Ecclesia nulla salus” (“fuera de la Iglesia no hay salvación”), nosotros  queremos ser para ellos su “salus”, su salud, su salvación, su lugar de reencuentro con el Señor… lo mismo que hicieran los discípulos con el Señor, a las orillas del lago, en la región de DALMANUTÁ (Marcos 8,10), bajo un “chiringuito de chamizo”, donde ningún corazón, vida o historia es juzgada; a la luz de las estrellas, bajo el arrullo de las olas; sólo ante el Señor que parte el pan y asa el pescado de la dura jornada de la vida.
 
Hay otro hito en el camino, del que esta pobre comunidad pueda tomar ejemplo para definir su vocación:
 
En el TALMUD, haciendo referencia a la propiedad del suelo entre los vecinos de las parcelas, se dice que la regla general es la de que el propietario de los árboles lo es también del terreno que éstos ocupan con el vuelo de su copa y de sus ramas, así como del que hay alrededor de sus troncos y del suelo que haya entre los árboles, si todos son de la propiedad de la misma persona, para introducir una excepción a esta regla de buena vecindad, el TALMUD trae la siguiente historia:
 
"Hubo un hombre, que plantó sus viñas dejando una distancia de dieciséis codos entre ellas, dejando que sus ramas crecieran, en la linde del vecino, de su lado, podando las otras, y sembró en esa parte del terreno, pero al año siguiente, podó las ramas contrarias y dejó crecer las opuestas, las que daban a la linde, sembrando debajo de ellas. Cuando este caso se llevó a la consideración de los ancianos de ISRAEL, éstos concluyeron que era una conducta permitida”.
 
Desde esta segunda forma de entender nuestra vocación, a la vista de esta jurisprudencia de los ancianos de Israel, llamada como “la sentencia del ganar terreno con inteligencia” no cabe duda de que, esta pequeña porción de terreno, de la viña del Señor, llamada FAMILIA EUCARÍSTICA POBRES DE NAZARET que hemos recibido, y que no se compone de tierras, sino de personas, que son cada uno de los hermanos y socios que el Señor nos regale, está llamada a crecer, a dar fruto, a extenderse, y todo ello con inteligencia, esa es nuestra vocación, por no decir nuestra responsabilidad.
 
Algo parecido encontramos en el relato de la pesca milagrosa, según la narración del evangelista Juan (21, 4-5):
 
Ya de mañana Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no reconocieron que era Jesús. Les dice Jesús: Muchachos, ¿tenéis algo de comer? Ellos contestaron: No. Les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron y no podían arrastrarla por la abundancia de peces.
 
Algo tan sencillo como echar las redes del lado de la derecha de la barca, para obtener una gran pesca, pero lo más importante no es el hecho de pescar del lado derecho o izquierdo de la barca, lo más importante del relato es la capacidad de los apóstoles, en ese momento, del fiarse de la palabra del Señor. Así, esta comunidad está llamada a “pescar donde no se estila, del lado incorrecto de la barca, según se mire”, porque hay ciertos sectores de la sociedad y de la Iglesia para los que su pesca y su cuota de peces ya les bastan, pero no para nosotros, queremos más… Y hay un caladero inmenso para ser “pescadores de hombres” en los arrabales de la sociedad y de la propia Iglesia.
 
Seremos inteligentes, y haremos esta labor calladamente, sin escándalo, sin ruido, puede que hasta sin grupo de oración, puede que hasta sin reuniones, puede que hasta sin grandes manifestaciones… Con la labor callada del boca a boca, del abrazo, del acompañamiento en medio de la vida y sus afanes… En espacios no habitualmente sacros de la calle, la plaza, el lugar de trabajo, la terraza del bar o la propia casa… En las nuevas ágoras de la tecnología, internet, el correo electrónico, las redes sociales y lo que la inteligencia humana nos siga brindando…
 
Y así seguiremos creciendo, como “terreno ganado inteligentemente”, donde cada palmo, cada hermano, será conquistado, quizás no al son de trompetas y aclamaciones, como en JERICÓ, sino al son de los sollozos y los ayes de la vida, pero por eso mismo, cada palmo de terreno, cada hermano, ni siquiera han de ser de esta pobre comunidad para siempre, porque nuestro afán no es retenerlos, sino que lleven siempre esta experiencia en su corazón, y con ella, a su Señor, Jesucristo.

martes, 22 de octubre de 2013

HACIENDO CRUCES: UNA FORMA DISTINTA DE "ORAR LA CRUZ"

 
Recientemente su Santidad, el Papa FRANCISCO, ha venido insistiendo, tanto en las redes sociales como en sus últimos discursos en la idea de la Cruz de Cristo, cómo debemos llevarla, como debemos padecerla cuando nos toca a nosotros llevarla, o que la Iglesia, sin mirar a Cristo en la Cruz, no sería nada. Motivados por ello es por lo que compartimos con vosotros una "dinámica de oración", que por lo sencilla y eficaz, sin duda alguna os motivará a contemplar "la cruz" desde una perspectiva diferente:
 
Haciendo Cruces” es un movimiento internacional de intercesión, ideado por ELLEN MORRIS PREWITT, una conocida predicadora evangelista norteamericana, que empezó a hacer una cruz, para su oración personal, que decoró con pequeñas cosas que eran muy significativas para ella, descubriendo que con cada uno de esos objetos (por ejemplo, un botón de un pijama del abuelo fallecido), en el proceso de su selección, tenerlos en las manos, recordar su historia, evocar sentimientos… estaba cargando de sentido y contenido espiritual su propia cruz personal, la de su propia vida, su mejor arma para la oración y la intercesión, no en vano, el instrumento de tortura romano se convirtió en la imagen por excelencia de la salvación y la redención.
 
Según las palabras introductorias de su propia página web (www.makingcrosses.com):
Haciendo cruces introduce una nueva práctica espiritual de hacer cruces cosas rotas o con objetos encontrados. Esta nueva práctica es para aquellos que quieran experimentar a Dios, más allá del día a día, mediante otro tipo de oraciones. Más que un orar consciente, la práctica de hacer cruces ofrece una forma de oración, en la que el conocimiento se adquiere por el propio devenir de hacer la cruz.
 
Haciendo cruces guía a los hermanos, paso a paso, a través del proceso de hacer una cruz. El uso de materiales no valorados por este mundo, la comunión existente entre la  cruz y su hacedor, y de éste con Dios, el hecho de lo que significa una cruz personal que va a tener uso en la oración personal. Trabajar, física y manualmente, con el símbolo más complejo de la cristiandad, -la cruz-, transforma nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y el mundo que nos rodea.
 
La creadora de esta iniciativa de “Haciendo Cruces” invita pues, de esta manera a que cada uno haga y confecciones su propia cruz personal, con aquellos materiales que le sean más significativos desde un punto de vista espiritual, y posteriormente involucrar la oración con una acción real, es decir, construir la cruz propiamente dicha, para después usarla en nuestra propia oración personal. Además, invita a los que han hecho su cruz personal que den testimonio de ella, en sus iglesias, parroquias, comunidades, catequesis, grupos, enseñanzas, compartiendo todo lo que el Señor les ha suscitado en todo el proceso.
 
Básicamente los pasos a seguir son los siguientes:
 
a) Selección de los materiales: Esta tarea previa involucra ya nuestra oración y lo más profundo de nuestro corazón. Como dijimos antes, si uno de los elementos decorativos que voy a incluir en la cruz fuese un botón del pijama que tenía puesto mi abuelo al fallecer, ello me ayudará a rememorar toda la experiencia de amor de mi abuelo, las enseñanzas que me dio, el testimonio de su vida… de esta manera ya estoy intercediendo, no sólo por mi abuelo, sino por todo lo que él aportó a mi vida: si fue algo bueno, para dar gracias a Dios por ello y, a la inversa, si fue algo malo, para pedir al Señor que sane y cure esas heridas.
 
b) Confección de la cruz: De forma pausada, sin prisas… Orando y meditando por cada uno de los procesos creativos que ello implique. Hacernos conscientes de que estamos colaborando con el Señor en su tarea creadora (que es la finalidad del trabajo humano), pedid la ayuda del Espíritu Santo en este proceso creativo, lo mismo que él “aleteaba ya sobre las aguas en el principio de la creación”, hacernos conscientes de que cada un de nuestras opciones estéticas tienen un significado profundo y espiritual para nosotros.
 
c) Usar la cruz, así realizada, en nuestra oración personal.
 
d) Compartir con los demás todo lo que nos ha supuesto el hecho de hacer nuestra propia cruz: Lo que hemos orado sobre ella al fabricarla, lo que hemos ganado con ella en nuestra oración personal, lo que significa espiritualmente cada uno de los elementos decorativos que incorpora, o los materiales u objetos que hemos elegido para su elaboración… De esta forma testimoniamos que el Señor murió en la cruz y nos salvó, pero que sigue salvándome en mi cruz personal, la que yo he hecho para él poniendo en ella lo mejor, o lo peor, según la experiencia personal de cada uno, de mí mismo.
 
Os pongo un ejemplo:
 
Quien hizo esta cruz tuvo un pensamiento muy simple: Tomó dos o tres ramas de su jardín y formó con ella la cruz. Hizo una corona de espinas con la que rematarla, y usó algunas ramas retorcidas para simular los brazos y las piernas del Señor clavado en la cruz. Y a modo de paño de pureza usó un pequeño trozo de tela negra, bordada con las letras IHS, que no era más que una muestra de cuando su abuela le enseñaba a bordar de pequeña. Realzó su presencia y su estar en la casa, colocándola en el jardín, que era su lugar de oración personal.
 
¡ANÍMATE, Y HAZ TU PROPIA CRUZ!...

sábado, 19 de octubre de 2013

AL CONTEMPLARTE TODO SE RINDE (PARTE IV)

 
"Te contemplans", «al contemplarte», dice nuestro himno. ¿Qué encierra el pronombre «te»? Ciertamente a Cristo realmente presente en la hostia, pero no una presencia estática e inerte; indica todo el misterio de Cristo, la persona y la obra; es volver a escuchar silenciosamente el Evangelio o una frase suya en presencia del autor mismo del Evangelio que da a la palabra una fuerza e inmediatez particular.
 
Pero esto no es aún la cumbre de la contemplación. Los grandes maestros del espíritu han definido la contemplación: «Una mirada libre, penetrante e inmóvil» (HUGO DE SAN VÍCTOR), o bien: «Una mirada afectiva en Dios» (San BUENAVENTURA). Estar en contemplación eucarística significa, por lo tanto, concretamente, establecer un contacto de corazón a corazón con Jesús presente realmente en la Hostia y, a través de él, elevarse al Padre en el Espíritu Santo. En la meditación prevalece la búsqueda de la verdad, en la contemplación, en cambio, el gozo de la Verdad encontrada. La contemplación tiende siempre a la persona, al todo y no a las partes. Contemplación eucarística es mirar a quien me mira.
 
Esta fase de contemplación es la descrita por el autor del «Adoro te devote» cuando afirma: "te contemplans totum deficit, al contemplarte todo se rinde". Estas son palabras nacidas ciertamente de la experiencia. «Todo se rinde», ¿el qué? No sólo el mundo exterior, las personas, las cosas, sino también el mundo interior de los pensamientos, de las imágenes, de las preocupaciones. «Olvido de todo excepto de Dios», escribía PASCAL describiendo una experiencia similar a ésta. Y FRANCISCO DE ASÍS amonestaba a sus hermanos: «¡Gran miseria sería, y miserable mal si, teniéndole a Él así presente, os ocuparais de cualquier otra cosa que hubiera en todo el universo!»

Por la misma época en que se componía nuestro himno, o sea a finales del siglo XIII, ROGER BACON, un gran enamorado de la Eucaristía, escribía estas palabras que parecen un comentario a la primera estrofa del «Adoro te devote» y una confirmación de la experiencia que de ella se trasluce: «Si la majestad divina se hubiera manifestado sensiblemente, no habríamos podido sostenerla y nos habríamos rendido (deficeremus!) del todo por la reverencia, la devoción y el estupor... La experiencia lo demuestra. Los que se ejercitan en la fe y en el amor de este sacramento no consiguen soportar la devoción que nace de una pura fe sin deshacerse en lágrimas y sin que su alma, saliendo de sí misma, se licue por la dulzura de la devoción, hasta el punto de no saber ya dónde se encuentra ni por qué».
 
La contemplación eucarística es todo menos indulgencia al quietismo. Se ha observado cómo el hombre refleja en sí, a veces también físicamente, lo que contempla. No se está por mucho tiempo expuesto al sol sin que se note en la cara. Permaneciendo prolongadamente y con fe, no necesariamente con fervor sensible, ante el Santísimo asimilamos los pensamientos y los sentimientos de Cristo, por vía no discursiva, sino intuitiva; casi «ex opere operato».
 
Sucede como en el proceso de fotosíntesis de las plantas. En primavera brotan de las ramas las hojas verdes; éstas absorben de la atmósfera ciertos elementos que, bajo la acción de la luz solar, se «fijan» y transforman en alimento de la planta. ¡Tenemos que ser como esas hojas verdes! Son un símbolo de las almas eucarísticas que, contemplando el «sol de justicia» que es Cristo, «fijan» el alimento que es el Espíritu Santo mismo, en beneficio de todo el gran árbol que es la Iglesia. En otras palabras, es lo que dice el apóstol PABLO: «Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu» (2 Corintios 3,18).

Si ahora, sin embargo, de estos fragmentos de luz que el autor del himno nos ha hecho entrever volvemos con el pensamiento a nuestra realidad y a nuestro pobre modo de estar ante la Eucaristía, nos arriesgamos a sentirnos acobardados y desanimados. Sería del todo erróneo. Es ya un aliento y un consuelo saber que estas experiencias son posibles; que lo que nosotros mismos hemos tal vez experimentado en los momentos de mayor fervor de nuestra vida y después perdido puede volver a encenderse, gracias también al año eucarístico que se nos ha dado a vivir. Lo único que el Espíritu Santo requiere de nosotros es sólo que le demos nuestro tiempo, aunque al principio pudiera parecer tiempo perdido. Nunca olvidaré la lección que un día se me dio al respecto: Decía a Dios: «Señor, dame el fervor y yo te daré todo el tiempo que quieras para la oración». En mi corazón hallé la respuesta: «RAINIERO, dame tu tiempo y yo te daré todo el fervor que quieras en la oración». Lo recuerdo por si puede servirle a alguien como a mí.


viernes, 18 de octubre de 2013

AL CONTEMPLARTE TODO SE RINDE (PARTE III)

 
Queda por tomar la llamarada más alta que es la que se eleva de los dos últimos versos de la estrofa: "Quia te contemplans totum deficit: Al contemplarte todo se rinde". La característica de ciertos venerables himnos litúrgicos latinos, como el «Adoro te devote», el «Veni creator» y otros, es la extraordinaria concentración de significado que se realiza en cada palabra. En ellos cada palabra está llena de contenido.
 
Para comprender plenamente el sentido de esta frase, como de todo el himno, es necesario tener en cuenta el ambiente y el contexto en que nace. Estamos, decía, en este lado del gran cambio de la teología eucarística ocasionado por la reacción a las teorías de BERENGARIO DE TOURS. El problema sobre el que se concentra casi exclusivamente la reflexión cristiana es el de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, que a veces excede en la afirmación de una presencia física y casi material. De BÉLGICA partió la gran oleada de fervor eucarístico que contagiará en poco tiempo toda la cristiandad y, en 1.264, llevará a la institución de la fiesta del "Corpus Christi" por parte del Papa URBANO IV.
 
Se acrecienta el sentido de respeto de la Eucaristía y, paralelamente, aumenta el sentido de indignidad de los fieles de acercarse a ella, a causa de las condiciones casi impracticables establecidas para recibir la comunión (ayuno, penitencias, confesión, abstinencia de las relaciones conyugales). La comunión por parte del pueblo pasó a ser un hecho tan raro que el Concilio Lateranense IV en 1.215 tuvo que establecer la obligación de comulgar al menos en Pascua. Pero la Eucaristía sigue atrayendo irresistiblemente a las almas y así, poco a poco, la falta del contacto comestible de la comunión se remedia desarrollando el contacto visual de la contemplación. (Observamos que en Oriente, por las mismas razones, a los laicos se les sustrae también el contacto visual porque el rito central de la Misa se desarrolla tras una cortina que después de convertirá en el muro del iconostasio).
 
La elevación de la hostia y del cáliz en el momento de la consagración, antes desconocido (el primer testimonio escrito de su institución es de 1196), se transforma para los laicos en el momento más importante de la Misa, en el que desahogan sus sentimientos de devoción y esperan recibir gracias. Se tocan en ese momento las campanas para advertir a los ausentes y algunos corren de una Misa a otra para asistir a varias elevaciones. Muchos himnos eucarísticos, entre ellos el «Ave verum», nacen para acompañar este momento; son himnos para la elevación. A ellos pertenece también nuestro «Adoro te devote». Desde el principio hasta el final su lenguaje es el de ver, contemplar: "te contemplans, non intueor, nunc aspicio, visu sim beatus".
 
Nosotros ya no tenemos la misma concepción de la Eucaristía; hace tiempo que la comunión se convirtió en parte integrante de la participación en la Misa; las conquistas de la teología (movimiento bíblico, litúrgico, ecuménico) que confluyeron en el Concilio Vaticano II y en la reforma litúrgica han restablecido en valor, junto a la fe en la presencia real, otros aspectos de la Eucaristía, el banquete, el sacrificio, el memorial, la dimensión comunitaria y eclesial...
 
Se podría pensar que en este nuevo clima ya no hay lugar para el «Adoro te devote» y las prácticas eucarísticas nacidas en aquel período. En cambio es precisamente ahora cuando esos nos resultan más útiles y necesarios para no perder, a causa de las conquistas de hoy, las de ayer. No podemos reducir la Eucaristía a la sola contemplación de la presencia real de la Hostia consagrada, pero sería también una gran pérdida renunciar a ella. El Papa no hace sino recomendarla desde su primera carta «El misterio y el culto de la Santísima Eucaristía -del Jueves Santo de 1980 - "La adoración a Cristo en este sacramento de amor debe encontrar su expresión en diversas formas de devoción eucarística: Oración personal ante el Santísimo, horas de adoración, exposiciones breves, prolongadas, anuales... Jesús nos espera en este Sacramento del Amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración y en la contemplación llena de fe». Nuestros hermanos ortodoxos no comparten este aspecto de la piedad católica; alguno de ellos señala amablemente que el pan está hecho para ser comido, no para ser mirado. Otros, también entre los católicos, observan que la práctica se desarrolló en un tiempo de grave ofuscamiento de la vida litúrgica y sacramental.
 
Pero a favor de la bondad de la contemplación eucarística no hay especiales explicaciones teológicas y teóricas, sino el imponente testimonio de los hechos, literalmente «una nube de testimonios». Uno bastante reciente es el de CHARLES DE FOUCAULD, quien hizo de la adoración de la Eucaristía uno de los puntos fuertes de su espiritualidad y de la de sus seguidores. Innumerables almas han alcanzado la santidad practicándola y está demostrada la contribución decisiva que ésta ha dado a la experiencia mística. La Eucaristía, dentro y fuera de la Misa, ha sido para la Iglesia católica lo que en la familia era hasta hace poco el fuego doméstico durante el invierno: el lugar en torno al cual la familia reencontraba su propia unidad e intimidad, el centro ideal de todo.
 
Esto no quiere decir que no existan también razones teológicas en la base de la contemplación eucarística. La primera es la que brota de la palabra de Cristo: «Haced esto en memoria mía». En la idea de memorial hay un aspecto objetivo y sacramental que consiste en repetir el rito realizado por Cristo que recuerda y hace presente su sacrificio. Pero existe también un aspecto subjetivo y existencial que consiste en cultivar el recuerdo de Cristo, «en tener constantemente en la memoria pensamientos que se refieren a Cristo y a su amor». Esta «dulce memoria de Jesús» (Jesu dulcis memoria) no está limitada al tiempo que uno pasa ante el tabernáculo; se la puede cultivar con otros medios, como la contemplación de los iconos; pero es cierto que la adoración ante el Santísimo es un medio privilegiado para hacerlo. Los dos aspectos del memorial –celebración y contemplación de la Eucaristía--, no se excluyen recíprocamente, sino que se integran. La contemplación de hecho es el medio con el que nosotros «recibimos», en sentido fuerte, los misterios, con el cual los interiorizamos y nos abrimos a su acción; es el equivalente de los misterios en el plano existencial y subjetivo; es un modo para permitir a la gracia, recibida en los sacramentos, plasmar nuestro universo interior, esto es, los pensamientos, los afectos, la voluntad, la memoria.
 
Hay una gran afinidad entre Eucaristía y Encarnación. En la Encarnación –dice San AGUSTIN- «María concibió al Verbo antes con la mente que con el cuerpo» (Prius concepit mente quam corpore). Es más, añade, de nada le habría valido llevar a Cristo en su vientre si no lo hubiera llevado con amor también en su corazón. También el cristiano debe acoger a Cristo en su mente antes de acogerlo y después tenerlo en su cuerpo. Y acoger a Cristo en la mente significa, concretamente, pensar en él, tener la mirada puesta en él, hacer memoria de él, contemplando el signo que él mismo eligió para permanecer entre nosotros.


jueves, 17 de octubre de 2013

AL CONTEMPLARTE TODO SE RINDE (PARTE II)

Decía que en cada estrofa del himno hallamos una afirmación teológica seguida de una invocación con la que el orante responde a aquella y se apropia de la verdad evocada. A la afirmación de la presencia real, si bien escondida, de Cristo en el pan y en el vino el orante responde derritiéndose literalmente en devota adoración y arrastrando consigo, en el mismo movimiento, las innumerables formaciones de almas que durante más de medio milenio han orado con sus palabras.
 
"Adoro": esta palabra con la que se abre el himno es por sí sola una profesión de fe en la identidad entre cuerpo eucarístico y el cuerpo histórico de Cristo, «nacido de María Virgen, que verdaderamente padeció y fue inmolado en la cruz por el hombre». Es sólo gracias a esta identidad de hecho y a la unión hipostática en Cristo entre humanidad y divinidad que podemos estar en adoración ante la hostia consagrada sin pecar de idolatría. Ya decía San AGUSTÍN : «En esta carne [el Señor] caminó aquí y esta misma carne nos ha dado para comer para la salvación; y ninguno come esa carne sin haberla adorado antes... Nosotros no pecamos adorándola, pero pecamos si no la adoramos».
 
¿Pero en qué consiste exactamente y cómo se manifiesta la adoración? La adoración puede estar preparada por prolongada reflexión, pero termina con una intuición y, como toda intuición, no dura mucho. Es como un rayo de luz en la noche. Pero de una luz especial: no tanto la luz de la verdad, cuanto la luz de la realidad. Es la percepción de la grandeza, majestad, belleza, y a la vez de la bondad de Dios y de su presencia lo que quita la respiración. Es una especie de naufragio en el océano sin orillas y sin fondo de la majestad de Dios. Una expresión de adoración, más eficaz que cualquier palabra, es el silencio. Adorar, según la estupenda expresión de San GREGORIO NACIANCENO, significa elevar a Dios un «himno de silencio».
 
Hubo un tiempo en que, para entrar en un clima de adoración ante el Santísimo, me bastaba repetir las primeras palabras de un himno del místico alemán del siglo XVII GERHARD TERSTEGEEN, que aún hoy se canta en las iglesias protestantes y católicas de Alemania:
 
«Dios está aquí presente; ¡venid, adoremos! Con santa reverencia, entremos en su presencia. Dios está aquí en medio: todo calla en nosotros. Y lo íntimo del pecho se postra en su presencia».
 
Tal vez porque las palabras de una lengua extranjera están menos agotadas por el uso y la banalización, lo cierto es que aquellas palabras me producían cada vez un estremecimiento interior.
 
«Gott ist gegenwärtig, Dios está presente, ¡Dios está aquí!: las palabras se desvanecían rápidamente, quedaba sólo la verdad que habían transmitido, el «sentimiento vivo de la presencia» de Dios. El sentido de la adoración está reforzado, en nuestro himno, por el de la devoción: «adoro te devote». La Edad Media dio a este término un significado nuevo respecto a la antigüedad pagana y cristiana. Con él se indicaba al principio la adhesión a una persona, expresada en un fiel servicio y, en la costumbre cristiana, toda forma de servicio divino, sobre todo el litúrgico de la recitación de los salmos y de las oraciones.
 
En los grandes autores espirituales de la Edad media la palabra se interioriza; pasa a significar no las prácticas exteriores, sino las disposiciones profundas de corazón. Para San BERNARDO indica «el fervor interior del alma encendida por el fuego de la caridad». Con San BUENAVENTURA y su escuela la persona de Cristo se convierte en el objeto central de la devoción, entendida como el sentimiento de conmovida gratitud y amor suscitado por el recuerdo de sus beneficios. Sto. TOMÁS DE AQUINO dedica dos artículos enteros de la "Suma Teológica" a la devoción, que considera el primero y más importante acto de la virtud de la religión. Para él consiste en la prontitud y disponibilidad de la voluntad para ofrecerse a sí misma a Dios que se expresa en un servicio sin reservas y pleno de fervor.
 
Este rico y profundo contenido lamentablemente se perdió en gran parte después, cuando al concepto de «devoción» se arrimó el de «devociones», esto es, de prácticas exteriores y particulares, dirigidas no sólo a Dios, sino más a menudo a santos o a lugares determinados, advocaciones e imágenes. Se volvió en la práctica al viejo significado del término.
 
En nuestro himno el adverbio "devote" conserva intacta toda la fuerza teológica y espiritual que el propio autor (si él es Sto. TOMÁS DE AQUINO) había contribuido a dar al término. La mejor explicación de qué se entiende aquí por "devotio" está en las palabras que siguen en la segunda parte de la estrofa:
 
"Tibi se cor meum totum subiicit" (a ti se somete mi corazón por completo). Disponibilidad total y amorosa a hacer la voluntad de Dios.