domingo, 29 de junio de 2014

SANTOS PEDRO Y PABLO - DÍA DE LA IGLESIA

Se celebra hoy la festividad litúrgica de los Santos PEDRO y PABLO, de la que se dice también, coloquialmente, es el DÍA DE LA IGLESIA o es el DÍA DEL PAPA, o del PRIMADO DE PEDRO (en la foto, en TIERRA SANTA, lugar del "primado de PEDRO" donde CRISTO le dijo "Tú eres piedra y sobre ti edificaré mi Iglesia", a orillas del lago de GENNESARET). Curiosamente me acabo de dar cuenta que esta festividad, 29 de Junio, tiene su víspera, el día 28 de Junio, con otro evento eclesial, en modo alguno despreciable, aunque mucho más personal, cual es el Aniversario de mi Bautismo, por lo que -cronológicamente hablando- es como si un día me hablara de mi "ingreso en la Iglesia" y el otro día me hablara de "mi pertenencia, mi comunión, mi amor a la Iglesia", cosa que nunca antes había advertido, es decir, la inmediatez de algos eventos.

Ciertamente, un 28 de Junio de 1975, fui bautizado en la Iglesia de los Santos JUSTO y PASTOR, de GRANADA, como todos podréis comprender, ni me acuerdo de aquel día, ni yo pedí ser bautizado, que fueron mis padres y padrinos los que así lo solicitaron, haciéndose garantes, por medio de su profesión de fe, de la que habría de ser la mía, en la medida en la que me educaran para ello.... pero aunque esto es verdad, dada la costumbre generalizada del bautismo de infantes, no menos cierto es que tuve que hacer el ejercicio de asumir todo ello personalmente, hacer mi propia profesión de fe, renovar mis promesas bautismales, lo que aconteció un día 2 de Noviembre de 1989, en la Iglesia de Santa MARÍA, la Mayor, de LINARES (Jaén). 

Pero yo ya, por aquella época, me había convertido en un "rebelde eclesial" (digámoslo así), quiero decir con ello que para aquella edad, por más temprana que parezca, tendría yo catorce años, ya me había convertido en un elemento contestatario dentro de la Iglesia... Quizás ayudara el hecho de que para esas alturas de la vida, ya me había leído prácticamente todo lo que había caído en mis manos acerca de la TEOLOGÍA DE A LIBERACIÓN, que autores como CASALDÁLIGA, DOM HELDER CÁMARA, los propios IGNACIO ELLACURÍA y compañeros, las homilías de Mons. OSCAR ROMERO, eran mis libros de cabecera y podía citarlos de memoria, como se suele decir, "de pé a pá", no debe de sorprenderos que estas fueran las lecturas de un confirmando, pues siempre he tenido una gran inquietud intelectual, espiritual, social y vocacional, y no he dejado nunca de leer, meditar e intentar estar al día en todo este tipo de cuestiones, piénsese, por ejemplo, que con siete u ocho años, ya me había devorado, íntegramente, todos los cuadernillos publicados de MAFALDA, que en todo hay que tener buenos maestros en la vida.

Añadamos pues, a la coctelera que de por sí es esa etapa rebelde que es la adolescencia, todo lo anterior, junto con acontecimientos históricos, que me marcaron e impresionaron mucho por aquella época, entre los que citaré la masacra de la PLAZA DE TIANNANMEN en CHINA, o el propio asesinato de los jesuitas de la UCA, en EL SALVADOR, el día 16 de Noviembre de 1989, cuatro días después de mi confirmación, y ya tenemos -como la célebre obra- "la forja de un rebelde" a un contestatario eclesial. 


Quiero decir con ello que empecé a considerar que la Iglesia era antievangélica, que no daba testimonio, que no tenía una debida proyección social, que no tenía una opción preferente por los pobres, etc, etc.... Cuestiones que, aún siendo verdad, al menos desde el análisis de la TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, no obstante, no pueden resultar tan limitadoras de una riqueza mayor cual es la Iglesia, y esa gran familia eclesial que formamos todos los bautizados... ni qué decir tiene que leer el libro HISTORIA DE LOS PAPAS de FREDERICK L. BENYON tampoco es que me ayudara a amar mucho a la Iglesia, al menos desde el punto de vista institucional, papal e histórico.

No por ello he dejado de ser profundamente eclesial, que una actitud crítica no hace que uno no se sienta Iglesia, además en aquella etapa adolescente-juvenil era de la firme convicción, mucho más acérrima que ahora, será que me estoy haciendo mayor (y las ideas y la rebeldía se asientan, con delicadeza, en la vida como los posos del café), de que "la única forma de criticar con eficacia una institución es, precisamente, desde dentro", quiero decir con esto que era monaguillo, lector, cuasi-sacristán, secretario de facto del párroco, catequista de comunión, de post-comunión, catequista de confirmación, monitor de jóvenes... a lo que hay que añadir la lucha interior de mi propio discernimiento vocacional (aunque ese es otro tema que daría para un blog entero)... y así habría derivado, creo yo, hacia un alejamiento crítico e intelectual de la Iglesia por no ser de un texto del Evangelio que me salvó, os váis a reír cuando os lo comparta, pero ciertamente que fue así:

¡Aleluya, ya reina el Señor, Dios nuestro, Todopoderoso! Hagámosle fiesta alegre dándole gloria, porque ha llegado la boda del Cordero, y la novia está preparada. La han vestido de lino puro resplandeciente (el lino son las obras buenas de los santos).

(Apocalipsis 19, 6-8)

Evidentemente todos sabemos que en este texto el Cordero es CRISTO, mientras que su novia es la Iglesia, pero advertid que se dice que la novia ha sido engalanada con un vestido de lino, que representa "las buenas obras de los santos", aunque creo que en la Biblia donde este texto me enseñó a amar a la Iglesia decía "las buenas obras de sus hijos", y entonces lo entendí, lo vi todo claro: 

Es verdad que la Iglesia como institución humana adolece de los mismos errores, injusticias, veleidades históricas y fracasos de los hombres que la integran, al fin y al cabo, pecadores; es verdad que la Iglesia -en palabras de los primeros obispos, de los santos padres- es una "casta meretriz", que es casta en cuanto pura y virginal, por la acción del Espíritu Santo en ella, pero es meretriz por lo que tiene de abierta al poder, de humana y pecadora; es verdad que la tensión entre lo institucional y lo carismático va a estar siempre presente en su seno (todo el libro de los HECHOS DE LOS APÓSTOLES así nos lo demuestra), pero no menos cierto es que las críticas, las acusaciones y las denuncias en torno a la Iglesia no se pueden hacer "a toda ella, generalizando, en bloque" como advierte la parábola de "la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio", porque yo también soy bautizado, yo también soy Iglesia, y la porción de Iglesia que los demás verán, no será tanto la Vaticana, sino la que yo mismo sea capaz de testimoniar ("las buenas obras de sus hijos") por lo que yo mismo soy igual de responsable en todo lo antievangélica y antitestimonial que pueda resultar ser la Iglesia, en lo que a mi falta de coherencia ante los demás se deba... 


En la película de PRIEST el sacerdote mayor que convive con el joven sacerdote castigado, en el convictorio sacerdotal, un día, cenando, le espeta "Tu es pustula in facie Ecclesiae" ("Tú eres una pústula en el rostro de la Iglesia") -nunca podré olvidar esa frase, ni la crueldad con que se la dice-, aunque yo no me atrevería a decir tanto de mí mismo, de una forma más amable podría decir, como hace un buen sacerdote amigo mío "que él es un adoquín en la barca de San PEDRO", más bien me gusta calificarme, ya lo sabéis, como un burro, como la burra de BALAAM, que avanza y avanza, siempre adelante, muchas veces sin ver, ni entender, nada del Señor, ni de la Iglesia, y que, de vez en cuando, suelta un rebuzno (o habla, como lo prefiráis), aunque siempre con la "buena fe" de saberme siempre en el Señor, de saberme bautizado, de saberme Iglesia.


Así que, si hay un día para enterrar los debates sobre la Iglesia, es precisamente hoy, porque hoy es un día para renovar nuestra adhesión a la Iglesia, que no es otra cosa, que la gran familia de los bautizados, que podemos llamarnos hermanos, y de nuestra adhesión al Papado, al primado de PEDRO, no como algo impuesto, sino como algo que brota del corazón, entendiendo que si a PEDRO le toca ser el fundamento "PEDRO, sobre ti edificaré mi Iglesia" a los demás nos toca ser sustento, ayuda, colaboración, como le dijo el Señor a San FRANCISCO "FRANCISCO, repara mi casa", así que, conscientes de esta tarea reparadora, sustentadora, conciliadora, que hemos de tener en el seno de la Iglesia, recemos y oremos hoy por nuestro fundamento, el Santo Padre, hoy por hoy, FRANCISCO.

viernes, 27 de junio de 2014

INSTRUMENTUM LABORIS SÍNODO FAMILIA: ANÁLISIS Y COMENTARIO


Es bueno, no cabe duda, o al menos a mí me lo parece que la Iglesia debata y reflexione sobre sus propios posicionamientos ante los más diversos temas, pensemos, por ejemplo, en la interrogante lanzada por JUAN XXIII: “Iglesia ¿Qué tienes qué decir de ti misma al mundo de hoy?” y que tuvo como respuesta esa gigantesca reflexión eclesial, hacia dentro y hacia fuera, que tantos y fructíferos documentos generó, como fue el Concilio VATICANO II, claro que, cincuenta años después, aún hay quien se “rasga las vestiduras” ante las conclusiones del concilio… Y es que, ciertamente, no podemos pensar, salvo en lo dogmático, que la Iglesia deba de tener, en todo tiempo, todas las respuestas sobre ese misterio que es el ser humano, atadas y bien atadas, los que me tachen de relativista piensen, por ejemplo, que a Fray BARTOLOMÉ DE LAS CASAS le costó “sangre, sudor y lágrimas” convencer a sus coetáneos, desde un punto de vista puramente teológico, de algo que ahora se nos antoja evidente como que “los indios, son seres humanos y tienen alma”, luego debe ser cierto, como he leído recientemente a HANS KUNG afirmar que “la Iglesia no tiene una doctrina escayolada sobre muchos temas, sobre los que puede, y debe, ser flexible”.

Viene esta introducción a la reciente presentación del INSTRUMENTUM LABORIS, documento de trabajo, sobre el que debatirán los obispos convocados al SÍNODO EXTRAORDINARIO DE LA FAMILIA a celebrar en Octubre, porque me ha sorprendido la cantidad de críticas que ha recibido el Cardenal KASPERS, desde gran cantidad de medios de comunicación “que se dicen católicos” (olvidando que la ultraortodoxia también está fuera de la Iglesia, o que se lo pregunten a LEFEVBRE), por aquella que fue su primera intervención de presentación del Sínodo ante el resto de los cardenales y del propio Papa FRANCISCO, y de otros que “echando las campanas al vuelo” creen que el Sínodo ha de poner muchas cuestiones “patas arriba”, sea como fuere, antes de pecar de una u otra postura, quedémonos en el centro, con la voz mejor autorizada, la del propio Papa FRANCISCO que de la intervención del Cardenal KASPERS sólo afirmó una cosa “es bueno y refrescante descubrir que, por fin, alguien hace teología de rodillas, muchas gracias”.

He estado esperando el INSTRUMENTUM LABORIS con ilusión y esperanza, que yo también tengo, como creyente, que sabe pensar y tiene sus propias ideas, contrastando fe y razón (que es mucho más que ser “un borrego adocenado” como a muchos le gustaría en el seno de la Iglesia), mis esperanzas puestas en la forma en la que el Sínodo sea valiente y resuelva ciertas heridas dolorosas en la misión de la Iglesia en el mundo, sobre todo, en algunos de los temas espinosos sobre los que se preguntaba en los LINEAMENTA, la gran encuesta previa, sobre los que también, en su día, me permití la libertad de opinar y responder, como recuerda el prólogo del propio documento “también llegaron directamente a la Secretaría General respuestas —llamadas observaciones— de un número significativo de diócesis, parroquias, movimientos, grupos, asociaciones eclesiales y realidades familiares, así como también de instituciones académicas, especialistas, fieles y otras personas, todos ellos interesados en dar a conocer las propias reflexiones”.

A la pregunta sobre el conocimiento por parte de los fieles de la doctrina sobre la familia contenida en la propia Palabra de Dios y en el Magisterio de la Iglesia, respondimos:

Normalmente, para la mayoría de los fieles, la catequesis y la formación en temas familiares (aparte, como hemos dicho antes, de los pequeños grupos de matrimonios cristianos comprometidos) les es ofrecida sólo por medio de la homilía dominical o en jornadas especiales (como el Domingo de la Sagrada Familia), pero normalmente estas homilías se exponen sólo recalcando los aspectos negativos del tema que nos ocupa (los párrocos y sacerdotes parecen más interesados en focalizar la predicación en los aspectos negativos, como el aborto, la eutanasia, las rupturas matrimoniales, los homosexuales, etc, etc…) en vez de los aspectos positivos de la pastoral familiar de la Iglesia o el testimonio, abundante, de tantos matrimonios y familias cristianas.

Nos congratula el hecho de haber acertado y sentido igual que el resto de los padres sinodales y conferencias episcopales al afirmar (Instrumentum Laboris, nº 10):

En esta perspectiva, resalta cuán decisiva es la formación del clero y en particular la calidad de las homilías, sobre lo que recientemente el Santo Padre Francisco ha insistido (cfr. EG 135-144). En efecto, la homilía es un instrumento privilegiado para presentar a los fieles la Sagrada Escritura en su valor eclesial y existencial. Gracias a una predicación adecuada, se pone al pueblo de Dios en la condición de apreciar la belleza de la Palabra que atrae y conforta a la familia.

Respecto del acceso y conocimiento de los fieles al Magisterio Eclesial sobre la familia, dijimos:

El Magisterio de la Iglesia, ya sean en materia familiar, en este caso, como de cualquier otra clase, en general, son sólo leídos y estudiados por pequeños grupos de cristianos comprometidos (dependiendo del tema específico referido en cada documento, por ejemplo, en este caso, los matrimonios cristianos), pero no son normalmente accesibles al resto de la gran mayoría de los fieles que ignoran el contenido, profundidad, belleza y densidad de los documentos del Magisterio eclesial.

Aspecto en el que el documento se refiere en parecidos términos (Instrumentum Laboris, nº 10):

Sin embargo, al parecer estos textos no impregnan profundamente la mentalidad de los fieles. También hay respuestas que reconocen con franqueza que, entre los fieles, dichos documentos no se conocen en absoluto. En algunas respuestas, se observa que a veces los documentos se perciben como realidades un poco “exclusivas”, especialmente entre los laicos que no gozan de una preparación previa.

Sobre la pregunta del papel de la ley natural en la comprensión antropológica, religiosa y creyente del matrimonio y la familia respondimos:

Creemos que, en general, y de forma honesta, el conjunto de la sociedad entiende y comprende que, desde una perspectiva natural y antropológica, el matrimonio entre el hombre y la mujer constituyen el preludio de la célula social mínima, la familia, de cualquier unidad social superior (llámese clan, tribu, pueblo, aldea, ciudad y, finalmente, Estado).

Algo que el documento también refiere de la misma manera, teniendo en cuenta que por “ley natural” hemos de entender un conjunto de realidades y valores inherentes a la propia condición humana (Instrumentum Laboris, nº 26):

En las respuestas se pone de manifiesto la convicción generalizada del hecho que la distinción de los sexos posee un fundamento natural en la existencia humana. Existe, por tanto, gracias a la fuerza de la tradición, de la cultura y de la intuición, el deseo de mantener la unión entre el hombre y la mujer. La ley natural, pues, es universalmente aceptada “de hecho” por los fieles, aunque no se vea la necesidad de justificarla teóricamente.

A la pregunta sobre la importancia de la vida de oración en las familias, respondimos:

La experiencia nos dice que la mayoría de los fieles tienen el mismo recuerdo en lo que se refiere a su experiencia de oración en familia: Casi todos refieren la experiencia del rezo del rosario en familia (casi siempre dirigido por los abuelos), la bendición de la mesa antes de comer (de forma ordinaria o en fechas señaladas), y en algunas familias cristianas se mantiene la costumbre de orar, antes de irse a dormir, con los más pequeños de la casa (…) se podría aprovechar, desde las distintas Conferencias Episcopales, en sus respectivas comisiones de familia o liturgia, para editar algunos manuales o guías para “la celebración doméstica de algunos eventos familiares”.

Y el Sínodo, una vez más, coincide en su forma de resumir las respuestas recibidas de todas las partes del mundo (Instrumentum Laboris, nº 42):

Se subraya unánimemente la importancia de la oración en familia, como Iglesia doméstica (cfr. LG 11), donde alimentar una verdadera “cultura familiar de oración”. El auténtico conocimiento de Jesucristo, en efecto, se promueve en familia con la oración personal y, en particular, familiar, según las formas específicas y las ritualidades domésticas, que se consideran un modo eficaz para transmitir la fe a los niños. Asimismo, se insiste mucho en la lectura de la Escritura en común, así como en otras formas de oración, como la bendición de la mesa y el rezo del rosario.

Sobre el problema de los “divorciados civilmente vueltos a casar, o en situación de nueva convivencia” dijimos que el principal problema no es la doctrina de la Iglesia, al respecto, sino la relatividad con la que cada cual se lo toma, no sólo entre los cónyuges, sino entre los propios pastores, con lo que, como se suele decir “hecha la ley, hecha la trampa”:

En este, como en tantos otros temas morales, en las grandes ciudades, como dijimos antes "la oferta parroquial" (o "pastoral" si se prefiere) es más amplia: Todos tenemos la experiencia, por ejemplo, a la hora de confesar (si es que no tenemos un director espiritual estable) que hay determinadas cosas que es mejor confesar con el Padre MENGANO, que es más permisivo para según que temas, que con el Padre ZUTANO, que sin embargo es mejor esquivar para otros temas diferentes; y a nadie se le ocurriría, por ejemplo, siendo de izquierdas, confesar con un sacerdote del OPUS DEI, como de la misma manera es difícil pensar que un "carca eclesial" vaya buscando el consejo del nuevo sacerdote de su parroquia, que acaba de llegar de misiones, que es jesuita y que ha trabajado en la UCA.

Y es evidente que los padres sinodales saben que este problema, ciertamente, existe, que es posible vivir "una fe a la carta", en cuestiones matrimoniales o de cualquier otra índole (Instrumentum Laboris, nº 93):

Acerca del acceso a los sacramentos, las reacciones de parte de los fieles divorciados vueltos a casar son diferentes. En Europa (aunque también en algunos países de América Latina y Asia), prevalece la tendencia a resolver la cuestión a través de un sacerdote que condescienda a la petición de acceso a los sacramentos.

Sobre las uniones de personas del mismo sexo dijimos muchas cosas, entre ellas las más importantes fueron:

Existen personas homosexuales que viven su fe de una forma sana, madura y responsable y que, en virtud de ello, deciden compartir un proyecto vital junto con otra persona, para toda la vida, con los mimos componentes de fidelidad, mutua ayuda, socorro y entrega de las parejas tradicionales y que se sienten profundamente agredidos, cuando la Iglesia, carente de tacto, arremete contra todos ellos, sin minusvalorar la sinceridad en la fe y en la vida de cada uno de ellos, de sus realidades, individualmente consideradas. Pretender de la misma manera que estas personas vivan un "celibato perpetuo" o una "castidad perfecta" como si para ellos no existiera la misma comunión corporal, como puede haberla de espíritu y vida, es cuanto menos, por parte de la Iglesia, "un brindis al sol".

Opinamos que aquellas personas homosexuales, que deciden vivir en pareja, fiel y responsablemente, sea "de hecho" o como "unión de personas del mismo sexo" necesitan ser valoradas por la Iglesia, apreciadas y acompañadas, aunque sólo sea porque han optado por una vida ordenada (en vez de la promiscuidad sexual que se presume a este colectivo), entregada, en el mutuo auxilio, socorro y compromiso, material y espiritual

Y no estaría de más, aunque suponemos que esto es "un salto sin red" en la actual práxis pastoral de la Iglesia hacia los homosexuales, que estas parejas pudieran, teniendo en cuenta que el matrimonio conónico, en cuanto sacramento les está vedado, obtener de parte de la Iglesia, una especial bendición, a ojos de su comunidad parroquial, por el compromiso y fidelidad de su unión.

Entendemos y creemos profundamente que el matrimonio canónico en modo alguno puede ser equiparado a la unión (jurídica o de facto) de personas del mismo sexo, y así lo advierte el mismo documento sinodal de trabajo, aunque no menos cierto es que la Iglesia no puede decir, de la noche a la mañana, sobretodo desde el lastre de tantos años de condena y falta de misericordia, que “todo el monte es orégano” por lo que no cabe duda de que, el documento, aún pretendiendo ser respetuoso, misericorde y conciliador, deja mucho el tema en ambigüedades que deberán ser debatidas por los padres sinodales (Instrumentum Laboris, nºs 116, 118 y 119):

En relación a la posibilidad de una pastoral para estas personas, es preciso distinguir entre las que han hecho una elección personal, a menudo sufrida, y la viven con delicadeza para no dar escándalo a otros, y un comportamiento de promoción y publicidad activa, habitualmente agresiva. Muchas Conferencias Episcopales subrayan que, al tratarse de un fenómeno relativamente reciente, no existen programas pastorales al respecto. Otras admiten un cierto malestar frente al desafío de tener que conjugar la acogida misericordiosa de las personas y la afirmación de la enseñanza moral de la Iglesia, con una apropiada solicitud pastoral que incluya todas las dimensiones de la persona.

El gran desafío será desarrollar una pastoral que logre mantener el justo equilibrio entre acogida misericordiosa de las personas y acompañamiento gradual hacia una auténtica madurez humana y cristiana.

Al mismo tiempo, las observaciones demuestran que no existe todavía un consenso en la vida eclesial respecto a las modalidades concretas de la acogida de las personas que viven estas uniones. El primer paso de un proceso lento sería el de la información y la identificación de criterios de discernimiento, no sólo a nivel de ministros y agentes pastorales, sino también a nivel de grupos o movimientos eclesiales.

Y este es nuestro análisis del INSTRUMENTUM LABORIS DEL SÍNODO DE LA FAMILIA, aunque haya sido un poco sesgado, a la luz de nuestras respuestas de las que nos sentimos, en cierto modo, Iglesia que camina y reflexiona unida, pues como ya hemos dicho, nuestras respuestas fueron también remitias en su día a la Secretaría del Sínodo, por lo que nos mantenemos en la esperanza y en la ilusión acerca de la celebración del mismo y en su documento final, las “propositiones” que luego, si Dios quiere, el propio papa FRANCISCO hará suyas, enmendará o ampliará en la preceptiva “Exhortación Apostólica Post Sinodal” que sólo a él le compete redactar y promulgar.


Terminamos, por tanto, en comunión con el Papa FRANCISCO y con la Iglesia, representada en los padres sinodales, orando por los frutos del Sínodo con la oración de la SAGRADA FAMILIA propuesta por el Papa mismo:

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.

miércoles, 25 de junio de 2014

OS DARÉ UN CORAZÓN NUEVO....


Mes de JUNIO, tradicionalmente consagrado por la Iglesia a la devoción y veneración del SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. No os cansaré con la historia litúrgica de la devoción, pues eso es algo que cualquiera puede buscar en internet, ni tampoco os hablaré de Santa MARGARITA DE ALACOQUE, la gran defensora e impulsora de esta devoción... tampoco os hablaré de mi relación especial con el SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, gracias a la devoción de mi abuela materna, pues de ella aprendí lo que es querer al SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS y no simplemente tenerlo entronizado en el salón, o en la puerta de casa, como era habitual en muchos domicilios españoles, pues algo de eso ya os compartí en HIPER COR IESU, artículo que podéis leer pinchando en el enlace, lo que pretendo compartiros hoy es lo que me evoca esta celebración.

Cuando pienso en el SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS no puedo evitar que vengan a mí las palabras del profeta EZEQUIEL cuando afirma, por boca del Señor (Ezequiel 36,25-28):

Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios.

Quedáos con esta promesa que hace el Señor "Vosotros seréis mi pueblo, por siempre seré vuestro Dios, os daré un corazón nuevo, os infundiré mi espíritu de amor" que, por cierto, es una canción -pues existe una versión musicalizada de este texto- que me es especialmente querida para mí y que os comparto de la misma manera:


Si por el Bautismo estamos llamados ha "cristificarnos", a convertirnos en otros Cristos, con la ayuda del Espíritu Santo ("derramaré sobre vosotros un agua pura (...) y os infundiré mi espíritu") para formar parte de la Iglesia ("vosotros seréis mi pueblo"), no menos cierto es que ello pasa por hacer nuestras las actitudes, los modos, los gestos, la misericordia del Señor, como dice San PABLO (Romanos 6, 3-4): "¿No sabéis que cuantos nos bautizamos consagrándonos al Mesías Jesús, nos sumergimos en su muerte? Por el bautismo nos sepultamos con él en la muerte, para vivir una vida nueva" no cabe duda de que además hemos de vivir conformes el corazón de Cristo "os daré un corazón nuevo".

Y el caso es que ha habido santos que, han experimentado de tal manera el amor de Dios en sus vidas, y han sabido proyectarlo con tanta fuerza, que han vivido en su propia carne este latir, ser uno, con el corazón de Cristo:


Tenemos por ejemplo a San MIGUEL DE LOS SANTOS (1591-1625), reformador trinitario, al que el Señor le concedió el llamado milagro del "intercambio de los corazones" por el que el Señor mismo, en una especie de trance, se le apareció y metiendo su mano en el costado arrancó su propio corazón intercambiándolo con el del reformador trinitario. 

Por su parte, San FELIPE NERI (1515-1595), el humilde sacerdote, siempre rodeado de los niños de su Oratorio, que se propuso reformar con su vida a una ciudad de ROMA decadente, e íntimo amigo de San IGNACIO DE LOYOLA, durante su estancia romana, aunque nunca llegó a ser jesuita, tuvo la experiencia, en la vígilia de Pentecostés, de experimentar de tal manera el amor de Dios en su interior, que su corazón se ensanchó de tal forma que le produjo un dolor espantoso, del que perdió la conciencia, y que desde entonces le inflamaba, literalmente, en amor, quemando su ropa a la altura del pecho y que, tras su muerte, se comprobó que, en efecto, su corazón se había dilatado tanto, que dos costillas tuvieron que combarse para hacerle lugar.

Santa CLARA DE MONTEFALCO (1268-1308) terciaria franciscana y religiosa agustina, de ella nos cuenta la tradición que tuvo una visión de Jesús vestido como un pobre viajero, trató de detenerlo y le preguntó «"Mi Señor a donde vas?"» y Jesús le respondió «”He buscado en todo el mundo un lugar fuerte donde plantar esta Cruz firmemente y no lo he encontrado".» CLARA miró la Cruz y haciéndole saber su deseo de ayudar a Jesús a cargarla, le dijo: «"Podéis hacerlo en mi corazón"» y Jesús, implantó su Cruz en el corazón de CLARA. 

Seguramente, como suele pasar siempre, con estos ejemplos de "las vidas de los santos" nos parecerán exageraciones de los hagiógrafos, o experiencias místicas más o menos intensas envueltas por los ropajes y el oropel de la leyenda, o no nos creamos dignos de alcanzar tales dones, pues los santos siempre se nos antojan una especie de "marcianos o superhéroes", olvidando que, siendo hombres y mujeres, en todo como nosotros, con sus luces y sus sombras, sólo se distinguen de nosotros en que "creyeron y por eso vieron" prodigios y maravillas en sus vidas, porque no hicieron otra cosa sino hacerse uno, latir al unísono del corazón de Cristo, asemejarse a su maestro, como bien dice el Evangelio, y eso es lo que, en el fondo, me suscita la festividad litúrgica del SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, que aprendamos a sintonizar, como si del dial de una radio se tratara, nuestro corazón al corazón de Cristo, porque cuando consigamos que ambos latan al unísono, entonces podremos decir "que el Señor no ha dado un corazón nuevo".

domingo, 15 de junio de 2014

JORNADA DE ORACIÓN "PRO ORÁNTIBUS"
OREMOS POR LOS INTERCESORES
APRENDAMOS A INTERCEDER


La Iglesia nos propone hoy, DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, quizás precisamente por ser la fiesta litúrgica que es, la JORNADA DE ORACIÓN PRO ORÁNTIBUS, es decir, que oremos por quienes por nosotros oran, por las comunidades contemplativas y de clausura, ya sean masculinas o femeninas, precisamente porque ellas pasan tanto tiempo en la contemplación del misterio de Dios, y con ello se ganan entrañas de misericordia, se hacen intercesores por todos nosotros.

Aunque hay una cosa que aclarar al respecto: ¿Qué es un intercesor y qué es la intercesión? ¿Es sólo orar? ¿Es una oración especial? ¿Todo el mundo puede interceder? 


Vamos a intentar responder a todas estas preguntas haciendo una exposición sistemática del PADRENUESTRO, la oración que el Señor nos enseñó, me atrevería a decir que el patrón sobre el que toda oración debería calcarse y realizarse, no en vano, por ejemplo, en ese gesto intercesor que es la oración de los judíos ante el MURO DE LAS LAMENTACIONES, dejando entre sus rendijas sus oraciones, intercesiones, escritas, el Papa FRANCISCO ha depositado, precisamente, un sencillo "padrenuestro".

Jesús dijo que debemos orar así: "Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre". Esta es la alabanza y la adoración. Comenzamos con la alabanza. David dice: "Pero tú eres santo, oh Tú, Señor, que habitas en las alabanzas de Israel" (Salmo 22, 3). David es maestro en alabanza. El Señor habita en las alabanzas de su pueblo. ¿Qué significa hacer alabanza? ¿Sabéis como se entiende, en el contexto anterior la alabanza? 

Mediante la alabanza confirmamos que el Señor es el dueño de todo y reconocemos su obra en nuestras vidas, no focalizamos la atención en lo malo que nos sucede, que no es del Señor, pues Él no quiere nada malo para sus hijos. Quedarse sólo en lo malo, en el problema, hasta el punto de que ello nos impida alabar es darle el triunfo al maligno. Hoy en día la Iglesia, los grupos, las comunidades, las asambleas están tan preocupadas por lo que el maligno está haciendo… Todo el tiempo estamos escuchando lo que el maligno está haciendo. No vemos lo que el Señor está haciendo, y nos concentramos tanto en lo que el maligno está haciendo, que llegamos a estar tan saturados de maldad, enfermedad, sufrimiento y angustia que nuestros corazones se llenan de miedo y nos preguntamos si verdaderamente el Señor está presente en medio de su pueblo. Pues yo os digo: ¡Benditos y alabados sean los ojos de quienes son capaces de ver la obra del Señor en ti y en el mundo y ponen su atención en Aquel que está sentado en el trono de gloria!

JOSAFAT sabía de alabanza:

De acuerdo con el pueblo, dispuso que un grupo revestido de ornamentos sagrados avanzara al frente de los guerreros cantando y alabando al Señor con estas palabras: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Apenas comenzaron los cantos de júbilo y de alabanza, el Señor sembró discordias entre los amonitas, los moabitas y los serranos de Seír que venían contra Judá, y se mataron unos a otros. (2 Crónicas 20, 21-22)

Cuando envió su ejército a la batalla puso a los cantantes y a los músicos en el mismo frente de batalla. ¡Qué cosa más estúpida! Sabiendo que iban a la batalla contra el enemigo, en vez de poner a los mejores soldados que había en la parte delantera para hacer frente a la embestida del enemigo, pone un montón de "cantantes ñoños", blandengues, un montón de "tipos artísticos", ya sabéis la connotación peyorativa que ello tiene. Estos "tipos musicales" son con frecuencia afeminados. No hay en ellos la masculinidad que se supone a un militar recio y aguerrido. Pero JOSAFAT sabía el poder que había en la alabanza. Sabía el poder que se libera cuando las primeras personas que salieron en marcha iban elogiando la belleza de la santidad y el poder del Señor. Se glorifica al Señor y se cantan alabanzas a al Señor, y al hacerlo así, todos sabemos cómo acabó la batalla, que el enemigo huyó, despavorido por el poder de la alabanza, matándose entre sí, hasta el punto de que cuando llegaron los soldados de verdad ya no había nada que hacer. Permitidme compartir una breve oración que escribí una vez al respecto:

¿Dónde está el ulular de tus mujeres,
bailando con sus danzas y panderetas?
¿Dónde el clamor de tus hombres,
Entrechocando sus escudos?
Por menos, salvé a Israel
de enemigos más poderosos…
¿Y quieres que yo te ayude,
si no celebras de antemano tu victoria?

La alabanza tiene un poder mayor que cualquier fuerza física en este mundo. El rey DAVID era otro que alababa, bendecía y cantaba al Señor. Él conocía el poder de la misma. Estableció cantores y adoradores y músicos con los que alabar a Dios y adorarle todo el día, todo el tiempo. Eran empleados a tiempo completo para hacer eso. El poder en la alabanza y la adoración, expresando el amor del Señor, entrando en su presencia en la comunión de amor y relación cara a cara, así como MOISÉS entró en la presencia de Dios y habló con él boca a boca y cara a cara.

Y el profeta que así ha entrado en la presencia del Señor a través de la alabanza y la adoración, y ha entrado en la Sala del Trono, comienza a librar la guerra en el Espíritu: Danos hoy nuestro pan de cada día”. Pero… ¿Verdaderamente nos da el Señor nuestro pan de cada día, es decir, escucha de verdad el Señor nuestra oración?

Nos gusta creer que sí, y de hecho generaciones enteras de intercesores de buena fe abandonan en cuanto tienen la más leve sospecha de que el Señor no está escuchando, efectivamente su oración, pero ¿es esto realmente así? Y es que solemos obviar, como es propio de la condición humana, todo aquello que no nos conviene, seguramente nadie ha caído en la cuenta de lo que dice la primera carta del apóstol Juan (Juan 5, 14-15):

Nos dirigimos a Dios con la confianza de que, si pedimos algo según su voluntad, nos escuchará. Y si sabemos que nos escucha cuando le pedimos, sabemos que contamos con lo que hemos pedido.

Queda claramente dicho que para que la oración de intercesión sea eficaz ha de hacerse de conformidad con la voluntad del Señor. ¡Alto ahí, espera un momento! ¿Cómo puedo saber cuál es la voluntad del Señor? 


Es como lo que sucede en las modernas autopistas: Tenemos claro el destino, nos distraemos un instante, nos pasamos el desvío y tenemos que recorrer un camino estéril hasta buscar un cambio de sentido y deshacer el camino para volver a encontrar el desvío. Lo mismo sucede en la vida espiritual, el Señor nos ha trazado una autopista camino de su salvación, sabe la meta y nos ha trazado el plan, pero nos distraemos y no obramos correctamente, no cogemos el desvío a tiempo, pero cuando nos damos cuenta de ello, y regresamos, puede que las circunstancias hayan cambiado, que las personas ya no estén, que todo sea nuevo, como la vida es nueva y no está escrita, no está determinada de forma automática.

Lo que hace el intercesor, mediante su oración de intercesión, es estar muy atento al mapa de carreteras y saber discernir los signos, en virtud de los cuales es capaz de decir: “¡Este es el momento de orar! Ahora nuestro camino está en sintonía con la voluntad del Señor!” Si MOISÉS hubiera orado al Señor para liberar la plaga de la muerte de los primogénitos en primer lugar, quizás el faraón se hubiese enfadado tanto que, en vez de dejarlos marchar, hubiese aniquilado a todo el pueblo, al contrario, al ser la última plaga de una serie de males in crescendo, hizo el efecto debido, el faraón, agotado por las plagas precedentes, ya no tenía fuerzas para defenderse de nada. Eso es ser intercesor, saber usar los medios adecuados, la oración, en el instante de Dios, no en el nuestro.

El evangelista MARCOS nos dice, en boca del Señor: “Por tanto os digo que, cuando oréis pidiendo algo, creed que se os concederá, y así os sucederá" (Marcos 11, 24).

La oración tiene que ser hecho en fe y con fe. Si no creemos que vamos a recibir lo que pedimos verdaderamente no lo conseguiremos. Pero en realidad este versículo da un poco más de sí. ¿Cuándo es que el Señor nos escucha? Al orar. La fe es siempre un tiempo pasado. La fe no dice: "Creo que el Señor va a atender mis necesidades". La fe no dice: "Creo que el Señor sopesa atender mis peticiones." La fe no dice: "Creo que el Señor me dará lo que le he pedido" ¿Sabéis lo que dice la fe? La fe dice: "Yo creo que el Señor ha colmado mis necesidades. Hecho está. Mío es. Consumado es."¡Ya lo tengo, es mío, sólo que no ha manifestado todavía!” Esa es la oración de la fe. 

Dios trabaja por su pueblo, pero ¿cómo hace el Señor las cosas de la tierra? Lo hace a través de personas. ¡Hasta que alguien reza el Señor no hace absolutamente nada! Cuando el Señor creó este mundo puso al hombre Adán al control y le dijo: "Adán pase lo que pase en este mundo, depende de ti. Voy a venir a visitarte y te daré toda la ayuda que quieras, pero no estoy interfiriendo aquí. Tú estás al mando." El Señor no hace nada excepto a través de la acción humana. Es lo que significa atar en la tierra para que quede atado en los cielos y lo que se desata en la tierra para que sea desatado en el cielo, o como he dicho en TWITTER alguna vez "Al mendigo de tu portal no le cae un bocadillo del cielo por más que reces ¡Haz de dárselo tú!".

Continúa la oración del Señor diciendo: "Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". La oración de arrepentimiento elimina los obstáculos que nosotros mismos nos hemos levantado, por nuestro pecado, en nuestra relación con el Señor, y así abrimos el camino para que obre la fe. La primera carta de JUAN lo dice claramente: “Amados, si nuestro corazón no nos condena, confianza tenemos hacia Dios. Y cualquiera cosa que pidamos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de él”.

Si nuestro corazón no nos condena tenemos confianza en el Señor. A la inversa, se cumple también el axioma: Cuando mi corazón me está condenando, no puedo tener confianza en el Señor. Si he pecado, y si he fracasado, y si me siento culpable ante el Señor, ¿con qué cara me presento en su Presecia y le digo: «Señor, necesito esto: Atiende mi ruego»?

Muchos intercesores suelen equivocarse en este punto, consideran que han de ser personas puras, sin tacha, sin mancha, para hacerse dignos de su oración ante el Señor. El Señor se mueve por la fe, cuando hay pecado, no es el Señor el que condena, y castiga sin atender nuestra oración, es nuestro corazón el que condena y el que bloquea. De la misma manera, la oración de penitencia, la oración de confesión de los pecados no es un soborno para el Señor. Si hemos dicho que el Señor ya los ha olvidado por intercesión de su hijo Jesucristo sobre nosotros. La oración de penitencia consiste en limpiar nuestro corazón. Sólo tenemos que decirle en voz alta. "Padre, perdóname."

También podemos orar lo referente al pecado de otra persona. ¿Os acordáis de cuando trajeron al enfermo a Jesús y sus cuatro amigos le ayudaron al hacer un agujero en el techo? Jesús dijo a aquel hombre que estaba acostado en la cama, enfermo y paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados" (Marcos 2, 5) Y todo el mundo comenzó a murmurar y se decían a sí mismos: “¿Cómo puede éste hablar así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?" (Marcos 2, 7) Y Jesús les dijo: "¿Por qué pensáis así en vuestro interior?" (Marcos 2, 8) Él dijo: "Pero para que sepáis que este Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados dijo al paralítico: «Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa»." (Marcos 2, 10-11).

Es significativo que, en este caso, el Señor dice que la potestad de quitar los pecados no es del Hijo de Dios, sino de este hombre, lo que confirmaría, después de resucitar, cuando dijo a sus discípulos: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados les queda perdonados, a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”  (Juan 20, 22-23).

Hemos de reconocer que como católicos, en el sacramento de la confesión, tenemos todas las bases para entender toda la fuerza liberadora de la intercesión por los pecados de otro.  A este respecto podemos traer a colación el testimonio de AGNES SANFORD, una de las pioneras en entender y potenciar el carisma de sanación interior aunque, como episcopaliana, no creía en el sacramento de la confesión católica, hasta que alguien un día le propuso: ¿Por qué no confiesas con un sacerdote? Ella así lo hizo, reconociendo ante el sacerdote católico su condición de episcopaliana, éste no le confesó sacramentalmente como católica, pero le escucho, tras lo cual la bendijo y ciertamente le dijo: “Vete en paz, tus pecados te son perdonados”, y ella misma admite que no había sentido tanta liberación y paz interior como al escuchar esas palabras, dichas sobre sí, en nombre del Señor por otro hermano creyente.

Y, finalmente, no podemos olvidar otra forma de oración de intercesión, la llamaremos el imperativo profético. Jesús nos dijo: Orad de esta manera: Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra Podemos perder un poco el sentido de estas peticiones al no conocer del todo los tiempos gramaticales del original griego, pero lo cierto es que, ambas peticiones, están formuladas en imperativo. El imperativo denota una orden. Cuando nuestros traductores dicen “venga a nosotros tu reino” en verdad el imperativo ordena: “Ven, reino tuyo, ven” lo que marca una clara diferencia.

Veamos, cuando intercedemos ante el Trono de Gloria del Señor, verdaderamente no estamos orando "en el Trono", estamos orando "ante el Trono", no estamos "dando órdenes al Señor", estamos "despachando sus órdenes, sus leyes y sus decretos". De la misma manera cuando actúas en la tierra como mensajero del Señor, como profeta, el Señor desea, de la misma manera, que te dirijas a tus hermanos en el mismo tono imperativo, que no admite dudas, que no admite discusión, con la misma fuerza moral que la autoridad de la que emanan los decretos, es decir, del Señor.

Si leemos la historia de ESTHER, en la Biblia, nos daremos cuenta de que el Rey ASUERO tenía un sello con el que sellaba los decretos, una vez sellado, el decreto era una orden para todo el reino y sus provincias, y no podía ser ni derogado, ni desobedecido, tal era la costumbre legal de los persas y los medos.

En ISAÍAS, el Señor dice:
 
Así será mi Palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo. (Isaías 55, 11)

¿Habéis intentado alguna vez detener una bala en la boca del rifle una vez que se ha disparado el gatillo? ¡Demasiado tarde! Cuando un profeta abre su boca para proclamar la palabra que el Señor ha puesto en ella, el Señor imprime una fuerza a esa palabra tal que es para que sea obedecida por la audiencia del profeta y es como la ley de los persas y los medos, no puede ser revocada, porque el Señor no puede contradecirse a sí mismo o no sería todopoderoso.

El profeta AMÓS nos dice:
 
Seguramente el Señor no hará nada sin revelar sus secretos a sus siervos los profetas. (Amós 3, 7)

¿Qué quiere decir con sus secretos? Significa que el Señor tiene previsto hacer cosas en la tierra. Y cuando el Señor toma la decisión de hacer cosas en la tierra, normalmente, se escoge un hombre (o una mujer) para ser su agente en la tierra. Es decir, si el Señor da una palabra sobre la tierra, no es una palabra que venga del éter, de la nada, o del más allá, es una palabra que viene de la boca de una persona que puede hablar con la misma autoridad que el Señor en su trono del cielo. Así es como el Señor nos comunica sus decretos ya que por mor de la libertad humana no puede interferir directamente en las cosas del mundo.

De esta manera se entiende la enorme responsabilidad que tiene el que ha sido llamado a la intercesión profética, ya que cuando sus labios se abren está manifestando la autoridad del Señor sobre todo lo creado, que lo que dice es Palabra de Dios, que ha sido dicha en el momento justo en el lugar adecuado.

¿Hemos captado ya la diferencia? Cientos de personas creen que interceder es ponerse en la presencia del Señor con una lista de peticiones y de necesidades y bombardearlo, agobiarlo y atosigarlo con ellas, hasta que le arranquemos respuesta (como sucede en la parábola del vecino impertinente). ¡No! Hemos descubierto que la verdadera intercesión es entrar en la presencia del Trono del Señor y decirle: “¡Vamos, Señor, estoy preparado, dicta tus decretos que yo haré que se cumplan!

Los verdaderos intercesores no pierden el tiempo en la presencia del Señor mostrándole la lista de necesidades o de personas que traen preparada, sino que los verdaderos intercesores oran por la lista de necesidades y de personas que el Señor les ha confiado en su decreto. Y que cuando el Señor te da una palabra, esa palabra se convierte ipso facto en tu única palabra.

A veces, puede que te ayude el poner la palabra del Señor por escrito. Piensa que la mayor parte de la Biblia es la puesta por escrito de las palabras y los decretos del Señor dados a su pueblo por boca de sus santos y sus profetas. Todos podemos orar, esto es evidente, pero para el profeta se convierte en su tarea más absorbente, para discernir constantemente la voluntad del Señor, y cuando oras sobre un hermano, lejos de profetizar en el sentido de adivinarle su futuro, lo que estás haciendo en el fondo es exponerle un decreto, una orden, una palabra de tu Señor para él, para que se convierta, para que crea, para que tenga esperanza, para que espere y confíe en el Señor. 

sábado, 14 de junio de 2014

HOMENAJE Y PROMOCIÓN DEL ARTE

Icono de "CRISTO EXHALANDO EL ESPÍRITU" regalado a las
MISIONERAS DE LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA (San Sebastián)

Habéis sido muchos los que, a lo largo de este tiempo de Pascua, en el que hemos estado insertos, en las redes sociales, en la campaña por un nuevo #iCenáculo para invocar #VenEspítituSanto, los que habéis preguntado acerca del origen y ubicación de muchas de las fotos que compartimos durante ese tiempo.

"NIÑO JESÚS de NAVIDAD"
Regalado a unas socias
"RELICARIO ROSARIO JUAN PABLO II"
Se encuentra en casa

Todas las fotos que habéis visto son obra de nuestro hermano y socio @cuartapobreza (su nick en TWITTER, está enlazado, pinchad sobre él si queréis) que es nuestro artista particular, del que bien pueden ser dichas esas bellas palabras con que principia la CARTA A LOS ARTISTAS de JUAN PABLO II con motivo del MILENIO: 

"NUESTRA SEÑORA DE NAZARET"
Imagen que se venera en nuestra casa
"Nadie mejor que vosotros, artistas, geniales constructores de belleza, puede intuir algo del sentimiento con el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos. Un eco de aquel sentimiento se ha reflejado infinitas veces en la mirada con que vosotros, al igual que los artistas de todos los tiempos, atraídos por el asombro del ancestral poder de los sonidos y de las palabras, de los colores y de las formas, habéis admirado la obra de vuestra inspiración, descubriendo en ella como la resonancia de aquel misterio de la creación a la que Dios, único creador de todas las cosas, ha querido en cierto modo asociaros".

"NIÑO JESÚS BUEN PASTOR"
Regalado a una familia amiga
Ciertamente, nuestro hermano y socio logra crear estas bellas piezas no solamente por su conciencia de ser co-creador y co-colaborador de esta tarea creadora del Padre, sino también por la "unción de sus obras", entendiendo por "unción" que en cada pincelada, en casa detalle, en cada idea que se plasma, masa que se modela, gota de pegamento que se pone, lámina de pan de oro que se fija, él va dejando, a jirones, su propia vida y su propia oración, pues en todo ello pone una intención, una intercesión, un recuerdo, un alzar los ojos recordando el por qué de su obra y de su trabajo manual. 

Siguiendo con la CARTA A LOS ARTISTAS de JUAN PABLO II que parecen escritas para él: 

"NIÑO JESÚS, VESTIDO DE ROCIERO"
Nuestro Niño Jesús de la casa, ataviado para la ocasión
"La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido. Dicha intuición brota de lo más íntimo del alma humana, allí donde la aspiración a dar sentido a la propia vida se ve acompañada por la percepción fugaz de la belleza y de la unidad misteriosa de las cosas. 

Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu".

"ESTANDARTE" de nuestra Asociación
No hay parto sin dolor, y esto es algo que se puede aplicar también al proceso artístico y creativo, porque a nuestro hermano "le duelen sus obras" porque, precisamente,  "le duele su vida", y en esos momentos en los que nada se ve, nada se entiende, la vida se resquebraja o se tambalea, es cuando con  más fuerza surge su ímpetu creativo, pero es precisamente la creación artística "la que le redime" de todo ello, como dijera en su día el poeta CYPRIAN NORWID (citado por el Papa JUAN PABLO II) cuando afirma: 

«La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir», por ello le resulta dificilísimo desprenderse luego de su obra, da igual que ésta haya sido fruto de un acto de creación espontánea, que luego se regala (por mor de no convertir la casa en un gran museo) o se vende, en aquellos casos rarísimos en que han sido fruto de un encargo particular de terceros.

"NIÑO DE PASIÓN"
Actualmente a la venta
Actualmente no pasamos por buenos momentos, en casa, como sucede en muchos hogares españoles, por mor de la crisis, se podría decir que "vivimos y trabajamos para pagar", apenas se paga una factura de la luz, por ejemplo, con la alegría y la libertad de haberse quitado una losa de encima cuando, entrando en el portal, de regreso, nuevamente nos encontramos la siguiente en el buzón, de la misma manera hay algún proyecto paralizado por falta de fondos, ello ha hecho que, en contra de sus más arraigados principios, nuestro hermano y socio haya decidido vender alguna de sus piezas, como por ejemplo, este NIÑO DE PASIÓN que usamos en el escaparate de CUARESMA que montamos en uno de los comercios del barrio (aunque hemos de decir que siempre será mejor verlo en persona, ya que la foto, en modo alguno le hace justicia).

No descartamos, tampoco, que nuestro socio y hermano pueda atender encargos particulares, pese al dolor legítimo de desprenderse de una obra, casi sin exagerar, un hijo suyo, hechura de sus manos, no menos cierto es que, por tratarse de un encargo, su labor creativa y genio vayan a verse disminuidos, falto de motivación o, valga la dureza de la palabra "prostituido por el dinero, o por la necesidad", pues aún siendo un encargo es firme la convicción de nuestro artista particular de seguir haciendo oración e intercesión, en cada pincelada, en cada detalle, en cada aporte de sus creativas manos, por aquella persona que hace el encargo y sus necesidades e intenciones. 


"VIRGEN DE PENTECOSTÉS"
Icono sobre tela, frontal de altar
"VIRGEN DE PENTECOSTÉS"
Fue regalada, actualmente en paradero desconocido

Queremos decir con esto que, si alguien, a la vista de estos sencillos ejemplos, o animado por estas palabras, o por la solidaridad ante nuestra necesidad, decidiera hacer un encargo, que se ponga en contacto con nosotros en nuestro correo electrónico, pobresdenazaret@hotmail.com y exponga cuál es su deseo, para que le podamos responder diciéndole cómo se haría, cómo se proyectaría, como se presupuestaría y todos esos pequeños detalles.