martes, 30 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo VIII.- La Tumba

“Se levantó Ragüel y llamando a los criados que tenía en casa fueron a cavar una tumba” (Tobías 8,9) 

Nunca he podido con las personas derrotistas, pesimistas, que siempre parecen mirar el lado malo de las cosas, incluso, a veces, antes de que sucedan, será porque a mí, precisamente, se me puede acusar de todo lo contrario. En esto de la tumba quiero acordarme de las palabras de mi abuelo “para tres días que vamos a vivir, y dos lloviendo, no nos jodamos el que nos queda”.

Alguna persona de mi entorno a veces ¡se desea la muerte! (aunque sea entre suspiros, más como un desahogo que una petición cierta) alega para ello que “en el cielo estaremos mejor, que esta vida es un valle de lágrimas, que no merece la pena seguir luchando, que qué a gusto estaría en un convento de clausura, cuando no mejor muerto…” al menos son las palabras de un creyente, al que no le asusta la muerte porque se supone que iremos a un lugar mejor, pero yo siempre le regaño diciendo “¿Ya estamos con las «moriuras»?” Al menos, cuando se lo digo, se sonríe, porque le hace gracia el término que empleo de “las moriuras”, que ni siquiera sé si existe o es una invención mía, aunque no me importa, ni voy a ir corriendo a buscarlo al DRAE, creo que para cualquier andaluz, mínimamente, se entiende: “Moriuras”, dígase de la actitud quejumbrosa ante la vida, deseando la muerte, medio en serio, medio en broma, que hace de nosotros seres esperanzados en la otra vida cristiana, es verdad, pero que nos convierte en seres apáticos e indolentes ante esta vida, este peregrinar.

Me acuerdo de una oración, que el Señor me suscitó en una ocasión, cuando pertenecía a la Renovación Carismática Católica (RCC), reflexionando precisamente sobre que la RCC estaba derivando, inexplicablemente, hacia todo lo contrario de lo que siempre había sido: De la alabanza, su sello de identidad, a otra especie de “moriuras” enfatizando siempre la acción del maligno, o los mensajes de tipo escatológico, o las profecías sombrías y tristes:

¿Dónde está el ulular de tus mujeres
tocando sus panderetas?
¿Dónde el clamor de tus hombres
entrechocando sus escudos?
Por menos liberé a Israel
de enemigos más poderosos
pero ¿cómo lo haré contigo
si no celebras de antemano tu victoria?

Pese a tener la tumba preparada –prosigue el relato- “encendieron la lámpara (…) vive, nada malo ha pasado” (Tobías 8,13-14) Y en aquel momento Ragüel prorrumpe en alabanzas:

“¡Bendito sea Dios
con toda clase de bendición,
y sea bendito
por todos los siglos!
Sea bendecido por haberme alegrado.
Sea bendecido por haberme compadecido.”

(Tobías 8,15-17)


Ragüel le dice a Tobías (¿otra casualidad?) “Durante catorce días no te moverás de aquí” (Tobías 8,20) –digo casualidad por aquello de que yo también he dedicado a esta reflexión y oración catorce días- y que es cierto este “no me moveré de aquí”, porque este pequeño ejercicio matinal es de las cosas a las que más fiel he sido estas vacaciones: Tengo catorce días, yo mismo me los he marcado, quizás sea un espacio de tiempo muy breve para una ambición tan grande, como el discernimiento de un espacio de mi vida “que va ya para veinte años” (Tobías 5,3), la voluntad y la acción de Dios en mi vida, lo que no parece una meta menor: 

Recuperar la esperanza, mi esperanza, la que siempre he tenido a prueba de bombas, por tres veces se repite a lo largo de la historia la expresión “ten confianza, hijo, ten confianza” (Tobías 7,16; 8,21c; 8,21d), catorce días para “encender la lámpara” (Tobías 8,13), la de mi bautismo, la de mi confirmación, la que manifiesta mi fe “¡Luz de Cristo, demos gracias a Dios!”, la que se enciende “para alumbrar a todos los que están en casa” (cfr Mateo 5,15) y de la misma manera vigilar para que nada, ni nadie me la arrebate, para que la luz no se apague, no sea como dice el antiguo proverbio hebreo “vino el burro y rompió la lámpara” y catorce días para prorrumpir en alabanza, otro tesoro que me he dejado robar de forma absurda, para que sea verdad, Señor, “que tu alabanza esté siempre en mi boca” (Salmo 145,21)

domingo, 28 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo VII.- Ragüel


Lo mismo que le dice RAGÜEL a TOBÍAS “voy a hablarte con franqueza ya la he dado a siete maridos y todos murieron(Tobías 7,10) es lo que muchas veces intento decirme a mí mismo en cada nuevo intento, en cada nueva bifurcación del camino de mi vida, en cada nuevo brote que surge de este tronco viejo y desgastado del discernimiento de mi vida “¿para qué?”, y la respuesta, al menos en lo que se refiere a otras ocasiones, ya me la sé, decepción tras decepción, fracaso tras fracaso, frustración tras frustración, infidelidad tras infidelidad…

Pese a todo, me puede la cabezonería, si es que se puede decir de este modo, de ser como un burro, que cuando se cree que está haciendo lo correcto, se pone las anteojeras y sólo camina hacia adelante, adelante, adelante… a veces contra toda razón “no comeré, ni beberé, hasta obtener una respuesta” (Tobías 7,11)

“Al final todo saldrá bien” dicen que son las palabras que le dijo el Señor a la beata JULIANA DE NORWICH ("Revelaciones del Divino Amor"), cuando ésta le asediaba con todo tipo de preguntas sobre el sentido de la vida (especialmente del pecado y el sufrimiento en el mundo)… en mi impaciencia, del todo desacompasada con la Providencia, me gustaría saber ya el resultado feliz, ese “todo saldrá bien”, de esta historia de mi vida… le dice RAGÜEL a TOBÍAS “Que el Señor del cielo te guíe a buen fin y te conceda su presencia y su paz” (Tobías 7,11). En el caso de la historia de El Libro de Tobías esta nueva bendición se cumplirá (como dicen los modernos, esto es un spoiler, reviento el final sabiendo que –como ya me lo he leído- en efecto, al final todo sale bien para Tobías y su aventura), pero aunque parezca desconsiderado por mi parte, ya no quiero más bendiciones, quiero realidades.

Muchos se ríen de mí cuando me paso días y días poniendo por escrito mis reflexiones, mis pensamientos, mis planes de vida, mis proyectos… bueno, es que escribir es mi espita de escape para todo lo que “me consume, como un fuego interno(Jeremías 20,9), tanto escribir es mi forma de manifestar mi esperanza o la perdería irremisiblemente “ten confianza, hijo, ten confianza(Tobías 7,16)… también TOBÍAS, al fin y al cabo, le exige a su futuro suegro que ponga todo por escrito para dejarse de palabras y adquirir certezas “mandó traer una hoja de papiro y redactar el contrato” (Tobías 7,13).

viernes, 26 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo VI.- El Pez

Después de todos los preliminares de la historia arranca esta sección narrativa diciendo “partió el muchacho en compañía del ángel y el perro que los seguía(Tobías 6,2) y ya, de entrada, me resulta curiosa la presencia del perro, puesto que es la primera vez que aparece, no se le ha mencionado antes, y ya no vuelve a aparecer más en toda la historia (salvo lo que más adelante se dirá), teniendo en cuenta que no debe de ser un despiste del narrador, hemos de suponer que el perro simboliza la fidelidad, tanto de ambos compañeros de viaje entre sí, como a la tarea del viaje en sí mismo y a la tarea por Dios confiada.

Es curiosa esta historia del pez que va a cumplir una doble misión en el desenlace de la narración, por un lado va a servir para “ahuyentar al demonio” en el caso de SARRA, por otro lado va a servir para “curar la ceguera” de TOBIT; esta doble lectura del pez, malo para el demonio, bueno para TOBIT, me recuerda una antigua historia que leí, en una ocasión, de la tradición china, y que dice más o menos así:

Un pobre campesino tenía un caballo para las tareas del campo y un día, asustado se le escapa a la montaña. Al enterarse sus vecinos van todos a su casa a condolerse por la triste noticia y él sólo decía “bueno o malo, sólo Dios lo sabe”. Varios días después, el caballo regresó trayendo consigo a toda una manada de caballos salvajes. Al enterarse los vecinos fueron a darle la enhorabuena a su vecino, quien sólo dijo “bueno o malo, sólo Dios lo sabe”. El hijo único del campesino quiso domar uno de esos caballos salvajes y se cayó y se rompió una pierna, no pudiendo ayudar a su padre en las tareas del campo. Congregados de nuevo los vecinos ante la triste noticia el padre del muchacho sólo decía “bueno o malo, sólo Dios lo sabe”. Poco después vinieron funcionarios reales reclutando a la fuerza, para la guerra, a todos los muchachos aptos del pueblo, dejando al hijo del campesino en su casa, debido a su pierna rota”.

La moraleja que ofrece de esta historia, ANTHONY DE MELLO, jesuita, recopilador de la misma en su obra titulada “Shadana, un camino de oración(Sal Terrae, Bilbao, 1979) es la siguiente:

Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede esconder un disfraz de bien; y lo que parece bueno a primera vista puede resultar dañoso. Así pues es una postura sabia dejar a Dios que sea él el que decida lo que es bueno o malo e nuestra vida y démosle gracias porque él sí que tiene capacidad para tornar todo bueno para aquellos que le aman”

Quizás sea éste el verdadero sentido de la Providencia, de la que hablábamos el otro día, no discernir “a tontas y a locas” lo que es bueno o malo en nuestra vida hasta que el tiempo decante los hechos, como no es posible saber si un mosto va a ser vino bueno o vinagre hasta que no se decanta con el tiempo suficiente en la bodega…. dejar un poco nuestro juicio apresurado sobre la bondad o la maldad de Dios en nuestra vida, que duerma un poco en la bodega, en el fondo del corazón, hasta que madure nuestro discernimiento recto al respecto… ahora entiendo por qué San FRANCISCO DE ASÍS, maestro en Providencia, orando de este modo “Dame, Señor, sentido y conocimiento para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento(Oración ante el Cristo de San Damían); no puedo evitar el acordarme ahora de otro acontecimiento todo providente del Éxodo del pueblo de Israel, colmado de acontecimientos providentes con esta doble lectura de bueno o malo: La columna de fuego que les guía y protege es la que al mismo tiempo mantiene a raya al enemigo (Éxodo 13,21-22 y 14,19-20), el mismo paso del mar fue un acontecimiento salvador para el pueblo y supuso el fin de las tropas del faraón (Éxodo 14,21 y 14,27) o el mismo ángel exterminador que trajo la ruina sobre los egipcios pasaba de largo salvando a los judíos (Éxodo 12,19-24)... En todo ello se aprende a confiar en Dios, a tener paciencia, a saber discernir correctamente los acontecimientos, aunque mucho me temo que esos son dones de la vida espiritual que a mí no me han sido concedidos.


Continúa el capítulo, de nuevo, narrando el drama de SARRA que “ha sido dada a siete maridos y todos morían en la noche de bodas, porque un demonio los mataba” (Tobías 6,14)  y pienso en todas aquellas veces que, yo mismo, he iniciado algo bueno en el Señor, que luego ha sido abortado, ciertamente, por el demonio a poco de nacer… Mis maridos, por así decirlo, son todos estos proyectos “non natos”, los que se quedan en ciernes, o los que no llegan a buen puerto y ahora tengo miedo, como manifiesta TOBÍAS a su compañero, de que esta vez, lo poco bueno que vamos haciendo, también perezca… la solución es fácil, puede que tan evidente que, precisamente por ello, no la hayamos puesto nunca en práctica, por eso el demonio ha estado fuerte, por eso hemos cimentado sobre arena y no roca (cfr Mateo 7,24-27)  y es algo tan sencillo como “levantáos primero y haced oración(Tobías 6,18) quizás ahí está la clave de todo lo que no entiendo, no comprendo, de este camino tortuoso lleno de contratiempos, porque desde aquel 17 de Julio de 1991 en que dije al Señor “habla, que tu siervo escucha(1 Samuel 3,10) puede que la actitud de escucha haya permanecido intacta, lo mismo que este constante peregrinar, siempre en camino, en relación a la meta…evidentemente, puede que haya rezado poco, eso será…

jueves, 25 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo 5.- El Compañero


Comencemos comentando el título de “el compañero” de esta quinta sección narrativa del Libro de Tobías: Si esta obra trata de un viaje, de un itinerario,  de la acción de la Providencia de Dios en nuestras vidas, ya sea en lo torcido o derecho de nuestros renglones… no cabe duda de que en este caminar de la vida –como nos recuerda el Génesis- “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2,18), lo que vale para la aventura de la vida en pareja, en el caso de los matrimonios y de las familias, o en el caso de la vida religiosa (con los hermanos y las hermanas de comunidad, o la fraternidad sacerdotal que conforman los sacerdotes diocesanos), o de nuestros amigos para cualquiera de nosotros, pues el hombre, como bien advertía ARISTÓTELES es “un ser social por naturaleza”, con la salvedad –con la ayuda de la gracia- de aquellos que se sientan llamados a la vida solitaria (pensemos, por ejemplo, en los ermitaños y eremitas).

Y en este camino de la vida, de mi vida, bajando al caso concreto, tengo muy claro quien ha establecido el Señor que sea “mi compañero”, esa persona puesta a mi lado para protegerme, guiarme, ampararme (lo mismo que el arcángel Rafael a Tobías) en el camino de la vida… En este peregrinar mundano con tantos errores, tanto sufrimiento, tanta sequedad, tantas equivocaciones y tanta falta de madurez por mi parte, hay algo en lo que estoy cierto y no me equivoco: en mi compañero de viaje.

Nos dice la Biblia que cuando David y Jonatán se conocieron “el alma de David se apegó a la de Jonatán y lo amó como a sí mismo” (1 Samuel 18,1), una amistad tan infranqueable, imperecedera y a prueba de todo porque no estaba fundada en un sentimiento humano, como bien nos dice la escritura más adelante “en cuanto a la palabra que tú y yo nos tenemos dada, el Señor está siempre entre los dos” (1 Samuel 20,23) y es lo mismo que puedo decir yo, pues solamente el Señor hizo que nos conociéramos, y que poniendo al Señor en medio nos pusiéramos en camino sin saber muy bien dónde está la meta (algo así como la problemática que hay en esta sección narrativa acerca de dónde leches queda la ciudad de Madia) y bien que podríamos preguntarnos, ya puestos: Señor, ¿cuál es nuestra Madia, cuál es nuestro destino?

Me resulta harto curioso que sin haber leído nunca en profundidad antes el Libro de Tobías, acaso ya conocía de antes por encima el argumento, el Señor vaya lanzando, a lo largo de toda la narración, dardos certeros sobre mi vida y su devenir hasta ahora, es como si, versículo a versículo, el Señor me fuera cantando aquello de Sergio Dalma: “Sólo para ti, directo al corazón, te mando este misil hecho canción, sólo para ti, que me das fuerzas cada día…”. Dice esta sección narrativa que “ni él me conoce a mí, ni yo le conozco a él” (Tobías 5,2), saber el uno del otro, de la misma inquietud, de la misma búsqueda, de la misma desazón, siempre cercanos y siempre esquivos, cerca de dos años sabiendo el uno noticias del otro sin conocernos, y así podía haber seguido siendo, pero el encuentro se produjo (no importa que haya sido por la Providencia divina, o por la Providencia ayudada por mano humana) pero desde ese mismo momento “el alma del uno quedó apegada a la del otro(cfr 1 Samuel 18,1) y siempre con el Señor como centro de nuestras vidas (cfr 1 Samuel 20,23), y aún en los peores momentos, cuando menos hemos visto, o entendido, o discernido a duras penas, aún el Señor se encarga de recordarnos una y otra vez por qué nos conocimos, por quién nos conocimos y para qué nos conocimos: “Mis niños mimados han recorrido caminos ásperos, arrebatados como un rebaño en manos del enemigo, y cuando decidáis alejaros de Dios, regresad a él con renovados esfuerzos” (Baruc 4, 26-28) y para “mayor inri” –como se dice en Andalucía- tampoco se ha equivocado la escritura en lo que se refiere al cómputo del tiempo, pues no menos cierto es que “va ya para veinte años” (Tobías 5,3).


En alguna de las biografías de San Francisco de Asís se dice que al principio “pedía al Señor que le regalara hermanos”, puedo afirmar en este caso como hace orgulloso Tobías ante su padre (Tobías 5,9) o como hace Jonatán frente al suyo (cfr 1 Samuel 20,30) y sin miedo a equivocarme que también yo en este camino de la vida he encontrado “un compañero (…) un hermano nuestro”. Desde entonces seguimos recorriendo esos caminos ásperos de los que habla el profeta, en esto la historia no ha cambiado mucho, puede que algún día, no sin cierto cansancio y desgaste el Señor se digne decirnos “dónde coño queda Madia” ¡si es que hay una meta, un destino, una razón de ser para todo esto…!, mientras tanto bien podemos decir, con Tobit: “ponte en camino con él y no abrigues ningún temor, sanos partís y sanos regresaréis, porque la ruta es segura” (Tobías 5,17-5,21)

lunes, 22 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo 4.- Tobías

Si en la primera sección narrativa asistíamos a la exposición de una vida buena y honrada, la de TOBIT, ahora, con la presentación de su hijo TOBÍAS, contemplamos todo un proyecto de vida, en la serie de consejos que le da su padre, un proyecto de vida aún por realizar que no descuida ningún detalle:

Que tenga fe.- “Acuérdate del Señor, no quieras pecar, ni transgredir sus mandamientos” (Tobías 4,5)

Que tenga esperanza.- “Porque si te portas según estas cosas tendrás éxito en tus empresas” (Tobías 4,6)

Que tenga caridad.- “No vuelvas la cara ante ningún pobre, da conforme a lo que tengas” (Tobías 4,7-9)

Que sepa someterse con docilidad a lo que hoy en día llamaríamos dirección espiritual.- “Busca el consejo de los prudentes, y no desprecies ningún aviso saludable” (Tobías 4,18)

Incluso le da consejos en el orden social.- “No retengas el salario de los que trabajan para ti” (Tobías 4,14)


Si de su padre dijimos, mirando toda una vida hacia atrás, en su ancianidad, que de él se podía decir aquello de que “pasó por la vida haciendo el bien(Hechos 10,38), en el caso de su hijo –mirando en este caso toda una vida por delante- el resumen podría ser “haz el bien y no mires a quien” aunque el refrán se traduce evangélicamente en la llamada “regla de oro”, también presente en TOBÍAS como regla de conducta: 

“No hagas a nadie lo que no quieras que a ti te hagan” (Tobías 4,15; Mateo 7,12; Lucas 6,31)

domingo, 21 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo III.- Sarra

“Suba, Señor, mi oración, como incienso en tu presencia” (Salmo 141,2) 

La clave de toda esta tercera sección narrativa, a mi modo de ver, es la "casualidad": Cuando dice “en aquel mismo día” tanto SARRA como TOBIT oraron de la misma manera: “Señor, retírame de la vida para que no tenga que oír más injurias” y en aquel preciso instante “ambas plegarias llegaron juntas ante la Gloria de Dios” (Tobías 3,16)

Esta casualidad me recuerda aquella otra, narrada por una religiosa de clausura, acerca de una joven novicia que tocando a la oración la campana, en ese momento tuvo dudas acerca de su vocación y se preguntó mentalmente “¿para qué sirve esto que estoy haciendo?” y como, mucho tiempo después, en el capítulo de faltas lo confesó ante toda la comunidad, para sorpresa de la madre superiora que en ese momento compartió una carta que había llegado de una comunidad de las mismas religiosas residente en los Estados Unidos, en la que las hermanas contaban que, desde la última correspondencia, la última noticia digna de contar había sido que habían ayudado a un joven que, de madrugada, y profundamente alterado, había pedido confesión y que, mientras llegaba el sacerdote que avisaron, les contó que el motivo de su alteración y la urgencia por confesar era que –minutos antes- había intentado suicidarse, encaramándose a la cornisa de un gran rascacielos pero que no lo había hecho porque, en el último instante- “sintió una especie de campanilla interior, que le hizo volver en sí y desistir de su idea”. Las hermanas, juntando ambos relatos, y teniendo incluso en cuenta la diferencia horaria entre los ESTADOS UNIDOS y ESPAÑA, coligieron que en el preciso instante en que la novicia, tocando la campana , se preguntaba por el sentido de aquello, era cuando el joven sentía esa campanilla interna que le hizo darse cuenta de la locura que iba a cometer.

¿Coincidencia? Puede que sí, los creyentes podemos llamarlo providencia, aunque los filósofos tienen otro razonamiento al respecto: 

Durante mucho tiempo se discutió, filosófica y teológicamente, como siendo Dios creador y omnipotente pudiera intervenir en lo creado, algo así, usando la célebre metáfora, de que “el reloj no puede ser el relojero”, si bien es verdad que aunque el relojero y el reloj se encuentran en dos campos de realidad completamente diferentes, no por ello es menos cierto que en determinadas ocasiones se hace preciso que el relojero ajuste el reloj, lo acompase de nuevo, y estas “sincronizaciones” son los que los filósofos llaman “ocasiones” de la intervención de Dios en el mundo, otros dirán casualidades, y finalmente los creyentes, providencia, y es razonable que así suceda.


La conclusión es clara: 

Esta sección narrativa es toda una alabanza de la providencia divina, que conoce sin duda las necesidades de sus hijos, que escucha nuestra oración, que nunca es en vano, “que fue escuchada en el mismo instante ante el trono de Gloria de Dios” (Tobías 3,16), como la oración de TOBIT, de SARRA, de la novicia, del joven suicida… 


A veces es muy difícil comprender y abarcar la providencia de Dios, quizás porque nos falta perspectiva, o criterios de discernimiento, por más que la sabiduría popular nos diga, a modo de refranillo, que “Dios escribe derecho en renglones torcidos”, lo importante, empero, es mantener la esperanza y recordar el poder de la oración en comunidad, ya lo dijo el Señor “Os digo también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre del cielo se la concederá” (Mateo 18,19): TOBIT y SARRA unidos por la misma circunstancia, por la misma oración, en el mismo instante, y ambos obtuvieron respuesta, no vieron defraudada su oración y su espera en la providencia.

sábado, 20 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo II.- El Ciego


A como concluíamos el capítulo anterior puede que, en efecto, esté ciego, puede que haya dedicado años y años de mi vida a intentar discernir algo que tengo delante de mis ojos, sin verlo; quizás hasta ahora sólo me he aplicado cataplasmas y remedios provisionales sobre lo evidente “cuantos más remedios me aplicaba, menos veía(Tobías 2,10), quizás por ello vuelvo a las andadas una y otra vez, insistiendo sobre lo mismo, para que todos me digan “todavía no ha aprendido la lección(Tobías 2,8).

Leo, curiosamente, en las notas al pie de este capítulo, en la Biblia de Jerusalén, que en las esposas de ambos hombres justos (lo dice por TOBIT y por JOB) se encuentra el mismo reproche, que yo también he escuchado muchas veces, el que el mismo Señor escuchó en la cruz, el que escucharon unos presos judíos en un campo de concentración asistiendo a la ejecución de sus compañeros, el reproche de la maldad ante el fracaso del bien que suena como un aldabonazo terrible “¿Dónde está tu Dios?” (Tobías 2,14) De toda la oración conclusiva de este capítulo hago mía la siguiente frase “tengo que aguantar injurias y reproches y me embarga la tristeza” (Tobías 3,6), como el propio JEREMÍAS puedo afirmar que, no sin violencia, en este camino, “me sedujiste, Señor, y me dejé seducir” (Jeremías 20,7) y como esa es mi única respuesta a “¿Dónde está tu Dios?” por ello he de aguantar “ser la mofa cotidiana, el hazmerreír todo el día” (Jeremías 20,7).

Tengo ya cuarenta años, la vida siento que empieza a transcurrir muy deprisa, se me escapa entre los dedos de la mano, ya estoy tocado por la enfermedad, ya me salen canas incipientes y creo que me presentaré al Señor con el mismo temor que muestra la célebre “ORACIÓN DEL PAYASO: “Señor ¿qué te diré cuando me pidas cuentas? Te diré que mi vida, humanamente, ha sido un fallo, que he volado muy bajo

Seguimos avanzando en el camino de TOBIT: Deportado, fuera de lugar, desarraigado, desorientado, ahora ciego ¿para añadirle más emoción? a este discernimiento de la voluntad de Dios en mi vida, en nuestras vidas, el único peregrinaje cierto que hemos de hacer todas las personas, mientras tanto, sólo porto un equipaje, como decíamos en la anterior sección “pasó por la vida haciendo el bien” aunque sea pobre y torpemente:


viernes, 19 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo I.- El Deportado

Una bella biografía de una persona buena, TOBIT, él mismo dice de sí: “Yo, Tobit, he andado por caminos de justicia y de verdad todos los días de mi vida” (Tobías 1,3), lo que debería ser la meta y el ideal de todas las personas, hasta del mismo Señor el apóstol PEDRO hace la misma síntesis de su biografía “ungido por el Espíritu Santo, Jesús de Nazaret, pasó haciendo el bien” (Hechos 10,38), es verdad, sinceramente lo creo, que de mí, honestamente, se puede decir lo mismo, quiero decir que en el cómputo global de mi vida he intentado ser una persona buena, no como esos que dicen “yo soy bueno, no he matado, no he robado” pues tengo mis defectos y, en ellos, mi pecado, pero nunca creo que haya intentado hacer daño a nadie a propósito, y cundo lo he intentado, me ha salido más bien al revés, que esto también es justo confesarlo y reconocerlo.

Ser bueno y optimista "a prueba de bombas" es algo que también es harto dificultoso y trae consigo gran cantidad de problemas, al propio TOBIT se los trajeron pese a todas sus buenas obras (Tobías 1,6-8) y su fidelidad al Señor, durante la deportación (Tobías 1,10) suscita las envidias de sus convecinos (Tobías 1,19) y todo ello le sume en la desgracia. Yo también he escuchado los reproches de mis allegados, desde mi madre, intentando desde pequeño compensar tanta bondad, por decirlo de alguna manera, con su célebre refranillo de que “el Señor dijo que fuéramos hermanos, no primos”, hasta quien me hace constantes llamamientos a que espabile, a que salga de lo que llaman “mi burbuja color de rosa”, que me enfrente con la realidad, y en el trabajo he tenido que escuchar sandeces, a modo de regañina, de mis jefes y superiores, del estilo como que “no se puede tolerar que vengas tan contento a trabajar los lunes”, o que esté siempre de buen humor, o “que me conozca la vida y las necesidades de todos mis compañeros”, pero como le dije a mi jefe un día, harto de tantas sandeces: “Si es que todo ello fuera malo, o un defecto de mi carácter, el árbol se corrige en su juventud, no cuando ya está torcido en su madurez”, sinceramente creo que yo soy así y que es muy tarde para corregirme, insisto, si es que lo anterior fuera malo.

Hace poco nos enteramos de la noticia del suicidio del célebre actor de comedia ROBIN WILLIAMS, nadie se explicaba un final de esta naturaleza  para alguien que consagró su carrera profesional a hacer papeles cómicos, de grandes luchadores, de hombres con grandes ideales… “No merecía un final así” era el comentario más extendido, aunque yo sí que lo entendí pensando un poco en el llamado “SÍNDROME DEL PAYASO TRISTE”: Cuando sabemos o conocemos de alguien optimista o alegre en nuestro entorno, el típico payaso del grupo de amigos, o bufón en todo, ¿quién le pregunta cómo se encuentra? ¿quién se interesa por él, no sea que “la procesión vaya por dentro”? ¿quién cree que el payaso no tiene derecho a estar triste como todos los demás? Y eso provoca tal soledad y grado de estrés, pese a tener que seguir “representando el papel de payaso”, que hace que uno se pueda ver forzado a seguir siendo, de cara a los demás, “un hombre orquesta” por más que, por dentro, llore el corazón, ese es el llamado “Síndrome del Payaso Triste” al que deberían prestar atención todos aquellos que tengan cerca de sí a uno de estos graciosos, buenos, optimistas natos, no sea que la presión se les escape de la peor manera.

Toda la primera sección narrativa del “LIBRO DE TOBÍAS”, al menos en la Biblia de Jerusalén, recibe el título genérico de “el deportado”, lo que me hace gracia si pensamos en la deportación como al hecho de “ser llevado a una tierra extraña en contra de tu voluntad”, en este caso también yo puedo afirmar que “soy un experto en deportaciones”, porque de mí también se puede decir aquello de que soy una especie de “arameo errante(Deuteronomio 26,5).

Ciertamente, como TOBIT, hice mucho bien en los días que estaba "en mi tierra", llamémosla así, a ciertas etapas de mi vida, al capítulo de mi juventud… hasta que tuve que ser deportado: Si por "tierra prometida" hemos de entender “el suelo donde ser plantado para dar mis mejores frutos al Señor(Salmo 1,3) no cabe duda de que he sido una semilla muy pizpireta, mucho más que las de la parábola del sembrador del Evangelio, porque mi problema no suele ser de arraigo, sino de suelo ¡y vive Dios que he conocido multitud de solares! Dicen que ha habido granos de trigo, de las ofrendas depositadas en las tumbas egipcias, que miles de años después, al ponerse en las condiciones oportunas han germinado ¡después de miles de años manteniendo latente la vida! en este sentido bien se cumple la escritura al afirmar que “en tu presencia, Señor, mil días son como un ayer que pasó” pero mucho me temo que yo ya no dispongo de mucho tiempo. Si pensamos en mis cuarenta años (sobre una esperanza de vida de ochenta) como “el ecuador de la vida” de una persona ahora entiendo eso que llaman “la crisis de los cuarenta años”, porque me doy cuenta de que me interrogo más a menudo sobre el sentido de mi vida, sobre lo que dejaré detrás de mí cuando abandone este mundo, si mi paso por la tierra no servirá de nada, qué talentos desarrollé y cuáles otros malogré, y es algo que, cuando poco, inquieta y desasosiega.


En una ocasión, en este ir dando tumbos por la vida, siguiendo con la imagen de la semilla saltarina, en otro suelo que parecía definitivo el Señor me dio -en la oración personal- una palabra de consuelo “ya no te llamarán Gerson, peregrino en tierra extraña (Éxodo 2,22), te llamaré Amson, porque serás peregrino en tu propia tierra”, quiero entender que éste es mi problema, no querer encontrar tanto “un suelo definitivo” sino dar lo mejor de mí en cada circunstancia –como TOBIT durante su destierro que siguió siendo tan bueno y piadoso como lo era en su propia tierra- aunque no por ello me mosquea menos la idea de ser “peregrino” como si tuviera que seguir yendo de tierra en tierra, porque ya he estado en muchas, porque en todas ellas me he dejado la vida rota hecha jirones y porque -¿por qué no reconocerlo?- estoy ya cansado, muy cansado, de intentarlo de nuevo, de seguir "haciéndole el juego" al Señor, ya no soy joven, y aunque soy consciente de que ello no es excusa, pues pienso en ABRAHÁN, que era mucho más anciano al ponerse en camino, o pienso en San JUAN DE DIOS, que no se puso a buscar en serio la voluntad del Señor hasta rondar, más o menos, los cuarenta años, y entonces descubro mi pequeñez, mis miedos, mi falta de respuesta, y claro, me agobio y me atenazo mucho más.

jueves, 18 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"


Quería dedicar un tiempo, honesto y sincero, a la oración durante estos quince días de vacaciones, con un poco más de detenimiento y cariño que el que nos permiten las prisas y los afanes del tiempo normal… Estuve pensando sobre qué, ya que iban a ser quince días quería que el tema tuviera un eje vertebrador, un tema o una misma perspectiva y no desperdigarme dando saltos de un tema de oración a otro.

Pensé hacer los “Ejercicios Espirituales” de San IGNACIO DE LOYOLA, pero luego me di cuenta de que no merecía la pena hacerlos solo, que se saca mayor provecho de ellos cuando alguien te los orienta, te los guía y te ayuda a sacar todo lo que de bueno y útil tienen… luego pensé leer, de forma orada, un libro –de los años setenta- titulado “El acoso de Dios – Reflexiones sobre la vida religiosa para el tiempo de Cuaresma”, pues ya me había leído “La seducción de Dios – Reflexiones sobre la vida religiosa para el tiempo de Adviento” ambos del sacerdote y teólogo ALESSANDRO PRONZATO (y aún hay un tercero titulado “La sorpresa de Dios – Reflexiones sobre la vida religiosa para Pascua”), pero luego me di cuenta que al estar orientado a una cuaresma excedía con mucho el plazo de quince días del que disponía.




Finalmente me acordé de que alguien definió una vez “El libro de Tobías” de la Biblia, como “un auténtico itinerario de fe”, amén de que en Septiembre, tanto los católicos como los protestantes celebran conjuntamente el llamado “Mes de la Biblia” y deduje que sería una buena opción, lo que me confirmó en mi elección fue comprobar, además, que dicho libro se articula en torno a trece secciones narrativas, lo que me marcaba incluso, para los días de los que disponía, la propia pauta de lectura.

Todas las mañanas, lo primero que he hecho, con los primeros rayos de sol, en la terraza del apartamento que nos han prestado para pasar las vacaciones, ha sido leer, detenidamente, la sección narrativa, o capítulo del día, para irlo orando, rumiando, recreándome en él a lo largo de todo el día, y poner por escrito todo ello, al día siguiente, antes de leer el nuevo capítulo.

Lo que pretendo es compartir con vosotros esta lectura orada y comentada (por mí, claro está) del LIBRO DE TOBÍAS de la Biblia, ciertamente todo un itinerario de vida de fe y de búsqueda espiritual, una radiografía de lo que podría ser la vida de cualquiera de nosotros, y de paso, si os picara la curiosidad, leedlo vosotros también, no dejándoos llevar por mi lectura, sino por lo que este libro tiene que decir a vuestras propias vidas, que esto es como el camino de MACHADO, que se “hace camino al andar”, y en esto sí que resulta importante que cada cual recorra su propio camino, no encontraréis mejor “Guía del Viajero de la Vida” que el LIBRO DE TOBÍAS, prometido.

Así que a partir de mañana os iré compartiendo el comentario orado de cada sección narrativa, cada capítulo del LIBRO DE TOBÍAS, evidentemente al ser estos comentarios al hilo de mi oración personal, algunos me han salido más largos, otros más cortos, algunos más subjetivos, otros no tanto, dependiendo de cómo me tocaran el corazón o lo que tuvieran que decirme para mi vida.

martes, 16 de septiembre de 2014

LA IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS DE SAN FRANCISCO


Acabamos de regresar de las vacaciones, es verdad que merecidas, el trabajo a lo largo del año requiere una pausa, no tanto para tomar descansar, pues como decía mi madre "vacaciones son las de los ricos, que van a cama hecha y mesa puesta, pero si en vacaciones has de seguir limpiando, planchando, guisando... lo único que haces es cambiar el escenario de tus ocupaciones habituales", vale, con la salvedad de no tener que ir a trabajar, aunque hemos aprovechado el tiempo vacacional para todo aquello que la rutina y la vorágine del año no te permite: Charlar pausadamente con los hermanos, hacer proyectos, evaluar lo realizado, el "dolce far niente" de los italianos, orar con mayor profundidad...

Y es buena la fiesta con la que empezamos a tomarle el pulso a la rutina -¡bendita rutina que ordena la vida!- pues se celebra la fiesta de la Impresión de las llagas en San Francisco de Asís, puede que muchos lectores sepan que San FRANCISCO DE ASÍS fue agraciado con portar en sí las llagas de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo: en las manos, en los pies, y en el cotado; por eso dice la célebre canción dedicada a San FRANCISCO DE ASÍS del compositor español CESÁREO GABARAÍN "Rosas de Sangre han florecido / reviven en tu cuerpo la pasión / Francisco, de amor estás herido / las manos, los pies y el corazón", pero puede que muchos no sepáis las circunstancias exactas de este don, por lo que paso a exponerlas brevemente, según lo narra SAN BUENAVENTURA en su "Leyenda Menor de San Francisco" (6,1-4):

Elevándose, pues, a Dios a impulsos del ardor seráfico de sus deseos y transformado, por el efecto de su tierna compasión, en aquel que, en aras de su extremada caridad, aceptó ser crucificado, una mañana próxima a la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, mientras oraba en uno de los flancos del monte, vio bajar de lo más alto del cielo así como la figura de un serafín, que tenía seis alas tan ígneas como resplandecientes. En vuelo rapidísimo avanzó hacia el lugar donde se hallaba el varón de Dios, deteniéndose en el aire. Y apareció no sólo alado, sino también crucificado: tenía las manos y los pies extendidos y clavados a la cruz, y las alas dispuestas, de una parte a otra, en forma tan maravillosa, que dos de ellas se alzaban sobre su cabeza, las otras dos estaban extendidas para volar, y las dos restantes rodeaban y cubrían todo el cuerpo.


Ante tal visión quedó lleno de estupor y experimentó en su corazón un gozo mezclado de dolor. En efecto, el aspecto gracioso de Cristo, que se le presentaba de forma tan misteriosa como familiar, le producía una intensa alegría, al par que la contemplación de la terrible crucifixión atravesaba su alma con la espada de un dolor compasivo. Al desaparecer la visión después de un arcano y familiar coloquio, quedó su alma interiormente inflamada en ardores seráficos y exteriormente se le grabó en su carne la efigie conforme al Crucificado, como si a la previa virtud licuefactiva del fuego le hubiera seguido una cierta grabación configurativa.

Al instante comenzaron a aparecer en sus manos y pies las señales de los clavos, viéndose las cabezas de los mismos en la parte interior de las manos y en la superior de los pies, mientras que sus puntas se hallaban al lado contrario.

Asimismo, el costado derecho –como si hubiera sido traspasado por una lanza– llevaba una roja cicatriz, que derramaba con frecuencia sangre sagrada.

Y, luego que este hombre nuevo Francisco fue marcado con este nuevo y portentoso milagro –singular privilegio no concedido en los siglos pretéritos–, descendió del monte el angélico varón llevando consigo la efigie del Crucificado, no esculpida por mano de algún artífice en tablas de piedra o de madera, sino impresa por el dedo de Dios vivo en los miembros de su carne.

Y he dicho bien que es bueno tener presentes las llagas de SAN FRANCISCO DE ASÍS en este día en que comenzamos las obligaciones laborales, la vida de la Asociación empezará a activarse poco a poco, y todos volveremos a nuestros quehaceres rutinarios, porque por encima de todo, como ha dicho el Papa FRANCISCO, por activa y por pasiva, del derecho y del revés, no tenemos que tener otra preocupación, otro trabajo, otro afán que mostrar a Cristo a nuestros hermanos, y pobremente lo haríamos, si no fuera con nuestro trabajo y nuestro servicio, quizás sea esa la enseñanza de quienes han merecido, a lo largo de la historia este don de la impresión de las llagas (pensemos por ejemplo en otro santo, como San PÍO DE PIETRELCINA) el mostrarnos a Cristo por medio de sus llagas, para demostrarnos que duelen, que sangran, que sufren, como Cristo en la Cruz (estamos tan acostumbrados al crucifijo que ya muchas veces ni lo pensamos...) y de la misma manera demostrarnos que ellos mismos, como auténticos Cristos, se desvivieron en el servicio, la entrega, el amor a sus hermanos.

El propio Papa FRANCISCO ha usado muchas veces esta imagen de las llagas para recordarnos esto mismo:

No es suficiente —añadió el Papa— constituir «una fundación para ayudar a todos», sería sólo un comportamiento filantrópico. En cambio —dijo— «debemos tocar las llagas de Jesús, debemos acariciar las llagas de Jesús. Debemos sanar las llagas de Jesús con ternura». «Lo que Jesús nos pide hacer con nuestras obras de misericordia —concluyó el Pontífice— es lo que Tomás había pedido: entrar en las llagas». 

(Homilía 3 de Julio de 2013)

Aquí está Jesús oculto en estos muchachos, en estos niños, en estas personas. En el altar adoramos la Carne de Jesús; en ellos encontramos las llagas de Jesús. Jesús oculto en la Eucaristía y Jesús oculto en estas llagas. ¡Necesitan ser escuchadas! Tal vez no tanto en los periódicos, como noticias; esa es una escucha que dura uno, dos, tres días, luego viene otro, y otro... Deben ser escuchadas por quienes se dicen cristianos. El cristiano adora a Jesús, el cristiano busca a Jesús, el cristiano sabe reconocer las llagas de Jesús. Y hoy, todos nosotros, aquí, necesitamos decir: «Estas llagas deben ser escuchadas». Pero hay otra cosa que nos da esperanza. Jesús está presente en la Eucaristía, aquí es la Carne de Jesús; Jesús está presente entre vosotros, es la Carne de Jesús: son las llagas de Jesús en estas personas.




Pero es interesante: Jesús, al resucitar era bellísimo. No tenía en su cuerpo las marcas de los golpes, las heridas... nada. ¡Era más bello! Sólo quiso conservar las llagas y se las llevó al cielo. Las llagas de Jesús están aquí y están en el cielo ante el Padre. Nosotros curamos las llagas de Jesús aquí, y Él, desde el cielo, nos muestra sus llagas y nos dice a todos, a todos nosotros: «Te estoy esperando!». 

(Viaje a ASÍS, encuentro con los niños enfermos y discapacitados)

A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer a un pueblo.

(Exhortación Apostólica Post-Sinodal "Evangelii Gaudium")

Que ese sea el leitmotiv, la musiquilla de fondo, el run-run que tengamos en nuestra cabeza, en nuestro corazón y en nuestras manos al iniciar el nuevo curso: Toquemos las llagas de Jesús en nuestros hermanos, mostremos las llagas de Jesús a quienes nos rodean.