domingo, 30 de noviembre de 2014

APERTURA DEL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA
EN LA PERIFERIA DE LA VIDA CONSAGRADA


Como supongo que ya sabréis, este Domingo I de Adviento, se producirá la apertura del AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA, evento con el que el Papa FRANCISCO ha querido conmemorar el 50 Aniversario del Decreto Conciliar PERFECTAE CARITATIS sobre la Renovación de la Vida Religiosa, y que se celebrará (con distintos eventos diocesanos e internacionales) desde este Domingo I de Adviento hasta el 2 de Febrero del año 2016 (festividad de la Presentación del Señor en el Templo), siendo además invitación a orar, reflexionar, compartir y avanzar sobre este don de la vida consagrada para la Iglesia y el mundo.

Sin embargo, lo mismo que sucede en el ámbito civil, la celebración de este tipo de eventos anuales internacionales, aparte de movernos a la reflexión y el estudio, deben movernos también a la reivindicación y a la concienciación, también hay que señalar las carencias, los fallos y las necesidades aún por alcanzar de aquello que se celebra, en este sentido, remití hace ya bastante tiempo (como preparación de este tiempo de gracia) el siguiente correo electrónico a la SAGRADA CONGREGACIÓN DE LA VIDA RELIGIOSA (tanto a su Prefecto como a su Secretario General), texto que comparto igualmente con vosotros por si ayuda a la reflexión de este año que se abre ante nosotros:

Si tuviera que tener un título sería "EN LA PERIFERIA DE LA VIDA RELIGIOSA":

A la atención de su Eminencia, Cardenal JOAO BRÁZ DE AVIZ, Prefecto;
A la atención de su Eminencia, Monseñor JOSÉ RODRÍGUEZ CARBALLO, Ofm, Secretario;

Cuando el Papa FRANCISCO anunció el evento de un "AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA" me alegré, he seguido muy de cerca las noticias sobre este evento y me he preparado convenientemente para aceptar este don de oración, reflexión, y maduración de la vida consagrada para la Iglesia. No obstante, desde el momento de la lectura de la Carta Circular "Alegráos", así como de la carta posterior "Escrutad", me he dado cuenta bien pronto, desde el principio, de que, una vez más, habiendo sido confirmado ya el programa oficial de la celebración de este "AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA", que hay un gran número de personas consagradas que aún siguen siendo marginadas por la Iglesia, una vez más, y que legítimamente podrían ser llamadas como "periferia de la vida religiosa".

Me explico:

Piensen en mi caso: 

Tengo cuarenta años, el 17 de Julio de 1991 (apenas un joven de dieciséis años), después de una larga lucha con el Señor, me rendí diciendo, como SAMUEL: "Habla, Señor, que tu siervo escucha" (1 Samuel 3,10). Desde entonces mi vida ha sido un camino de búsqueda y de maduración de esta vocación primera. Con todo, finalmente, el 18 de Septiembre de 1998, pronuncié mis votos privados de vivir en castidad, pobreza y obediencia (a mi Director Espiritual), sin encuadrarme en ningún Instituto de Vida Religiosa, Sociedad de Vida Apostólica y, por supuesto, tampoco me siento, ni soy, una especie de ermitaño urbano, como más adelante se explicará.

Descubro, con profunda tristeza, que "los varones consagrados por medio de votos privados" parecieran no formar parte de este don de la vida consagrada para la Iglesia, ya sea para su reconocimiento en la comunidad eclesial, para proveer a su formación continúa, o a su acompañamiento espiritual, obviamente no son destinatarios de los materiales o las celebraciones de este "AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA", legítimamente pues, podemos sentirnos "en la periferia de la vida religiosa".

Es triste que para poder encontrar una palabra de la Iglesia acerca de nuestra situación tengamos que retrotraernos al Papa PÍO XII en su discurso de 9 de Diciembre de 1957 al II Congreso de Estados de Perfección Cristiana:

"Estamos pensando en este momento en todos aquellos hombres y mujeres de todos los estratos sociales que, asumiendo las más diversas profesiones y funciones en el mundo moderno, por amor de Dios y del servicio a sus hermanos, dedican toda su actividad al Señor. Se empeñan en la práctica de los consejos evangélicos mediante la profesión de votos privados y secretos ante Dios y se dejan guiar, en materia de obediencia, por aquellos que la Iglesia ha juzgado aptos para dirigir a otros en el ejercicio de la perfección cristiana.  No existe una tendencia a considerar que todos estos hombres y mujeres participen, de la misma manera, de la perfección cristiana como los religiosos. Pareciera que no adquieren dicho estado de perfección si no se encuadran en un estado jurídico o canónico de perfección".

Cuando una mujer adopta la decisión de vivir, en medio del mundo de hoy, los consejos evangélicos, dedicándose al Señor y a la Iglesia, puede hacerlo y ser reconocida por la comunidad eclesial mediante el "Orden de las Vírgenes Consagradas" ante su comunidad eclesial, presidida por su Obispo, como testimonio de vida al modo evangélico, interrogando a la sociedad en la que viven de que "otra forma de vivir al modo evangélico, es posible".

Sin embargo, cuando es un varón el que adopta la misma decisión permanece solo, abandonado, no reconocido, no acompañado por la Iglesia, no hay un rito adecuado de "Reconocimiento de Varones Consagrados" (análogo, vamos a decirlo así al "Ordo Virginum"), como si los dones de la pobreza, la obediencia y, naturalmente, la castidad y la virginidad, tuvieran en ellos menos valor, o resultaran menos heroícos en el caso de tratarse de un hombre. (Esta ausencia de un rito propio hace que en muchas diócesis, no en todas, se presenten estos varones a la comunidad eclesial, delante del Obispo, como una especie de "ermitaños urbanos" -por encontrarles acomodo jurídico en el Código de Derecho Canónico, canon 603) aunque no es una tendencia generalizada, ni tampoco creo que deba ser la más correcta).

Propongo vivamente que, durante la celebración del "AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA", la Iglesia no pierda una ocasión única y preciosa para reflexionar y dar una respuesta pastoral a los considerados "varones consagrados de votos privados", confío, de esta manera, que no se sientan solos, abandonados, olvidados por la Iglesia, que no se minusvalore el don de su vida entregada, que no sigan sintiéndose en la "periferia de la vida religiosa"

Atentamente, Paz y bien, disculpen mi pésimo italiano.

Hasta aquí el texto de mi correo electrónico, como aún no ha principiado este "AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA", ni siquiera se ha celebrado, confiaremos y esperaremos que se reflexione y se medite sobre este tema, del que me consta hay gran cantidad de personas en la misma situación que yo, investigad un poco si queréis en internet, y encontraréis gran cantidad de testimonios, de varones consagrados por votos privados que han comenzado a identificarse con una especie de "ermitaños urbanos", o incluso de diócesis, como las de TARRAGONA, que ya prevén un "ordo" para reconocerlos y admitirlos en la diócesis y reconocerlos como tales, aunque no sea la solución canónica más adecuada, pues insisto a las "vírgenes consagradas" no se las llama "ermitañas urbanas", o de aquellos otros que reflexionan y se identifican sobre su ser en la Iglesia... sea como fuere, una cosa es cierta, a la Iglesia del Papa FRANCISCO le queda mucho por atraer hacia sí a todos los que "se encuentran en la periferia" (en este caso de la vida consagrada), lo digo por las formas, los modos y la estructura, porque no es que yo me considere muy importante (mi vida va a seguir siendo igual de pobre, entregada, a la par que incoherente y pecadora, que siempre), pero ni siquiera, a fecha de hoy he tenido una respuesta, no digo solución, sino un simple acuse de recibo... ... qué menos que eso, de aquellos que están puestos para servir, acompañar, estimular y ser pastores, en este caso al servicio de la vida consagrada en la mencionada Congregación Vaticana.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

LA IMPORTANCIA DEL NOMBRE DE JESÚS (YESHUA) EN LAS COMUNIDADES JUDEO MESIÁNICAS


No sé si sabréis que existen las llamadas comunidades "judeo-mesiánicas", aunque el nombre puede ser equívoco, ya que la denominación hace referencia a dos realidades completamente distintas, aunque ambas con origen en ISRAEL; por un lado encontramos comunidades de creyentes judíos, que empiezan a interrogarse acerca del carácter salvador de JESUCRISTO, como MESÍAS, aunque sin renunciar a su fe judía; y por otro lado también, a comunidades cristianas, especialmente en ISRAEL, que sin dejar de ser católicas, quieren mantener sus elementos culturales propios de su herencia judía (al fin y al cabo la Iglesia, desde JUAN PABLO II, llama con respeto a los judíos "nuestros hermanos mayores en la fe"), así, por ejemplo, en este tipo de comunidades sus niños celebran tanto la primera comunión como la "bar mitzvah" de los niños judíos.

Remitiéndonos a las comunidades judías, mesiánicas, son muchas las que han procedido a la traducción, al hebreo del EVANGELIO, de la totalidad de los libros del Nuevo Testamento, y que han incorporado, con normalidad, al ciclo de lecturas continuado que durante todo el año se sigue en las sinagogas. En muchas de estas traducciones mantienen la literalidad de sus expresiones hebreas, allá donde es posible, por ejemplo en el nombre de JESÚS que, evidentemente, aparece transcrito como YESHUA. Sobre el nombre de JESÚS me han remitido por correo electrónico (una de estas comunidades) un artículo que me ha parecido interesante compartir con vosotros sobre "el nombre de JESÚS" en este tipo de comunidades judeo mesiánicas:

Por eso, Dios lo exaltó  y le dio el Nombre que está sobre todo nombre”  (Filipenses 2,9)

Recientemente, algunos de nuestros seguidores nos han escrito preguntando acerca del por qué de usar el nombre de YESHUA, en vez de JESÚS, en nuestros textos; otros, sin embargo, opinan que la forma más correcta sería YASHUA (porque al incluir la raíz propia del nombre de Dios, YAHVEH, mostraría mejor tanto la humanidad como la divinidad de CRISTO), otros, finalmente estiman que al forma correcta sería la de YESHU.

¿Cuál es la transcripción correcta?

Teniendo en cuenta que el nombre de JESÚS aparece en las traducciones inglesas de la Biblia unas 900 veces, es por lo que mucha gente cree que el nombre judío del mesías es JESÚS.  Hay que aclarar que, tanto en inglés como en otros idiomas, el nombre de JESUS es la trabnscripción más aceptada del nombre griego —Iησοῦς-,  lo que es a su vez una transcripción literal, en el caso del griego, del nombre hebreo -יֵשׁוּעַ-, que se pronuncia, dicho sea de paso como YESHUA. Hay que advertir que la forma griega, tal como la conocemos hoy, del nombre de JESÚS es la que se ha venido usando desde siempre, tal y como lo atestigua la SEPTUAGINTA (la primera traducción al griego de la Biblia) y también en las referencias a JESÚS contenidas en el historiador JOSEFO y en el filósofo judío FILO DE ALEJANDRÍA.

En hebreo nos encontramos con similares problemas de transcripción, es del todo evidente que el nombre hebreo para JESÚS es YESHUA (יֵשׁוּעַ), que significa "salvador", que a su vez es la variante corta del nombre extendido YEHOSHUA (יהושוע), que significa "El Señor salva, El Señor es salvación o el Señor salvará". En tiempos de JESÚS era muy común el uso de la variante corta, como queda atestiguado en otros contemporáneos de CRISTO, del Siglo I, en JERUSALÉN, o como aparece recogido en gran cantidad de osarios y urnas funerarias.

En la "Tanakh" (nombre de la Biblia judía), los nombres de YESHUA y YEHOSHUA aparecen unas treinta veces, aunque con sentidos diferentes:

Frecuentemente se utiliza de forma intercambiable con JOSHUA (Josué), por ejemplo en el libro de Esdrás (3,2) "Entonces YESHUA, hijo de Josadac, con sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Sealtiel, con sus hermanos, reconstruyeron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la Ley de Moisés, el hombre de Dios" que en este caso se transcribe en otras ocasiones como JOSUÉ.

En el libro del profeta Zacarías sucede exactamente lo mismo que en el caso anterior (como se observa a lo largo del capítulo 3, hablando del sumo sacerdote) "Luego me hizo ver al Sumo Sacerdote YESHUA, de pie ante el ángel del Señor, mientras el Adversario estaba a su derecha para acusarlo" (Zacarías 3,1)


Hay otra aparición, de la variante larga YEHOSHUA en el libro del éxodo en relación con un ayudante de MOISÉS: "El Señor conversaba con Moisés cara a cara, como lo hace un hombre con su amigo. Después Moisés regresaba al campamento, pero YEHOSHUA –hijo de Nun, su joven ayudante– no se apartaba del interior de la Carpa" (Éxodo 33,11) y curiosamente, sin embargo, al hacer referencia al mismo personaje en el libro de los Números (13,8) al mismo personaje se le llama HOSHEA (הוֹשֵׁעַ) hijo de Nun. Ciertamente que el nombre de HOSHEA (nuestra traducción al castellano es OSEAS) significa "él salva", pero no es un nombre apropiado para el Mesías, porque transmite la idea de que sólo él salva, humanamente, mientras que la incorporación de la raíz -Y- (del nombre de YAHVEH) es la que transmite la idea de que "Dios salva en JESÚS", remarcando su doble naturaleza humana y divina.

Por su parte el "Talmud" (la enseñanza de los Rabinos) utiliza el nombre de YESHUA solamente una vez para hacer referencia al caso de YESHUA hijo de JOSADEK, en uno de los asuntos sometidos a la consideración (jurisprudencia) de los ancianos. en todas las demás referencias del "Talmud" se prefiere el uso de la grafía YEHOSHUA, aunque parece una vez mencionado "cierto hombre de NAZARET, llamado YESHU" Muchas veces se ha dicho que YESHU es un acrónimo de la frase hebrea "Y'mach Sh'mo V'Zichrono" (que significa "que su nombre y su recuerdo sean borrados", donde algunos ven como una clara referencia contraria a JESÚS en el "Talmud"), aunque lo cierto es que la gran mayoría de los estudiosos están de acuerdo en afirmar que YESHU es la forma dialectal propia de GALILEA de nombrar YESHUA. Teniendo en cuenta que JESÚS era de GALILEA es por lo que un sector muy importante entre los judíos, sean ortodoxos o mesiánicos, están de acuerdo en considerar que el nombre hebreo de JESÚS sea YESHU.

Para la gran mayoría de los judíos, incluidos los medios de comunicación el nombre de JESÚS es YESHU (para referirse al hebreo más correcto de YESHUA) y rara vez lo mencionan, en el caso del JESÚS de los cristianos, por su nombre completo, que en hebreo es "Yeshu Ha-Natzri" (es decir, Jesús, el Nazareno). Este mismo nombre es que se referencia en el Diccionario Hebreo Ben Yehuda y en la gran mayoría de los textos civiles y religiosos judíos, aunque la forma más usada en las traducciones hebreas del Nuevo Testamento sigue siendo la de YESHUA.

Otros estudiosos, aunque son minoría, consideran que la forma más correcta para referirse -en hebreo- al nombre de JESÚS debería ser YASHUA, ya que consideran que la raíz hebrea YAH- es más acorde con su filiación divina (como hijo de YAHVEH) por lo que debería ser ésta la sílaba usada en la composición del nombre de su hijo. Sin embargo, como el hebreo bíblico carece de vocales tampoco podemos estar al cien por cien seguros de que YAHVEH deba leerse de la misma manera, es decir con la sílaba YAH-. Sin embargo ninguna transcripción rabínica, bíblica o incluso de los documentos del MAR MUERTO aetstiguan esta posibilidad, pues como hemos dicho, el nombre de YAHVEH carece de vocales y en todos los textos bíblicos o litúrgicos, dado el respeto debido a su nombre, sólo se escribe el llamado TETRAGRAMMATON: Yud-Hei-Vav-Hei  (יהוה or YHVH, en castellano sin vocales). Aunque la raíz YAH- referida a Dios aparece en la Biblia en gran cantidad de palabras compuestas con el nombre de Dios, así por ejemplo  forma parte de la construcción de la palabra "Halleluyah" ("alabad a Dios"), y en gran cantidad de nombres hebreos como "Eliyah" (ELÍAS), "Isayah" (ISAÍAS), y "Jeremiyah" (JEREMÍAS). 

Hay, no obstante, un último argumento para los que afirman que el nombre de JESÚS debería ser YASHUA, por la divinidad de la raíz YAH-, y es concretamente el Evangelio de Juan (5,43) en donde se lee "Yo he venido EN NOMBRE DE MI PADRE"

Sea como fuere la escritura es clara en afirmar que nuestra salvación depende de nuestras obras, y de la gracia de Dios, lo que no incluye, de forma alguna, estos debates acerca de la forma correcta de pronunciar el nombre de nuestro salvador:

"Habéis sido salvados por la fe, y por la gracia. Esto depende de vosotros, sino que es un don de Dios"  (efesios 2,8).

Nuestra salvación depende de la creencia en la persona, en la reputación y en la esencia salvadora de Cristo, que se oculta bajo su nombre hebreo, en quién es él y en cuáles fueron sus obras, no olvidemos que el propio JESÚS dijo de sí mismo:

Yo soy la resurrección y la vida. Aquellos que creen en mí, vivirán en mí aunque mueran" (Juan 11,25)

Cabría pensar que si el nombre de JESÚS tiene tanta importancia para nuestra salvación, e incluso para nuestra fe en él, que los antiguos escribas tendrían mucho cuidado en no tergiversar el santo nombre, sobretodo a la hora de transcribir y copiar los textos del Evangelio o las enseñanzas de San PABLO, sin embargo tenemos que decir que esto no es así. En efecto, los testimonios más antiguos del Evangelio de Juan (los llamados papiros nº 52 y nº 66) -escritos apenas 50 años después de los acontecimientos originales- no intentan transcribir con fidelidad la pronunciación hebrea, no olvidemos que están escritos en griego, de esta forma usan "Ιη-" (para transcribir la raíz hebrea YE-, que se transcribe como JE- en la gran mayoría de los idiomas modernos, dando lugar al nombre de JESÚS). Por su parte en los fragmentos evangélicos papiráceos que se conservan la mayotía de las veces la palabra "mesías" aparece abreviada como un simple "Χρ-" (del griego "kristos", es decir, el mesías, el salvador); por su parte "Dios" o en hebreo "Elohim" aparece abreviado con una simple "Θ" del griego "Theos"; la expresión tan querida por JESÚS para referirse a Dios padre se acorta con un simple "Πρ-" de "pater" y el hebreo "Adonai" se transcribe con una simple "Κ-", de "Kyrios", es decir, "el Señor".

Ello se debe a la antigua costumbre hebrea de no escribir nunca el nombre de Dios de forma propia y correcta, sino por medio de eufemismos, abreviaturas, circunloquios u otras figuras literarias, para evitar que el santo nombre fuera profanado por una destrucción accidental, natural o provocada de su soporte físico.

Las comunidades judeo mesiánicas también creemos en la oración del nombre de JESÚS ¿Qué significa esto? Significa que cuando oramos, nuestra oración reflejan las actitudes, sentimientos, objetivos y propósitos del mesías. Significa que creemos firmemente estar en la presencia de Dios, Padre bueno del cielo, cuando le invocamos por medio de YESHUA, que cumplió en su vida todo lo que Dios le encomendó, hasta su muerte en la cruz de los romanos, su entierro y su resurrección. Por su vida carente de pecado él fue elevado de la muerte y resucitado al tercer día. Por su resurrección creemos que él tiene el poder, no sólo de perdonar nuestros pecados, sino de darnos la victoria absoluta sobre la muerte, porque ha vencido al enemigo, una vez para siempre. Y creemos que no hay otro nombre, no hay otra persona, no hay otra autoridad más que la suya:

Por eso Dios lo engrandeció y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y en el abismo” (Filipenses 2,9–10)

martes, 11 de noviembre de 2014

POBREZA ES...

POBREZA ES.... Tener un trabajo, desde hace ocho años, que ni remotamente tiene que ver con aquello para lo que me estudié y me preparé, que no necesita especialización ninguna, que en la propia categoría profesional te clasifican como "auxiliar sin preparación", con la mera retribución del SALARIO MÍNIMO INTERPROFESIONAL, y pare usted de contar, que supone, pese a todo, estar trescientos sesenta y cinco días al año en el puesto de trabajo, a turnos de 8 horas, seis días a la semana, e incluyendo los festivos más señalados para lo que se supone una persona que vive en una comunidad de vida religiosa: Todos los Santos, la Virgen del Pilar, la Asunción, la Inmaculada, todos los Domingos de Diciembre, el primer Domingo de Enero y el primer Domingo de Julio.

POBREZA ES... Que pese a esa dignidad que es el trabajo, que nos construye y dignifica como personas y nos hace co-creadores en la tarea de "someter y hacer fecunda la tierra", que nos hace ciudadanos y miembros útiles de la comunidad social, y que a que en las actuales circunstancias todos te recuerden, como una especie de jaculatoria, que "tener trabajo hoy en día es una bendición", que en esta casa "el fin de mes" empiece el día 12 de cada mes, porque el salario es tan exiguo que sólo alcanza para pagar, pagar y pagar, aquello que no son más que otras necesidades básicas: el agua, la luz, el teléfono...

POBREZA ES... Que a primeros de mes, recién cobrada la nómina, en esta casa "llamar al restaurante chino" sea un lujo, por aquello de hacer algo diferente, con ilusión; o que ir al cine, tomarse una cerveza o un café en la calle se considere un lujo innecesario, cuando no se hace, sin más remedio ¡alguna vida social hemos de tener! y te queda cargo de conciencia, o te sientes mísero porque si aceptas salir con alguien es a expensas de que te invite... POBREZA ES... Que la ropa te la siga comprando tu madre, no tanto porque no comparta tu forma de vestir, sino porque se da cuenta de que "donde no hay no hay" y es su forma de ayudar, aprovechando las excusas de cumpleaños, santos o Reyes, para comprarte esos pijamas, jerseys, camisas o pantalones que tú no puedes, o irías hecho un desastre con la misma ropa desgastada de hace lustros....

POBREZA ES... Ir a comprar al supermercado, un tarro de garbanzos, para una lata de callos, que por misericordia de Dios, has encontrado "muerta de risa" en la despensa y que encima te falten veinte céntimos, y te quedes en la cola del supermercado casi con lágrimas en los ojos, y la cajera, adivinando tu mirada te diga "yo te los presto", o que te fíen en la tiendecilla del barrio, no tanto por lo que eres, sino porque saben que eres pobre, pero honrado, una buena persona y que, encima, está ayudando a otros...

POBREZA ES... Que en esta casa llevamos ocho años, las mismas dos personas, con los mismos electrodomésticos y que hayamos evolucionado, sin cambiar para nada nuestros hábitos de vida, de una media de cincuenta y tantos euros de luz a unas facturas que no bajan nunca, desde hace meses, de ciento y pico euros... o que el agua, sin que yo crea que haya una piscina escondida en algún lugar de la casa, haya pasado de apenas treinta euros al mes a una factura que ya roza los cincuenta...

POBREZA ES... Pese a lo anterior, el compromiso de ayudar, desde esta casa, a una señora del barrio, que vive sola, tiene ochenta años, no se maneja con los servicios sociales, y que llama "DNI" al "bono transporte", haciéndole todos los meses un suministrillo de comida, a veces más generoso, a veces más exiguo, sacándolo y quitándolo, literalmente, de lo nuestro, y que encima, el otro día, nos toque en casa para traernos una bolsa de pescado fresco que el Ayuntamiento, por medio de la Ayuda Social del Barrio, le habían entregado a ella, porque "no le gusta"... y cogerle la bolsa llorando mientras piensas "¡Esto es inaudito, los más pobres ayudando a pobres!"...

POBREZA ES... Estar enfermo, y descuidar el seguimiento de la enfermedad, porque con razón o sin ella, cuando alcanzo picos de peligrosidad en el seguimiento de la misma, me da reparo darme de baja en el trabajo, no sólo porque "te largan cien euros de la nómina" sólo por los tres primeros días de baja, sino porque vives con el temor de a ver si a la empresa le da por sustituirte por otro trabajador que les merezca más la pena, en el sentido de no tener una enfermedad crónica incurable que no deja de ser un auténtico "coñazo" para la empresa cada vez que recaigo por aquello de las reestructuraciones del cuadrante, buscar sustitutos o simplemente hacer doblar al resto de tus compañeros para suplirte...

POBREZA ES... Y pese a que mucha gente no lo entienda, o nos regañe por ello, tener dos perrillos en casa, con el compromiso de que, igualmente hay que alimentarlos, cubrir sus necesidades médicas (revisiones, veterinarios, vacunas) pero con el convencimiento de que en ellos, "como las aves del cielo y las florecillas del campo" se muestra la Providencia de Dios, porque en esta casas son un recordatorio permanente de que "si nosotros cuidamos de ellos, providentemente, de la misma manera el Señor velará por nosotros"... Porque como siempre les decimos, cuando se ponen muy pesados, cuando llega su hora de comer "¡No protestéis tanto que, a veces, sois los únicos que coméis en esta casa!", porque por muy mal que vaya todo, muy vacía que esté la despensa o el frigorífico, las criaturas han tenido siempre, por opción, un cacho de pan o un cuenco de arroz....

Esta es la POBREZA y lo más triste, aunque haya muchos estudios sociológicos y económicos que se empeñen en vendernos lo contrario, todo ello trabajando, que es peor, y más triste aún, como dice el célebre poema "¿Habrá alguien más triste y mísero que yo? Y halló la respuesta viendo, que iba otro pobre cogiendo, las sobras que él se dejó..."

viernes, 7 de noviembre de 2014

TAMBIÉN SOMOS PROFETAS POR EL BAUTISMO


JUAN PABLO II, en la Exhortación Apostólica Postsinodal "CHRISTIFIDELES LAICI", tras el Sínodo del año 1987, sobre el papel de los laicos en la Iglesia, nos recordaba (en su número 14) algo que, aunque debería ser sabido, sorprende todavía a muchos fieles: "Que por el Bautismo, todos los fieles bautizados participamos de la triple condición de Sacerdotes, Profetas y Reyes", aunque dejemos que sea él mismo el que nos lo recuerde:


El apóstol PEDRO escribe: "Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida y preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, sois utilizados en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo (...) Pero vosotros sois el linaje elegido, el sacerdocio real, la nación santa, el pueblo que Dios se ha adquirido para que proclame los prodigios de aquél que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz (...)

(1 Pedro 2, 4-5, 9).

He aquí un nuevo aspecto de la gracia y de la dignidad bautismal: los fieles laicos participan, según el modo que les es propio, en el triple oficio -sacerdotal, profético y real- de Jesucristo. Es este un aspecto que nunca ha sido olvidado por la tradición viva de la Iglesia, como se desprende, por ejemplo, de la explicación que nos ofrece San AGUSTÍN del Salmo 26: 

"DAVID fue ungido rey. En aquel tiempo, se ungía sólo al rey y al sacerdote. En estas dos personas se encontraba prefigurado el futuro único rey y sacerdote, Cristo (y por esto "Cristo" viene de "crisma"). Pero no sólo ha sido ungida nuestra Cabeza, sino que también hemos sido ungidos nosotros, su Cuerpo. Por ello, la unción es propia de todos los cristianos; mientras que en el tiempo del Antiguo Testamento pertenecía sólo a dos personas. Está claro que somos el Cuerpo de Cristo, ya que todos hemos sido ungidos, y en El somos cristos y Cristo, porque en cierta manera la cabeza y el cuerpo forman el Cristo en su integridad". 

(San AGUSTÍN, "Enarratio in Psalmis", XXVI, II, 2).

Siguiendo el rumbo indicado por el Concilio VATICANO II ("Lumen Gentium", nº 10), ya desde el inicio de mi servicio pastoral, he querido exaltar la dignidad sacerdotal, profética y real de todo el Pueblo de Dios diciendo: «Aquél que ha nacido de la Virgen María, el Hijo del carpintero -como se lo consideraba-, el Hijo de Dios vivo -como ha confesado Pedro- ha venido para hacer de todos nosotros "un reino de sacerdotes". El Concilio Vaticano II nos ha recordado el misterio de esta potestad y el hecho de que la misión de Cristo -Sacerdote, Profeta-Maestro, Rey- continúa en la Iglesia. Todos, todo el Pueblo de Dios es partícipe de esta triple misión».

Hasta aquí la teoría, bellamente expresada por JUAN PABLO II, ahora vayamos a la práctica:


Nadie duda de nuestra condición de "sacerdotes", en referencia a esa otra alusión, que es la referente al "sacerdocio común de todos los fieles bautizados", pues, en efecto, podemos orar, podemos interceder, podemos alabar, podemos dar gracias a Dios, todo ello sin intermediarios, evidentemente participamos de la celebración de la Eucaristía y del resto de los sacramentos, en la parte que nos corresponde (salvando el sacerdocio ministerial, con el que evidentemente, no se enfrenta), o dicho de forma más bella, con San PABLO: "Ahora, hermanos, por la misericordia de Dios, os exhorto a ofreceros como sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios: sea ése vuestro culto espiritual" (Romanos 12,1).

Tampoco solemos dudar mucho de nuestra condición de "reyes", participamos de la dignidad real de Cristo, por quien "ya no nos llamamos siervos, sino amigos" porque nos introduce en la misma familiaridad que tiene con el Padre (cfr. Juan 15,15)), en igualdad de condiciones, todos hemos sido hechos hijos, por el Hijo, Jesucristo, Nuestro Señor, sobre todos nosotros, en efecto, se ha dicho, el día de nuestro bautismo "Tú eres mi hijo, amado, mi predilecto" (Lucas 3,15-16).

Más cuesta arriba se nos hace pensar en nuestra condición de "profetas", más aún en el ejercicio de la "profecía", no en vano dice el profeta JOEL para todos nosotros "Yo derramaré mi espíritu sobre cada hombre y vuestros hijos y vuestras hijas se convertirán en profetas" (Joel 3, 1) Ahora cabría preguntarse... ¿En qué consiste nuestro ser profetas por el bautismo? 

Contrariamente a lo que se piensa, por parte de los ignorantes, "ser profeta" no consiste, ni mucho menos, en "adivinar el futuro" (otra cosa es lo que más adelante se dirá). "Ser profeta" ante todo es estar enamorado, ser servidor de la Palabra de Dios, como bien dice el Señor, por boca de ISAÍAS:

"Como el cielo está por encima de la tierra, mis caminos están por encima de los vuestros y mis planes de vuestros planes. Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé semilla al sembrador y pan para comer, así será mi Palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo" 

(Isaías 55,9-11)

Esa es la misión del profeta, velar para que la "Palabra del Señor sea eficaz y cumpla su encargo", por eso es un hombre, ante todo, que ora y medita constantemente la Palabra de Dios, lo que le lleva a estar atento a todo lo que sucede a su alrededor, a la historia, a los signos de los tiempos, porque la Palabra de Dios constantemente dinamiza la historia humana, nunca se repite, y nunca es ineficaz, eso aunque a veces no seamos capaces de ver, ni de entender nada (muchas veces por esa falta de oración y contemplación previa de la Palabra de Dios), por eso dice también ISAÍAS, refiriéndose a los que vienen a él pidiendo profecía:

"Vigía, ¿qué queda de la noche? Vigía, ¿qué queda de la noche?" Responde el vigía: "Vendrá la mañana y también la noche. Si queréis preguntar, preguntad, venid otra vez" (Isaías 21, 11-12)

"Si queréis preguntar, venid otra vez" (parece que es la versión , porque el profeta escudriña la Palabra de Dios y la contrasta con la historia, con los hechos, pero no siempre tiene que tener respuesta o tenerla clara. En otras ocasiones -a veces- ese "estar alerta del profeta, cual centinela"- hace que su interpretación sea acertada, no que adivine el futuro, sino que su fina percepción de la realidad, a la sombra de la Palabra y la oración, hace que su interpretación se manifieste acertada, que es una cosa distinta a "adivinada", como supongo que se entiende bien claro.

Evidentemente, la Palabra de Dios "no casa siempre bien" con la realidad de la historia humana y sus derroteros, por eso es misión del profeta percibir estos desajustes y denunciarlos, como bien dice el Concilio VATICANO II respecto de la dimensión profética de los bautizados:

"Fuertes en la fe y en la esperanza, aprovechan el tiempo presente y esperan con paciencia la gloria futura . Pero no escondan esta esperanza en el interior de su alma, antes bien la manifiestan, incluso a través de las estructuras de la vida secular, en una constante renovación y en un forcejeo «con los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos».

Anuncian a Cristo pregonándolo por el testimonio de la vida y por la Palabra, adquiere una característica específica y una eficacia singular por el hecho de que se lleva a cabo en las condiciones comunes del mundo.

Por consiguiente, los laicos, incluso cuando están ocupados en los cuidados temporales, pueden y deben desplegar una actividad muy valiosa en orden a la evangelización del mundo (...) dedíquense los laicos a un conocimiento más profundo de la verdad revelada y pidan a Dios con instancia el don de la sabiduría.

(cfr. LUMEN GENTIUM, nº 35)

En un documento sobre "el bautismo" de la Diócesis de CORIA-CÁCERES que he encontrado también se expone esta dimensión profética de los bautizados de forma parecida, aunque ejemplificando esta dimensión:

El bautizado participa en la función profética  de Cristo cuando anuncia la Buena Noticia con sus palabras y con el  testimonio de una conducta conforme al Evangelio; cuando hace que  resplandezca la novedad y la fuerza del Evangelio en su vida  cotidiana,familiar y social; y cuando denuncia el mal con  valentía. Corresponde a los bautizados predicar el Evangelio en las nuevas ágoras de la sociedad: En la política, en la cultura, en la economía, en la defensa de la vida, en los medios de comunicación social, en la defensa y opción por los pobres...

Esto es ser profetas: Amad la Palabra de Dios, buscadla, deseadla, estad atentos a la historia de los hombres y mujeres del mundo de hoy, contrastad la Palabra de Dios con la realidad, denunciad todo aquello que no es de Dios, todo aquello que atenta contra el hombre "obra preciosa de sus manos"... y todo ello de forma nueva, dinamizadora, creadora y creativa... y cuando -como MARÍA- "guardéis todo (la Palabra) en el silencio de vuestro corazón", en medio de la noche recordad las palabras que el Señor le dice a JEREMÍAS:

"El Señor me dirigió la palabra: "¿Qué ves, JEREMÍAS?" Respondí: "Veo una rama de almendro". Me dijo: "¡Has visto bien! Yo también estoy alerta para cumplir mi palabra". (Jeremías 11,1)


Con este juego de palabras el Señor enseña a JEREMÍAS lo que es ser profeta, por medio del almendro (en hebreo "shaqed") y del verbo vigila, función de vigilante (en hebreo "shoqed")... Estad siempre atentos, a la escucha de la Palabra de Dios, y ahora permitidme que recree esta cita en palabras de Mª EMILIA RIQUELME, en una cita, de su infancia en la guarnición militar de PAMPLONA, cuando era pequeña, pues su padre era militar, cuando quería exponer a sus religiosas el sentido de esta escucha atenta y vigilante de la Palabra de Dios:

"¡Alerta, centinela! ¡El centinela alerta está!"

sábado, 1 de noviembre de 2014

DÍA DE TODOS LOS SANTOS
DÍA DE TODOS LOS DIFUNTOS


La Iglesia, nacida bajo el impulso del Espíritu Santo en Pentecostés, participa plenamente de todos los dones del Espíritu Santo con que la engalana, entre ellos destaca la sabiduría, y haciendo uso de la misma, la Iglesia nos enseña, educa y catequetiza, por medio de instrumentos tan plásticos, bellos y sublimes como, en este caso, la liturgia. Por eso, no es cuestión baladí, ni accidental, que la Iglesia ponga ante nuestros ojos, para nuestra reflexión, cogidas de la mano, tanto la festividad de "todos los santos" como la de "todos los fieles difuntos", y lo hace en el contexto del tiempo otoñal, quizás, porque estos tonos marrones verdosos, este gris del cielo, la lluvia, el olor a tierra mojada, la muerte aparente de la vida -que brotará con toda su fuerza en Primavera- nos ayuda a meternos más en la muerte, su sentido y alcance cristiano.


La festividad de "todos los santos" nos invita a contemplar el tesoro de la Iglesia, el conjunto de todos sus hijos e hijas, que como dice San PABLO en su Carta a los Hebreos (12,1-2) "como nube tan densa de testigos" nos alienta constantemente, nos invita, nos dan fuerzas para "desprendernos de cualquier carga y del pecado que nos acorrala", para que consideremos la vida como una especie de "meta volante", al estilo de los ciclistas, no la meta definitiva "la carrera que nos espera" y todo ello "fijos los ojos en el que inició y consumó nuestra fe, Jesús"


Al fin y al cabo los santos no son ni más ni menos que eso, los que ya han culminado su paso por esta vida, en la fe, con sus luces y sus sombras, sus errores y sus aciertos... solemos considerar que la santidad no va con nosotros, porque erróneamente encumbramos a los santos a la categoría de superhéroes, o extraterrestres, pero culpa de ello la tienen muchas veces sus biografías oficiales, que tienden a exagerar lo bueno, y a disimular bajo una alfombra lo malo, su ser pecadores, igual que nosotros, que a ellos, lo que les valió la santidad fue la constancia y la confianza, contra toda prueba en el Señor. 

¡Claro, imitar a los santos, como si eso fuera posible! -Es que ya me imagino vuestra objeción- pero es que, al hablar de los santos, solemos caer en otro error:

Nos gusta fijarnos siempre en lo más espectacular y en lo más ostentoso... Querríamos ser tan pobres como San FRANCISCO de ASÍS; tan cabezones en lo bueno como Santa TERESA de JESÚS de ÁVILA; hacer tantos milagros como San MARTÍN de PORRES;  ser tan amantes de la Virgen María como Santo DOMINGO de GUZMÁN; y claro... al no conseguirlo, nos creemos que nunca llegaremos a ser santos y nos desalentamos.

¡No, hombre, no...! ¡No te fijes en esos santos que nos pillan tan lejos! Fíjate en los santos de hoy en día, los que han conocido la luz eléctrica, los coches, la radio, los semáforos, los que han sabido lo que es una nómina pequeña, o no llegar a fin de mes, han sabido lo que era la televisión, o el periódico, o el cine, los que sabían ser santos en el mundo con sus mismos problemas en los que tú te hayas inmerso.... Ejemplos no te faltarán, te vale cualquier santo o beato cuya vida haya transcurrido a lo largo del Siglo XX.

Evidentemente, nadie puede ser santo en vida, quizás por aquello de que "si el grano de trigo no muere, no da fruto" el testimonio de una vida sólo se asevera con el paso acrisolado del tiempo, de aquellos que quieren imitarlo, y sentirse inspirados por ello, lo que nos lleva a la segunda celebración "la de todos los fieles difuntos".

Y es que en el fondo, santos anónimos, no reconocidos oficialmente -es decir, no canonizados o no beatificados como tales- hay muchos, tantos como gente buena haya fallecido, y nos es legítimo pensarlo y creerlo así, la Iglesia así nos lo enseña, porque ella, como maestra de misericordia, puede aseverar, sin equivocarse que San JUAN PABLO II, está en el cielo, orando e intercediendo por nosotros, sin temor a equivocarse, pero a la inversa, la Iglesia nunca afirmará, con la misma rotundidad que alguien esté definitivamente en el infierno (juicio que no hace, ni siquiera de JUDAS, por citar el más evidente), y es que, la misericordia de Dios es un abismo insondable, ese seno de Abrahán, como dice el Antiguo Testamento que se encontraban dormidos los justos, los ancianos, los patriarcas, los profetas... y lo mismo podemos decir de aquellos que ya han realizado su itinerario por la vida, y se hayan en esa sala de espera que es el purgatorio (recordad la tradicional distinción entre la Iglesia Triunfante, la que ya está en la Gloria de Dios; la Iglesia Purgante, la que espera gozosa en la salvación; y la Iglesia Militante, la que aún en la tierra anuncia a Cristo y construye el reino) porque sabemos que por ese misterio de la "comunión de los santos" -como los espectadores de la carrera de los que hablaba San PABLO- todos podemos animarnos mutuamente, confortarnos mutuamente, orar los unos por los otros, interceder recíprocamente.

Por eso es legítimo que hoy consideremos santos a los que nos precedieron, a los que nos dejaron el ejemplo de su fe, de su vida buena, santos anónimos, buenos difuntos, y eso vale para el párroco de tu bautismo, tu catequista de primera comunión, tus abuelos, tus padres, tus amigos, tus conocidos, todos aquellos que ya hayan fallecido... Oremos por ellos, en lo que lo necesiten, como ellos interceden por nosotros, en su caso, e imitémosles en lo que de bueno y ejemplificante fueron para nosotros.