domingo, 31 de mayo de 2015

OCTAVARIO DE PREPARACIÓN AL CORPUS CHRISTI
DÍA QUINTO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

Sin mí, no podéis nada.  (Juan 15,5)

Un famoso arquitecto protestante fue a ver una iglesia católica recién edificada, interesado por su valor artístico. Dado que el párroco no estaba en casa, fue el monaguillo el que le hizo de guía en su improvisada visita. Al pasar por delante del altar el muchacho hizo la correspondiente genuflexión ante el Sagrario, donde estaba reservado el Santísimo Sacramento.

- ¿Por qué has hecho eso?

Y el muchacho expuso, desde sus luces y su parvo conocimiento, como pudo, la doctrina sobre la presencia real y verdadera de Jesucristo en la Eucaristía.

- ¿Entonces, tú crees que Dios está real y verdaderamente presente en el Sagrario?

La respuesta del muchacho, evidentemente, fue afirmativa.

- ¡Caramba -exclamó el arquitecto- si yo creyera que eso es verdad, andaría de rodillas por toda la Iglesia!

Por supuesto que no vamos a andar de rodillas por toda la iglesia, pero sí podemos darnos más cuenta de quien vive en ella, porque en ella se encuentra verdadera y realmente la presencia real de nuestro Dios... ¡Ni más, ni menos!

Reflexión

Que cuando entremos en una iglesia nuestra primera mirada sea al Sagrario. Que nuestras primeras palabras sean para Él. Que cada vez que pasemos ante el Sagrario hagamos una genuflexión bien hecha, no un simple paripé, de rodillas en el suelo, con la mirada devota puesta sobre el Sagrario. Que nos movamos por la Iglesia con respeto.

Porque en ella habita Dios. No hablemos en voz alta, no nos distraigamos, no nos sentemos directamente en el banco, pues sería descortés no saludar al dueño de la casa, pongámonos un momento de rodillas en oración.

Porque en ella habita Dios. Cuidemos la forma de vestir, la forma de colocar las flores y el ornato, colaboremos para que el edificio se mantenga de forma noble y digna, que haya belleza, que haya arte...

¿Cómo estamos en la Iglesia? ¿Tratamos a Dios con reverencia? ¿O estamos en la Iglesia como quien está en cualquier otro lugar?

Sin ti, Señor, nada puedo, pero te tenemos tan cerca, tan siempre a nuestro alcance... Siempre que algo me preocupe o me alegre que tenga la necesidad de acudir, donde ti, a compartirlo contigo. Y en el Sagrario, los dos solos, hablar de esos temas contigo, así podré preguntarte, contarte, pedirte, llorarte, reirte, agradecerte... Que MARÍA y San JOSÉ que tanta preocupación tuvieron en cuidar al Señor me enseñen a cuidarte yo a ti en el Sagrario, que ellos me lleven a él.

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

sábado, 30 de mayo de 2015

OCTAVARIO DE PREPARACIÓN AL CORPUS CHRISTI
DÍA CUARTO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

Los judíos se pusieron a discutir: ¿Cómo puede éste darnos de comer su carne? Les contestó Jesús: Os aseguro que si no coméis la carne y bebéis la sangre de este Hombre, no tendréis vida en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día (Juan 6, 52-54)


Al célebre escritor británico, C. S. LEWIS se le murió su mujer HELLEN, de la que estaba profundamente enamorado. Sus primeros días y semanas como viudo son tremendamente duros para él: Soledad, vacío, impotencia, recuerdos, amor y fe... ¡Cuánto echa de menos a su mujer!  Y descubre que, ahora, a su mujer sólo la tiene en imágenes, en las imágenes de las fotografías que conserva por la casa, o las que guarda en su recuerdo. Pero esas imágenes "no son HELLEN" Las fotos y los recuerdos consuelan poco, porque él lo que necesita es a su mujer, HELLEN, no imágenes de ella... esas imágenes, fotos y recuerdos no tienen valor alguno...

Este pensamiento le lleva a pensar en la Eucaristía, escribirá -tiempo después- cómo al comulgar el sacerdote le dará una hostia fría, insípida, redonda e insignificante, entonces cae en la cuenta de que puede ser tanto una desventaja, o una ventaja, según se mire, que aquella hostia realmente tampoco se parezca en nada a lo que realmente es, y une este sentimiento al de su esposa ausente y afirma "Necesito a Jesucristo, no a nada que se le parezca, lo mismo que quiero a HELLEN y no a nada que se le parezca".

Tenemos al Señor en el sagrario, aunque no lo parezca. Lo que tiene importancia es que se trata del mismo Señor, del mismo Cristo, lo de menos es que se le parezca o no.

Reflexión

Santa TERESA, en este mismo sentido, afirmaba  que es una gran ventaja que la hostia no se pareciera a Jesucristo en toda su grandeza: 

"Además, si le viéramos en verdad... ¿Cómo podría una pecadorcilla como yo osar si quiera sostenerle la mirada o estarse en su presencia?" 

Y pese a todo confiesa que al ir a comulgar, a veces, se le erizaba el pelo y creía que iba a ser aniquilada. ¡Quién se atrevería, si le viéramos en toda su majestad, acercarse a él de forma tan tibia, tan rutinaria, tan imperfecta! 

Y recemos: "¡Oh, Señor mío, si no estuviera velada vuestra grandeza ¿Quién cómo yo para acercarse a ti!"

Jesús, es a ti, a quien necesito, y eres tú quién está en el sagrario. No me importa que no se parezca en nada a tu persona, casi mejor que así sea, así creo, pero quiero creer mucho más, que me dé cuenta, que me haga consciente, de que estás vivo, real y presente, en el sagrario, esperándome, escuchándome, consolándome, orientándome.... todo ello en el sagrario, y gracias.

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

viernes, 29 de mayo de 2015

OCTAVARIO DE PREPARACIÓN AL CORPUS CHRISTI
DÍA TERCERO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que me envió vive y yo vivo por él, así quien me come vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo y no es como el que comieron vuestros padres, y murieron. Quien come este pan vivirá siempre. Esto dijo enseñando en la sinagoga de Cafarnaún. Muchos de los discípulos que lo oyeron comentaban: Este discurso es bien duro: ¿quién podrá escucharlo? Jesús, conociendo por dentro que los discípulos murmuraban, les dijo: ¿Esto os escandaliza? ¿Qué será cuando veáis a este Hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen -desde el comienzo sabía Jesús quiénes no creían y quién lo iba a traicionar. Y añadió: Por eso os he dicho que nadie puede acudir a mí si el Padre no se lo concede.  (Juan 6,56-65)

"Oiga, que no tengo fe" - Le decía preocupado un chaval a un sacerdote. Al preguntarle por la causa le contestó "Porque cuando me pongo delante del sagrario no siento nada y no acabo de ver ahí a Jesucristo".

No. No, esa no es la fe. La fe no es sentir, sino ¡ASENTIR! ¡Afirmar con la cabeza que crees eso! La fe es un regalo de Dios por el que yo afirmo con mi cabeza (aunque no lo vea o no lo entienda) que lo que él dice es verdad ¿Y cómo voy a dudar de él si todo lo que ha hecho es obra suya?

"La presencia  de Jesús en la eucaristía bajo dimensiones tan pequeñas y en tantos lugares a la vez parece plantear dos dificultades ¿Cómo puede un cuerpo humano estar presente en un fragmento tan pequeño? ¿Y cómo podría estar un cuerpo humano en varios sitios a la vez? Estas contradicciones, para qué vamos a negarlo, se resuelven de un plumazo con la ayuda de la fe: Es posible porque para Dios nada hay imposible, si él mismo estableció las leyes de la física y de la naturaleza, y del orden creado, de la misma manera puede suspender dichas leyes si es que le conviene, ya que ello no le cuesta esfuerzo a su todo poder" (JESÚS MARTÍNEZ, "Hablar de Dios")

Reflexión


Si has hecho el CAMINO DE SANTIAGO a pie, o en bicicleta, cuando se abandona la provincia de LEÓN y se sube el puerto de POIO, se pasa por la Capilla de CEBREIRO, donde una tradición muy fuerte, corroborada por muchas fuentes históricas, arqueológicas y populares sostiene lo que sigue:

Un monje celebraba la Eucaristía en la capilla, un día muy desapacible de frío, viento y lluvia. Y hete aquí que un pobre campesino del pueblo de BAXAMAIOR, al pie de la montaña, había hecho bajo esas condiciones climáticas el camino para poder asistir a la Eucaristía. El monje, que celebraba casi rutinariamente, viendo el sacrificio del pobre campesino, tuvo un momento de desprecio y pensó para sí "¡Qué exagerado, con el tiempo que hace, más le valiera no haber venido!" En ese momento, en la consagración la hostia de pan se convirtió en carne real, caliente y palpitante, mientras el vino del cáliz hizo lo propio en sangre que bullía con tanta fuerza que manchó los corporales.

Dame, Señor, una fe grande. Yo quisiera comulgar con frecuencia y cariño para que tú estuvieras en mí y yo en ti. Tú, Señor, dame una fe más grande, para que me convenza de que cualquier sacrificio es poco para poder estar contigo físicamente, junto al sagrario, o en el momento de la celebración eucaristíca. Quiero visitarte todos los días un momento. Y cuando pase junto a una Iglesia, al menos que te salude desde fuera, si es que no puedo entrar, diciéndote "¡hola!" desde lo más profundo y sincero de mi corazón, que mi ángel de la guarda se encargue, en todo caso, de recordármelo, cuando pase por delante de una Iglesia.

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

jueves, 28 de mayo de 2015

OCTAVARIO DE PREPARACIÓN AL CORPUS CHRISTI
DÍA SEGUNDO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

Mientras cenaban, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo: "Tomad y comed, esto es mi cuerpo" Tomando la copa, pronunció la acción de gracias y se la dio diciendo: "Bebed todos de ella, porque ésta es mi sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados".  (Mateo 26,26-28)


San JUAN BOSCO tenía, como se sabe, una profunda devoción a MARÍA AUXILIADORA. El día de su fiesta organizó con toda ilusión y mucho esfuerzo la Eucaristía para todos los chavales a los que enseñaba. La Iglesia estaba llena de ellos: Unos seiscientos, que iban a comulgar. Había preparado para ello un gran copón con las formas precisas a tal número de asistentes. Pero el sacristán se olvidó de llevarlo al altar. Habiendo pasado ya el momento de la consagración es cuando se percata del olvido. Ahora la distracción ya no tiene remedio ¿Qué va a ocurrir ahora, Señor? ¿Qué desilusión va a haber entre todos los asistentes que empiezan a llenar ya los pasillo del comulgatorio? Porque, evidentemente, ninguno de los presentes sabe lo que está sucediendo. De hecho, San JUAN BOSCO tampoco lo sabe, aunque está a punto de darse cuenta al abrir el sagrario y comprobar, que, en efecto, la reserva es escasa para tanta afluencia de gente. en seguida comprende el terrible olvido de su sacristán, mientras se dirige a dar la comunión, y mentalmente dirige su súplica a la virgen:

- Señora ¿Vas a dejar que tus hijos vuelvan a casa sin comulgar?

toma el pequeño copón de la reserva y comienza a dar la comunión, y aquellas escasas hostias parecen no llegar nunca al fondo del copón... El sacristán, sorprendido, no hace nada más que frotarse los ojos, no dando crédito a lo que está viendo, pese a su olvido. Al terminar la eucaristía, mientras ayudaba a San JUAN BOSCO a desvestirse en la sacristía, con el célebre copón olvidado sobre la credencia, le dice:

- ¿Cómo a podido dar la comunión a tantísima gente sólo con la reserva? ¡Ha sido un milagro! ¡Es un milagro que ha hecho usted, Don BOSCO! 

- ¡Bah! - le dice San JUAN BOSCO con indiferencia. Aparte del milagro de la transutanciación que obra el sacerdote en la ecuaristía, aquí no ha habido milagro ninguno, y en todo caso ¡sería cosa de la virgen!


Reflexión

Es verdad, el milagro que ocurre cada día en la consagración es mucho más grande que el de la multiplicación de los panes y los peces... el Señor no nos dejó lugar a dudas: "Este es mi cuerpo", porque esto que sigue pareciendo pan, ya no es pan, es mi cuerpo.

La transustanciación es el milagro que ocurre en la consagración: El pan deja de ser pan aunque siga pareciendo pan; sólo cambia la sustancia, dicho sencillamente, lo que se ve y lo que no se ve.

¿Y cómo puede el sacerdote hacer diariamente este milagro? Porque el Señor mandó a los apóstoles "Haced esto en memoria mía" y como el Señor no puede mandarnos nada imposible, es que los apóstoles primero, y luego sus sucesores, pueden hacer esto mismo, cambiar el pan en su cuerpo y el vino en su sangre.

Creo, Señor, pero ayúdame a creer más. Quiero asistir a la eucaristía más frecuentemente, quizás sea el propósito que me haga hoy, con una fe más grande. Concédemela tú, que yo sólo por mies medios nada puedo, aunque sean mis buenos propósitos. Y que sepas que me duelo de las veces que he acudido a misa de forma indolente, por compromiso, distraidamente, con rutina... y sobretodo, ¡hasta con falta de cariño! Por todo ello, te pido perdón ahora.

(Se puede hacer el compromiso sincero de adorar, cierta y realmente, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, cuando el sacerdote los eleva, a la contemplación de todos, durante la consagración, y decid esas palabras, que recitan algunas personas mayores, en ese preciso momento, recordando la profesión de fe del apóstol TOMÁS: "¡Señor mío y Dios mío!"

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

miércoles, 27 de mayo de 2015

OCTAVARIO DE PREPARACIÓN DEL CORPUS CHRISTI
DÍA PRIMERO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

"Este es mi cuerpo" (Mateo 26,26)


Un día de verano, mientras celebraba misa un padre agustino, una mosca revoloteaba alrededor del cáliz, que estaba sin cubrir. Aunque el sacerdote alejaba la mosca con la mano, ésta vuelve una y otra vez hacia el cáliz, apoyándose, de vez en cuando, incluso en el borde. La mosca es tan insistente que al final acaba por distraer a todos. Cuando termina la misa el sacerdote se dirige a los presentes: "Quizás os hayáis distraído, pero yo pensaba que todos deberíamos hacer como esta mosca, buscar la cercanía de la Sangre del Señor, una y otra vez, con la misma perseverancia".

Pidamos al Señor durante estos días ser como esa mosca: Revolotear a su alrededor. Y aunque las actividades del día nos alejen físicamente de su presencia, que nos ayude a elevar la mirada por encima de los muchos sagrarios que hay en nuestras ciudades. ¡Búscale! ¡Búscale muchas veces en el sagrario durante estos días!

Reflexión

Gracias, Dios mío, por amarme tanto, aunque bien mirado es lógico que así sea ya que soy tu hijo... Pero... ¡qué hayas hecho la locura de hacerte pan! ¿Y cómo te tratamos los hombres? ¿Cómo trato yo? Durante estos ocho días voy a procurar tratarte bien, en serio... Señor, quiero visitarte más, adorarte más, y perdona si hasta ahora no te he hecho el caso que debería...

Si se quiere se puede, sacar estos días un tiempo para hacer una visita al Sagrario, si lo conviertes en una actividad reglada del día, a una hora o un momento determinado, quizás después de estos ocho días lo conviertas en un hábito saludable, el más grande de tu día a día.

Y que no se te olvide ¡no vaya a ser! acompañarle en la procesión el día del CORPUS CHRISTI.

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

domingo, 24 de mayo de 2015

DOMINGO DE PENTECOSTÉS


LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO
DON DE SABIDURÍA
¡Nadie se engañe! Si alguno entre vosotros se cree sabio según este mundo, vuélvase loco, para llegar a ser sabio, pues la sabiduría de este mundo es locura a los ojos de Dios. En efecto, dice la Sagrada Escritura: El que enreda a los sabios en su propia astucia. Y también: El Señor sabe cuán vanos son los pensamientos de los sabios. Así, que nadie se vanagloríe en la sabiduría de los hombres, pues todo es vuestro, ya sea Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es vuestro, y vosotros sóis de Cristo, y Cristo es de Dios.

(1 Corintios 3, 18-23)

El don de sabiduría nos capacita para entender las cosas del Señor, que normalmente no entiende el mundo, que se mueve por otro tipo de valoraciones y de motivaciones. Verdaderamente nuestra mayor locura es ésta, creer en Jesucristo, y éste, crucificado, vivo y resucitado.

DON DE TEMOR DE DIOS

Como se acercaba la Pascua judía, Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el recinto del templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados. Se hizo un látigo de cuerdas y expulsó a todos del templo, ovejas y bueyes; esparció las monedas de los cambistas y volcó las mesas; a los que vendían palomas les dijo: Quitad eso de aquí y no convirtáis la casa de mi Padre en un mercado. Los discípulos se acordaron de aquel texto: El celo por tu casa me devora.

(Juan 2, 13-17)

El don de temor de Dios nos capacita para acercarnos al Señor con respeto, no se trata de miedo, aunque la palabra temor nos lleve a pensar incoscientemente en ello, sino que se trata de intentar agradar al Señor, reverenciarle, adorarle, alabarle, con el mismo respeto que mostramos, por ejemplo, ante nuestros padres o abuelos. Por eso, en esta Palabra, el Señor se indigna con quienes no tratan con respeto, ni con amor, el lugar, la sede de Dios, el templo.

DON DE CIENCIA

Me maravilla que tan pronto hayáis dejado al que os llamó por puro favor, para pasaros a un evangelio distinto; no es que sea otro, sino que algunos os están turbando para reformar el evangelio del Mesías. Pero si nosotros o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea maldito.Como os tengo dicho y ahora os lo repito, si alguien os anuncia un evangelio distinto del que recibisteis, sea maldito.

(Gal 1,6-9)

El don de ciencia nos capacita para entender y valorar las cosas del Señor, es el discernimiento, en el lenguaje de los clásicos, y del que San IGNACIO DE LOYOLA fue todo un maestro. El Espíritu Santo nos ayuda a sí a buscar la verdad, allá donde se encuentre y se manifieste, sin dejarnos llevar por modas, sectas o falsos predicadores. Sólo el Señor y su Palabra nos bastan.

DON DE PIEDAD

Nosotros, los fuertes, tenemos que cargar con las flaquezas de los débiles y no buscar nuestra satisfacción.Busque cada cual la satisfacción del prójimo para lo bueno y lo constructivo.Tampoco el Mesías buscó su satisfacción, sino que, como está escrito: las afrentas con que te afrentan cayeron sobre mí. El Dios de la paciencia y el consuelo os conceda el mutuo acuerdo, siguiendo al Mesías Jesús.

(Rom 15,1-3.5)

El don de piedad nos capacita, como muy bien dice San PABLO en este texto, para reproducir en nosotros los mismos sentimientos que el Señor, su forma de obrar con el resto de nuestros hermanos, con paciencia y humildad. La piedad nos mueve a tener entrañas de misericordia para entender el dolor de nuestros semejantes, nos da paciencia para soportar sus defectos, nos enciende cuando se cometen injusticias contra los demás y nos enseña a perdonar cuando somos ofendidos.

DON DE CONSEJO

Uno de los jefes le preguntó: Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno fuera de Dios. Conoces los mandamientos: no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no perjurarás, honra a tu padre y a tu madre. Le contestó: Todo esto lo he cumplido desde la adolescencia. Al oírlo, Jesús le dijo:  Una cosa te falta, vende cuanto tienes, repártelo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme. Al oírlo, se puso muy triste, porque era muy rico.

(Lucas 18,18-23)

El don de consejo nos capacita para dar una palabra acertada a quien nos la solicita, pero no una palabra cualquiera, sino una palabra acorde con la voluntad del Señor, no con la nuestra, ni con nuestro criterio humano. Por eso el Señor no quiere que le llamen "maestro bueno", nosotros no busquemos escucharnos a nosotros mismos cuando alguien nos pida consejo, ni pretendamos que nos tomen por buenos por ello, y en segundo lugar aconsejar desde lo que creamos es mejor para ese hermano a la vista de la voluntad del Señor. Y cuando seamos nosotros, al contrario, los que solicitemos consejo de alguien, aceptémoslo con humildad y obediencia.

DON DE ENTENDIMIENTO

Ahora, hermanos, por la misericordia de Dios, os exhorto a ofreceros como sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios: sea ése vuestro culto espiritual. No os acomodéis a este mundo, antes transformaos con una mentalidad nueva, para discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno y aceptable y perfecto.

(Rom 12, 1-2)

El don de entendimiento nos capacita para entender las cosas de otra manera, para percibir la realidad con ojos nuevos, para enfrentarnos a los problemas desde una perspectiva diferente, para tener la misma longitud de onda que el Señor, saber entender las cosas como él las entiende, y es buscar en todo, como dice San PABLO, lo bueno y lo perfecto.

DON DE FORTALEZA

Cantaré al Señor, sublime en su victoria,
caballos y jinetes ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor, 
él fue mi salvación. 
Él es mi Dios: yo lo alabaré; 
el Dios de mi padre: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero, su Nombre es el Señor.

(Éxodo 15,1-3)

El don de fortaleza nos capacita para afrontar cualquier situación difícil, por imposible que parezca a los ojos de los hombres, o de nuestras propias fuerzas, con el coraje y el arrojo de un soldado que está a las órdenes de un general victorioso. Así nuestra oración de intercesión se siente eficaz y poderosa, así ningún enemigo de nuestra fe nos amilana, así nada nos puede separar, ni la muerte, ni la fatiga, ni el trabajo, ni la enfermedad, nada, absolutamente nada, del amor de Dios.


QUE LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO DESCIENDAN SOBRE NOSOTROS

Después de verificarse la efusión del Espíritu Santo, por el gesto de la imposición de las manos, el corazón siente dentro de sí todo el torbellino, el fuego, el celo, la fuerza del Espíritu Santo, que se manifestará en cada cual según su propia naturaleza y su predisposición interior, algunos estallarán en llanto, enfrentando su vida con el inmenso amor de Dios, otros en risas, porque quizá descubren cuán absurdo era tener un regalo sin abrirlo, otros caerán postrados, entregados a la adoración de la majestad y el señorío de Dios en sus vidas... pero todos, antes o después, sentirán que ese celo, ese fuego, esa fuerza, ese torbellino pugna por salir de su interior y entonces brotará y estallará la alabanza, la acción de gracias, el canto, el baile, la danza, y sin darnos cuenta alzamos las manos en la alabanza, no como un gesto aprendido, sino como el gesto del que quiere llegar tan alto que no alcanza...

Después de verificarse la efusión del Espíritu Santo, por el gesto de la imposición de las manos, el corazón siente dentro de sí todo el torbellino, el fuego, el celo, la fuerza del Espíritu Santo... y todos, antes o después, sentirán que ese celo, ese fuego, esa fuerza, ese torbellino pugna por salir de su interior y entonces brotará y estallará la alabanza, la acción de gracias, el canto en lenguas... ¿No sucede a veces que cuando alguien viene alborozado a darnos una gran noticia, supongamos, nos ha tocado la lotería, habla tan atropelladamente que no se le entiende? ¿No sucede que los niños, cuando aprenden a hablar, sienten la novedad de escucharse y de ejercitar la lengua, y se pasan las horas balbucenado y silabeando sin ton ni son? ¿No sucede entonces que toda la alabanza que brota de nuestros labios, a borbotones, se encuentra con que la lengua ya no puede seguirle el paso al corazón? Pues ese es el canto u oración en lenguas.

OREMOS AL ESPÍRITU SANTO

Espíritu Santo:
Tú sabes que los POBRES DE NAZARET
tienen un corazón bueno y generoso
que vienen con los brazos abiertos a la entrega,
la mirada alta, pero sin sueños de grandeza,
que le gusta lo difícil, lo nuevo...
Tú sabes que los POBRES DE NAZARET son rebeldes
no se conforman con echar un remiendo en un paño viejo.
Tú sabes que los POBRES DE NAZARET
no aguantan el ser moneda de dos caras;
que los POBRES DE NAZARET no sufren por la letra
y buscan el espíritu en las páginas desnudas del Evangelio.
Tú sabes que los POBRES DE NAZARET insatisfechos
no heredaron nada fácil, no encontraron las cosas a su gusto
y se lanzaron a abrir nuevos caminos.
Dales intrepidez, sinceridad y humildad.
Dales valor ante el riesgo
y prudencia en la aventura.
Dales encontrar en su tarea al Señor
camino, verdad y vida.

sábado, 23 de mayo de 2015

SÁBADO VII de PASCUA
"¡Ven, Espíritu Santo!"
En orante espera con MARÍA

LA CUENTA DE OMER Día.-49
"Ven, Espíritu Santo, Torrente de Aguas Vivas"



Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del Universo,
que nos has santificado dándonos el tiempo de gracia del Omer.
Hoy es el cuadragésimo noveno día
que hace la semana séptima de la cuenta de Omer,
falta un día para que tu Santo Espíritu,
Torrente de aguas vivas, nos unja.
Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del Universo
que nos has dado a tu hijo, Jesús, nuestro Mesías,
como Luz del Mundo que nos dices:
‘El Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de mí
lo que os irá comunicando.
Yo os enviaré el Espíritu Santo de la verdad,
él os comunicará toda la verdad’
Hermanos dediquémonos a la oración en común,
junto a María, la Madre de Jesús y todos los hermanos.
¡Aleluya! (Jn 16,14; Jn 16,7.13; Hch 1,14).
Espíritu Santo: ¡Lávanos! ¡Santifícanos! ¡Purifícanos!
¡Deifícanos! ¡Inúndanos! ¡Báñanos! ¡Cúranos!
¡Embellécenos con tus preciosos dones!
¡El mundo necesita de un nuevo Pentecostés!
¡El mundo necesita de una deslumbrante manifestación de tu grandeza!
¡Renueva a toda la Iglesia!
¡Ábrela a la gracia y a la misericordia!
¡Efusiónanos y avívanos de nuevo!
¡Haz llover sobre nosotros y la Iglesia una lluvia de dones y carismas!
¡Llévanos a la Estancia Superior!

AMÉN


NOTA.- Por si alguien aterriza hoy en el blog, y quiere saber de qué se trata nuestra propuesta de oración "La cuenta del Omer: Cincuenta días invocando al Espíritu" que se lea el artículo de ayer (seguid el enlace aquí), en donde se introduce esta piadosa costumbre judía, y otra curiosidad, a partir del día octavo, la cuenta -en la tradición judía- se hace tanto de los días como de las semanas completas que se llevan.

- - - O - - -

¡Se acabó esta tensa espera orada! Hemos terminado la Cuenta del Omer, la tradición judía por la que se lleva la cuenta de los días que pasan desde la fiesta de la Pascua hasta Pentecostés, días en los que no hemos dejado de decir, de imprecar, aún con gemidos inefables desde lo profundo de nuestro ser, con la misma ansiedad que los terrones de tierra resecos cuando intuyen la lluvia reparadora... ¡Ven, Espíritu Santo!

¡Ven, Espíritu Santo! Como dice el teólogo YVES CONGAR, O.P, en su excelente libro titulado "El Espíritu Santo", cuya lectura es obligada para todo el que quiera conocer el misterio, grandeza y profundidad de la acción del Espíritu Santo en la Palabra, en la historia y en los fieles, señala: "Toda la historia de las oraciones dirigidas al Espíritu Santo tienen un rasgo en común, son oraciones pidiendo su venida, desde el Veni Creator Spiritus..." Por lo tanto, en el día de hoy, más bien esta noche, en el que nos uniremos al sentir bimilenario de la Iglesia, imprecando nuevamente al Espíritu Santo, ¡Ven, Espíritu Santo, y renueva la faz de la Iglesia, haz nuevas todas las cosas!, sólo pretendo que os pongáis en oración, en torno a MARÍA e invoquéis al Espíritu Santo, en la forma que cada uno pueda, y sienta... y, por si acaso, si os ayuda a rezar os comparto los textos que se me antojan más bellos al respecto:

Ven, Espíritu Santo
(Súplica de San SIMEÓN, el nuevo teólogo)

Ven, luz verdadera.
Ven, vida eterna.
Ven, misterio oculto.
Ven, realidad inefable.
Ven, persona inconcebible.
Ven, felicidad sin ocaso.
Ven, espera infalible de todos los que han de ser salvados.
Ven, despertar de los que están acostados.
Ven, resurrección de los muertos.
Ven, oh, poderoso, que haces siempre todo 
y rehaces y transformas por tu solo poder.
Ven, oh, invisible y totalmente intangible e impalpable.
Ven, tú que siempre permaneces inmóvil, 
y a cada instante te mueves entero,
y vienes a nosotros, tumbados en los infiernos, 
oh, tú, por encima de los cielos.
Ven, oh, nombre bien amado y respetado por doquier,
del que expresar su ser o su naturaleza nos está vedado.
Ven, gozo eterno.
Ven, corona imperecedera.
Ven, púrpura del gran rey nuestro Dios.
Ven, cintura cristalina y destelleante de joyas.
Ven, sandalia inaccesible.
Ven, púrpura real.
Ven, derecha realmente soberana.
Ven, tú que has deseado y deseas mi alma miserable.
Ven, tú, el solo, al solo, que sólo deseas que yo no esté solo.
Ven, tú, que me has separado de todo y me has convertido en solitario.
Ven, tú, convertido tú mismo en mi único deseo, 
que has hecho que te deseara.
Ven, tú, el absolutamente inaccesible.
Ven, mi soplo y mi vida.
Ven, consuelo de mi pobre alma.
Ven, mi gozo, mi gloria, mi delicia sin fin.

Como se puede comprobar, ante el misterio del Espíritu Santo, "¡Ven!" es el grito espontáneo del alma, en teología trinitaria se diría que es una llamada a las misiones divinas, es decir, al envío misionero del Espíritu Santo, por el Padre y por el Hijo, por procesión de su amor. Siempre nos dirigimos al Espíritu Santo como si fuera un enviado a nosotros, como la inclinación de Dios hacia nosotros que se mueve por sí misma:

Ven, Espíritu Santo
(Oración de Juan de Fecamp)

Ven, pues,
ven, oh, consolador buenísimo del alma que sufre.
Ven, tú, que purificas mis manchas,
tú, que curas las heridas.
Ven, fuerza de los débiles,
vencedor de los orgullosos.
Ven, oh tierno padre de los huérfanos.
Ven, esperanza de los pobres.
Ven, estrella de los navegantes.
puerto de los que naufragan.
Ven, oh gloriosa insignia de los que viven.
Ven tú, el más santo de los espíritus,
ven, y ten compasión sobre mí.
Hazme conforme a ti.

Y finalmente os comparto mi propia oración, pretendía ser un resumen orado de estos cincuenta días esperando e invocando al Espíritu Santo, a lo que me puse anoche en oración, sin embargo, dado que es verdad que "el Espíritu Santo sopla donde quiere, cómo quiere" no menos cierto es que no hay más que compartir que lo que hay, pues me quedé en la cama, literalmente, dormido sobre el texto, bolígrafo en mano, cuando me desperté, de mañana, ya no he querido continuar escribiendo, pues ya no estaba en ese clima de oración, ni creo que pudiera completar ya, forzadamente, más de lo dicho:

Ven, Espíritu Santo,
que es la única forma que tengo de orarte.
Ven, Espíritu Santo,
único modo en que la Iglesia
no ha dejado de imprecarte.
Ven, Espíritu Santo,
verdea las yemas del tronco
de mi cruz de discípulo.
Ven, Espíritu Santo,
carne, músculo y nervio
de mis huesos secos.
Ven, Espíritu Santo,
luz de la mañana en el estío,
canto de los pájaros,
el lapso de tiempo
en que brota la oración
y renovada la esperanza
creo, de verdad, que todo es cierto,
que todo es posible,
que la fe es firme,
y la caridad sincera.
¡Detén, ahí, Santo Espíritu,
el momento sublime de tu venida!
Ven, Espíritu Santo,
parusía carismática,
tensa espera orante,
que casi da más fruto el esperarte
en este "casi que sí, pero no"
porque una vez desciendas
pese a tu don de fortaleza,
toda la responsabilidad es nuestra,
y nuestra humanidad oscurece tu obra.
Ven, Espíritu Santo,
ni paloma, ni viento,
ni fuego, ni brisa,
quiero buscar en mi interior
sea del corazón o del intelecto...
¿Con qué te compararé?
¿Quién eres tú para mí?
¿Quedará algún símbolo virgen,
que no haya sido interpretado,
comentado, predicado,
ni explicado, que traiga la novedad,
que ponga imagen, color y vida
a tu efusión divina en mí?
Ven, Espíritu Santo,
dulce huésped del alma...
¿No se dice así?
Mas... ¿Cómo moras en mí?
¿En qué modo siento, real y verdaderamente,
que me animas, que me redivives,
que habitas en mí, que me sustentas,
que me consuelas, que me dinamizas?
Ven, Espíritu Santo,
padre responsable y hacendoso,
que sacas de lo viejo que hay en mí,
como un arcón, cuarteado,
siempre una novedad,
siempre un nuevo encuentro...
Ven, Espíritu Santo,
carisma, don y talento.

viernes, 22 de mayo de 2015

VIERNES VII de PASCUA
"PEDRO, Apacienta mis ovejas..."

LA CUENTA DEL OMER Día.-48
"Ven, Espíritu Santo, Torbellino de Bendiciones"



Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del Universo,
que nos has santificado dándonos el tiempo de gracia del Omer.
Hoy es el cuadragésimo octavo día
que hace la semana sexta
y sexto día de la cuenta de Omer;
ya faltan dos días para que tu Santo Espíritu,
Torbellino de bendiciones, nos unja.
Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del Universo
que nos has dado a tu hijo, Jesús, nuestro Mesías,
como Luz del Mundo que nos dices:
‘El Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo
y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
Cuando venga el Espíritu Santo de la Verdad
os guiará hasta la verdad plena’.
Hermanos, Cristo nos amó,
nos ha liberado de nuestros pecados por su Sangre,
nos ha convertido en un reino
y hecho sacerdotes de Dios, su Padre.
¡Aleluya! (Jn 14,26; Jn 16,13; Ap 1,5-6).
Espíritu Santo: ¡Lávanos! ¡Santifícanos! ¡Purifícanos!
¡Deifícanos! ¡Inúndanos! ¡Báñanos! ¡Cúranos!
¡Embellécenos con tus preciosos dones!
¡El mundo necesita de un nuevo Pentecostés!
¡El mundo necesita de una deslumbrante manifestación de tu grandeza!
¡Renueva a toda la Iglesia! ¡Ábrela a la gracia y a la misericordia!
¡Efusiónanos y avívanos de nuevo!
¡Haz llover sobre nosotros y la Iglesia una lluvia de dones y carismas!
¡Llévanos a la Estancia Superior!

AMÉN


NOTA.- Por si alguien aterriza hoy en el blog, y quiere saber de qué se trata nuestra propuesta de oración "La cuenta del Omer: Cincuenta días invocando al Espíritu" que se lea el artículo de ayer (seguid el enlace aquí), en donde se introduce esta piadosa costumbre judía, y otra curiosidad, a partir del día octavo, la cuenta -en la tradición judía- se hace tanto de los días como de las semanas completas que se llevan.


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El Evangelio de hoy (Juan 21, 15-19) nos trae la perícopa llamada del "Primado de Pedro" en el Evangelio de Juan, por tres veces pareciera que el Señor quiere probar el cariño de PEDRO "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?" y PEDRO responde: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero" a lo que el Señor le pide "apacienta a mis ovejas".

Os compartiré, todo lo que este mismo texto, suscitó "in situ", en el mismo lugar de los hechos, en TIERRA SANTA, en la peregrinación que hice en el año 2011:


Otro lugar, cuya visita ha sido muy especial para los sacerdotes que nos acompañaban en esta peregrinación, y también para mí, ha sido –a orillas del lago de GENNESARET (el mal llamado MAR DE GALILEA)- la Iglesia del Primado de Pedro, llamada así, porque en su entorno se habría producido el episodio evangélico de hoy. Es una iglesia sencilla, a la par que tranquila, como no puede serlo de otra forma, ya que la inmediata presencia, casi a pie de orilla, del Lago GENNESARET, invita a la oración y al recogimiento.


De esta Iglesia, de la que como ya digo, lo más bonito es el entorno, y en cuya capilla exterior, justo en el anfiteatro anterior al monumento del momento de la institución del Primado de Pedro, destaca la llamada “escalera santa”, que se supone son los escalones del embarcadero desde el que Cristo resucitado esperaría al ansioso PEDRO, que venía nadando a su encuentro. No es de extrañar que falten unos pocos metros de la escalera a la orilla del lago, ya que, como nos contó nuestro guía, el nivel del lago desciende cada año por la evaporación del mismo, debido a las recientes sequías, que no aportan caudal al mismo. Actualmente estas escaleras están protegidas por una reja, debido al expolio de los peregrinos, que solían llevarse, literalmente, trozos de la misma, aunque la culpable de esta piadosa tradición hay que buscarla en EGERIA, una antigua religiosa peregrina española, del Siglo IV, que en su diario de viaje dijo que estas escaleras son tan santas que los enfermos que las tocan, sanan, por lo que se convirtió en costumbre medieval llevarse una piedra de las mismas para llevársela "a los enfermos de casa".


Y, en el interior de la Iglesia destaca que el presbiterio y el altar están edificados, literalmente, sobre la llamada “Mensa Christi” (la mesa de Cristo), llamada así porque sería la roca sobre la que el Señor había preparado el fuego, unos pescados y unos trozos de pan, al aparecerse resucitado a los apóstoles que regresaban de pescar, como consta en el texto evangélico que compone la perícopa anterior al Evangelio de hoy.

Finalmente, en el exterior, llama poderosamente la atención el monumento de bronce que representa a Jesucristo, con PEDRO, en el mismo momento de establecer su primado:

Apacienta mis ovejas” no es sólo la institución de PEDRO como cabeza visible de la Iglesia, habiendo resucitado el Señor… lo que se traduce simbólicamente en el momento de entregar el cayado de pastor a PEDRO, sino que es además toda una exigencia y un compromiso de vida, que incluso le costó la vida a PEDRO, dando testimonio del Señor, no sólo con su labor pastoral, o las dos cartas que figuran en el Nuevo Testamento, atribuídas a su mano, sino en su propio martirio, mediante el derramamiento de su sangre, pues nadie puede pretender ser más que su maestro, como dijera San PABLO.


La piadosa tradición cuenta que, en tiempos de la persecución de los primeros cristianos por parte del emperador romano NERÓN, PEDRO, que se encontraba en la ciudad, decidió abandonarla ante el temor de las persecuciones… sigue la leyenda que, a las afueras de ROMA PEDRO tuvo una visión de Jesucristo cargando con la cruz, sorprendido le preguntó: “Quo vadis, Dómine?” (¿A dónde vas, mi Señor?), y Cristo le respondió: “Voy por segunda vez a Roma, a ser crucificado en lugar de mi pueblo, al que tú abandonas” y, entonces, PEDRO, profundamente avergonzado, regresó a ROMA donde, en efecto, fue crucificado.