lunes, 29 de junio de 2015

IGLESIA SERVIDORA DE LOS POBRES
¡Manos a la obra...!

Pues como ayer me equivoqué, y ya comenté el Evangelio de la fiesta de San PEDRO y San PABLO (el que quiera leerlo que regrese a ayer, en este mismo enlace o al margen derecho del blog) hete aquí que hoy os voy a compartir qué me ha sugerido la Instrucción IGLESIA SERVIDORA DE LOS POBRES de la CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, porque al fin y al cabo, Iglesia somos el conjunto de los bautizados, ésta es también una llamada a mí, a todos nosotros, en tanto en cuanto servidores de los pobres, de la misma manera.

El primer párrafo que me llamó poderosamente la atención fue la reflexión de la pobreza y la mujer, por vez primera los Obispos se hacen eco expreso de estas situaciones que golpean con especial virulencia a las mujeres (Párrafo 7 del documento) , aparte de la crisis, el menor trabajo, el menor sueldo, los problemas de la conciliación laboral, etc, etc... lo que ya es un gravamen en sí por ser mujer, también nos llaman la atención sobre el aumento de la violencia de género:


Asimismo nos aflige el incremento del número de mujeres afectadas por la penuria económica pues, no sin razón, se habla de ‘feminización de la pobreza’. Algunas de ellas incluso son víctimas de la trata de personas con fines de explotación sexual, particularmente las extranjeras, engañadas en su país de origen con falsas ofertas de trabajo y explotadas aquí en condiciones similares a la esclavitud. 

Igualmente nos duele sobremanera la violencia doméstica que tiene a las mujeres como sus principales víctimas. Resulta necesario incrementar medidas de prevención y de protección legal, pero sobre todo fomentar una mejor educación y cultura de la vida que lleve a reconocer y respetar la igual dignidad de la mujer.



En nuestra tarea no es que hayamos tenido conocimiento de ningún tipo de estas realidades como para ayudar o trabajar directamente sobre el terreno, aunque no menos cierto es que no hemos dejado de denunciarlas en las redes sociales, y sumarnos a todas las campañas de concienciación que hemos podido, de hecho, hemos sido, precisamente por ello, autorizados expresamente por la ONU, a utilizar el logo del Aniversario de la Conferencia de la Mujer, celebrada en BEIJING, hace ya 20 años.


No olvidan los Obispos españoles que hay otra pobreza más invisible, que se hace notar menos que la de las grandes ciudades y núcleos urbanos, y es prácticamente la economía de subsistencia de las gentes del mundo rural y de la mar, que han visto recortado su margen de beneficios prácticamente hasta extremos en los que les cuesta producir, produciendo "el desplazamiento de la población rural, el despoblamiento de los pueblos, el envejecimiento y soledad de sus habitantes" (párrafo 8 del documento).

Nos invitan los Obispos a que descubramos la nueva pobreza de la inmigración, a que seamos generosos con nuestros hermanos inmigrantes, a que no veamos en ellos extranjeros, competidores laborales, mucho menos delincuentes en potencia, porque el valor que debería primar, y orientarnos en este problema tan complejo como el de la emigración no debería ser otro sino lo que afirmaba el propio JUAN PABLO II:

"La pertenencia a la familia humana otorga a cada persona una especie de ciudadanía mundial, haciéndola titular de los mismos derechos y deberes, con independencia del territorio en que se halle, dado que todos los seres humanos tienen el mismo origen y el mismo destino universal".

No olvidan los Obispos recordarnos que, con independencia del servicio, la solidaridad, el voluntariado y todo lo bueno que se haga con los más necesitados, no menos cierto es que hay otros tipos de pobrezas y carencias, especialmente espirituales, como bien sabemos los que nos relacionamos con normalidad con aquellas personas que no creen, son agnósticas, o simplemente ateas, en vez de posicionarnos en una postura apologética y orgullosa con ellos, escuchándoles y dejándoles abrir el corazón, que es verdad que los hombres de hoy manifiestan hambre, a partes iguales, tanto del pan que alimenta, como de la Palabra; señala el documento que (párrafo 12 del documento):


La personalidad del hombre se enriquece con el reconocimiento de Dios. La fe en Dios da claridad y firmeza a nuestras valoraciones éticas. El conocimiento del Dios amor nos mueve a amar a todo hombre; el sabernos criaturas amadas de Dios nos conduce a la caridad fraterna y, a su vez, el amor fraterno nos acerca a Dios y nos hace semejantes a Él. Es Jesucristo quien nos ha dado a conocer el rostro paternal de Dios. Ignorar a Cristo constituye una indigencia radical. Como cristianos nos duele profundamente la pobreza de no conocerle. Pero quien le conoce de verdad,inmediatamente lo reconoce en todos los pobres, en todos los desfavorecidos, en los “pordioseros” de pan o de amor, en las periferias existenciales.

Seamos conscientes de que no hacemos caridad, ni servimos a los pobres para "dismular nuestra conciencia", ni siquiera para ser buenos cristianos, porque no se trata de una exigencia de ser bueno, en términos humanos, o mejores cristianos, en términos de fe, sino porque se trata de una "razón de justicia" como nos recuerda el documento (en su párrafo 25) citando el contundente magisterio de los padres de la Iglesia:

San JUAN CRISÓSTOMO afirmaba que “no hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Lo que poseemos no son bienes nuestros sino los suyos” y san AGUSTÍN decía que cuando tú tienes y tu hermano no, ocurren dos cosas: “Él carece de dinero y tú de justicia”. San GREGORIO MAGNO concluía que “cuando suministramos algunas cosas necesarias a los indigentes, les devolvemos lo que es suyo, no damos generosamente de lo nuestro: Satisfacemos una obra de justicia, más que hacer una obra de misericordia”. 



Resulta alentador que los Obispos, aunque sea como consecuencia de tener que citar al Papa FRANCISCO (en la Evangelii Gaudium) hagan, por vez primera, creo, referencia a la "opción preferencial por los pobres" (término acuñado exclusivamente en el contexto de la reflexión sobre la pobreza de la teología de la liberación) y que lo hagan en su exacta definición (párrafo 35 del documento):

“Sin la opción preferencial por los más pobres, «el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día». Si el Evangelio que anunciamos no se traduce en buena noticia para los pobres, pierde autenticidad y credibilidad. El servicio privilegiado a los pobres está en el corazón del Evangelio.

Nos remiten los Obispos, como no puede ser de otra manera, a que sirvamos a los pobres al modo de Jesucristo, haciendo nuestras, como el señor hizo suyas, el anuncio de bondad de parte de Dios a todos los que experimentan cualquier tipo de necesidad (Lucas 4,18-21), así como el Señor se refirió estas palabras a sí mismo, al comienzo de su labor pública, hemos de referírnoslas todos los que trabajamos, de una o de otra forma, por nuestros hermanos desfavorecidos (párrafo 37 del documento):

La Iglesia puede y debe hacer suya la proclamación de Jesús en la sinagoga de Nazaret, al comienzo de su vida pública. Comentando el texto de Isaías dice: 



El Espíritu del Señor está sobre mí, 
porque me ha ungido
para anunciar a los pobres la Buena Nueva,
me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos,
para dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.

Y añadió después, al comenzar su comentario: “Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy”.

Concluye el documento citando tres ejemplos de servidores de los pueblos, tres grandes mediadores, tres grandes correctores de las injusticias sociales, tres ejemplos de denuncia profética de las situaciones de injusticia: En primer lugar MOISÉS, por la labor liberadora que recibió de boca del Señor, el primer concernido por la miseria de su pueblo "He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas" (Éxodo 3,7), en segundo lugar a una "pobre entre los pobres de Yahvé, una anawim", esto es MARÍA que solidarizándose con los pobres indica "derribaré del trono a los poderosos y ensalzaré a los humildes" (Lucas 1,52) y en tercer lugar, todos los que en la Iglesia, de forma anónima y desinteresada, trabajan por los pobres:

"No podemos dejar de agradecer el esfuerzo tan generoso que, en medio de estas dificultades, están haciendo las instituciones de Iglesia como Cáritas, Manos Unidas, Institutos de Vida Consagrada –que realizan una gran labor en el servicio de la caridad con niños, jóvenes, ancianos, etc–; y otras muchas. Hemos podido comprobar con gran satisfacción el ingente trabajo llevado a cabo por voluntarios, directivos y contratados en la atención a las personas y en la gestión de recursos. Tras ellos están las comunidades cristianas, tantos hombres y mujeres anónimos que responden con su interés y preocupación, con su oración y su aportación de socios y donantes. A pesar de las crecientes desigualdades sociales y económicas que advertimos y de las demandas cada día mayores que los pobres nos presentan, os pedimos a todos que continuéis en el esfuerzo por superar la situación y mantengáis viva la esperanza"

Por supuesto que el documento no se agota en esta nuestra lectura, os invitamos a que cada uno lo acoja con cariño y respeto, pensando que es la reflexión común de todos nuestros pastores y obispos, que en su conjunto no pueden andar errados, aunque luego en lo personal algunos adolezcan de grandes faltas, igualmente contra la justicia social y los débiles, pero al fin y al cabo todos somos pecadores, que esta instrucción IGLESIA SERVIDORA DE LOS POBRES no se convierta tanto en una directriz, o en un plan de actuación, sino en el pistoletazo de salida para arremangarnos y empezar a trabajar por los pobres, cada cual desde su realidad, circunstancias, medios, luces y motivaciones.





sábado, 27 de junio de 2015

Y LAS PUERTAS DEL INFIERNO NO PREVALECERÁN CONTRA ELLA


En el Evangelio (Mateo 16,13-19) de la festividad que celebramos hoy, San PEDRO y SAN PABLO (en el domingo más cercano a la fecha del santoral, 29 de Junio), al final, a la pregunta que les hace el Señor "¿Y quién dice la gente que soy yo?", a pesar de las respuestas difusas de los apóstoles "unos dicen que eres un profeta, otros que Juan, el Bautista, o Elías, o Jeremías...", sólamente es PEDRO, el cabezota, el bruto, el impetuoso, el rudo, el que atina con la respuesta veraz "tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo", a lo que el Señor le otorga el ser "cabeza visible de la Iglesia" con estas palabras:

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

Y es que quizás, no sea nada más, ni nada menos, que esa sea la tarea de PEDRO en la Iglesia, hacer esa misma afirmación de fe, porque una vez más, el Señor, se vale de lo que no es, precisamente, lo más aparente para la labor más importante, al fin y al cabo, puestos a elegir una cabeza pensante para la Iglesia, bien podría haberse fijado en el apóstol JUAN, cuyo Evangelio es todo un alarde de finura y elaboración teológica, además, como griego, sería bien mirado en un mundo culto... pensando en una Iglesia naciente, bien podría el Señor haber confiado "la criatura" a su padre más celoso, cuya fiesta celebramos también hoy, al propio PABLO... ¡Con que le hubiera dicho lo mismo en el camino de DAMASCO!... y ya puestos a adelantar a acontecimientos, ya que los apóstoles decidieron la sucesión de JUDAS por elección en MATÍAS ¡mira, ya hemos inventado el primer cónclave!... pero no, el Señor quiso ir a la médula: Ni teologías, ni misioneros, ni cónclaves... que le bastó la simple confesión de fe, la simple fe del carbonero, que diríamos hoy, de un rudo pescador llamado PEDRO, esa es la fe de la Iglesia, y qué mejor sitio para conservarla que su cabeza, PEDRO.


Es curioso que haya dicho que el Señor no quiso ni misioneros (por PABLO), ni teólogos (por JUAN) ni candidatos electos (por MATÍAS) para cabeza de la Iglesia, y sin embargo esta ha sido, precisamente, la línea sucesoria de los tres últimos pontificados: Hemos conocido la ingentísima tarea misionera del Papa viajero por excelencia, llevando el nombre de Cristo, del uno al otro confín, en el queridísimo JUAN PABLO II, la historia nos ha regalado la figura teológica, una buena cabeza alemana, que nunca será bien ponderada, a menos que alguien se tome la molestia de leer en serio sus documentos, especialmente sus "motus proprios" -porque "a la chita callando" ha realizado grandes cambios que sientan, es justo reconocerlo, los cimientos de la Iglesia que se nos levanta ahora- de BENEDICTO XVI, y finalmente, esa gran sorpresa para el mundo entero ¡precisamente por elección!(bueno, lo anteriores también, pero es que esto no se lo esperaba ni el vaticanista más avezado) que es FRANCISCO, cuyo pontificado va a estar marcado precisamente por "las elecciones" ya que constantemente, con sus gestos y sus palabra no hace sino una cosa, día sí, y día también, que obligarnos a elegir "entre el Evangelio y todo lo demás".

Y toda esta tarea de la Iglesia, la fe en "Jesús, Hijo de Dios vivo", la misionera, la teológica y la evangélica, por anuncio del Evangelio, es tarea de todos nosotros, de los bautizados "como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual" (ya por citar un documento papal, la propia carta de Pedro 2,5), del conjunto de los cristianos, aunque puntualmente recaiga "de forma visible" en una sola persona, el Santo Padre, puede que sea una mole humana de envergadura tanto física y moral como JUAN PABLO II en sus años mozos, puede que sea un tímido ratoncillo de biblioteca como BENEDICTO XVI, puede que sea una eterna sonrisa de brazos abiertos como FRANCISCO, pero nunca eso nos eximirá a nosotros de nuestra propia tarea y misión en la Iglesia... 

Finalmente, en medio de esa inmensa representación de la IGLESIA (triunfante, purgante y militante) que es el fresco del JUICIO UNIVERSAL de MIGUEL ÁNGEL, en el fragor cotidianos de la lucha titánica entre los ángeles y los santos contra los demonios por las almas de los fieles, los que son condenados que caen al infierno, y los salvados que son rescatados del mismo, apenas pasa desapercibida una figura, se trata de una mujer, que ora, escondida detrás de una nube, desde el lado de los salvados, mientras contempla el prodigio de los esfuerzos titánicos de santos y ángeles por atraer hacia sí las almas de los definitivamente rescatados por la Gloria y la Resurrección de Cristo, que domina el centro de la escena. Y entonces pienso que esa es la única vocación de esta pobre comunidad de vida: Orar, para que los hombres y mujeres se encuentren con el Señor, que es, en suma, quien salva, quien rescata, quien libera y quien redime. Oramos pues, desde lo oculto de nuestra nada, de nuestra nube, para que Aquel que es más fuerte que nosotros, con su brazo fuerte, haga el resto, y tire de nuestros hermanos, atrayéndolos hacia sí. Y si a alguien le queda duda de ello, de este anonadamiento, abajamiento y nada que somos nosotros, solamente unas palabras, porque por encima de la historia, de la figura de los distintos pontificados, de nosotros mismos, de las redes sociales, de esta forma de vivir es lo más parecido, para mí, a una vocación, en los términos antes dichos, contamos con una Palabra del Señor, dicha sobre su Iglesia, y sobre todos los bautizados, nosotros, que también somos Iglesia: 

"Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" 

(Mt 16, 18)

viernes, 26 de junio de 2015

SEÑOR, SI QUIERES, PURÍFICAME
QUIERO...
¿Y SI NO QUIERO?


El Evangelio de hoy tiene poco que comentar porque ¡qué dices en apenas tres versículos! (Mateo 8,1.4) y ya se sabe que en esto de los "comentarios del Evangelio" es mejor no exceder el propio texto comentado, o se corre el riesgo de aburrir, distorsionarlo o empezar, lo que es peor "a predicarse uno mismo".... 

Porque si el Papa FRANCISCO enseña que las enseñanzas bíblicas (u homilías, en su caso) han de ser "A, B y C" no cabe duda de que este Evangelio cumple con los tres requisitos:

A (Leproso) .- "Señor, si quieres, puedes purificarme"

B (Señor).- "Quiero, queda limpio"

C (Narrador).- Y al instante quedó purificado de su lepra.

¿Alguien da más? Que no se me ocurre nada más que compartiros que la enseñanza que se desprende de esta parquedad de palabras es como aquella otra sugerencia que nos hacía el Señor sobre la forma de hacer oración "cuando recéis no seáis palabreros como los paganos, que piensan que a fuerza de palabras serán escuchados" (Mateo 6,7), que es algo tan sencillo como exponer el problema (quedar limpio), con la confianza de que el Señor nos escucha (si quieres), y esperar a quien nunca te va a decir que no (quiero).

Ahora vamos con el capítulo de las objeciones: 

¿Y si no tengo fe? La respuesta es fácil, repite el pedido, pero en esta ocasión hazlo por medio de aquella que tuvo fe, supo esperar, confió, lo guardó todo en su corazón, y que en todo ello triunfó: Tu Santísima Madre, MARÍA.

¿Y si el Señor no quisiera? Vale lo dicho en la respuesta anterior, que cuando el Señor dijo a MARÍA "Mujer, y a tí y a mí ¿qué nos importa?" (Juan 2,4) ante el papelón de quedarse sin vino los novios de las bodas de Caná, MARÍA -que ya no le estaba haciendo caso- estaba dando instrucciones a los camareros de la boda "Haced lo que él os diga" (Juan 2,5)

¿Y si no queremos ser purificados? Claro, que también cabe la posibilidad de que seamos nosotros mismos los que "no queramos ser limpiados", que a veces somos bien conscientes de nuestro pecado, de nuestros vicios, de nuestros defectos, de aquellas cosas de nuestro carácter que tenemos que corregir, y nos da tanta pereza el esfuerzo, sacrificio, humildad y dedicación que nos supone toda esa tarea ingente de "enmendarnos" que vamos por la vida como auténticos "leprosos", es decir, vagando por caminos solitarios y oscuros, o advirtiendo a todos de nuestra presencia, como la antigua campana o carraca que llevaban los leprosos para advertir su presencia, no vaya a ser que el Señor nos encuentre "¡A ver si va a disponer de limpiarnos y nos joroba la comodidad de la vida!", como ese chiste en que el Señor le preguntaba a un español, en una terraza de verano, "si es que dudaba que era el Señor porque -al contrario que sus compañeros de mesa- no había ido a pedirle ser sanado de ninguna dolencia" a lo que el otro responde "¡Anda ya....! ¿No ves que estoy de baja?". 

Reflexionando sobre lo anterior, una vez se me ocurrió una oración, yo la llamo "la canción del anti-leproso":

No creo, por eso tampoco quiero,
por eso no me pongo en camino,
no sea que me encuentre con Cristo.

No quiero, por eso me hago el esquivo,
porque no quiero ser sanado,
que nada descubra mi disfraz.

Y no quiero, que nadie me moleste,
que nadie me perturbe en mi falsedad,
y quiero seguir solo mi camino,
tocando la campana 
que me asegura soledad.

miércoles, 24 de junio de 2015

DE TRANSGRESIONES Y MESIANISMOS


Desde siempre me ha gustado la gente transgresora, para qué negarlo, porque los transgresores son "por definición" las personas que no se acomodan al "status quo" establecido, sea del orden que sea... Igual de malo es un alcalde que lleve veinte años en el poder, como un presidente de comunidad de vecinos en el cargo desde "ni se sabe"... pero por una sencilla razón, porque cuando una persona lleva tanto tiempo en el cargo, es normal que se le agoten las ideas... y llega un momento en que, por comodidad, rutina, y falta de creatividad no les queda más horizonte sino "perpetuarse en el cargo"... de esta manera impiden la evolución de la institución en la que se hallan.... esto es algo que resulta más evidente si lo vemos desde un punto de vista más amplio, si nos referimos al paso de las generaciones... los jóvenes siempre vienen empujando, contestando, contrariados por el mundo que heredaron de sus mayores, y vuelta a empezar cuando sean aquellos los ancianos... A las pruebas me remito en esta tira de MAFALDA del simpar QUINO "No exagere, el acabóse, es sólo el continuóse del empezóse" de la anterior generación:



Pero una cosa es la transgresión y otra es "el mesianismo", de mesianismos la historia de la humanidad ha estado repleta de ejemplo, ahora mismo los tenemos en el orden político ¡todos quieren venir a salvarnos de los políticos tradicionales!, que lo mismo sucede en la Iglesia, que los "lefevbrianos" nos quieren salvar de los progresistas, y viceversa, y ya puestos, pues si no me convencen ni unos, ni otros, pues "yo me lo guiso, yo me lo como" como JUAN PALOMO, y me invento una Iglesia "ad casum" dígase, por ejemplo, el Palmar de Troya, o todos los locos que hay por ahí sueltos autoproclamándose Papas... Y si exageramos el rizo ahí tenéis todas las sectas que surgen al socaire de estos mesianismos mal entendidos, que todos tenemos en la mente la imagen del rancho de los "davidianos" saltando por los aires, en ESTADOS UNIDOS, con todos sus adeptos atrapados dentro.

Hoy es la fiesta de San JUAN BAUTISTA, lo podemos ver desde el punto de vista transgresor, es verdad, no estaba conforme con el "status quo" de la religiosidad del pueblo de ISRAEL, él mismo al marcharse al desierto (Marcos 1,4) y predicar de esa forma tan radical () se estaba colocando en la marginalidad, en la periferia "eclesial" (valga el adjetivo) judía de su época, de hecho era incómodo, tanto que alguna vez valoraron "quitarlo del medio", como sucede con todos los transgresores, pero no se atrevían no tanto por el crimen, como por los seguidores y adeptos que iba ganando (Marcos 6,19)... a esto hay que añadir que en una época en la que, en pleno dominio romano, la promesa mesiánica "de los tiempos antiguos" estaba tan a flor de piel en la mentalidad judía, hacían de él un mesías al caso (Mateo 21,26)...  ahora bien, atengámonos debidamente a la figura de JUAN BAUTISTA, porque en modo alguno se le puede considerar un "falso mesías" ni su corriente un "mesianismo" cualquiera, porque al contrario que a todos aquellos a los que les gusta colocarse en este papel, y convertirse ellos mismos en los referentes de cambio que preconizan, él sabía perfectamente que su papel no era "erigirse en" un objetivo en sí mismo, sino al contrario, ser el dedo "que apunta a" quien de verdad lo merece "detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no tengo derecho a agacharme para soltarle la correa de sus sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo" (Marcos 1,7-8): Jesucristo, el Señor, el Mesías, "el cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1,29).

Y esta es la única enseñanza que nos debe de quedar clara del testimonio de JUAN BAUTISTA, aquello que debemos de aprender de él, seamos transgresores, en la medida en que no estemos de acuerdo con las cosas, cierto, pero no al modo de la transgresión por la transgresión, sino por la reforma, como todos los reformadores de la vida religiosa, esto es, "volved a las fuentes, regresad a las aguas cristalinas, recuperar la originalidad y la pureza de los comienzos", esto es "arrepentíos y creed en el Evangelio" (Marcos 1,15) que esto parece muy original y fresco en la forma de ser y obrar del Papa FRANCISCO, pero es "más viejo que la Tana" como se dice en ANDALUCÍA, que el Evangelio es lo principal, y todo lo demás "añadiduras de la historia", y luego huyamos de los falsos profetas, mesías y pseudosalvadores que se nos presenten en el camino, de nuestra vida o de la historia, porque cualquiera que se presente a sí mismo como referente, y no apunte a Jesucristo "es más falso que un euro de madera", que también el propio Señor nos lo advirtió ¡pero como nunca hacemos caso!: "Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán" (Mateo 24,5).

martes, 23 de junio de 2015

DESDE TIRO Y SIDÓN....
VENDREMOS TODOS A SER SANADOS

Hoy no voy a comentar el "Evangelio del día" aunque sí que hubo un "Evangelio para este día", que aunque parezca lo mismo no lo es. Me explico. El caso es que ayer tuve que estar en urgencias, porque en medio de mi jornada laboral me dió un fuerte dolor de espalda y de riñones, tanto que la doctora del centro comercial en el que trabajo, después de verme por encima, me recomendó irme a urgencias, ya que el dolor -según yo- era muy parecido al de un cólico nefrítico que ya tuve hace un par de años, así que después de montar el correspondiente trastorno en el trabajo, decírselo a mis jefes, que buscaran un sustituto, etc, etc... a urgencias que me fui a mitad de mi jornada de trabajo. Ya sabéis cómo funcionan las urgencias, que uno sabe cuando entra (que llegué sobre las siete de la tarde) pero no cuando sale (que vino a ser las once y media de la noche) ¡Cinco horas de nada! Dos horas para que me vieran en el filtro de entrada, otra hora para que me hicieran las analíticas correspondientes, y otras dos horas para los resultados y el alta (al final, parece ser que sí he tenido una especie de cólico nefrítico, o dolor renal, pero esporádico, lo que no quita, como decía la doctora de urgencias "que te vuelva a repetir en un episodio más largo si es que hay alguna piedrecilla que eliminar").

Como no estaba en mis planes, dicha estancia en urgencias, he aquí que en la mochila no llevaba nada, salvo el "Evangelio del día" de ediciones paulinas, y como era la única lectura disponible, en mitad de mi estancia, me dije, bueno, leeremos algo de aquí, pero como comprenderéis que no es un libro que se lea "de corrido", pues recoge el "Evangelio de cada día" es por lo que decidí abrir el libro al "tun-tun", como diríamos en ANDALUCÍA, es decir, al azar, a ver qué Palabra me daba el Señor para consolarme en ese momento.


¡Toma ya...! ¡El Evangelio de la sanación de la hija de la mujer siro fenicia! (Mateo 15,21-28) Me llama poderosamente la atención este texto, en primer lugar porque es una de esas dos o tres perícopas del Evangelio que yo escogería para hacer una especie de "Evangelio de la Malafollá", que puede que para quien no sea granadino le choque el término, me explico, por "malafollá" hemos de entender unas cuantas respuestas desabridas, fueras de tono, carentes de razón de ser, cortantes y tajantes que da el Señor en algunos momentos: Pensemos en las bodas de Caná, que María dice preocupada "No tienen vino" (Juan 2,3), malafollá del Señor "Y a ti y a mí, mujer, ¿qué nos importa?" (Juan 2,4), lo mismo sucede aquí "Señor socórreme" (Mateo 15,25), malafollá del Señor, "sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel" (Mateo 15,26), que es tanto, pareciera, como decir "Y a mí... ¿qué?". Siempre solemos decir que "una madre, por sus hijos es capaz de cualquier cosa", por eso es lógica la reacción de ambas madres, ante estas reacciones, que parecen excesivamente desapegadas de los sentimientos, del Señor, en el caso de las bodas de Caná ya sabemos lo que sucedió, que María se pudo a dar instrucciones a los camareros de la boda diciéndoles "haced lo que os diga mi hijo, total, a su madre se cree éste que va a desobedecer" forzando el milagro ¡Y aún puede haber quien dude de la capacidad intercesora de nuestra Santísima Madre, la Virgen María!, mientras que en el caso de la muer siro-fenicia, sólo se trata de insistir, al fin y al cabo es su hija la enferma, y ya sólo queda aferrarse a "un clavo ardiente" por eso replica "también los perros comen las migajas que caen de la mesa de los amos"...

Dice el comentario del propio "Evangelio del día" de paulinas, que se trata de uno de los textos más enigmáticos y difíciles de explicar por parte de la exegética, que los estudiosos no se ponen de acuerdo acerca del por qué de la primera respuesta del Señor a la mujer siro fenicia en sentido negativo... El comentarista salva esta dificultad diciendo que quizás el Señor quisiera que los apóstoles "atiéndela al menos, que viene detrás nuestra gritando" (Mateo 15, 23) aprendieran que la misericordia del Señor no hace acepción de personas, ni siquiera por cuestiones religiosas, al contrario que a nosotros que nos gusta establecer tantas divisiones entre nosotros: De raza, de género, de credo, de ideología, de política.... porque aquella mujer no estaba haciendo su pedido desde ninguna de estas premisas, sino desde la más humana y universal de todas: Su maternidad, su hija... Quizás si el Señor no la hubiera atendido hubiese seguido insistiendo mucho más, y es que como dice la célebre canción mariana "una madre no se cansa de esperar", o como aquella otra frase de BELÉN ESTEBAN, tan famosa "¡yo, por mi hija, mato!".

Aparte de esta enseñanza, a mí personalmente, que ya tiene su cosa que sea este el "evangelio" que me sale en un lugar de enfermedad como son unas urgencias... Estos días ha habido varios enfermos en nuestro entorno familiar y laboral, al menos he estado rezando por ellos de forma ininterrumpida y más intensa estos días, ¡total, ya tengo comprobado que el Señor sólo me escucha cuando no rezo por mí!, por eso, estando yo mismo en una situación parecida escuchaba de forma más directa aquellas palabras de la mujer: "También los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de los amos", tanto como pensar, "Señor, tanto que rezo por la salud de otros, y aquí me veo, pero no descuides mis enfermos, por los que yo rezo, luego, si acaso, cual migaja, acuérdate de mí"... 

Y otra curiosidad, cuando @cuartapobreza pintó para nosotros el icono de Pentecostés, el título que él le ha dado es "Jesús entrega el Espíritu", familiarmente, él lo llama también "Jesús nuestra alegría", aunque también le gusta llamarlo "mis ojos de miel" más cariñosamente... Mientras que a mí, desde siempre, la contemplación de dicho icono me ha suscitado siempre un sentimiento intercesor, de hecho, lo que siento al verlo (sobre todo al permanecer largo rato en su presencia, inquirido por esos grandes ojos marrones -colo miel- que te observan) es, algo así como "Desde Tiro y de Sidón, vendrán todos a ser sanados, por el poder de sus ojos, los enfermos, por su mirada", por eso conforme empezaba el "evangelio" que me salió en urgencias: "Desde allí se marchó a la región de Tiro y Sidón" es por lo que no pude evitar acordarme, con un suspiro, del icono en casa, y consecuentemente, quedarme más consolado y confortado en aquel rato de prueba y paciencia que es siempre cualquier tipo de estancia en urgencias.

domingo, 21 de junio de 2015

"Ay...¿Quién maneja mi barca, quién?
Que a la deriva me lleva, quién.


El Evangelio de hoy (Marcos 4,35-41) nos presenta el episodio de la tormenta en el Mar de GALILEA (mal llamado mar, se trata del lago de GENNESARET), el caso es que en la peregrinación a TIERRA SANTA, el día que nos tocó navegar por el lago el fraile franciscano que era nuestro guía nos dijo que "no nos dejáramos engañar por el aspecto apacible del lago" porque -según nos explicaba- "en el momento menos pensado se meten los vientos (no me acuerdo de la procedencia de los mismos) y se encrespa en un santiamén". 

Efectivamente, en el Evangelio de hoy sucede lo mismo, el Señor y los apóstoles se suben a la barca para pasar al otro lado del lago "ellos despidieron a la gente y lo recogieron en la barca" (Marcos 4,36) y en efecto, tal como nos dijo el guía "se levantó un viento huracanado, las olas rompían contra la barca que estaba a punto de anegarse" (Marcos 4,37) y ya sabemos lo que pasó, que los discípulos empezaron a agobiarse, pensando que de verdad se ahogaban en medio de aquel vendaval que encrespaba el lago "Maestro, ¿no te importa que naufraguemos?" (Marcos 4,38), mientras que el Señor -otro detalle de su humanidad, pues estaba cansado y dormía agotado, que en esto debe de ser como yo, que soy capaz de quedarme dormido en el filo de una navaja y no me entero de nada de lo que sucede a mi alrededor- "él dormía en la popa sobre un cojín" (Marcos 4,38), hasta que despertado por el nerviosismo de los apóstoles, por fin, reacciona e "increpando sobre el viento y el lago (...) al punto se tranquilizó" (Marcos 4,39), no sin decirle a los apóstoles "¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?" (Marcos 4,40).

Quizás el Señor, con este episodio de la tormenta en el lago, durante la etapa de discipulado y enseñanza de los apóstoles, quería darles una enseñanza acerca de algo que siempre ha interrogado a la humanidad, desde que el mundo es mundo, de una duda que nos amarga a nosotros mismos cuando las cosas se tuercen, el horizonte se pone sombrío y aparecen los nubarrones, sean los que fueren, sobre nuestras vidas: El aparente silencio de Dios, la ausencia del Señor, cuando todas estas cosas se ciernen sobre nosotros, para que en esos turbios momentos de nuestra vida recordemos "¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?"... Para que llegados a este punto no seamos cobardes, no vayamos a pensar, como aquel estribillo de EUROVISIÓN de la célebre canción de REMEDIOS AMAYA: "Ay, ¿quién maneja mi barca, quién? Que a la deriva me lleva, ¿quién? Ay, ¿quién maneja mi barca, quién? Que a la deriva me lleva, ¿quién?", porque aunque aquella cantinela nos llevara al naufragio, al menos en el festival de EUROVISIÓN de aquel año, no es menos cierto que en nuestra vida no sucede lo mismo, si hemos de creer que el Señor es "quien maneja nuestras barcas", con la salvedad de que él no quiere que "vayamos a la deriva", porque como dice el Salmo 115,15: "Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus hijos", es decir él no quiere nada malo para nosotros, pues como bien nos recuerda el propio Señor, refiriéndose a sí mismo: "Dios al mundo amó, a su hijo dio, para que todo aquel, que crea en él, no se pierda y tenga vida en él" (Juan 3,16).

El otro día compartí una foto en TWITTER que explica bien algo de lo que quiero decir, se trataba de una foto de nuestros cachorros, durmiendo, apacibles, después de haber mamado... están todos dormidos, tranquilos, apacibles, componiendo una especie de "Tetris de serenidad" ¡Están todos tan bien encajados entre sí!... y yo me preguntaba "Si yo soy capaz de velar el sueño de estos perrillos ¿cuánto más no hará y velará el Señor por mí?", pues esa es la actitud de fe que debemos de tener, cuando se nos presenten esos momentos de la vida en los que creamos que el Señor se ausenta, o desaparece de nuestro panorama, no seamos cobardes, tengamos fe... 

sábado, 20 de junio de 2015

PROVIDENCIA: PARA GORRIONES Y LIRIOS
¿Y para todo lo demás?


Hoy es uno de esos evangelios (Mateo 6, 24-34) que, por más bien intencionado que sea, es de los que queda muy bonito proclamado, o buscando marcapáginas o postales en una tienda de artículos religiosos, pero... ¡qué duro se nos hace cuándo nos toca vivirlo!... Providencia de Dios, ese concepto tan traído y llevado para fortalecer nuestra esperanza, nuestra confianza en que Dios, verdadera y realmente vela por nosotros... "Mirad los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valéis acaso más que ellos? (...) ¿Y por qué os inquietáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer".

Pero cuando la realidad de la vida se impone, cuando por mucho que el Señor nos diga que "no nos inquietemos por el día de mañana (...) porque a cada día le basta su aflicción", no deja de parecernos una actitud irresponsable si sabemos que mañana, por ejemplo, viene el facturón de luz (¿No es legítimo perder el sueño si sabemos que no vamos a poder pagarla?), cuando nos vemos cercados por la enfermedad, o las deudas, o perdemos el trabajo, o tenemos una familia que mantener, cuando el hambre y la falta de vestido (omnicomprensivamente todo lo preciso para vivir, digamos además colegios, material escolar, juguetes...) se convierten en realidades acuciantes... entonces es cuando de verdad empezamos a dudar de la Providencia de Dios, y empezamos a creer que es un atributo de Dios que sólo comprenden aquellos seres misteriosos a los que les tocan los euromillones... 

Ante este panorama es normal que uno llegue a creer que la Providencia de Dios, al contrario de lo que he dicho antes, tiene poco de real y verdadera... ¿Pero es esto realmente así? Vale que todos tenemos experiencia de que a veces, sólo a veces, en momentos acuciantes se produce una llamada de teléfono de alguien que no esperábamos y nos alegra el día cuando más sombras teníamos; vale que a veces nos encontramos una pequeña cantidad de dinero, con la que no contábamos, cuando las cosas se tornan más duras; o vale que a veces se producen esos "golpes de suerte, casualidades del destino" llamadlas como queráis, que enderezan una mala situación, pero.... ¿para todo lo demás?

A mí me gusta poner dos ejemplos, puede que exagerados, para que os déis cuenta de cómo obra la Providencia de Dios, o más bien -de cómo justificar cuándo parece que ésta no funciona: 

Pensemos que tienes gripe, te duele la cabeza, no puedes mover las articulaciones, moqueas, te lagrimean los ojos, puede que hasta tengas fiebre, y con las pocas fuerzas que te quedan te arrastras a la iglesia más cercana y te pones a orar diciendo "Señor, que malito estoy, sáname"... Pues, sinceramente, ¡ya puedes esperar sentado!, porque Dios no es una varita mágica, quiere esto decir que el sentido común te indica que en vez de ir a la Iglesia, tendrías que haber ido a la farmacia a comprarte un cajetón de medicamentos contra los síntomas de la gripe, que orando no vas a conseguir nada... ¿Sabes por qué? Porque el Señor ya fue providente concediéndonos la inteligencia, la ciencia y la técnica de todos aquellos laboratorios que crearon dichos medicamentos... No penséis mal, el ejemplo de la gripe es muy fácil, pero vale para todo, es legítimo orar e interceder (en este caso por nuestras enfermedades o las de los demás) pero siempre después de haber puesto los medios humanos de los que disponemos... Tentar a Dios, recordad, "si eres hijo de Dios tírate desde este precipicio, que el Señor te sostendrá" (Mateo 4,6), es tan irresponsable como renunciar a un tratamiento de quimio pensando que el Señor va a hacer todo lo demás....

Luego tenemos aquel otro ejemplo, del paralítico en la piscina de BETESDA (Juan 5, 1-8): "Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres sanar? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo" Es un caso que me escandaliza profundamente, a ver si lo habéis leído bien... ¿Treinta y ocho años esperando que alguien tuviera la misericordia de ayudarle a bajar a las aguas sanadoras? Pensemos en el mendigo que pide, normalmente, sentado en el tranco de tu portal, te da pena, te da sentimiento, y te acuerdas de él en tus oraciones ¿De verdad te crees que el Señor va a enviar un bocadillo de chorizo bajado del cielo, cual maná salvador? ¿O tendrá que esperar treinta y ocho años a que caigas en la cuenta? ¡Coño, con perdón, el bocadillo se lo tienes que dar tú!

Que el Señor se lo dijo bien claro a los apóstoles cuando empezaron a agobiarse con la cantidad de gente que llevaba varios días siguiéndoles: "Dadles vosotros de comer" (Lucas 9,13) quiere esto decir que Dios, efectivamente, como padre bueno y providente, vela realmente por nosotros, porque goza de un grupo de hombres y mujeres reales, que se dicen sus hijos, que tienen entrañas de misericordia, como las suyas, para paliar las necesidades de sus hermanos (si es que nos lo creemos). En efecto, los únicos culpables de que la Providencia de Dios no sea percibida como tal en el mundo es que nosotros somos los primeros en obstaculizar su obra, porque nos gusta creer que ello nos exime de responsabilidad ante las necesidades del mundo, y claro, no hacemos nada... Recordad que esa es la crítica principal que hacía MARX al cristianismo, que no nos involucramos en la lucha de un mundo mejor, como cristianos, porque estamos como los apóstoles, el día de la Ascensión, algo así como "embobados mirando o pensando en el cielo", sin querernos remangar para trabajar por lo que de verdad importa, hacer un mundo más justo, social y solidario para todos.

viernes, 19 de junio de 2015

LAUDATO SI'
EUCARISTÍA Y CREACIÓN


Por fin se ha publicado la encíclica "Laudato Si'" del Papa FRANCISCO sobre "el cuidado de la casa común", tiempo tendremos de leerla con calma, valgan estas letras, casi a vuela pluma, para comentar -al fin y al cabo nos llamamos "eucarísticos"- precisamente las vinculaciones que el Papa ha querido hacer entre la Eucaristía y lo creado (nº 233-237), y antes, compartiros que el Papa se ha encargado de remitir a todos los Obispos del mundo el texto de la encíclica acompañado de una pequeña nota manuscrita:


Cuyo texto es el que sigue:

IHS
Vaticano, 16 de Junio de 2015
Querido hermano,
En el vínculo de la unidad, la caridad y la paz (Lumen Gentium 22) en la que vivimos como obispos le remito mi carta "Laudato Si'" sobre el cuidado de la casa común, acompañada con mi bendición.
Unidos en el Señor, por favor, no se olvide de rezar por mí.
FRANCISCO.

Y ahora sí, destaquemos los aspectos eucarísticos de la encíclica, mi comentario en esta ocasión será en amarillo, siendo el texto de la encíclica en su color:

233. El universo se desarrolla en Dios, que lo llena todo. Entonces hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre.

Conocí a una novicia, hoy ya, me consta, religiosa, que en una excursión que hicimos al campo, en el contexto de un retiro de fin de semana que teníamos en una casa en las afueras de la ciudad de dichas religiosas, tras una intensa adoración eucarística, en medio del campo, sintiendo con esa fuerza -todo es fuerte en el campo a personas crecidas, educadas y enseñadas en la ciudad, al fin y al cabo auténticos urbanitas- que, de regreso, andaba con una gran sonrisa en el rostro, y con una gran delicadeza, como dando saltitos por aquel camino rural... pensábamos que aún se sentía en estado de recogimiento tras la adoración, pero al preguntarle que por qué caminaba de esa manera, ella dijo "¡Es que le hago daño al camino!"... Todos nos hemos reído muchas veces, después, recordando aquella anécdota, aunque lo cierto, quizás ella hubiera encontrado esta conexión, esta mística de la que habla el Papa, y remacha con la siguiente cita de un místico sufí:

[Nota.- Un maestro espiritual, Ali Al-Kawwas, desde su propia experiencia, también destacaba la necesidad de no separar demasiado las criaturas del mundo de la experiencia de Dios en el interior. Decía: «No hace falta criticar prejuiciosamente a los que buscan el éxtasis en la música o en la poesía. Hay un secreto sutil en cada uno de los movimientos y sonidos de este mundo. Los iniciados llegan a captar lo que dicen el viento que sopla, los árboles que se doblan, el agua que corre, las moscas que zumban, las puertas que crujen, el canto de los pájaros, el sonido de las cuerdas o las flautas, el suspiro de los enfermos, el gemido de los afligidos…» (Eva De Vitray-Meyerovitch, editora, "Anthologie du soufisme", Paris 1978, página 200)]

El ideal no es sólo pasar de lo exterior a lo interior para descubrir la acción de Dios en el alma, sino también llegar a encontrarlo en todas las cosas, como enseñaba san Buenaventura: «La contemplación es tanto más eminente cuanto más siente en sí el hombre el efecto de la divina gracia o también cuanto mejor sabe encontrar a Dios en las criaturas exteriores» (In II Sententiae, 23,2-3).

234. San Juan de la Cruz enseñaba que todo lo bueno que hay en las cosas y experiencias del mundo «está en Dios eminentemente en infinita manera, o, por mejor decir, cada una de estas grandezas que se dicen es Dios» (Cántico Espiritual, XIV-XV, 5). No es porque las cosas limitadas del mundo sean realmente divinas, sino porque el místico experimenta la íntima conexión que hay entre Dios y todos los seres, y así «siente ser todas las cosas Dios» (Cántico Espiritual, XIV-XV, 5). 

Me viene a la mente que en una pretendida versión apócrifa, de un Evangelio de Mateo previo al canónico, escrito en hebreo y mucho más judaizante que la versión oficial, a este respecto, cuando el Señor habla de su presencia en los que oran y se reúnen en su nombre (Mateo 18,19-20) "Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" añade un corolario apócrifo que dice "yo estoy convosotros: Levantad una piedra, y me encontraréis; partid un trozo de madera y ahí estoy yo", que fuera de contexto puede parecer una afirmación panteista, aunque no tanto en el contexto al que se refiere el Papa FRANCISCO en el párrafo anterior.

Si le admira la grandeza de una montaña, no puede separar eso de Dios, y percibe que esa admiración interior que él vive debe depositarse en el Señor: «Las montañas tienen alturas, son abundantes, anchas, y hermosas, o graciosas, floridas y olorosas. Estas montañas es mi Amado para mí. Los valles solitarios son quietos, amenos, frescos, umbrosos, de dulces aguas llenos, y en la variedad de sus arboledas y en el suave canto de aves hacen gran recreación y deleite al sentido, dan refrigerio y descanso en su soledad y silencio. Estos valles es mi Amado para mí» (Cántico Espiritual, XIV-XV, 6).

235. Los Sacramentos son un modo privilegiado de cómo la naturaleza es asumida por Dios y se convierte en mediación de la vida sobrenatural. A través del culto somos invitados a abrazar el mundo en un nivel distinto. El agua, el aceite, el fuego y los colores son asumidos con toda su fuerza simbólica y se incorporan en la alabanza. La mano que bendice es instrumento del amor de Dios y reflejo de la cercanía de Jesucristo que vino a acompañarnos en el camino de la vida. El agua que se derrama sobre el cuerpo del niño que se bautiza es signo de vida nueva. No escapamos del mundo ni negamos la naturaleza cuando queremos encontrarnos con Dios. Esto se puede percibir particularmente en la espiritualidad cristiana oriental: «La belleza, que en Oriente es uno de los nombres con que más frecuentemente se suele expresar la divina armonía y el modelo de la humanidad transfigurada, se muestra por doquier: en las formas del templo, en los sonidos, en los colores, en las luces y en los perfumes» (Juan Pablo II, Carta apostólica, Orientale lumen (2 mayo 1995)). 

Ya sabéis, los que nos siguen con frecuencia, que somos unos gran enamorados de la iconografía oriental, aprovecho la afirmación del Papa Juan Pablo II para invitaros a que no perdáis ocasión de descubrir el gusto por la lectura de los iconos, he dicho bien, lectura, porque en la tradición oriental los iconos no se pintan, se escriben, porque ellos reflejan la misma presencia y mensaje de Dios que su Palabra, por eso los pintan una y otra vez repitiendo los modelos, esquemas, colores... para ellos sería igual de grave alterar un icono, como alterar una palabra de las escrituras. Descubriréis en cada icono una riqueza de simbología tal que os ayudará, sin duda, a acercaros más al misterio que representa, a orar y a meditar.

Para la experiencia cristiana, todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado, porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del universo material, donde ha introducido un germen de transformación definitiva: «el Cristianismo no rechaza la materia, la corporeidad; al contrario, la valoriza plenamente en el acto litúrgico, en el que el cuerpo humano muestra su naturaleza íntima de templo del Espíritu y llega a unirse al Señor Jesús, hecho también él cuerpo para la salvación del mundo» (Juan Pablo II, Carta apostólica, Orientale lumen (2 mayo 1995)).

Sobre la humanidad y la corporeidad de Cristo yo también he sacado mis conclusiones: He llegado a la conclusión de que pensar en Jesús como amigo (Juan 15,12-17) es algo que está directamente relacionado, de forma proporcional, con la disponibilidad que tengamos a aceptar la humanidad de Cristo. Porque Jesús es "Dios y hombre verdadero", es un dogma de fe, ya sabéis que los monofisismos son las corrientes de pensamiento, heréticas, que niegan una de las dos realidades, o exageran tremendamente sólo una de las dos dimensiones... Nos gusta pensar en el niño Jesús, en brazos de María, presentado en el Templo por María y José, o adorado por los Reyes Magos, pero no nos imaginamos a María cambiando pañales, o a un niño Jesús, como seguro hemos visto a nuestros propios hijos, correteando por la calle, con dos o tres años, con la cara churretosa y dos "velones de mocos" colgando.... Nos gusta imaginarnos al niño Jesús, ya crecidito, perdido entre los doctores del Templo, pontificando acerca de la relación con su Padre... pero no solemos pensar en él como un niño, preadolescente, correteando por Nazaret, con el resto de la chiquillería, con las rodillas "echadas abajo" y las piernas llenas de cardenales, como suele ser propio de los niños de esa edad... Nos gusta pensar en el Señor predicando, enseñando el Padrenuestro, rodeado de multitud, haciendo milagros, y se nos hace duro -pese a que el Evangelio también presenta pinceladas de este tipo-  pensar que tuviera hambre, que tuviera frío, que sonriera, que llorara, que se enfadara, que tuviera ternura, etc, etc... 

Y es que tampoco solemos creernos mucho aquello que se dice de que "era igual en todo a nosotros, salvo en el pecado".... Voy a decir una ordinariez que seguro me resta muchos lectores... ¿Nunca nadie, ninguno de vosotros, ha sentido la imperiosa necesidad de hacer pipí, en medio de una excursión en el campo? ¿Qué haces? Pues te retiras con disimulo del resto de tus acompañantes, buscas un árbol y haces lo que tienes que hacer... deseando que no pase nadie mientras y te sorprenda... (Y esto, en la "comodidad" de ser hombre, que si eres mujer, el problema se multiplica un poco más) ¿Vosotros os creéis -cuando ni siquiera existen en nuestras ciudades actuales- que por aquellos caminos de GALILEA había muchos baños públicos? ¿Entonces? ¿Alguien de verdad osa pensar en el Señor Jesús, haciendo pipí en un árbol, mientras los apóstoles esperaban, en el recodo del camino? Por favor, no seamos tan píos, tan meapilas (me viene al caso el término), como para insultar la humanidad de Cristo, su Encarnación, su cuerpo, alejándole de nosotros en un aurea inaccesible de hiper-divinización exagerada.

236. En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación. La gracia, que tiende a manifestarse de modo sensible, logra una expresión asombrosa cuando Dios mismo, hecho hombre, llega a hacerse comer por su criatura. El Señor, en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a él. En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: «¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo» (Juan Pablo II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia (17 abril 2003). La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración. En el Pan eucarístico, «la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo» (Benedicto XVI, Homilía en la Misa del Corpus Christi (15 junio 2006)). Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado.

Quiero acordarme ahora del malogrado, lo digo por su muerte prematura, del Padre PABLO DOMINGUEZ PRIETO, cuya admiración por las montañas y las cumbres le hicieron un enamorado de celebrar la Eucaristía con frecuencia en la montaña, donde se sentía más cerca de Dios, en la altura, quizás comprendiendo, como pocos, las palabras del Papa BENEDICTO XVI que acabamos de leer. Quizás, sin saberlo, él mismo, que tantas eucaristías había celebrado en la cumbre de la montaña, entregó de la misma manera su vida por nosotros, como Isaac, que iba a ser sacrificado por su padre en la cumbre de la montaña, dándose cuenta de que al final sólo cuenta el amor, como dice en una carta suya a las religiosas de Lerma:“¡Lo que en el momento de la muerte tiene importancia, la tiene también ahora! En definitiva, ¡sólo Cristo y sólo el Amor es lo importante! Cuando tengáis momentos de turbación,  ¡recordadlo! Que no nos seduzca nunca el maligno con máscaras de falsos amores. ¡Sólo Cristo y sólo su Amor es la Vida!”

237. El domingo, la participación en la Eucaristía tiene una importancia especial. Ese día, así como el sábado judío, se ofrece como día de la sanación de las relaciones del ser humano con Dios, consigo mismo, con los demás y con el mundo. El domingo es el día de la Resurrección, el «primer día» de la nueva creación, cuya primicia es la humanidad resucitada del Señor, garantía de la transfiguración final de toda la realidad creada. Además, ese día anuncia «el descanso eterno del hombre en Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2175). De este modo, la espiritualidad cristiana incorpora el valor del descanso y de la fiesta. El ser humano tiende a reducir el descanso contemplativo al ámbito de lo infecundo o innecesario, olvidando que así se quita a la obra que se realiza lo más importante: su sentido. Estamos llamados a incluir en nuestro obrar una dimensión receptiva y gratuita, que es algo diferente de un mero no hacer. Se trata de otra manera de obrar que forma parte de nuestra esencia. De ese modo, la acción humana es preservada no únicamente del activismo vacío, sino también del desenfreno voraz y de la conciencia aislada que lleva a perseguir sólo el beneficio personal. La ley del descanso semanal imponía abstenerse del trabajo el séptimo día «para que reposen tu buey y tu asno y puedan respirar el hijo de tu esclava y el emigrante» (Exodo 23,12). El descanso es una ampliación de la mirada que permite volver a reconocer los derechos de los demás. Así, el día de descanso, cuyo centro es la Eucaristía, derrama su luz sobre la semana entera y nos motiva a incorporar el cuidado de la naturaleza y de los pobres.

jueves, 18 de junio de 2015

LA MISA SOBRE EL MUNDO


Ya que, una vez más, Señor, 
como en los bosques del Aisne, 
también en las estepas de Asia, 
no tengo ni pan, ni vino, ni altar; 
me elevaré por encima de los símbolos 
hasta la pura majestad de lo real, 
y te ofreceré, yo que soy tu sacerdote 
sobre el altar de la tierra, 
el trabajo y la pena del mundo

Hoy se presenta al mundo la Encíclica del Papa FRANCISCO "sobre la custodia de todo lo creado" que llevará por título "Laudato Sii" en homenaje al canto de las criaturas de San FRANCISCO dE ASÍS, pero hasta que me la lea y sea pública no podré decir ni comentaros nada de la misma, es por lo que quiero que este tiempo de espera lo hagamos nuestro, en este contexto, orando las palabras del "ofertorio" de la "Misa sobre el mundo" del Padre TEILHARD de CHARDIN, S.J. 

Este texto se lo inspiró al Padre TEILHARD de CHARDIN, la imposibilidad en que se encontró de celebrar la eucaristía en pleno desierto de ORDOS, durante una expedición científica. Era el día de la Transfiguración, fiesta por la que sentía especial predilección. En aquella circunstancia reflexionó sobre la irradiación de la Presencia eucarística en la totalidad del Universo (otra cita famosa suya era la de definir "la luna como Eucaristía sobre el universo"). Un año después de haber escrito “Misa sobre el mundo”, el propio Padre TEILHARD de CHARDIN precisa aún más interpretándo su propio texto: 

"Para interpretar dignamente el lugar fundamental que la Eucaristía ocupa en la economía del mundo..., pienso que es necesario reservar un gran puesto, en el pensamiento y la oración cristiana, a las dimensiones reales y físicas de la presencia eucarística... Lo mismo que llamamos con razón a "nuestro cuerpo" el centro local de nuestra irradiación espiritual... hay que decir que el cuerpo inicial, el cuerpo primario de Cristo, está limitado a las especies del pan y el vino. Más la Hostia es semejante a un hogar encendido desde donde irradia y se propaga su llama..."

OFERTORIO:

Ya que, una vez más, Señor, como en los bosques del AISNE, también en las estepas de ASIA, no tengo ni pan, ni vino, ni altar, me elevaré por encima de los símbolos hasta la pura majestad de lo real, y te ofreceré, yo que soy tu sacerdote, sobre el altar de la tierra entera, el trabajo y la pena del mundo. El sol acaba de iluminar, allá lejos, la franja extrema del Lejano Oriente. Una vez más la superficie viviente de la tierra se despierta, se estremece y vuelve a iniciar su tremenda labor bajo la capa móvil de sus fuegos. Yo colocaré en mi patena, Dios mío, la esperada cosecha de este nuevo esfuerzo. Derramaré en mi cáliz la savia de todos los frutos que hoy serán molidos. Señor, voy viendo y los voy amando, uno a uno, a aquellos que tú me has dado como sostén y como encanto natural de mi existencia. 

También uno a uno voy contando los miembros de esa otra tan querida familia que se han ido juntando poco a poco alrededor mío, a partir de los elementos más diversos, las afinidades del corazón, de la investigación científica y del pensamiento. Mas confusamente, pero a todos sin excepción, evoco a aquellos cuya multitud anónima constituye la masa innumerable de los vivientes, a aquellos que me rodean y me sostienen sin que yo los conozca, a los que vienen y a los que van, a aquellos, sobre todo, que en la verdad o través del error, en su oficina, en su laboratorio, o en su fábrica, creen en el progreso de las cosas y hoy van a seguir apasionadamente la luz.

Quiero que en este momento mi ser resuene acorde con el profundo murmullo de esa multitud agitada, confusa, o diferenciada, cuya intensidad nos sobrecoge; de ese océano humano cuyas lentas y monótonas oscilaciones introducen la turbación en los corazones más creyentes. Todo lo que va a aumentar en el mundo, en el transcurso de este día, todo lo que va disminuir -todo lo que va a morir, también - he aquí, Señor, lo que trato de concentrar en mí para ofrecértelo; he aquí la materia de mi sacrificio, el único sacrificio que a ti te gusta.

Antiguamente se depositaban en tu templo las primicias de las cosechas y la flor de los rebaños. La ofrenda que realmente estás esperando, aquella de que tienes misteriosamente necesidad todos los días para saciar tu hambre, para calmar tu sed, es exactamente el acrecentamiento del mundo, arrastrado por el universal devenir.

Recibe, Señor, esta hostia total que la creación atraída por ti te presenta en esta nueva aurora. Sé perfectamente que este pan, nuestro esfuerzo en sí, no es más que una inmensa desagregación. Este vino nuestro, dolor, todavía, ¡Ay! no es más que un brebaje disolvente. Mas tú has puesto en el fondo de esta masa informe – estoy seguro de ello, porque lo siento en un irresistible y santificante deseo que nos hace gritar a todos , desde el impío hasta el fiel: "Señor, ¡has de nosotros una sola realidad!"

Porque a falta de celo espiritual y de la sublime pureza de tus santos, tú me has dado, Dios mío, una simpatía irresistible por todo lo que se mueve en la materia oscura (porque, irresistiblemente, reconozco en mí, mucho más que a un hijo del cielo, a un hijo de la tierra) subiré esta montaña con mi pensamiento, a los lugares altos, cargado con las esperanzas y las miserias de mi madre, y allí, fuerte con el sacerdocio que sólo tú has podido darme, estoy seguro de ello, invocaré al fuego, sobre todo lo que en la carne humana, está pronto para nacer o parecer bajo el sol saliente.



miércoles, 17 de junio de 2015

¿ACASO NO ARDÍA TAMBIÉN NUESTRO CORAZÓN?


Siente en mi pecho el fuerte latido
del humano corazón que bombea la sangre
divina por la efusión del Espíritu Santo
que os congrega como hijos míos.

Y junto a mi corazón se haya mi Madre,
que en su seno no me revestí sólo de carne,
pues con mi encarnación y nacimiento
también nació para vosotros la fe y la alegría.

Y si en el encuentro con los apóstoles itinerantes,
de Emaús, su corazón ardía como brasa…
¿Comprenderéis ahora mi pasión por vosotros
Si mi corazón, literalmente, está en llamas?

Y más quisiera que este fuego ardiera,
os purificara y os trajera de vuelta,
a mi corazón, pero sin heridas,
que mi amor no quema, pero impronta deja.

"¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras hablaba con nosotros, en el camino, cuando nos explicaba las Escrituras?"

(Lucas 24, 32)

Hoy vamos a reflexionar sobre el corazón como lugar donde se guarda, custodia y medita la Palabra de Dios, a imagen de MARÍA "que guardaba todas estas cosas en silencio en su corazón" (Lucas 2,19). Si hay un Salmo de la Palabra de Dios por excelencia no cabe duda alguna de que se trata del Salmo 119, uno de los más largos de la Biblia, dicho sea de paso (he ahí la importancia que ha de tener en todo la Palabra de Dios, hasta en el salterio así se manifiesta, aunque sea en extensión), y en él se desgranan profusamente las relaciones existentes entre el corazón como sede de la Palabra de Dios:

Dichosos los que guardan sus preceptos y lo buscan de todo corazón.
Te daré gracias con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos.
Por el camino de tus mandatos correré cuando me ensanches el corazón.
Enséñame a cumplir tu voluntad y a observarla de todo corazón.
Inclina mi corazón a tus preceptos y no al lucro.
Te aplaco de todo corazón; apiádate de mí según tu promesa.
Yo guardo de todo corazón tus decretos.
Que mi corazón se perfeccione con tus normas, y así no fracasaré.
Tus preceptos son mi herencia perpetua, son el gozo de mi corazón.
Incliné mi corazón a cumplir tus normas siempre y cabalmente. 
Clamo de todo corazón, respóndeme, Señor, guardaré tus normas.
Mi corazón tiembla por tus palabras.

Desde esta lectura del salmo es normal que el evangelista diga que a los discípulos itinerantes de EMAÚS, al explicarles el Señor las escrituras, les ardiera el corazón, dada la experiencia del salmista, pero quizás les ardiera más el corazón sintiendo junto a sí los latidos del Corazón de Jesús resucitado, a su lado, con ellos, de esta forma el suyo latía con renovada fuerza, ya ni se acordaban del cansancio del camino, el horizonte se ensanchaba por momentos, nacía la esperanza, porque todo ya era posible... porque de nuevo, en Cristo resucitado, se les revelaba de nuevo, como compendio de todas las escrituras, el amor de Dios. Decía San AGUSTÍN, que si por alguna desgracia o cataclismo, fueran destruidas todas las biblias y quedara una sola copia, y de ésta ya no fuera legible más que una página, y de tal página sólo una línea, si esta línea fuera de la primera Carta de Juan donde está escrito: "Dios es amor" (1 Juan 4,8), "toda la Biblia se habría salvado, porque se resume en el amor de Dios". Ello explica por qué tantas personas se acercan a la Palabra de Dios puede que sin cultura, sin grandes estudios, con sencillez, con fe, porque es el Espíritu Santo quien habla en ella, y ahí encuentran respuestas a sus problemas, luz, aliento, en una palabra: la vida. ¿Acaso no podríamos decir esto mismo del encuentro de MARÍA e ISABEL, dos mujeres enamoradas de la Palabra, tanto que preñadas por ella, engendraban vida?

No seamos excesivamente eruditos, lingüistas, científicos o exegetas al acercarnos a la Palabra de Dios, si exageramos estos matices sería tanto como si un novio que ha recibido una carta de amor de su novia se pusiera a examinarla con el diccionario, desde el punto de vista de la gramática y de la sintaxis, y se entretuviera tanto en estos aspectos, sin percibir todo el amor que en dicha carta su novia le profesa. Acercarnos, reverencial y devotamente a la Palabra de Dios con fe significa leerla, más aún orarla, haciendo de toda ella referencia a Cristo, intentando atrapar en cada página, aquello que tiene que ver con el Señor, que nos habla del Señor. Lo mismo que el Señor hizo con los discípulos de Emaús, y después, como no puede ser de otra forma, alimentados con la Palabra, dejémonos también saciar con la Eucaristía, pues también los discípulos de EMAÚS "reconocieron al Señor al partir el pan" (Lucas 24,35).

Lo mismo que los discípulos de EMAÚS, esa pequeña y desconocida fundadora granadina, Mª EMILIA RIQUELME y ZAYAS, mujer enamorada de la Palabra y de la Eucaristía, como para fundar una congregación religiosa dedicada a ello, pudo bien decir, aunando la experiencia de los discípulos de EMAÚS:

No busques, 
con miras santas, 
algo que no sea tanto, 
como dar todo el corazón 
a Jesús Sacramentado. 
Acompaña mucho 
a Nuestro Señor; 
esto sí que vale. 
¡Qué gran predicador es!

(Mª EMILIA RIQUELME y ZAYAS,
Pensamientos, nº 87)

martes, 16 de junio de 2015

DONDE ESTÉ TU TESORO QUE ESTÉ TU CORAZÓN


Siente en mi pecho el fuerte latido
del humano corazón que bombea la sangre
divina por la efusión del Espíritu Santo
que os congrega como hijos míos.

Y junto a mi corazón se haya mi Madre,
que en su seno no me revestí sólo de carne,
pues con mi encarnación y nacimiento
también nació para vosotros la fe y la alegría.

Y si en el encuentro con los apóstoles itinerantes,
de Emaús, su corazón ardía como brasa…
¿Comprenderéis ahora mi pasión por vosotros
Si mi corazón, literalmente, está en llamas?

Y más quisiera que este fuego ardiera,
os purificara y os trajera de vuelta,
a mi corazón, pero sin heridas,
que mi amor no quema, pero impronta deja.

“Pues donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.”

(Lucas 12,34)

Hay muchas congregaciones religiosas bajo la advocación del Sagrado Corazón de Jesús, del Dulce Corazón de María o, incluso, de ambos, pero quiero que fijemos nuestra atención hoy en los "dehonianos", llamados cariñosamente así por su fundador, el sacerdote francés LÉON GUSTAV DEHÓN (como religioso el Padre LEÓN JUAN DEL SAGRADO CORAZÓN DEHÓN), aunque el nombre oficial es el de Congregación de Sacerdotes del Sagrado Corazón (también llamados reparadores), que tienen entre sus fines (carisma) los siguientes: Promover la devoción al Sagrado Corazón por medio del amor y la reparación, educar a los seminaristas, ofrecer asistencia al clero local y trabajar en misiones extranjeras, aunque el mejor resumen de ello lo encontramos, quizás, en estas palabras del propio Padre DEHÓN:

"Predicad, pues, ardientemente el amor de Dios, presentando al Corazón de Cristo como símbolo y centro de esta realidad divina. Al hombre roto por tantas tribulaciones y tantos interrogantes, mostradle, en Cristo crucificado y resucitado, la certeza suprema del amor de Dios. Yo estoy seguro que de vuestra parte, habrá siempre un renovado empeño de fidelidad y de vigilancia para contribuir en todo momento al bien de las almas y a la edificación de la Iglesia"

En todas las congregaciones religiosas hay un elemento distintivo que hace que automáticamente sepamos ante qué familia religiosa nos encontramos: Casi siempre este elemento suele ser el hábito, nunca veremos un hábito marrón sin pensar en un franciscano o un carmelita, cuyo punto de distinción lo pondrán el rosario o el cordón con los tres nudos, en el caso de los franciscanos, imposible pensar en las Misioneras de la Caridad sin que nos venga a la imagen su típico sari blanco con las franjas azules, en el caso de los "dehonianos" este elemento distintivo es la llamada cruz dehoniana que suelen llevar al cuello (así como la Tau se identifica con los franciscanos), y suele llamar la atención por su forma y por el corazón “vacío” que aparece en el centro. Según la historia de la congregación, el primer diseño de esta cruz, usada desde los inicios por los primeros religiosos y recibiéndola en el momento de su profesión, surgió en Alemania, y con el paso de los años se fue extendiendo por todas las comunidades religiosas y países en los que estamos presentes, siendo llevada, como signo de comunión y fraternidad por los sacerdotes de la misma, por sus laicos comprometidos, por sus jóvenes...

Para los dehonianos el amor de Dios se expresa de un modo radical en la Cruz. Es ahí, en el crucificado, donde encuentran la muestra más grande de un amor que se entrega, que se da, que se hace para todos. Por eso dicha cruz tiene un corazón vacío, porque ya se ha entregado por completo. Porque el amor de Dios, con Jesús, se nos da sin medida. Pero al mismo tiempo, ese vacío y entrega de Jesús en la cruz interroga y llama a responder con generosidad, a descubrir el verdadero amor, como quien nace de nuevo y abre los ojos al mundo, maravillado y sorprendido. Lo decía de esta manera su fundador, el padre LEÓN DEHON: “Del Corazón de Jesús abierto en la cruz, nace el hombre de corazón nuevo”.

Por eso he querido introducir hoy esta enseñanza con la cita evangélica "donde esté tu corazón, esté ahí tu tesoro", los dehonianos de esta manera han descubierto que su tesoro está en la cruz, y en ella ponen su corazón... Siempre he dicho, a nivel personal, que si Santa TERESITA DE LISIEUX afirmaba sin vacilar que "en el corazón de la Iglesia ella quería ser el amor", en mi caso, en el corazón de la Iglesia yo quiero ser la cruz... yo mismo llevaría una cruz dehoniana, expresaría bastante bien este sentimiento, sin embargo, como el Señor a cada cual nos llama a aquello que hace que -como los discípulos de EMAÚS- "arda nuestro corazón" en mi caso como eterno enamorado de la Cruz, y como cristiano, también es que llevo mi cruz al cuello, pero si en el caso de los dehonianos, como hemos visto, la significación la da "un amor que se entrega, que se da, que se hace para todos", en mi caso, la fuente de este amor radica en la Eucaristía, "pan que se entrega, que se parte, reparte y comparte con todos", por eso que desde esta pobre vida "al modo franciscano" con la que me identifico, en el centro de mi cruz, una Tau, se encuentre el Señor-Eucaristía en la custodia. Y viendo la foto, por favor, no os riáis de mí, no es que tenga "una cruz de diario, y otra de los domingos" -como solemos decir, por ejemplo, con la ropa- la de madera es la que suelo llevar siempre al cuello, la de plata fue un regalo que me hizo alguien que me quiere bien, y que tuvo que ahorrar y sacrificarse para regalármela, lo que le honra, y si no me la pongo, no es por una falsa pobreza de "plata no", pues sería un desprecio a la persona que me la regaló, sino por la pragmaticidad de que, en la zona donde vivo, ya me han atracado tres veces, por lo que como comprenderéis, me dolería mucho más perderla de esta manera que disgustar a quien me la regaló por no usarla tan a menudo.

¿Qué nos haríamos las Misioneras sin cruz? 
No miremos la madera de que se compone, esto da  igual; 
miremos que son las joyas con que Nuestro Señor quiere adornarnos, 
para estar bien hermosas en el incomparable momento de entrar en el reino celestial.

(Mª EMILIA RIQUELME y ZAYAS, Pensamientos, nº 177)