viernes, 31 de julio de 2015

NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES
"Puerta siempre abierta, rosa sin espinas"


La pequeña ermita de NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES, se enclava en ASÍS, en la demarcación territorial del mismo nombre y según los historiadores pudo haber sido erigida por el Papa LIBERIO (años 352-366) para entregársela a los eremitas de San JOSAFAT que en la soledad de aquel bosque habían empezado a retirarse a aquella zona, por eso fue llamada primeramente NUESTRA SEÑORA DEL VALLE DE JOSAFAT, aunque desde que la ermita pasó definitivamente a ser de titularidad de los benedictinos en el año 516, empezó a ser llamada NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES, y no tanto porque se refiera a la Ascensión de Nuestra Señora al Cielo, acompañada de ángeles, sino porque -desde siempre- los campesinos del lugar afirmaban que se escuchaban, cerca de la ermita, cantos angélicos, lo que habían referido a los propios benedictinos, primero, y a San FRANCISCO, después.

La ermita fue alquilada por los benedictinos a San FRANCISCO, como lugar de culto y vivienda para FRANCISCO y sus primeros compañeros, a cambio de "un cesto de pescado anual". Desde entonces la pequeña ermita, "porziuncola", se convirtió en el corazón de la incipiente Orden Franciscana: En ella vivían y residían, tenían sus celebraciones litúrgicas, en ella, el Domingo de Ramos del año 1.211 hizo sus primeros votos CLARA de ASÍS, y en ella tienen, desde los tiempos de FRANCISCO los franciscanos sus reuniones y capítulos, normalmente en Pentecostés.

La vinculación de NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES con el GRAN PERDÓN DE ASÍS viene dada por la propia visión de FRANCISCO que motivó esta indulgencia, según los historiadores:

Un día del verano de 1216, el poverello partió para PERSUA, acompañado del hermano MASSEO. La noche anterior, Cristo y su Santa Madre, rodeados de ángeles, se le habían aparecido en la capilla de Santa María de los Ángeles:

- Francisco -le dijo el Señor- pídeme lo que quieras para gloria de Dios y salvación de los hombres.

- Señor -respondió el Santo- os ruego por intercesión de la Virgen aquí presente, abogada del género humano, concedáis una indulgencia a cuantos visitaren esta iglesia.

La Virgen se inclinó ante su Hijo en señal de que apoyaba el ruego, el cual fue oído. Jesucristo ordenó luego a FRANCISCO se dirigiese a PERUSA, para obtener allí del Papa Honorio III el favor deseado.

Es sabido que San FRANCISCO tenía varios grandes pilares espirituales en su crecimiento interior: El Evangelio y la Palabra de Dios, su amor a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (a la que le dedicó un Oficio de Lectura y Oración), su amor por la Encarnación del Señor (y por ende la fiesta litúrgica de la Navidad) y la Virgen María, bajo su advocación de "los Ángeles". De entre los escritos de San FRANCISCO destaca esta "Salutación a la Bienaventurada Virgen María":


Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, 
María, que eres virgen hecha iglesia 
y elegida por el santísimo Padre del cielo, 
a la cual consagró Él 
con su santísimo amado Hijo 
y el Espíritu Santo Paráclito, 
en la cual estuvo y está 
toda la plenitud de la gracia y todo bien. 
Salve, palacio suyo; 
salve, tabernáculo suyo; 
salve, casa suya. 
Salve, vestidura suya; 
salve, esclava suya; 
salve, Madre suya 
y todas vosotras, santas virtudes, 
que sois infundidas por la gracia 
e iluminación del Espíritu Santo 
en los corazones de los fieles, 
para que de infieles hagáis fieles a Dios.

Amén

Si los cistercienses, desde San BERNARDO DE CLARAVAL, autor de la oración mariana del "memorare" tienen su confianza absoluta puesta en MARÍA "Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido desamparado", de la misma manera los franciscanos pueden decir que, San FRANCISCO -desde el acontecimiento de la visión en la Porciúncula- les ganó la misma confianza y el favor de MARÍA, pues, como dice la crónica "y la Virgen, inclinando la cabeza, apoyaba sus ruegos".


Con esta confianza, como los ángeles que los campesinos afirman que se oyen cantar en el entorno de la Porciúncula, cantamos a NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES, con el canto de CESAREO GABARAÍN, a modo de plegaria; a modo de curiosidad señalar que las referencias a "la puerta siempre abierta, rosa sin espinas" se refieren a la propia Porcíuncula (lugar del perdón, cuyas puertas siempre están abiertas) y al "rosetto del santo", pequeño jardincillo de rosas sin espinas, que crecen a las afuera de la gran basílica actual, a las que se arrojó San FRANCISCO en una ocasión para doler su cuerpo huyendo de las tentaciones.


Hoy quiero cantarte, Señora de los ángeles,
Reina soberana, madre celestial.
Yo soy una alondra que ha puesto en ti su nido 
Viendo tu hermosura, te reza su cantar.

Luz de la mañana, María templo y cuna,
Mar de toda gracia, fuego, nieve y flor.
Puerta siempre abierta, rosa sin espinas.
Yo te doy mi vida soy tu trovador.

Salve surco abierto, donde Dios se siembra, 
te eligió por Madre Cristo el Redentor. 
Salve Esclava y Reina, Virgen Nazarena, 
casa, pan y abrazo para el pecador. 

jueves, 30 de julio de 2015

LAS LLAGAS DE FRANCISCO
PRESENCIA DEL SEÑOR
SERVICIO A LOS POBRES


Ayer decíamos que, si nosotros mismos, respecto de los santos, especialmente de San FRANCISCO, pese a haber sido puestos por la Iglesia para modelo nuestro y despertar en nosotros su imitación, ¡no pasamos de malas fotocopias de los originales!, que nos preguntáramos qué es lo que diría el propio FRANCISCO respecto, a su vez, de su seguimiento e imitación de Cristo. Ya lo dijo el mismo Señor en el Evangelio "el siervo no es más que el Señor, un discípulo no puede estar por encima de su maestro" (Mateo 10,24-25), y sin embargo... ¡qué cerca estaba FRANCISCO del Señor, hasta reproducir en sí los signos de la pasión, esto es, sus santas llagas!

En el año 1.224, dos años antes de su fallecimiento, habiendo dejado el generalato de la Orden, FRANCISCO dispuso pasar la "Cuaresma de San MIGUEL" (San FRANCISCO celebraba varias cuaresmas, períodos de 40 días de ayuno y oración, uno de los cuales lo hacía en Septiembre, por eso el nombre) en el Monte ALVERNA, acompañado por el hermano LEÓN y otros pocos compañeros. Estando en oración y penitencia, se le apareció un Serafín, tras cuya visión, descubrió que tenía en su cuerpo, con alegría aunque con un dolor indescriptible, las llagas de la pasión de Cristo, las señales de los clavos de Cristo en sus manos, en sus pies, y la herida de la lanzada en su costado. Y aunque al principio quiso ocultarlo, no fue sino por el dolor que soportaba, como los hábitos y camisola interior que manchaba de sangre del costado, que no tuvo más remedio que referir a sus hermanos lo sucedido, siendo así que, desde entonces, sólo el hermano LEÓN fue autorizado para lavarle, paliarle en la medida de lo posible el dolor y vendarle cada día, hasta su muerte.

Cabría preguntarse acerca del por qué del milagro de la impresión de las llagas de la pasión del Señor en San FRANCISCO, de hecho es el primer santo de la historia con este don sobrenatural, aunque después hayan sido muchos más los que también hayan sido privilegiados con esta íntima cristificación, otro Cristo en la tierra, en el corazón, en las manos, y en los pies... San BUENAVENTURA, como el resto de franciscanos de la primera generación, lo tuvo claro, la impresión de las llagas de FRANCISCO eran una especie de sello, de cuño, por el que el Señor manifestaba al mundo cuán cerca estuvo FRANCISCO de ser "otro Cristo", de cómo esta identificación plena con el Señor, es posible... 

Otro FRANCISCO, en este caso, el Papa, en su homilía del 3 de Julio del año 2.013 nos ofrece una nueva lectura y comprensión de las llagas: Ante todo nos recuerda las diversas actitudes de los discípulos «cuando Jesús, después de la resurrección, se dejó ver»: Algunos estaban felices y alegres, otros dudosos. TOMÁS, a quien el Señor se le mostró ocho días después de la primera aparición, era también incrédulo. «El Señor –dijo el Papa explicando esta demora– sabe cuándo y por qué hace las cosas. A cada uno da el tiempo que Él cree más oportuno». A TOMÁS le concedió ocho días; y quiso que en su propio cuerpo aparecieran otra vez las llagas, no obstante estuviese «limpio, bellísimo, lleno de luz», justamente porque el apóstol –recordó el Papa– había dicho que si no metía el dedo en las llagas del Señor no creería, «¡Era un testarudo! Pero el Señor –comentó el Pontífice– quiso precisamente a un testarudo para hacernos entender algo más grande. Tomás vio al Señor, se le invitó a meter los dedos en la llaga de los clavos, a meter la mano en el costado. Pero luego no dijo: “Es verdad, el Señor ha resucitado”. No. Fue más allá, dijo: “Señor mío y Dios mío”. Es el primero de los discípulos que hace la confesión de la divinidad de Cristo después de la resurrección. Y le adoró».

De esta confesión –explicó el Obispo de Roma– se comprende cuál era la intención del Señor respecto a TOMÁS: Partiendo de su incredulidad le llevó no tanto a afirmar la resurrección, sino más bien su divinidad. «Y Tomás –dijo el Papa– adora al Hijo de Dios. Pero para adorar, para encontrar a Dios, al Hijo de Dios, tuvo que meter el dedo en las llagas, meter la mano en el costado. Este es el camino».

¿Qué nos enseñan las llagas del Señor? ¿Qué hemos de aprender de ellas a raíz de la confesión de fe de TOMÁS? 

Naturalmente «en la historia de la Iglesia –prosiguió el Pontífice– ha habido algunos errores en el camino hacia Dios. Algunos creyeron que el Dios viviente, el Dios de los cristianos» se podía encontrar yendo «más alto en la meditación». Pero esto es peligroso; ¿Cuántos se pierden en ese camino y no llegan? Llegan, sí, quizás al conocimiento de Dios, pero no de Jesucristo, Hijo de Dios, segunda persona de la Trinidad –precisó el Pontífice–. No llegamos a esto. Es el camino de los gnósticos: «Son buenos, trabajan, pero ese no es el camino justo, es muy complicado» y no lleva a buen fin.

Otros, continuó el Pontífice, pensaron que para llegar a Dios debemos ser buenos, mortificados, austeros y eligieron el camino de la penitencia, sólo la penitencia, el ayuno. Tampoco estos llegaron al Dios vivo, a Jesucristo Dios vivo. Estos, añadió, «son los pelagianos, que creen que con su proprio esfuerzo pueden llegar». 

Entonces, se pregunta de nuevo el Papa: «¿Pero cómo puedo hoy encontrar las llagas de Jesús? Yo no las puedo ver como las ha visto Tomás. Las llagas de Jesús las encuentro haciendo obras de misericordia, dando al cuerpo, al cuerpo y también al alma, pero destaco el cuerpo de tu hermano llagado, porque tiene hambre, porque tiene sed, porque está desnudo, porque es humillado, porque es esclavo, porque está en la cárcel, porque está en el hospital. Esas son las llagas de Jesús hoy. Y Jesús nos pide hacer un acto de fe a Él por medio de estas llagas».

No es suficiente –añadió aún el Papa– constituir «una fundación para ayudar a todos», ni hacer «muchas cosas buenas para ayudarles». Todo esto es importante, pero sería sólo un comportamiento filantrópico. En cambio –dijo el Papa Francisco– «debemos tocar las llagas de Jesús, debemos acariciar las llagas de Jesús. Debemos sanar las llagas de Jesús con ternura. Debemos literalmente besar las llagas de Jesús». La vida de san Francisco, –recordó– cambió cuando abrazó al leproso porque «tocó al Dios vivo y vivió en adoración». 

"Tocó al Dios vivo y vivió en adoración" interesantes estas últimas palabras del Papa FRANCISCO. En efecto, dice también RAINIERO CANTALAMESSA, Ofm.cap, en su librito "La Eucaristía, nuestra santificación":

El Señor, verdaderamente presente en la Eucaristía, que celebramos, comulgamos y adoramos, al que confesamos como "verdadero Dios y verdadero hombre". En la adoración eucarística confesamos que él es "verdadero Dios" ¿Cómo podríamos manifestar de forma igualmente tangible que sea para nosotros "verdadero hombre"? El Señor dijo claramente respecto de sí en la Eucaristía: "Este es mi cuerpo", pero respecto de su humanidad también dijo: "Yo tuve hambre, yo tuve sed, yo estuve desnudo, yo estuve preso, yo estuve enfermo..." (Cfr. Mateo 25,35) De esta forma podemos afirmar que en el pobre, aunque no sea de la misma manera que en el pan y en el vino, sin miedo a equivocarnos, hay una presencia real de Cristo porque Cristo así quiso identificarse con ellos, de esta forma ha querido el Señor, por esta identificación, hacerse presente en medio de los pobres, y aunque acoger a los pobres no nos transmite necesariamente a Cristo, como sucede en la Eucaristía, sí que podemos argumentar, en sentido negativo, que quien no acoge a los pobres, en modo alguno acoge a Cristo.

Si pensamos, por ejemplo, en que no siempre nos es posible acercarnos a comulgar todos los días, adquieren una nueva relevancia las palabras del Señor al decirnos "a los pobres los tendréis siempre entre vosotros" (Mateo 26,11), porque el comulgar dura sólo un instante, pero siempre podremos "comulgar con el Señor por medio de los pobres". Basta con quererlo. No existen limitaciones al respecto. Como decía el propio San FRANCISCO: "Cuando no escucho la santa misa, adoro el cuerpo de Cristo en la oración, con los ojos de la mente, del mismo modo con que lo adoro cuando lo contemplo durante la adoración eucarística". Por eso, cada vez que estemos en la presencia de un pobre, de un menesteroso, de alguien que sufre, especialmente en aquellos casos de un sufrimiento extremo (sea físico o espiritual), bien que deberíamos oír en nuestro interior, con los oídos de la fe, la voz de Cristo que nos dice: "Este es mi cuerpo".

De la misma manera, el Papa FRANCISCO, en su discurso a la CÁRITAS de ROMA, el 28 de Julio de 2.015, ha dicho, con este sentir: "¡Cómo me gustaría que nuestras comunidades parroquiales, al hallarse en oración, se pusieran de rodillas al advertir que un pobre entra en la Iglesia, de la misma forma que hacemos cuando el Señor pasa!"

Hoy es jueves, jueves eucarístico, quizás por ello me ha salido así la catequesis de hoy, nos quedan tres días para llegar a nuestra meta, al atrio de entrada de la PORZIUNCOLA, donde podremos leer a modo de bienvenida, como explicábamos el primer día "Este lugar es santo. Esta es la puerta que conduce a la vida eterna", en palabras de la biografía de Mª EMILIA RIQUELME, refiriéndose a los últimos momentos de su vida, previos a su muerte, titula "último repecho", como quien ya va llegando a la cumbre, a la meta... aún nos queda encontrarnos con MARÍA, cuya advocación de NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES está tan unida al acontecimiento del GRAN PERDÓN DE ASÍS, y a la iglesita de la PORZIUNCOLA, a ella dedicada, pero eso será mañana, no temáis la separación, temporal en este caso, pues como nos dejó grabado a fuego en el corazón aquella inocente cancioncilla infantil: "Una madre no se cansa de esperar".

Toda la catequesis de hoy, sobre las llagas de Francisco, sobre su presencia en los pobres y sobre nuestro servicio, igualmente tienen su versión musical, en CESAREO GABARAÍN en su peculiar lectura expresada en este bello canto, titulado popularmente "Rosas de Sangre" aunque su título oficial es "Tras las huellas del crucificado":


Rosas de sangre han florecido
reviven en tu cuerpo la Pasión,
Francisco de amor estás herido
las manos, los pies, el corazón.

Tus manos que acogen a los pobres
y partes tu pan con el mendigo
yo quiero también amar a todos
ya puedes contar Señor conmigo.

Sembrando la Paz y el Bien caminas
y yo sembrador iré a tu lado
en Ti el Evangelio es carne viva
y Cristo también Crucificado.

miércoles, 29 de julio de 2015

LA ALEGRÍA PERFECTA
LA ALEGRÍA DEL PERDÓN


Cuando en el año 2.005 falleció JUAN PABLO II, pocas semanas después, los medios de comunicación publicaron su "testamento espiritual", aparte de su contenido, todos los medios era unánimes en afirmar que era inaudito que la Iglesia hiciera público un documento de esta naturaleza, lo cual -como le suele suceder a los medios de comunicación, que siempre se dejan llevar por la euforia del momento- no era del todo cierto, pues con anterioridad, ya e hizo público en su día el "testamento espiritual" de PABLO VI.


Pero... ¿Qué es un testamento espiritual? Por testamento espiritual se entiende el documento a modo de carta última página del diario, anotaciones personales, por la que una persona, sintiendo cercano el final de sus días, pone por escrito ciertas recomendaciones,  o la sabiduría que se adquiere al final del camino, o intenta encarrilar una obra que tiene a medias, se confiesa de aspectos aún desconocidos de su pasado, pide perdón por las cuentas pendientes que le quedan, o se lamenta de aquellos proyectos que ya no podrán ser... Evidentemente, revelan mucho de la personalidad de la persona que los deja escritos, porque nadie dudará de que, al final de la vida, es cuando uno quizás se siente más libre, sin ataduras, para expresarse, de todas formas ya está próximo a comparecer ante Dios con su sola alma desnuda...

Y tampoco JUAN PABLO II o PABLO VI es que hayan sido los únicos en dejarnos documentos de esta naturaleza, muchos santos hicieron lo mismo, hay testamentos espirituales de MARCELINO CHAMPAGNANT, de LUIS de FRANCIA, del propio FRANCISCO de ASÍS, también lo hay de CLARA de ASÍS, del padre PÍO, de BERNARDETTE, de LUISA de MARILLAC, etc, etc... Muchas veces nos lanzamos sobre estos textos para descubrir más cosas de nuestro santo favorito, de nuestro fundador de instituto religioso, de nuestro director espiritual, como intentando -algo así como hiciera el profeta ELÍAS al entregar su capa a ELISEO antes de ascender al cielo (2 Reyes 2,12-13)- reproducir en nosotros algo de esa persona excepcional que se nos marcha...

...y aquí es donde se demuestra, una vez más, cuán paradójicos somos los seres humanos, somos capaces de hacer esto con los santos, como yo digo siempre, si nosotros somos "malas fotocopias" de los originales, ¡figuráos lo que dirían los santos de sí mismos en comparación con el Señor!, volvamos pues a las fuentes, al Señor mismo, porque nos decimos cristianos, pero precisamente, lo que más se nos encasquilla en nuestro ser cristianos, en nuestro ser discípulos, en nuestro seguir a Jesús, es en su "testamento espiritual", porque vamos a figurarnos por un momento que fueran sus últimas palabras: "¡Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen!" (Lucas 23,34)

¡Ah, acábarase el invento, perdonar....! Estoy por afirmar que es de todas las actitudes humanas la más heróica, difícil, extraña y ausente conducta en la gran mayoría de nosotros ¡Cuántos no dicen aquello de "yo perdono, pero no olvido"! (metámonos todos en el mismo saco), si hasta el bueno, por simple, de PEDRO, dudando de nuestra capacidad de perdonar tuvo que preguntar al Señor "donde se encontraba el límite del perdón" y el Señor le responde "perdonar hasta setenta veces siete si hace falta" (Mateo 18,22), no nos engañemos, nunca llegaremos a ser ese pozo de misericordia insondable (cfr. Salmo 118,29) que es el corazón de Dios, ni por asomo... Todos tenemos experiencia de quien nos ha hecho daño, nos ha faltado el respeto, nos ha pisado profesionalmente, nos ha puesto zancadillas en la vida... todos tenemos experiencia de tener ese "alter ego" negativo por la vida que parece sólo puesto para -con perdón- jodernos la nuestra propia, todos tenemos conciencia de "nuestro mayor enemigo", lo reconozcamos o no.... y todos tenemos clara, al menos, la conducta a seguir, lo rezamos en el Padrenuestro: "Perdona, Señor, nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden"... San PABLO nos lo recurda de esta manera "perdonaos si alguien tiene queja de otro; como el Señor los ha perdonado, así también haced vosotros"(Colosenses 3,13)... Entonces si todo esto es cierto ¿por qué se nos hace tan duro, tan cuesta arriba el perdonar, cuando somos nosotros los que hemos de perdonar a otros?

No me atrevo a aventurar una respuesta, no soy antropólogo, ni sociólogo, ni psicólogo, ni mucho menos un "buen perdonador"... Hasta qué punto se nos atranca el perdonar, que hasta mi propia madre, tan dada a refranillos, tiene uno que le gusta mucho decir que es "el Señor nos mandó que fuéramos hermanos, no primos", que es la forma andaluza y maliciosa de dar a entender "¡buenos sí, tontos no!"... pero me atrevo a aventurar que la respuesta se encuentra en estas palabras del Señor: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mateo 11,29), y es que, antes, citando a San PABLO sobre el perdón en Colosenses, me he comido a caso hecho como principia el versículo, pues el texto completo dice "soportáos los unos a los otros, perdonaos si alguien tiene queja de otro", quizás adquiriendo mayor mansedumbre y humildad no nos airemos tanto cuándo nos ofendan, nos ataquen o nos vituperen, así, no alimentando este fuego, el perdón fluya con mayor naturalidad... Algo así discurría FRANCISCO de ASÍS al definir en qué consistía "la verdadera alegría" que nos llevará a la última de esta serie de catequesis "la alegría del perdón", pero como decía mi querida MAYRA GOMEZ KEMP, en el UN, DOS, TRES, hasta aquí puedo seguir leyendo....

Pero ¿cuál es la verdadera alegría? Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó acá, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se forman canelones del agua fría congelada en las extremidades de la túnica, y hieren continuamente las piernas, y mana sangre de tales heridas. Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, viene el hermano y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: El hermano Francisco. Y él dice: Vete; no es hora decente de andar de camino; no entrarás. E insistiendo yo de nuevo, me responde: Vete, tú eres un simple y un ignorante; ya no vienes con nosotros; nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos. Y yo de nuevo estoy de pie en la puerta y digo: Por amor de Dios recogedme esta noche. Y él responde: No lo haré. Vete al lugar de los Crucíferos y pide allí. Te digo que si hubiere tenido paciencia y no me hubiere alterado, que en esto está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del alma.

Así, que en los días que nos quedan, en nuestro peregrinar al perdón de ASÍS, recemos mucho el Padrenuestro, pidiendo al Señor que "perdone nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", sintiéndolo de verdad, no como un postizo que sabemos que somos incapaces de cumplir, adquiramos para ello la mansedumbre y la humildad del Señor, porque ellas son las que nos darán esta capacidad de perdonar, ellas son "la perfecta alegría", y perdonando es que descubriremos "la alegría del perdón": 


Cuando en el invierno llegas aterido, 
llamas a mi puerta y no te quiero abrir. 
Cuando a los insultos con amor respondes, 
tu mirada alegre vuelve a sonreír.

Esa es la alegría, la alegría hermosa, 
que perfuma el alma y le da salud. 
Esa es la alegría de tu ser en calma, 
gozo y paz del cielo. Esa es la virtud.

Aunque vengan reyes, ricos y doctores, 
sé que la alegría no me la darán.
La alegría hermosa nace siempre dentro, 
en mi casa pobre que te da su pan.

martes, 28 de julio de 2015

FRANCISCO, REPARA MI IGLESIA...


Ayer, como auténticos peregrinos y romeros, conscientes de nuestro pecado, dábamos el primer paso diciéndonos "iré donde mi Padre" (Lucas 15,18), y nos poníamos gozosos en camino, como pueblo unido, animándonos en la fe, diciéndonos "¡Vamos a la casa del Señor!" (Salmo 122,1), en camino hacia "esa pequeña porción de tierra", la PORZIUNCOLA, donde como meta y abrazo, esperamos encontrar el perdón del Padre bueno del cielo que nos diga "¡Hagamos fiesta, porque este hijo mío estaba perdido y lo he encontrado, estaba muerto y ha vuelto a la vida!" (Lucas 15,24).

"¡Vamos a la casa del Señor!", recomendados por San FRANCISCO, el mismo al que el Señor le tocó el corazón, entre las ruinas de la pequeña ermitica de San DAMIÁN diciéndole "Francisco, repara mi Iglesia", podemos entonces preguntarnos ¿Cuál es nuestro papel en la Casa del Señor?

Queremos que el Señor sea el cimiento de nuestra vida, y a través de su perdón reconciliarnos con Él y con el resto de nuestros hermanos. El Señor que nos edifica en su amor, que nos llene con la sabiduría de su palabra y haga de nosotros un edificio inquebrantable por la fe. Sin embargo, pese a que como dice San PABLO "vosotros sois templo del Espíritu Santo" (1 Corintios 3,16), tenemos necesidad de perdón, descubrimos en nosotros -en argot del derecho civil- "los defectos y los vicios ocultos de la edificación", nuestros daños estructurales, los que encontramos en nuestra propia edificación interior, y regresamos, una y otra vez al Señor, con la esperanza de que él se erija en el cimiento que consolide nuestra vida.

El profeta ISAÍAS, aunando esta necesidad de perdón y restauración de su pueblo pone en boca del Señor las siguientes palabras "reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre los cimientos de antaño, serás llamado tapiador de brechas, restaurador de casas en ruinas" (Isaías 54,12), pero para ello es precisa nuestra labor, nuestra responsabilidad por ser restaurados, por ser sanados, por ser reconstruidos, aunque sabemos que nada podemos hacer sin la ayuda del Señor, pues nos advierte la escritura "si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles" (Salmo 126,1), aunque no por ello exentos de nuestro esfuerzo, nuestra disponibilidad, nuestra colaboración, de lo contrario iremos perdiendo, poco a poco, nuestra capacidad de construir, de edificar, de levantar en nosotros el templo del Espíritu Santo, sostener a la Iglesia... Precisamente una piadosa tradición apócrifa nos dice que el hombre de la mano seca que sanó el Señor un sábado (Mateo 12,9-14) era, curiosamente, albañil (San JERÓNIMO, Comentario sobre Mateo), es decir, si no ejercitamos nuestra pericia, o nuestros dones, éstos se pierden, se secan, se vuelven estériles, incapaces de construir nada... si no reconocemos que necesitamos del perdón, si no tenemos la humildad de sabernos faltos de perdón, entonces nos petrificaremos, pero en falso, seremos tan frágiles como la casa levantada sobre arena.

Confesar al Señor y pedir perdón es afirmar que el Señor es nuestra roca, que sobre Él queremos edificar nuestra vida, que Él se constituye en "material válido" para la construcción de nuestras vidas, en esa "piedra que desecharon los constructores" (Salmo 118,22) pero que se erige en la piedra angular que corona el edificio de nuestra pobre existencia, una existencia fundada en el ejemplo y en la Palabra, que pese a la dificultad se sabe cimentada en el Señor.

¡Cimiento, roca, arena, casa, edificación, tapias, brechas, vicios ocultos....! ¡Parece que os he dado una lección de arquitectura más que una enseñanza sobre la conversión! ...

...pero a ninguno se os escapará que, justo, fueron las palabras del Señor a FRANCISCO "repara mi Iglesia" las que motivaron el principio de su conversión.

Y con esta canción es con la que nos despedimos hoy, tomada nuevamente, del album FRANCISCO, de CESAREO GABARAÍN, esta vez por título "FRANCISCO REPARA MI IGLESIA":


"La Iglesia se está cayendo, ya ves,
sus muros rotos están". 
Así habló a Francisco el Señor
en la ermita de San Damián.

Yo puedo cerrar sus grietas, Señor
mis manos te ayudarán.
Verás que limpia y hermosa estará
nuestra ermita de san Damián.

Iglesia humana y divina a la vez,
que en luz y sombras la ves,
viviendo el Evangelio,
más pobre y libre ha de ser.

La Iglesia que nos preocupa no es
de piedra ni es material.
La Iglesia somos los hombres y Dios,
no la ermita de San Damián .

Queriendo ser hoy mejores que ayer
la vamos a reparar,
cumpliendo lo que le Señor nos pidió
en la ermita de San Damián.

lunes, 27 de julio de 2015

PEREGRINOS DEL PERDÓN
"Iré donde mi Padre"


No es de extrañar que para determinados jubileos o años santos sea preciso "un peregrinar", un ponerse en camino hacia el lugar del hecho o evento que se celebra, suele ser este requisito -de ordinario- junto con el resto de los requisitos ordinarios, una de las exigencias para ganar las indulgencias o gracias de que se trate, vinculadas a tal lugar, evento o hecho celebrativo... Y es que, en el fondo, no es tanto la indulgencia la que nos gana el perdón, porque el perdón es algo que nos gana el simple hecho de sabernos necesitados de él, darse cuenta de nuestra necesidad de perdón ya de por sí nos redime en cierto modo, y el perdón exigen necesariamente ponerse en camino, peregrinar... por eso bien dice el hijo pródigo: "Iré donde mi Padre" (Lucas 15,18).

En efecto, "iré donde mi Padre" cargado con mi pecado, mis faltas, mi vida, y de rodillas le pediré perdón "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco que me llames hijo tuyo" (Lucas 15,21). San AGUSTÍN tiene unas bellísimas palabras sobre esta necesidad celebrativa de ponerse en caamino, aunque el las refiere a la expresión "Vamos a la casa del Señor" (Salmo 122, 1) pues él se encuentra comentando este conocido Salmo:


"Hermanos, recordad vuestra caridad en la fiesta de algún mártir o de algún santo lugar a donde concurre en determinado día el pueblo para celebrar la fiesta ¡Cómo se excita la multitud! ¡Cómo se animan entre ellos diciendo: Vayamos, vayamos! Y cuando alguien les pregunta ¿A dónde hemos de ir? Le responden ¡A aquél lugar, al lugar santo! Mutuamente se animan y como incendiados todos de por sí, van formando una llama, y esta llama formada por la conversación de los que mutuamente se animan los lleva al lugar santo, y este santo pensamiento de la llegada, ya los santifica. Luego, si de este modo arrastra el amor por un lugar terreno ¿Cuál no debe ser el amor que nos arrebate mutuamente hacia el cielo, animándonos mientras nos decimos "Vamos a la casa del Señor"? Corramos, corramos, no nos cansemos, porque llegaremos al lugar en el que no nos fatigaremos. Corramos hacia la casa del Señor. Se alegre nuestra alma con la voz de aquellos que nos llaman, porque siendo los primeros en divisar la patria y gritan a los que venimos detras "Vamos a la casa del Señor" Apresuraos, corred..."

Acerquémonos pues, este 2 de Agosto, al perdón que el Señor nos tiene prometido, a petición de San FRANCISCO ("y la Virgen inclinaba la cabeza en señal de aceptación, entre sus ángeles" -nos dicen los anales franciscanos), pongámonos en camino, como ha dicho San AGUSTÍN "¿A dónde vamos?", a la PORZIUNCOLA, como sede primigenia de este privilegio, luego por la magnanimidad de PABLO VI a "cualesquiera otros santuarios, iglesias, conventos, monasterios u oratorios franciscanos", y no lo hagamos solos... Como ha dicho también San AGUSTÍN animémonos también los unos a los otros, inflamemos en nuestros corazones el deseo de decir "iré dónde mi Padre, vamos a la casa del Señor" y ya que San FRANCISCO quiso ganarnos este perdón para todos, hagamos este camino acompañados, vayamos en familia, en comunidad, con nuestro grupo de oración, con el grupo de compañeros del trabajo del desayuno de la mañana, con las vecinas del bloque...


Anticipad, pues en estos días "la alegría del perdón", preparando el camino, el itinerario, la ruta... no sería mala idea ir pensando en el destino ¿Qué iglesia, convento, oratorio, monasterio o parroquia franciscana hay en mi barrio, ciudad, pueblo?, y una vez allí ¡qué mejor momento para confesar!... 

La Biblia titula el Salmo 122, el de "Vamos a la Casa del Señor", como "Himno a Jerusalén, canto de peregrinación", por eso, para animar este camino de peregrinación, os proponemos hoy la canción "cantando de alegría", nuevamente, del álbum FRANCISCO de CESAREO GABARAÍN porque tiene este mismo sentido de caminar "Tú, Señor, quieres que te siga, sé muy bien a dónde debo ir...":


Dentro de mi alma, cantando de alegría, 
sol de mil colores, estalla un surtidor. 
Quiero amar a todos lo mismo que María, 
quiero ser de todos amando un mismo amor.

Tú, Señor, me dices que te siga, 
sé muy bien a dónde debo ir. 
Porque estás en todos mis hermanos, 
y en su amor te estoy amando a ti.

Tú, Señor, qué solo estás a veces 
tu dolor profundo y sin hablar. 
Un temblor de manos ya cansadas 
un buscar amigos... y soñar.

Tú, Señor, hambriento de cariño, 
hallarás refugio en mi jardín. 
Floreció de rosas muy pequeñas 
mas tendrás un sol que compartir.


sábado, 25 de julio de 2015

¿PARA QUÉ LOS POBRES?
¿PARA QUÉ SER PERDONADOS?


¡Parece que se nos acumula el trabajo! ¡Para eso debe de ser Domingo, para que no estemos ociosos en el Señor! Recapitulemos: A saber: Tenemos entre manos el comentar el Evangelio de hoy, añádase el ciclo de catequesis que queremos dar para prepararnos a recibir el GRAN PERDÓN DE ASÍS, el día 2 de Agosto, y tenemos todavía que ir montando (aunque hay gente que ya lo está haciendo) la urdimbre de nuestro #Proyecto7Semanas, es decir, un Seminario de vida en en Espíritu, dirigido a personas sin techo.

Pues bien, ha querido la providencia que todo ello venga a desembocar, de forma natural, en el presente domingo:

Evangelio de hoy (Juan 6,1-15) nuevamente el relato de la multiplicación de los panes y los peces, en la versión del evangelista JUAN, dice que el Señor le preguntó a FELIPE: "¿Dónde compraremos pan para darles de comer?", evidentemente, el pobre FELIPE se queda a cuadros, su objeción es más que humana "Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan", aunque nos aclara el evangelista que ésta era casi una pregunta retórica, porque "el Señor ya sabía lo que iba a hacer"... Al menos ANDRÉS se preocupa por ofrecer soluciones, aunque sin mucho atisbo de realismo "Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?" y podríamos rematar esta escena con las solemnes palabras del Señor, en la versión de LUCAS "Dadles vosotros de comer" (Lucas 9,13), al fin y al cabo "a los pobres los vais a tener con vosotros siempre" (Mateo 26,11).

Ahora tendríamos que interrogarnos en relación a lo anterior en conexión con lo segundo: ¿Para qué los pobres? ¿Para qué quiero ser perdonado? Podría pasarme horas intentando buscar la conexión existente entre la existencia de la pobreza, la conversión por medio de la pobreza, o la redención de los pobres por el Evangelio, ¡anda que no habrá tratados al respecto!, sin embargo, como siempre, el Papa FRANCISCO, sublime al respecto ¡para qué lo voy a estropear con mis torpes palabras! (de su video mensaje a la CÁRITAS ROMANA del 28 de Abril):

Me alegra estar de este modo entre vosotros, para complacerme de vuestra valentía, para deciros que no perdáis la confianza y la esperanza. ¡Dios nos ama, nos quiere a todos! (...) ¿Quién piensa que un sin techo es una persona de la cual aprender? ¿Quién piensa que pueda ser un santo? Sin embargo, esta tarde vosotros (un grupo de teatro formado por actores sin techo, indigentes de la cale) seréis los que hagáis del escenario un lugar desde donde nos transmitiréis enseñanzas valiosas sobre el amor, sobre la necesidad del otro, sobre la solidaridad, sobre cómo en las dificultades se encuentra el amor del Padre.

La pobreza es la gran enseñanza que nos dio Jesús cuando bajó en las aguas del JORDÁN para ser bautizado por JUAN EL BAUTISTA. No lo hizo por necesidad de penitencia, de conversión, lo hizo para ponerse en medio de la gente, la gente necesitada de perdón, en medio de nosotros pecadores, y cargar el peso de nuestros pecados. Este es el camino que eligió para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor de compasión, de ternura y de compartir. (...) Escribía san GREGORIO DE NISA, un gran teólogo de la antigüedad: «Considerad bien quiénes son los pobres en el Evangelio y descubriréis su dignidad: Ellos han revestido el rostro del Señor. En su misericordia Él les dio su propio rostro», y san AGUSTÍN decía: «En la tierra Cristo es indigente en la persona de sus pobres. Es necesario, entonces, temer al Cristo del cielo y reconocerlo en la tierra: en la tierra Él es pobre, en el cielo es rico. En su humanidad misma subió al cielo en cuanto rico, pero permanece aún aquí entre nosotros en el pobre que sufre».

Cuánto quisiera que esta ciudad, ROMA, repleta en todos los tiempos de personas impregnadas del amor de Dios —pensemos en san LORENZO (sus tesoros eran los pobres), san PAMAQUIO(senador romano, convertido, y dedicado completamente al servicio de los últimos), santa FABIOLA (la primera que construyó en el PORTO un albergue para los pobres), san FELIPE NERI, el beato ÁNGEL PAOLI, san JOSÉ LABRE (un auténtico hombre de la calle), hasta don LUIGI DI LIEGRO (el fundador de la CÁRITAS romana), cuánto quisiera -insisto- que ROMA pudiera brillar de «pietas», de piedad para todos los que sufren, de acogida para los que huyen de la guerra y la muerte, de disponibilidad, de sonrisa y de magnanimidad para quienes perdieron la esperanza. Cuánto quisiera que la Iglesia de ROMA se manifestara cada vez más como madre atenta y amable con los débiles. Todos tenemos debilidades, todos las tenemos, cada uno las propias.




Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración del mismo modo que cuando entra el Señor. Cuánto quisiera esto, que se tocara la carne de Cristo presente en los necesitados de esta ciudad.

(No cabe duda, de que si tenemos que plantearnos una metodología para el #Proyecto7Semanas el Papa FRANCISCO nos lo ha puesto bien claro en bandeja: Descubrir en los pobres al Señor mismo, no tanto hablarles, decirles, sino dejarles hablar, escucharles con un corazón abierto y sincero, de paso, dejarnos perdonar, por las injusticias de las que podamos ser cómplices, precisamente devolviendo a los pobres lo que es suyo, empezando por su dignidad de hijos de Dios, amados, predilectos...)

Para esto es que queremos ser perdonados, para superar todas las barreras, las injusticias y las líneas que nos separan de nuestros hermanos más necesitados, terribles las palabras del Papa FRANCISCO, escandalosas dirán algunos (bueno, creo que algunos medios de comunicación lo dijeron) al afirmar: "Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración del mismo modo que cuando entra el Señor" Es curioso que, precisamente, de rodillas, es como adoramos al Señor, descubrimos al pobre, y somos perdonados....

Por eso, la canción de CESÁREO GABARAÍN que os comparto hoy de su álbum sobre san FRANCISCO de ASÍS se titula "Tuve hambre y me distéis de comer":


Tú me dijiste, Señor, que en mi camino
iré encontrando hambrientos de mi pan,
que habrá sedientos que vengan a mi fuente,
enfermos, tristes, de frío y soledad.

Tú me dijiste que sufres en el pobre,
que estás desnudo, no tienes ni verdad;
en el anciano que espera con espera
y en ese niño de hombre morirá.

Aquí me tienes, Señor, yo quiero amarte,
amando al pobre, y a aquel que sufre más.
Tuyo es mi pan y el agua de mi fuente,
ven a mi casa y amor encontrarás.

En el camino hay siempre un hombre vivo,
que necesita mi ayuda y mi amistad,
no mil discursos que hablan de justicias
no mil palabras que el viento llevara.

En el camino Jesús me estas mirando
y en tu mirada hay pena y soledad
quiero entregarte mi alma y mi alegría
toda mi vida en ofrenda de hermandad.

Aquí me tienes, Señor, yo quiero amarte,
amando al pobre, y a aquel que sufre más.
Tuyo es mi pan y el agua de mi fuente,
ven a mi casa y amor encontrarás.



SIETE CATEQUESIS PARA RECIBIR
EL GRAN PERDÓN DE LA PORZIUNCOLA
Pórtico de entrada...

El día 2 de Agosto se celebra el llamado JUBILEO DEL GRAN PERDÓN DE ASÍS, por el que San FRANCISCO de ASÍS, en el año 1.216, tras una visión previa del Señor, acompañado de la virgen María, con todos sus ángeles (siendo testigo Fray MASSEO), consiguió que el Papa HONORIO III, gran protector e impulsor de la Orden Franciscana, concediera un gran perdón, una indulgencia plena, a todos los que visitaren la Iglesia de la Porziuncola, desde las primeras vísperas del 1 de Agosto hasta las vísperas del 2 de Agosto. Con motivo del 750 Aniversario de este acontecimiento, el Papa PABLO VI, por medio de su Carta Apostólica "Sacrosancta Portiunculae Ecclesia" de 14 de Julio del año 1.966 extendió esta indulgencia "al mismo tiempo sabemos bien que también hoy, y sobre todo con ocasión del aniversario de la solemne dedicación de esta capilla, en que la indulgencia de la Porciúncula se puede ganar en todas las iglesias de la Orden Franciscana". Para todos aquellos que quieran conocer la historia completa los remitimos a nuestro artículo histórico del año pasado (enlace aquí).

Este año queremos dedicar toda esta semana, de parte de nuestra pobre comunidad, a reflexionar sobre este evento, que -entroncando casi, este año, con el anuncio, por parte del Papa FRANCISCO de la celebración de un AÑO DE LA MISERICORDIA- hace que "la pequeña porción de tierra", la Porziuncola, se conviertan no sólo en el corazón de la Orden Franciscana, sino de la misericordia y el amor de Dios, a lo que unimos -con gozosa alegría- la presencia en nuestra humilde casa de un "fragmento verdadero de la Porziuncola" que a modo de reliquia, y hermanamiento, por nuestra labor y ser franciscano, nos remitió hace tres años el Custodio, por aquel entonces, de dicho lugar, Fray BRUNO OTTAVI, Ofm.


Por eso esta idea de dedicar SIETE CATEQUESIS PARA RECIBIR EL GRAN PERDÓN DE LA PORZIUNCOLA para ayudarnos a disponer el corazón a la misericordia y el amor de Dios, idea que ha sido de @cuartapobreza, aunque me ha dejado a mí la libertad de desarrollar estas catequesis, y aunque con la prisa de tener que hacer la primera, y que tenga que ser "para ya" es lo que me pilla un poco a trasmano, por lo que hoy, me váis a permitir que, lejos de ser original, os traduzca la catequesis que acompaña la convocatoria que hacen los franciscanos de ASÍS para este año, que es de Fray GIANCARLO ROSSATI, Ofm:

El peregrino que cruza el umbral de la gran basílica, románica, de Santa MARÍA DE LOS ÁNGELES, se siente súbitamente atraído por el centro físico y espiritual, pese a su pequeñez, de la totalidad del santuario. Es la Porziuncola, lugar de acogida para todas las almas que vienen desde lejos, donde San FRANCISCO nos despierta la añoranza por el paraíso, real y verdadero, que comienza ya en la tierra en constante tensión, he ahí, precisamente, lo que es la vocación a la santidad.

Quien se arrodilla en el umbral de la Porziuncola puede leer unas palabras, quizás exageradas para "esta pequeña porción del mundo", que dicen de esta manera "Hic locus sanctus est", este lugar es santo, porque aquí Dios mismo se hizo cercano y entró en diálogo con FRANCISCO. Pero si el peregrino, conteniendo la emoción, asciende la mirada sobre el quicio de la puerta leerá "Haec est porta vitae aeternae", esta es la puerta, por aquí se asciende a la vida eterna. FRANCISCO quiso, para su iglesita, convertirla en un eco del perdón de Dios y su misericordia por todos los pecadores y penitentes de todos los tiempos. Tal día como hoy, pletórico de alegría, en una calurosa jornada de Agosto, FRANCISCO pudo gritar a todos los hermanos, sentados a la sombra de los robles: "¡Hermanos, os quiero a todos en el paraíso, y que es gracia que he obtenido por boca del mismo Santo Pontífice!" Ésta es la indulgencia de la Porziuncola, el gran perdón de ASÍS, el tesoro de los franciscanos. 

De esta forma FRANCISCO nos dice que no podemos vivir superficialmente, ni pretender perdones ficticios de penitencias de falsete, sino que solamente acontecimientos nuevos, escritos en el corazón del hombre, como son el corazón de Dios y el Evangelio, son los que nos han de orientar y hacernos salir victoriosos. De esta forma nos explica también, de una forma novedosa, el misterio del pecado y nuestro deseo de arrepentimiento. Si lo deseas con corazón sincero, el cielo mismo te da la respuesta:

¿Es esto ya el paraíso? Sí, lo es, la Porziuncola no es sólo un parpadeo fugaz de la misericordia de Dios, es un auténtico anticipo de nuestra alegría y nuestra salvación, porque "la puerta está siempre abierta", en perenne regocijo "por los pecadores que se convierten", por mera acción de la gracia que nos conduce "ad Jesum per Mariam", a Jesús por María, como narra artísticamente el retablo del altar, como una auténtica mandorla, una ventana hacia la transcendencia.

Dicen que los cristianos "no se salvan solos, nos salvamos en racimo", cita que por más que he buscado la autoría, pese a verla repetida en cientos de textos, algunos atribuyen al P. MORALES, Sj, sea como fuere esta es una gran verdad, si sólo obráramos por nuestra sola salvación nos convertiríamos en seres egoístas, FRANCISCO llevó esta idea al extremo proponiendo al Papa este perdón general, este gran abrazo a todos sus hermanos, benefactores, seguidores, pecadores y peregrinos, "todos vamos en el mismo lote", por eso nada mejor para terminar que recordar este hermanamiento universal de FRANCISCO, de todos los hombres, de todo lo creado, que tiende a Dios atraído por su corazón, misericordia sin fin, mediante el canto "Quiero llamar a todos hermanos" del álbum dedicado por CESAREO GABARAÍN a la figura del poverello de ASÍS:


Soy heraldo del Rey, 
de un señor inmortal, 
y conmigo canta el amor,
soy hermano del agua, 
del viento y el sol, 
mi bandera es la libertad. 

Mi tesoro es la pobreza, 
mi alegría que florece, 
el amor que Dios me ofrece 
y tu amor. 

Soy heraldo del Rey, 
de un señor inmortal, 
mi bandera es la libertad. 

Son hermanos los hombres, 
el lobo y el mar, 
las montañas y el ruiseñor. 

Es mi hermana la muerte, 
la oveja y la flor. 
Todos somos fraternidad. 

Mi tesoro es la pobreza, 
mi alegría que florece, 
el amor que Dios me ofrece 
y tu amor. 

Son hermanos los hombres, 
el lobo y el mar. 
Todos somos fraternidad.

viernes, 24 de julio de 2015

QUE LA TRIBULACIÓN O LA PERSECUCIÓN...
NO MALOGREN LA PALABRA EN NOSOTROS


Del Evangelio de hoy (Mateo 13,18-23) quiero quedarme con la comparación que hace el Señor, en la explicación que hace a los apóstoles de la parábola del sembrador , con el caso de aquellos que "escuchan la Palabra, la aceptan con alegría, pero no echan raíces, porque en cuánto viene una tribulación o una persecución por causa de la Palabra, inmediatamente sucumben" y me viene a la memoria lo que ya os compartí hablando de que "el siervo no puede ser más que su Señor" lo que nos vale, y vaya, además hoy es viernes, para la Cruz de nuestro Señor, porque no seremos tan insensatos ("tan alegres" -dice el Evangelio-) de creer que todo va a ser "color de rosa" en el seguimiento del Señor, que también para nosotros hay tribulación, y no me refiero a aquellas tribulaciones que forman parte de la vida como la enfermedad, la limitación, la incapacidad, las dudas, la muerte... sino a aquellas que nos procuran los demás, precisamente "por causa de la Palabra".

Os comparto, una vez más, por lo que me impresionó, el testimonio de un joven en TWITTER que decía el otro día (no he logrado encontrar el perfil por más que he buscado) algo más o menos así "¡hala que guay! En el metro me han dicho: ¡Quítate esa medalla de la Virgen, que ni era virgen ni ná!", me llamaba la atención por la expresión "¡hala qué guay!", porque pese a que las redes sociales, y menos los medios escritos, no dejan lugar al contexto, me daba la sensación de que no lo decía de una forma insensata e irresponsable, ni tampoco se deduce que él fuera provocando a nadie con su actitud, sino que ese "¡hala qué guay!" era como la forma de hacerse consciente de que, en efecto, como cristianos, podemos ser objeto de persecución, y vale, nada como dar la vida como los mártires, por supuesto este gesto es nada ante nuestros hermanos perseguidos, pero tomar conciencia de ello, y no hacer un drama por otra parte, ya denotan en este joven un signo de madurez del que muchos carecen, no en vano, Mª EMILIA RIQUELME, esa fundadora desconocida de GRANADA, solía decir a sus religiosas "¿Quién querrá ser mártir de la Eucaristía? Quizá muchas; pero empecemos a padecer humildemente cositas chicas; si no, no podremos merecer las grandes" (Pensamientos, nº 252).  Y he dicho bien, al afirmar que este pequeño contratiempo en el metro por supuesto palidece en mérito frente a la realidad sufriente de nuestros hermanos perseguidos, pero a la inversa, si por culpa de este incidente, este joven se dejara la próxima vez su medalla de la virgen en casa, o escondida bajo la camiseta, si es que su costumbre fuera llevarla por fuera, entonces sí que estaría faltando al respeto a aquellos hermanos nuestros que mueren, precisamente, por lo mismo.

Quienes me conocen ya saben que soy muy refranero, en este caso, esta advertencia del Señor de ser "fieles a la Palabra" admite un corolario: "A las duras y a las maduras", o como decía el himno de la JMJ de MADRID "Firmes en la fe, firmes en la fe, caminamos en Cristo, nuestro amigo, nuestro Señor (...) tu amor nos edifica y nos arraiga, tu Cruz nos consolida y fortalece"... Que hoy es Viernes, día dedicado tradicionalmente a rememorar la Cruz de nuestro Señor, que ninguna tribulación o persecución por la Palabra nos aparte de la fe, nos haga dudar, nos convierta en ovejas temerosas e inconstantes, que ejemplos tenemos, y muchos en los santos (recordad, los santos valen no tanto por sus milagros, sino porque nos demuestran que, gente como nosotros, fueron capaces de vivir "evangelicamente" en realidades muy semejantes a las nuestras):

Fijáos, por ejemplo, en San FRANCISCO DE ASÍS, en el peor momento de su vida y de crisis personal, debatiéndose entre su vida de joven burgués y acomodado, por un lado, y su vocación y la llamada de Dios, por otro, se refugió en la pequeña iglesia en ruinas de San DÁMASO, y el viejo crucifijo le habló en estos términos:

“¡Francisco, reconstruye mi casa!”

San JUAN DE LA CRUZ, durante su prisión en TOLEDO, no tuvo más consuelo que el de un sencillo crucifijo que él mismo se dibujó en las paredes de la celda, y cuando por fin se escapó del convento-prisión de TOLEDO, precisamente, el recuerdo de sí mismo que quiso entregar al hermano carcelero –el único que, paradójicamente se portó bien con él- fue su sencillo crucifijo de religioso, de madera y bronce, que desgraciadamente hoy no se conserva.

Siguiendo con los castellanos, Santa TERESA DE JESÚS, la de ÁVILA, tuvo su primer “encontronazo” con el Señor, contemplando la imagen de un “Ecce homo” (un Señor atado y humillado), en sus propias palabras, que ante aquella imagen:

“Fue tanto lo que sentí de lo mal que agradecí aquellas llagas, que el corazón parecía que se me partía, y me arrojé sobre el Señor con grande derramamiento de lágrimas, pidiéndole a ver si, de una vez, dejaba de ofenderle”.

A San PEDRO NOLASCO, una vez, haciendo oración ante el crucifijo, le pareció que éste le hablaba y le decía:

“Vengo a ti, ya que tú no vienes a mí”

A San JUAN DE DIOS, recién llegado a GRANADA, cuando aún era un medio aventurero, se le apareció un niño pobre, que le dijo: “¡Granada será tú Cruz!”. Y todos sabemos cuánto bien hizo San JUAN DE DIOS en GRANADA, a la par que cuánto le hizo sufrir GRANADA a San JUAN DE DIOS.

Monseñor FRANÇOISE XAVIER VAN-THUAN (vietnamita) fue hecho prisionero por el régimen comunista de VIETNAM el mismo día de su ordenación episcopal, y pasó trece años encarcelado, en condiciones infrahumanas, su único consuelo fue una Cruz sencilla que se hizo con unas maderas usadas en sus trabajos forzados, que un carcelero compasivo le dejó recoger, por caridad, y que posteriormente siguieron siendo su cruz pectoral (“la única Cruz que he conocido” –decía él) cuando el Papa JUAN PABLO II lo nombró cardenal.

Mª EMILIA RIQUELME, solía decir (Pensamientos, nº 104):

“¿Qué seríamos las misioneras sin Cruz? No miremos tanto de la madera de la que está hecha, sino que pensemos que son las joyas con las que el Señor nos engalana”

Así que, lo dicho, seamos constantes, seamos tierra buena en la que arraiga la Palabra, con madurez, que no se espanta ante las tribulaciones, grandes o pequeñas, porque si éstas nos hicieran dudar, o bailaran la tierra bajo nuestros pies, aún podríamos recurrir a la tierra en la que está bien arraigada la cruz de nuestro Señor, para que sea nuestro asidero en los tiempos de dificultad...




jueves, 23 de julio de 2015

Como dice el refrán:
"Ante la duda... genuflexión!"


Terrible la afirmación que lanza el Señor en el Evangelio de hoy (Mateo 13, 10-17) "Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure" lo que me lleva a preguntarme por todas aquellas personas que parece que disfrutan sin ver los signos de los tiempos, por más esperanzadores que sean, e insisten e insisten en mostrarnos un futuro sombrío, una Iglesia triste, una condena para todos... 

Acaso me pregunto ¿Caben todas estas actitudes desde que luce el Arcoiris en el horizonte? Que vale, que el pecado nos valió una especie de extinción selectiva -cual dinosaurios- (creyendo a DARWIN habremos de creer que la genética de NOÉ y sus descendencia era sublime, pues fueron los únicos que sobrevivieron), pero desde entonces, el Señor "compasivo y misericordioso" nos puso el Arcoiris en el cielo para prometernos que por más mal que lo hagamos, él nunca volvería a usar solucions tan drásticas con nosotros, que si no me equivoco a esto es lo que se llama, bíblicamente, primera alianza "establezco, pues, mi alianza con vosotros: nunca más será exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. Y añadió Dios: Ésta es la señal de la alianza que establezco entre vosotros y yo, y con todo ser vivo que esté con vosotros, para generaciones perpetuas: Pongo mi arco en las nubes, que servirá de señal de la alianza entre la tierra y yo" (Génesis 9,11-13), pues vamos, que a mi modesto entender todos los profetas de calamidades, agoreros, apologetas que a todos nos condenan, videntes y mensajes destructivos de diversa índole, ya, para empezar, o no se han leído la Biblia, y mira que esto está al principio, o simplemente niegan la esperanza de Dios en la humanidad... ¡Cómo si el Arcoiris pudiera borrarse del cielo!

Y después de la resurrección del Señor ¿Aún es preciso ir condenando y robando la esperanza a la gente? Dice San PABLO: "Permaneced cimentados y asentados en la fe, sin desplazaros de la esperanza que conocisteis por la Buena Noticia" (Colosenses 1,23) a mayor abundamiento diremos que esa Buena Noticia dicha sobre la humanidad no es otra que Jesucristo, nuestro Señor, bien lo dice el título del Evangelio de Marcos: "Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios" (Marcos 1,1), y quiero recordaros algo que a mucha gente le pasa desapercibido: La Iglesia tiene la capacidad de promulgar beatos y santos, afirmar, sin error, que determinadas personas se hayan oficialmente salvadas, a la vista de Dios Padre bueno del cielo, que pueden interceder por nosotros, para todos los demás, los santos y beatos anónimos (pensad en vuestros abuelos difuntos, ahí sí que no me equivoco) aún confiando en la misericordia de Dios la Iglesia tiene instituida la FIESTA DE TODOS LOS SANTOS, todos los que se han salvado, generación tras generación, y gozan ya de la vista de Dios Padre bueno del cielo, aunque no tengan la etiqueta de "oficiales"; finalmente, confiando in extremis en la misericordia de Dios, a sensu contrario, la Iglesia jamás se ha considerado capacitada para condenar a alguien al infierno de forma oficial, ni del mismo JUDAS, si me apuráis... Entonces ¿Con qué derecho obran todos los que andan condenando, autojustificados, fariseos, apologetas de su propio ombligo? ¡Menos mal que mi salvación no depende de ellos, pero a cuántos arrastran al error y a la exageración!

Porque lo peor de creerse perfecto, como bien admite el Señor, es cerrarse las puertas a la acción del Señor en nuestras vidas, mira que lo dijo el Señor "no es a los sanos a los que he venido, sino a los enfermos" (Lucas 5,31) -por eso tampoco se pueden promulgar "santos en vida" sería tanto como decir que el Señor ya no tiene nada que hacer con ellos, pensadlo bien, uno puede quedar "excomulgado por defecto", por haber pecado demasiado, a tenor del derecho canónico, pero si uno fuera un "santo en vida" quedaría igualmente "excomulgado por exceso" ¿Para qué iba a necesitar el pan del cielo de nuestro caminar fatigoso a Dios, si ya son salvos en vida?- , por eso mismo puede afirmar el Papa FRANCISCO, sin miedo a equivocarse que "la Eucaristía es el remedio de los enfermos, no el premio de los perfectos" (Evangelium Gaudii, nº 47), y apostilla el Señor en el Evangelio de hoy diciendo "si su corazón no comprende, yo no puedo curarlos". 

Por eso, no os dejéis amedrentar por los agoreros, los videntes de calamidades, los apologetas de su propia perfección, los justificados, fariseos y salvos de todos los tiempos, seguid manteniendo la actitud humilde, comprensiva y abierta a los errores de los demás, de aquel pobre publicano que se presentaba en oración al Señor diciendo "¡Señor, tened piedad de mí, que soy un pecador!" (Lucas 18,13), y por supuesto, ya que he estado hablando de la eucaristía y la comunión, puestos los remedios que la Iglesia nos ofrece para ser mejores: el examen de conciencia, la contricción, el dolor de los pecados, la confesión y la penitencia, no dejéis nunca de privaros de comulgar, porque, dice el refrán "ante la duda, genuflexión", que en este caso es, y si aún en la fila de ir a comulgar, te asaltaran dudas, di humildemente, si es que no te basta con la aclamación litúrgica de "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme", lo siguiente, haciendo tuyo el deseo de la hemorroísa: "Si al menos rozare la orla de su manto, quedaré sanada"... a mayor abundamiento os dejo un pensamiento de una gran maestra en Eucaristía, Mª EMILIA RIQUELME Y ZAYAS "Comulga y vive como ángel; y sé el consuelo de Jesús Sacramentado" (Pensamiento, nº 87), porque si todos fuéramos tan escrupulosos como para no comulgar nunca ¿a qué el Señor sacramentado? ¡Pues eso!




martes, 21 de julio de 2015

¡HIJOS, SED VALIENTES!
¡PADRES, SED GENEROSOS!


Hay un tema iconográfico, completamente desconocido para mí, hasta hace poco, que se titula "Jesucristo pidiendo permiso a su madre para iniciar su vida pública", quizás este desconocimiento se deba a que esta iconografía es más típica entre los pintores flamencos holandeses y alemanes, y es más desconocido este tema entre los pintores de la cuenca mediterránea. Y precisamente, el Evangelio de hoy (Mateo 12,46-50), pese a lo anterior, es uno de mis favoritos, por la broma que suelo hacer al respecto, claro que la broma quizás se deba a no haberlo entendido hasta hace poco, el caso es que figuráos la escena: 

Jesús se encuentra predicando, cuando vienen a decirle que "tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte" y el otro va y se descuelga con esa frasecilla de marras "¿Quién es mí madre y quiénes son mis hermanos? (...) El que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre", ahora ponéos en el papel de la Virgen MARÍA, porque yo soy la Virgen MARÍA (se ve que no lo soy, de ahí mi reacción) y le plantifico al "niño" un señor guantazo en toda la cara mientras le regaño, a la vista de todos: "¡Cómo que tu madre es la que cumple la voluntad de tu Padre del cielo! ¿Me lo dices o me lo cuentas? ¡A mí, que me arriesgué, según nuestra ley, a ser lapidada por infiel, al hacerse evidente mi embarazo sin estar casado aún con JOSÉ! ¡A mí, que tuve que salir huyendo a tierra extraña por ti, que querían matarte! ¡A mí, que un anciano me profetizó todos estos disgustos que me das, como espada que traspasará mi corazón!.... ¡Tira ya para la casa, castigado sin salir! ¡Y castigado sin juntarte con estos doce pelanas que frecuentas últimamente, que te están cambiando! ¡Tira para la casa ya...!"

Pero no temáis, fuera de la broma, y de lo humanamente comprensible que hubiera sido, como madre, el disgusto de MARÍA, lo cierto es que ya he entendido este Evangelio, y es que -recordad que el otro día, al hablaros de la castidad os dije que no basta la castidad del cuerpo, o de formar una propia familia, sino que era precisa también una especie de "castidad de la propia familia"- verdaderamente, para seguir al Señor, para ponerse en camino con él, para itinerar las aldeas y los pueblos predicando la palabra de Dios, ciertamente, primero hay que librarse de la familia, no tanto del deseo de formar una, por aquello de ser más libres y dóciles a la voluntad de Dios, al Instituto Religioso, a los superiores, o al Obispo para aquellas misiones pastorales que nos encargue... sino incluso de la propia.

Nunca entenderé por qué es de la propia familia donde surgen las mayores reticencias a la hora de que tomemos la decisión de seguir al Señor, pero cada vez estoy más convencido de que, por más borde que parezca el Señor en el Evangelio de hoy, es verdad, si hace falta cortar también estos lazos, pues se cortan... Da igual que quieras ser misionero en la CONCHINCHINA, que quieras dedicar tu vida a trabajar en un hospital de campaña en UCRANIA, que quieras fundar una escuela para niños entre los saharahuis, que te vayas de sacerdote dicoesano, que te encierres en un convento de clausura de por vida, o muchas veces, algo tan sencillo como ser catequista, animador, del coro, o irte de campamentos... que nunca la familia se convierta en un obstáculo para ello, porque a la larga, uno puede que retrase este tipo de situaciones -lo mismo que cualquier otra, por mundana que sea, supongamos que te vas a casar con alguien que no cae bien a tu familia- por no desagradar a la familia, pero cuando la familia falte, o vayan falleciendo, descubrirás que hipotecaste, o ya perdiste la mitad de tu vida, sin ser felíz... 

Y por favor, padres y madres, especialmente las segundas, que ya sabemos que la maternidad imprime carácter, por aquello de "llevarnos dentro del seno" y el ombligo, esa especie de sello de pertenencia que nos marca de por vida como "propiedad de (añade el nombre de tu madre)" como si fuera una especie de código de barras, llegado el momento, sed generosos, abiertos, comprensivos y sobre todo desprendidos, que vosotros ya habéis vivido la vida, con sus aciertos y errores, puede que también a base de muchos disgustos a vuestros propios padres, claro, ahora ya, con la edad, quizás no os acordéis, y recordad que, para todo, cualquier tipo de decisión de vuestros hijos (llegado el momento de abandonar el nido), la experiencia nos dice que "si se equivocan, regresarán donde se saben acogidos" ¿No hizo esto mismo el hijo pródigo de la parábola evangélica?, y por otra parte, si de seguir al Señor se trata, por más locura que sea el proyecto vital que os presente, no puede ser nada malo ¿No?, y finalmente, "si no se equivocan en sus decisiones" al menos que no os lo reprochen.

lunes, 20 de julio de 2015

ANTE NUESTRA INCREDULIDAD Y FE SUPERFICIAL
¡NÍNIVE y ETIOPÍA NOS INTERPELAN!


Piden los incrédulos al Señor una señal en el Evangelio de hoy (Mateo 12,38-42) y responde el Señor con su críptico "no recibiréis más señal que la de Jonás" refiriéndose, de forma velada, a su propia resurrección, estableciendo un paralelismo entre los "tres días y tres noches de Jonás en el vientre de la ballena" (Jonás 2,1) y "los tres días con sus noches que pasará el hijo del hombre en el seno de la tierra" (Mateo 12,40), pero es que, aún más, dirige unas palabras durísimas a los incrédulos:

Durante el juicio se alzarán los habitantes de Nínive contra esta generación y la condenarán porque ellos se arrepintieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien mayor que Jonás.

La reina del sur se alzará en el juicio contra esta generación y la condenará, porque ella vino del extremo de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien mayor que Salomón.

Pone el Señor dos ejemplos de creyentes, que habrán de juzgar a estos incrédulos, por una parte los habitantes de la ciudad de Nínive (convertida por la predicación del profeta JONÁS), y a la "reina del sur" en clara alusión a la Reina de SABA, que fue desde su reino (se cree que la actual ETIOPÍA) hasta JERUSALÉN para conocer la sabiduría y el fasto de la corte de SALOMÓN, y que según la tradición regresó convertida, no en vano, una de las comunidades judías más antiguas, fuera de ISRAEL, es precisamente la etíope, y posteriormente, uno de los enclaves cristianos más antiguos, por el sedimento judío que previamente tenía, lo que rastrea los orígenes de la Iglesia copta etíope.

Y sin embargo, pese a que la incredulidad sea la misma, en nuestro caso, para según qué cosas, que a todos nos gusta "seguir al Señor sin complicaciones", "orar lo justo y que se nos oiga", "ver milagros, sobretodo cuando son para nosotros", es duro reconocer que estas dos comunidades antiquísimas sean precisamente, las que con su coherencia y firmeza en la fe, sean las que -en efecto- nos interrogan acerca de nuestras incoherencias de la forma más dolorosa, con el derramamiento de su sangre, con el testimonio conmovedor del martirio. 

Consideramos un fastidio implicarnos en la vida pública y dar testimonio en ella de nuestra fe, acaso vamos a misa los domingos, puede que hasta temprano "para quitarnos el compromiso pronto de encima", dejamos la educación moral y religiosa de nuestros hijos con desgana en sus profesores y catequistas, y celebramos los sacramentos muchas veces pensando "en lo bonito que quedarán las fotos en la iglesia tal, o el monasterio cual" más que en vivir comprometidamente la fe. 

Y mientras, NÍNIVE, o lo que quedaba de ella, hasta nuestros días, lo que se salvó de la ira del Señor, por la predicación de JONÁS, ha desaparecido ya, arrasada por los integristas islámicos del ISIS, que hasta han destruído la tumba del profeta JONÁS (y eso que para el Corán, JONÁS es otro gran profeta) "Luego lo enviamos a un pueblo de más de cien mil personas; y todos creyeron, y por ello los dejamos disfrutar de la vida hasta que la muerte le llegó”. (Corán 37, 139-148). Todos nuestros hermanos de la llanura de NÍNIVE han desaparecido ya, o han sido asesinados, o han sido hechos prisioneros, o han emigrado hacia campamentos de refugiados y lugares más seguros, pero lo han hecho por su fe, derramando la sangre o sufriendo por ella... Nada que ver con nuestro compromiso cristiano occidental, del todo facilón y superficial.

Lo mismo podemos decir de los herederos de la "Reina del Sur", la actual comunidad eclesial copta, en su doble vertiente egipcia y etíope, que está siendo masacrada, amenazada, hostigada de la misma manera, vayan por delante las veintiuna vidas de cristianos coptos segadas en las costas de LIBIA, y ante el llamamiento desesperado de otra de las comunidades cristinas más antigua del planeta, mientras que pareciera, pasmosamente, como todo occidente mira para otro lado, como se extiende el silencio cómplice, por miedo a ser señalado, o "convertirse en los siguientes", hasta que sea demasiado tarde, como ya advirtió en su día el Arzobispo de MOSUL, en IRAK "Llegará el día en que por vuestra pasividad tendréis al enemigo en vuestras puertas".

Desgraciadamente, podemos afirmar que la profecía del Señor se ha hecho realidad en nuestros días, estamos siendo interrogados, interpelados, en la comodidad simplona de nuestra vivencia de la fe, tanto por los ninivitas como por los habitantes del reino del sur....