lunes, 31 de agosto de 2015

OCTAVARIO A LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA
Qué vamos a celebrar


Comenzamos, desde hoy hasta su fiesta litúrgica, este OCTAVARIO A LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA, que no tiene otro objeto sino mantenernos, siempre con alguna excusa, siempre en oración, siempre en camino, siempre aprendiendo a amar y conocer nuestra fe, como dice San PEDRO en su carta "estad siempre atentos a dar razón de vuestra esperanza" (1 Pedro 3,15) para lo que hacen falta, muchas veces, iguales dosis de conocimiento y devoción, oración y formación personal.

La NATIVIDAD DE MARÍA se encuentra por vez primera narrada en el llamado "Protoevangelio de Santiago" (un evangelio apócrifo que narra la infancia tanto de MARÍA como de JESÚS) y que data según los expertos del año 150, de hecho es citado por ORÍGENES, por ejemplo, para refutar aquellos que interpretaban mal la expresión de "hermanos de Jesús" en los evangelios canónicos, ya que según él, dichos "hermanos" eran hermanastros, hijos de un matrimonio anterior de JOSÉ, viudo vuelto a casar con MARÍA (lo que demuestra que el texto era conocido ya por los Santos Padres, aunque como tradición, no como evangelio verdadero) y que narra el nacimiento de la Virgen MARÍA de la siguiente manera:

Y los meses de Ana se cumplieron, y, al noveno, dio a luz. 

Y preguntó a la partera: "¿Qué he parido?" 

La partera contestó: "Una niña". 

Y Ana repuso: "Mi alma se ha glorificado en este día". 

Y acostó a la niña en su cama. Y, transcurridos los días legales, Ana se lavó, dio el pecho a la niña, y la llamó María.

(Proto Evangelio Santiago 5,2)

El texto litúrgico más antiguo, referido a la fiesta, lo encontramos en un himnario de la Iglesia Griega hacia el Siglo VI, obra de San ROMANO, llamado "el meloda", por la cantidad de himnos litúrgicos que compuso, y que data del Siglo VI:

¡Por tu natividad, oh Virgen, 
se ha proclamado la alegría a todo el universo!
El Sol de Justicia, Cristo nuestro Dios,
ha brillado delante de Ti, oh Madre de Dios!
Para la anulación de la maldición, 
Él nos ha otorgado una bendición.
Para la destrucción de la muerte, 
Él nos ha concedido la vida eterna.
Por tu Natividad, oh Purísima Virgen,
Joaquín y Ana son liberados de la esterilidad;
Adán y Eva, de la corrupción de la muerte.
Y nosotros, tu pueblo, liberados de la culpa del pecado,
celebramos y cantamos para ti:
¡La mujer estéril da a luz a la Madre de Dios, 
la que nutre de nuestra vida!

Posteriormente otros autores, de la tradición griega, se encargaron de dar realce a esta fiesta, destacando la gran cantidad de sermones que a este tema dedica, por ejemplo, San ANDRÉS de CRETA:

Hoy, Adán ofrece María a Dios en nuestro nombre como las primicias de nuestra naturaleza, y estas primicias, que no han sido puestas con el resto de la masa, son transformadas en pan para la reparación del género humano. Hoy se pone de manifiesto la riqueza de la virginidad, y la Iglesia, como para las bodas, se embellece con la perla inviolada de la verdadera pureza. Hoy la humanidad, en todo el resplandor de su nobleza inmaculada, recibe el don de su primera formación por las manos divinas y reencuentra su antigua belleza. Las vergüenzas del pecado habían oscurecido el esplendor y los encantos de la naturaleza humana; pero nace la madre del Hermoso por excelencia, y esta naturaleza recobra en Ella sus antiguos privilegios y es modelada siguiendo un modelo perfecto y verdaderamente digno de Dios. Y esta formación es una perfecta restauración, y esta restauración, una divinización, y ésta una asimilación al estado primitivo. Hoy, la mujer estéril se convierte en madre contra toda esperanza; y es una madre que engendra una descendencia que no tiene madre, y nacida ella misma de la infecundidad, consagró todos los alumbramientos de la naturaleza. Hoy ha aparecido el brillo de la púrpura divina y la miserable naturaleza humana se ha revestido de la dignidad real. Hoy, según la profecía, ha florecido el cetro de David, la rama siempre verde de Aaron que para nosotros ha producido Cristo, rama de la fuerza. Hoy, de Judá y de David ha salido una joven virgen, llevando la marca del reino y del sacerdocio de Aquel que, según la orden de Melquisedec, recibió el sacerdocio de Aaron, Hoy la gracia, purificando el principio místico del divino sacerdocio, ha tejido, a manera de símbolo, el vestido de la simiente levítica, y Dios ha teñido con púrpura real la sangre de David. Por decirlo todo en una palabra: hoy la reforma de nuestra naturaleza comienza, y el mundo envejecido, sometido ahora a una transformación totalmente divina, recibe las primicias de la segunda creación.

Considerando a MARÍA como la bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, así como el "prólogo de la historia de la salvación" es por lo que la Iglesia griega, según el ciclo litúrgico establecido por San BASILIO, colocara la fiesta al inicio (proemio) de su año litúrgico que es el 8 de Septiembre. Posteriormente la fiesta sería adoptada por la GALIA, hacia el Siglo V, aunque no se sabe si por influencia oriental o por una tradición propia: Al parecer, la localidad de ANGERS en FRANCIA sostiene que San MAURILIO instituyó esta fiesta en ANGERS como consecuencia de que la noche del 8 de Septiembre del año 430 un hombre escuchó a los ángeles cantando en el cielo, y al preguntarles la razón, le respondieron "que estaban llenos de júbilo porque la Virgen había nacido ese día".

Sea como fuere, por su tradición oriental o por su inspiración apócrifa, la Iglesia latina-occidental fue bastante reacia a aceptar la fiesta, aunque finalmente lo hizo bien entrado el Siglo XI, todavía en el año 1028 el Obispo católico de CHARTRES, en FRANCIA nuevamente, afirma que "se trata de una fiesta de reciente institución". Sea como fuere la fiesta se sigue manteniendo en el actual calendario litúrgico, aunque conoció días mejores, litúrgicamente hablando, pues llegó a contar con vigilia solemne e, incluso -y reconozco que esto ha sido una sorpresa para nosotros a la hora de decidir hacer este octavario- contó con una octava, instituida por el Papa INOCENCIO IV en cumplimiento del voto que hicieron los cardenales del agitado cónclave que le eligió, durante el tiempo en que estuvieron secuestrados y sometidos a coacción por el emperador FEDERICO II "Barbarroja", que había secuestrado a varios de los cardenales que iban al cónclave, que se alargaba por este motivo más de diecinueve meses, por lo que los cardenales se dijeron: "Hagamos el voto de que cualquiera que salga elegido instituya que se celebre no sólo el día del nacimiento de la Bendita Virgen María, sino también su octava, para alegría de los cristianos si nos socorre en este momento".

Como curiosidad, para acrecentar aún más el sentido de la celebración de esta fiesta como "pórtico de entrada, prólogo y proemio de la historia de la salvación" que empieza a cumplirse ya en MARÍA, diremos que no es costumbre de la Iglesia celebrar la fecha del nacimiento de ninguno de sus santos (a excepción del propio "Nacimiento de Jesucristo"), por ello la celebración de la natividad, tanto de MARÍA como de San JUAN BAUTISTA nos ayudan a reflexionar en la apertura a la fe, y a la acción de Dios en la historia, de ambos personajes, a caballo entre la Antigua y la Nueva Alianza supieron obrar en sus vidas de tal manera, que hicieron posible "el momento de Dios en la historia".




domingo, 30 de agosto de 2015

SI NO TENGO AMOR.....DE NADA ME SIRVE


De nuevo nos encontramos en el Evangelio de hoy (Marcos 7,1-8.14-15.21-23) una nueva diatriba entre el Señor y los fariseos, esta vez a cuento de la pureza ritual "¿Por qué tus discípulos comen con las manos impuras?", muchos de tales formalismos, además, es que los vienen cumpliendo sin saber por qué, arrastrando la losa de la costumbre, la tradición y los mayores "no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados", y el Señor les responde que no se trata tanto de formalismos y ritualismos vacío de contenido, demoledora la frase "este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí", sino de la intención con que hagamos las cosas "es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones".


Al respecto de la intencionalidad con que hacemos las cosas, de las motivaciones profundas "del corazón" que nos mueven a hacer lo que hacemos, vale tanto para lo malo (en el Evangelio de hoy la afirmación está en negativo porque es una respuesta a los fariseos) como para lo bueno, que también podríamos enunciarlo en positivo "es del interior, del corazón de los hombres, donde nacen también las buenas intenciones", y al fin y al cabo esto es lo que vale "las motivaciones de nuestro corazón". Me recuerda la frase pronunciada por aquel Papa de la antigüedad, del que nunca me acuerdo el nombre, que sintiéndose morir, mandó llevar su cama al altar de San PEDRO, reunió a los cardenales, y desde allí les dijo "Muchas tempestades han agitado esta sede, pero me conforta saber que el Señor mira más la intención del corazón, que los resultados", a este respecto ya sabemos las palabras de San PABLO cuando nos dice que absolutamente nada de lo que hagamos, así fueran los milagros más grandes, vale nada, si no es con amor: "Aunque hable todas las lenguas humanas y angélicas, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo estruendoso. Aunque posea el don de profecía y conozca los misterios todos y la ciencia entera, aunque tenga una fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada" (1 Corintios 13,1-2).

Podría, como es mi costumbre, comentaros el Evangelio de hoy con alguna lectura desacostumbrada, con alguna interpretación original, con alguna ocurrencia de las mías, sin embargo, no lo haré, quiero que pensemos, por ejemplo en MAXIMILIANO KOLBE, todos sabemos su vida, capuchino, fundador de la ciudad de MARÍA, lugar de trabajo de gran cantidad de jóvenes, editor de un periódico, excelente propagandista, fundador de la LEGIÓN DE MARÍA, que murió en el campo de concentración de AUSCHWITZ al ofrecer su vida a cambio de la de un preso, padre de familia, que los nazis querían ejecutar en escarmiento por la fuga de otro preso... ¿Cabe mayor vida de entrega y servicio hasta el final? ¿No es acaso su muerte martirial un hecho asombroso de su vida? pues bien, él también sabía, como el Evangelio de hoy, como San PABLO, que sin una motivación interior, nada de lo demás importa, como se trasluce de estas palabra suyas, al Evangelio de hoy, tomadas de un escrito suyo titulado "Conversaciones Espirituales Inéditas":

La vida interior es primordial... La vida activa es la consecuencia de la vida interior y no tiene valor más que si depende de ella. Quisiéramos hacerlo todo lo mejor posible, con perfección. Pero si no está ligada a la vida interior no sirve para nada. Todo el valor de nuestra vida y de nuestra actividad depende de la vida interior, la vida del amor de Dios y de la Virgen Maria, la Inmaculada, no son teorías ni dulzuras, sino la práctica de un amor que consiste en la unión de nuestra voluntad a la voluntad de la Inmaculada. Ante todo y por encima de todo, debemos profundizar en la vida interior. Si se trata verdaderamente de la vida espiritual, son necesarios los medios sobrenaturales. La oración, la oración y solamente la oración es necesaria para mantener la vida interior y su desarrollo; es necesario el recogimiento interior. No estemos inquietos por las cosas sin necesidad, sino que, suavemente y en la paz, procuremos guardar el recogimiento del espíritu y estar disponibles a la gracia de Dios. Es para eso que nos ayuda el silencio.

Hoy es un buen día para que nos interroguemos acerca de las motivaciones de nuestros actos, para que en todo lo que hagamos, por bueno que sea, siempre hagamos previamente una purificación y presentación al Señor de nuestras intenciones, sirve la fórmula antigua, que decía el catecismo antiguo, de que a la hora de actuar, sea lo que fuere, en cualquier circunstancia nos interrogáramos mentalmente diciendo ¿que haría el Señor en esta situación? y obráramos en consecuencia, obrando de esta manera segura que nunca nos equivocamos. Os comparto una anécdota, en mis tiempos de secundaria, concretamente en 2º de BUP, cuando se empieza a estudiar latín -siempre se me han dado bien los idiomas ¡aunque sean muertos!- escribía un diario (¡siempre ando escribiendo algo, la de libretas que habré emborronado, escrito, roto, vuelto a escribir, prestado, vuelto a rellenar....!) y descubrí con gozo que la mejor forma de que mis hermanos no lo cotillearan, ni se enteraran de lo que él ponía, era precisamente ¡escribirlo en latín!, de aquellos tiempos sólo me acuerdo de una oración que decía entonces, y sigo diciendo, a lo largo del día, cada vez que me acuerdo, la oración es la siguiente: "Señor, no soy digno de servirte en mis hermanos, pobre garante y auxilio soy para ellos, si mi oración y mi trabajo son insuficientes", esa es la actitud que creo deberíamos tener, y por cierto, es verdad, en latín todo suena más solemne, para los que se atrevan: "Dómine, non sum dignus serviendi te in frátribus méis, paúperum pignus et auxilium eis sum, si deprecatio laborque meae imbecillae sunt".

viernes, 28 de agosto de 2015

LAS LISTAS Y LAS TONTAS
TODAS SE QUEDARON DORMIDAS
¡Al menos las listas tenían aceite!


¡Mira que tiene el Señor mala suerte con las bodas! Que él mismo se presenta como el esposo y se le duermen las prometidas, y la mitad, más tontas que mandadas a hacer por encargo, encima se olvidaron del aceite preciso para las lámparas (Evangelio de hoy, Mateo 25,1-13)... mientras que, lo invitan a una boda, como simple invitado y los novios se olvidan del vino (Juan 2,1-10).

Bromas aparte, mirad que es patético que la novia se quede dormida esperando al esposo, máxime cuando lo que marca la tradición (para desespero de muchos párrocos que han de celebrar el matrimonio) es la novia la que ha de "hacerse de rogar" unos minutillos, que ya se sabe, se convierten en más de la cuenta... pero pensemos un poco, antes de cribar entre las tontas (por no decir "las pavas", que el Evangelio es más políticamente correcto, y las llama necias, y las listas), y es que antes de nada deberíamos preguntarnos ¿Por qué se quedan dormidas las novias en la espera?

No podemos echarle la culpa a una despedida de soltera, de esas que se llevan ahora, por la que en el día precedente las novias se hubieran descocado, que ya sabemos de qué tratan esas despedidas de soltera, más que nada porque en aquella época no se estilaban; tampoco es que se quedaran dormidas por puro aburrimiento, que a mí me pasa, que cuando estoy cansado y no hay nada que me llame la atención o me mantenga estimulado, en seguida desconecto y me quedo frito...¡Al menos podían haber charlado entre ellas, yo que sé, del esposo mismo, pero se quedaron dormidas todas!, tampoco se me hace muy creíble que se quedaran dormidas sin más... ¡Si precisamente cuándo más nerviosos estamos es cuando menos dormimos! ¿Y no iban a estar nerviosas en vísperas de su boda? Claro, que uno no se pone nervioso, si es que el asunto de que se trate ya no le suponga estímulo, novedad, o desazón alguna... ¡He ahí la clave del por qué de su sueño, porque tenían al esposo más visto que el TBO! Porque es como si a una chica le dicen: "esta noche vendrá tu novio", pues si es su novio de toda la vida, y no hay motivo de preocupación, seguro que se acuesta, cansada de esperar, mientras se dice mentalmente "Ya llegará...", pero si a esa chica le dices que "esta noche va a venir a visitarte GEORGE CLOONEY", seguro que se pasa la noche con los ojos como platos, no vaya a ser que se lo pierda, aunque luego GEORGE CLOONEY encuentre a una café adicta de ojos enrojecidos, medio histérica al abrir la puerta.... de todo menos quedarse dormida.

¿No será eso -aplicándonos la parábola- lo que nos pasa a nosotros? ¿No será que el encuentro con el Señor ya no nos estimula, no nos desazona, no nos provoca nervio, ni mueve la sangre en nuestras venas? ¿No será que caimos en la rutina con el Señor hasta el punto de dormirnos de aburrimiento? Y claro, es normal, que si el Señor se nos hace rutinario, aburrido, monótono, somnoliente, entonces tengamos que buscarnos las emociones fuertes en otro lugar, ya lo dicen las jóvenes listas a las tontas en la propia parábola "mejor que vayáis al mercado a buscarlo", y ciertamente, el mercado está lleno de opciones para buscarnos mejores emociones que esperar al esposo de siempre: las sectas, las drogas, los espiritismos, los deportes de riesgo, los mesianismos políticos, las ideologías novedosas, los seguimientos de nuestros ídolos políticos, musicales, literarios, o de cualquier otra naturaleza... ¡Todo menos una vida aburrida al lado del esposo!

Es verdad, que las listas también se durmieron, que es legítimo dormirse, cansarse y a veces, desesperanzarse, en el seguimiento o en la espera del Señor, pero por lo menos tuvieron la "precaución de proveerse de aceite para mantener encendida la lámpara" siguiendo con la metáfora matrimonial esto es lo que se recomienda a los esposos para que no caigan en la rutina "que mantengan siempre encendida la chispa de su pasión" En efecto, puede que lo hayas intuido ya ¡el aceite es todo lo que nos mantiene en la novedad constante del esposo, del amor primero, como si fuera el primer día de nuestro noviazgo!... Y muchos matrimonios rutinarios y desencantados interrogan a los otros acerca de como se consigue mantener "esta chispa", pero es bien sencillo: Pensemos en la esposa que rememora sus días de noviazgo releyendo las cartas que le mandaba su ahora esposo cuando eran novios, puede que, ahora, en la distancia, parezcan hasta ñoñas y bobaliconas, pero le ayudan a recrear todos los sentimientos de entonces... ¿Y qué te impide a tí, cada día, releer el Evangelio, o escuchar el Evangelio del día, rememorando las palabras de amor que Cristo dice, cada día sobre ti, al contrario que una carta desgastada por el tiempo?... A veces, algún miembro del matrimonio, pide permiso para salir antes del trabajo, o deja a los niños en casa de los abuelos, o prepara una cena especial, o se presenta en casa antes de hora sin avisar, todo por romper la rutina... ¿Y qué te impide a ti, fuera del trabajo, dejando los niños al margen, hacer una visita por sorpresa al Señor en la Custodia, o en el Sagrario, o entrar un momento tranquilamente a hacer un rato de oración en una Iglesia cualquiera?... A veces los esposos van a caso hecho a ese rincón de la ciudad, un parque, un mirador, la playa, ese hotel... donde se declararon, donde se conocieron por vez primera, donde el primer beso, donde la primera mirada...porque los sitios son evocadores... restauran y encienden el sentimiento...  ¿Y qué te impide a ti regresar dónde el amor primero, aquella vez que el Señor tocó tu corazón de esa forma que supiste que era real, en un campamento de verano, en un retiro, en una oración especial, en un pasaje de la Biblia, en un santuario?.... Si hasta el Señor se lo recordó a los discípulos, cuando me añoréis (tras la Ascensión) "volved a Galilea", esto es, al lugar del amor primero...

Que no caigamos en la rutina, seamos listos, que cuando creamos que el cansancio, la rutina, la desesperanza, el tedio, o la mera inercia van a hacer que "nos durmamos" esperando al Señor, seamos lo suficientemente creativos para procurarnos ese aceite que nos ayudará a mantenernos en vela, a recuperar la fuerza, a seguir caminando... Desead vivir la experiencia del amor primero con el Señor, y para ello, invocad constantemente al Espíritu Santo, del que dice la Escritura que "lo hace todo nuevo", porque no en vano, el aceite, ha sido desde siempre, uno de los signos de la acción del Espíritu Santo en nuestra vida: Fuimos ungidos en el bautismo en la infancia, en la confirmación en nuestra edad adulta, y lo seremos en nuestra ancianidad... ¡Aceite, Espíritu Santo, para mantenernos en vela hasta el final!

jueves, 27 de agosto de 2015

CUANDO EL SEÑOR VENGA....
¡Trabajando u orando.....!


En mis tiempos de joven, el párroco solía tener una especie de chiste "pastoral" sobre la pregunta que lanza el Señor cuando dice: "Cuando venga el hijo del hombre ¿Hallará fe en la tierra?" (Lucas 18,18) y él siempre añadía a modo de coletilla "¡Fe, no sé si la encontrará, pero una cosa es cierta, nos va a encontrar a todos reunidos!", que era su forma de decir que nos encanta reunirnos, hacer comités, grupos de oración y de trabajo, desarrollar planes anuales, planes catequéticos, de pastoral, etc, etc... y en todo ese tipo de reuniones todos lanzando ideas, todos con sus propias soluciones magistrales, todos con las mejores metodologías, etc, etc... pero a la hora de la verdad ¡trabajar poco!, porque luego el pobre hombre, después de todas las reuniones previas pedía "catequistas" y se encontraba con la monja, la señora mayor, mi madre y la laica solterona de siempre... pedía "matrimonios cristianos" para los cursillos de novios, y ahí estaban los matrimonios de siempre, que de tanto ser "los de siempre" ya parecían más los monitores de VIDA ASCENDENTE que los monitores de los matrimonios jóvenes; pedía "gente para el coro" y estaban los de siempre, que comenzaron siendo un coro parroquial de voces angelicales, luego un coro de "gallos" durante la transición de las voces de niño a las de adulto, y finalmente otro coro "de niños" ¡Es decir, los suyos propios, que ellos mísmos ni se veían cantar rodeados de carricoches de bebés de sus propios hijos, que con sus lloros, amenizaban más que los padres cantando! 

Y es que para programar, teorizar y enmendar la plana todos valemos, oye, como los comentaristas y analistas políticos de los programas de televisión, pero a la hora de trabajar, arremangarse y dar el callo ¡oye, qué pronto desaparecen todos!, mejor dicho ¡qué poco nos gusta trabajar!... Y esto ha sucedido siempre, desde que el hombre es hombre, porque el Señor, que otra cosa no, no lo olvidemos, pero además de Dios, era hombre, y éste perfecto, bien conocía la naturaleza humana que nos recuerda esta tan genuina actitud de escurrir el bulto, o dejarlo todo para última hora (bueno, en esto de dejarlo todo para última hora, el Señor más bien conocía la idiosincrasia española) en el Evangelio de hoy (Mateo 24, 42-51) cuando nos dice: "Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo", y un poco antes nos dice "Estad en vela, porque no sabéis cuando vendrá vuestro Señor".

Estas dos actitudes, las que el Señor recomienda, "estar en vela" o "trabajando" me evocan intuitivamente las dos actitudes en la Iglesia, "orar" y "actuar", si lo preferís de otro modo "la vida activa y la vida contemplativa", si lo queréis en plan evangélico las actitudes señaladas también en "MARTA y MARÍA" en el episodio de la visita y enseñanza del Señor en su casa. ¡Y que siempre vamos a estar declarando como encontrados, como opuestos, como antagónicas ambas realidades! Pues a mí se me antoja que cuando venga el Señor, no va a pillar desprevenidas a las Adoratrices que, en su turno de hora, estén adorando al Santísimo Sacramento en sus capillas, como tampoco va a pillar por sorpresa a esas otras Adoratrices, que no estando en su turno, sin embargo se encuentran con su furgoneta en la calle, en los peores, barrios, llevando café, folletos de seguridad sexual, consuelo, dignidad, escucha, acogida, o incluso pagando a los chulos para que las dejen un rato tranquilas a tantas prostitutas como ellas atienden... ¡Al contrario, a todas ellas las pillará haciendo lo que tienen que hacer, orar unas, trabajar las otras, a los que nos va a pillar en bragas -como se suele decir, y perdonadme por lo facilona de la metáfora, a tenor del ejemplo puesto- es a todos nosotros, que no estaremos ni acompañando a las primeras en su oración, ni conduciendo la furgoneta de las segundas en su misión!

Pero seguro que ese día, cuando el Señor venga, y la historia quede fijada y congelada para siempre en una especie de foto-finish, con ese relámpagazo, a modo de flash, que me imagino yo, esa segunda venida del Señor, seguro que salimos todos nosotros retratados, a modo de selfie apocalíptico, para toda la eternidad, con cara de susto porque nos han interrumpido en esa bonita comisión de trabajo en la que estábamos participando, con nuestras biblias, nuestros bolis y nuestras libretas de apuntes, sobre el tema "la prostitución, retos y respuestas de la Iglesia en el mundo de hoy"... Y para esto vale cualquier problemática humana que se os antoje, pensad en cuantas reuniones, congresos, seminarios, ponencias, etc,etc... habéis participado sobre lo que sea, y ponedlo en el platillo de los campos de trabajo, horas en la calle, callos en las manos y suelas de zapato gastadas por ese mismo tema... ¿Cómo nos saldrá el balance final?

Por eso, recordando muchas veces el chiste de mi párroco, acordándome de este Evangelio, muchas veces pido al Señor que, si ha de venir, en este tiempo, es decir, el que abarque mi esperanza de vida, que me pille en la calle ¡aunque sea yendo a trabajar por un sueldo vergonzoso! lo que sea, pero que no me pille en el sillón... y otra cosa, para rematar el ejemplo que puse, aunque caben muchos más, ya entiendo por qué decía el Señor que "las prostitutas nos precederán en el reino de los cielos" (Mateo 21,31) porque las Adoratrices las tienen amparadas, protegidas y "muy recomendadas para el cielo" sea por activa (su trabajo con ellas), sea por pasiva (su oración por ellas en su Adoración diaria) ¡Nosotros, ni trabajamos, ni dejamos, encima, que nadie trabaje por nosotros! Eso pasa....

martes, 25 de agosto de 2015

SEAMOS COMPASIVOS CON LOS FARISEOS
¡Al menos son coherentes!


No sé cuál es el superlativo del adjetivo terrible ¿"terribilisísimo" quizás? porque eso es lo único que se puede decir de las palabras del Señor dicha en el Evangelio de hoy (Mateo 23,23-26) ¡terribles palabras!, apenas tres versículos sobre los fariseos, pero como se dice en ANDALUCÍA ¡Madre mía, los ha dejado a gusto!:

¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! ¡Eso es lo que hay que observar, sin descuidar lo otro! ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os bebéis el camello! ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego, limpia primero por dentro la copa y así quedará limpia por fuera!

Podríamos ponernos la mano en el pecho y preguntarnos ¿Cuán fariseo soy yo? o, si no, fijándonos en aquello que el Señor echa en falta de los fariseos preguntarnos ¿Cómo ando yo de derecho, misericordia y sinceridad?

- En relación a la primera pregunta no me considero una persona hipócrita (risas enlatadas), entendedme, todos podemos, en un momento dado, "actuar de cara a la galería", pero no creo que lo haga siempre, como regla general, como un auténtico "estilo de vida", no es al menos lo que pretendo conscientemente, aunque para más pistas sobre esta respuesta leed un poco más adelante.

- En relación a la segunda pregunta: Recapitulemos lo que el Señor no encuentra en los fariseos, que "descuidan lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad":

Derecho.- ¡Teniendo en cuenta que soy jurista de carrera! Y aunque ejercí unos años como abogado, y no se me daba mal, lo que sucede es que, a menos que uno tenga valores, no menos cierto es que la abogacía es cuanto menos un poco hipócrita ¡al fin y al cabo somos especialistas en hacer decir a la ley, hasta la última coma, aquello que conviene a los intereses de nuestros clientes!, y creedme si os digo que esta tarea del "da mihi facta, ego dabo tibi ius" (dame los hechos, que yo te daré el derecho) no es una tarea nada difícil, porque como el legislador es tan zopenco pues resulta que cualquier artículo de cualquier ley está tan ambiguamente mal redactado que lo mismo vale para defender "blanco", que "negro", que "gris" si hace falta.... esta deformación profesional hace que uno se vuelva, sin quererlo, un poco relativista en los demás aspectos de la vida, y tienda a huir de verdades inmutables, sean de la naturaleza que sean, que si me apuráis, a estas alturas de la vida sólo creo inmutables el credo y poco más.

Lo anterior hace que uno sea, o al menos lo intente, COMPASIVO, y hoy me he dado cuenta de que existe una nueva forma de compasión, con la que me quiero comprometer a partir de hoy, no se trata de la compasión con las faltas ajenas, o con el pecado ajeno, o con los defectos ajenos, o con las necesidades de los demás, o con los sufrimientos de mis hermanos... hoy he descubierto que debería ser también compasivo, precisamente, con los fariseos... ¡Esperad que no he terminado, pronto me entenderéis!

Y finalmente la SINCERIDAD, precisamente donde reside "la madre de todos mis defectos" ¡es verdad!, porque como carezco de esa "neurona filtro" que tienen el resto de mis semejantes, y que hace de muro de contención entre el cerebro y la bocaza pues, de ordinario, carezco de la más mínima "corrección política, saber estar o moderación social" ¡para qué vamos a negarlo!, de esta manera suelo meter mucho la pata, ya lo dice el refrán "el que mucho habla, mucho yerra", y claro, esta especie de "hipersinceridad" no me hace muy popular, aunque el refrán diga "que sólo los niños, los borrachos y los locos dicen la verdad", porque cuando las suelto a las buenas no paso de ser un mero profeta (incomprendido, pero profeta), y cuando las suelto a las malas no paso de ser como un burro en una cristalería, y suelo ofender mucho a los demás por ello.

Pero ¿por qué he dicho antes que hoy quiero ser compasivo con los fariseos? Volvamos a leer lo que ha dicho el Señor de ellos, básicamente su rigorismo les hace errar la forma de entender las cosas, y es que, rigosirmos y extremos los hay en todos los índoles de la vida, desde el político (pensemos desde VOX a PODEMOS la distancia que media), y también eclesialmente (desde los lefevbrianos a los teólogos de la liberación, por citar los más extremos) y, curiosamente, cada una de estas posturas acusa a la contraria de lo mismo: de ser unos fariseos. Los primeros echan en cara a los segundos "que se preocupen más por el dobladillo del mantel del altar que por los pobres que pasan hambre", mientras que éstos recriminan a aquellos que "son capaces de dar más importancia a una prostituta que pasa frío en la calle que a un Sagrario profanado". 

Es verdad, nos encontramos ante posturas encontradas, opuestas, extremas, pero al menos reconozcámosles que ¡al menos son sinceros! no obran de cara a la galería! Dicen y defienden aquello en lo que creen -con independencia de la óptica de sus ideas- puede que lo hagan,  a veces, para escucharse ellos mismos, o para gritar más que el otro ahogando las voces contrarias, pero al menos exponen, gritan, patalean, defienden, sienten, viven por sus ideas y por su forma de hacer y pensar la Iglesia, porque son coherentes, vehementes -insisto, al margen de lo acertado o no de sus postulados- ¡pero al menos sienten lo que dicen y lo que defienden! que ya es mucho más de lo que se puede decir de otros, o de nosotros mismos, porque hay otras palabras del Señor que se me antojan mucho más duras que éstas del Evangelio de hoy, aunque creedme, ni los lefevbrianos, ni los teólogos de la liberación, paradójicamente, las escucharán de los labios del Señor: "porque eres tibio, porque no has sido ni frío, ni caliente, te vomitaré de mi boca" (Apocalipsis 3,16).


Y esa es la actitud por la que quiero tener compasión, dejando de erigirme en juez de las tesis de mis hermanos, por más opuestas o radicales que parezcan, lo mismo que en el espectacular final de la película de LA MISIÓN, tanto el jesuita que optó por luchar y tomar las armas, como el jesuita que optó por quedarse orando, posturas encontradas, pero ambos coherentes con ellas ¡al fin les cuesta la vida a ambos! Esa es mi conclusión de hoy: Equivocados o no, VIVID, SENTID aquello en lo que creéis, aquello en lo que esperáis, aquello por lo que lucháis... nunca tibios, nunca parados, nunca de brazos cruzados porque mucho me temo que, no hacer nada, es precisamente, la verdadera hipocresía.

sábado, 22 de agosto de 2015

LA CORONACIÓN DE MARÍA (III)
Su humillación le valió ser ensalzada.


Aunque hoy se celebra la fiesta de la CORONACIÓN DE LA VIRGEN es una fiesta litúrgica voluntaria, no obstante, sin romper el ciclo de lecturas del Evangelio de esta semana, me resulta curiosa a afirmación que hace el Señor en lo que es el Evangelio de hoy (Mateo 23,12): "El que se humille será ensalzado" pues eso mismo es lo que podríamos decir hoy, en esta fiesta, de la Virgen María, que dijo de sí misma en el canto del MAGNÍFICAT: "Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su sierva" (Lucas 1,47-48),y un poco más atrás en el tiempo cuando ella misma respondió al anuncio del ángel presentándose como "he aquí, la esclava del Señor" (Lucas 1,38).

Sin embargo, la fiesta de la CORONACIÓN DE LA VIRGEN tiene su origen en el texto del apocalipsis, contenido en su capítulo 12, donde se nos habla de que aparecerá "en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas" (Apocalipsis 12,1), que siempre se han considerado por los santos padres de la Iglesia, tanto de occidente, como de oriente, como cumplimiento escatológico del triunfo de MARÍA, por medio de su hijo Jesucristo, nuestro Salvador, desde el comienzo de los tiempos cuando dice a la serpiente "te pisará la cabeza, cuando tú le muerdas el calcañar" (Génesis 3,15). Por cierto, como nota curiosa -que viene a cuento- diremos que la bandera de la UNIÓN EUROPEA, las doce estrellas sobre fondo azul, se basan también en este texto apocalíptico.

Uno de los primeros autores en referirse a la coronación de MARÍA, como reina y madre de todo lo creado, inmediatamente después de su asunción, es San MELITÓN, obispo de SARDES (ciudad de Asia Menor) en el Siglo II, que fue divulgada en el occidente cristiano el siglo VI por GREGORIO de TOURS y más tarde en el Siglo XIII por SANTIAGO DE LA VÓRÁGINE en su Leyenda dorada. No obstante lo anterior esta fiesta es celebrada también en oriente, por la ortodoxia -hay iconos al respecto- e, incluso, como en el caso de la imagen que acompaño, se encuentra presente en el remate de una cruz procesional de la Iglesia Copta etíope, realizado muy burdamente en alabastro. 

"El que se humille será ensalzado", como hemos visto, lo que vale sobretodo por Jesucristo, su Encarnación, su vida terrena, su pasión, cruz y muerte, y su ensalzamiento en su resurrección , como lo canta el himno cristológico de san PABLO (Efesios 2,6-11):

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Así que hoy no se me ocurre nada mejor que para honrar a MARÍA, la que igualmente se humilló y fue ensalzada, que compartir con vosotros, a modo de oración conclusiva, una especie de paralelo mariano que escribí hace tiempo del anterior himno de San PABLO:

María,
a pesar de su Inmaculada Concepción
no hizo alarde de ser Madre de Dios,
sino que se mostró como esclava,
se rebajó a sí misma,
y se hizo obediente hasta el “sí” de Nazaret,
por eso Dios la escogió sobretodo
y la llamó “theotokos”, Madre de Dios,
para que a su nombre,
toda lengua proclame,
en los cielos, en la tierra, en el abismo,
de generación en generación:
“¡Dios te salve, Reina y Madre!”

viernes, 21 de agosto de 2015

LA CORONACIÓN DE MARÍA (II)
¡Que su corona sea la devoción popular!

En mi barrio, creo que lo he dicho alguna vez, tenemos en la misma manzana, casi, concentradas la parroquia, la mezquita y un "salón del reino" de los Testigos de Jehová, y hasta la fecha, lo cual nos honra a todos los vecinos, esto nunca ha supuesto un problema. Claro, esta mescolanza hace que a veces se produzcan situaciones curiosas, como aquella vez que, paseando al perro, en la puerta de una peluquería regentada por un musulmán, unos testigos de Jehová, su biblia en mano, intentaban convencer al otro, por cierto, corán en mano "de la preexistencia antes de todo lo creado del MOISÉS cósmico", yo miré al perro y exclamé "¡Madre mía, que valor tienen éstos de querer liar al moro metiéndose con un profeta!"... Al final, no me quedé a ver el final del debate, lo cierto es que puede que con su habilidad enredasen al musulmán, o éste fuera capaz de rebatirlos... trasladando este episodio a cuando llaman a la puerta de cualquier anciana, de esas que yo llamo "de la primera fila de la misa", tampoco puedo apostar quien ganaría la partida, no sé de la fe de la pobre mujer, pero una cosa es cierta, en cuanto a los incautos testigos de Jehová se les ocurra decirle a la anciana que la Virgen María no es Madre de Dios, sino sólo de Jesús hombre, o que para qué sirve ponerle flores, lanzarle besos o rezar el rosario, ten por seguro, que se van a quedar chatos, lo digo por el sonoro portazo con que les estampará la anciana....

Y es que, si los cristianos estamos bautizados frente a NEW AGE'S de diverso pelaje, sectas varias y cismas es, sin duda alguna por la religiosidad y la piedad popular, tan denostada y criticada en otros tiempos, pero que está siendo reivindicada, precisamente por este papel protector frente a la novedad embaucadora, a este respecto el Papa FRANCISCO en la EVANGELII GAUDIUM nos recuerda (nº 125-126) lo siguiente:

Para entender esta realidad hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Sólo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres. Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado. Quien ama al santo Pueblo fiel de Dios no puede ver estas acciones sólo como una búsqueda natural de la divinidad. Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5).

En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización.

Y de toda la religiosidad popular, y de la devoción popular, la que nos salva es sin duda, toda la que tiene que ver con la Virgen MARÍA. Mi abuela materna tenía la santa paciencia de abrir la puerta a todo el que llamaba a ella, incluídos testigos de Jehová, yo creo que cuando vivía sola, pues hasta se entretenía, seguro que algunos tomaron café y tostadas con ella, pero si le tocaban o le rozaban la Virgen, enseguida decía, con educación (mi abuela fue educada, y era en cierto modo, una niña bien) "perdonen ustedes, pero como no me van a convencer, y tengo el pan en el fuego, pues se me va a quemar, así que pueden ustedes irse".

Monseñor JUAN DEL RÍO MARTÍN, actual Arzobispo Castrense, en una conferencia sobre la devoción popular y MARÍA, tiene joyas al respecto que no me resisto a compartir con vosotros:

El evangelio de MARCOS señala claramente que Jesús tenía una madre conocida dentro de la comunidad cristiana, MARÍA. Y el evangelio de MATEO deja muy claramente perfilada la figura de MARÍA como la Madre del Mesías, en quien se han cumplido las antiguas profecías. Pero destaquemos que el tercer evangelio, el de LUCAS, compuesto no después del año 80 y según muchos antes ya del año 62, prueba la veneración en que era tenida la Madre de Jesús en la comunidad cristiana y cómo se la consideraba “llena de gracia”, “bendita entre las mujeres”, “dichosa por haber tenido fe”, y se asegura que se mostró disponible al plan divino (“Hágase en mí según tu palabra”, consciente de estar metida en la corriente de la historia de la salvación (“Magníficat”) y atenta a las cosas y sucesos de Cristo (“Guardaba y daba vueltas a todo esto en su corazón”). Los datos proporcionados por el cuarto evangelio (su presencia en CANÁ de GALILEA y en el Calvario) con su alto valor simbólico nos vuelven a asegurar de la presencia de María en la primitiva comunidad cristiana. Ella es nada menos que la Madre de Jesús, y expresamente la llama Lucas “Madre del Señor”. 

El pueblo honra a MARÍA en todas las escenas de su vida, asociadas a la vida del Señor: Anunciación, Visitación, Nacimiento de Jesús en Belén, Adoración de los Pastores y los Magos, Purificación y Presentación del Niño Jesús en el Templo, Pérdida y hallazgo de Jesús en ese mismo Templo, intercesión en las Bodas de Caná, presencia en la Pasión de Jesús, oración con los Apóstoles en el Cenáculo. No pasa desapercibido que la devoción popular, todas esas advocaciones, cuadros y estampas han sido tomadas del Nuevo Testamento, no ha necesitado la piedad cristiana del pueblo acudir a ninguna mitología para inventarse a la Virgen o colorear su figura con datos biográficos extravagantes o inventados. 


Cuando el pueblo cristiano oye en la lectura del evangelio que el Señor está con María (“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”), espontáneamente ha respondido: y nosotros también. Nosotros, el pueblo cristiano, también estamos con María. Y hace suya la actitud del discípulo amado que, cuando Jesús le dijo que María era su madre, “se la llevó consigo a su casa”. También el pueblo cristiano se ha llevado a la casa de su devoción, su confianza y su sentimiento religioso a la Madre del Señor. De la predicación de Cristo que promete la vida eterna a quien le siga fielmente ha tomado base el pueblo cristiano para estar convencido de que, terminada la vida terrena de María, el Señor se la llevó consigo en cuerpo y alma. El pueblo cristiano ahora la siente en el cielo, al lado de su Hijo, unida a aquella oración continua con la que Cristo intercede sin cesar por nosotros. Digamos esto sin rodeos y sin ambages: no ha hecho falta alguna acudir a ninguna mitología de tipo pagano para poder esbozar y perfilar la figura gloriosa y estelar de María. Al pueblo cristiano le ha sobrado el evangelio, un evangelio predicado en la Iglesia, creído en la Iglesia, interpretado en la Iglesia y sentido con sentimiento unánime en la Iglesia.

La religiosidad popular es rica en recursos a la hora de sus expresiones, y el que ese lenguaje sea espontáneo no quita que se preste a posteriores evoluciones hacia fórmulas más elaboradas, podemos decir que la religiosidad popular se expresa en gestos, como el de besar las imágenes o los lugares, las reliquias, los objetos sagrados, o el de las peregrinaciones como desplazamientos físicos de un sitio a otro, o las procesiones como recorridos de sentido religioso portando una imagen o rezando o cantando durante él (un rosario de la aurora o un viacrucis); incluso las formas de estas expresiones se acentúan a veces caminando descalzos, llevando una cruz; está igualmente la presentación de ofrendas como los cirios o las flores, o el vestir hábitos particulares o el llevar medallas o cruces al cuello o escapularios. Y La devoción mariana utiliza todos estos gestos que, como formas de honrar o invocar a María, se usan normalmente en las comunidades cristianas.

Todas estas expresiones y otras muchas se pueden reconocer en la religiosidad popular mariana, la cual ocupa un lugar destacadísimo dentro de la religiosidad popular general. Hay que decir que naturalmente María no es el objeto exclusivo de la religiosidad popular, que se dirige también al Señor como no podía ser menos, y se dirige también a los ángeles y los santos, a los que la Iglesia venera como asociados a Cristo en la gloria y la intercesión. Pero qué duda cabe que en nuestra religiosidad popular la Virgen María ocupa un lugar de gran relieve.

Cuando de niño tuve que leer en clase de lengua, obligatoriamente, LOS MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA de GONZALO DE BERCEO, para su posterior estudio, análisis, comentario y cómo no, examen preceptivo, recuerdo que hubo algo que me llamó profundamente la atención, por más que se torcieran las cosas, por más pecador que fuera uno, por más miserable que fuera su vida, o su indignidad o su pobreza, al final todos se salvaban porque, en un momento dado, tuvieron un gesto de piedad hacia MARÍA, como el fraile fornicador que no obstante ponía una flor a cada imagen de MARÍA que se encontraba, o aquel otro ladrón que rezaba un Avemaría al pasar por delante de una Iglesia, etc, etc... creo que desde entonces tengo la costumbre, es verdad de rezar un Avemaría cada vez que paso por delante de una imagen de la Virgen por la calle (de hecho de la casa al trabajo tengo dos, la pequeña Inmaculada que corona la hornacina en la fachada del Colegio del AVE MARÍA, y un poco más adelante, la otra Inmaculada, de piedra, que adorna una fuente a la entrada de un cuartel del ejército).

De esta manera, como hemos visto, las joyas y las coronas para MARÍA, valen, en tanto en cuanto no lo hacemos tanto por la imagen, como por MARÍA, ¿quién no querría lo mejor de lo mejor para su madre?,  así que nunca nadie te convenza, ni te diga lo contrario, de que tu escapulario de la Virgen del Carmen al cuello, o esa flor que espontáneamente pones a la virgencita de tu mesilla de noche, o esa estampa de MARÍA, en alguna advocación querida para ti, y que llevas en la cartera, o esa medallita de la Virgen, o el rosario que rezas, o el mes de Mayo que celebras, como cualquier jaculatoria que durante el día brote de tus labios para ella es una tontería, o una bobada de viejas, o una fe inmadura, porque -teologías aparte, por más doctas que sean- el que esto te diga es que, seguramente, no tiene pequeños gestos de cariño con nadie.... seguro que es de los que piensan, que una flor dada a tu pareja, sin venir a cuento, es también un romanticismo ñoño y trasnochado.

jueves, 20 de agosto de 2015

LA CORONACIÓN DE MARÍA (I)
¡Qué los pobres y nosotros seamos sus joyas!


Muchas veces he dicho, casi en broma, que si uno se pusiera a gritar en medio de la calle "¡Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos" seguramente me tacharían de socialista, de comunista, o casi peor, de podemita, pero claro, luego aclaras a tus interlocutores que ese texto es una oración de la Virgen MARÍA, y claro, ya la cosa cambia, que se trata del MAGNIFICAT (Lucas 1,48).

Sin embargo, ahora que estamos a punto de celebrar la fiesta litúrgica de la CORONACIÓN DE MARÍA, como REINA y MADRE de todo lo creado (22 de Agosto), paradójicamente, convendría que nos pusiéramos en la presencia de MARÍA, quizás desprovista de la corona, esa que un buen día, casi siempre por cuestación popular, la gente de tu pueblo le regaló, para reconocer sus méritos como madre y reina de la localidad de que se trate, y meditemos un poco sobre los méritos que la engalanan, que la hacen digna de dicha corona y fiesta litúrgica, porque, si es que hemos de quedarnos con orfebrería alguna, la Virgen MARÍA, que yo sepa, sólo llevaba dos: Su alianza matrimonial con JOSÉ, que era un anillo negro de madera con incrustaciones de nácar en blanco (a tenor de las visiones de CATALINA EMMERICK, sobre "la vida de la Virgen María") y la espada clavada en el corazón, a tenor de la profecía del anciano SIMEÓN "y a ti una espada te traspasará el corazón" (Lucas 2,35) y en opinión de @cuartapobreza, también, si acaso, pendientes, como dice el Cantar de los Cantares "¡Qué bellas tus mejillas con los pendientes, tu cuello con collares! Te haremos pendientes de oro, incrustados de plata" (Cantar 1,10-11).

Pero no debería sernos muy difícil contemplar a MARÍA, ajena a todos estos oropeles, porque para ello basta con que nos situemos delante de un espejo, porque la verdadera corona de MARÍA somos nosotros, su pueblo, y en el seno del mismo, sus pobres. A nadie descubro esta querencia del pueblo sencillo por la Madre de Dios, sociólogos como ANDREW GREELEY afirman, sin dudar, que "MARÍA constituye el icono más poderoso de occidente en los últimos dos mil años", podemos rastrear himnos marianos en la obra de los primeros padres de la Iglesia, desde San EFRÉN, en el año 373, e incluso antes en San HIPÓLITO, en el año 218, y recientemente se ha descubierto la oración del "sub tuum praesidium" ("Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios") en un papiro egipcio del Siglo III. Y todos los historiadores saben que, en los tiempos de la celebración del Concilio de ÉFESO, que promulgó la maternidad divina de MARÍA, había un sentir tan popular al respecto, que dicen las crónicas que "hasta las vendedoras de pescado charlaban sobre la Madre de Dios en sus puestos del mercado", y que todo el pueblo, que aguardaba ansioso a las puertas de concilio sus resultados, prorrumpió en aplausos y en una procesión improvisada de antorchas encendidas cuando al fin el concilio dio su parecer positivo al respecto, de forma un poco exagerada, quizás, haciendo de MARÍA, por su Encarnación, la causa primera de nuestra salvación, como madre de Cristo, un teólogo anónimo del concilio la ensalzaba con estas palabras:

Te saludamos, María, Madre de Dios,
tesoro venerable del mundo entero,
luz jamás apagada.
Templo jamás destruido, que das albergue
a Aquel que en ningún lugar puede ser contenido.
Madre y Virgen.
Por ti, la Trinidad ha sido glorificada.
Por ti, la Cruz es venerada en el mundo entero.
Por ti, el santo bautismo llega a los que creen,
por ti, óleo de alegría.
Por ti, las Iglesias se fundan en el mundo entero.
Por ti, los pueblos son conducidos a la conversión.

La cercanía del pueblo sencillo, y de los pobres, a la figura de MARÍA, no es algo casual. En efecto, para el pueblo y los pobres MARÍA no es tanto "nuestra gloriosa Señora", como la madre por excelencia, la Madre de Dios, la madre de todos nosotros, nuestra Abogada, que como mujer sencilla del pueblo, pese a todo, conoció igualmente la opresión de los poderosos, el sufrimiento, la vida, el dolor, el no saber dónde dormir, dónde hospedarse, la que se puso en camino huyendo por su vida, la que estuvo al pie de la Cruz, la que consoló del fracaso de la Cruz a los apóstoles... 

No hacen falta grandes dogmas marianos, ni grandes disquisiciones filosóficas para que el pueblo y los pobres se abran al tú de MARÍA, y entren en diálogo con él, el punto de partida, el "sensum fidei" por el que el pueblo se reconoce en MARÍA son siempre las situaciones más humanas, sus incertidumbres, sus necesidades, sus injusticias... y siempre encuentran en MARÍA una acogida real, cierta, viva, presente. Tanto en la salida, como en el movimiento, como en la llegada a MARÍA el pueblo nunca se equivoca en sus elecciones.

MARÍA será siempre y ante todo, Madre, que del mismo modo que Dios, por el misterio de la Encarnación, siente que esta maternidad se le queda chica, y la hace carne,brotando más allá de su corazón, y de la mera "affectio espiritualis" y necesita darle forma, hacerla vida, Dios en el Hijo, María en Cristo, y más aún, en todos nosotros. El pueblo sabe y entiende, perfectamente, que MARÍA es distinta a nosotros, pecadores, pero sabe que le es cercana en todo lo demás, especialmente, como hemos dicho, en las incertidumbres de la vida, las sombras, el peligro, el drama, el sufrimiento, fuente insustituible de fuerza y esperanza.

MARÍA será, además, secundariamente, siempre AUXILIO y PROTECCIÓN, porque el pueblo sencillo, y los pobres, se saben especialmente desvalidos, y esto es algo que se demuestra de mil maneras en la piedad popular: MARÍA es, casi siempre, nuestra gran intercesora, a quien acudimos en nuestra petición más angustiosa, mucho antes que al propio Hijo, o a otros santos; es la patrona y protectora de casi todos los pueblos de la cristiandad, y sus ermitas, santuarios o grandes basílicas, suelen ser, por igual, los grandes centros no tanto de las peregrinaciones, como de las angustias que allí nos conducen, confiando en su maternal protección, además son lugares centrales, nucleares, de concentración también de pobres y necesitados, porque en ellos la Iglesia suele llevar a cabo importantes tareas asistenciales, de solidaridad. Junto a MARÍA el pueblo se sabe amparado, acogido, defendido, asistido, alimentado, nutrido, vestido. Preguntad, a cualquier anciana de la calle a qué se acoge en sus momentos de mayor necesidad, y hallaréis quizás siempre la misma respuesta "Me acojo a Dios y a la Virgen" luego ya, si acaso, algunos añaden "y a todos los santos".

Antes dijimos que de forma "un poco exagerada" ese anónimo teólogo del Concilio de ÉFESO cantaba a MARÍA como "causa primera" de todo lo demás: De la devoción a la Santísima Trinidad, del bautismo, de la veneración a la Cruz, etc, etc... pero no menos cierto es que donde más fuerte y arraigada es la devoción del pueblo sencillo y de los pobres en MARÍA, es donde, precisamente, todas las anteriores cuestiones se quitan "el halo de misterio" y "los ropajes bizantinos propios de las disquisiciones de los teólogos" y se tornan encarnados en la vida y la cultura del pueblo, haciéndolos reales:

De esta forma CRISTO mismo deja de ser el Señor, en su sentido más real e hierático, y empieza a ser percibido como el gran anunciador del Reino de Dios, que opta por los pobres, que muere por coherencia con sus decisiones, que triunfa sobre la injusticia, y de todas ellas, su muerte, porque el Padre por la resurrección reivindica su tarea.

DIOS PADRE también evoluciona, ya no está en las alturas,al modo griego, ajeno a nuestros problemas, sino que se humaniza, escucha el grito de los oprimidos, de los pobres, de los perseguidos, y toma partido por ellos, como lo hiciera ya desde los tiempos de MOISÉS.

La SANTÍSIMA TRINIDAD se redescubre como vicencia de la comunidad,la hermandad, la solidaridad ecualitaria entre sus miembros, todo lo que la comunidad humana, la Iglesia, intenta reproducir de forma pobre, aunque con los mismos lazos de amor e igualdad entre sus miembros: De este sentir trinitario nacen grupos de oración, nuevas comunidades, comunidades eclesiales de base...

El ESPÍRITU SANTO recupera su papel como auténtica voz de Dios, impulsor, promotor y valedor de la Palabra de Dios y su cumplimiento, de esta forma el Espíritu Santo se convierte en la palabra del catequista, la denuncia del profeta, el canto de alabanza de los sencillos...

Lo anterior no es una exageración, es célebremente conocido el antiguo adagio "Ad Iesum per Mariam" ("A Jesús por María"), LUTERO en su "Comentario al Magnificat" (año 1521) nos dice "No deberíamos querer honrar a MARÍA de forma diferente a como ella misma lo pide en el Magnificat ¿Cómo debemos honrarla pues? El verdadero honor de MARÍA es el honor de Dios, que no es otro sino alabar su gracia. MARÍA no desea que vayamos a ella, sino que por ella, vayamos a Dios", o si queréis otro ejemplo, también el himno de la Virgen de LINAREJOS, patrona de LINARES (JAÉN), pese a ser contemporáneo, manifiesta la misma idea al decir en una de sus estrofas "y tú eres, Señora, el camino, que conduce al amor de Jesús", Mª EMILIA RIQUELME y ZAYAS (1.898-1.940) religiosa y fundadora granadina, nos recuerda también "Dios es el único objetivo de nuestras vidas en un todo, pero se necesita un cochecito para ir a Él; y éste es María. El niño sin su madre no vive bien; a veces el camino es largo, el calor asfixia, muchos peligros nos acechan. Es bondad de Dios darnos un cochecito para salvar tantas dificultades" (Pensamientos, nº 185).

Que seamos conscientes de que la corona de MARÍA, somos nosotros mismos, y de la misma manera en que los orfebres se esmeran cuando se les encarga una corona para la Virgen, nosotros seamos capaces de ser joyas dignas de su corona, la misma que le impondremos pasado mañana.





miércoles, 19 de agosto de 2015

SINODANDO que es gerundio...
¡Yo también puedo sinodar sobre la familia!


Vaya por delante que yo no soy teólogo, sino jurista, que es la carrera que estudié, aunque me acuerdo que en la asignatura de Derecho Canónico, estudiamos casi todo el Código en apenas dos trimestres, y al matrimonio había que dedicarle todo un trimestre, no tanto por lo que el Código diga sobre el matrimonio católico y su sacramentalidad, sino por la cantidad de flecos sueltos que tiene la doctrina, sacramental y no digamos ya la jurídico-canónica respecto del matrimonio, ¡ya la casuística ni os cuento!, y uno intuitivamente empieza a percibir que algo que es tan complejo, tan farragoso, tan casuístico, tan de abogados y dobladillos jurídicos, pues no puede ser bueno ni estar tan claro, que como dice el refranero, que para algunas cosas es "palabra de Dios" (que nadie se me ofenda que es Palabra de Dios, en la Biblia está, el saber del pueblo de Israel, convertido en refranillos, en el Libro de los Proverbios), "lo bueno, si breve, dos veces bueno".

Otra deformación jurídica que me ha quedado de mis estudios de Derecho es que los juristas podemos ser maestros en retorcer la verdad (si por ella entendemos los hechos y la norma escrita) para hacer decir lo que nosotros queremos que diga, lo que relativiza mucho, dicho sea de paso, el carácter inmutable de la norma, por eso muchos filósofos de la ciencia opinan que las ciencias sociales no son ciencias propiamente dichas, por lo falsable y poco objetivo de su objeto de estudio cual es el ser humano.

Dicho esto, lo hago por las recientes polémicas en torno al SÍNODO DE LA FAMILIA y el problema, que a mí me parece absurdo, que se traen todos los que defienden "la imposibilidad de los divorciados vueltos a casar para acceder al sacramento de la comunión" y los que defienden lo contrario, entiendo que la enconada discusión no versa sobre la "indisolubilidad del matrimonio", sino sólo si deben o no comulgar los divorciados civilmente (de un matrimonio canónico) vueltos a casar (civilmente, se entiende, ya que canónicamente no pueden), y la discusión está llegando a tintes tan exagerados, aún sin haberse celebrado el Sínodo siquiera, que incluso se amenaza con hipotéticos cismas si es que se posibilitara la posibilidad de que los así divorciados vueltos a casar pudieran comulgar.

Es verdad que, en primer lugar, tenemos como bastión insoslayable la propia Escritura, pues dice el Señor en el Evangelio "Pues yo os digo que quien repudia a su mujer -salvo en caso de concubinato- la induce a adulterio, y quien se case con una divorciada comete adulterio" (Mateo 5,32), pero soy de la opinión de que tomarnos la Escritura al pie de la letra, literalmente, a veces, nos lleva a resultados indeseables, porque vamos a ver, un ejemplo sencillo, a todas luces.

Es verdad que, aparentemente la Biblia condena,por ejemplo, la homosexualidad, lo dice bien claro la Escritura: "No yacerás con varón como mujer, es una aberración" (Levítico 18,22) pero enseguida empiezan los tropiezos escriturísticos:


Para empezar no existe el correlato "No yacerá la mujer con mujer como hombre, es una aberración", es decir, no hay un precepto análogo en el caso de las mujeres, la explicación es bastante sencilla, desde un punto de vista histórico antropológico: El autor de levítico es un patriarca judío, en cuya mentalidad la mujer es menos que nada, si ni siquiera es tenida en cuenta, evidentemente no hace falta mencionarla para nada más, de ahí que el redactor ni siquiera piense en las mujeres... ahora bien ¿Justificaría esto la homosexualidad femenina? Aparentemente, al tenor literal del Levítico, y la inenarrancia de la Palabra de Dios, tanto en lo que dice, como en lo que omite, hemos de responder que sí (entiéndase que estoy hablando de literalidades).

En segundo lugar si nos ponemos literales, tanto para hacer de la condena de la homosexualidad contenida en Levítico 18,22 una "palabra de Dios", punto y final al respecto, entonces, en buena lógica, no podemos condenar una conducta desde un versículo de un libro, si es que no nos vamos a tomar todo el libro en la misma literalidad y condena para el resto de conductas humanas reflejadas en él, porque en Levítico también se dice: "Si uno se acuesta con una mujer durante su menstruación ambos serán excluídos del pueblo" (Levítico 20,18) que yo sepa no existe una "excomunión temporal para las mujeres mestruantes durante el ciclo" ¡pero es Palabra de Dios!; este otro es de una rabiosa actualidad "El hombre o la mujer que practique la nigromancia es reo de muerte" (Levítico 20,27) qué menuda suerte tienen RAPEL o la BRUJA LOLA de que la Palabra de Dios sólo nos sirva para condenar homosexuales, debe ser que ir matando brujos y adivinos es políticamente incorrecto en la sociedad actual (lo mismo que condenar la homosexualidad) aunque para lo de los brujos nos hemos civilizado más, por lo que se ve, pero claro ¡es Palabra de Dios!; luego vienen los pobreticos de los TESTIGOS DE JEHOVÁ, a los que tachamos de integristas, y se privan de comer morcilla por culpa de Levítico 17,10 "Cualquiera que coma sangre, me enemistaré con él y lo expulsaré del pueblo", menos mal que los integristas son ellos, nosotros, más racionales podemos comer morcilla y hasta el cerdo entero ¡pero es Palabra de Dios!; y ya si queremos acabar con EL CORTE INGLÉS, ZARA, INDITEX y todos juntos, lo que no han podido ni las crisis, ni los sindicatos, pues les aplicamos Levítico 19,19 "No lleves vestidos de paño mezclado" y entonces declaramos excomulgados y condenados a todos los que lleven la fórmula "50 % algodón, 50 % polyester" en sus etiquetas, que seguro que las casullas de muchos obispos no resisten al Levítico ¡pero es Palabra de Dios, que quede claro, es Palabra de Dios....! O sea que perdonad que me ría de la condena moral de la Iglesia a un colectivo humano, por un versículo en un libro, por muy bíblico que sea, cuando el resto del mismo libro, todo sea dicho de paso, nos lo pasamos por el forro (ya no sé yo de qué material, será un forro de una sola tela, para no pecar).

Y es que, a tenor de lo dicho por el Señor, volvemos al tema del matrimonio, "Pues yo os digo que quien repudia a su mujer -salvo en caso de concubinato- la induce a adulterio, y quien se case con una divorciada comete adulterio" (Mateo 5,32), se me hace muy duro pensar que a un creyente de buena fe, que haya podido hacer todo lo posible por salvar su matrimonio, que crea firmemente en su sacramentalidad e indisolubilidad, pero al que el otro cónyuge no le ha dejado más opción que divorciarse, no sólo no pueda rehacer su vida, y tenga derecho a ser feliz, máxime cuando la culpa no sería suya, sino del otro cónyuge, y que encima, de ser la parte inocente, ni siquiera tenga el consuelo de la comunión sacramental, como dice el Papa FRANCISCO en la Evangelii Gaudium "La Eucaristía es remedio para los pecadores, no el premio de los perfectos" porque, en este caso, a mi modesto entender, sucede lo mismo que con las contradicciones del Levítico, obligamos a los matrimonios "indisolubles" (y me refiero a los casos extremos en los que la convivencia sea pésima entre los cónyuges, incluso en el peor de los casos, pensemos en maltratos) a cargar con un esposo o esposa de por vida "hasta que la muerte los separe" cuando precisamente, en la muerte, es decir en la vida futura, ni siquiera serán capaces de reconocerse como esposos... ¡Toma ya, la traca final....! Que nadie se me asuste, pero como tenemos la manía de no prestar atención al Evangelio cuando lo oímos en misa: que lo dijo el Señor, no me lo estoy inventando:

"Pues bien, había en nuestra comunidad siete hermanos. El primero se casó, murió sin tener hijos y dejó la mujer a su hermano. Lo mismo pasó con el segundo y el tercero, hasta el séptimo. Después de todos murió la mujer. Cuando resuciten, ¿de cuál de los siete será mujer? Pues todos fueron maridos suyos. Les contestó Jesús: "Andáis descaminados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, no se casarán ni los hombres ni las mujeres, sino que serán como ángeles en el cielo" 

(Mateo 22,25-30)

¡Toma del frasco carrasco...! Es verdad, el matrimonio, desgraciadamente, nos guste o no nos guste, termina con la muerte, pero a todos los efectos, para los vivos y para los muertos, que estas palabras del Señor lo dejan bien claro... A mí se me hace duro pensar en mis abuelos, por ejemplo (ya fallecidos ambos), porque cuando mi abuelo murió y mi abuela quedó viuda llevaban casados la friolera de sesenta y seis años, que no se me ocurre pensar en un dolor mayor, pues como dije en su día "debe sentir como si le hubieran arrancado medio corazón" aunque luego, en frío, y ante este Evangelio uno piensa... Y tanto dolor ¿para qué? ¡Si en el cielo no se van a reconocer como esposos! Ahora entiendo por qué los viudos y viudas se pueden volver a casar en segundas nupcias, y hasta siete veces, porque como luego de lo amado, vivido, compartido, experimentado, como esposos, me refiero, nada de nada en el cielo.... Entonces no entiendo ni por un lado a los que se obcecan en defender que alguien tenga que cargar con un cónyuge no deseado, o no pueda rehacer su vida, o no pueda volverse a casar, o no pueda volver a comulgar... total para nada, llegada la muerte; como no sé qué palabra de consuelo, fidelidad, cariño y comprensión puede dar la Iglesia a los matrimonios santos, buenos y fieles a la luz de este Evangelio (poneos la mano en el corazón y pensad: ¿Alguna vez algún sacerdote os ha explicado este texto como matrimonio, sabéis el significado y alcance de lo dicho aquí por Jesús, no se pasa siempre de puntillas sobre este texto a efectos matrimoniales y homiléticos?) si total para nada, llegada la muerte.

Al final, no me gusta hacer de profeta, creo que el tema se suavizará por ambas partes, y que, en todo caso, prevalecerá esa "vía intermedia" de posibilitar la comunión de los divorciados vueltos a casar tras cierto itinerario penitencial, de lo contrario habremos convertido la reflexión actual en una nueva disputa bizantina, propia de teólogos, que nada ayuda al pueblo sencillo, y habremos estado dos años sinodales mareando la perdiz para nada... o eso, o aprovechando que el Sínodo es anterior al AÑO DE LA MISERICORDIA, convocado por FRANCISCO, y teniendo en cuenta que él debe recoger los frutos del Sínodo en una Exhortación Apostólica Post-Sinodal, de su puño y letra, haga lo que le venga en gana, disponga lo que estime oportuno, y lo eche en el saco de "la misericordia de Dios" que, ciertamente, puede con todo.... que tampoco es que vayamos a asustarnos por la amenaza de cismas, que los ha habido siempre, y la Iglesia sigue subsistiendo.

Al final, este debate me produce la misma sonrisa que, cuando se celebra la fiesta de la SAGRADA FAMILIA, y el cura de turno, en la homilía, suelta la consabida muletilla de que "la Sagrada Familia es ejemplo de familia cristiana" y en seguida me entra la risa, porque pienso en mis pobres padres, cristianos, sí, pero más bien sociológicos, que quizás no fueran "santos, ni sagrados", pero que nunca perdieron un hijo, y éramos tres, en un viaje, no precisamente el ejemplo que dieron los otros, perdiendo al niño ¡y tres días, ni más ni menos!....

lunes, 17 de agosto de 2015

¿PARTIR Y COMPARTIR EL PAN DE LA PALABRA?
¡Vamos anda ya....!


Muchas veces he hecho la broma de que "por los telediarios me entero de las últimas enseñanzas del Papa FRANCISCO, mientras que por los obispos me entero de cómo van la eutanasia, el aborto y la homosexualidad" parece una exageración, pero ¿no es esto triste? ¿tan difícil es no confundir a las audiencias? porque humildemente, lo que uno espera en la homilía dominical, es que le partan y le compartan la Palabra de Dios, para que me sirva de alimento y sustento para el resto de la semana, y en lo que sea áspera, o no pueda entenderla, que el sacerdote que la predica me dé criterios interpretativos para ello, pero no que me hable de cuestiones políticas, legislativas, por muy justa y necesaria que sea la voz de la Iglesia al respecto, y si me apuráis, ni siquiera de cuestiones sociales... yo en la homilía quiero Palabra de Dios, y si no la encuentro, tranquilamente pues, cojo y me levanto y me voy ¡para eso me pongo el telediario o me compro el periódico o cojo el boletín parroquial a la salida, pero en la homilía no, porque no me da la gana!

Porque otro tonto con capirote, que lo porta, realmente, a modo de mitra, cual Monseñor MUNILLA, lo ha vuelto a hacer, que ya ha debido de transcender hasta vosotros la polémica suscitada por sus palabras acerca de la "ideología de género" en plena homilía de la ASUNCIÓN DE LA VIRGEN... que vamos, que me digan a mí cómo se hilvana la "ideología de género" con la ASUNCIÓN DE MARÍA, que encima de virgen, no tuvo pecado, y menos aún con el Evangelio de ese día, que si la memoria no me falla, era el canto del MAGNIFICAT, y os aseguro que nadie salió de allí pensando en "de ahora en adelante me felicitarán todas las generaciones", ni ese es el testimonio de MUNILLA al mundo en una fiesta tan señalada, sino que lo que va a quedar para la posteridad es que "la doctrina de género es una metástasis del marxismo" ¡Toma ya, ahí queda eso! Al menos sea sincero, y al subir al púlpito diga, como lo hizo "con dos huevos, pero sin engañar" el difunto PACO UMBRAL a MERCEDES MILÁ: "Porque yo he venido aquí a hablar de mi libro"... que curiosamente versa sobre esos mismos temas.

Porque vayamos por partes... ¡Qué pena me da FRANCISCO si piensa que esta panda de carcamales, salvo OSORO, BLAZQUEZ, CAÑIZARES y cuatro gatos más, van a sacar adelante su visión de la Iglesia en ESPAÑA! Insisto, que la Iglesia y los Obispos, por supuesto, están legitimados para hablar del aborto, de los homosexuales, de la eutanasia, de la corrupción política, del miedo a PODEMOS y hasta de la explotación de los campesinos en las plantaciones de café en COLOMBIA, pero no les está permitido hacerlo en el contexto de la homilía, porque la homilía es para lo que es, para predicar, compartir, partir y explicar la Palabra de Dios al pueblo sencillo de los fieles. Que lo anterior no es que lo diga yo, que tengo muchos documentos vaticanos al respecto -precisamente los que los Obispos, como MUNILLA, se pasan por el forro, pero los fieles sí que leemos-:

La homilía constituye una actualización del mensaje bíblico, de modo que se lleve a los fieles a descubrir la presencia y la eficacia de la Palabra de Dios en el hoy de la propia vida. Debe apuntar a la comprensión del misterio que se celebra, invitar a la misión, disponiendo la asamblea a la profesión de fe, a la oración universal y a la liturgia eucarística. Por consiguiente, quienes por ministerio específico están encargados de la predicación han de tomarse muy en serio esta tarea. Se han de evitar homilías genéricas y abstractas, que oculten la sencillez de la Palabra de Dios, así como inútiles divagaciones que corren el riesgo de atraer la atención más sobre el predicador que sobre el corazón del mensaje evangélico. Debe quedar claro a los fieles que lo que interesa al predicador es mostrar a Cristo, que tiene que ser el centro de toda homilía. Por eso se requiere que los predicadores tengan familiaridad y trato asiduo con el texto sagrado; que se preparen para la homilía con la meditación y la oración, para que prediquen con convicción y pasión. La Asamblea sinodal ha exhortado a que se tengan presentes las siguientes preguntas: «¿Qué dicen las lecturas proclamadas? ¿Qué me dicen a mí personalmente? ¿Qué debo decir a la comunidad, teniendo en cuenta su situación concreta?». El predicador tiene que «ser el primero en dejarse interpelar por la Palabra de Dios que anuncia», porque, como dice san Agustín: «Pierde tiempo predicando exteriormente la Palabra de Dios quien no es oyente de ella en su interior». Cuídese con especial atención la homilía dominical y en la de las solemnidades; pero no se deje de ofrecer también, cuando sea posible, breves reflexiones apropiadas a la situación durante la semana en las misas cum populo, para ayudar a los fieles a acoger y hacer fructífera la Palabra escuchada.

(Verbum Domini, Exhortación Apostólica Post-Sinodal, BENEDICTO XVI)

Cabe recordar ahora que «la proclamación litúrgica de la Palabra de Dios, sobre todo en el contexto de la asamblea eucarística, no es tanto un momento de meditación y de catequesis, sino que es el diálogo de Dios con su pueblo, en el cual son proclamadas las maravillas de la salvación y propuestas siempre de nuevo las exigencias de la alianza». Hay una valoración especial de la homilía que proviene de su contexto eucarístico, que supera a toda catequesis por ser el momento más alto del diálogo entre Dios y su pueblo, antes de la comunión sacramental. La homilía es un retomar ese diálogo que ya está entablado entre el Señor y su pueblo. El que predica debe reconocer el corazón de su comunidad para buscar dónde está vivo y ardiente el deseo de Dios, y también dónde ese diálogo, que era amoroso, fue sofocado o no pudo dar fruto.

La homilía no puede ser un espectáculo entretenido, no responde a la lógica de los recursos mediáticos, pero debe darle el fervor y el sentido a la celebración. Es un género peculiar, ya que se trata de una predicación dentro del marco de una celebración litúrgica; por consiguiente, debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase. El predicador puede ser capaz de mantener el interés de la gente durante una hora, pero así su palabra se vuelve más importante que la celebración de la fe. Si la homilía se prolongara demasiado, afectaría dos características de la celebración litúrgica: la armonía entre sus partes y el ritmo. Cuando la predicación se realiza dentro del contexto de la liturgia, se incorpora como parte de la ofrenda que se entrega al Padre y como mediación de la gracia que Cristo derrama en la celebración. Este mismo contexto exige que la predicación oriente a la asamblea, y también al predicador, a una comunión con Cristo en la Eucaristía que transforme la vida. Esto reclama que la palabra del predicador no ocupe un lugar excesivo, de manera que el Señor brille más que el ministro.

(Evangelii Gaudium, Exhortación Apostólica Post-Sinodal, FRANCISCO)

Y por supuesto en el reciente DIRECTORIO HOMILÉTICO de la Sagrada Congregación del Culto Divino y los Sacramentos, del VATICANO, publicado para ayudar a los sacerdotes en la preparación y elaboración de las homilías, me he entretenido en buscar y nada encontré sobre abortos, marxismos, eutanasias, géneros, homosexuales, corrupción política, precio del café en COLOMBIA, niños esclavos, etc, etc... tan sólo una vaga referencia a que "la homilía puede conectar con temas de actualidad, siempre que los iluminen, no que sustituyan burdamente la Palabra de Dios".

Y por supuesto, para saber de qué hablo, que me he leído la homilía de Monseñor MUNILLA, que como dice el refranero "¡para ese viaje no le hacen falta alforjas!" porque aprovechar la ASUNCIÓN DE MARÍA, como excusa para preguntar "¿Y cómo ve MARÍA el mundo desde el cielo?" y a renglón seguido ponerse a despotricar del mundo, más concretamente, del mundo que no le gusta (el marxista) con los valores que según usted le sostienen (género, homosexualidad, emancipación de la mujer, bla, bla, bla...) , pues ya le vale, que si nuestra fe es pobre, y la creencia de muchos en los dogmas de la Iglesia, en la sociedad secular -que tanto critica- su aportación a la mejor comprensión del dogma mariano ha sido exquisita, seguro que las ancianas del primer banco, los niños de comunión y los sacerdotes concelebrantes ya tienen más razones para defender la ASUNCIÓN DE MARÍA, y creérsela en el mundo de hoy, gracias a la inestimable comprensión y estudio de este misterio, por parte de su pastor, usted mismo, pero que alguien, de entre esas abuelitas, niños y sacerdotes me expliquen "qué coño es la teoría de género como metástasis del marxismo".... Insisto.

Y ya que me pongo, termino con mi investigación, porque, a no ser que esté equivocado, y usted maneje otros textos marxistas, he tenido que buscar en internet, lo mismo que he hecho con el directorio homilético del VATICANO, el texto fundante del marxismo, que es EL MANIFIESTO COMUNISTA y no he encontrado en él las palabras eutanasia, aborto, ideología de género, homosexualidad, etc, etc... así que tendrá usted que echarle la culpa a otras corrientes de pensamiento... y ni qué decir tiene que, consultada igualmente, la obra de referencia de la teología de la liberación, la auténtica biblia roja de la Iglesia, si lo entiende mejor así, que es la obra, en dos tomos, titulada MYSTERIUM LIBERATIONIS, de todos los autores señeros como JUAN JOSÉ TAMAYO, JUAN LUIS SEGUNDO, JON SOBRINO, JUAN ANTONIO ESTRADA, IGNACIO ELLACURÍA, BOFF, etc, etc... tampoco he encontrado en una obra de 690 páginas referencias expresas a tales temas, por lo que sigo sin entender qué coño denuncia en su homilía, dicho en plata.

Gracias, Monseñor por nada, que todas las fiestas, dice el refrán, tienen su octava, pero que en esta semana nadie meditará las GLORIAS DE MARÍA, precisamente, sino que copará usted todos los medios de comunicación con sus exabruptos homiléticos al juego del mundo de hoy, la contienda entre bandos político-ideológicos, nada de Palabra de Dios, Evangelio, puro y duro de por medio... menos mal que, hoy en día, como bien dice usted, vivimos en un mundo tan desacralizado que ya la Virgen Santísima considera oportuno manifestarse por defenderse a sí misma, porque si llego a ser yo, le ahogo con la casulla mientras mancilla la Palabra de Dios, el canto del MAGNIFICAT y el dogma de la ASUNCIÓN DE MARÍA poniéndonos a pensar en géneros, travestis, homosexuales y comunistas... y no se me ofenda, es milagro que hizo la Virgen MARÍA con la casulla de San ILDEFONSO y su sucesor indigno, que yo, al contrario que usted, no sólo me creo el Evangelio, sino hasta las leyendas piadosas.