lunes, 30 de noviembre de 2015

SAN ANDRÉS
¡Daros prisa....en seguir al Señor
...y en ir a visitarle!


Hoy es San ANDRÉS (cuyo icono, que me regaló @cuartapobreza es el que ilustra este artículo), pero como ya os he hablado en otras ocasiones de él, ya sea como el hombre atento al detalle, ya sea como el que propicia el encuentro, para no hacerme pesado este año os contaré una curiosidad referente a la devoción de San ANDRÉS, que precisamente es propia de nuestro país. Me refiero a la devoción de San ANDRÉS en TEIXIDÓ:

Según la leyenda el apóstol ANDRÉS se quejó a Dios de cómo era posible que PEDRO tuviera garantizada tal afluencia de peregrinos a ROMA, a la Basílica de San Pedro; mientras que SANTIAGO gozaba de la misma fama y renombre por el camino y por las peregrinaciones, pero que él, pese a ser venerado, con la misma antigüedad, en TEIXIDÓ, parecía ser menos visitado. Continúa la leyenda diciendo que entonces el Señor le respondió que se tranquilizara, que todo el mundo le reconocería, porque todos hemos de peregrinar de la misma manera a su santuario, porque a partir de entonces quien no fuera a su Santuario en vida, tendría que hacerlo después de muerto, de ahí el refrán gallego "vai de morto quen no foi de vivo".

Por eso es costumbre que los peregrinos, en el camino al santuario, o en sus inmediaciones, arrojen una piedra, que han llevado consigo durante todo el viaje, como testimonio de que la peregrinación ha sido hecha en vida, estos cúmulos de piedras que se van formando reciben en gallego el nombre de "milladoiros", hay unos veinte a lo largo de todo el recorrido de la peregrinación, siendo el más importante de ellos el que culmina el itinerario, el de la meta. Evidentemente los lugareños sostienen que las piedras de dichos milladoiros testificarán en el día del juicio final para dar fe de todos los peregrinos que fueron a San ANDRÉS de TEIXIDÓ, en cierto modo ya lo dice la escritura: "Y si todos callaran, estas piedras darían testimonio de mí" (Lucas 19,40). El testimonio más antiguo de la existencia de esta peregrinación lo encontramos en el testamento de una mujer gallega del año 1391 en el que dejó escrito lo siguiente "iten mando yr por min en romaria a Santo Andre de Teixido, porque llo tenno prometudo, et que le ponnan enno seu altar hua candea commo he hua muller de meu estado" ("hago ir por mi en romería a San Andrés de Teixido, porque se lo tengo prometido, y que le pongan en el altar una vela del tamaño de una mujer de mi estado").

Otra tradición relacionada con la peregrinación es no molestar a los animalillos que uno se encuentre por el camino, ya que se supone son las almas, de alguna manera, de aquellos que no pudieron haer la peregrinación en vida, y que por lo tanto, se ven obligados ahora a hacerla en muerte. Como es famosa aquella otra leyenda de unos peregrinos que, haciendo el camino, se encontraron en el mismo una calavera humana, y asustados, le dieron una patada, por lo que aquella rodó un poco más adelante, cuando los peregrinos la volvieron a alcanzar ésta les dijo "gracias, porque ya me falta menos para llegar a San ANDRÉS de TEIXIDÓ".

Sea como fuere, que no sé qué ganas os habrán dado de ir a visitar este peculiar lugar de nuestra cultura religiosa, lo cierto es que San ANDRÉS, al menos en el día de hoy nos invita a que seamos prestos y decididos, no tanto en peregrinar a su santuario, sino en seguir al Señor, que según el Evangelio de hoy (Mateo 4,18-22), en cuanto escuchó la invitación del Señor "síganme, y yo los haré pescadores de hombres" en nada se lo pensó, pues añade "inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron".






domingo, 29 de noviembre de 2015

DOMINGO I DE ADVIENTO
Convirtámonos para ser....
¡Pregoneros de la BUENA NOTICIA!


DOMINGO I de ADVIENTO y comienzan a sonar en nosotros, a modo de preparación, los ecos del anuncio del profeta "llegarán los días -oráculo del Señor- en que yo cumpliré la promesa que pronuncié acerca de la casa de Israel y la casa de Judá: En aquellos días y en aquel tiempo, haré brotar para David un germen justo, y él practicará la justicia y el derecho en el país. En aquellos días, estará a salvo Judá y Jerusalén habitará segura. Y la llamarán así: El Señor es nuestra justicia." (Jeremías 33,14-16).

Este es el tiempo en el que todos estamos llamados a la conversión del profeta, es decir, lo mismo que JUAN BAUTISTA, salir al desierto, donde sabemos qué nadie nos va a escuchar, en el trabajo, entre los compañeros, entre los familiares alejados, entre los desesperanzados, entre los que buscan, entre los que no ven horizonte, entre los increyentes... incluso entre los impíos e invitar a la conversión "detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo (...) convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos" (Cfr. Marcos 1,7-Mateo 3,2).

Sin embargo, aunque nosotros mismos nos convirtamos e invitemos a otros a hacerlo, no olvidemos que no es esta la finalidad del Adviento, la finalidad del Adviento es el anuncio, gritar a los cuatro vientos "Que el Señor esta cerca, viene el Señor" ¡Con qué gozo escuchar las palabras del profeta ISAÍAS que hemos escogido para ilustrar este tiempo litúrgico! -al margen derecho del blog- "El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa, los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo,  gozan en tu presencia. Porque un niño nos ha nacido, nos han traído un hijo: Lleva el cetro del principado y se llama: Consejero maravilloso, Guerrero divino, Jefe perpetuo, Príncipe de la paz" (Isaías 9,1-2.5)

En la iconografía cristiana se representa al Evangelista MARCOS con el signo del león, se dice que porque su Evangelio principia con la predicación poderosa de San JUAN BAUTISTA en el desierto, lo mismo que ruge el león en la estepa, no en vano dice otro profeta "Ruge el león... ¿Quién no profetizará?" (Amós 3,8), pero tengamos en cuenta otro detalle, su Evangelio principia de la siguiente manera: "Comienzo de la BUENA NOTICIA DE JESÚS, Mesías, Hijo de Dios" (Marcos 1,1).

Por tanto, este tiempo de Adviento nos invita a convertirnos, es verdad, en primer lugar, porque quien no se convierte, no sale al desierto, quien no sale al desierto no reconoce su pequeñez, quien no reconoce su pequeñez no se da cuenta de que él sólo no puede con todo, quien no descubre eso pierde la esperanza, y quien pierde la esperanza nunca pone sus ojos en el horizonte gozoso: la BUENA NOTICIA DE JESÚS.

Nosotros queremos, hoy, DOMINGO I de ADVIENTO, empezar la tarea de convertirnos y estar en disposición de acoger esta buena noticia, Jesús, el Señor, que viene, no nos cansaremos de decir durante este tiempo, como jaculatoría, "¡Marana tha, Ven, Señor, Jesús!", por eso este tiempo lo preside en casa nuestro NIÑO JESÚS vestido de morado -color penitencial- al modo hebreo (príncipe de JUDÁ e ISRAEL), casi como un peregrino que viene a nuestro encuentro.

Además, para vivir cada día de Adviento, a modo de CALENDARIO DE ADVIENTO, se nos ha ocurrido, como siempre, hacer cada día un pequeño gesto, sencillo, que nos ayude en este camino de conversión, sin embargo, como nos daba pereza buscar los materiales para ello, porque al hacerlo, imprimirlo y prepararlo ya sabes de antemano qué gesto o compromiso has de hacer cada día, perdiendo así el factor sorpresa, y la ilusión (como la de esos otros Calendarios de Adviento comerciales en que los niños cada día descubren una pequeña sorpresa, una chocolatina o un juguetillo), es por lo que le hemos pedido a una compañera del trabajo que fuera ella la que hiciera la tarea de escribirnos el gesto o pequeño compromiso de cada día. Y de esta guisa hemos compuesto nuestro particular CALENDARIO DE ADVIENTO.

Así que nuestra pobre compañera de trabajo, además se llama NOELIA (sí, el femenino de NÖEL, Navidad, ¡No nos digáis que no escogemos bien a la gente!), se ha visto en el compromiso de hacernos esta tarea, así que no podemos aventurar en nada lo que nos depara este Adviento, por medio de estos gestos propuestos por ella, eso sí con todo cariño y responsabilidad. Así que si queréis sumaros a estos #24GestosDeAdviento (la etiqueta que usaremos en TWITTER) publicaremos en el margen derecho del blog, justo debajo de nuestro NIÑO JESÚS, la foto del papelito desdoblado con lo que NOELIA nos propone cada día... Y ya si lo hace bien, y nos convence, le podremos adjudicar el título de NOELIA, anunciadora de la Navidad, oficial, al modo de esa otra tradición nórdica en la que las niñas se visten de Santa LUCÍA, el día 13 de diciembre, con una corona de velas, anunciando que llega la Navidad, luz en medio de las tinieblas.

sábado, 28 de noviembre de 2015

LAS GLORIAS DE MARÍA EN EL ADVIENTO


Había una canción, de la Virgen MARÍA, que se cantaba mucho en el COLEGIO DE LA PRESENTACIÓN, y cuya letra decía así:

Era Nazaret de Galilea,
una casa humilde y una flor,
alababa a Dios en sus tareas,
estaba sumida en oración.
Un ángel del Señor,
se apareció felíz:
“¿Quieres, María, ser Madre de Dios?
De gracia llena estás,
Dios se complace en ti:
¡Dime, María, dime ya que sí!”

Y en este punto de la canción nos vamos a detener. 

Consideremos por un momento la escena, Dios todopoderoso, por medio del arcángel GABRIEL, se comunica con una simple criatura, por más selecta y escogida que fuera desde su INMACULADA CONCEPCIÓN, y se abaja, hasta el punto de “pedirle permiso”. Hay que aclarar, con todo, que la escena de la anunciación, tal y como se presenta en el Evangelio (Lucas), no refleja del todo esta idea de “pedir permiso”: El ángel le cuenta a MARÍA los planes de Dios, ella, tímidamente, propone una legítima y racional objeción puramente humana, el ángel se la aclara y ella asiente con la consabida expresión: “Hágase en mí, según tu Palabra” (Lucas 1, 26-38).

Sin embargo, frente a la exposición del Evangelio, pareciera que ha arraigado en el sentir popular la idea de que Dios “pida permiso” a MARÍA, y aunque esta idea no es del todo descabellada, ni va en contra de la Palabra de Dios, pareciera que lo que enseña la Biblia es, precisamente, lo contrario, Dios no suele ser muy amigo de exponer sus planes, consultarlos siquiera con nosotros, y mucho menos necesita de nuestra respuesta para imponer su voluntad.

Así, Santo TOMÁS de AQUINO, en su “Suma Teológica” (Artículo 6), haciendo referencia a la voluntad de Dios, hace una afirmación, entre otras cosas, demoledora, y no era palabra suya, sino que cita, dura y descarnadamente, la misma Palabra de Dios: “Todo lo que Dios quiere, lo hace” (Salmo 113, 11) y como se suele decir, en el argot vulgar: “¡Y punto y pelota!”.

Y es que, en este punto, la Palabra de Dios no admite malas interpretaciones, ni pañitos de agua caliente, ni vaselinas: Dios es tan grande, y todopoderoso, que su voluntad se impone siempre, sin que tengamos nada que hacer al respecto, como pobres criaturillas que somos, hechura de sus manos:

Ya lo dijo bien, el rey DAVID, en sus Salmos:

Tu Palabra Señor, es eterna, más estable que el cielo” (Salmo 119)

Y en ello mismo insisten, de forma unánime, los profetas del Antiguo Testamento:

"Esto dice el Señor: No se retrasarán más mis palabras; lo que diga lo haré -oráculo del Señor-". (Ezequiel 12, 28)

"De antemano yo anuncio el futuro; por adelantado, lo que aún no ha sucedido. Digo: Mi designio se cumplirá, mi voluntad la realizo". (Isaías 46, 10)

Ante estas afirmaciones, es evidente, que nadie, jamás, ha osado discutirle a Dios su voluntad, o enmendarle la plana, aunque a veces, precisamente, nos parezca lo contrario, pensemos por ejemplo en este célebre diálogo entre Dios y el más fiel de sus siervos, ABRAHÁN (Génesis 18, 20-38): 

Después dijo el Señor: La denuncia contra Sodoma y Gomorra es seria y su pecado es gravísimo. Voy a bajar para averiguar si sus acciones responden realmente a la denuncia. Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. Entonces Abrahán se acercó y dijo: ¿De modo que vas a destruir al inocente con el culpable? Supongamos que hay en la ciudad cincuenta inocentes, ¿los destruirías en vez de perdonar al lugar en atención a los cincuenta inocentes que hay en él? Lejos de ti hacer tal cosa! Matar al inocente con el culpable, confundiendo al inocente con el culpable. ¡Lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia? El Señor respondió: Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos. Abrahán repuso: Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Supongamos que faltan cinco inocentes para los cincuenta, ¿destruirás por cinco toda la ciudad? Contestó: No la destruiré si encuentro allí los cuarenta y cinco. Abrahán insistió: Supongamos que se encuentran cuarenta. Respondió: No lo haré en atención a los cuarenta. Abrahán siguió: Que no se enfade mi Señor si insisto. Supongamos que se encuentran treinta. Respondió: No lo haré si encuentro allí treinta. Insistió: Me he atrevido a hablar a mi Señor. Supongamos que se encuentran veinte. Respondió: No la destruiré, en atención a los veinte. Abrahán siguió: Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. Supongamos que se encuentran allí diez. Respondió: En atención a los diez no la destruiré. 

Pudiera parecer que ABRAHÁN osa discutir con Dios, "poner –como se dice vulgarmente- en sol fa" su voluntad, que regatea con Dios como si esto fuera posible, pero el texto es engañoso, fuera de contexto, pues como sabemos, SODOMA y GOMORRA fueron ciertamente destruídas ¿Significa esto que Dios impuso su voluntad? Hay que responder afirmativamente. ¿Significa esto que la oración de ABRAHÁN no sirvió para nada? Pudiera parecer que sí, que no sirvió para nada, al menos para las ciudades de SODOMA y GOMORRA, pero es que el diálogo anterior y que Dios se dignara a discutir con ABRAHÁN no pretende enseñarnos que ABRAHÁN cambie la voluntad de Dios, sino todo lo contrario, que, por medio de este regateo aparente era la voluntad de ABRAHÁN la que se iba conformando, aceptando, haciéndose sumisa a la voluntad de Dios.

Y es que si hay algo en lo que somos expertos, los seres humanos, pese a lo inútil que resulta, que es pretender imponer nuestra voluntad sobre la de Dios, cuando ni siquiera tenemos forma de conocerla, ya lo advierte el profeta (Isaías 40,13):

“¿Quién conoce la voluntad de Dios? ¿Quién fue su consejero?”

O de una forma más poética, teniendo en cuenta que Dios es el sumo hacedor, y nosotros hechura de sus manos, arcilla modelada entre sus manos, insiste el profeta (Isaías 45, 9) en esta idea:

“¡Ay del que pleitea con su artífice, vasija contra el alfarero! ¿Acaso dice la arcilla al artesano: Qué estás haciendo, tu vasija no tiene asas?”

Y en este punto es donde se manifiesta en todo su esplendor el Misterio de la Encarnación de Jesucristo en MARÍA. Interrumpimos nuestra canción de entrada en el momento en que el ángel hace la pregunta crucial “¿Quieres, María, ser madre de Dios?” y todo, en este preciso instante, podemos decir sin miedo a exagerar, parafraseando a San PABLO (Filipenses 2,10), “en el cielo, y en la tierra, y en el abismo”, se detuvo para esperar la respuesta de MARÍA. 

Y ¿por qué decimos que todo se detuvo? Porque Dios, desde el momento en que nos creó como seres libres y racionales, dejando toda la creación en manos del hombre, según el mandato hecho a ADÁN y EVA (Génesis 1,28) “Creced, multiplicáos y someted la tierra” no puede estar constantemente interfiriendo en la naturaleza si es que quiere respetar la libertad con la que nos ha dotado y las leyes de la naturaleza según el orden creado. Dios no puede ser, al mismo tiempo, como bien explicaron los filósofos antiguos: “El reloj y el relojero”. Sin embargo, no siendo menos cierta la afirmación del apóstol San JUAN (1 Juan 4,8) “Dios es amor” y el amor necesita, por propia definición, comunicarse, volcarse, transmitirse con toda intensidad sobre el objeto amado (que se lo pregunten, si no, a los novios que viven separados por cualquier circunstancia de la vida), y tarde o temprano este encuentro entre Dios y el hombre, por amor de Dios, tenía que producirse, siendo tal la conmoción, del encuentro de Dios con su criatura, o de el todopoderoso con la nada, que necesariamente se produce una quiebra en todo lo creado, todo se detiene en este punto de contacto, que no es otro que el encuentro del ángel con la virgen MARÍA.

Esta pausa de todo lo creado la refieren, por ejemplo, los evangelios apócrifos, aunque refiriéndola a un momento posterior, el nacimiento de Jesucristo, la verdadera y definitiva irrupción de Dios en la historia, mientras San JOSÉ, que aún no sabe la noticia, va buscando una partera (Protoevangelio de Santiago XVIII, 2): 

Y yo, José, avanzaba, y he aquí que dejaba de avanzar. Y lanzaba mis miradas al aire, y veía el aire lleno de terror. Y las elevaba hacia el cielo, y lo veía inmóvil, y los pájaros detenidos. Y las bajé hacia la tierra, y vi una artesa, y obreros con las manos en ella, y los que estaban amasando no amasaban. Y los que llevaban la masa a su boca no la llevaban, sino que tenían los ojos puestos en la altura. Y unos carneros conducidos a pastar no marchaban, sino que permanecían quietos, y el pastor levantaba la mano para pegarles con su vara, y la mano quedaba suspensa en el vacío. Y contemplaba la corriente del río, y las bocas de los cabritos se mantenían a ras de agua y sin beber.

Y en este preciso momento, en que todo lo creado, contiene la respiración, bien pudiéramos hacer nuestras las palabras de San BERNARDO:

¡Responde ya, oh Virgen, que nos urge! Señora, di la palabra que ansían los cielos, los infiernos y la tierra. Ya ves, que el mismo Rey y Señor de todos, se ha prendado de tu belleza y desea ardientemente el asentimiento de tu palabra, por la que se ha propuesto salvar al mundo. Hasta ahora le has complacido con tu silencio. Pero ahora suspira por escucharte. Tú eres la mujer, por medio de la cual, Dios mismo, nuestro Rey, dispuso desde el principio realizar la salvación del mundo. ¡Contesta con prontitud al ángel! ¿Qué digo yo? ¡Al Señor mismo en la persona del ángel! Di una palabra y recibe a la Palabra; pronuncia la tuya y engendra la divina; expresa la transitoria y abraza la eterna. Es encantador el silencio pudoroso, pero es más necesaria la palabra sumisa. ¡Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento y las entrañas al Creador!

Y aún tuvo tiempo MARÍA de exponer una objeción, la canción de la que os hablé al principio, continúa de la siguiente manera:

¿Cómo seré virgen, siendo madre,
cómo de mi tallo brotará?

Y viene la explicación del ángel. Dios se digna, cosa rara en él, como dijimos antes, a dar explicaciones sobre sus planes (Lucas 1, 34-37):

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te hará sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios”.

Fijáos en lo que Dios hace decir al ángel, en su diálogo con MARÍA: “Nada hay imposible para Dios”, ciertamente, Dios todopoderoso podía haber hecho las cosas de otra forma, valiéndose de todo su poder, podía reírse de nosotros, pícaramente, diciéndonos algo así como una célebre canción de los años ochenta: 

No soy más que vuestra fantasía,
tantas veces soñastéis que se hizo realidad,
pero lo que vosotros no sabiáis, es que los sueños no se pueden dominar.
Cuando creéis que me véis, cruzo la pared,
Hago ¡chas! y aparezco a vuestro lado.
Queréis ir tras de mí ¡pobrecitos de vosotros, no me podéis atrapar!

Es decir, Dios no necesitaba para absolutamente nada el permiso de MARÍA, ni la intervención humana, ni ninguna mediación, bien pudo aparecerse, sin más, en medio de la historia… Cabría preguntarse entonces, en última instancia ¿Por qué, para qué? Y aquí, llegados a este punto de nuestra reflexión, es donde entra el misterio de la Encarnación, mucho más sublime que el de la Resurrección porque podemos concebir que Dios todopoderoso resucite a un muerto (Si Jesucristo, siendo humano, lo hizo de LÁZARO ¿No pudo hacerlo, igualmente Dios, de su hijo, que era hombre?), pero no podemos concebir que Dios, siendo infinito y todopoderoso, pueda hacerse el sumo pequeño y ser contenido en el seno de MARÍA.

San LUIS MARÍA de GRIGNION MONFORT, lo expresa de una forma sublime, insistiendo, con todo en que es un misterio “Tratado de la verdadera devoción a la Virgen y Secreto de María”:

"Este buen maestro no se desdeñó de encerrarse en el seno de la Santísima Virgen como prisionero y esclavo de amor ni de vivir sometido y obediente a ella durante treinta años. Ante esto -lo repito- se anonada la razón humana, si reflexiona seriamente en la conducta de la Sabiduría encarnada, que no quiso, aunque hubiera podido hacerlo, entregarse directamente a los hombres, prefiriendo comunicarse a ellos por medio de la Santísima Virgen, y que tampoco quiso venir al mundo en plena madurez, independiente de los demás, sino como niño pequeño y débil, necesitado de los cuidados y la asistencia de una madre. Allí encontró Él sus complacencias durante nueve meses, realizó maravillas e hizo alarde de sus riquezas con la magnificencia de un Dios."

La respuesta es bien sencilla, de nuevo, como dice el Salmo (Salmo 113,11): “Todo lo que Dios quiere, lo hace” o en esas palabras, que no admiten contestación alguna, del franciscano DUNS SCOTO, reflexionando sobre otro misterio, el de la INMACULADA CONCEPCIÓN de la virgen, diciendo: “A Dios le convino, pudo hacerlo y lo hizo” y ahora sí que puedo añadir, con los vulgares “¡Y punto y pelota!”. 

Pero antes de continuar con nuestra canción, insisitamos una vez más en las bellas palabras de San BERNARDO que antes adelantamos “¡Responde ya, oh Virgen, que nos urge! Señora, di la palabra que ansían los cielos, los infiernos y la tierra”…. Y es que todos conocemos el momento en que Cristo entregó a PEDRO las llaves del Reino, diciendo (Mateo 16,19): “Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”, pero es que antes de que a PEDRO le entregaran las llaves del Reino de los Cielos, se hacía preciso abrir la puerta, y esta potestad, en este momento sublime, le correspondió, por designio amoroso y misterioso de Dios, a MARÍA , que bien pudo abrir las puertas del Cielo, con su llave, para luego entregárselas al pobretico de PEDRO. PEDRO administra las puertas del Reino de Dios, pero MARÍA las abrió por vez primera, por medio de su “sí, quiero, hágase en mí, según tu voluntad”, y no lo digo yo, lo dice San AMBROSIO:

¡Bella puerta, MARÍA , que siempre se mantuvo cerrada y no se abrió! Pasó a Cristo a través de ella, pero no se abrió. Y para que aprendamos que todo hombre tiene una puerta por la cual pasa Cristo, se dice: “Elevad vuestras puertas, príncipes; elevaos puertas eternales, y penetrará el Rey de la gloria”. ¡Con cuánta mayor razón puede decirse que había en María una puerta ante la cual se sentó y por la que pasó Cristo! Esta puerta miraba a Oriente; porque difundió verdaderos resplandores aquella que engendró al Oriente y dio la luz al Sol de justicia.

Y ahora sí, sigue la canción, por fin podemos respirar tranquilos, María, responde a la invitación de Dios:

Pero si mi vida, le complace,
hágase, Señor, tu voluntad.

“¡Hágase, Señor, en mi tu voluntad” y regresamos al punto de partida, a la voluntad de Dios, al motivo de esta enseñanza, y a nuestro compromiso para este tiempo de Adviento, que todos podamos discernir, en nuestra vida, la voluntad de Dios, para poder responder como MARÍA “que se haga en nosotros” y para que esta Navidad, todos acojamos al Señor en nuestras vidas, más allá de poner al niño Jesús en el belén de nuestra casa.

¿Y cuál es la voluntad del Señor? Os preguntaréis. Dios mismo nos lo explica, comparándose con la lluvia, en estas bellas palabras del profeta Isaías (Isaías 55, 10-11):

Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé semilla al sembrador y pan para comer, así será mi Palabra, que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.

Y MARÍA viene en nuestro auxilio, como maestra de la fe, para ayudarnos a discernir la voluntad de Dios, ella, que como hemos visto en este pasaje, acogió la Palabra de Dios en su vida, se dejó empapar por ella, y dio la semilla en su sazón, a su hijo, Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, y con ello nos dio pan para comer, el pan que no falta, el vino que no se gasta, la vida que es eterna, y que, finalmente, con todo su legítimo dolor de madre y con sumo desprendimiento al pie de la Cruz, dejó a la Palabra, hecha carne, regresar a Dios, preñada de humanidad, después de cumplir el encargo, y haberse hecho su voluntad.

Que este tiempo de Adviento nos comprometa a estar más atentos a la Palabra de Dios, a ese “Evangelio del Día” al que tanto cariño le tenéis, por ejemplo, y que tanto os gusta leer al comenzar la jornada, porque ciertamente “luz para mis pasos es tu palabra Señor” –como dice el Salmo (Salmo 119, 105)- y que, de esta forma, la Palabra nos ayude, día a día, a descubrir la voluntad de Dios en nuestras vidas.

viernes, 27 de noviembre de 2015

¡SABEMOS INTERPRETAR LA NATURALEZA...!
¿Y NADA MÁS?


Nos dice el Señor en el Evangelio de hoy (Lucas 21,29-33) que lo mismo que sabemos interpretar que "cuando una higuera u otra planta empieza a reventar de yemas, es que el buen tiempo se acerca" sepamos interpretar de la misma manera, en buena lógica, otro tipo de señales que nos indican, de la misma manera, que el Reino de Dios se acerca. Aunque esta perícopa está dentro del contexto apocalíptico y de los últimos días -que veíamos ayer y a cuyo comentario me remito- no menos cierto es que el Señor dice también "cielo y tierra pasarán, pero mi palabra no pasará".

Y remitiéndonos a la Palabra del Señor dice, en otro lugar "buscad primero el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura" (Mateo 6,33), y es que el Reino de Dios se nos muestra en gran cantidad de señales, cierto, como las yemas de los árboles, previas a la primavera, sepamos verlo, sepamos potenciarlo, sepamos llevar esas yemas cargadas de vida y esperanza a término, en suma, que el Reino de Dios se realice.

Este fin de semana, por ejemplo, es la GRAN RECOGIDA ANUAL DE ALIMENTOS del Banco de Alimentos de ESPAÑA, la necesidad es mucha, ya lo sabemos, muchos hermanos nuestros padecen necesidad, muchos niños no comen o lo hacen por debajo de lo recomendable, tenemos por otro lado a los cientos de voluntarios que van a entregar algo mucho más que comida, mucho más que algo material, algo que no se puede recuperar nunca, su tiempo y su disponibilidad... ¿Y todo eso no es esperanza, todo eso no anticipa la Justicia del Reino? ¡Pues entonces, como los Reyes Magos, seamos capaces de ver, en medio de tanta tiniebla, una estrella, y seguir su luz...! ¡Esperanza por doquier, sepamos verla, sepamos colaborar con ella! 



Ayer leí, en un diario digital de noticias religiosas, que en los ESTADOS UNIDOS abandonaron a un bebé recién nacido en el pesebre... ¡precisamente el pesebre! que estaba todavía en montaje e instalación a las puertas de una Iglesia... ¡Bendito Dios, que esa madre, cualesquiera que fueran sus circunstancias personales, quizás, en su desesperación, tuvo un destello de luz para abandonar a su hijo donde seguro sería encontrado! Al menos no lo tiró en un contenedor de basura o lo dejó abandonado de mala manera... ¡Otro brote de esperanza, otro destello de luz, no juzguemos tanto a su madre, de la que desconocemos sus circunstancias, y demos gracias a Dios por esa nueva vida, rescatada, frente a la que se abre el primero y más básico de los horizontes: la vida!

Y si un compañero tuyo de trabajo, por ejemplo, que suele ser de carácter afable y animoso, ahora lo ves cabizbajo irritable, ausente...¿No sabrás interpretar que algo le pasa? Y qué poco cuesta hacerse el encontradizo con él, o invitarle a tomar juntos ese café del descanso, y en la conversación intentar averiguar que le pasa... A lo mejor está enfermo, o tiene una crisis matrimonial, o no ha podido pagar la luz.... ¡Vete a saber! pero si esa conversación ya le vale, de primeras, de desahogo ¡bendito sea Dios! y si por ello se siente acogido y escuchado ¡bendito sea Dios! y si encima puedes ayudarle, en lo que sea, tú sólo, o por medio de otros ¡bendito sea Dios!

Es verdad todo lo que dice la Escritura, que "el Reino de Dios se acerca", que se nos muestra en las yemas reventonas de los árboles, en cada nuevo amanecer, en la solidaridad, en la esperanza, en la gente buena... y pronto el Reino de Dios se nos manifestará en la Epifanía definitiva, el Señor que viene "y acampará en medio de nosotros", no seamos como dice JUAN en el prólogo de su Evangelio "vino la luz a los suyos y no la recibieron" (Juan 1,11).


jueves, 26 de noviembre de 2015

ET ERUNT SIGNA IN SOLE ET LUNA ET STELLIS...
¡Pero que eso no nos distraiga!


En latín todo parece más solemne, en algunas ocasiones, aunque también, en otras mucho más siniestro...  ¿Por qué os digo esto? Fijémonos en el Evangelio de hoy (Lucas 21,20-28) en el que el Señor nos revela algunos de los llamados "signos pródromos" ¡menuda palabra! -"pródromos" significa, en medicina, "los síntomas indiciarios de una enfermedad"- y que por extensión se utiliza también para hacer referencia a "los signos previos a la segunda venida del Señor", que me hace más gracia el término usado por los pentecostales y evangélicos que triunfan entre los gitanos "el día del arrobamiento", es decir, "el día en que todos seamos arrebatados al cielo", y dice el Evangelio: "habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas", por eso dije que en latín todo suena o más siniestro, o más solemne "et erunt signa in Sole, et Luna et stellis et pressura gentium prae confusione sonitus maris".

A mí la verdad, es que esto de los "signos pródromos" a los que hay que añadir los terremotos, las catástrofes naturales, las guerras, etc, etc... es que me importan poco, no comprendo que haya gente preocupada, hasta la neurósis, con este tipo de cuestiones, que basta con poner cualquier canal de documentales para ver la gran cantidad de ellos que versan sobre "el fín de los días", y todos hemos visto, en alguna que otra película americana, esa especie de loco o mendigo, que en cualquier película de catástrofes, lo primero que hace es ponerse en una esquina, mientras todos corren de aquí para allá, mientras grita "¡Arrepentíos, el fin se acerca!"... Y es que tanta preocupación por el fin me parece estéril, salvo para rellenar un rato de televisión, tras cenar, los domingos, viendo CUARTO MILENIO... 

Y es que yo me digo, lo mismo que a los cristianos nos acusaron, especialmente durante el Siglo XIX, en plena revolución industrial, con toda la pobreza que suscitó en algunas capas sociales, con la aparición de la explotación laboral, con la aparición de los barrios obreros de pobres y marginados, de ser unos insensibles que "con la esperanza del cielo futuro" tragábamos todas las injusticias del mundo y no nos implicábamos en la lucha social (que esa y no otra, es la crítica del marxismo primero hacia el cristianismo), pues de la misma manera me parece penoso que haya gente, cuando no comunidades enteras (especialmente algunas pentecostales y evangélicas de EE.UU) tan obsesionadas con el fin de los días que, igual que entonces, nada hacen por este mundo presente ¡y mira que este mundo presente está necesitado de gente que arrime el hombro ante tantos problemas mundiales, en vez de quedarse mirando el fin que se avecina!

Que yo no pongo en duda "el arrobamiento", que lo dice el Credo "Creo en Jesucristo (...) que de nuevo a de venir, a juzgar y vivos y muertos", pero confío mucho más en la misericordia del Señor, acordáos de lo que le pasó al profeta JONÁS, estaba tan convencido de que su predicación en NÍNIVE había sido vana, que se subió a un monte para contemplar, en primera fila, la destrucción de la ciudad... ¿y qué pasó? ¡Que no sucedió nada, los ninivitas se convirtieron y arrepintieron, y el pobre profeta de calamidades sólo se llevó una insolación y una regañina de parte de Dios por haber sido tan testarudo y tan poco compasivo!


Jonás sintió un disgusto enorme. Irritado, rezó al Señor en estos términos: "¡Ah, Señor, ya me lo decía yo cuando estaba en mi tierra! Por algo me adelanté a huir a Tarsis; porque sé que eres un Dios compasivo y clemente, paciente y misericordioso, que te arrepientes de las amenazas. Pues bien, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir". Respondió el Señor: "¿Y vale irritarse?" Jonás había salido de la ciudad y se había instalado a levante; allí se había hecho una choza, y estaba sentado a la sombra esperando el destino de la ciudad. Entonces el Señor Dios hizo crecer una planta de ricino hasta sobrepasar a Jonás, para que le diese sombra en la cabeza y lo librase de una insolación. Jonás estaba encantado con aquel ricino. Entonces Dios envió un gusano al amanecer el día siguiente, el cual dañó el ricino, que se secó. Y cuando el sol apretaba, envió Dios un viento solano bochornoso; el sol abrasaba la cabeza de Jonás y lo hacía desfallecer. Jonás se deseó la muerte y dijo: "Más vale morir que vivir". Respondió Dios a Jonás: "¿Y vale irritarse por lo del ricino?" Contestó: "¡Vaya si vale! Y mortalmente". El Señor le replicó: "Tú te apiadas de un ricino que no te ha costado cultivar, que una noche brota y otra perece, ¿y yo no voy a apiadarme de Nínive, la gran metrópoli, que habitan más de ciento veinte mil hombres que no distinguen la derecha de la izquierda, y muchísimo ganado?"

(Jonás 4, 1-11)


Os dejo con esta canción del grupo musical EL BOSCO, es antigua, ya lo sé, pero sale el versículo de hoy "et erunt signa in Sole, et Luna et stellis et pressura gentium prae confusione sonitus maris", hasta la letra y el fluir de la música lo dicen, a pesar de los "pródromos" siempre vence la paz, es decir, la Gloria del Señor (aunque como esta canción es tan New Age, también une la Gloria con el Nirvana, pero me da igual, que seguro que ya hay quien me acusará de fomentar la New Age o la mescolanza panteista... ¡qué ya son ganas, la canción me gusta, y la comparto, no queramos ver más de dónde no hay!), mientras tanto, trabajemos por un mundo mejor, que cuando tenga que venir el definitivo ¡ya nos enteraremos!....

miércoles, 25 de noviembre de 2015

OS PERSEGUIRÁN POR MI NOMBRE
Persecuciones y leves molestias....


Una vez más, como se suele decir "visto como está el patio" es que el Evangelio de hoy (Lucas 21,12-19) revela toda su actualidad:

Los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

Dice el Evangelio de hoy que "los perseguirán a causa de mi nombre", ya sabemos, CRISTO, el Señor, curiosamente, la primera forma de denominar a los cristianos fue "seguidores del camino", como consta, por ejemplo, en las credenciales que recibe, el todavía SAULO, para perseguir allá donde se encontrasen, fueran hombres y mujeres, a los "seguidores del camino" (Hechos 9,2); o una disputa en la ciudad de ÉFESO sobre los ídolos, pues dice el texto que en la ciudad "se produjo una gran crisis por culpa del camino" (Hechos 19,23) -quizás, se me ocurre pensar, los cristianos fuéramos llamados "la gente del camino" por aquellas palabras de Cristo "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14,6); después fuimos llamados "nazarenos" como consta en la acusación que lanzan contra san PABLO en los Hechos de los Apóstoles (24,5) "hemos descubierto que este hombre es una peste, que promueve discordias entre los judíos del mundo entero y que es un corifeo de la secta de los nazarenos", y finalmente cristianos, término que aparece -nuevamente- en los Hechos de los Apóstoles para designar a los que se convirtieron en ANTIOQUÍA por la labor catequética de San PABLO "en Antioquía llamaron por primera vez a los discípulos: cristianos" (Hechos 11,26).

Actualmente, nuestros perseguidores, especialmente en los países de Oriente Medio o en los que se encuentran bajo el dominio del integrismo islámico, han comenzado, como ya sabéis, a designarnos de nuevo cono "nazarenos", por aquello de que ésta es la palabra genérica con la que se designa en árabe a los "cristianos", "الناصريين" (es decir, "Al-Nasaryim", "los nazarenos"), por eso se ha hecho célebre, a modo de protesta por las persecuciones, y en apoyo a nuestros hermanos perseguidos el uso de la misma letra, la inicial de "nazarenos" con que marcaban sus casas para condenarlos a muerte. 


Y desde el martirio de nuestros hermanos coptos, con el vídeo mensaje donde se retransmitía su ejecución al mundo, hemos sido señalados de otra forma, somos los enemigos "el insidioso pueblo de la Cruz".

Pero todo esto de las persecuciones sólo nos vale para acordarnos de nuestros hermanos perseguidos, nos gusta orar por ellos, hacer campañas de concienciación, recaudar dinero para los campos de refugiados mediante conciertos solidarios, colectas extraordinarias, documentales estremecedores, canciones motivadoras... siempre y cuando nos sirvan para eso, y para honrarlos como mártires, que lo son, y poco más... Pero ¡ay, cuán distintas son las cosas cuando las persecuciones nos tocan a nosotros de cerca!... Entonces la cosa cambia... que le echamos la culpa a los musulmanes, a los de PODEMOS, al laicismo... da igual, de dónde venga la afrenta, que bueno somos exagerados hasta decir basta porque no hay color ¡Qué van a prohibir el Belén del Ayuntamiento de MADRID o de CÁDIZ, figúrese usted que drama, cuénteselo a la madre que ha visto morir a su esposo, por tener una cruz en casa en IRAK! ¡Qué unas descerebradas destetadas han asaltado la capilla de la Universidad de MADRID, menos mal, que en EGIPTO ametrallan indiscriminadamente a los que salen de misa, domingo sí y otro también! ¡Qué han recortado las ayudas y financiaciones a la Semana Santa, madre mía, qué escandalazo, que los cristianos de los campos de concentración no saben lo que van a comer hoy y mueren de frío! que si esto es persecución, pues -comparado con los que mueren de verdad- yo es que me meo de la risa, con perdón... 

Y luego sucede algo tan grave como lo de las famosas hostias profanadas en NAVARRA, ahora sí, afrentar al Señor Eucaristía, vivo, real, presente y uno no se explica ni la tardanza del Arzobispado en responder, ni que los pamplonicas no estén ya echando abajo las puertas del museo para rescatar al Señor ¡se monte la que se monte!, ni que nuestros señores Obispos, todos ellos, en vez de hacer repulsas inánimes en las redes sociales, no estén echándonos a la calle ya para defender lo nuestro, que no es otra cosa que el Señor, (bien que nos sacaron a la calle por la eutanasia, el aborto, o el matrimonio gay, lo que no hace sino confirmarnos que lo hacían "por tocar los cojones al gobierno de turno", por nada por valores cristianos ¡si ahora no hacen nada por nuestro Señor!), y ni mucho menos se entiende su silencio cómplice y cobarde, me han llegado a decir por las redes sociales que "seguramente el silencio se debe para no molestar más a las autoridades o no hacer más escándalo" ¡Toma ya, agachemos las orejas ante el mundo, que más vale disimular que ser perseguido por ello!, y eso los más suaves, que por la pataleta que monté en las redes sociales, denunciando la poca vergüenza de los Obispos, que dormirán en su cama, mientras el Señor está tirado en el suelo "ningún siervo puede ser más que su Señor" (Mateo 10,24), hay quien me dice que no soy católico, y que ataco a la Iglesia de forma poco cristiana... ¡Pues menos mal, que no defiendo otra cosa sino a mi Señor!.


Sinceramente, espero, que cuando haya una persecución de verdad en nuestro país, de verdad, no de hechos aislados que son "un padrastro en un dedo" comparado con la hemorragia de nuestros hermanos en Oriente Medio, no tengan que ser estos "pastores asalariados", los mismos que denuncia el profeta "pastores embrutecidos, no consultan al Señor, por eso no atinan, y los rebaños se desperdigan" (Jeremías 10,21) los que salgan valedores por mí, porque a veces parece que la Cruz pectoral que llevan al cuello, algunos incluso sorteando la "curva de la felicidad" de sus barrigas orondas, no es más que una joya inútil, que a otros hermanos nuestros les cuesta la vida (a la foto me remito), y puede que yo sea a veces, más bestia que un burro dando coces en una cristalería, es verdad, pero siempre será con mi Señor, por mi Señor...


...y de mí, es verdad, vosotros mismos, los Obispos, o el Señor, el día de mañana podréis tachar mi vehemencia, que a veces se pasa de la raya, lo reconozco, al menos me queda el consuelo de que de mí, no dirá, el Señor, porque no podrá, aquello de "porque no eres frío, ni caliente, sino tibio, te vomitaré de mi boca" (Apocalipsis 3,16), porque prefiero pasarme, que no llegar, sobretodo si se trata de mi SEÑOR.

lunes, 23 de noviembre de 2015

¡EL SEÑOR POR LOS SUELOS! ¿A NADIE LE DUELE?
VERGÜENZA DE LA IGLESIA DE NAVARRA


Monseñor FULTON J. SHEEN, famoso en los EE.UU por un programa de radio que tuvo, primero, y de televisión después, en los años 50 y 60, en los que hablaba de diversos temas de la Iglesia y del ser católico, con un desenfado y una coherencia nunca vistas antes. 

Una vez que se encontraba "del otro lado" -es decir, siendo él el entrevistado en otro programa, y no el protagonista- el presentador le preguntó: Obispo SHEEN, usted inspiró a millones de personas en todo el mundo. ¿Quien fue, o que fue, lo que más le impactó a Vd. a lo largo de su vida? ¿Fue acaso el Papa actual o el anterior? Y el obispo le respondió: No fue un Papa, ni un Cardenal, u otro Obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o una monja. Fue una niña china de once años de edad. 

Entonces el obispo contó la siguiente historia: 


Cuando los comunistas ocuparon la totalidad de China, su odio al catolicismo, les llevó a encarcelar cuando no a asesinar, a todos los religiosos y religiosas, especialmente a los que no teniendo la nacionalidad china, allí se encontraban. Al sacerdote lo encarcelaron en su propia rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana, como los comunistas penetraron en la iglesia y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el sagrario, tomaron el copón y lo tiraron al piso, esparciendo las Hostias Consagradas. Como eran tiempos de persecución, el sacerdote había tenido la precaución, de saber exactamente cuantas Hostias contenía el copón: Treinta y dos. Una vez cometida la fechoría, los comunistas se marcharon, dejando un centinela de guardia para custodiarle a él y no permitir el culto en la iglesia. Pero no repararon, o quizás no le dieron importancia a una niña de unos once años, que rezaba al fondo de la iglesia que estaba en penumbra. La niña, observó todo lo que había sucedido, y se marchó a su casa. Pero por la noche, la niña volvió a la iglesia, evitando al centinela comunista que más se preocupaba de vigilar la rectoría donde estaba recluido el sacerdote, que la iglesia que estaba vacía, con los destrozos que sus compañeros y el mismo habían ocasionado, y lo más importante, a nuestro entender, que no al del centinela: las treinta y dos formas consagradas, desparramadas en el suelo. Una vez en la iglesia, la niña se situó en la parte de atrás de la misma rezando durante una hora; un acto de amor en reparación del odio que habían mostrado sus hermanos de raza. Después de su hora santa, la niña se adelantó con mucho sigilo hacia el presbiterio, se arrodilló, y bajando la cabeza hasta el suelo con su lengua tomó una de las sagradas formas, que allí estaba desperdigadas. Téngase en cuenta que en aquella época, aún no estaba vigentes las actuales normas sobre la comunión, el ayuno era riguroso, sin comer ni beber doce horas antes, y a los seglares no les era lícito tocar con sus manos, no consagradas, las sagradas formas. La pequeña continuó regresando todas y cada una de las noches siguientes, haciendo primero su hora santa y acercándose después al presbiterio, para tomar con la lengua el cuerpo de Nuestro Señor. En la trigésima segunda noche, después de haber realizado la última comunión, tropezó provocando accidentalmente un ruido que despertó al comunista que estaba de guardia. La pequeña, trató de huir pero el comunista corrió detrás de ella, la agarró, y la golpeó hasta matarla con la culata de su rifle. Este acto de martirio heroico fue visto, desde la rectoría por el sacerdote que, sumamente abatido, miraba desde la ventana de su cuarto donde estaba recluido sin poder hacer nada. 

El Obispo SHEEN le manifestó al entrevistador, que cuando escuchó el relato, "se quedó tan impactado, que prometió al Señor, que haría una hora santa de oración frente a Jesús Sacramentado todos los días, por el resto de su vida". 

¿Por qué os cuento esto? Resulta que a un descerebrado, por ser fino, que me apetece llamarlo hijo de la gran puta ¡anda si lo he dicho!, no se le ha ocurrido mejor idea que fingir comulgar, varias veces, en varias iglesias, hasta hacerse con 248 hostias consagradas, para luego "a modo de perfomance artística, escribir con ellas la palabra pederastia en el suelo del MUSEO DE PAMPLONA, a modo de denuncia artística"... Y claro yo me quedo perplejo -no voy a hablar de las implicaciones jurídicas de ello -quien quiera que se lea los artículos 522 y siguientes de nuestro vigente CÓDIGO PENAL, que ya sabemos que es papel mojado, salvo que ofendas a los pobrecitos moros o judíos-, sino que quiero hablaros de mi perplejidad como católico, aunque cómo no vivo en PAMPLONA, porque de lo contrario sé perfectamente lo que haría: Pagar mi entrada al museo, religiosamente, acercarme a la sala y tirarme al suelo -como aquella niña china- y comulgar las formas antes de que el guardia del museo me saque a rastras, que lo dudo, porque tendría que pegarme un tiro para eso... lanzaré preguntas en voz alta, como siempre, sin respuesta. Y espero estar equivocado, porque la información del MUSEO DE PAMPLONA dice que la exposición durará hasta ENERO (al enlace me remito).

Decía mi querida Mª EMILIA RIQUELME a sus religiosas "¿Quién querrá ser mártir de la Eucaristía? ¡Todas! ¡Más vale que vayamos aprendiendo a sufrir cosas chiquitas!" (Pensamientos nº 252)... Entonces se me viene a la cabeza la imagen del Arzobispo de PAMPLONA, Monseñor FRANCISCO PÉREZ GONZÁLEZ, rezando ante una clínica abortista, no sé si de buena gana o manipulado por los provida de siempre y claro, no puedo evitar hacerme las siguientes preguntas:


¿Monseñor, no le duele ver a su Señor, vivo, real y presente en la Eucaristía, tirado por los suelos? ¿Tiene esa niña china más cojones que usted? ¿Los mártires y perseguidos son dignos de alabar, porque nos pillan lejos, y en nada nos comprometen? ¿O es que encabezar una marcha pacífica con los mismos meapilas que rezaban el rosario con usted, ante la clínica abortista, hacia el museo para recoger al Santísimo, y comulgarlo -se monte la que se monte, ya le digo, aunque el guardia del museo tenga que disparar ¡se trata del Señor!- no es digno de usted por que no saldría en los medios de comunicación? Por cierto, dice el Evangelio "no es el siervo más que su Señor" (Juan 13,16), claro, Evangelio, ese que no se cree ni usted, como tampoco en la presencia del Señor, vivo, real en la Eucaristía ¡Espero que duerma usted en el suelo mientras su Señor así lo hace y espero que no ose celebrar la Eucaristía hasta que se resuelva lo del museo!

Y lo mismo vale para todos los católicos de bien de NAVARRA y PAMPLONA ¿Cuántas vidas entregaron al grito de ¡Cristo Rey! durante la Guerra Civil? ¿No era el detente del SAGRADO CORAZÓN lo que muchos carlistas y católicos viejos se han cosido siempre en sus uniformes? Pero claro, eso son cosas de la memoria histórica, de las que quedan bonitas en los libros, pero que como siempre, a la hora de la verdad, cuando supone salir de la comodidad de nuestra mesa camilla ya nos jode un poco.... pues os guste o no os guste, vuestro Señor, corazón incluído, vivo, real y presente en la Eucaristía está tirado en el mismísimo suelo. ¡A qué coño esperáis para ir al museo a rescatar a vuestro Señor! Espero igualmente que mañana, indignos, nadie ose comulgar sabiendo que su Señor anda por los suelos ¡luego hacemos escándalos de si se comulga con o no con patena porque se escapan partículas, y aquí estamos hablando de la friolera de 248 hostias consagradas, del Señor, por Dios, de Cristo!

Ni recogidas de firmas, ni peticiones al museo, ni quejas al Ayuntamiento, ni qué ocho cuartos -como se suele decir- ¡Al museo a partirse la cara con quien haga falta! En GRANADA se prendió fuego en la BASÍLICA DE LAS ANGUSTIAS, nuestra patrona, y los hombres echaron abajo la puerta para rescatar al Santísimo Sacramento del Sagrario, y luego, luego pero también, a la Sagrada Imagen protectora de nuestra ciudad ¡Eso son hombres, esos son cojones, eso es fe! En otra ocasión, leí en una página de milagros eucarísticos, robaron de una localidad la custodia, el ladrón al ver que llevaba la hostia, la escondió en un panal y se fue a la fuga... El pueblo entero, conmovido por el robo, no tanto de la custodia, sino por el Santísimo Sacramento, se echó a las calles a buscarlo, sin descanso... hasta que a una de las partidas de búsqueda les sorprendió el zumbido de las abejas de un panal cercano... al abrirlo descubrieron que las abejas estaban todas alrededor del Santísimo Sacramento, al que habían rodeado con una filigrana de cera ¡Adorando, descuidando su salida al campo, pues era avanzado el día! Pro claro, estas son historias pías que contamos a los niños de catequesis para que amen la Eucaristía, pero a la hora de la verdad.... nada de nada.

Vergüenza de un Arzobispo indigno y dejado, vergüenza del pueblo y los católicos de PAMPLONA, vergüenza de la IGLESIA de NAVARRA.

Por cierto, llegado el caso que alguien se tome en serio mi indignación "el celo por tus cosas me consume Señor" (Cfr. Salmo 69,9), y se monte alguna trifulca en el museo de PAMPLONA, todo sea por rescatar al Señor, y luego, como dice la Ley de Seguridad Ciudadana "que se pueden adoptar medidas contra los que inciten a tumultos en las redes sociales" oye, pues que aquí estoy, que a mí no me importa "ser mártir de la Eucaristía, aunque sea en las cosas chiquitas, sea una multa del copón -perdón la ordinariez, pero me viene al pelo- o un arresto" ¡Todo sea por mi Señor!


viernes, 20 de noviembre de 2015

MI CASA ES CASA DE ORACIÓN
¿Y NUESTRO CORAZÓN?


Nos narra el Evangelio de hoy (Lucas 19,45-48) el desencuentro del Señor con los vendedores y cambistas que pululaban por el Templo, que se había convertido en todo un negocio a costa de los sacrificios "mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones", olvidando aquello otro de "misericordia quiero y no sacrificios" (Mateo 9,13), curiosamente en el relato, será por aquello de que LUCAS es llamado el "evangelista de la misericordia", de LUCAS se suaviza un poco el tema, ya que no alcanza la virulencia del mismo relato en MATEO "y volcó las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendían las palomas" (Mateo 21,12), incluso la ira del Señor aumenta en una Biblia del Siglo XII, llamada "Aurora" del traductor PEDRO DE RIGA, que en este punto añade, refiriéndose al Señor "y salían rayos como de sus ojos, y la majestad divina brillaba tanto en su rostro que los vendedores y cambistas se asustaron y se dieron a la fuga" (aunque esto mismo aparece en un "Comentario de Mateo", escrito por San JERÓNIMO en este mismo punto).


Es comprensible, todos lo entendemos, el enfado del Señor, al haber convertido un lugar de encuentro con Dios en un lugar de mercadeo humano, dominado por el dinero, una de las fuentes de muchos males (la envidia, la desigualdad, la opresión...), cuando Dios precisamente es todo lo contrario, generosidad, acogida, libertad... intuitivamente, al escuchar este Evangelio de hoy todos tendemos, especialmente si hemos visitado aquellos lugares, a ir con la mente a FÁTIMA, LOURDES, TIERRA SANTA, ROMA... o cualquier otro gran centro de peregrinación, y nos acordamos de las tiendas de recuerdos y souvenirs por doquier, puede que hasta nos sintamos culpables por haber comprado cualquier cosa en dichos lugares, como si nos hiciéramos cómplices de esa maquinaria... ¡Y eso nosotros, que nos decimos creyentes, porque los no creyentes bien que usan este Evangelio de hoy, una y otra vez, para echarnos en cara las riquezas de la Iglesia y el bla, bla, bla.... de siempre!

Sin embargo, pese a la polémica, creo que el Señor, en este episodio, más que pagarla con los vendedores y cambistas, vamos a decir los que le pillaban más cerca, lo que estaba haciendo era volver a repetirnos aquello otro, aunque esta vez de forma más gráfica, de "donde esté tu corazón está tu tesoro" (Mateo 6,21), quizás los vendedores y cambistas ya estaban muy apegados al dinero, olvidando la razón por la que estaban allí, esto es, favorecer el culto (dado que vendían los animales del sacrificio o cambiaban las monedas para las limosnas), y en este punto, no debemos sentirnos culpables por haber comprado souvenirs o recuerdos en grandes centros de peregrinación, pues ciertamente no fue por ello por lo que fuimos allí... no creo que nadie vaya a ROMA para comprar rosarios cuando lo puede hacer, hoy en día ¡hasta en el chino de la esquina!, como no creo que nadie vaya a EL ROCÍO para comprar velas y quemarlas ¡qué también se puede hacer en casa!... Uno va a ROMA por el sentimiento de ver al Papa o por sentirse unido a la Iglesia Universal conociendo sus orígenes en la figura de PEDRO, el apóstol), como uno va a EL ROCÍO o cualquier centro de peregrinación mariano a honrar a MARÍA, como uno no va a la localidad en la que vive su madre (por así decirlo) sin pasar por su casa a visitarla... De hecho, el Señor no condena a la pobre mujer que echa limosna en la "hucha oficial del Templo" sino que alaba su desprendimiento pese a su pobreza (Lucas 21,1-4), y los propios padres del Señor, MARÍA y JOSÉ en el Templo, al cumplir con la tradición, tuvieron que comprar (a los mismos vendedores) los pichones de la ofrenda de los pobres (Lucas 2,22-24). 

Lo que debemos de aprender hoy, a mi entender, es que lo que "convierte la casa del Señor en cueva de ladrones" no es tanto lo que haya montado a su alrededor, sino la actitud con la que vengamos al Templo ¿dónde está nuestro corazón?... Y aunque a veces todo nos parezca exagerado también es verdad que la gente sencilla, los creyentes de buena fe, sabemos dónde está nuestro tesoro, todos hemos oído historias de terremotos, incendios, asaltos, guerras que han afectado a Iglesias y bien sabemos que los valientes que entraron en ellas lo hicieron "para rescatar al Santísimo Sacramento", nunca para rescatar el cepillo, los ornamentos o las imágenes... acaso después, si sobra tiempo o la seguridad del sitio lo permiten... lo mismo que si desaparecieran todas esas cosas la fe enseguida reverdece y sabe dónde se encuentra su tesoro, dónde aposentar el corazón, aunque haya que celebrar la Eucaristía en una tienda de campaña improvisada, o en un campo de refugiados carente de todo, "ubi Eucharistia, ibi Ecclesia" -donde está la Eucaristía está la Iglesia-. 

A Mª EMILIA RIQUELME, religiosa y fundadora granadina, en pleno proceso fundacional, después de haber gastado su herencia en un terreno de su familia, para construir la Casa Madre de la Congregación, se le prendió fuego, mientras los vecinos se afanaban en asistir a las religiosas y organizar improvisadas cadenas de cubos de agua, ella permanecía en adoración, en el jardín, junto a la reserva del Santísimo Sacramento, lo primero que se salvó del incendio...


Ahí los granadinos conocieron el temple de aquella pobre religiosa, esa loca alma enamorada del Señor Eucaristía, de aquel momento, las palabras que dijo a quienes le preguntaron por su aparente indolencia ante la pérdida de la casa recién inaugurada: "Si se quema nuestro convento, de Dios es, que él haga de lo suyo lo que quiera...".



Y el reproductor de música es ya, por si queréis, irlo canturreando todo el día....

jueves, 19 de noviembre de 2015

¡SI COMPRENDIERAS HOY EL MENSAJE DE PAZ!


El Señor sigue hablando con su pueblo, lo hace, es verdad, en la Iglesia, en la Palabra de Dios y en nuestra oración personal, y lo hace también en la liturgia, hoy de una forma que se me antoja especialmente desgarradora, a tenor de las circunstancias por las que venimos atravesando, no tanto por los recientes atentados terroristas, sino por el devenir posterior de los acontecimientos, con la guerra tocando a nuestras puertas y bombardeos sobre ciudades lejanas... y el Señor viene a decirnos hoy con una crudeza pasmosa:

¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! 

El Señor se lamenta sobre JERUSALÉN en el Evangelio de hoy (Lucas 19,41-44) con las terribles palabras de antes, aunque este lamento bien podría servir para todas nuestras ciudades de hoy en día, para nuestros políticos, para los periodistas, para todos nosotros... "¡Ah, si hubiéramos comprendido este día el mensaje de paz!", pero no lo hemos comprendido, respondemos al terror con guerra, respondemos a los que pretenden romper nuestra convivencia tirándonos los trastos a la cabeza, acusándonos los unos a los otros de ser los responsables de lo que todos, todos, unidos, hemos sido víctimas, respondemos a la quiebra de nuestra legítima conciencia de seguridad y libertad imponiéndonos más cadenas, más restricciones, de derechos, en suma, viviendo con miedo, y hacemos de la vida ordinaria, en paz, algo que ha de ser violentado con suspensiones de eventos, precauciones, llamadas de atención de las autoridades... Pero, desgraciadamente no hemos comprendido, en el día de hoy, el mensaje de la paz.


Yo no soy político, no tengo responsabilidades de gobierno, no entiendo de política internacional, ni de flujos geo-políticos, no tengo, ni mucho menos, la solución a los problemas del terror, ni pretendo ser el fiel de la balanza del frágil equilibrio entre seguridad y libertad, a mí sólo me toca hacer, en la medida de lo posible, la vida normal, en la medida de lo posible no fomentar la violencia a mi alrededor, ni física, ni verbal, y en todo, orar, orar con la confianza de que somos "bienaventurados los que trabajamos por la paz" (Mateo 5,5), y para ser constructores de paz no se me ocurre más que invitaros, todos juntos, a los que os sentís simples ciudadanos, en camino a nuestra patria del cielo, hombres y mujeres de buena fe, sobre los que ya mismo los ángeles nos bendecirán, anunciando el nacimiento de Cristo, con las siguientes palabras "Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad" (Lucas 2,14), para que recemos de la siguiente manera:


¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! 
Que allí donde haya odio, ponga yo amor; 
donde haya ofensa, ponga yo perdón; 
donde haya discordia, ponga yo unión; 
donde haya error, ponga yo verdad; 
donde haya duda, ponga yo fe; 
donde haya desesperación, ponga yo esperanza; 
donde haya tinieblas, ponga yo luz; 
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto 
ser consolado como consolar; 
ser comprendido, como comprender; 
ser amado, como amar.
Porque dando es como se recibe; 
olvidando, como se encuentra; 
perdonando, como se es perdonado; 
muriendo, como se resucita a la vida eterna.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

LAS MONEDAS DESPERDICIADAS....
¿Y LA VIDA?


La verdad es que no me hace mucha gracia esta parábola de las monedas de plata del Evangelio de hoy (Lucas 19,11-28), o su correlato en la parábola de los talentos en Mateo (25,14-30)... puede que este disparecer tenga una causa antropológica, porque vamos, peinando ya incipientes canas, enfermo crónico y con cuarenta años recién cumplidos, uno, lejos de verse como modelo de hombre maduro que ha alcanzado sus expectativas vitales, mas bien me veo en "el ecuador de la vida" (ahora se puede decir con más razón, que los medios de comunicación dijeron la semana pasada que la esperanza de vida en ochenta años sólo la alcanzan ESPAÑA y JAPÓN) con unos resultados bastante pobres, y un horizonte aún más desalentador... ¡Va a ser verdad que existe la crisis de los cuarenta! Que al final de la vida, creo, no me va a preocupar tanto mis talentos, o como hayan producido, más bien no producido nada, sino que al menos, en mi funeral, los asistentes digan -¡qué mínimo!- lo que PEDRO dijo del Señor: "Pasó por la vida haciendo el bien..." (Hechos 10, 38).

Al final, sin saber muy bien qué hice con mis talentos, habré de presentarme ante el rey, que me dijo "hazlos producir hasta que vuelva" y ni siquiera me valdrá la excusa de aquel que, en la parábola, fuera el peor de los administradores "Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo porque sé que eres un señor exigente y tuve miedo", acaso humildemente diré como aquella otra, la "la oración del payaso" que dice así:

Aquí estoy, Señor.
Mi alforja está vacía,
mis pies sucios y heridos,
mis entrañas yermas,
mis ojos tristes,
mis flores mustias y descoloridas.
Sólo mi corazón está intacto...
Me espanta mi pobreza
pero me consuela tu ternura.
Estoy ante ti como un cantarillo roto;
pero, con mi mismo barro,
puedes hacer otro a tu gusto...
Aquí estoy, Señor.
Señor:
¿Qué te diré cuando me pidas cuentas?
Te diré que mi vida, 
humanamente, ha sido un fallo;
que he perdido todo lo tuyo y lo mío,
y me he quedado sin blanca;
que no he tenido grandes proyectos,
que he vivido a ras de tierra,
que he volado muy bajo,
que estoy por dentro como mi traje,
cosido a trozos, arlequinado.

Pensándolo bien, esto de estar en "el ecuador de la vida" no es tan malo, hipotéticamente me da tiempo a hacer, a esta altura de la vida, lo mismo que he hecho hasta ahora, ¡sólo necesito el mismo tiempo, que es el que hipotéticamente tengo!, no quiero pensar que sea yo tan castrojo que no haya aprendido nada en estos cuarenta años dando tumbos por la vida, al menos algunos errores evitaré, es de suponer que aún me queda mucho bien por hacer, y en todo caso, esta vez, no se me ocurrirá guardar las monedas de plata en un pañuelo cuarenta años ¡al menos las meteré en el banco, que aún estoy a tiempo de ofrecer al Señor el otro cincuenta por ciento de intereses por la parte de vida que aún no he desperdiciado!

domingo, 15 de noviembre de 2015

LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR
¡Tranquilos... Aún nos queda lejos
porque tenemos mucho que hacer primero!


Recitamos coda Domingo, en la Eucaristía, el Credo, y en él afirmamos creer "está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin" y aunque es de fe la segunda venida del Señor, con ella nos pasa algo muy curioso, que la apocalíptica sólo nos sirve para llenar intervenciones escatológicas y conspiranoicas en  programas del estilo CUARTO MILENIO, para meter miedo en cuanto coinciden en el tiempo un par de terremotos, dos guerras y un atentado (que yo me digo "si los seres humanos somos así de cafres -salvo las catástrofes naturales- ¿es que alguna vez en algún lugar de la tierra no hay guerra?") con aquello de que mal anda el mundo y que ya hemos desatado la ira de Dios, bla,bla, bla... -tan propio de agoreros y profetas de calamidades- y, finalmente, no nos hace mucha gracia pensar en ello, quizás, porque asociamos -y así es- la segunda venida del Señor con el juicio universal, y como en eso andamos cojos, ya sabéis "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra" (Juan 8,7), pues no nos gusta mucho andar pensando en ello, como se suele decir "¡Que el Señor nos pille confesados!"

Sin embargo el Señor nos dice en el Evangelio de hoy (Marcos 13,24-32) claramente que "en cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre", y pese a ello, bien que a lo largo de la historia ha habido pseudo-mesías y falsos profetas que han ido poniendo fecha de caducidad (todas ellas erradas) a nuestro paso global, como humanidad, por este mundo. 

¿Entonces qué podemos hacer entre medias? Mi abuelo tenía un refranillo, será que sabiduría de los mayores obliga, por el que solía decir "¡Para tres días que vamos a vivir, y dos lloviendo, no nos jodamos el que nos queda en medio!", y oye, aunque me disculpéis la palabrota, no deja de tener razón: Vivamos, como dice San PABLO irónicamente "comamos y bebamos que mañana moriremos" (1 Corintios 15,32), pero en este vivir permanezcamos alerta, que no es más que lo que reitera el Señor con la parábola del mayordomo precavido o el amo que llega sin avisar, esto es, velando, que no es otra cosa sino vivir la vida de forma esperanzada, alegre, altruista, generosa, entregada, ya sabéis aquello otro de "el que pierda su vida por mí la ganará" (Mateo 16,25), y sabiendo que con orar, rezar y ser buenos no basta todo "no todos los que dicen "Señor, Señor" entrarán en el Reino de los Cielos" (Mateo 7,21), sino que tenemos que arremangarnos y ponernos a trabajar en serio para que el Reino sea una gozosa realidad entre nosotros...

¡Por supuesto que seguirán habiendo catástrofes naturales, guerras, desastres, hambre, enfermedades y muerte a nuestro alrededor! Pero no debemos interpretarlo en el sentido de que "la ira del Señor se acerca" -cosa que ya hemos visto no podemos saber a fecha ciertaal contrario, hemos de experimentar en ello la llamada del Señor a que nos hagamos conscientes, como decimos en el Credo, que cuando venga "su reino no tendrá fin", un Reino como nos dice el Apocalipsis en el que "ya no habrá muerte ni pena ni llanto ni dolor. Todo lo antiguo ha pasado" (Apocalipsis 21,4), entonces para que ello sea posible es preciso que seamos nosotros los primeros involucrados en eliminar todo ello, para lo que tenemos un claro programa de actuación "tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí" (Mateo 25,35-36), si lo queréis en plan evangélico, si lo queréis en plan eclesial, lo que siempre se llamaron las "obras de misericordia" esto es "enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que yerra, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rogar a Dios por los vivos y las almas perdidas, visitar y cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, liberar al cautivo y enterrar a los muertos".


Por eso no me dan miedo los terremotos, ni las guerras, ni las epidemias, ni las enfermedades, ni los atentados... porque no me parecen signos apocalípticos, sino signos esperanzadores, porque en todas estas situaciones terribles (a los recientes atentados de PARÍS podría referirme, como ejemplo más cercano) es cuando el hombre muestra lo mejor de sí mismo: la solidaridad, el altruismo, la generosidad, la entrega, el servicio... en suma, lo mejor de la humanidad, que se pone a trabajar, lejos de lamentarse, con esperanza... y si tenemos esperanza, no nos haría falta el Señor presente, pues la esperanza es la que nos hace trabajar en el reino de Dios "ya no, pero casi más cerca"... Quizás cuando hayamos desterrado todo lo malo, por nuestro esfuerzo y trabajo, esperanzador, animados por el Espíritu Santo, ya no nos hará falta la esperanza ¿a qué esperar algo mejor si ya no hay nada malo contra lo que luchar? y entonces, digo yo, es que venga el Señor, culminada toda esperanza.