domingo, 28 de febrero de 2016

¡NO SEAMOS COMO NIÑOS,
CREZCAMOS EN LA VERDAD CON AMOR!


El viernes pasado, por circunstancias, no pudimos celebrar la CORDA PÍA en comunidad, quizás por eso pusieron al niño en casa de esta guisa, porque cuando la comunidad no está reunida Cristo padece... como consecuencia de ello han sido dos las palabras que hemos recibido (Efesios 4,14-15 y Romanos 9,19-29), como no está en mi intención agobiaros con la lectura de dos comentario –y ni yo mismo tengo muy clara la hilazón, esto es, qué nos querrá decir el Señor “aunando ambos textos”- es por lo que voy a escribir un poco a vuela pluma, compartiendo sin más, sin mucha reflexión, lo que brote de mi corazón.

Curiosamente, cuando el MIÉRCOLES DE CENIZA fui a celebrar la eucaristía y, consecuentemente, a imponerme la ceniza, en el canto de comunión (fui a una Iglesia donde nunca estuve antes, cerca de casa, y en la que la comunidad canta todo y mucho) cantaron la canción de “Señor, yo quiero ser, un vaso nuevo” que me impresionó bastante, no porque no la conociera, sino porque me tocó especialmente, no sé muy bien por qué, aquello de “toma mi vida, hazla de nuevo, yo quiero ser, Señor, un vaso nuevo”... tanto que, al regresar a casa, por la noche, reflexionando y orando lo que había sentido me surgió la siguiente oración, no había vuelto a leerla desde entonces, y ahora me parece un poco “radical”, pero si es lo que entonces me brotó del corazón no creo que sea el momento ahora de pulirla racionalmente:

¡Qué desatino!
Como si el barro se considerara alfarero,
como si la obra le dijera al que la hizo:
“No me has hecho”,
como si el cacharro dijera al alfarero:
“No me entiende”
Desatino o no, Señor, no me importa,
quiero seguir como el barro
en manos del alfarero,
toma mi vida, hazla de nuevo,
yo quiero ser un vaso nuevo...
Y si alguna vez no me dejara modelar,
si pierdo la maleabilidad,
entonces, Señor, destrúyeme,
porque sólo la dureza del barro
es lo que lo hace frágil precisamente,
mientras sea maleable,
cabe la esperanza de ser rehecho,
y si algún día ya no queda qué hacer en mí,
entonces, Señor, destrúyeme.


Y precisamente, en San PABLO (Romanos 9,20-21) de la palabra dada para este viernes pasado de cuaresma brota la misma idea “y tú, hombre, ¿quién eres para replicar a Dios? ¿Puede la obra reclamar al artesano por qué la hace así? ¿No tiene el alfarero libertad para hacer de la misma masa un objeto precioso y otro sin valor?”, como si fuera un recordartorio, y este domingo encarrilamos ya la III Semana de Cuaresma), de lo que experimenté el Miércoles de Ceniza. Quizás sea la forma que tiene el Señor de recordarnos de que, por más que lo dudemos, por peor que pinten las circunstancias, por más pobres, derrotados y periféricos que seamos, aunque a los ojos de los demás podamos ser “no pueblo, no amados” para el Señor siempre seremos, contra todo pronóstico “mi pueblo, mis hijos, mis amados(cfr Romanos 9, 25-26), de entre toda la ingente muchedumbre del Pueblo de Dios, como esos miles que veía San JUAN en el Apocalipsis, a pesar de la grandeza en extensión de la Iglesia, siempre nos mirará con cariño, a nosotros, a esta pobre porción miserable del pueblo de Dios, que con todo, puede ser “un resto del que el Señor aún pueda hacer cosas buenas(cfr Romanos 9, 29)


Y lo anterior sí que lo puedo hilvanar con la otra palabra, la de Efesios, porque dice en ella que “no seamos como niños, juguete de las olas, zarandeados por cualquier viento de doctrina, por engaños de la astucia humana, por los trucos del error(Efesios 4,14), y es curioso porque investigando la exégesis y el comentario de este texto he descubierto que San PABLO siempre usa a los niños en sentido negativo: “no puedo hablaros como hombres (...) sino como cristianos infantiles(1 Corintios 3,1), “cuando era niño discurría como niño(1 Corintios 13,11); “un menor de edad en nada se diferencia de un esclavo(Gálatas 4,1-3)... y así hay más ejemplos, pareciera de esta forma que contradice aquella enseñanza misma del Señor que nos decía que “hay que hacerse niños para entrar en el Reino de los Cielos(Mateo 18,2-4), sin embargo lo que critica San PABLO es la infantilidad, la inmadurez. En efecto, los cristianos podemos y debemos ser niños en lo que éstos tienen de dóciles, de humildes, de faltos de ambiciones, de sinceros, sencillos... pero los niños tienen, por el contrario, aquello que denuncia San PABLO, y es precisamente su inconstancia: Todos los padres lo saben y tienen experiencia de ello, cuando a un niño le excita un estímulo nuevo es capaz de dejar inmediatamente lo que estaba haciendo, dedicando su atención “a lo último” que aparece en su horizonte, olvidándose de lo anterior... en este sentido los niños “viven a trompicones sin una solución de continuidad”, curiosamente este aspecto de los niños tampoco le pasó desapercibido al Señor cuando los puso de ejemplo también de que “tan pronto cantan y juegan, como tan pronto lloran y se lamentan(cfr Mateo 11,17)

Y puede que un poco, o un mucho, esto es algo que habremos de discernir, a modo de examen de conciencia comunitario, nos pasa a nosotros, este “vivir a trompicones, alterados en la rutina por el último acontecimiento” en vez de ser fieles al horizonte último “al Señor, que es la cabeza, a dónde debemos crecer y tender(cfr Efesios 4,15) y es verdad que “los acontecimientos últimos” que nos distraen, nos alteran, nos rompen la rutina tienen siempre su origen en factores externos, no siempre bien intencionados “engaño de la astucia humana, trucos del error(cfr Efesios 4,13) y es que quizás nuestro error es no darnos cuenta de ello, y entrar al trapo con la misma facilidad con que los incautos se detienen ante la mesa de los trileros (de hecho las palabras “engaño de la astucia humana” de la traducción son referidas en el griego original como “kubeia twn anqrwpwn” donde “kubeia” viene de “kuboV”, precisamente, el juego de dados de los tramposos).

Y dice San PABLO que para evitar todo ello lo que tenemos que hacer es “crecer con la sinceridad del amor(cfr Efesios 4,15), aunque el texto griego dice literalmente “verdaderos en el amor”, tema, por cierto, el de la verdad que es muy joánico, casi una constante “todo el que está en la verdad me escucha(Juan 18,37); “el diablo nunca ha estado en la verdad porque la verdad en él no existe(Juan 8,44); “conocéis la verdad y de la verdad no nacen mentiras(1 Juan 2,21); “de esta forma sabemos que estamos en la verdad ante nuestra conciencia(1 Juan 3,19); “nos extraviamos si no llevamos dentro la verdad(1 Juan 1,8); “me alegro de que la conducta de tus hijos sea verdadera(2 Juan 1,4)... y por ello este versículo de “crecer con la sinceridad del amor” ha traído siempre de cabeza a los traductores y comentaristas sobre su verdadero significado, de esta manera traduce “crescamus in charitate(San JUAN CRISÓSTOMO), “veritatem sectantes cum caritate(ERASMO DE RÖTTERDAM y CALVINO), “diligentes sinceros in charitate(LUTERO)... Sin embargo la expresión griega “aleqeuonteV” aparece siempre en el griego evangélico, incluso en el veterotestamentario (como en la Biblia de los Setenta) con el sentido de sinceridad como “decir, confesar, proclamar” la verdad con la palabra, este “decir la verdad en el amor” en el pensamiento de San PABLO, a lo largo de todas sus cartas, es siempre el mismo: la verdad ha de ayudar siempre a constuir la hermandad, la fraternidad, la unidad, en suma, la Iglesia.


En ello estamos, aprendamos la lección, desde nuestra pobreza, en la que el Señor nos quiere, pese a todo, crezcamos en la verdad, con amor, en todo haciendo Iglesia... lo seguimos intentando, compromiso que renovamos en este tiempo cuaresmal.

miércoles, 24 de febrero de 2016

TALITHA KUM!
A TI TE LO DIGO: "¡LEVÁNTATE!"


Celebramos el Viernes pasado, nuevamente, en casa, la “CORDA PÍA” –la adoración de la Cruz los viernes de cuaresma propia de la familia franciscana- cuya estructura podrás ver en el enlace que se encuentra en las pestañas superiores de este blog, bajo el mismo nombre.  Y nuevamente pedimos una palabra para esta semana, que va a principiar de viernes en viernes para nosotros, por esta palabra que queremos vaya iluminando nuestro camino cuaresmal.

Ya os conté el primer día lo que significa “pedir palabra” –seguid el enlace- pero os prometí una anécdota al respecto: Érase una vez dos hermanas, una de ellas descubrió lo que era pedir palabra, pero lo que debería de ser un hecho excepcional (y serio, después de una oración intensa), ella lo convirtió en un hábito cotidiano, cada día abría la Biblia al azar para saber lo que le iba a deparar el día. Su otra hermana, preocupada, se lo contó a un sacerdote amigo y éste le dijo “¡Déjala, no te preocupes, llegará el momento en que ella misma se dará cuenta de que la Palabra de Dios no es para tomársela tan a la ligera!”. Y sucedió que una mañana, según su costumbre, la buena mujer se dispuso a pedir palabra, abrió la Biblia al azar y le salió “fue y se ahorcó” (Mateo 27,5), evidentemente como esto no le contentaba se dijo “bueno, lo intento otra vez” y le salió nuevamente la misma cita “fue y se ahorcó (Mateo 27,5), empezando a mosquearse se dijo “¡bueno, que sea la mejor de tres!” y entonces le salió “pero lo que tengas que hacer hazlo pronto” (Juan 13,37) Y desde aquel día jamás volvió a pedir palabra a la ligera, el Señor mismo se había valido de la palabra para enmendarla... Y es testimonio que contó ella misma en un encuentro.

Pues os comparto la oración-reflexión que me ha suscitado la palabra que el Señor nos regaló el Viernes pasado, que se trata de la sanación del siervo del centurión (Mateo 8,5-13).


Lo primero que me llamó la atención era la palabra en sí, sin más consideración posterior, porque se daba la casualidad de que el viernes, en el trabajo, mientras me aburría empecé a canturrear el himno del QUINTO CENTENARIO DE SANTA TERESA DE ÁVILA, aunque cambiándole la letra (cosa que hago mucho cuando me aburro, coger canciones que sé e inventarme otras con su mismo soniquete), aunque no avancé mucho porque me quedé sólo en el estribillo, pero imaginad algo así:

Sólo es que vio a Cristo alzar
al siervo enfermo del lecho de muerte
pudo igualmente luego exclamar
al verlo en Cruz: ¡Es el hijo de Dios!

Evidentemente me estaba refiriendo al centurión, así que adivinad mi sorpresa al descubrir, luego, por la tarde, orando en casa, la palabra que nos regalaba el Señor. Y quiero hacer el esfuerzo de enfrentarme a este texto, la sanación del centurión, con ojos nuevos, pues es un texto de sobra conocido, por eso me detengo en la figura del siervo del centurión, cosa que no he hecho nunca, por el que intercede su señor, el centurión, ante Jesucristo.

Ante todo, vaya por delante que interceder por un enfermo, MATEO usa el verbo griego “parakalwn” (suplicar), no es algo desconocido en el contexto, así, se sabe que en los tiempos de Jesús a veces la gente acudía a rabinos de prestigio para que “oraran por los desgraciados”. Y dice el centurión al Señor “mi siervo está echado en cama en casa con parálisis, sufriendo terriblemente(Mateo 8,6). No cabe duda de la enfermedad del siervo: MATEO dice que “está paralítico sufriendo terriblemente”, mientras que el correlato de LUCAS dice que “está agonizando, próximo a morir”, sin duda alguna la intención de los evangelistas es pintar la enfermedad del siervo de tal manera que resulte aún más evidente, al lector, la divinidad del milagro, el poder de Cristo y la fe del centurión, hasta el punto que, en un comentario que he visto de CALVINO éste afirma “y la enfermedad del siervo es tal que no seré yo el que tenga reparo u objeción que hacer a la gravedad de la misma”... Y aunque no cabe duda de que la enfermedad es una parálisis algunos comentaristas han señalado, con acierto, que todos sabemos por experiencia que una parálisis incapacita, pero no causa dolor, precisamente por la propia insensibilidad que causa la parálisis, de donde se colige que “el dolor y el sufrimiento” puedan ser o una exageración, para incrementar el carácter divino y milagroso de la curación, o que tengan una lectura espiritual, haciendo referencia a las consecuencias morales de la enfermedad en sí, de esta manera la versión hebrea de la Biblia completa alemana de MÜNSTER traduce por “paralítico, terriblemente castigado”, mientras que una versión copta de MATEO lee “paralítico, terriblemente afligido”, dando a la enfermedad un espectro diferente, porque además del padecimiento físico se añade la situación de “mísera aflicción” del enfermo.

Actualmente me siento como el siervo del centurión, me hallo en una situación mísera, afligido por grandes tormentos (no físicos precisamente) y ello me conduce a cierta parálisis emocional, de actitud, de vida, siento que, poco a poco, las circunstancias me atenazan, lenta pero gradualmente, como una esclerosis gana terreno entre los músculos, debilitándolos progresivamente y sin pausa...


Y ahora entra en juego la figura del “intercesor”, el centurión, que viene a pedir por su siervo ante el Señor, en MATEO lo hace personalmente “se le acercó rogando” lo que presupone su interés personal en el caso, venciendo los tabús del propio pueblo judío, que prohibían todo contacto entre judíos y paganos, aunque a MATEO este hecho no le importa, puesto que lo recalca, mientras que en el correlato de LUCAS –quizás para ser cortés con la costumbre judía- el centurión envía primero una delegación de “los ancianos de Israel”, y una “comitiva de amigos”, que hemos de suponer también judíos, después (una pretendida versión judaizante del evangelio de MATEO, distinta a la canónica, para respetar la costumbre judía matiza el texto diciendo “se le acercó, por intermediarios, rogándole”), pero lo importante es que acude al Señor a interceder por su siervo “que le era muy querido” (en LUCAS).

Y ahora que esto escribo, literalmente “postrado en cama” (porque estoy acostado escribiendo estas líneas, ya que el silencio de la noche es momento privilegiado para orar) contemplo esta “fiebre(Lucas 7,52) que me consume, “este fuego interno que me consume los huesos(Jeremías 20, 9) de querer buscar a Dios, seguir a Cristo y servir a los hermanos sin encontrar el camino, el modo o el cauce para ello, y todo ello sembrado de injusticia, de dolor, de sufrimiento, de sinsabores, una auténtica Cruz... ¡tan tangible que sólo le falta hablar! (Apócrifo de Pedro X,7) hasta el punto de que, por primera vez en mi vida me doy cuenta de que todo ello comienza literalmente ¡a paralizarme y bloquearme! Y llegados a este punto me pregunto:

¿Quién intercederá por mí? ¿Quién será mi centurión, mi comitiva de ancianos, mi grupo de amigos? ¿quién intercederá por mi ante el Señor por mi parálisis?

A Dios pjngo por testigo, de las pocas cosas que puedo afirmar en m vida (no como esas mentirijillas piadosas o esos propósitos inconsistentes que todos hacemos de vez en cuando) que en mis cuarenta años de vida sólo he pronunciado tres promesas solemnes que haya sido capaz de cumplir hasta ahora. Dos de ellas las tengo perfectamente fechadas, y traen causa en la misma circunstancia (18 de Septiembre de 1998 y 25 de Julio de 1999), la otra, quizás por ser la más antigua no logro ubiucarla temporalmente con la misma exactitud, probablemente con toda certeza antes de Julio de 1991 y fue la visita que realicé, de adolescente, en el contexto de unas jornadas vocacionales, a un Monasterio de Carmelitas de clausura, impresionado por el testimonio de su vida oculta y de oración hice la firme promesa, desde entonces, de no volver a rezar jamás por mí, mi vida, mis necesidades o mis circunstancias, a partir de entonces todo ello lo dejaría en manos de todos los religiosos y religiosas de vida contemplativa que por nosotros oran... Desde entonces toda mi oración de intercesión ha sido siempre por los demás, y es en momentos como éste en los que me arrepiento de ello, me asalta la tentación de arrojar la toalla, y aunque parezca estúpido no tener ni el propio consuelo, o esperanza, de la propia oración –y así me lo reprochan muchos de los que saben esta determinación mía- pese a ello persevero... lo que no quita que en esta soledad, en esta postración, completamente “paralizado y afligido” siga surgiendo en mí la pregunta, legítima y sin respuesta de ¿quién será mi Centurión, quién intercederá por mí ante el Señor?.

En esta desazón he llegado incluso a creer que ya ni me basta la oración de los religiosos y religiosas de vida contemplativa “para sanarme” porque me digo: En el oceáno inmenso de su oración... ¿Quién soy yo sino una gota ínfima y miserable para que oren por mí? Y es que es algo que sé desde que, perplejo, además descubro que son las propias religiosas de clausura las que me piden que rece por ellas y por sus vocaciones ¡hala, cuando más necesitado estoy yo de su oración, ellas se muestran igual de débiles y paralizadas! entonces ¿qué queda de aquello de orar por quienen por nosotros oran? ¿es que nos hemos vuelto locos, peor aún, hemos perdido la fe? ¿es que nadie ora pero todos andamos buscando intercesores?... No puedo aventurar la respuesta o no estaría reflexionando de este modo, y mi pregunta primera sigue en el aire, sin respuesta ¿quién intercederá por mí?

Y cuando estoy a punto de concluir estas líneas, sin respuesta, quizás por mera hilazón de ideas, al hilo de la palabra “interceder” me viene a la mente la afirmación hecha por San PABLO (Romanos 8,26)el Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos inefables” y logro conciliar un poco el sueño, esperando, que en esa oración en lenguas que hace el Espíritu Santo, intercediendo por mí mismo, ante el Padre por aquello que no sé, del modo que no sé expresar, desde lo más profundo de mi corazón, me valga para que escuche “talitha kum!” y alguien me tome de la mano y con voz potente me diga “¡A ti te lo digo, levántate!”

domingo, 21 de febrero de 2016

PRIMADO DE PEDRO
¡BIENVENIDO, SANTO PADRE!


Hoy la Iglesia celebra el PRIMADO DE PEDRO, lo que nos recuerda el evangelio de hoy (Mateo 16,13-19):

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y vosotros, les preguntó, ¿quién decís que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". 

Precisamente, en la zona de CESAREA DE FILIPO se encuentra, en TIERRA SANTA, el lugar llamado del "PRIMADO DE PEDRO", en un entorno ajardinado, junto a la orilla del lago, se encuentra la iglesia ubicada sobre el lugar de este episodio del evangelio. Se trata de una iglesia sencilla, a la par que tranquila, como no puede serlo de otra forma, ya que la inmediata presencia, casi a pie de orilla, del Lago GENNESARET, invita a la oración y al recogimiento.


De esta Iglesia, de la que como ya digo, lo más bonito es el entorno, y en cuya capilla exterior, justo en el anfiteatro anterior al monumento del momento de la institución del Primado de Pedro, destaca la llamada “escalera santa”, que se supone son los escalones del embarcadero desde el que Cristo resucitado esperaría al ansioso Pedro, que venía nadando a su encuentro. Según el relato que sigue en el Evangelio de Juan que también se ubica en este mismo lugar, dentro de las apariciones de Cristo resucitado a sus discípulos:

Al oír Pedro que era el Señor, se ciñó un blusón, pues no llevaba otra cosa, y se tiró al agua. Los demás discípulos se acercaron en el bote, arrastrando la red con los peces, pues no estaban lejos de la orilla, apenas doscientos codos. Cuando saltaron a tierra, ven unas brasas preparadas y encima pescado y pan. (Juan 21, 7-9)

No es de extrañar que falten unos pocos metros de la escalera a la orilla del lago, ya que, como nos contó nuestro guía, el nivel del lago desciende cada año por la evaporación del mismo, debido a las recientes sequías, que no aportan caudal al mismo. Actualmente estas escaleras están protegidas por una reja, debido al expolio de los peregrinos, que solían llevarse, literalmente, trozos de la misma, desde los tiempos de EGERIA, una antigua peregrina y abadesa española, del Siglo IV, que en su diario de viaje por Tierra Santa dijo que "estas escaleras son tan santas que los enfermos que las tocan, sanan, por lo que es costumbre llevarse una piedra de ellas".


Y, en el interior de la Iglesia destaca que el presbiterio y el altar están edificados, literalmente, sobre la llamada “Mensa Christi” (la mesa de Cristo), llamada así porque sería la roca sobre la que el Señor había preparado el fuego, con unos pescados y unos trozos de pan, al aparecerse resucitado a los apóstoles que regresaban de pescar, como consta en el episodio narrado por el evangelista JUAN.

Finalmente, en el exterior, llama poderosamente la atención el monumento de bronce que representa a Jesucristo, con PEDRO, en el mismo momento de establecer su primado:

Apacienta mis ovejas” no es sólo la institución de PEDRO como cabeza visible de la Iglesia, habiendo resucitado el Señor… lo que se traduce simbólicamente en el momento de entregar el cayado de pastor a PEDRO, sino que es además toda una exigencia y un compromiso de vida, que incluso le costó la vida a PEDRO, dando testimonio del Señor, no sólo con su labor pastoral, o las dos cartas que figuran en el Nuevo Testamento, atribuídas a su mano, sino en su propio martirio, mediante el derramamiento de su sangre, pues nadie puede pretender ser más que su maestro…

…la piadosa tradición cuenta que, en tiempos de la persecución de los primeros cristianos por parte del emperador romano NERÓN, PEDRO, que se encontraba en la ciudad, decidió abandonarla ante el temor de las persecuciones… sigue la leyenda que, a las afueras de Roma Pedro tuvo una visión de Jesucristo cargando con la cruz, sorprendido le preguntó: “Quo vadis, Dómine?” (¿A dónde vas, mi Señor?), y Cristo le respondió: “Voy por segunda vez a Roma, a ser crucificado en lugar de mi pueblo, al que tú abandonas” y, entonces, PEDRO, profundamente avergonzado, regresó a ROMA donde, en efecto, fue crucificado.

Sea como fuere, desde los tiempos de PEDRO, el humilde, cabezota y simplón pescador de GALILEA hasta el Papa FRANCISCO la fiesta de hoy nos enseña que no estamos solos, porque "tenemos un pastor que nos apacienta", como personas, tendrán sus luces y sus sombras, como pastores saben que el Señor nos da los talentos en proporción a la tarea que hemos de realizar, para todo lo demás, la historia los juzgará, que no es tarea que nos toque a nosotros. 

A modo de anécdota os contaré que cuando anunciaron la fumata blanca del cónclave del Papa FRANCISCO, pocos minutos antes de hacerse presente en la loggia central de San PEDRO DEL VATICANO, comenzó a funcionar de nuevo la cuenta de TWITTER de @pontifex_es inoperativa por la "sede vacante", cuando nos dimos cuenta, al igual que San FRANCISCO, que siempre enseñó a sus frailes a respetar al Papa de ROMA, quisimos tener un gesto de bienvenida y acogida, ¡cuando no siquiera sabíamos quién sería, mucho menos el nombre que se impondría!, cuando vemos ese tuit nos da cierto reparo, en cierto modo parecía casi profético.


DESCUBRE TU MOMENTO "TRANSFIGURANTE"


El Evangelio de hoy (Lucas 9,28b-36) nos muestra el episodio de la transfiguración del Señor, momento en el que Cristo “cambió, su rostro y sus vestidos brillaban de blancos” ante PEDRO, SANTIAGO y JUAN mientras que se aparecían también “de repente, dos hombres conversaban con él, Moisés y Elías” y la posterior afirmación de PEDRO, entre aturdido y desorientado cuando dice “Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas...”.

Mucho se podría decir de la transfiguración, de su sentido y alcance teológico y catequético, desde la reflexión que hacen los evangelistas, de este hecho, como anticipo de la gloria de Cristo, “un aperitivo” más bien, previo al momento de sombra y al paso de la Cruz, curiosamente, el comentario del Evangelio de hoy que hace el “Evangelio de cada día”, de la editorial SAN PABLO, se titula, precisamente “Por la Cruz, a la luz”, sin embargo no era este aspecto en el que yo pretendía detenerme, pues como no soy teólogo no pretendo bucear en estas profundidades, ni hacer una exégesis detenida, pretendía quedarme en la reacción de PEDRO “bueno es estarnos aquí”... sabía lo que quería decir, más bien lo intuía, aunque no le ponía palabras, y como dice el refrán, qué verdad es aquella de “una imagen vale más que mil palabras” porque he encontrado un cuadro que expresa maravillosamente lo que yo ya intuía, y no, no se trata de la célebre transfiguración de RAFAEL, con la que he principiado este artículo, sino el mismo tema pintado por GIOVANNI BELLINI.

¿Y por qué este cuadro? Porque expresa muy bien la actitud de PEDRO: “Qué bueno es estarnos aquí”, me explico, como muy bien dijera BENEDICTO XVI “la fe no es un acontecimiento intelectual, ni una idea por muy bien expuesta que esté, es ante todo el encuentro personal con una persona, una relación personal con Cristo, que transforma radicalmente la vida y la dota de sentido”, visto de este modo muchos de nosotros decimos que tenemos fe, si esta afirmación es cierta, todos nos relacionamos personalmente con Cristo, vivo, real y presente en nuestras vidas, si esto es así todos debemos asistir, por igual, a este momento de la transfiguración, ese momento en que Cristo se muestre en nuestra vida, de una forma tan clara, nítida y brillante que la fe se convierta para nosotros en algo igual de tangible y evidente, porque el que tiene fe, y le es dada esta experiencia gozosa, jamás –por más oscuridades que le vengan en el futuro- la perderá, la fe se convertirá en un estado “que bueno es estarnos aquí”.


Y esto es lo que narra el cuadro que os comparto, la escena de la transfiguración responde al modelo iconográfico tradicional: Cristo flanqueado por MOISÉS y ELÍAS, con su blancura resplandeciente, y los apóstoles con su sorpresa a los pies; sin embargo algo cambia en relación a la versión de RAFAEL.

Fijaros en el fondo de la escena, todo sigue su curso normal, hay una vaca durmiendo, un campesino arando, otros que parece que charlan dirigiéndose a sus quehaceres... con toda normalidad, puede, pero todo iluminado por la presencia radiante de Cristo.

En eso consiste ver la transfiguración del Señor en nuestras vidas, saber identificar ese instante preciso, quizás en el momento más anodino y rutinario del día, en que de repente todo se irradió hasta el punto de que llegaste a afirmar “Dios está aquí, que no se detenga este momento sublime” (la versión personal del “que bueno estarnos aquí” de PEDRO) y a partir de ese momento tu fe se hizo a prueba de bombas, y desde ahí sigues caminando...

Puede que sea la primera vez que tuviste a tu hijo recién nacido entre tus brazos... o un día en que yendo en el metro contemplabas a una joven madre conversando con su hijo pequeño... quizás yendo por el campo asististe al eclosionar de unos pajarillos en el nido... o quizás en la entereza de un moribundo que fuiste a visitar... o el día que viste a tu gata dando de mamar apaciblemente a sus cachorros... o cuando viste el rostro de felicidad de un sacerdote recién ordenado... o una religiosa hablándote por la reja de la clausura...


Pero ten por cierto, que lo hubo... ese momento aparentemente anodino, que de repente se rodeó de luz a tu alrededor... y dijiste “Dios existe”... Haz memoria, seguro que lo encuentras, si no lo encuentras, quizás aún no hayas asistido a la transfiguración del Señor en tu vida, entonces reza para que el Señor te lo conceda, a Cristo mismo le pasó “y estando en oración, su rostro cambió, se volvió resplandeciente”... y no exagero, por ejemplo, a San ANDRÉS, el loco, un santo medio eremita de la ortodoxia rusa, le bastó contemplar a una hormiga llevando una larva para caer en extásis arrodillado ante ella, al volver en sí le preguntaron “¿qué veías, que los demás sólo vimos una hormiga con su cría?” y él respondió “la absoluta belleza, misterio y profundidad de la maternidad de MARÍA, la madre de Dios”.... ya sabéis lo que decía Santa TERESA de aquello que “a Dios se le puede encontrar entre pucheros”.

Yo tuve mi momento transfiguración, es verdad... Un verano, en un campo de trabajo al que fui con unas religiosas, en PORTUGAL, el trabajo consistía en ayudar en las tareas de un asilo de ancianos. Una tarde me encargaron darle la merienda a una señora mayor llamada ANA RITA. Había que darle la merienda porque tenía Alzheimer y ella sola no podía, porque estaba tan ausente ya por la enfermedad que no comía si no la estimulabas a ello. Había sido maestra, una de las mujeres más inteligentes de aquel pobre pueblo del sur de PORTUGAL, y debió ser guapa, por sus hermosos ojos azules... Y ahora no era nada. Sentada en el sillón de su cuarto –casi siempre, salvo cuando la llevaban a misa- con la mirada perdida, le iban pasando las horas y los días, como se apaga poco a poco la luz de una vela, así se iba consumiendo su vida... Yo me senté frente a ella largo rato, intentando comprender qué estaría pensando, qué sentiría, cómo sería el sentirse atrapado en un cuerpo –como en una cárcel- y, de repente, surgió en mí, cuando terminé de darle la merienda y era hora de irme a otras ocupaciones, un deseo intuitivo y espontáneo, nacido de lo más profundo de mi corazón, y fue hacer una solemne genuflexión ante ella (es decir, el arrodillarse en señal de respeto con que los católicos saludamos la presencia del Señor en el sagrario). Al compartirlo luego con las religiosas –en la puesta en común del día que hacíamos cada noche después de cenar-, casi les da un patatús: “¡Arrodillarse ante una persona como si del Señor se tratara!” Era todo un escándalo para ellas, pero como yo les dije: “En ese momento todo mi ser, mi corazón y mi alma y mi entendimiento, me decían que el Señor estaba realmente ahí presente, en el misterio de la ausencia presente, por su enfermedad, de ANA RITA”.

Pidamos hoy al Señor que nos conceda, como le fue dado a los apóstoles, ese momento transfigurante por el que podamos decir "Dios está aquí, qué bueno es estarnos aquí" y nuestra fe brille como faro desde entonces...

viernes, 19 de febrero de 2016

PADRENUESTRO....

El Padrenuestro es para mí “la oración de las oraciones”, la oración por excelencia, y al contrario de lo que muchos vais a empezar a creer nada que ver con que fuera, como se introduce su rezo en la celebración de la Eucaristía “la oración que el Señor nos enseñó”, porque evidentemente ese acontecimiento me pilla lejano como podréis entender, sino porque el Padrenuestro me lo enseñó a rezar mi abuelo paterno, la persona que más he querido en el mundo, sin temor a equivocarme, después de mis propios padres, que se valía siempre de la estratagema de chantajearme con algún tebeo que había comprado para decirme luego “¡A ver, no te lo doy hasta que no me reces el Padrenuestro!” y ese recuerdo infantil, unido a la devoción que siento por mi abuelo hacen del Padrenuestro una oración más bendita que si me la hubiera dictado el Señor mismo... de mi abuelo aprendí otras dos cosas más: Su amor a la Eucaristía y a la Adoración y su amor por María, la Madre de Nuestro Señor.

Me gusta rezar el Padrenuestro de forma sosegada y tranquila, incluso cuando rezo el rosario, caigo en el vicio de recitar las Avemarías a toda velocidad y como un papagayo, de forma cansina y costumbrista, y sin embargo en el Padrenuestro, todo lo contrario, soy capaz de saborear y hacerme consciente de cada invocación dirigida al Padre bueno del Cielo.

Evidentemente lo anterior viene a la profanación que ha recibido la oración del Padrenuestro pronunciado en clave sexual ¡si todavía fuera de forma artística o reivindicativa de algo! y creedme, me encanta escribir, creo que doy sobrada prueba de ello en el blog, tengo libretillas a medias repartidas por toda la casa con poemas, artículos sin terminar, investigaciones bíblicas, poemas, oraciones, ¡y hasta una novela a medias!... y aunque no soy CERVANTES, sé distinguir –pues soy de letras puras y duras- una pieza literaria, por más escandalosa que resulte, de un texto simplemente ofensivo de forma gratuita, chabacano y soez.

Pero bueno, a cada ofensa, una reparación, y ya que se trata del Padrenuestro, yo también voy a recrear “la oración que el Señor nos enseñó”, la oración que mi abuelo me enseñó, de la misma manera, poniendo en ello mi fe, poniendo con ello bálsamo a la herida recibida y honrando, de paso, con ello, a mi abuelo también:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
y de todos los que nos precedieron,
padre de nuestros mayores, padres y abuelos,
padre de Abrahán, de Jacob, de Isaac;
padre de nuestros mayores, madres y abuelas,
padre de Sara, de Rebeca, de Raquel, de Lía;
“porque no eres un Dios de muertos, sino de vivos”.
Santificado sea tu nombre, “al que toda rodilla se doble,
en el cielo, en la tierra, en el abismo”,
que nuestra alabanza no cese nunca,
porque “no a nosotros, no a nosotros,
sino a tu nombre sea dada la Gloria”.
Venga a nosotros tu Reino, y que nosotros lo veamos,
porque como en toda revolución, cambio de sistema,
subversión de valores, aunque sea del amor,
siempre hay vencedores y vencidos,
peor aún los que quedan tirados por el camino,
porque ellos serán los artífices del Reino,
como la semilla que germina y da fruto.
Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo,
aunque en mi caso podría decir:
“que hago el mal que no quiero,
y no hago el bien que quiero”.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
dáselo al pobre que no lo tiene,
y a nosotros salud para ganarlo.
Perdona nuestras ofensas,
no sólo las típicas de acción,
pensamiento u omisión,
sino cualquier cosa que nos aparte de ti,
como también nos perdonan los que ofendemos,
con nuestra terquedad, cerrazón, rencor,
nuestro pecado, incoherencia y debilidad,
cualquier cosa que aparte a nuestros hermanos de ti.
Y no nos dejes caer en la tentación...
¡Pero no seamos ingenuos,
tentaciones las tendremos siempre!
porque somos pobres, limitados, inconstantes,
que no caigamos en la tentación principal:
creer que no nos amas, perder la esperanza,
perder la ilusión, el horizonte...
porque ese día no viviremos,
seremos como una sombra que habita en las tinieblas,
donde entonces sí, nos acechará el maligno.

Amén

Y ahora sí, aunque pueda parecer que me desdigo de todo lo anterior, ahora, si se atreve, reto a la “señora” DOLORS MIQUEL, a que rece este Padrenuestro, el mío, desde el perdón y lo más profundo de su corazón, luego quizás, aprenda a amar "el que el Señor nos enseñó".




LO QUE PASA POR ABRIR LA BIBLIA AL AZAR


El viernes pasado, primero de Cuaresma, como seguramente haremos hoy también, tuvimos una pequeña celebración doméstica, la llamada "CORDA PÍA", la devoción a la Cruz documentada más antigua en el seno de la Orden Franciscana, el que quiera saber más de ella que pinche en la pestaña superior del blog donde se indica, pues dejaremos la estructura de la celebración en el blog disponible durante todo este tiempo de Cuaresma.

Curiosamente, en la narración de la impresión de las llagas de San FRANCISCO (acorde con la "Leyenda Mayor»,  de San Buenaventura de Bagnoregio, Capítulo XIII, 1.3.5:. Fuentes Franciscanas. 1223,1225-1.226,1228) se nos narra lo siguiente, detalle que puede pasar desapercibido:

Conoció por divina inspiración que, abriendo el libro de los santos evangelios, le manifestaría Cristo lo que fuera más acepto a Dios en su persona y en todas sus cosas. Después de una prolongada y fervorosa oración, hizo que su compañero, varón devoto y santo, tomara del altar el libro sagrado de los evangelios y lo abriera tres veces en nombre de la santa Trinidad. Y como en la triple apertura apareciera siempre la pasión del Señor, comprendió el varón lleno de Dios que como había imitado a Cristo en las acciones de su vida, así también debía configurarse con Él en las aflicciones y dolores de la pasión antes de pasar de este mundo.

Esta forma de orar, o de discernir la voluntad del Señor, mediante el procedimiento de abrir la Biblia al azar, se llama -al menos familiarmente, en el seno de la Renovación Carismática Católica- como "pedir palabra", en determinadas ocasiones de duda, de zozobra o cuando se pretenda dar sentido a un contexto puede ser bastante útil, no debe de escandalizarnos -por lo que de azaroso tiene- San FRANCISCO usó este método a lo largo de su vida en dos o tres ocasiones (evidentemente, no se debe abusar de ello, la Biblia no es un oráculo, ni mucho menos un "horóscopo cotidiano" ¡algún día os contaré una anécdota al respecto!) y en los Hechos de los Apóstoles (1, 24-26) se nos narra que los propios apóstoles eligieron al sucesor de JUDAS, que resultó ser el apóstol MATÍAS, mediante el procedimiento de "echarlo a suertes" previo momento de oración respetuosa: "Entonces orando dijeron: “Tú, Señor, que conoces el Corazón de todos, muestra de estos dos Cuál has escogido para tomar el lugar de este ministerio y apostolado del cual Judas se Extravió para irse a su propio lugar.”Echaron suertes sobre ellos, y la suerte Cayó sobre Matías, quien fue contado con los once Apóstoles."

Al celebrar la CORDA PÍA el viernes pasado, nosotros pedimos igualmente palabra, por el método anteriormente indicado, y nos tocó el Salmo 85, que os transcribo a continuación:


Señor, has sido bueno con tu tierra, has cambiado la suerte de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo, has sepultado todos sus pecados,
has reprimido tu cólera, has frenado el incendio de tu ira.
restáuranos, Dios salvador nuestro, calma tu enojo con nosotros,
¿vas a estar siempre indignado o a prolongar tu ira de edad en edad?,
¿no vas a devolvernos la vida para que tu pueblo se alegre contigo?
Demuéstranos tu lealtad y danos tu salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: 
"Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus fieles, 
a los que recobran la esperanza".
La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra;
la lealtad y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo.
El Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su cosecha.
La justicia marchará ante él encaminando sus pasos.

Y este es el sucinto comentario de lo que a mí me suscita, que al ser completamente personal e intransferible, aunque lo comparta, por lo que os pueda ayudar, puede que haya muchas cosas que no entendáis, aunque bueno, tampoco es que estemos pasando por nuestros mejores momentos, aunque como decía esa bendita religiosa granadina, desconocida para muchos, Mª EMILIA RIQUELME, no es algo que me asuste, pues ella solía decir "empiezan los problemas, bien, bien, vamos por buen camino".

Hay un pasaje en el profeta EZEQUIEL (12,22) en el que el Señor se enfada ¡fijate tú qué novedad! porque los hombres parece que no dan crédito a su palabra, cuando dice: "Hijo de hombre, ¿qué proverbio es ése que vosotros tenéis acerca de la tierra de Israel, que dice: ``Se alargan los días y desaparece toda visión?" y a mí es que este enfado del Señor me causa risa porque me digo ¿y de qué te enfadas, Señor, si eres el primero que conviertes tu palabra en una visión que desaparece?... Una vez más un texto que nos presenta una promesa esperanzadora, empieza bastante bien "has sido bueno con tu tierra, has cambiado la suerte de Jacob" ¿Cuántas veces Señor nos vas a regalar el oído con la misma promesa, acaso somos un burro engañados con la zanahoria que va por delante? entonces... ¿hemos de creer nuevamente que vas a a cambiar nuestra suerte, que vas a bendecir tu tierra, esta pobre proción que somos nosotros?.

Y para colmo encima pareciera que es culpa nuestra , que si "la culpa de tu pueblo (...) todos sus pecados (...) el incendio de tu ira (...) la lentitud de tu cólera"...bla,bla, bla... la misma cantinela de siempre... ¡Anda ya! ¿Quién te cree? Ayer mismo sin ir más lejos me gasté en la puerta del mismo supermercado dos de los últimos cinco euros que nos quedaban para comprar pan y jamón york para un bocadillo para una joven que pedía en la puerta, aterida de frío, bajo la lluvia... ¡y quería fumarse el cigarro que iba a tirar a medias a la puerta del supermercado! y fui casa, cogí dos o tres cigarros y se los llevé y le dije "fuma algo en condiciones, no colillas del suelo, por favor..." y encima pretendes que me crea que es por mi pecado que se retiene tu misericordia sobre mí, que haces el esfuerzo de refrenar tu ira ¿pero de qué coño vas? ¿Qué vas a hacer para "devolvernos la vida y que nos alegremos contigo? ¿Qué vas a hacer para "demostrarnos tu lealtad y darnos tu salvación"?

¡Y lo mejor de todo viene ahora! Porque esta pequeña familia, o comunidad, o como se llame, este pequeño resto miserable de la Iglesia que somos nosotros -o como sea, Señor, "que nos mires desde lo alto"- está formada, ciertamente, por uno que no hace falta que "recobre la esperanza", porque se aferra ha ella tercamente cada día, y otro que "ha perdido la paz", porque cada vez que se la concedes a continuación un nuevo zarpazo de la vida se la arrebata con más fuerza, entonces... ¿Vas a concedernos la paz y la esperanza? ¿Pretendes acaso que intercambiemos los papeles? Porque si "tu salvación está cerca de los que te esperan" una cosa es cierta, si es por fidelidad y por lealtad aquí andamos sobrados, y parodiando esa broma que circula tanto por las redes sociales "y lo sabes"... Sólo esperamos la paz que da la justicia, que se haga justicia sobre nuestras propias vidas, y no justicia humana ¡que de esa andamos sobrados y no precisamente a nuestro favor! Queremos que desde el cielo "nos mires con justicia" y que de una vez por todas tu palabra no sea una promesa, ni un refrán, ni un tintineo constante, ni un moscardón inoportuno que en la oreja molesta. Señor, te lo pido, con esperanza, con la mía, la que no me defrauda aún cuando de ti no recibo nada, porque soy más terco que tú mismo, y tú a mí no me puedes, pruébame, venga, te acepto el pulso, como a JOB, pero sabes que vas a perder, a esperanza y terquedad, contra todo parecer humano, te gano... 

Casualmente, en esta noche que además llueve, "para que la tierra dé su cosecha", esta tierra que es tu tierra, una cosecha que es tuya, como bien dices que eres "el dueño de la mies" (Mateo 9,38), pero pareciera -como en la parábola de los talentos- que los operarios te importamos bien poco, como cuando el señor airado dice al siervo "¿No sabes que soy un señor celoso que recojo dónde no siembro?" (Mateo 25,26), siempre y cuando "tu gloria habite en nuestra tierra"... pero una cosa te digo, Señor, mira que la tierra también se agota, mira que puede quedar yerma, mira que se convierte en terrones resecos e inservibles...

Señor, no te tardes,
Señor, mira que es tiempo de misericordia,
Señor, haznos justicia,
si es que es verdad que
"ante nosotros vas encaminando tus pasos"
Amén

lunes, 15 de febrero de 2016

PEQUEÑO AUTO SACRAMENTAL (en un solo acto) DE LAS CABRAS LOCAS


Un día que estaba medio orando, medio en broma, se me ocurrió el siguiente texto, como me salió una especie de -no me atrevo a ponerle género literario- diálogo, y como he dicho antes estaba medio en broma, medio orando, lo titulé "PEQUEÑO AUTO SACRAMENTAL -en un solo acto- DE LAS CABRAS LOCAS" y como tiene que ver con el Evangelio de hoy (Mateo 25,31-46) es por lo que lo comparto hoy con vosotros.

Narrador.-

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria
acompañado de todos sus ángeles
entonces se sentará en su trono de gloria.

Coro.- 

¡Al que está sentado en el trono, y al Cordero,
alabanza, honor, gloria y poder,
por los siglos de los siglos, Amén!

Cristo (A las ovejas).-

¡Venid, benditas de mi padre,
recibid la herencia del Reino
preparado para vosotras 
desde la creación del mundo!

Ovejas.-

Ya no tenemos, hambre, ni sed, ni nos molesta el bochorno,
porque nos apacienta el que está en el trono,
y nos guía a manantiales de agua viva.

Coro.- 

¡Al que está sentado en el trono, y al Cordero,
alabanza, honor, gloria y poder,
por los siglos de los siglos, Amén!

Cristo (A las cabras).-

¡Apartaos de mí, al fuego eterno,
preparado por el demonio y sus ángeles!

Coro.- 

¡Al que está sentado en el trono, y al Cordero,
alabanza, honor, gloria y poder,
por los siglos de los siglos, Amén!

Narrador.-

Entonces vi un tercer grupo
que se acercaba donde el trono del Cordero,
y el que estaba sentado en el trono preguntaba:

Cristo.-

Esos que vienen por ahí...
¿Quiénes son y de dónde vienen?

Coro.-

¡Señor, tú lo sabes!

Grupo.- 

Somos las que no bailan cuando se canta,
las que no lloran cuando se hace duelo,
somos las ovejas negras, las cabras locas,
somos las flautas rotas, los cantarillos quebrados,
somos los pábilos vacilantes, las cañas cascadas.
¡Señor, y somos tantas que no hay aprisco que nos contenga!
Por eso hemos montado nuestra tienda
en el atrio de tu Santo Templo,
sin atrevernos a venir a tu presencia,
cantamos un canto nuevo
que nadie comprende.
Dinos una cosa, Señor:
Nuestro sitio... ¿Es a tu derecha o izquierda?

Cristo.-

¡Os conozco, andad conmigo, vestidos de blanco,
porque os lo merecéis, no borraré vuestros nombres
del libro de la vida, sino que os declararé por delante
de mi Padre y de mis ángeles!
¡Vosotros, ovejas mías, sois el rebaño humano,
de las periferias de todos los caminos,
los que apacienta mi Padre, vuestro Dios y Buen Pastor!



domingo, 14 de febrero de 2016

DOS MIL AÑOS DE INSULTOS NOS CONTEMPLAN....


Ahora que parece, como denunciaban ayer mismo el Papa FRANCISCO y el patriarca ortodoxo ruso CIRILO, que “está de moda” cierta tendencia preocupante a “amenazar la libertad religiosa (...) limitar los derechos de los cristianos, por no hablar de la discriminación contra ellos, cuando algunas fuerzas políticas, guiadas por la ideología del secularismo que en numerosos casos se vuelve agresivo, tienden a empujarles a los márgenes de la vida pública” y de la que tenemos constancia en gran cantidad de recientes y preocupantes noticias (exposición blasfema y profanadora en NAVARRA, el ataque de las FEMEN a Mons. ROUCO VARELA, el asalto a la capilla de la Universidad de MADRID, pintadas de todo tipo en parroquias y templos católicos, etc, etc...) creo que debemos de tomar un poco de perspectiva y darnos cuenta de que, como advierte la escritura “no sucede nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1,9), que al fin y al cabo, la persecución, hostigamiento y provocación han sido una constante a lo largo de la historia, de no ser así el Señor mismo no nos habría prevenido diciendo: “Dichosos vosotros cuando os injurien, os persigan y os calumnien de todo por mi causa” (Mateo 5,11)

Entonces ante estas provocaciones hemos de hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué podemos hacer nosotros? La respuesta es muy sencilla: Hacer lo mismo que hizo ALEXÁMENOS, que puede que muchos os estéis preguntando quién es éste ALEXÁMENOS, por lo que conviene que os relate su historia.


Partiendo de una antigua casa de alguna familia noble de tiempos de la república, la finca se llamaba “Domus Gelotiana” y que fue adquirida por el emperador CALÍGULA, posteriormente DOMICIANO la incorporó, haciéndole las reformas oportunas, como edificio anexo a las dependencias imperiales palatinas, dándole el uso de un “PAEDAGOGIUM”, lo que entenderíamos hoy como “un internado de estudios”, aunque no se sabe a ciencia cierta si los jóvenes formados en este internado serían hijos de la nobleza  o esclavos, parece que los arqueólogos prefieren considerar que fueran esclavos, ya que los “graffiti” (dicho en vulgo “las pintadas”) que dejaron generaciones de estudiantes en sus paredes se suelen escribir en griego, siendo así que no abundan en latín, es por lo que se suele creer que sería una especie de lugar de formación de esclavos jóvenes para enseñarles a servir en palacio, sobretodo la comida, así como algunos rudimentos de lectura y escritura, ahora sí, en latín. Añadamos ahora que el PAEDAGOGIUM funcionó entre los años 85-95 después de Cristo, con el emperador DOMICIANO. Después se sabe que la construcción fue abandonada y tapiada, como consecuencia de nuevas reformas en el palacio.

En lo que se refiere al contexto religioso nos encontramos ya en una época bastante avanzada de la expansión del cristianismo en el Imperio Romano, tras las persecuciones de NERÓN o CALÍGULA, aunque los autores no se ponen de acuerdo sobre la tolerancia del gobierno de DOMICIANO. DOMICIANO creía firmemente en la religión romana tradicional; dirigió una intensa política con el objeto de resucitar las antiguas costumbres y restablecer la moral romana. Las religiones extranjeras se toleraban en la medida que no interfirieran en el orden público y que pudieran ser asimiladas a la tradicional religión romana de alguna u otra manera. Algunos historiadores sostienen, tomando como fuentes los escritos de EUSEBIO DE CESÁREA, que cristianos y judíos fueron implacablemente perseguidos a finales de su reinado, aunque la tesis mayoritaria señala que no existen pruebas suficientes para hablar de una verdadera opresión religiosa ejercida durante su reinado.  Esto en lo que hace a la historia, ya que algunos estudiosos y exegetas bíblicos consideran que sí debería existir cierta tensión entre los cristianos y el emperador DOMICIANO, de esta manera el Libro del Apocalipsis (cuya fecha de redacción es coetánea a DOMICIANO) se habría escrito como reacción a la intolerancia religiosa del emperador, y para consuelo y esperanza de los cristianos perseguidos, así mientras que el emperador exige ser llamado (y adorado) como “Dominus deusque Domitianus” ("Señor y dios Domiciano"), el Apocalipsis respondería enérgicamente con una afirmación en sentido contrario, minimizando la autoproclamada divinidad de DOMICIANO, diciendo “Egw eimai to A to W, arch kai teloV, legei o KurioV”  es decir “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor”.

Con el anterior contexto volvamos al PAEDAGOGIUM, seguramente algún estudiante sabe que alguno de sus compañeros es cristiano, y no tiene más feliz ocurrencia que dedicarle un “graffiti” ofensivo, en una de las paredes del centro de estudios que comparten, representando a un joven adorando a un burro crucificado (en evidente mofa de Jesucristo, crucificado, no olvidemos que tanto para los griegos como para los romanos un “Dios crucificado” era tan inconcebible como la más disparatada de nuestras ocurrencias, no en vano PABLO ya habría escrito, mucho antes, en torno a la Pascua del año 57 “Nosotros predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles" (1 Corintios 1, 23). Y para no dejar dudas al respecto, además deja “identificado” bien a las claras al destinatario de su burla, señalándole como cristiano, lo que resultaría aún pero –viendo el contexto histórico- diciendo “ALEXAMENOS SEBETE QEON”, es decir “ALEXÁMENOS ADORANDO A SU DIOS”.

Demostrado, como dijimos antes, por la ofensa a las creencias de ALEXÁMENOS, como cristiano (y suponiendo que para él, por aquello de quedar identificado como cristiano no le trayera ulteriores consecuencias negativas), que esto de meterse con los cristianos no es una moda y que nada nuevo reluce bajo el sol, lo que sí estamos en condiciones de responder es la pregunta primera con la que comenzamos ¿cómo responder, estonces a las ofensas? Pues la respuesta es bien sencilla, como hizo ALEXÁMENOS y es que ante las ofensas, los agravios, los insultos y las vejaciones sólo hay una forma de responder: Perseverando, no dejando que nos ninguneen, siendo coherentes, dando la cara... y esto lo sabemos porque el aludido, ALEXÁMENOS, en otra pared del PAEDAGOGIUM dejó escrito, seguramente en respuesta al autor de la infamia primera, otro “graffiti” en el que se lee (esta vez en latín): “ALEXÁMENOS fidelis”, esto es “ALEXÁMENOS fiel”, toda una declaración de principios en toda regla.



Como no podemos argüir si el ser señalado como cristiano le supuso algún tipo de consecuencia negativa a nuestro ALEXÁMENOS, ni si fue perseguido, o ejecutado por ello, no podremos decir que sigamos su ejemplo como mártir, aunque habiendo dado fe “fidelis” de Cristo, y éste crucificado, y éste escándalo, habremos de aprender de él como “confesor” –la categoría de santos que dieron testimonio de Cristo sin llegar a morir por ello, aunque sí torturados, encarcelados, maltratados-, añadamos hoy, mentalmente, al acabar de profesar el Credo, orgullosos nuestra propia reafirmación como “confesores” en estos tiempos que corren, y digamos “Juan fidelis”, “María fidelis”, “Pedro fidelis”, “Clara fidelis”... en fin, cada uno su nombre, diciendo “Yo fiel, constante, perseverante, coherente”...