martes, 31 de mayo de 2016

LA VISITACIÓN DE MARÍA A ISABEL
AIN-KAREM, EL LUGAR DEL SERVICIO


Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez,
y éste es ya el sexto mes de la que decían que era estéril,
porque no hay nada imposible para Dios.

(Lc 1, 36-37)

MARÍA se entera de que su prima ISABEL está embarazada, y como sabe que es una mujer mayor resuelve ir presurosa a su casa para ayudarle con las tareas propias de una mujer de aquella época, que no eran pocas, para que no estuviese sola los últimos meses de su embarazo (Lucas 1, 39-45). Supo olvidarse de sí misma, que también estaba ya embarazada, y le faltó tiempo para acudir en ayuda de quién la necesitaba.  Solemos quejarnos cuando estamos enfermos, o solos, o deprimidos, de que el Señor la ha tomado con nosotros, que no merecemos su favor, que nos ha abandonado.... pero lo que más nos duele es la soledad con la que solemos enfrentar los malos momentos... El Señor no tiene la culpa de que seamos tan dejados, tan descastados, tan insensibles con las necesidades, la soledad o el sufrimiento de nuestros hermanos...

Cuando visité TIERRA SANTA, hace ya cinco años, por aquél entonces, una compañera de mi trabajo se había quedado embarazada, ya tenía un hijo de nueve años peroquerían tener más hijos, aunque hasta ahora ha tenido ya dos abortos naturales espontáneos… después del temor inicial una sorpresa: ¡Estaba embarazada de gemelos! con lo que, dados los antecedentes, se incrementaba aún mas su temor y su miedo…  Yo le prometí que en el lugar de la Visitación de la Virgen, en el lugar del abrazo de las dos primas, embarazadas ambas, oraría por ella y por los gemelos poniendo mis manos sobre el seno de ambas mujeres… Como gesto, luego me quedé un poco rezagado, ante el Sagrario de la Iglesia de la Casa de ISABEL y ore un ratito por esa misma intención, encendiendo dos velas con la misma idea…

De esta forma me he sentido, por un momento, como la Virgen, en camino por una necesidad de uno de mis hermanos y, de hecho, era una de las etapas que más me motivaban de todas las que íbamos a hacer en nuestra peregrinación por TIERRA SANTA, tantos kilómetros –al igual que MARÍA, que tuvo que recorrer, y embarazada, sea a pie o en borriquillo la distancia de 150 kilómetros que hay entre NAZARET y AIN-KAREM- para poner mi pobre camino, mi pobre oración, al servicio de otra embarazada… Cualquier visita de la peregrinación que, por aquello de los cambios de última hora, se hubiese suspendido, me habría dado igual, pero esa visita a AIN-KAREM era para mí una necesidad y una exigencia.

Poco después, otra compañera de trabajo, me buscó un día y me dijo (su caso era diferente pues había intentado tener hijos en numerosas ocasiones sin conseguirlo, y ahora se llevaba la sorpresa de que ¡estaba embarazada!) lo siguiente: "Ya que has tenido tan buena mano orando por los gemelos, reza también por mi, que por fin voy a ser madre"... Os diré que el niño nació perfectamente bien, pero hete aquí la sorpresa que, apenas dos meses después de nacer su primer hijo ¡estaba embarazada otra vez!, me acuerdo perfectamente que -con ese sentido del humor que me caracteriza- cuando me lo contaba para que orara de nuevo, le dije dos cosas: La primera fue "¿Es que tu abuela no te ha contado esa cosa de guardar la cuarentena?" (la personas mayores seguro que me entienden), y la segunda fue "¿Cómo queréis que haya paz en el mundo si cada vez que me pongo a orar se queda otra embarazada? ¡Me váis a convertir en experto en traer niños al mundo, aunque sea a fuera de orar!"...

Y todos sabéis el drama que atraviesa otro joven compañero de trabajo mío y su mujer, embarazada ya de ocho meses, al que los médicos han recomendado "abortar" (lo he comprobado, según la legislación vigente se puede hacer sin plazo si se certifica que el niño es inviable al cien por cien) "porque parece -no veo aquí la nota de certeza que marca la ley- que los riñones del niño no funcionan, y vivirá poco tras nacer" (quien quiera saber la historia completa que pinche en el siguiente enlace), motivo por el que sé y me consta, que sintiéndome yo esta vez abrumado por la carga de la oración y la intercesión, son muchos los que oran por este niño y por sus padres, y sobretodo para que adopten la decisión de acoger la vida, por efímera que sea, pues es de Dios, en vez de tomar la decisión fácil de los médicos, que como todos intuimos, marcará a esa joven pareja de por vida.... Me consta que @cuartapobreza ha puesto a orar a todas, y cuando digo todas, digo todas, las comunidades de vida religiosa contemplativa y de clausura de GRANADA, que se reza por ellos y se celebra la Eucaristía desde PALENCIA, desde las Concepcionistas de GUADALAJARA, y tantos en las redes sociales que se han unido a la oración por esta necesidad... a todos, gracias, pues como dice la Escritura "Éste es el que ama mucho a su pueblo, el que ora por sus hermanos y por la ciudad Santa de Jerusalén" (2 Macabeos 15,14) este es el lema de los intercesores "orar, porque amamos a nuestros hermanos"

Y está mal que lo diga yo, como andaluz que soy, pero no está mal que, de vez en cuando, bajemos a MARÍA del trono, despojarla de los oros y las platas, de los vestidos lujosos, de los oropeles y las parafernalias con que la adornamos, como hijos que la aman exageradamente, y nos quedemos con María, mujer, madre y esposa, atenta, delicada y servicial, llena del Espíritu Santo, y si aún así no eres capaz de verla, siéntate en un sillón y contempla a tu propia madre, mientras cose, lava, plancha, hace croché, guisa, ora o va a misa… contempla sus arrugas, su vejez, su corazón que no deja de latir, padecer y sentir por ti, y di para tus adentros:


Esta es mi madre, esta es mi MARÍA, porque nadie hay en la historia que viva más en el Espíritu, que suspire por los problemas de la vida, alzando los ojos inconscientemente al cielo, presentando al Señor una y otra vez a los suyos, aunque no lo manifieste, que una madre.

sábado, 28 de mayo de 2016

CORPUS CHRISTI
UNA SOLA FE, UN SOLO SEÑOR


En GRANADA celebramos el jueves el CORPUS CHRISTI, privilegio que tenemos junto con TOLEDO y SEVILLA, desde que esta fiesta fue trasladada litúrgicamente al Domingo, así que muchos de nuestros lectores, por ende, celebrarán esta fiesta litúrgica, mañana Domingo, como corresponde. 


Es día de procesiones, de custodias, de tronos, de niños vestidos de primera comunión, de sacar y lucir las mejores galas, es verdad, como siempre, diremos que “para el Señor, todo es poco”, al fin y al cabo no se trata de una procesión cualquiera, porque no sale a la calle una imagen de Cristo, o de la Virgen, o de algún santo, que no dejan de ser “hechura humana, tallados con el cincel y la habilidad del artesano” (Cfr. Carta de Jeremías 1,45), porque el el Señor mismo, real, vivo y presente, el que sale a nuestras calles, nunca nos cansaremos de decirlo, por mucho que a muchos ofenda (especialmente a los cofrades de “tela y palo” que son capaces de movilizar toda una cofradía porque “van a mover la imagen titular de tal Iglesia a tal otra” y sin embargo luego brillan por su ausencia en las Adoraciones Eucarísticas, en la Hora Santa del Jueves Santo, en la procesión del Corpus... A los de “tela y palo” no los busquéis a los pies de un sagrario, raramente los encontraréis).

¿Cabe algo más frágil y anodino que la humilde presencia eucarística de Nuestro Señor? Y de la misma manera ¿hay algo más frágil que nuestro propio cuerpo? por eso el otro día en las redes sociales compartí esta terrible imagen del VÍA CRUCIS existente en JASNA GORA (POLONIA), en el que se adivina algo de lo que quiero decir, “me has dado, Señor, un cuerpo para hacer tu voluntad” dice la Escritura en labios del propio Cristo por mano de San PABLO (Hebreos 10,5-7). No olvidemos, en este día, que esa misma fragilidad de la presencia Eucarística que esconde al Señor, es la misma fragilidad del refugiado, del sin techo, del pobre, del mendigo, del torturado, del preso, del asesinado... en suma de todo aquello que “sin parecer humano” (Isaías 52,14) esconde de la misma manera a Nuestro Señor, como dice San JUAN “quien diga que ama a Dios a quien no ve, y no ama a su hermano, al que ve, es un mentiroso” (1 Juan 4,20)), no lo olvidemos tampoco al ver pasar al Señor delante nuestra en la procesión eucarística del Corpus Christi, o nuestra reverencia y respeto sonarán a falsete.

Finalmente, “este es mi cuerpo, esta es mi sangre” (Mateo 26,26.28), es la fe que confesamos, la presencia del Señor en la Eucaristía, como dice San Pablo “el cáliz que bendecimos ¿no es la comunión de la sangre de Cristo?, el pan que partimos ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?” (1 Corintios 10,16), y como sabéis que me encanta la arqueología bíblica, y rastrear el tesoro de nuestra fe y sus raíces históricas, hoy quiero compartir un texto eucarístico, encontrado en las ruinas de una “Domus Ecclesiae” (es decir de una iglesia doméstica, pues durante las persecuciones y los tiempos, más o menos intermitentes, de tolerancia, las primeras comunidades cristianas se reunían en casas particulares, que poco a poco perdían esta función y se convertían en Iglesias) en la ciudad de DURA EUROPOS (en la actual SIRIA, a medio camino entre ALEPO y BAGDAD), como comprenderéis una zona muy sensible, en manos actualmente del ejército islámico integrista, por lo que este testimonio eucarístico, de los primeros cristianos de esta localidad, allá por el año 230 DC, adquiere mayor valor, pues nos une “en un solo bautismo, una sola fe, un solo Señor” (Efesios 4,5) a los cristianos de todos los tiempos, especialmente, a los de aquella zona, hoy perseguidos.


En dicha ciudad había una importante comunidad judía, como atestigua también los restos de la sinagoga existente, de esta comunidad judía, hemos de entender pronto se escindió una incipiente comunidad cristiana, por efecto de alguna misión, o alguna evangelización de la zona, por tantos de los misioneros itinerantes que había por aquella época, al estilo de San PABLO, pronto la comunidad creció como para celebrar y enseñar desde una de estas “Domus Ecclesiae” de la que se han conservado sus restos, se observa que habría un espacio celebrativo, la estancia más grande, por razones evidentes, mientras que el resto de estancias podrían ser lugar de reunión, enseñanza y catequesis de los catecúmenos.


Y entre las ruinas de dicha “Domus Ecclesiae” los arquólogos encontraron restos escritos también, textos litúrgicos y oraciones, entre los que llaman la atención el denominado “Papiro D.PG 25”, en el que se encuentra una oración eucarística, que además no está escrita en griego, la lengua de cultura y evangelización de las primeras comunidades cristianas, sino que se encuentra escrita en hebreo, demostrando el estado incipiente de dicha comunidad cristiana, que aún no había roto del todo con el judaismo oficial, usando el hebreo también con fines litúrgicos.

El texto es el siguiente:


Cuya traducción, más o menos podría ser:

Bendito seas, Señor, Rey del universo, que has creado todas las cosas, comida repartida, bebida distribuida, para todos los hijos de la carne, para que se satisfagan, concediéndonos a nosotros, los seres humanos, el participar de los alimentos de las miríadas de su cuerpo angelical. Por todo ello tenemos que bendecirte con canciones en medio de la asamblea.

Así que hoy, fiesta del CORPUS CHRISTI, alabemos y bendigamos al Señor, presente en la Eucaristía, con cantos en medio de la asamblea, y hagamoslo sabiéndonos profundamente unidos en esta confesión de fe a nuestros hermanos mayores en la fe, todas las generaciones que nos precedieron, y seamos capaces de vivir con orgullo y coherencia la fe por la que, muchos otros, para nuestra vergüenza y estímulo, están muriendo y entregando su vida.

miércoles, 25 de mayo de 2016

OCTAVARIO CORPUS CHRISTI
DÍA OCTAVO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

"Aquel día al atardecer les dijo: "Pasemos a la otra orilla". Ellos despidieron a la gente y lo recogieron en la barca tal como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un viento huracanado, las olas rompían contra la barca que estaba a punto de anegarse. Él dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: "Maestro, ¿no te importa que naufraguemos?" Se levantó, increpó al viento y ordenó al lago: "¡Calla, enmudece!" El viento cesó y sobrevino una gran calma. Y les dijo: "¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?" Llenos de miedo se decían unos a otros: "¿Quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?" (Marcos 4, 35-40)

Nos muestra el Evangelio como, seguramente, el Señor, cansado de las caminatas y de sus predicaciones, y de atender a la gente, se quedó dormido en la barca, nada más subir. Al poco, se levanta una tormenta y los discípulos se ponen bastante nerviosos, ellos hacen lo que pueden, al fin y al cabo los cambios de humor del lago de GENNESARET son conocidos por pescadores expertos como ANDRÉS o PEDRO, pero llega un momento en que parece que la tormenta amenaza seriamente la barca, y allí sigue el Señor, profundamente dormido. Y, de repente, los apóstoles caen en la cuenta de que allí mismo, a su lado, aunque dormido, aunque aparentemente ausente, tienen al Señor: "Señor, ¡Sálvanos que perecemos!" Entonces el Señor se despierta, calma la tormenta y les dice "¡Hombres de poca fe!"

Reflexión

Pareciera que todos los pasajes del Evangelio se repitieran una y otra vez en la historia, concretamente en nuestra historia, en nuestra vida, siempre habrá alguno de ellos, por más conocido o léido o escuchado que nos sea, que nos tocará más el corazón en un momento dado. Cuantas veces en nuestra vida, agobiados por las preocupaciones, o las tormentas de nuestra vida, no habremos caído en la cuenta de que el Señor, en efecto "lo tenemos a nuestro mismo lado" Y nos cuesta acudir a él llenos de fe. Aceptamos y creemos que está en la Eucaristía, pero nos queda a veces como una verdad teórica, que no influye en nuestra vida, como los apóstoles, este Señor-Eucaristía, aparentemente dormido, aparentemente ausente, no nos da seguridad.

Auméntanos Señor, la fe. Que sepamos que te tenemos siempre de nuestro lado. Que recurramos a ti espontáneamente. Que acudamos a ti como nuestro refugio y nuestra fortaleza, que seas "nuestro paño de lágrimas", nuestro Dios cercano, nuestro amigo, nuestro maestro, nuestra seguridad. Gracias.

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

martes, 24 de mayo de 2016

OCTAVARIO CORPUS CHRISTI
DÍA SÉPTIMO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

"Danos hoy nuestro pan de cada día" (Mateo 6,11)

Imagínate un viaje que has de hacer, como en todos los viajes debe de haber un camino, un itinerario. Pero resulta que este camino no es de asfalto, ni de hierba, ni de tierra, ni de piedras.... es un camino de tiempo. No andamos metros sino que andamos tiempo. Al cabo de llevar un rato haciendo este camino no encontrarás indicativos con los kilómetros recorridos, sino que encontrarás indicativos de días, meses, años... Pues eso mismo es la vida, estamos de camino, estamos de viaje.

La vida es un viaje... ¿Pero a dónde se viaja? A la otra vida en la que ya no hay tiempo y en el que la vida ya es para siempre. Los creyentes sabemos que vamos hacia Cristo.

La Iglesia nos enseña que la Eucaristía es el "panis viatorum", el pan de los que viajan. En este camino tan largo hacia el cielo tenemos el alimento que nos sustenta, la Eucaristía.

Los ciclistas, dado lo extenuante de su camino, tienen a lo largo del recorrido determinados puntos establecidos que se llaman de avituallamiento, donde les dan comida o frutos secos, o agua o refrescos, para poder continuar. Si no lo hacen así les puede dar una fatiga, la célebre "pájara" de los ciclistas. Así, los creyentes, en este camino de la vida, para poder amar, trabajar, servir, perdonar, mantener la esperanza... tenemos en la Eucaristía nuestro alimento, en los Sagrarios, nuestros puntos de avituallamiento.

Reflexión


TERESA DE CALCUTA decía que el trabajo realizado por las MISIONERAS DE LA CARIDAD es muy duro, todo el día entre los más pobres de los pobres, entre moribundos, leprosos, abandonados, mendigos... Cuando les preguntan cómo pueden aguantar, física, y psíquicamente, el dolor de trabajar en esas condiciones de miseria humana, responden que con la fuerza que, cada mañana, les de la Adoración Eucaristíca, la celebración de la Eucaristía y la comunión. "Si no fuese por la Adoración no podríamos seguir".

Jesús, estoy de viaje hacia el cielo, llevo ya años, no sé cuántos años de camino me quedan, esto es cierto. Pero tú eres mi alimento. Procuraré comulgar frecuentemente para tener fuerzas para llegar a la vida eterna, para seguir caminando con paso firme y decidido. Y si alguna vez me da una "pájara"... sé a lo que es debido y sé de la misma manera lo que tengo que hacer. Gracias, Señor, porque eres mi Dios, porque te has hecho mi pan, mi pan del alma. Gracias.

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

lunes, 23 de mayo de 2016

OCTAVARIO CORPUS CHRISTI
DIA SEXTO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

SENTIRSE AMADO

En el MONASTERIO DE LEYRE se cuenta la piadosa historia del abad VIRILA, un religioso y santo nacido en TIERMAS (ZARAGOZA) en el año 870 y (dejando al margen la leyenda), debió morir en el mismo Monasterio en el año 950.

La leyenda nos cuenta que cierto día primaveral, el abad VIRILA decidió dar un paseo por los bosques cercanos al monasterio, mientras meditaba sobre el gozo de la eternidad. En ello, un ruiseñor le distrajo hacia una fuente donde se quedó dormido. Al despertar, encontró el camino de vuelta al monasterio tras una larga búsqueda, pero quedó contrariado al ver que el tamaño de la iglesia y otras dependencias era mucho mayor a las que él había abandonado esa tarde. Cuando entró en él, nadie supo reconocerlo ni él pudo identificar a ninguno de los monjes que ahora ocupaban LEYRE, así que decidieron buscar en el archivo del cenobio y descubrieron que se trataba del abad VIRILA, desaparecido en el bosque trescientos años antes.

Esta narración está cargada con una moraleja religiosa: "Si el canto de un simple ave puede entretener durante tres siglos a un hombre, ¿qué no puede hacer la luz divina del Salvador?" Finalmente, el ruiseñor entró a la abadía con un anillo en el pico. El ruiseñor colocó el anillo en el dedo de San VIRILA y éste volvió a ser abad.

De la misma forma en que trescientos años en la presencia estática del Señor no son nada, o a VIRILA no se lo parecieron, lo mismo parece que es la historia de la Iglesia en presencia del Señor Eucaristía en el Sagrario. Es la eterna espera de Dios que ama a los hombres, que se nos hace el encontradizo a cada momento, y que tiene una paciencia, de años, de siglos... ¡Siglos esperando! Se dice pronto... Por eso es importante que también nos sintamos amados cuando nos encontramos en presencia de Jesús Sacramentado. ¡Qué bien se está junto al Sagrario cuando nos sabemos amados, y cuando además sabemos que estábamos siendo esperados! MARÍA EMILIA RIQUELME y ZAYAS, religiosa fundadora de GRANADA, de una comunidad religiosa de Misioneras y de Adoración, solía decir, a este respecto: "La adoración es mi recreo espiritual, mi gozo, mi cachito de cielo", porque en el Sagrario podemos sentirnos escuchados, consolados, amados, entendidos, comprendidos, en cercanía e intimidad, de la misma forma que los amigos de Jesús, en esas charlas interminables de buenos amigos, MARTA, MARÍA y LÁZARO.

"No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisen con sus patas, y volviéndose os despedacen" (Mateo 7,6)

La Iglesia ha aplicado siempre estas palabras del Señor a los sacramentos, especialmente al de la Eucaristía, para que recibamos todos ellos de forma digna, bien preparados. Para comulgar, evidentemente, hace falta estar bautizado, saber y querer lo que se hace, y como mínimo, entender la diferencia entre el pan normal y la presencia del Señor en la Eucaristía, si cumplimos estas condiciones podremos recibir dignamente y con fruto la comunión.

Reflexión


Ha dicho el Papa FRANCISCO "La Eucaristía no es el premio de los perfectos, sino remedio de los pecadores" y aunque ciertamente no debemos comulgar en pecado mortal, no menos cierto es que te prives tontamente del Santo Misterio por dudas de conciencia, más o menos infundadas, sobre las faltas veniales, sobre esas imperfecciones nuestras, pequeñas, aunque molestas, del día a día, si fuéramos siempre tan escrupulosos ¿Acaso alguien se atrevería a comulgar? Santa TERESA de JESÚS de ÁVILA nos dice "Si de verdad comprendiéramos lo que es comulgar nos sentiríamos ricas, figuráos cuanto más cuantas más veces comulgáramos, pero luego pienso que como comulgamos con tan poco sentimiento, es por lo que luego nos luce tan poco".

Yo quiero Señor, acudir frecuentemente a ti en el Sagrario, sea físicamente o de intención, con el corazón, para sentirme seguro, pero también para sentirme amado, y de esta forma poder amar yo también. Yo quisiera Señor recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y la devoción de todos los santos.


Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

domingo, 22 de mayo de 2016

OCTAVARIO CORPUS CHRISTI
DÍA QUINTO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

Sin mí, no podéis nada.  (Juan 15,5)

Un famoso arquitecto protestante fue a ver una iglesia católica recién edificada, interesado por su valor artístico. Dado que el párroco no estaba en casa, fue el monaguillo el que le hizo de guía en su improvisada visita. Al pasar por delante del altar el muchacho hizo la correspondiente genuflexión ante el Sagrario, donde estaba reservado el Santísimo Sacramento.

- ¿Por qué has hecho eso?

Y el muchacho expuso, desde sus luces y su parvo conocimiento, como pudo, la doctrina sobre la presencia real y verdadera de Jesucristo en la Eucaristía.

- ¿Entonces, tú crees que Dios está real y verdaderamente presente en el Sagrario?

La respuesta del muchacho, evidentemente, fue afirmativa.

- ¡Caramba -exclamó el arquitecto- si yo creyera que eso es verdad, andaría de rodillas por toda la Iglesia!

Por supuesto que no vamos a andar de rodillas por toda la iglesia, pero sí podemos darnos más cuenta de quien vive en ella, porque en ella se encuentra verdadera y realmente la presencia real de nuestro Dios... ¡Ni más, ni menos!

Reflexión

Que cuando entremos en una iglesia nuestra primera mirada sea al Sagrario. Que nuestras primeras palabras sean para Él. Que cada vez que pasemos ante el Sagrario hagamos una genuflexión bien hecha, no un simple paripé, de rodillas en el suelo, con la mirada devota puesta sobre el Sagrario. Que nos movamos por la Iglesia con respeto.

Porque en ella habita Dios. No hablemos en voz alta, no nos distraigamos, no nos sentemos directamente en el banco, pues sería descortés no saludar al dueño de la casa, pongámonos un momento de rodillas en oración.

Porque en ella habita Dios. Cuidemos la forma de vestir, la forma de colocar las flores y el ornato, colaboremos para que el edificio se mantenga de forma noble y digna, que haya belleza, que haya arte...

¿Cómo estamos en la Iglesia? ¿Tratamos a Dios con reverencia? ¿O estamos en la Iglesia como quien está en cualquier otro lugar?

Sin ti, Señor, nada puedo, pero te tenemos tan cerca, tan siempre a nuestro alcance... Siempre que algo me preocupe o me alegre que tenga la necesidad de acudir, donde ti, a compartirlo contigo. Y en el Sagrario, los dos solos, hablar de esos temas contigo, así podré preguntarte, contarte, pedirte, llorarte, reirte, agradecerte... Que MARÍA y San JOSÉ que tanta preocupación tuvieron en cuidar al Señor me enseñen a cuidarte yo a ti en el Sagrario, que ellos me lleven a él.

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

sábado, 21 de mayo de 2016

OCTAVARIO CORPUS CHRISTI
DÍA CUARTO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

Los judíos se pusieron a discutir: ¿Cómo puede éste darnos de comer su carne? Les contestó Jesús: Os aseguro que si no coméis la carne y bebéis la sangre de este Hombre, no tendréis vida en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.  (Juan 6, 52-54)


Al célebre escritor británico, C. S. LEWIS se le murió su mujer HELLEN, de la que estaba profundamente enamorado. Sus primeros días y semanas como viudo son tremendamente duros para él: Soledad, vacío, impotencia, recuerdos, amor y fe... ¡Cuánto echa de menos a su mujer!  Y descubre que, ahora, a su mujer sólo la tiene en imágenes, en las imágenes de las fotografías que conserva por la casa, o las que guarda en su recuerdo. Pero esas imágenes "no son HELLEN" Las fotos y los recuerdos consuelan poco, porque él lo que necesita es a su mujer, HELLEN, no imágenes de ella... esas imágenes, fotos y recuerdos no tienen valor alguno...

Este pensamiento le lleva a pensar en la Eucaristía, escribirá -tiempo después- cómo al comulgar el sacerdote le dará una hostia fría, insípida, redonda e insignificante, entonces cae en la cuenta de que puede ser tanto una desventaja, o una ventaja, según se mire, que aquella hostia realmente tampoco se parezca en nada a lo que realmente es, y une este sentimiento al de su esposa ausente y afirma "Necesito a Jesucristo, no a nada que se le parezca, lo mismo que quiero a HELLEN y no a nada que se le parezca".

Tenemos al Señor en el sagrario, aunque no lo parezca. Lo que tiene importancia es que se trata del mismo Señor, del mismo Cristo, lo de menos es que se le parezca o no.

Reflexión

Santa TERESA, en este mismo sentido, afirmaba  que es una gran ventaja que la hostia no se pareciera a Jesucristo en toda su grandeza: 

"Además, si le viéramos en verdad... ¿Cómo podría una pecadorcilla como yo osar si quiera sostenerle la mirada o estarse en su presencia?" 

Y pese a todo confiesa que al ir a comulgar, a veces, se le erizaba el pelo y creía que iba a ser aniquilada. ¡Quién se atrevería, si le viéramos en toda su majestad, acercarse a él de forma tan tibia, tan rutinaria, tan imperfecta! 

Y recemos: "¡Oh, Señor mío, si no estuviera velada vuestra grandeza ¿Quién cómo yo para acercarse a ti!"

Jesús, es a ti, a quien necesito, y eres tú quién está en el sagrario. No me importa que no se parezca en nada a tu persona, casi mejor que así sea, así creo, pero quiero creer mucho más, que me dé cuenta, que me haga consciente, de que estás vivo, real y presente, en el sagrario, esperándome, escuchándome, consolándome, orientándome.... todo ello en el sagrario, y gracias.

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

viernes, 20 de mayo de 2016

OCTAVARIO CORPUS CHRISTI
DÍA TERCERO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que me envió vive y yo vivo por él, así quien me come vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo y no es como el que comieron vuestros padres, y murieron. Quien come este pan vivirá siempre. Esto dijo enseñando en la sinagoga de Cafarnaún. Muchos de los discípulos que lo oyeron comentaban: Este discurso es bien duro: ¿quién podrá escucharlo? Jesús, conociendo por dentro que los discípulos murmuraban, les dijo: ¿Esto os escandaliza? ¿Qué será cuando veáis a este Hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen -desde el comienzo sabía Jesús quiénes no creían y quién lo iba a traicionar. Y añadió: Por eso os he dicho que nadie puede acudir a mí si el Padre no se lo concede.  (Juan 6,56-65)


"Oiga, que no tengo fe" - Le decía preocupado un chaval a un sacerdote. Al preguntarle por la causa le contestó "Porque cuando me pongo delante del sagrario no siento nada y no acabo de ver ahí a Jesucristo".

No. No, esa no es la fe. La fe no es sentir, sino ¡ASENTIR! ¡Afirmar con la cabeza que crees eso! La fe es un regalo de Dios por el que yo afirmo con mi cabeza (aunque no lo vea o no lo entienda) que lo que él dice es verdad ¿Y cómo voy a dudar de él si todo lo que ha hecho es obra suya?

"La presencia  de Jesús en la eucaristía bajo dimensiones tan pequeñas y en tantos lugares a la vez parece plantear dos dificultades ¿Cómo puede un cuerpo humano estar presente en un fragmento tan pequeño? ¿Y cómo podría estar un cuerpo humano en varios sitios a la vez? Estas contradicciones, para qué vamos a negarlo, se resuelven de un plumazo con la ayuda de la fe: Es posible porque para Dios nada hay imposible, si él mismo estableció las leyes de la física y de la naturaleza, y del orden creado, de la misma manera puede suspender dichas leyes si es que le conviene, ya que ello no le cuesta esfuerzo a su todo poder" (JESÚS MARTÍNEZ, "Hablar de Dios")

Reflexión

Si has hecho el CAMINO DE SANTIAGO a pie, o en bicicleta, cuando se abandona la provincia de LEÓN y se sube el puerto de POIO, se pasa por la Capilla de CEBREIRO, donde una tradición muy fuerte, corroborada por muchas fuentes históricas, arqueológicas y populares sostiene lo que sigue:

Un monje celebraba la Eucaristía en la capilla, un día muy desapacible de frío, viento y lluvia. Y hete aquí que un pobre campesino del pueblo de BAXAMAIOR, al pie de la montaña, había hecho bajo esas condiciones climáticas el camino para poder asistir a la Eucaristía. El monje, que celebraba casi rutinariamente, viendo el sacrificio del pobre campesino, tuvo un momento de desprecio y pensó para sí "¡Qué exagerado, con el tiempo que hace, más le valiera no haber venido!" En ese momento, en la consagración la hostia de pan se convirtió en carne real, caliente y palpitante, mientras el vino del cáliz hizo lo propio en sangre que bullía con tanta fuerza que manchó los corporales.

Dame, Señor, una fe grande. Yo quisiera comulgar con frecuencia y cariño para que tú estuvieras en mí y yo en ti. Tú, Señor, dame una fe más grande, para que me convenza de que cualquier sacrificio es poco para poder estar contigo físicamente, junto al sagrario, o en el momento de la celebración eucaristíca. Quiero visitarte todos los días un momento. Y cuando pase junto a una Iglesia, al menos que te salude desde fuera, si es que no puedo entrar, diciéndote "¡hola!" desde lo más profundo y sincero de mi corazón, que mi ángel de la guarda se encargue, en todo caso, de recordármelo, cuando pase por delante de una Iglesia.

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

jueves, 19 de mayo de 2016

OCTAVARIO CORPUS CHRISTI
DÍA SEGUNDO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

Mientras cenaban, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo: "Tomad y comed, esto es mi cuerpo" Tomando la copa, pronunció la acción de gracias y se la dio diciendo: "Bebed todos de ella, porque ésta es mi sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados".  (Mateo 26,26-28)


San JUAN BOSCO tenía, como se sabe, una profunda devoción a MARÍA AUXILIADORA. El día de su fiesta organizó con toda ilusión y mucho esfuerzo la Eucaristía para todos los chavales a los que enseñaba. La Iglesia estaba llena de ellos: Unos seiscientos, que iban a comulgar. Había preparado para ello un gran copón con las formas precisas a tal número de asistentes. Pero el sacristán se olvidó de llevarlo al altar. Habiendo pasado ya el momento de la consagración es cuando se percata del olvido. Ahora la distracción ya no tiene remedio ¿Qué va a ocurrir ahora, Señor? ¿Qué desilusión va a haber entre todos los asistentes que empiezan a llenar ya los pasillo del comulgatorio? Porque, evidentemente, ninguno de los presentes sabe lo que está sucediendo. De hecho, San JUAN BOSCO tampoco lo sabe, aunque está a punto de darse cuenta al abrir el sagrario y comprobar, que, en efecto, la reserva es escasa para tanta afluencia de gente. en seguida comprende el terrible olvido de su sacristán, mientras se dirige a dar la comunión, y mentalmente dirige su súplica a la virgen:

- Señora ¿Vas a dejar que tus hijos vuelvan a casa sin comulgar?

toma el pequeño copón de la reserva y comienza a dar la comunión, y aquellas escasas hostias parecen no llegar nunca al fondo del copón... El sacristán, sorprendido, no hace nada más que frotarse los ojos, no dando crédito a lo que está viendo, pese a su olvido. Al terminar la eucaristía, mientras ayudaba a San JUAN BOSCO a desvestirse en la sacristía, con el célebre copón olvidado sobre la credencia, le dice:

- ¿Cómo a podido dar la comunión a tantísima gente sólo con la reserva? ¡Ha sido un milagro! ¡Es un milagro que ha hecho usted, Don BOSCO! 

- ¡Bah! - le dice San JUAN BOSCO con indiferencia. Aparte del milagro de la transustanciación que obra el sacerdote en la eucaristía, aquí no ha habido milagro ninguno, y en todo caso ¡sería cosa de la virgen!

Reflexión

Es verdad, el milagro que ocurre cada día en la consagración es mucho más grande que el de la multiplicación de los panes y los peces... el Señor no nos dejó lugar a dudas: "Este es mi cuerpo", porque esto que sigue pareciendo pan, ya no es pan, es mi cuerpo.

La transustanciación es el milagro que ocurre en la consagración: El pan deja de ser pan aunque siga pareciendo pan; sólo cambia la sustancia, dicho sencillamente, lo que se ve y lo que no se ve.

¿Y cómo puede el sacerdote hacer diariamente este milagro? Porque el Señor mandó a los apóstoles "Haced esto en memoria mía" y como el Señor no puede mandarnos nada imposible, es que los apóstoles primero, y luego sus sucesores, pueden hacer esto mismo, cambiar el pan en su cuerpo y el vino en su sangre.

Creo, Señor, pero ayúdame a creer más. Quiero asistir a la eucaristía más frecuentemente, quizás sea el propósito que me haga hoy, con una fe más grande. Concédemela tú, que yo sólo por mies medios nada puedo, aunque sean mis buenos propósitos. Y que sepas que me duelo de las veces que he acudido a misa de forma indolente, por compromiso, distraidamente, con rutina... y sobretodo, ¡hasta con falta de cariño! Por todo ello, te pido perdón ahora.

(Se puede hacer el compromiso sincero de adorar, cierta y realmente, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, cuando el sacerdote los eleva, a la contemplación de todos, durante la consagración, y decid esas palabras, que recitan algunas personas mayores, en ese preciso momento, recordando la profesión de fe del apóstol TOMÁS: "¡Señor mío y Dios mío!")

Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.

miércoles, 18 de mayo de 2016

OCTAVARIO CORPUS CHRISTI
DÍA PRIMERO


ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en ti, te adoro, te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: Sin ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mi; para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya...

Y quiero sentirme amado por ti, que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado... Hazme tú ese regalo, especialmente estos días y siempre que te reciba.

"Este es mi cuerpo" (Mateo 26,26)


Un día de verano, mientras celebraba misa un padre agustino, una mosca revoloteaba alrededor del cáliz, que estaba sin cubrir. Aunque el sacerdote alejaba la mosca con la mano, ésta vuelve una y otra vez hacia el cáliz, apoyándose, de vez en cuando, incluso en el borde. La mosca es tan insistente que al final acaba por distraer a todos. Cuando termina la misa el sacerdote se dirige a los presentes: "Quizás os hayáis distraído, pero yo pensaba que todos deberíamos hacer como esta mosca, buscar la cercanía de la Sangre del Señor, una y otra vez, con la misma perseverancia".

Pidamos al Señor durante estos días ser como esa mosca: Revolotear a su alrededor. Y aunque las actividades del día nos alejen físicamente de su presencia, que nos ayude a elevar la mirada por encima de los muchos sagrarios que hay en nuestras ciudades. ¡Búscale! ¡Búscale muchas veces en el sagrario durante estos días!

Reflexión

Gracias, Dios mío, por amarme tanto, aunque bien mirado es lógico que así sea ya que soy tu hijo... Pero... ¡qué hayas hecho la locura de hacerte pan! ¿Y cómo te tratamos los hombres? ¿Cómo trato yo? Durante estos ocho días voy a procurar tratarte bien, en serio... Señor, quiero visitarte más, adorarte más, y perdona si hasta ahora no te he hecho el caso que debería...

Si se quiere se puede, sacar estos días un tiempo para hacer una visita al Sagrario, si lo conviertes en una actividad reglada del día, a una hora o un momento determinado, quizás después de estos ocho días lo conviertas en un hábito saludable, el más grande de tu día a día.

Y que no se te olvide ¡no vaya a ser! acompañarle en la procesión el día del CORPUS CHRISTI.


Oración final 
(Enseñada por el ángel a los pastorcillos de FÁTIMA)

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.

Amén.

NOTA.- Estas pequeñas reflexiones están tomadas del Octavario, del mismo nombre, de "Hablar con Jesús", de JOSÉ PEDRO MANGLANO CASTELLANY, de Ediciones DESCLEÉ de BROUWER.