domingo, 31 de julio de 2016

CARTA PASTORAL DEL OBISPO DE ASÍS


Queridos hermanos y hermanas,

¡La paz y la misericordia a todos vosotros en el Señor Jesús!

1. La Providencia siempre nos acompaña y nos sorprende. ¿Quién podría haber adivinado que, en el Octavo Centenario del Perdón de ASÍS, tendríamos un Papa de nombre FRANCISCO? ¿Y qué además ello aconteciera en un año jubilar dedicado a la misericordia? Son circunstancias que nos asombran y nos hacen intuir que Dios no hace las cosas al azar. A mí predecesor, el Obispo TEOBALDO, en el año 1310 le toco confirmar, contra las críticas, la indulgencia de la PORCIÚNCULA que San FRANCISCO había obtenido del Papa HONORIO III, a mí me toca, en las actuales circunstancias dotar a este evento de actualidad. Vivo, en el episcopado, entre las olas de gracia generadas por el Espíritu de Dios en el joven FRANCISCO, cuando a los ojos del obispo GUIDO, se despojó de todo para conformarse a Cristo. En el lugar donde se conmemora este hecho "la sala de la expoliación" se admira el cuadro que así lo representa, mientras que en la PORCIÚNCULA contemplamos la entrega de la iglesita por parte de los benedictinos a San FRANCISCO, y en su interior el fresco que muestra al santo, radiante, a los pies de la Virgen obteniendo la indulgencia de la PORCIÚNCULA. Permitidme que vea un hilo conector entre todas estas escenas, FRANCISCO, que ha renunciado a los tesoros de la tierra, distribuye a manos llenas los tesoros del cielo, y mientras que el dios-dinero ha conformado su familia carnal, una pequeña y pobre iglesia ha conformado su familia espiritual "No tengo ya más padre, PEDRO DE BERNARDONE, mi Padre es el nuestro, el que está en el cielo", desde la expoliación a la indulgencia nos encontramos el recorrido de un hombre transfigurado.


2. Transfigurado para transformar: Dando la noticia del perdón, el 2 de Agosto del año 1216, FRANCISCO exclamó "¡Os quiero a todos en el Paraíso!" La PORCIÚNCULA se convierte así en la puerta del cielo, abierta sobretodo a los pobres y a los humildes. Casa en la que la presencia de Dios se percibe como caricia y calor del seno materno. Todo en ella nos habla de sencillez, nada perturba, sino que todo anuncia, especialmente en su decoración, el misterio de la Encarnación, en el anuncio a MARÍA por el Espíritu Santo.  ¿Qué sentiría FRANCISCO en este lugar, más querido para él que cualquier otro? Podemos suponer que aquí se abandonaba al diálogo con la Trinidad, acunado en los brazos de la madre. En esta pequeña iglesia fue acogida e hizo sus votos CLARA, su "plantita en el Señor", y se le fueron uniendo los primeros compañeros, para crear una fraternidad en misión hacia el mundo. A su sombra se puede entender el vuelo hacia la eternidad.

3. Indulgencia hoy. ¿De qué estamos hablando?


Es una palabra unida al perdón: un perdón universal y un perdón sobreabundante. El abrazo del Padre, en el pasaje de LUCAS (15,11-32), que se echa al cuello del hijo, que le organiza una fiesta, es lo que sucede cada vez que nos acogemos al sacramento del perdón. Perdón profundo y pleno. ¿Qué añade pues todo esto a una indulgencia? Para comprender esto debemos recordar la situación en la que el pecado nos deja. Algunas veces nos seguimos doliendo de nuestros pecados, incluso después de haber sido perdonados, nos es muy difícil para nosotros hacer un acto de contricción perfecta, abrir la totalidad de las fibras de nuestro ser a la gracia, es como si el pecado nos dejra un lastre doloroso. La teología moral clásica habla de este lastre como de "pena", una pena que no se trata tanto de una reivindicación de justicia por parte de Dios, sino más bien como una consecuencia misma del pecado "que deriva de la propia naturaleza del pecado" (como dice el Catecismo, nº 1472). De hecho, lo que es debido por nuestro pecado, a las exigencias de la verdad y la justicia, ya han sido, de una vez para siempre, satisfechas por Jesús crucificado. Así él se ha hecho "víctima de expiación por nuestros pecados" (1 Juan 2,2) Si nos arrepentimos sinceramente, podemos contar siempre con su misericordia. Pero el pecado no es sólo una culpa a perdonar, es también una enfermedad del alma, Y lo mismo que la enfermedad física, también la debilidad espiritual necesita ser sanada. ¿Quién no sabe, por propia experiencia, que a pesar de ser perdonados, el pecado sigue existiendo en nosotros de manera que caemos, una y otra vez en los mismos pecados? El sacramento del perdón pone remedio a una de sus consecuencias: el alejamiento de Dios (por los pecados graves) y nuestra desobediencia (por los veniales). Pero nos queda vencer esa resistencia innata nuestra a abrirnos por completo a Dios, si no alcanzamos esta santidad plena en vida, lo habremos de hacer en el Purgatorio, como una auténtica "clínica de sanación espiritual completa". Al principio de la evolución del sacramento del perdón, pese al arrepentimiento y la confesión sacramental, eran preciso realizar grandes y costosas penitencias, con mucho sacrificio, posteriormente desde un punto de vista pedagógico, el sacramento fue descubriendo el valor de la misericordia, nacida del perdón, en el que además del arrepentimiento, y el deseo sincero de cambiar de vida, se podía implorar el auxilio de la Iglesia, tanto individual como considerada en su conjunto, para ayudar al penitente a obtener una gracia posterior que actualizara en él la misericordia y el amor de Dios. Nace de esta forma la práxis actual de las indulgencias, aunque todos sabemos el abuso de ellas que se hizo en el pasado, pero con todo, no olvidemos que en su base, en su concepción, permanece la obra del Espíritu Santo actualizando la misericordia del amor de Dios.

4. Así concebida, por tanto, la indulgencia expande en nosotros la eficacia del perdón sacramental, favoreciendo en nosotros una apertura a Dios más profunda, que dispone nuestro corazón a u encuentro definitivo con él, cuando le veremos tal como es (1 Juan 3,2) El juicio, a la hora de nuestra muerte, es inevitable, es la comparecencia de cada uno de nosotros ante Dios, Dios que es la luz (1 Juan 1,5) Una luz de amor y de verdad. Una luz que terminará de envolvernos por completo. Por eso sólo los ojos purificados podrán acceder a esta luz "Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mateo 5,8) La realidad de nuestro pecado, ante esa luz arrolladora, nos suscita el dolor por nuestro pecado y un deseo de purificación. Por esto, la absolución sacramental nos estimula a la conversión y a este crecimiento espiritual, ese es el sentido de la "penitencia" impuesta por el confesor. ¡Pero cuánto es nuestro cansancio y nuestra incertidumbre!  ¿Cómo no sentir el deseo de una gracia especial que nos ayude a mejorar de verdad nuestra vida, a sanar por completo nuestro corazón?  ¡He aquí la gracia de la indulgencia! ¡No es un cuenta de nuestros pecados, sino todo lo contrario! Es más que eso, es una energía nueva nacida del Espíritu Santo que renueva nuestro empeño de conversión, librándonos de los lastres del pecado, que nos impiden alcanzar resueltamente este objetivo. A este lastre, a las fatigas de este combate espiritual es lo que la Iglesia llama, en la nomenclatura tradicional "la pena temporal" del pecado, para distinguirla de la "pena eterna" que no es otra que el infierno, la negación absoluta y definitiva, al modo de Satanás, del reconocimiento de Dios en nuestras vidas. 

5. Es una gracia, ésta de la indulgencia, para implorar con humildad y con oración confiada: "Si permanecéis en mí y en mis palabras, todo aquello que pidáis se os dará" (Juan 15,7)  Oración que toca el corazón de Dios, sobretodo la que se hace en fraterna unidad "Si dos o tres se pusieren de acuerdo para pedir cualquier cosa, el Padre mío que está en el Cielo la concederá" (Mt 18,19). Oración, y con mayor razón, cuando es convocada, por el ministerio del Santo Padre, para toda la Iglesia. Desde HONORIO III, que concedió este don a la PORCIÚNCULA, en la sucesión del ministerio de PEDRO, para yudar a la unidad y la santidad de la Iglesia, "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16,18), es que el Señor no ha cesado de cumplir su promesa. La indulgencia, queda claro, es pura gracia. En el dialogo ecuménico debemos asegurar a nuestros hermano protestantes que ésta es nuestra convicción. Ninguna obra, de nuestra parte, merece una gracia así. Es don gratuito de Dios por medio de la oración de intercesión de la Iglesia, cuerpo y esposa de Cristo, en la que se concentra, con toda su eficacia mediadora e intercesora, el ministerio del sucesor de PEDRO "a ti te daré las llaves, del cielo y de la tierra" (Mt 16,19), presentando a Dios Padre los méritos redentores del Hijo, junto con los de MARÍA Santísima y todos los santos. Un verdadero "tesoro" del que la Iglesia extrae con maternal solicitud todo lo que es bueno para sus hijos. Esta gracia, por sí decirlo, es garantía y prenda de la Cruz de Cristo. Pero siempre en la lógica de la alianza, es Dios quien llama, pero el hombre ha de responder. No es magia, ni automatismo. Por eso la Iglesia propone: Arrepentimiento, confesión, propósito de enmienda, Eucaristía, oración, y en este caso particular visita a la PORCIÚNCULA. Las condiciones tradicionales han de ser consideradas, y no deben ser olvidadas. Por que con ellas el hombre "se mueve" se pone en camino, no se abandona a la desidia espiritual a la que nos arroja el pecado venial, siguiendo la recomendación de Cristo "Sed perfectos, como vuestro Padre Dios es perfecto" (Mt 5, 48).

6. Con la indulgencia se hace una especial experiencia de la comunión eclesial, la que el credo llama "comunión de los santos", un vínculo profundo que nos une a Cristo,a los santos, y entre todos nosotros. Y que tiene en la Eucaristía su centralidad y sustento. Y esta es la bella experiencia de la PORCIÚNCULA. Es hermoso sentir en estos muros el eco de la santidad y de la fraternidad que han experimentado generaciones de fieles tras los pasos de FRANCISCO. ¡Cuántos santos han pasado por esta iglesita! ¿Cómo no sentir su oración, sus lágrimas, sus pensamientos, sus afectos? Entrar en la PORCIÚNCULA es casi como entrar en el seno de MARÍA, porque JESÚS, a fuerza de la intercesión materna, como en CANÁ "haced lo que él os diga" (Jn 2,5) viene, en cierto modo, a regenerarnos, como el agua en vino, renovando y animando toda nuestra existencia.

7. La “comunión de los santos” se extiende, en la indulgencia, también como proyecto de vida. La misericordia se hace don viviéndola. Se puede ganar aún en beneficio de los difuntos, por los que se puede aplicar en sufragio, según los designios misteriosos del amor de Dios. Todo ello cambia nuestras relaciones humanas, en el cielo y en la tierra, haciendo cierto aquello de que los fieles y los creyentes conforman "Un solo corazón y una sola alma" (Hch 4,32). Esto es lo que también se ha afirmado en nuestro Sínodo Diocesano que se ha referido a las parroquias como "red de familias en el espíritu". Todo proyecto de vida que se refleje en la PORCIÚNCULA. Que sea su fuente inspiradora, que todas estas pequeñas familias que vienen a ella, se conviertan en auténticas comunidades que vivan en el Evangelio, consagrados a Jesús, entregados en MARÍA.

8. Un aspecto que no debe de ser olvidado, finalmente, en el tratamiento tradicional de las indulgencias, es orar por las intenciones del Santo Padre, también en sintonía con el "poverello" que tanto amó y respetó al Vicario de Cristo. Resulta providencial que el Papa FRANCISCO, en pleno AÑO DE LA MISERICORDIA, haya resuelto venir a la PORCÍUNCULA, peregrino entre los peregrinos. Lo acogemos con alegría. Nos adherimos a su ministerio. Oramos por él. ¿Cómo no sentirlo de forma entrañable cuando es el primer Papa, que viene a ASÍS, a nuestra casa, portando el nombre de FRANCISCO? Su visita, como aquella otra del 4 de Octubre del año 2013, infunde un nuevo impulso a nuestro camino pastoral.

9. Y no olvidemos, finalmente, la solidaridad "La caridad cubre una multitud de pecados" (1 Pe 4,8) La indulgencia fue para FRANCISCO su regalo más querido para los obres y los sencillos, a los que mucho costaba ganar las indulgencia de aquellos tiempos, por sus cargas económicas y la imposibilidad de viajar y peregrinar de los más menesterosos. Algo inaudito requerir del Papa una indulgencia sin "óbolo", sin contraprestación. También en la PORCIÚNCULA él se convierte en guardián y defensor de los pobres. En esta iglesita queda inscrito su auténtico testamento espiritual "una Iglesia pobre abierta a los pobres" Recibiendo de esta forma la indulgencia, en la PORCIÚNCULA, lejos de encerrarnos en nosotros mismos, nos debe invitar a ensanchar el corazón. Estimularnos para construir un mundo más justo, fraterno, acogedor. Un mundo de paz "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5,7).

10. «¡Quiero mandaros a todos al Paraíso!» Exclamaba FRANCISCO ¿Sólo para este lugar? Nada más lejos, considero que FRANCISCO quería compartir con todos el paraíso que ya portaba en su interior "Si uno me ama, observará mis palabras, y mi Padre  yo vendremos a él, y haremos morada en él" (Jn 14,23) ¿No es ésta la esencia del paraíso? Pero poder experimentar esto en nuestras vidas es algo que no podemos hacer sin la experiencia y el don del Espíritu Santo, que no puede verse afectado por nuestro pecado y nuestra fragilidad. La indulgencia, en conexión con el perdón sacramental, nos ponen en sintonía con la acción reparadora del Espíritu Santo en nosotros. Recibámosla en la PORCIÚNCULA bajo la mirada tierna de la Madre, es un poco como dejarse sanar en esta especie de "ambulatorio", en el que Jesús, como médico divino, en la medida de nuestra docilidad como pacientes, toma de nosotros nuestro "corazón de piedra" y nos dona un "corazón de carne" ¡Su mismo corazón! (Ez 36,36). "¡Paraíso, paraíso, yo prefiero el paraíso!" han exclamado tantos santos a lo largo de la historia. Es una respuesta al deseo de alegría de nuestro corazón. Jesús, Jesús solo conoce el secreto "Os he dicho todas estas cosas, para que mi alegría sea también en vosotros" (Jn 15,11).

No olvidemos, queridos hermanos y hermanas, en este AÑO DE LA MISERICORDIA, vivir con alegría. Orad, por favor, también por mí, que os abrazo y os bendigo.

ASÍS, en la PORCIÚNCULA, 29 de Junio de 2016,
en la Solemnidad de los Santos PEDRO y PABLO.

DOMENICO SORRENTINO, Obispo

sábado, 30 de julio de 2016

FRANCISCO, REPARA MI IGLESIA
¿Y CUAL ES TU NOMBRE? ¿QUÉ HARÁS TÚ POR LA IGLESIA?


Aparte del conocido episodio de la vida de San FRANCISCO en el que le hablara el crucifijo de la ermita semiderruida de San DAMIÁN que le dijera "FRANCISCO repara mi Iglesia" y que él se tomara al pie de la letra, reconstruyendo literalmente la pequeña ermita, como luego hiciera con tantas otras, como la PORCIÚNCOLA misma, aunque luego la historia demostró que éste "reparar la Iglesia" era un horizonte mayor, referido a como su ejemplo de vida evangélica, pobreza, humildad y servicio, junto con sus hermanos, reformarían una Iglesia decadente y apegada al poder, puede que s sea menos conocido el episodio en el que el Papa INOCENCIO III refirió un sueño que había tenido, incluso antes de conocer en persona al propio San FRANCISCO, y que él pontífice narra con las siguientes palabras:

Además les manifestó el papa Inocencio una visión celestial que había tenido esos mismos días, asegurando que habría de cumplirse en Francisco. En efecto, refirió haber visto en sueños cómo estaba a punto de derrumbarse la basílica lateranense y que un hombre pobrecito, de pequeña estatura y de aspecto despreciable, la sostenía arrimando sus hombros a fin de que no viniese a tierra. Y exclamó: «Éste es, en verdad, el hombre que con sus obras y su doctrina sostendrá a la Iglesia de Cristo».

Os refiero este episodio porque si el Papa INOCENCIO III refiere de San FRANCISCO: "Éste es, en verdad, el hombre que con sus obras y su doctrina sostendrá a la Iglesia de Cristo", no debemos de olvidar, especialmente en los tiempos que corren, de violencia, guerras, persecuciones, etc, etc... que el Señor siempre suscitará grandes hombres y mujeres para seguir sosteniendo siempre a su Iglesia, cumpliendo la palabra dada de que, por muy mal que vayan las cosas, por mucho que resulte más aparente y vistoso el triunfo del mal, mejor dicho, el aparente triunfo del mal, el bien siempre prevalecerá "y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella (la Iglesia)" (Mateo 16,18).


Y he de reconocer que hoy lo he entendido perfectamente. Fue Monseñor FULTON SHEEN el que dijo que "Las Bienaventuranzas son tan absolutamente incompatibles con el mundo que el mundo eliminaría a cualquiera que tuviera la osadía de hacerlas vida, de hecho -afirma- que Cristo pronunciándolas selló su sentencia de muerte" y es que en efecto, pareciera que el mal nos rodea por doquier, como dijimos antes, su triunfo, aunque aparente, siempre parece más ostentoso, aparatoso y vistoso, así lo manifiesta el propio Monseñor FULTON SHEEN haciendo la siguiente exposición de las Bienaventuranzas:

Dejemos que aquel que dice: “bienaventurados los pobres en espíritu”, venga al mundo que cree en la primacía de lo económico; dejémosle que entre en el mercado donde algunos hombres viven para el provecho colectivo, mientras otros afirman que los hombres viven para el provecho individual, y veamos qué le ocurre. Será tan pobre, que durante su vida no tendrá dónde reclinar la cabeza; vendrá día en que morirá sin poseer ningún valor económico. En su última hora será tan pobre, que incluso un extraño tendrá que ofrecerle su sepulcro, de la misma manera que tuvo que nacer en el establo de un extraño.

Dejémosle que venga al mundo que proclama el evangelio de los fuertes, que predica el odio a nuestros enemigos y condena las virtudes cristianas como virtudes “blandas”, y diga a ese mundo: “bienaventurados los mansos”, y un día sentirá sobre sus espaldas los azotes de crueles verdugos; será pegado en la mejilla por el puño de un escarnecedor durante uno de sus procesos; verá cómo unos hombres cogen una hoz y empiezan a cortar la hierba del Calvario, y luego emplean un martillo para clavarle en una cruz, para probar la paciencia de aquel que soporta lo peor que el mal puede ofrecer, para que, habiéndose agotado, pueda convertirse en amor.

Dejemos que el Señor venga a nuestro mundo, que ridiculiza la idea de pecado como algo morboso, considera la reparación por el delito pasado como un complejo de culpa, y dejémosle que predique a ese mundo: bienaventurados los que lloran” sus pecados; y recibirá burlas cual si se tratara de un loco. Tomaran su cuerpo y le azotaran hasta que puedan contarse sus huesos; le coronaran de espinas, hasta que empiece a llorar, no lágrimas saladas, sino gotas de Sangre carmesí, mientras ellos se ríen de la debilidad de aquel que no quiere bajar de la cruz.

Dejémosle que venga al mundo que niega la Verdad absoluta, al mundo que dice que el bien y el mal son sólo cuestión de puntos de vista, que hemos de ser de mente amplia en lo que se refiere a la virtud y al vicio, y dejémosle que le diga: “bienaventurados los que tienen hambre y sed de santidad”, es decir, hambre y sed del Absoluto, de la Verdad del que dijo: “Yo soy”. Y ellos, con su amplitud de mente, permitirán que la turba elija entre Él o Barrabás; le crucificarán con unos ladrones y procuraran hacer creer al mundo que Dios no es diferente de una banda de ladrones, que son sus compañeros en el momento de morir.

Dejémosle que venga a un mundo que dice que todo lo que se opone a mi no es nada, que sólo el yo es lo que importa, que mi voluntad es mi suprema ley, que lo que yo decido es lo bueno, que debo olvidarme de los otros y pensar sólo en mi mismo, y que le diga: “bienaventurados los misericordiosos”. Descubrirá que no recibe misericordia; abrirán cinco ríos de sangre de su cuerpo, pondrán vinagre y hiel en su boca sedienta; e incluso después de muerto serán tan despiadados como para hundir una lanza en su  sagrado corazón.

Dejémosle que venga a un mundo en el que se trata de interpretar al ser humano en términos sexuales; que considera la pureza como frigidez, la castidad como sexo frustrado, la continencia como anormalidad, y la unión de hombre y mujer hasta la muerte como algo insoportable; un mundo que dice que un matrimonio sólo dura lo que duran las glándulas, que uno puede desunir lo que Dios ha unido y quitar el sello de donde Dios lo ha puesto. Dejemos que Él le diga: “bienaventurados los puros”; y se verá colgado de una cruz, convertido en espectáculo para los hombres y los ángeles, en una ultima y estúpida afirmación de que la pureza es anormal de que las vírgenes son neuróticas y de que la carnalidad es lo correcto.

Dejémosle que venga a un mundo que cree que uno debe recurrir a toda suerte de doblez y chanchullos con objeto de conquistar el mundo, llevando palomas de paz con los buches cargados de bombas, Y dejémosle que le diga: “bienaventurados los pacificadores”, o “bienaventurados los que desarraigan el pecado para que pueda haber paz”; y se verá rodeado de hombres comprometidos en la más estúpida de las guerras, una guerra contra el Hijo de Dios; ejerciendo la violencia mediante el acero y la madera, los clavos y la hiel, y luego colocando un centinela sobre su tumba para que aquel que perdió la batalla no pueda ver el día.

Dejémosle que venga a un mundo que cree que toda nuestra vida debe estar dedicada a adular a las personas y a influir en ellas para alcanzar provecho y popularidad, y dejémosle que diga: “bienaventurados cuando os odian, persiguen, injurian”; y se encontrará sin un amigo en el mundo, proscrito en la montaña, con multitudes que claman por su muerte, y su carne colgando de su cuerpo como jirones de púrpura.


Y es que hoy, viendo al Papa FRANCISCO en la soledad de la celda donde murió de inanición, junto con sus otros compañeros, San MAXIMILIANO KOLBE, me ha impresionado la negritud del entorno, la oscuridad de la celda, su atmósfera claustrofóbica, los garabatos y los graffitis en la pared de la celda, alguno de ellos una cruz, quien sabe grabados por los presos, con qué sentimientos... y en medio de todo ese horror, tenue, llenando toda la estancia, no sólo el silencio y la oración del Papa FRANCISCO, sino el contraste de la pulcritud del blanco que emanaba del propio Papa, me he acordado de aquello que dice el Evangelio de Juan "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella" (Juan 1,4-5).


Y entonces me he acordado de otra figura, del Papa JUAN PABLO II, "el gigante de los ALPES", el deportista, el esquiador, el fornido... asistiendo viejo, decrépito y al borde de la misma muerte, a su último VÍA CRUCIS, que siguió, un VIERNES SANTO en la capilla privada de sus aposentos papales, esa imagen de un anciano, al límite, en esa soledad, aferrado tan sólo a la Cruz... porque mucho se dijo de que resultaba escandaloso sacar al Papa JUAN PABLO II en publico en semejante estado en sus últimas intervenciones públicas, ¿y qué? ¿acaso este mundo hedonista no esconde a sus ancianos en asilos y residencias, para ocultar la vejez, la enfermedad y la muerte, como si no viéndolos apartáramos estas mismas realidades de nosotros?, pero él quiso demostrarnos que ante la vergüenza, la vejez, la derrota, el escándalo, ayer, hoy y siempre, sólo hay una respuesta: La Cruz, y es que ante el aparente triunfo del mal, por más espectacular que se nos antoje, siempre Dios ofrece la misma respuesta: La Cruz, y la Luz.... 

En una ocasión, escribí esta oración, se me ocurrió sobre la marcha, y la apunté, para no olvidarme de ella, hoy la rescato, porque a la luz de lo expuesto, la comprendo mucho mejor:

¿Cómo puedo abrazar la Cruz,
sin huir por ello de la Luz?
¿Cómo puedo retener la Luz,
sin olvidar mientras tanto la Cruz?
Día sin luz, noche sin Cruz,
luz de Cruz, Cruz de luz,
Tengo la luz ante mi vida,
y la Cruz en mi corazón.

"FRANCISCO repara mi Iglesia", fueron las palabras del Señor a San FRANCISCO de ASÍS; todos tuvimos la experiencia, con sus viajes, sus actos multitudinarios, sus revoluciones proféticas -como instituir las JORNADAS MUNDIALES DE LA JUVENTUD-, que JUAN PABLO II intuyó seguramente el su corazón que lo que el Señor le decía era "JUAN PABLO, extiende mi Iglesia", en el pensamiento del Papa FRANCISCO, en las actuales circunstancias del mundo convulso que nos ha tocado vivir, seguro que siente en su interior la voz del Señor que le dice "FRANCISCO, sostén y renueva a mi Iglesia".... Este es un llamamiento a que cada uno de nosotros pongamos nuestro nombre en estas palabras del Señor que nos llama... y que cada uno de nosotros ponga el verbo con que mejor crea que puede servir a la Iglesia, porque esa ha sido, es y será siempre, la tarea de los santos: "IGNACIO, defiende mi Iglesia", "FRANCISCO, repara mi Iglesia", "TERESA DE CALCUTA, sirve a mi Iglesia", "JUAN DE LA CRUZ, canta a mi Iglesia", "PABLO, haz crecer a mi Iglesia", "JUAN BOSCO encomienda a MARÍA  a mi Iglesia", "ALFONSO Mª DE LIGORIO, redime a mi Iglesia", "JUAN XXIII actualiza mi Iglesia", "FELIPE NERI haz reír a mi Iglesia"... Y así, sucesivamente, de nuevo, te pregunto: ¿Cuál es tu nombre? ¿Qué harás tú por la Iglesia?


jueves, 28 de julio de 2016

SAN FRANCISCO Y GLORIA FUERTES
¡SÓLO LOS POETAS INTUYEN LA VERDAD DE DIOS!


He sabido, gracias a San GOOGLE bendito, que hoy se celebra el 90 Aniversario del nacimiento de GLORIA FUERTES, lo que me ha provocado una leve sonrisa, así como algo de añoranza, porque de pequeño leía todo lo que ella escribió para los niños, durante muchos años mis padres tuvieron mis "Reyes Magos" resueltos por el simple hecho de regalarme algo de esta autora.

Así que para continuar con SAN FRANCISCO DE ASÍS, como venimos haciendo todos estos días, y unirlo con este feliz descubrimiento que he hecho hoy, os compartiré el siguiente análisis de la obra poética de GLORIA FUERTES ("El maravilloso retablo poético de Gloria Fuertes", Rubén Benítez, Universidad de CALIFORNIA, LOS ÁNGELES), en el que se estudia su influjo franciscano:

Por momentos la poesía se impregnan en GLORIA FUERTES de significado religioso, la poesía se torna entonces en unos "laudes" a la criatura. San FRANCISCO de ASÍS, al que dedica un poema, y con el que ella misma se identifica,...


Los pájaros anidan en mis brazos,
en mis hombros, detrás de mis rodillas,
entre los senos tengo codornices,
los pájaros se creen que soy un árbol.
Una fuente se creen que soy los cisnes,
bajan y beben todos, cuando hablo.
Las ovejas me pisan cuando pasan
y comen en mis dedos los gorriones,
se creen que yo soy tierra las hormigas
y los hombres se creen que no soy nada.


...San FRANCISCO sintetiza las virtudes que ama la poetisa: la humildad, la compasión, el amor. San FRANCISCO representa además en la historia del sentimiento religioso, el retorno a una religión popular, que prescinde de oropeles y abarca la naturaleza, al hombre y a Dios. GLORIA FUERTES se aplica a sí misma el adjetivo con que RUBÉN DARÍO define a San FRANCISCO: "Porque yo, mínima, conozco tantas cosas..." Es San FRANCISCO el que da sentido al bestiario y al retablo poético de su autora. La figura de San FRANCISCO aparece en sus poemas de forma que recuerda a ls grabados italianos con los que se ilustraban tradicionalmente las florecillas del santo:

Viene el santo, delgadito,
con su nube de mosquitos,
le guardan las espaldas los mendigos,
y los pájaros le abrigan del río. 
(...)
Se va el santo delgadito, 
con su nube de mosquitos,
le guardan las espaldas los mendigos,
y los peces se ahogan por salir a despedirlo.

No es de extrañar que en esta representación de la naturaleza, se evoquen los colores medievales, donde el verde, que simboliza la esperanza, figura entre sus favoritos:

No tengo vocación de camposanto,
el negro no me va, 
ni el gris tampoco,
el verde me va al pelo.

Las figuras religiosas se alzan, como en la imaginería medieval, entre el azul y el oro:

Y en el gótico retablo,
donde Cristo llora,
fuera, en el oro del trigo,
repite lo que yo digo.

Concluiremos diciendo que el sentimiento religioso en GLORIA FUERTES, es más fuerte por su constante necesidad de ser abrazada cariñosamente, que por un acercamiento intelectual. No acepta las dudas de la filosofía, ni las dudas de fe de UNAMUNO, lo deja bien claro en los siguientes versos:

Para mí, Dios no es un problema,
Dios es un paisaje sin niebla,
para mí, está claro.

miércoles, 27 de julio de 2016

EL SEÑOR DIJO QUE FUÉRAMOS "HERMANOS" NO "PRIMOS"


El aviso a la prudencia dado por el Señor a sus discípulos "Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas" (Mateo 10,16) no deja sino de ser una recomendación de la más evidente humanidad y prudencia, la de hacer las cosas -aún la predicación evangélica- con discernimiento, sabiendo bien hasta dónde podemos llegar, hasta dónde nos podemos meter, sobre todo cuando el ambiente a nuestro alrededor es hostil... Este consejo, que además muestra cómo el Señor se preocupa por sus enviados, no mandándolos "a tontas y a locas", sino con prudencia, es lo que mi madre ha traducido siempre con una especie de refrán familiar, que suele hacer gracia a quien lo oye por vez primera, que es "el Señor nos dijo que fuéramos hermanos, pero no primos" y es que la línea que separa el buenismo de la estupidez, de la que otros se aprovechan, es muy delgada, por no decir invisible....

Acabamos de asistir al hecho inaudito, por vez primera, del asesinato de un religioso cristiano en territorio europeo, además en territorio sagrado; me refiero al asesinato ayer del sacerdote francés JACQUES HAMEL, de 84 años, degollado por dos integristas islámicos... y aunque lo que a uno le pide el cuerpo es gritar ¡BASTA YA! ¿Es que nadie tiene cojones de parar los pies a estos hijos de puta? no lo diré ¡Ah, que ya lo he dicho...! bueno, pues citaré a PILATOS cuando djo "lo escrito, escrito queda" (Juan 19,22), que se joda al que no le guste, porque es que hoy no ando sobrado de corrección política... Y como no es plan de romper la serie de artículos que sobre San FRANCISCO DE ASÍS y el GRAN PERDÓN DE LA PORCIUNCULA venimos haciendo, antes de seguir desvariando, permitid que os cuente el encuentro de San FRANCISCO con el sultán MALEK-AL KAMIL.

El encuentro con el sultán MALEK AL-KAMIL (1218-1223), en el año 1212, fue sin duda el más importante de todos los encuentros que tuvo San FRANCISCO en vda con personas de toda condición e índole social. Tan llamativo fue que no sólo nos informan sobre este encuentro todas las fuentes franciscanas, sino también varios cronistas de fuera de la Orden e incluso existe una inscripción arábigo-musulmana que hace también referencia a este hecho. El hecho de que San FRANCISCO cruzara el mar en un barco de los cruzados y predicara al ejército cristiano, acampado ante los muros de DAMIETA, no fue lo más extraordinario. La fiebre de la cruzada había hecho presa en muchos, y el papa y sus aliados políticos se habían propuesto reconquistar los Santos Lugares. Lo más llamativo consistió en que el pequeño y enjuto hombrecillo de ASÍS lograra llegar a la presencia del sultán y pudiera predicarle —¡y regresar sano y salvo!—; de hecho los mahometanos habían puesto precio a la cabeza de todos los cristianos, sin hacer distingos. Acompañado, pues, de un hermano llamado ILUMINADO se puso en camino, y de pronto se encontraron con los guardias sarracenos, que se precipitaron sobre ellos como lobos sobre ovejas y los trataron con crueldad. Después los llevaron a la presencia del sultán, según lo solicitó San FRANCISCO. Entonces el jefe les preguntó quién los había enviado, cuál era su objetivo, con qué credenciales venían y cómo habían podido llegar hasta allí; y el siervo de Cristo FRANCISCO le respondió con intrepidez:  


"Si os resolvéis a convertiros a Cristo tú y tu pueblo, muy gustoso permaneceré por su amor en vuestra compañía. Mas, si dudas en abandonar la ley de Mahoma a cambio de la fe de Cristo, manda encender una gran hoguera, y yo entraré en ella junto con tus sacerdotes, para que así conozcas cuál de las dos creencias ha de ser tenida, sin duda, como más segura y santa" Respondió el sultán: "No creo que entre mis sacerdotes haya alguno que por defender su fe quiera exponerse a la prueba del fuego, ni que esté dispuesto a sufrir cualquier otro tormento". Había observado, en efecto, que uno de sus sacerdotes, hombre íntegro y avanzado en edad, tan pronto como oyó hablar del asunto, desapareció de su presencia. Entonces, el Santo le hizo esta proposición: "Si en tu nombre y en el de tu pueblo me quieres prometer que os convertiréis al culto de Cristo si salgo ileso del fuego, entraré yo solo a la hoguera. Si el fuego me consume, impútese a mis pecados; pero, si me protege el poder divino, reconoceréis a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, verdadero Dios y Señor, salvador de todos los hombres"

El sultán respondió que no se atrevía a aceptar dicha opción, porque temía una sublevación del pueblo. Con todo, le ofreció muchos y valiosos regalos, que el varón de Dios rechazó cual si fueran lodo. Viendo el sultán en este santo varón un despreciador tan perfecto de los bienes de la tierra, se admiró mucho de ello y se sintió atraído hacia él con mayor devoción y afecto. Y, aunque no quiso, o quizás no se atrevió a convertirse a la fe cristiana, sin embargo, rogó devotamente al siervo de Cristo que se dignara aceptar aquellos presentes y distribuirlos, por su salvación, entre cristianos pobres o iglesias. Pero FRANCISCO, que rehuía todo peso de dinero y percatándose, por otra parte, que el sultán no se fundaba en una verdadera piedad, rehusó en absoluto condescender con su deseo.

Y ahora viene lo interesante: "Al ver Francisco que nada progresaba en la conversión de aquella gente y sintiéndose defraudado en la realización de su objetivo del martirio, avisado por inspiración de lo alto, retornó a los países cristianos". Es decir, como se dice en ANDALUCÍA, "viendo que era como lavar las orejas a un burro, que pierdes el jabón y el tiempo", San FRANCISCO se volvió por donde vino. Esto es, ya había puesto la valentía, la gallardía, el arrojo evangelizador, la buena fe, la esperanza, su propia vida, el diálogo y la paz, pero como no obtuvo resultado, se marchó... y con ello la cruzada continuó, la guerra siguió su curso, él regresó a ASÍS, bastante mermado y casi ciego (se cree que por el blanco deslumbrante de la arena del desierto cegándole los ojos con su reflejo)... pero no puso su cuello libre y voluntariamente para ser degollado por el Sultán, si hubiera sido la consecuencia de aquel encuentro lo habría aceptado ¡tan locuelo estaba! pero la ceguera de la guerra y del infiel no merecían tal sacrificio, y así lo entendió.


Hay que tener la misma prudencia, puestos ya todos los medios del diálogo, la comprensión, la acogida y el diálogo, para comenzar a tomarnos en serio este problema y defendernos: Tolerancia cero, que no es agredir, que no es atacar, que no es no perdonar, es simplemente "no pasar de hermanos a primos", como lo entendió el pueblo judío, bajo la dominación griega, después de que siendo atacados en Sábado, se negaron a luchar para no violar el descanso del shabbat y fueron masacrados, desde aquel día los MACABEOS y todo el pueblo se juramentaron para defenderse siempre que sus vidas estuvieran en peligro, aunque tuvieran que vulnerar una norma sagrada.

TOLERANCIA CERO, como digo no es atacar, sino defenderse, no ser palomas estúpidas, sino serpientes astutas... Porque si yo, cuando era universitario, y salía de marcha con mis amigos, era Viernes de Cuaresma e íbamos, por ejemplo al Mc DONALD'S, yo en conciencia me pedí unos palitos de merluza ¡qué no todo son hamburguesas! pero no se me ocurría instar a MC DONALD'S a no servirlas en Cuaresma, o sea, que de los comedores escolares no se retira el cerdo por más padres musulmanes que lo pidan, que sus niños esos días coman en sus casas, o se queden sin comer ¿o es que todos los comedores no remiten a los padres los menús semanales por adelantado? ¡Pues eso, se acabaron las gilipolleces! Y mire usted es que en este país respetamos a la mujer, y no es normal que ella vaya con este calor, bajo siete velos negros, mientras al lado va el chulo putas de su marido en bermudas, su polito de manga corta, sus gafas de sol y su gorra ¡todo de marca!, porque aquí no es de recibo que tú mujer se muera de calor, si lo entiendes bien, o no la saques a la calle, o simplemente os váis los dos a vuestro país de origen, donde por cierto, quizás tus marcas occidentales de ropa te jueguen a ti, machito, una mala pasada también... Oiga y que si hemos de retirar el crucifijo de la escuela, se quita, pero tu niña viene a clase sin velo, porque como dice el refrán español "o todos calvos, o todos con tres pelucas" pero imposiciones para mí, ventajas para ti ¡no, eso no....! Y hablando de refranes, dice otro "el que calla otorga", es decir, que yo soy el Ministro del Interior y doy 24 horas para que todos los imanes reconocidos de España saquen un comunicado tajante de condena del terrorismo, y si no lo hacen, o parece una condena tibia... ¡hala, deportado a tu país, cierre de la mezquita y todas las familias de tu jurisdicción, a casa!

Pero claro, todo esto son medidas de un tonto, como yo, que no sabe lo que dice, en esto no me pilla el Señor, me dirá caliente, me dirá frío, pero no me rechazará por haber sido tibio (Apocalipsis  3,16)

Por cierto, regresando al sacerdote asesinado, parece mentira, que viéndole tan anciano y tan menudo, según el testimonio de una de las religiosas presentes "los asesinos tuvieron que forzarle a ponerse de rodillas ante ellos, porque él no quería, tuvieron que doblegarlo" seguramente en esos momentos se acordaba de aquello de "sólo al nombre de Jesús, toda rodilla se doble", y puesto que a todas luces es mártir, pues ha sido asesinado "in odium fidei", muerto entre "el atrio y el altar" (Cfr. Mateo 23,35), es por ello que, como ya se ha lanzado desde las redes sociales, el Papa FRANCISCO debería dejarse de zarandajas, y declararle "santo súbito" por martirio ¡Qué más testimonio se puede dar que morir por la fe, quién sabe si incluso dando la vida por sus ovejas, sólo por haber sido el primero una de las religiosas pudo huir y dar la alarma,y quizás se hayan salvado los otros rehenes! En lo que a mí respecta: JACQUES HAMEL, sacerdote, mártir.


martes, 26 de julio de 2016

HIC NATUS ALTER CHRISTUS
AQUÍ NACIÓ EL OTRO CRISTO, SAN FRANCISCO

San FRANCISCO DE ASÍS fue pronto llamado "alter Christus" es decir "otro Cristo", el imaginario popular no podía evitar ver de forma natural la correspondencia entre la vida de Cristo y la del propio San FRANCISCO: Pobre, obediente, siempre caminando, siempre predicando, haciendo del Evangelio su vida, y haciéndolo accesible -por la vida- al resto de las personas, no olvidemos su célebre recomendación a sus frailes "predicad el Evangelio, y si es preciso con palabras", siempre sanando, las heridas coporales y espirituales de quienes se encontraba por esos caminos, y evidentemente, desde el episodio de la impresión de las llagas en San FRANCISCO, esta equiparación ya no es que fuera intuitiva, pareciera que el mismo Señor, con las llagas, lo confirmaba... Con todo, en honor a la verdad, a él le gustaba más que lo llamaran simplemente "hermano del Señor". BENEDICTO XVI, en una catequesis de la Audiencia General de 27 de Enero de 2010 se refiere a San FRANCISCO en los mismos términos:

Se ha dicho que Francisco representa un "alter Christus", era verdaderamente un icono vivo de Cristo. También fue denominado «el hermano de Jesús». De hecho, este era su ideal: ser como Jesús; contemplar el Cristo del Evangelio, amarlo intensamente, imitar sus virtudes. En particular, quiso dar un valor fundamental a la pobreza interior y exterior, enseñándola también a sus hijos espirituales. La primera Bienaventuranza en el Sermón de la montaña -Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo 5,3)- encontró una luminosa realización en la vida y en las palabras de san Francisco. Queridos amigos, los santos son realmente los mejores intérpretes de la Biblia; encarnando en su vida la Palabra de Dios, la hacen más atractiva que nunca, de manera que verdaderamente habla con nosotros. El testimonio de Francisco, que amó la pobreza para seguir a Cristo con entrega y libertad totales, sigue siendo también para nosotros una invitación a cultivar la pobreza interior para crecer en la confianza en Dios, uniendo asimismo un estilo de vida sobrio y un desprendimiento de los bienes materiales.

Siendo así, nunca me había preguntado, ciertamente, "dónde había nacido San FRANCISCO", la respuesta es sorprendente, a la luz de lo dicho con anterioridad, San FRANCISCO al parecer nació, como no podía ser menos en un "alter Christus" ¡En un simple y humilde establo!, una crónica lo refiere de la siguiente manera:

Hubo un hombre venerable de Asís, llamado Francisco. Su padre fue Pedro de Bernardone, también asisano. Su madre se llamaba Juana, muy devota y piadosa, que visitó el sepulcro de Crito, el santuario de San Miguel Arcángel y los sepulcros de los Apóstoles, y visitaba con frecuencia otros santuarios. En sus oraciones pedía con mucha devoción al Señor un hijo, si era su voluntad. Habiendo concebido un hijo, como el parto se retrasaba más de lo habitual, y sufría muchas angustias por los dolores del mismo, se acordó de la virgen gloriosa y del lugar humilde donde dió a luz al Señor. Así pues, quiso hacerlo también ella, bajando al establo, donde colocaron, según sus deseos, un buey y una mula, y en medio de ellos dió a luz a su hijo, sin grandes dolores.

Posteriormente se sabe que un sobrino de San FRANCISCO, llamado PICARDO DE ÁNGEL DE PERDO BERNARDONE, adquirió dicho establo y lo cediera a los frailes, como demuestran los documentos relativos a la casa de PICARDO conservados en sus archivos, equivalentes Al título de propiedad. 


El arco de la fachada del oratorio lo construyó PICARDO entre los años 1281 y 1282, cuando se cumplían exactamente cien años del nacimiento de su tío Santo. Para poder apoyar el arco en un saliente de la casa de al lado tuvo que indemnizar al vecino, según consta en una de las escrituras del archivo del Sacro Convento, del que PICARDO fue administrador entre los años 1256-1285. El arco fue sólo una de las transformaciones a las que el sobrino de San FRANCISCO sometió la casa de su padre ÁNGEL y del abuelo PEDRO DE BERNARDONE  para convertirla en oratorio. 

Para su realización, PICARDO eliminó el techo que separaba la planta baja (el establo, según la tradición), de la habitación superior, donde, seguramente, nació el hijo de la "madonna" PICA y de PEDRO BERNARDONE. Pero el hecho de que el establo formara parte del mismo edificio pudo ser el motivo por el cual, se creía que San FRANCISCO, considerado por todos como "otro Cristo" por haber llevado los estigmas, había nacido también, como Cristo, en el establo. Con todo, no se puede excluir del todo tal posibilidad, pues a mediados del s. XIV, sobre la puerta del oratorio, escribieron con letras góticas doradas lo siguiente: "Este es el oratorio del buey y del asno donde nació San Francisco, espejo del mundo". 

¿Y qué decir de sus padres? ¿Qué clase de hijo criaron madonna PICA y PEDRO BERNARDONE? Encontramos pinceladas de ello en la LEYENDA DE LOS TRES COMPAÑEROS: 

Llegado a la juventud, siendo de viva inteligencia, comenzó a ejercitarse en la profesión paterna, el comercio de las telas, pero con estilo totalmente nuevo (...) Francisco era algo más que alegre y generoso, le gustaba gozar y cantar, rondar por Asís día y noche con un grupo de amigos, gastando en comilonas y vestidos todo el dinero que ganaba o que podía tener (...) Muchas veces sus padres le reprendían por sus despilfarras, pues más que hijo suyo, parecía el de un gran príncipe. Mas como sus padres eran muy ricos y le amaban con gran cariño, se lo consentían, no queriendo disgustarle por estas muchachadas (...) La madre, cuando oía hablar a los vecinos de la prodigalidad del joven, respondía: "¿Qué pensáis de mi hijo? Será hijo de Dios por su gracia (...) Francisco era amante de elegantes vestidos, cortés en modales y palabras, era el rey de las fiestas juveniles

En familia el padre le secunda económicamente. Es siempre el hijo del rico PEDRO BERNARDONE. La madre sigue con inquietud y complicidad a este hijo caprichoso que se le parece, que habla y canta en su dulce lengua provenzal y que sueña como ella. Lo que no soportará PEDRO BERNARDONE y sus hijos, será el cambio de vida de FRANCISCO, a quien, sin embargo, no se le había prohibido tantas excentricidades precedentes. Verlo por ASÍS, la ciudad donde estaba su casa, vestido de andrajos, pedir limosna, hablar de un «Señor», que no era un noble conocido, y de una «Madonna», que no era una de las ricas y jóvenes del lugar, indigna a BERNARDONE, quien llega a encadenar a su hijo. Esta prisión la interrumpirá la madre, dejándolo libre y feliz para proseguir estos nuevos sueños. Sobre este desgarro familiar que, por tantos motivos, se parece a nuestras familias, parece que permite, más allá de tantas reflexiones que se podrían hacer sobre la conducta de los hijos y de los padres, una presencia con la que cada uno debe medirse: se trata de la libertad de la persona humana en relación con sus elecciones, los ideales que se propone alcanzar y, en el caso específico de FRANCISCO, aquel imperativo dulce y fuerte al mismo tiempo que Dios expresa solicitándonos a su seguimiento.

Y aquí viene la moraleja que sirve para todos los padres, para todos los hijos, para todas las vocaciones, para todos los "locos en el Señor": No es fácil para los padres, admitir que ellos no son los dueños absolutos de la vida de sus hijos, y considerar que la vida de los mismos se pueda orientar hacia el Señor. Hasta en el Evangelio, a MARÍA y JOSÉ, acongojados en la búsqueda del Hijo Jesús, de doce años, éste responde: «¿Por qué me buscabais? No sabíais que yo me debo ocupar de lo que respecta a mi Padre?» Y continúa la narración de LUCAS: «Pero ellos no comprendieron lo que les decía»


domingo, 24 de julio de 2016

¡NO OS DEJÉIS ROBAR LA ALEGRÍA!

Monseñor FULTON SHEEN en su obra "Vida de Cristo" (Capítulo 3, págs. 116-119) afirma que "El Sermón de la Montaña está tan en discrepancia con todo lo que el mundo tiene en aprecio, que el mundo crucificará a todo aquel que intente vivir a la altura de los valores de dicho sermón. Por haberlos predicado, Cristo tuvo que morir. El Calvario fue el precio que tuvo que pagar por el sermón de la montaña. Sólo las medianías sobreviven. Aquellos que llaman a lo negro negro, y a lo blanco blanco, son sentenciados por intolerantes. Sólo los grises pueden vivir", quizás por ello, San FRANCISCO de ASÍS, un hombre profundamente enamorado del Evangelio, hasta el punto de que -según su biografía- "nunca fue un oyente sordo del Evangelio sino que, confiando a su feliz memoria cuanto oía, procuraba cumplirlo a la letra sin tardanza" (Vita Prima, Celano, 22) sabía bien dónde residía, entonces la "alegría del Evangelio", la llamada por él, la "perfecta alegría":


El mismo fray LEONARDO refirió allí mismo que cierto día el bienaventurado FRANCISCO, en Santa María de los Ángeles, llamó a fray LEÓN y le dijo: «Hermano León, escribe. El cual respondió: «Heme aquí preparado.» «Escribe –dijo– cuál es la verdadera alegría. Viene un mensajero y dice que todos los maestros de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría. Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría. También, que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría. Pero ¿cuál es la verdadera alegría? Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó acá, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se forman canelones del agua fría congelada en las extremidades de la túnica, y hieren continuamente las piernas, y mana sangre de tales heridas. Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, viene el hermano y pregunta: "¿Quién es?" Yo respondo: "El hermano Francisco". Y él dice: "Vete; no es hora decente de andar de camino; no entrarás". E insistiendo yo de nuevo, me responde: "Vete, tú eres un simple y un ignorante; ya no vienes con nosotros; nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos". Y yo de nuevo estoy de pie en la puerta y digo: "Por amor de Dios recogedme esta noche". Y él responde: "No lo haré. Vete al lugar de los Crucíferos y pide allí". Te digo que si hubiere tenido paciencia y no me hubiere alterado, que en esto está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del alma.

¿Por qué os cuento esto? Porque soy de la opinión, cada vez más, de que pase lo que pase, suceda lo que suceda, que no nos roben la alegría... por más adversas que sean las dificultades, aparentemente San FRANCISCO en el relato anterior, así lo entendió. El propio Papa San FRANCISCO en su carta dirigida a la Vida Consagrada (con motivo del año celebrado a tal fin) así se lo recordaba, precisamente, también a los religiosos:


Que entre nosotros no se vean caras tristes, personas descontentas e insatisfechas, porque «un seguimiento triste es un triste seguimiento». También nosotros, al igual que todos los otros hombres y mujeres, sentimos las dificultades, las noches del espíritu, la decepción, la enfermedad, la pérdida de fuerzas debido a la vejez. Precisamente en esto deberíamos encontrar la «perfecta alegría», aprender a reconocer el rostro de Cristo, que se hizo en todo semejante a nosotros, y sentir por tanto la alegría de sabernos semejantes a él, que no ha rehusado someterse a la cruz por amor nuestro. (Carta Apostólica con motivo del Año de la Vida Consagrada, 28 de Noviembre de 2014, II.1)

¡No nos dejemos robar la alegría! ¡Y mirad que estamos rodeados de personas dispuestas a convertirnos en seres oscuros, huraños y amargados, huíd de ellos como de la peste!

Todos tenemos experiencia de personas, a los que los psicólogos llaman algo así como "vampiros espirituales", que se cruzan contigo por el camino, tienen veinte minutos de conversación contigo y te dejan encima una carga, una pena, un peso, que es como si te hubiesen robado la alegría y la vitalidad de repente. Son ese tipo de personas que te cuentan todas las enfermedades que padecen, ellas mismas o su círculo de amistades, te ponen al tanto de los que han fallecido recientemente, de tu círculo de amistades, te cuentan mil problemas y luego siguen caminando ¡tan tranquilas! después de haberte dejado el fardo emocional de un agobio sin límites...



¡Y que decir de aquellas otras que ven demonio, pecado, maligno en todo! La primera vez que compartí este vídeo, que me encanta, por su frescura, juventud, espontaneidad y sobre todo alegría, hubo quien en las redes sociales me dijo que "era una vergüenza ver religiosos comportarse de esa manera" ¡por amor de Dios, si es una marcha juvenil, organizada por los franciscanos, dirigida a jóvenes! ¿Dónde está la malicia?



Ahora he visto que hay una campaña "católica" que quiere boicotear que los católicos vayan a ver la nueva versión de TARZÁN al cine porque, según ellos "el malo de la película ridiculiza el catolicismo, y mata a sus enemigos estrangulándolos con un rosario que lleva consigo" ¡Vaya por Dios! ¿Sólo por eso? Es que no entiendo que haya personas viendo anticatolicismo y persecución en todo... ¿Tan difícil es pasar una hora y media en el cine, disfrutando de una película de acción y aventuras, sin andar escudriñando una conspiración anticatólica de por medio por un simple detalle anecdótico? Por esa misma regla de tres, supongo, que estas personas no habrán visto la película de LA MISIÓN nunca en su vida, porque en dicha película los buenos, los jesuitas, son masacrados junto con mujeres, hombres y niños, precisamente por una Iglesia apegada al poder de los colonialistas portugueses (por cierto, catoliquísimos ellos) con el mirar hacia otro lado del legado papal ¡Pues esto se me hace mucho más duro que lo de TARZÁN, qué queréis que os diga!

Hace unos años, en el trabajo, me echaron una bronca en la que tuve que escuchar mucho tipo de sandeces, entre ellas algunas del estilo como "es que tú vienes muy contento los lunes", "siempre andas riendo y haciendo broma con todo el mundo", "te preocupas por tus compañeros y estás al tanto de la vida de todos" -os podrá parecer increíble, pero así es- evidentemente, aquella bronca "por un oído me entró, por otro me salió" y ni que decir tiene que he sido siguiendo siendo el mismo con mis compañeros de trabajo y clientes: Jovial, bromista, alegre, servicial, atento... y también les doy "razón de mi fe" (1 Pedro 3,15), "a tiempo y a destiempo" (2 Timoteo 4,2) (unas veces con más éxito y atino, otras con menos), y claro, como no he cejado en mi actitud, y como dice el refrán "de aquellos polvos, estos lodos", así que hace poco, he sido notificado, pues la guerra viene desde entonces, que he sido sancionado con "la suspensión de empleo y sueldo por diez días", el motivo es una tontería y la sanción desproporcionada, no la pienso recurrir por no seguir alimentando la inquina hacia mí, al fin y al cabo, ya dijo el Señor "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos" (Mateo 5,10), pero aún sigo siendo el mismo, porque como dice San PABLO también:

Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados. Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De modo que la muerte actúa en nosotros, mas en vosotros la vida. Pero teniendo aquel espíritu de fe conforme a lo que está escrito: "Creí, por eso hablé" también nosotros creemos, y por eso hablamos, sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante él juntamente con vosotros. Y todo esto, para vuestro bien a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios. Por eso no desfallecemos. Aun cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de día en día. En efecto, la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna. (2 Corintios 4,8-17)

Y, después de haberse sabido la noticia, aún hay quien se me acerca y se sorprende diciendo "¡Míralo, y sigue tan contento!", pues eso, porque no voy a dejar que me roben la alegría, como tampoco deberíais hacerlo vosotros, porque ese día, el día que os roben la alegría habréis conseguido abrir un resquicio en vuestro corazón al enemigo, y entonces sí que "vana sería nuestra fe" porque perderíamos esa capacidad de seguir alegres en la tribulación, que es lo que nos distingue, precisamente, del resto del mundo, y termino con esa estrofa del CÁNTICO DE LAS CRIATURAS en la que San FRANCISCO precisamente refiere esto mismo:

Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, 
y soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las soporten en paz, 
porque por ti, Altísimo, coronados serán.