domingo, 30 de octubre de 2016

ZAQUEO JUNTO AL SEMÁFORO...


Nos parece entrañable la escena del Evangelio de hoy (Lucas 19,1-10) por la que ZAQUEO se sube a un árbol para ver pasar al Señor: "Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. Así que, echando a correr, se adelantó, y para alcanzar a verle se subió a un árbol junto al cual tenía que pasar Jesús" 



Aunque la escena es algo que podemos ver muchas veces en la actualidad, curiosamente "al paso del Señor" cuando nos encontramos en Semana Santa gente que se encarama a árboles, farolas, semáforos, lo que haga falta... ¡hasta las monjitas de clausura se encaraman en los tejados!.

Cuando estuvimos de peregrinación en TIERRA SANTA hubo lugares en los que por las prisas, que para nuestro guía siempre andábamos faltos de tiempo, no pudimos ver, como por ejemplo LA GRUTA DE LA LECHE en BELÉN, o la TUMBA DE LÁZARO en BETANIA, y otras cosas que simplemente vimos de paso, literalmente, de paso, es decir, sin detenernos; de esta manera cuando estuvimos en JERICÓ, para visitar las excavaciones arqueológicas de la ciudad, una de las más antiguas de la humanidad, la de las famosas "trompetas de JERICÓ" y las murallas que se derrumbaban al paso del ARCA DE LA ALIANZA, al detenernos en un semáforo el fraile franciscano que era nuestro guía dijo, por la ventanilla podéis ver el árbol donde según la tradición se subió ZAQUEO par ver pasar al Señor (el árbol tiene la historia del Evangelio contada en una placa y un icono de la misma); yo me bajé del autobús para echarle una foto y verlo de cerca, y mientras estaba en ello... ¡el autobús arrancaba y se iban sin mí! ZAQUEO en ese árbol no quiso perderse al Señor, y en ese mismo árbol la peregrinación iba a perderme a mí...

Antes dije que la gente, especialmente en Semana Santa y procesiones, se sube encima de cualquier cosa para mejor ver pasar al Señor, pero la actitud, mucho me temo, no es, ni de lejos como la de ZAQUEO "bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. (...) levantándose entonces, dijo al Señor: «Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más", a este respecto os comparto el comentario de FILOMENO DE MABBUG (Obispo en SIRIA, en el año 532) que nos resalta en primer lugar que "es una cosa admirable que Zaqueo haya creído en Él sin que Nuestro Señor le hubiese hablado y sin haberlo visto antes con los ojos de su cuerpo, sino simplemente por la palabra de los otros" ¡Aprendamos de ello! Si ZAQUEO quería conocer al Señor era porque primero había oído hablar de él, ya se encargó el Señor de hacerse el encontradizo en su vida, nosotros hablemos del Señor a los demás, la conversión nunca vendrá por nosotros, si no cuando el Señor quiera hacer crecer lo que primero sembramos ¡las conversiones son siempre un proceso, de la noche a la mañana no se producen! y en ella siempre es fundamental el testimonio que los demás podamos dar.

Y en segundo lugar, siguiendo con el comentario de FILOMENO DE MABBUG nos recalca la importancia de la sencillez, en todo, pues nos advierte "la simplicidad ha derramado por todos lados lo que la astucia había recogido, la pureza de alma ha dispersado lo que el engaño había adquirido, y la fe ha renunciado a lo que la injusticia había obtenido y poseído, y ha proclamado que todo eso no le pertenecía", porque a ZAQUEO le bastó la simpleza de creer en el Señor "de oídas", encontrarse con él, y darle la vuelta a su vida, como un calcetín, sin grandes discursos ni teologías, el Señor sólo le dijo "Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa" y la fe sencilla hizo el resto, una vez más queda confirmada la tesis, que el Señor también nos enseña "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y entendidos, y las revelaste a los sencillos" (Mateo 11,25).

viernes, 28 de octubre de 2016

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ....
...LA CRUZ DE OCCIDENTE


“¿Qué es lo que el viento se llevó? -te preguntarás- La Cruz de Occidente” Se han ido ambas, tanto la persecución, como la Cruz. Porque ambos conceptos tienen una relación simbiótica. Cuando la Iglesia predica y vive la Cruz siempre tendrá una gran fuerza espiritual, incluso durante el tiempo de persecución. La Cruz sigue siendo "piedra de tropiezo y escándalo" para los perdidos de este mundo, porque en esta época de tecnología e intelecto la Cruz ha quedado relegada a poco más que una historieta piadosa o un talismán religioso. Precisamente por la "desaparición de la Cruz en Occidente" los bancos de las Iglesias están llenos de toda clase de pecadores, sin la más mínima conciencia, que se aletargan con la mermelada dulzona sobre el mensaje de Jesús que se destila de forma políticamente correcta desde la gran mayoría de los púlpitos.

Parece que nos hemos acostumbrado a ir a la Iglesia y poner cara de ser buenos temerosos de Dios ¿Hay alguien que aparente experimentar otros sentimientos ante Dios? La Iglesia parece haberse especializado en la celebración de eventos del estilo "el día del emigrante", "el día del turismo", "el día del marinero", pero pareciera que cualquier día internacional, fiesta o evento tengan más sentido de celebración en la Iglesia que su misterio mismo, su origen: La Encarnación, la Cruz y la Resurrección. Y aunque la Cruz a veces "aparece" en los mensajes eclesiales, pareciera que lo hace, como se suele decir "como artista invitada", no más de lo necesario, no vaya a ser que distraiga de temas importantes de verdad como el matrimonio gay, el aborto, la inmoralidad, la eutanasia, y otros temas que reclaman más nuestra atención, y desgraciadamente, también para la Iglesia.

Pero analicemos los orígenes de la fe... Cuando decimos "la Cruz" nos estamos refiriendo al sacrificio de Cristo en pago por los pecados de la humanidad, si es que creemos que así fue, porque si así fue, no cabe duda de que la Cruz estuvo en el fundamento de la fe. La resurrección confirmaba su victoria, pero la Cruz y su sufrimiento satisfizo la justicia de Dios. Pero en algún momento de la historia esto dejó de ser lo importante, el elemento nuclear de la fe. Pero una Iglesia sin Cruz no es una Iglesia del todo. Puede ser una entidad religiosa, incluso puede que ayude a la gente a vencer sus dependencias y pecados, pero no sería considerada una Iglesia cristiana. Sin Cruz todos los grupos cristianos no pasan de ser meros abrevaderos de cabras, o centros de afiliación religiosa donde uno se puede apuntar para sentirse bien espiritualmente, junto con otros. Y aunque la gracia de Dios puede salvar a algunos, ni siquiera así se justificaría la existencia de una comunidad sin Cruz. La Cruz debe de estar en el centro de todo lo que la Iglesia hace, así como de cada uno de sus fieles.

Pero... ¿Aún queda alguien en quien habite, que medite, sobre la Cruz? Nuestras mentes están ocupadas con pensamientos y asuntos mundanos. La unidad de la patria nos urge más que la Cruz. Nuestra situación económica nos urge más que la Cruz. Las elecciones presidenciales nos urgen más que la Cruz. Los integrismos nos urgen más que la Cruz. Casi todo nos urge más que la Cruz. Y por esto la mayor parte de la media de los creyentes viven con diferentes niveles de descontento, y siempre andan buscando algo más que los excite y los motive. Las iglesias y las comunidades han perdido en Occidente la persecución de la Cruz y han dejado que la Gloria que hay tras la Cruz se diluya. A nadie le apetece ya vivir del recuerdo del Gólgota, nos vale más "acordarnos de las sopas de cebolla" que nos ofrece esta cultura post moderna en la que nos satisfacemos de lo más inmediato. 

Pero San Pablo predicó a Cristo, y éste, crucificado ¡Qué antiguo, qué pensamiento más carca y neardental! Debe ser que no se ha enterado que ese tipo de predicación ya lo tenemos superado, estos tiempos modernos necesitan teologías más de moda, acordes con los mismos, que una teología centrada en la Cruz. Lo que yo quiero saber es cómo el Señor me pude ayudar a tener éxito, aquí y ahora... Tampoco es que neguemos la Cruz de plano, pero la hemos relegado al último asiento del "autobús doctrinal". Se nos ataca por nuestra posiciones pro-vida, por nuestra defensa del matrimonio y la familia tradicionales, nos critican porque negamos el desarrollo y derechos de la mujer como el aborto, pero nadie nos persigue por la Cruz. Seamos honestos, la Iglesia de hoy no se siente avergonzada por la Cruz en sí misma, sino por otros temas, que de ninguna forma, son Cruz. 

Sólo tenemos que fijarnos en la actual situación de los más diversos debates moralistas de la actualidad. Toda la moral celebra a los cristianos "campeones en el cumplimiento de los diez mandamientos" pero para nada nos acodamos de la sangre de Cristo derramada en el Calvario. Nos preocupa más el avance del capitalismo que los regueros que brotaban de sus llagas manchando la tierra. Nos preocupa más la unidad de la Patria, sustentada por falsas costuras de toda índole política o ideológica, que la unidad del anuncio del Evangelio. Hasta la Iglesia, en su enfrentamiento con el mundo moderno, parece haber abandonado la Cruz, y por eso avanza en esta oscuridad dando palos de ciego.

"En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo!" (Gálatas 6,14)

¿Quién mantiene hoy en día este postulado? ¿Quién vive hoy su vida encaminándose directamente hacia la Cruz? ¿Quién se niega a si mismo, no en sus lujos materiales, sino en sus pensamientos, palabras, y vida? La vida de la Iglesia en Occidente parece haber aceptado que no hay lugar en ella para la Cruz, aceptamos su presencia esporádica, por imperativo del calendario litúrgico, pero mencionarla fuera de esos tiempos, es como mencionar en familia "a ese familiar que nos avergüenza a todos". La Cruz debe ser nuestra vida. Pero... puede que te preguntes ¿Cómo puedo incorporar a mi vida este evento que aconteció hace ya un par de miles de años? Y he aquí el problema. Que nos hemos hecho menos esta pregunta que las veces que hemos intentado darle respuesta. Pablo dice que se gloría en la Cruz de Cristo, y que él mismo está crucificado. Por eso cuando una persona pone la Cruz de Cristo como principio y sustancia de su vida entonces el deseo y las tentaciones del mundo comienzan a decaer. Su vida se refuerza por un nuevo dinamismo que brota de la Cruz y camina con un espíritu diferente por el Reino de Dios.

La Cruz es el único portal por el que el pecador puede alcanzar la vid eterna. Ésta no es una perspectiva religiosa que pueda ser discutida, diluida o negociada. Porque es e cimiento sobre el que sustenta la fe, y después de que un pecador ha venido a Cristo y ha sido redimido por él, es justo cuando su vida ha iniciado la primera etapa del viaje de su vida. Somo exhortados a llevar nuestra propia Cruz. El sacrificio, la auto negación, la humildad, y la cridad se convierten ahora en los elementos distintivos de esta nueva vida. Y nuestro anuncio debe ser que la Cruz esel ofrecimiento de Dios a la humanidad para su redención.

"De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús" (Gálatas 6,17)

La palabra "marcas" es griego se dice "stigma". Pablo dice que en su cuerpo él porta los estigas de la Cruz. ¡Oh, qué glorioso pensamiento! Pero sabemos que no habia marcas de los clavos en los pies y en las manos de Pablo, entonces ¿a qué se estaba refiriendo? Primero hemos de echar un vistazo a lo que se refiere, además, con la Cruz. La palabra "Cruz" parece usada de forma antiséptica y doctrinal, pero intentaré humilde y dolorosamente expresar, aunque de forma torpe e incompleta, la realidad contenida en esas palabras, la "Cruz".

Dios es Espíritu y no puede ser concebido ni expresado con pensamientos o palabras humanas. Él está por encima de todas las cosas, que además él mismo ha creado. La Palabra, hecha carne en Jesús, al principio de los tiempos creó al hombre, sabiendo bien del barro de que estamos hechos, de nuestra condición. ¿Quién puede crear algo que sabe que a la larga le va a volver la espalda y se va a convertir en su enemigo? Pero antes de la creación, por este misterio, la Palabra también se había visto ya a sí misma en la Cruz. En Belén nace en el cuerpo que le había sido preparado "Señor, me has dado un cuerpo, para hacer tu voluntad" (Hebreos 10,6-7) Hay cientos de libros y de obras escritos sobre la naturaleza de la Encarnación, pero en muchos aspectos no son más que conjeturas finitas. Lo que la Escritura nos dice es que Jesús era Dios en la carne y Dios con nosotros. El Dios invisible se vistió con la carne humana y se reveló en la semejanza de la carne, la nuestra, herida de pecado y de muerte. Y sin embargo, Dios amó tanto al mundo, que se ha puesto en nuestra piel. Algo de por sí ue, como conceto, resulta por sí solo impensable.

Pero mientras él caminó por esta tierra hizo muchos milagros de compasión y de amor, pero no esperaba el aplauso y el reconocimiento. Y al final de su vida desembocó en un camino que había de recorrer copletamente solo y abandonado. Entró en Jerusalén arropado por las alabanzas y las aclamaciones del pueblo, que en el fondo estaban aclamando por sus propios deseos e intereses. El pueblo quería usar de Jesús a su favor y seguramente su recibimiento habría sido otro de haber sabid el desenlace final de los acontecimientos. Y nada ha cambiado en nuestra forma de pensar a pesar de los siglos transcurridos. Supongamos que se nos concede un asiento de honor en el Jardín de Getsemaní y podemos contemplar y escuchar la agonía del Señor. Se encuentra solo en el mundo. Comienza a experimentar el misterio de la separación y el abandono de Dios, con quien ha venido compartiendo su misma esencia en el Espíritu Santo. Ora en soledad hasta un esfuerzo sobrehumano, hasta derramar sudor de sangre. El sacrificio ha comenzado. ¿Te aburre esta historia? ¿Te parece algo arcaico? No caigas en el error, esto no es una historia, es la vida eterna en sí misma.

El pastor es arrestado en presencia de sus ovejas y es llevado para ser juzgado y condenado por hombres violentos. Sí, los mismos hombres por los que él va a entregar su vida son los que ahora le van a insultar, calumniar, vejar.  Pero antes de que siquiera fuera condenado deben cebarse con él. Su espalda se pone al descubierto y se convierte en lugar para que los hierros del flagelo le hieran. Una y otra vez lo golpearon hasta que su espalda no es más que un caos sangriento. Ellos le golpean en el rostro, y le arrancan la barba a jirones. Sus cara se hincha y sus ojos se pierden dentro de las cuencas. ¿Podríamos soportar ver esto aún sabiendo que ese hombre era un criminal? Arrastrado por el pelo y convertido en un hazmerreír, y le pusieron una túnica para su escarnio, y presionaron su frente con una corona de espinas y se burlan de él sin misericordia. Y allí se encuentra, a duras penas, el creador del universo, maltratado, golpeado y ensangrentado. Un espectáculo lamentable para que estemos seguros de lo que está aconteciendo. El autor del amor mismo se ha presentado voluntariamente en las manos de los malvados, y ofrecido su rostro a salivazos e insultos. Ahora resulta desagradable para la vista. Repulsivo, repugnante y nauseabundo.  ¿Y éste se supone que es nuestro salvador, nuestro Mesías? Ah, pero hay más, mucho más.

Como se puede ver, conforme avanza el relato, en este tipo de retórica, la modernidad se niega a aceptarlo, no está hecha para el sufrimiento, e incluso para los creyentes la comprensión del relato de la pasión es meramente sentimental. Nos puede provocr cierta empatía, por aquello del sufrimiento del inocente, pero sólo de forma fugaz. Pero ahora, se le fuerza a llevar su Cruz hasta el lugar de su muerte, solamente con la ayuda de un hombre humilde.

Las manos sudorosas de los mercenarios se afanan en su espantosa tarea. Las manos y los pies de Jesús se clavan a la Cruz, y con un golpe seco él es elevado sobre la tierra, a vista de todos. Él, que creó esa madera de la Cruz, que creó ese hierro de los clavos, que creó a los soldados, que creó a los mercenarios, y ahora ya no lo es, no lo parece al menos. Sin aliento y retorciéndose de dolor, la sangre cubre su ser. Está muriendo. El inocente muere en lugar del culpable, convertido en pecado de los pecadores. ¿Comprendemos el misterio de lo que está aconteciendo?  Aquí tenemos aparentemente a un judío más, anodino, que muere bajo la maquinaria opresora del imperio,  y sin embargo hay algo que excede a todo conocimiento humano en lo que está sucediendo. El sufrimiento es incalculable, el dolor insoportable, y sin embargo muere públicamente.

Lo que ocurrió esas horas cambió el universo. Y al final, exhala su último aliento, baja la cabeza, y muere. Está muerto. La gloria de Dios, envuelta en sangre y muerte, y toda ella oculta en el misterio. Las narración y la comprensión humanas sólo pueden estructurar la narrativa del acontecimiento, pero sólo el Espíritu Santo nos puede llevar a la comprensión de un ápice de esta realidad redentora. El hombre gusta buscar el sentido de las cosas, es capaz incluso de  estudiar y comprender los misterios del espacio y del universo, pero rara vez se detiene a considerar lo que sucedió en el Calvario.

Pero no seamos ilusos... ¿Acaso puede un drogodependiente experimentar que ha de cambiar toda su vida y liberarse de sus dependencias por el simple hecho de ver una estrella fugaz en el cielo? ¿Una mujer que se automutila de forma compulsiva y se hiere a sí misma puede superar todo el estrés que le lleva a ello por el simple hecho de leer un libro de geología?  ¿Puede un hombre que no es capaz de controlar su violencia leer un artículo científico sobre las células humanas y se convertirse en una persona nueva? ¿Pueden todos los títulos universitarios del mundo crear personas nuevas que se sientan libres de sus heridas, del pecado y de la muerte? ¿Todos los alimentos nutritivos y todas las vitaminas y todo el ejercicio sano son capaces de dar a la humanidad la vida eterna? Por supuesto que no, y al contrario, millones de personas han comprendido el carácter vicario y redentor de la muerte de Cristo en la Cruz, y han visto en "este judío" a Dios mismo, pagando en su propia carne por el pecado de todos ellos, y este descubrimiento ha cambiado sus vidas para siempre.


Y esta es la cruz que estamos llamados a defender, abrazar, emular, y vivir. Esta no es una doctrina de la fe estancada que nos sacudimos como el polvo después de Pascua. Esto es más que lo que siente actualmente la iglesia. Esta cruz, en toda su brutal gloria, debe ser nuestra pasión. Pero la iglesia ha perdido el estigma de la cruz. Se cree, ilusamente, que es perseguida por sus normas morales, que se la rechaza por su  ética judeo-cristiana y su defensa del matrimonio tradicional... Esto no son más que pequeñas contrariedades para lo que, además, está lo suficientemente preparada y le salen apologetas por doquier. 

Pero cuando se trata de la Cruz, ya no nos vale definirnos como progresistas o conservadores en la Iglesia, o enzarzarnos en sutilidades doctrinales, porque en el fondo nos da vergüenza hablar abierta y especificamente de ese sangriento árbol. Una mención inofensiva, de vez en cuando en la Iglesia debe ser suficiente, pero en público mejor relacionarnos con el mundo en su propio terreno. Nos encanta discutir, pero no nos gusta a morir. Nos encanta quejarnos, pero no nos gusta a morir. Nos encanta organizar, pero no nos gusta a morir. Nos encanta votar, pero no nos gusta morir. Nos encanta condenar, pero no nos gusta a morir. Y si no morimos, entonces no amamos la cruz. Y si no amamos la Cruz, entonces no amamos a Jesús. Y si no amamos a Jesús, entonces sólo nos amamos a nosotros mismos. Y si a nosotros mismos es que nos amamos, entonces ya no tenemos que morir, porque nunca estuvimos vivos de verdad. Y la persecución, esa que se dice sufre la Iglesia en Occidente, hoy en día,  no es una persecución de Cruz, sino la persecución que merece por sus pecados históricos, por su rigidez moral, por sus incoherencias, por sus adhesiones ideológicas, pero no por la Cruz misma, no en Occidente. Que Dios nos ayude a dejar que el Espíritu Santo nos conduzca una vez más a la fuente de toda la vida, tanto ahora como siempre, que no es otra sino la Cruz del Señor Jesucristo.

jueves, 27 de octubre de 2016

DECID A ESE ZORRO....


En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.» El Señor contestó: «ld a decirle a ese zorro: "Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término. Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar". Esta escena hace que me interrogue cuántas veces, en los más diversos contextos históricos, y en las más diferentes personas, los seguidores del Señor, nuestros hermanos, no habrán experimentado la misma advertencia "Márchate de aquí, porque quieren matarte". 


Fueron las palabras que escucharon las religiosas recientemente asesinadas en YEMEN, de las Misioneras de la Caridad de TERESA DE CALCUTA; fueron las palabras que escucharon los franciscanos y el sacerdote diocesano asesinados en PERÚ en el año 1991; fueron las palabras que escucharon Monseñor ÓSCAR ROMERO, o los jesuitas de EL SALVADOR; fueron las palabras que escucharon tantos catequistas y agentes de pastoral desaparecidos en BRASIL; fueron las palabras que han escuchado tantos mártires en la historia de la Iglesia, conocidos o no... pero cuando te dan una advertencia es porque "incomodas" a algún tipo de poder o autoridad; normalmente si te quieren matar, te buscan y lo hacen ¡es tan fácil segar una vida humana! La muerte del Padre JACQUES HAMEL en FRANCIA por supuesto que es una muerte martirial, en odio a la fe, en nombre de Dios, haciendo lo que le es propio a un Buen Pastor, apacentar a sus ovejas en la celebración de la Eucaristía, de hecho, asesinarle a él primero ganó al resto de rehenes los segundos preciosos de escapar y ser auxiliados... Pero fue algo completamente azaroso... cuando te señalan con el dedo previamente, cuando te amenazan, es una clara prueba previa y palpable de que "van a por ti y lo sabes". Y cuando uno ya se sabe "en la diana", ya has sido advertido, caben dos opciones: salvar la vida plegándote a las exigencias de quien te amenaza, o confirmarte en tus posiciones y convicciones, y pese a la amenaza, seguir viviendo, sin miedo, con libertad... ¡Que se lo pregunten a tantísimas personas que han vivido en países como IRLANDA, o ESPAÑA en el PAÍS VASCO, o en las revueltas entre hutus y tutsis! No debe ser fácil vivir la vida de alguien "que ha sido señalado para morir", menos aún se nos hace entender cómo fueron capaces de seguir haciendo su tarea, día a día, sin someterse...

Incomodar al poder, ya se sabe, son estas las consecuencias, Mª EMILIA RIQUELME solía decir, cuando ésto le pasaban (no murió martirialmente, pero a lo largo de su vida tuvo que afrontar muchas y desagradables habladurías que le hicieron mucho sufrir) "empiezan los problemas, bien, bien..." porque el más básico discernimiento del cristiano nos dice que, si incomodas, el incomodado se ha fijado en ti... la Cruz te espera a la vuelta de la esquina.

Mientras tanto como dice el Señor "seguiré curando y echando demonios (...) porque tengo mucho aún que caminar" que es tanto como decir que las amenazas no van a hacer mella en mí, seguiré realizando mi tarea hasta que llegue mi término, ya sea que este término sea una muerte injusta, o de cualquier otra manera, como se suele decir en ANDALUCÍA, sobretodo cuando eres mayor "¡Me queda cuerda para rato, si Dios quiere!". Por eso San PABLO puede decir de la misma manera: "Por todas partes nos aprietan, pero no nos ahogan; estamos apurados, pero no desesperados; somos perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no aniquilados; siempre transportando en el cuerpo la muerte de Jesús, para que se manifieste en nuestro cuerpo la vida de Jesús. Continuamente nosotros, los que vivimos, estamos expuestos a la muerte por causa de Jesús, de modo que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así la muerte actúa en nosotros, la vida en vosotros. Pero como poseemos el mismo espíritu de fe conforme está escrito: creí y por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos" (2 Corintios 4,8-13) por eso, pese a todo "seguirá creyendo, seguirá hablando, seguirá predicando".

Quizás, en ese "me queda cuerda para rato" aún el Señor dice a sus perseguidores, personificados en la autoridad de HERODES, de todas las autoridades políticas y religiosas de su tiempo, identificadas con JERUSALÉN: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido", es el reproche que hace todo aquel que es perseguido a su perseguidor "¿Por qué? ¿No te das cuenta de que el único intimidado eres tú? ¿Tanto te humilla mi servicio? ¿Matar es la única respuesta que se te ocurre?".

¡Cómo me gustaría que conocierais el entorno en el que el Señor dijo estas palabras! En el MONTE DE LOS OLIVOS, enfrente de la ciudad de JERUSALÉN, hay una pequeña iglesita, con forma de lágrima, que se llama precisamente “Dominus flevit” (“El Señor lloró”) por la pena que le suscitaba al Señor, contemplando la impresionante panorámica de la ciudad desde esa punto de vista, que el pueblo de ISRAEL fuera tan cerrado de mollera y él mismo se buscase la condenación, renunciando a su Señor  y a todos los intentos del Señor por congraciarse, no sólo con JERUSALÉN o el pueblo elegido, ISRAEL, sino con la humanidad entera.


Esta iglesita se caracteriza porque no tiene retablo, ya le vale como retablo la impresionante panorámica de la ciudad de JERUSALÉN que se aprecia desde el ventanal enorme que hay detrás del altar… En aquel silencio, aquel paraje, un poco más elevado que el propio huerto de GETSEMANÍ, ante aquella impresionante vista, el sentimiento que me abarcaba, fue el siguiente: “¡Dios mío, que lugar más maravilloso! ¡Qué vista tan fantástica de la ciudad! Si por mi fuera, establecería inmediatamente, en este lugar, una pequeña comunidad religiosa de clausura, de vida contemplativa, cuya única finalidad, ante esta vista, fuera orar y consagrar sus vidas a interceder sólo y exclusivamente por la paz en oriente medio!

Y una cosa más, pese a la amenaza, pese a saberse ya "en camino de muerte", pese a la dureza de las palabras dichas a HERODES al que califica de "ese zorro", en este terrible momento de saber que su vida ya tiene precio, el Señor, lejos de preocuparse de sí mismo, tiene un nuevo gesto de misericordia y ternura con nosotros, comparándose con una gallina que maternalmente ampara a sus polluelos bajo sus alas. Es otra enseñanza que han aprendido todos los mártires, todos los perseguidos, antes de morir, mientras la amenaza sigue vigente, hacer todo lo posible por salvar a los que me han sido confiados, o cuya suerte pueda ser la misma que la mía: 

Lo han hecho religiosas que antes de ser asesinadas evacuaron a sus niños o ancianos; lo han hecho misioneros advittiendo a las aldeas de que emigraran para no correr su misma suerte; lo han hecho cientos de personas, pese al peligro de su vida, acogiendo y ocultando judíos durante el nazismo; o a hutus siendo tutisis y viceversa; en honor a la verdad lo han hecho familias musulmanas de buena fe acogiendo y escondiendo a sus vecinos cristianos, nuevamente también al revés; lo hicieron bomberos, policías y religiosos que murieron evacuando personas de los edificios de las TORRES GEMELAS; lo han hecho muchos capitanes ¡los últimos en abandonar el barco!, y los hizo el propio Señor en su prendimiento con los discípulos "Os he dicho que yo soy; por tanto, si me buscáis a mí, dejad ir a éstos" (Juan 18,8).


martes, 25 de octubre de 2016

SI EL ÁRBOL DE LA MOSTAZA ES GRANDE...
...¡NOSOTROS SOMOS UN BAOBAB!


El Evangelio de hoy (Lucas 13,18-21) nos muestra las parábolas del esparcimiento ¡nunca hasta hoy se me había ocurrido llamarlas así! se pueden resumir de la siguiente manera: Todo lo bueno se esparce, crece, se expande... puede que parezca nimio y pequeño, sobretodo al principio, pero lo hace,el bien siempre gana... ya lo dijo el Señor de otra forma "y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mateo 16,18), de este esparcimiento dejad que me quede con la mostaza:

En aquel tiempo, decía Jesús: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.»

Tenemos, es verdad, en las redes sociales y en este blog muchos seguidores, tantos como que son miles en las cuentas de TWITTER, y se supone que, al menos, ciento cuarenta mil y pico lecturas en este blog... Pero nada de ello nos distrae de lo básico, seguimos siendo un simple granito de mostaza, tan pequeño, para que os hagáis una idea, que los venden en TIERRA SANTA, como souvenir, metidos en una capsulita de cristal como colgante al cuello ¡figuráos que ridiculez de granito es una semilla de mostaza! Esta nada que somos nosotros estamos cada vez más concienciados de que "inútiles siervos somos, lo que teníamos que hacer hicimos" (Lucas 17,10), y mucho más convencidos si cabe de que "nosotros sembraremos lo que otros cosecharán en nuestro nombre" (Juan 4,37), o sea que no esperéis mucho más de estos pobres granitos de mostaza ¡quizás la comparación sería más evidente si se me ocurriera un granito más chico aún!


Pero el Señor, en este camino, nos ofrece pequeños consuelos, y grandes personas, debemos de ser de crecimiento lento, porque, es verdad, pese a ser esta nada de mostaza, al menos germina... pese a tantos años con el blog y el testimonio en redes sociales, y pese a lo engañoso de los números, el Señor va haciendo que mucha gente buena se arrime a nosotros ¡pero no para seguirnos, ser discípulos nuestros o aprender de nosotros! ¡nada de eso! Hemos llegado a la conclusión de que toda esa gente buena que el Señor nos ha regalado son, precisamente, para arroparnos, para cobijar esta plantita que apenas nace, que se habría muerto sin la oración, el cariño y el testimonio de todos ellos ¡Vosotros nos dais la vida a nosotros, pobre plantón indefenso, no os equivoquéis!


Así que tenemos un invernadero en PALENCIA de mucha gente buena que ora de verdad por nosotros, a los que podemos llamar hermanos... los citaré por sus nombres, de aquellos que son ya de sobra conocidos en las redes: SILVIA MARTÍNEZ y su madre FÁTIMA, el padre RAÚL MUELAS, el padre ABEL ISAAC, JARA MARTA, NINES DE LA TORRE, CASANOVA y su familia.... entre los más cercanos; y sabemos que tenemos en MADRID casi ya una familia adoptiva en @floresconencanto, sus hijos, su madre, su esposo... y con ella, casi, de rondón, los franciscanos de MADRID; y por los madriles anda también INMACULADA UREÑA ¡qué parece mi doctora de cabecera, me regaña tanto por mi salud, casi como mi madre!; y como somos tan torpes y tan necios, necesitamos que recen por nosotros el doble, por eso el Señor nos ha dado otra familia adoptiva en CANARIAS de la mano de otra INMA y sus hijos, así cuando todos en la Península habéis orado por nosotros, el Señor -conocedor de nuestra debilidad- nos refuerza con una segunda oleada de oraciones, una hora más tarde, desde CANARIAS. También desde MADRID nos hemos colado en el hogar, la familia y la oración de ENRIQUE CASANUEVA y su familia ¡y éste, con él, nos tiene bajo el amparo del PERPETUO SOCORRO, ahí es nada!; y desde LA CAROLINA, en JAÉN, hay un ser maravilloso, de corazón tan grande como lo manifiesta, que sabemos que no ha debido hacer mucho esfuerzo para que estos intrusos que somos nosotros nos hagamos hueco en él, ¡qué se puede esperar si se llama JUAN DE DIOS (Castrovico)! ¡Pues que imitando a nuestro santo granadino su corazón sea enorme....!

Es curioso, insisto, este pobre granito de mostaza que somos los POBRES DE NAZARET (el nombre "corto" por el que todos nos conocen) debe de ser la única comunidad que, en vez de crecer en frutos e hijos, crece en raíces que nos sustentan ¡que sois todos vosotros! 

Es verdad, el grano de mostaza se convierte en un árbol enorme, pero empiezo a pensar que, en nuestro caso, más bien somos un BAOBAB, esos árboles africanos que parecen que están plantados del revés ¡con las raíces a lo alto!, porque esas raíces sois vosotros, nuestro sustento, acicate, estímulo... cuánto más nos enterramos, más de vosotros, en lo escondido nos alimentais diariamente con vuestro testimonio. 

Esa es nuestra familia... vosotros.

Dicen que las raíces de un árbol, pese a que sustentan, alimentan, mantienen al árbol, y dan vida a las hojas, los frutos, las flores... precisamente por estar enterradas, pese a su importancia, nunca conocen lo que sucede "allá en lo alto", no conocen, ni pueden, los frutos de su escondida labor... Pedimos al Señor, nosotros, diariamente, que en nuestro caso no sea así, y que el Señor nos conceda algún día la bendición de poder conoceros a todos vosotros uno a uno, en persona... Que así sea.

domingo, 23 de octubre de 2016

SEÑOR, JESÚS....
LA ORACIÓN DEL CORAZÓN


En el Evangelio de hoy (Lucas 18,9-14) el Señor nos pone de frente la consabida oposición entre el fariseo que, nos dice el texto, erguido, oraba en su interior de la siguiente manera "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo", y por otro lado, un publicano, que en la parte de atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios, ten compasión de este pecador!"

No voy a entrar en la enseñanza del Evangelio de hoy porque nos la da el propio Señor cuando nos dice "el segundo bajó a su casa justificado, y el primero no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido".

Sin embargo la oración del publicano "¡Oh Dios, ten compasión de este pecador!", me sirve de base para contaros una de las tradiciones monásticas y de oración más antiguas del cristianismo. Esta invocación, con diferentes modalidades, ha sido una jaculatoria repetida ininterrumpidamente por muchos monjes del desierto y con la que se han santificado innumerables personas en el mundo entero.

En la “Vida de San DOSITEO” (VI-VII) se nos dice que repetía siempre: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí y sálvame". El llamado PSEUDO-CRISÓSTOMO (siglo VI) repetía: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador". En la vida de SIMEÓN, el nuevo teólogo, cuenta que un día, repitiendo según su costumbre la oración: "Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador", de pronto lo cegó una luz maravillosa. Él parecía haberse convertido en luz y en ese estado luminoso, identificado con Dios, fue colmado de una inmensa alegría e inundado de cálidas lágrimas de amor; y lo más extraño de ese maravilloso acontecimiento es que, para su sorpresa, cuando volvió en sí se encontró gritando en alta voz: "Señor, ten piedad de mí…" De esta experiencia se convirtió en un gran carismático, que hizo de toda su vida la predicación de que era muy importante que los creyentes con su bautismo recibiesen una auténtica efusión del Espíritu Santo, pero no en un plano teórico, sino en la realidad de sus vidas, por eso escribía "no concibo que haya nadie que diga que no ha experimentado nada en su bautismo, y que viven como si la totalidad de las gracias y dones del Espíritu Santo, fueran un tesoro desconocido para ellos".

En el CATECISMO DE LA IGLESIA leemos de esta oración: 

2267 Esta invocación de fe bien sencilla ha sido desarrollada en la tradición de la oración bajo formas diversas en Oriente y en Occidente. La formulación más habitual, transmitida por los monjes del SINAÍ, de SIRIA y del Monte ATHOS es la invocación: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de nosotros, pecadores” Conjuga el himno cristológico de Filipenses 2, 6-11 con la petición del publicano y del mendigo ciego (cfr. Lucas 18,13; Marcos 10, 46-52). Mediante ella, el corazón está acorde con la miseria de los hombres y con la misericordia de su Salvador.

2668 La invocación del santo nombre de JESÚS es el camino más sencillo de la oración continua. Repetida con frecuencia por un corazón humildemente atento, no se dispersa en palabrerías… Es posible en todo tiempo, porque no es una ocupación al lado de otra, sino la única ocupación, la de amar a Dios, que anima y transfigura toda acción en Cristo Jesús. 

Yo mismo, de esos retos que os iba proponiendo cada día en CUARESMA ¿Os acordáis?, tomé desde entonces la costumbre de repetir cada hora en punto "Señor, tened piedad de mí, que soy un pecador", para ser sincero, el día que tocaba ese reto en CUARESMA si que lo hice cada hora en punto ¡hasta me puse un avisador en el móvil para ello!, ahora lo sigo haciendo, no cada hora en punto, pero sí cuando por casualidad me doy cuenta, a lo largo del día de que es una hora en punto, pero lo importante es que manteniendo, poco a poco, la costumbre de orar de esta manera, haremos una bellísima oración que llegará al alma, convirtiéndose en una oración profunda, que el corazón irá repitiendo a toda hora desde lo intimo de nuestro ser, hasta que se identifique tanto con nosotros como el latido de nuestro corazón, lo que da nombre, precisamente, a esta oración "la oración del corazón o la oración del corazón".

Finalmente, antes hemos leído, del CATECISMO que "la invocación del santo nombre de JESÚS es el camino más sencillo de la oración continua" y a modo de colofón os presento a un hombre que hizo de toda su vida la predicación del nombre de JESÚS, acompañado siempre de un icono del Santo Nombre con el que ilustraba todos sus sermones, me refiero al franciscano conventual, SAN BERNARDINO DE SIENA, autor de palabras tan bellas sobre el nombre de JESÚS como la de sus sermones:

El nombre de Jesús es el esplendor de los predicadores, ya que su luminoso resplandor es el que hace que su palabra sea anunciada y escuchada. ¿Cuál es la razón de que la luz de la fe se haya difundido por todo el orbe de modo tan súbito y tan ferviente sino la predicación de este nombre? ¿Acaso no es por la luz y la atracción del nombre de Jesús que Dios nos llamó a la luz maravillosa? A los que de este modo hemos sido iluminados, y en esta luz vemos la luz, dice con razón el Apóstol: Un tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor: caminad como hijos de la luz.

Por lo tanto, este nombre debe ser publicado para que brille, no puede quedar escondido. Pero no puede ser predicado con un corazón manchado o una boca impura, sino que ha de ser colocado y mostrado en un vaso escogido. Por esto dice el Señor, refiriéndose al Apóstol: Éste es un vaso que me he escogido yo para que lleve mi nombre a los gentiles, a los reyes y a los hijos de Israel. Un vaso —dice— que me he escogido, como aquellos vasos escogidos en que se expone a la venta una bebida de agradable sabor, para que el brillo y esplendor del recipiente invite a beber de ella; para que lleve  —dice— mi nombre.

(Sermón 39)

Así que podemos dedicar un ratito breve a orar de la siguiente manera:

Señor Dios, que infundiste en el corazón de San BERNARDINO DE SIENA un amor admirable al nombre de Jesús, concédenos, por su intercesión y sus méritos, vivir siempre impulsados por el espíritu de tu amor y movidos a decir, desde lo más profundo de nuestros corazones: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador". Por Jesucristo nuestro Señor.  Amén.

sábado, 22 de octubre de 2016

TOTUS TUUS
San JUAN PABLO II y MARÍA


Hoy se celebra la fiesta de San JUAN PABLO II, y además es Sábado, el día de la semana consagrado tradicionalmente a honrar de manera especial a MARÍA, por la que San JUAN PABLO II tenía un gran afecto y una gran devoción, reflejado en la omnipresente "M" de MARÍA en su escudo papa, junto con el lema "TOTUS TUUS" ("¡Soy todo tuyo!"), de hecho puede que os parezca rara esta imagen que os comparto, se trata de San JUAN PABLO II, en su etapa de Arzobispo de CRACOVIA, en una de esas excursiones a la montaña que tanto le gustaba hacer con los jóvenes, se encuentra en un ambiente cómodo, jovial, distendido, cargado de papeles y libros pese a estar descansando ¡siempre estaba leyendo u orando!, a su lado tiene un pez, seguramente pescado por él o alguno de los jóvees en el río, pero fijaros en un detalle, al cuello, por aquello de estar de campo, ni cruz pectoral, ni nada, tan sólo un detalle, que no le abandonó desde niño, su sencillo y desgastado escapulario marrón, de sencilla tela, de la VIRGEN DEL CARMEN. Y esta foto pretende demostrar otra cosa, lo santos no son ni superhéroes, ni extraterrestres, como solemos deformarlos, fueron personas -como tu y como yo- que hicieron las mismas actividades que nosotros, tan nimias como una excursión al campo, pero siempre ¡más cerca del Señor, mas orantes y más confiando en Él que nosotros, los que no lo somos!


Así que hoy, para no oscurecer con mis torpes palabras ninguno de los dos acontecimientos, os comparto simplemente esta oración de San JUAN PABLO II a MARÍA poniendo bajo su amparo a todos los jóvenes del mundo, tan necesitados como siempre de una guía en su camino de la vida, de un cauce correcto por el que encauzar sus legítimas aspiraciones de cambio y transformación del mundo, la auténtica esperanza de un mundo mejor en lo que les fallamos, o hasta donde pudimos construir, las generaciones que les precedimos:

"He ahí a tu Madre» (Juan 19, 27)

Es Jesús, oh Virgen MARÍA,
quien desde la cruz
nos quiso encomendar a ti,
no para atenuar,
sino para reafirmar
su papel exclusivo de Salvador del mundo.

Si en el discípulo Juan
te han sido encomendados
todos los hijos de la Iglesia,
mucho más me complace
ver encomendados a ti, oh MARÍA,
a los jóvenes del mundo.
A ti, dulce Madre,
cuya protección he experimentado siempre,
esta tarde los encomiendo de nuevo.
Bajo tu manto,
bajo tu protección,
todos buscan refugio.

Tú, Madre de la divina gracia,
haz que resplandezcan con la belleza de Cristo.
Son los jóvenes de este siglo,
que en el alba del nuevo milenio
viven aún los tormentos que derivan del pecado,
del odio, de la violencia,
del terrorismo y de la guerra.
Pero son también los jóvenes a quienes la Iglesia
mira con confianza, con la certeza
de que, con la ayuda de la gracia de Dios,
lograrán creer y vivir
como testigos del Evangelio
en el hoy de la historia.

Oh, MARÍA,
ayúdales a responder a su vocación.
Guíalos al conocimiento del amor verdadero
y bendice sus afectos.
Sostenlos en el momento del sufrimiento.
Conviértelos en anunciadores intrépidos
del saludo de Cristo
el día de Pascua:  ¡La paz esté con vosotros!
Juntamente con ellos,
también yo me encomiendo
una vez más a ti,
y con afecto confiado te repito: 
¡Totus tuus ego sum!
¡Soy todo tuyo!

Y también cada uno de ellos,
conmigo, te dice: 
¡Totus tuus!
¡Totus tuus!

Amén.


viernes, 21 de octubre de 2016

LOS LEONES DEL CONGRESO: JUDÁ y CRISTO.


Quedan diez días para la formación de Gobierno en ESPAÑA, si es que es posible, o los plazos constitucionalmente marcados nos abocarán a unas terceras elecciones, en poco más o menos de un año, que es el mismo tiempo que llevamos sin Gobierno, y aunque es verdad que los cristianos vamos de paso por este mundo, como dice San PABLO (Filipenses 3,20) "en cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo", no menos cierto es que -como decía TERENCIO- "hombre soy, nada humano me es ajeno", por lo que como cristianos no podemos sustraernos a la responsabilidad y las obligaciones de este mundo, por el que con todo, vamos de peregrinos, pues es San PABLO también el que nos dice "sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia", por lo que no es malo someterse a las leyes que nosotros mismos nos hemos dado, no es malo que los cristianos participen en política "en conciencia" -como dice- y por, ende, que podamos opinar del tema.

Creo que es una cita de CHARLES PÉGUY, en su obra "Diálogo entre la Historia y el alma pagana" el que dice algo así (pues cito de memoria) "de la ciudad pagana se erigió la ciudad cristiana, de la ciudad antigua se levantó la ciudad de Dios, y para nada esta ciudad puede ser considerada una nimiedad, un cero a la izquierda, un cero de ciudad", y en esta ciudad vivimos los católicos, y es absurdo y antievangélico que nos sintamos acobardados, apocados, sumisos y callados ante la cuestión política, es lo que nos enseñaba San AGUSTÍN en su obra titulada, precisamente, "La Ciudad de Dios", cuya enseñanza muy resumida es que el cristianismo, pese  ser la religión oficial del Estado, desde el edicto de MILÁN en el año 313, presenta al mundo y a la sociedad humana un mensaje que es más espiritual que político. El cristianismo, según San AGUSTÍN, tiene que tener como referencia la ciudad mística y divina de JERUSALÉN (la nueva JERUSALÉN del tiempo futuro) y no tanto a la ciudad terrenal, aunque no por ello los cristianos han de ser tan irresponsables como abstenerse del todo de su participación y responsabilidad política. Su teología sirvió para definir la separación entre Iglesia y Estado, algo que caracterizaría a las relaciones políticas de EUROPA occidental, frente a BIZANCIO, en donde lo espiritual y lo político no mostraba una separación tan evidente, y por ende, las interferencias y los problemas eran mucho mayores.

Vivimos en una sociedad en la que el hombre moderno experimenta una dramática ausencia de felicidad, se puede decir -sin miedo a exagerar- que cuántos mayores son los avances en todos los campos del saber humano, mayor es el vacío del alma que experimenta. Y es que no ha descubierto que la felicidad "se ha hecho carne" y que "ha acampado en medio de nosotros". Desde la experiencia de Cristo resucitado, y desde la esperanza que ha de mover siempre a los cristianos, en todo, incluida la construcción de un mundo mejor, sabemos que "ha triunfado Cristo, el león de la tribu de JUDÁ, el retoño de la Casa de ISRAEL" (Apocalipsis 5,5) Y como león ruge, lo que sucede es que el hombre moderno no tiene oídos para escuchar, ni ojos para ver.


En la EDAD MEDIA, el hombre, que pese a sus limitaciones de saber y tecnológicas tenía un oído y un vista más finas para las cosas del espíritu, solían colocar, para flanquear el acceso de ciertos palacios importantes, ayuntamientos, e iglesias, una pareja de leones a izquierda y derecha de la entrada. Custodiando la entrada representaban así a JUDÁ cediendo su testigo a CRISTO. En el judaísmo, y en el Antiguo Testamento, el poder y la autoridad del Señor se expresan muchas veces "como león que ruge". De esta manera, colocando a Dios mismos que ruge, como león de JUDÁ y a CRISTO siendo investido de este poder, expresaban el mayor grado de confianza en la autoridad y protección del Señor, hacían cierta su presencia en medio de su pueblo, y se identificaban con ellos como pueblo reunido y protegido "el Señor ruge, como león, como cachorro sobre su presa (...) y bajará a luchar el Señor de los ejércitos sobre el Monte SIÓN" (Isaías 31,4).

Y reflexionando sobre la anterior idea, me acordaba de que, curiosamente, también nuestro CONGRESO DE LOS DIPUTADOS, está flanqueado por dos leones, incluso tienen nombre, se llaman DAOIZ y VELARDE (en referencia a los capitanes LUIS DAOIZ Y TORRES y PEDRO VELARDE, oficiales de artillería del cuartel de MONTELEÓN, en MADRID, que se sumaron al levantamiento del 2 de Mayo de 1808 contra las tropas francesas). Y para nada encuentro que, pese a los mencionados leones, los ciudadanos podamos sentirnos, en absoluto, amparados, protegidos y custodiados por los que se dicen nuestros servidores públicos, es decir, nuestros diputados, menos aún, al contrario de los leones que flanquean la ciudad de Dios, sentirnos identificados con ellos, pues el nivel de desafección que existe en la actualidad entre la ciudadanía y la clase política alcanza cimas nunca antes conseguidas en nuestra, no ya tan joven, democracia. Somos ciertamente, hoy en día, como ciudadanos, "un pueblo sin pastor" porque los pastores, que se suponen han de velar por nosotros, nuestra clase política, ha demostrado con creces moverse por intereses espúreos, sus propias conveniencias y en nada piensan en nosotros.

Así están las cosas, ¡qué distinta es la ciudad de Dios, la JERUSALÉN celeste, de esta otra sociedad, ciudad, en la que necesariamente nos hemos de mover, insertos como estamos en el medio del mundo y sus cuitas! En el Apocalipsis el apóstol y evangelista JUAN llora porque no hay nadie que pueda abrir el libro de los siete sellos que revela el final y destino de la humanidad al final de los tiempos, y se le consuela diciendo que "el león de JUDÁ es el que puede hacerlo" Quiere esto decir que es legítimo que los cristianos nos indignemos con la actual situación política, que critiquemos todo aquello que no es conforme con el bien común de todos los ciudadanos, que intentemos participar en política para paliar la actual situación, y por supuesto, que como JUAN, lloremos y nos lamentemos por la actual situación política, que tanto daño empieza a hacer a las clases más desfavorecidas. 

Pero tenemos esperanza, sabemos que cada lágrima que se derrama en esta tierra no es en vano, ni un tesoro que se pierde, por mucho que las circunstancias y la realidad parezca que conspiran en contra. Pidamos cada día el don de ver el horizonte con ojos nuevos, y no perder nunca de vista ese más allá de la esperanza que nos compele a construir una sociedad mejor, un mundo nuevo, una humanidad renovada. Decía San JOSÉ Mª ESCRIVÁ DE BALAGUER "recordad que cada uno de vosotros cooperáis a la formación y al crecimiento humano y espiritual de cuántos os rodean -y todo ello con el auxilio de la comunión de los santos- porque ya sea que trabajas, o que descanses; ya sea que estés triste, o alegre; ya sea que estés en el trabajo o en el descanso; siempre podrás elevar tu oración como hijo de Dios y lograr que trascienda hacia fuera la paz y la esperanza de tu corazón, y  hacer una sociedad mejor, ya sea que llores, sufras o sonrías".

jueves, 20 de octubre de 2016

HE VENIDO A TRAER FUEGO A LA TIERRA
¡Y NO QUIERO SINO QUE ARDA!

El Evangelio de hoy (Lucas 12,49-53) es de los que nos sorprenden e interpelan, dice el Señor con una gran dureza "He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! (...) ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división" y a continuación añade "de ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra".

Es demasiado fácil y tentador, precisamente, para rebajar la dureza de estas palabras, aunque parezca contradictorio, quedarnos en la literalidad de las mismas, entender que "al Señor se le ha de preferir por encima de todo amor o relación humana, incluidas las familiares", porque entre otras cosas es así, cualquier animador vocacional os dirá que la primera causa de frustración de incipientes vocaciones es, justamente, la familia, cuando los jóvenes que optan por una vocación sacerdotal, religiosa, a la vida consagrada, chocan siempre con el muro primero de la oposición de sus familias. Asunto zanjado, evangelio comentado.

Sin embargo, no nos quedemos en la literalidad, "he venido a traer fuego al mundo, a ser causa de división", no en vano ya le dijo el anciano SIMEÓN a MARÍA "este niño está destinado para ser caída y resurgimiento de muchos en Israel; será signo de contradicción, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones" (Lucas 2,34-35), visto así el propio Papa FRANCISCO sobre este mismo texto nos enseña: "La palabra del Señor, ayer como hoy, provoca siempre una división: la Palabra de Dios divide, ¡siempre! Provoca una división entre quien la acoge y quien la rechaza. A veces también en nuestro corazón se enciende un contraste interior; esto sucede cuando advertimos la fascinación, la belleza y la verdad de las palabras de Jesús, pero al mismo tiempo las rechazamos porque nos cuestionan, nos ponen en dificultad y nos cuesta demasiado observarlas (...) Cristo está empleando un lenguaje contradictorio en apariencia para dar a entender precisamente en qué consiste el verdadero amor a Él. Sí, porque el amor, realmente como lo ha de entender el cristiano está muy lejos de ser un diluido sentimiento de afecto, bonito y pasajero como una flor de primavera. Más bien es como el fuego que a la vez lo enciende todo y va consumiendo una y otra cosa; es algo que se extiende, que tiende por su naturaleza a expandirse con calor, con pasión y que divide a los corazones fríos y mezquinos que nada más piensan en llenar sus pobres pretensiones. Así es la caridad. Ese es el fuego que Cristo espera arder en los corazones de los que le amen. Están, por tanto, muy lejos de ser sus palabras interpretadas con la literalidad de la carne. Hay que haber experimentado el fuego de su amor para entenderlas correctamente. Pidamos saber amar hasta ser incomprendidos por los egoístas de nuestro mundo".


"He venido a traer fuego al mundo ¡y no quisiera ya sino que ardiera!" En la RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA existe la bella costumbre de llamar a la Adoración Eucarística como lugar de encuentro con la "Zarza ardiente" ¿Dónde si no escucharemos con la misma fuerza, si no es en la presencia del Señor mismo, las palabras de Dios a MOISÉS: "Yo soy el que Soy"? Que es lo mismo que decir: "Dios está aquí, venid adoradores, adoremos, a Cristo redentor" ¿Dónde, si no, en la Adoración tomar conciencia de que hemos de ponernos en la humildad del que se descalza porque el suelo que pisa esa sagrado (Éxodo 3,5)?

Me vais a llamar pesado, pero hoy, como ayer, recurriré a una palabras de Mª EMILIA RIQUELME para cerrar este artículo, a modo de conclusión: 

"En la sagrada Comunión es donde mejor conoce el alma a Jesús; bebe allí, por decirlo así, la dicha inmensa de la transformación eucarística; ya no respira el alma más que en Jesús, por Jesús, para Jesús; allí siente su amor, y crece en su amor, y lo ama cada vez más y más; y en su amor se abrasa, consume y quema, con ese fuego divino que vino a traer a la tierra; y del cual Él mismo dice: ¡y qué quiero sino que arda!

(Pensamientos, nº 88).