domingo, 31 de diciembre de 2017

VENI CREATOR SPIRITUS


A las doce de la noche del 31 de Diciembre del año 1900, el Papa LEÓN XIII, arropado por los cardenales de la Curia Romana y miembros de la Casa Pontificia, frente a la vidiriera del Espíritu Santo, en la Basílica de San Pedro, daba la bienvenida al año nuevo de 1901, y con él, al Siglo XX, cantando no el tradicional "Te Deum", sino el himno "Veni, Creator Spiritus". Y como me siento incapaz de ponerme a entonar latines a estas horas, os dejo esta otra:



Con ello acogía la humilde petición hecha, por una desconocida -entonces-religiosa italiana, la beata  ELENA GUERRA, para consagrar el nuevo siglo al Espíritu Santo, demostrando la pastoral atención del Sumo Pontífice ante tal insignificante oveja de su rebaño, quien, especialmente concernida por el escaso conocimiento y devoción del Espíritu Santo, había escrito al Papa LEÓN XIII sobre la necesidad de revitalizar la devoción al Espíritu Santo en la Iglesia, y que ya había cedido, a las cartas de aquella, mediante su Encíclica, la primera dedicada al Espíritu Santo, "Divinum illud munus" de 9 de Mayo de 1897, instituyendo para toda la Iglesia la novena del Espíritu Santo entre las fiestas de la Ascensión del Señor y Pentecostés, recordando el tiempo de oración y espera, en el Cenáculo, de los apóstoles y las otras mujeres con MARÍA.

Como dijera el  Señor a NICODEMO el Espíritu Santo "sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va(Juan 3,8), y esa misma noche, un grupo de estudiantes de la escuela bíblica metodista de TOPEKA, capital del estado de KANSAS, se habían reunido para tener una víspera de oración. El tema del encuentro era orar para pedir una nueva efusión del Espíritu Santo, y durante el estudio de la mañana, todos los estudiantes, junto con el pastor CHARLES FOX PARHAM, habían llegado a la conclusión de que un signo de la efusión del Espíritu Santo era el canto en lenguas, pues aparece mencionado varias veces en los Hechos de los Apóstoles entre los signos y prodigios de la Iglesia naciente, y asociado siempre a la efusión del Espíritu Santo. 

Durante la oración de la noche, una de las estudiantes, AGNES NIEVES OZNAM, pidió expresamente que se orara sobre ella, imponiéndole las manos y pidiendo para ella, especialmente, el don de orar en lenguas. Así sucedió, los presentes dicen que "su rostro se transfiguró, estaba como radiante de alegría y paz, en una gran quietud que lo iluminaba todo", tras esta experiencia, la joven estuvo cuatro días sin poder decir, ni escribir nada en inglés, evidentemente, su lengua materna, sino que comenzó a hablar y a alabar en lenguas con tal intensidad, que era imposible seguirla y menos entenderla. De lo que garabateó se descubrió después que eran oraciones y alabanzas ¡en chino! 

Este va a ser nuestro deseo de AÑO NUEVO, con independencia de que celebremos esta noche la Eucaristía (Vigilia Nocturna) de Santa MARÍA, MADRE DE DIOS, en algún momento dado, cantaremos el "Veni Creator Spiritus", invocando una nueva efusión del Espíritu Santo sobre cada uno de vosotros, invocad vosotros también que así sea, y rezad ¡Intentadlo al menos! (es más fácil cantando) en lenguas, y no creáis que el Espíritu Santo no desciende sobre vosotros ignorando nuestra invocación por vosotros, porque no seáis capaces de orar o cantar en lenguas, porque aunque es un don que libera y ayuda mucho en la oración y el crecimiento espiritual, no lo es todos, pese a la forma extraordinaria en que AGNES NIEVES OZNAM recibió este don, ella misma escribía, en la revista mensual THE LATTER RAIN EVANGEL, en su número 4, de Enero de 1909: "Poco después descubrí que orar en lenguas no es la única manifestación de haber recibido el Espíritu Santo. Me apena ver como tantos hermanos se afanan en este don, y sin embargo no se dan cuenta de que, dones aparte, sólo han de descansarse en Dios".



Porque los frutos del Espíritu Santo son doce ¡como las uvas que marca la tradición! acojamos el nuevo año descansando en Dios, que nos lo merecemos, y que en cada uva pidamos para nosotros y todos los nuestros "caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad" (Gálatas 5,22-23, según la traducción latina de la Vulgata de San JERÓNIMO).

sábado, 30 de diciembre de 2017

ANA, el NIÑO.... ¡Y EL ABOGADO!

Os comparto, una vez más, el comentario a las lecturas de hoy de otro profesor de la Universidad Jesuita norteamericana de CREIGHTON, en este caso de EDWARD MORSE, profesor de Derecho y abogado en ejercicio... porque haciendo la famosa broma ¿es qué de un abogado cabe esperar algo bueno?, pues en este caso va a resultar que sí, porque pone su comentario por ojos de un niño, su nieto de tres años:

¿Por qué deberíamos hacer propósitos de Año Nuevo? ¡Total, nunca los cumplimos! Deberíamos proponernos algo más ambicioso, con más recorrido y más visión de horizonte que aprender inglés, empezar un coleccionable, dejar de fumar, hacer un régimen o apuntarnos al gimnasio. ¿Qué tal un nuevo comienzo, una nueva relación con el Señor?

En la primera lectura de hoy, JUAN se dirige a diferentes oyentes: A los padres, a los jóvenes e incluso a los niños. Nuestras perspectivas y necesidades cambian a medida que crecemos y, consecuentemente, hacemos lo mismo en la escala social. ¿No es fascinante que incluso con las misma fe anclada en la misma esperanza, cada uno de nosotros la manifestemos y la vivamos de forma diferente dependiendo de en qué momento de nuestro peregrinar en la tierra nos encontremos? A menudo simplemente no somos conscientes de las luchas y dudas que enfrentamos con nuestros antepasados ​​hasta que nosotros mismos también envejecemos y empezamos a ver por sus mismos ojos. Que los jóvenes tomen nota, quienes os precedieron en la fe, también creyeron y dudaron  mucho como vosotros ahora.

En su carta, JUAN a los padres y a las madres les pide que continúen con sus compromisos básicos. A los jóvenes  les pide que continúen con su fuerza y ​​entusiasmo juveniles. Y a los niños, aquellos que aún no se han formado completamente, pero que, sin embargo, están abrazados por la fe de los mayores. Aquí es donde a veces los viejos nos creemos sabios y aventajados y tal vez nos perdemos, o damos de lado, lo que los jóvenes, y aún los niños, pueden aportar a nuestra fe y nuestro propio crecimiento espiritual.

Mi nieto ELÍAS ahora tiene tres años. Cuando solo tenía dos años, estaba mi hija limpiando la casa. Mientras limpiaba las estanterías, colocó algunas fotos de familia que estaban en esos estantes en el suelo, donde el niño pudo acercarse a verlas de cerca. En una de esas fotos estaba mi propio padre -mi hija tiene, evidentemente, fotos de sus abuelos- un hombre que fue una auténtica piedra en mi vida y fuente de fortaleza para toda nuestra familia. Él había fallecido poco después de que naciera el niño. 


El pequeño ELÍAS, que todavía no hablaba muy bien con dos años, simplemente tomó la foto, se cercó a las faldas de mi hija, y señalando con un dedito al techo (más allá, al cielo) simplemente hacía la señal de la Cruz. Si, un niño tan pequeño como mi nieto, espera y confía que su bisabuelo está en el cielo, orando por ti, significa, después de todo, que su madre, mi hija, no lo debe de estar haciendo tan mal como madre, respecto de la fe de su hijo. Estos pequeñuelos saben más de lo que creemos. No subestimemos el poder de nuestras palabras y nuestro ejemplo ante los niños, pero tampoco subestimemos el poder de sus oraciones y contribuciones a nuestra fe y nuestras comunidades. Porque los niños son miembros del cuerpo de Cristo, también, cuando no, directamente, los más queridos "si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 18,3).

El Evangelio de hoy (Lucas 2,36-40) nos lleva de nuevo al Templo, donde MARÍA y JOSÉ llevan a su hijo pequeño. Primero, el niño Jesús recibe el testimonio de SIMEÓN, quien profetiza el significado de su vida. Entonces, como se enfatiza en la lectura de hoy, la profetisa ANA confirma esta profecía poniendo voz a la paciencia de aquellos que esperan en Dios para el cumplimiento de sus promesas. Casada sólo durante siete hasta la muerte prematura de su esposo, ella esperó en oración hasta los  ochenta y cuatro años en su viudez, buscando a Dios. ANA encontró lo que había estado esperando en el pequeño envuelto de alegría sostenido por MARÍA y su esposo, JOSÉ. Ella supo ver que este niño sería la culminación de todas esas antiguas promesas.

Este episodio de ANA nos debe recordar que nuestra propia fe es a menudo frágil, y nuestra paciencia a menudo muy escasa. Concédenos, Señor, que podamos despertar durante esta temporada de Navidad para que nuestras propias almas sean permeables a tu luz y a tu presencia que nos calienta y abriga. Todavía no sabemos cómo orar y cómo vivir de acuerdo con tu voluntad. El testimonio de los profetas, de los últimos, ANA, SIMEÓN y JUAN, el bautista, y el niño recién nacido en un pesebre nos proporcionan un faro de luz cada año al mundo entero. Gracias a Dios.

jueves, 28 de diciembre de 2017

COMO CORDEROS AL MATADERO....


ALEMANIA, Diciembre del año 1940, Navidad.

Después de la invasión de POLONIA en el año 1939, que propició el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la ALEMANIA NAZI, con la aquiescencia de ITALIA y las potencias del eje, exige pretensiones territoriales cada vez más agresivas que le llevan a dominar prácticamente EUROPA, quedándose a las puertas del REINO UNIDO. En ALEMANIA la población vive en un clima de muerte y de pobreza, propio de la guerra, y de la persecución de los judíos, una especie de atmósfera de mirar para otro lado, no asumir, ni ver lo que está sucediendo, junto con la vergüenza del silencio cómplice, se extiende entre la población. Un clima, muy parecido al que, por ejemplo, en la víspera dela matanza de los corderos pascuales, narra CATALINA EMMERICK en sus visiones sobre la Pasión de Cristo, nada más que muerte en derredor:


Alrededor de Jerusalén se oían los berridos de los muchos animales que los extranjeros habían traído para sacrificar. Inspiraba una cierta compasión el balido de los innumerables corderos que debían ser inmolados en el Templo al día siguiente. Uno solo iba a ser ofrecido en sacrificio sin abrir la boca, semejante al cordero al que conducen al matadero y no se resiste; el Cordero de Dios, puro y sin mancha; el verdadero cordero pascual, el propio Jesucristo. 

En este clima, la Carmelita y filósofa EDITH STEIN medita y escribe sobre el misterio de la Navidad... parece difícil defender, como dice San JUAN en el prólogo de su Evangelio "en ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas" (Juan 1,4-5) en un clima de penumbra, muerte y desolación, sin duda, el nazismo es la etapa más oscura de la historia europea, quizás por ello, precisamente, para EDITH STEIN es fundamental que la contemplación se detenga en la luz que brilla desde el pesebre, sino también cómo esta luz se refleja en las otras figuras en la celebración de Navidad (como ese cuadro de SEGRELLES en que la luz que emana del niño recién nacido lo ilumina todo, en este caso, a San FRANCISCO). 

EDITH STEIN medita en las fiestas que siguen al día de Navidad, tratando de comprender la extraña yuxtaposición de alegría de estos días con el sufrimiento que supone celebrar el martirio de ESTEBAN o de los Santos Inocentes. Antes de que lleguen los Reyes Magos, la liturgia de la Iglesia va conformando una corte de santos y mártires alrededor del Rey recién nacido, trayendo regalos espirituales de oro, incienso y mirra. En este terrible clima en el que se estaba hundiendo EUROPA y su propio país, ALEMANIA, la eterna paradoja de cómo el mal parece, no sólo coexistir -como la cizaña en el trigo-, sino incluso ganar en apariencia, frente a la bondad es más que una mera abstracción filosófica para ella.

La celebración del protomártir ESTEBAN en el día inmediatamente posterior al nacimiento de Cristo parece algo bastante duro de asimilar. EDITH STEIN lo considera un homenaje de amor al Rey recién nacido, y demuestra cómo es teológicamente (más allá de lo sentimental) conveniente. Porque el Niño en el Pesebre ha venido para cumplir la voluntad perfecta del Padre y para dar su vida en la cruz, y "contempla frente a sí, en espíritu" a todos los que lo seguirán en este camino de la cruz. El joven ESTEBAN entrará en la propia obediencia de Cristo en amor, una obediencia expresada por las palabras de la Carta a los Hebreos: "me has dado un cuerpo, para que haga tu voluntad" (Hebreos 10,5). Tal obediencia, señala EDITH STEIN, solo puede ser el fruto de un gran amor y se revela con gran amor. Natividad y martirio: Dos estados de ánimo, dos aspectos del mismo misterio, a saber: Amor hasta el final, que simboliza el oro que traen los Reyes Magos.

Volviendo a los Santos Inocentes, EDITH STEIN cita la argumentación clásica (más piadosa que teológicamente admisible) en virtud de la cual estos niños recibieron la gracia sobrenatural de una madurez natural para poder entender lo que les estaba sucediendo y de esta forma ser mártires de una forma consciente (no olvidemos que en la consideración de la Iglesia el martirio exige la aceptación de la muerte por el Señor, de forma libre y voluntaria, perdonando a los perseguidores). EDIT STEIN, no olvidemos que es una gran pensadora, indica que este argumento, en el caso de los niños inocentes, es difícil de mantener, se sostiene de forma muy débil, y aún aceptándolo, por ser la opinión de la Iglesia, difícilmente puede ser como el martirio de una persona adulta. 


Concluye, que no es el heroísmo, ni el martirio, de los Santos Inocentes, lo que debe movernos a inspirarnos en ellos y tenerlos (como todos los santos) por modelos de nuestra vida cristiana, sino que lo que nos debe mover a reflexión es su pobreza, no tenían nada que ofrecer al Rey recién nacido, excepto sus vidas, que les es arrebatada en este misterio, en este sentido, se parecen los Santos Inocentes a los cientos de corderos que son conducidos, entre su inocencia e ingenuidad, al matadero.

"Comenzaremos este año nuevo (por 1941) en las manos del Señor: No sabemos si llegaremos al final de este año" concluye EDITH STEIN. Veinte meses después, en Agosto del año 1942, será deportada a AUSCHWITZ, y llevada con su hermana a la cámara de gas nada más llegar... "pero si bebemos de la fuente del Salvador todos los días, entonces cada día nos llevará más profundamente a la vida eterna y nos preparará para deshacernos de las cargas de esta vida fácil y alegre, en ese momento indeterminado en que nos llame de forma definitiva el Señor".


miércoles, 27 de diciembre de 2017

¡MAS QUE UN AÑO LITÚRGICO, ESTO HA SIDO UN TRIDUO!


¿Sorprendidos por el Evangelio de hoy (Juan 20,2-8)? ¡Pues entre los días 25 al 27 de Diciembre ya nos hemos ventilado el Año Litúrgico! El día 25 el texto del nacimiento del Señor (Navidad), ayer 26 el anuncio de persecuciones (Pasión y Muerte) y hoy 27 la Resurrección. Parece un poco raro el Evangelio de hoy en este contexto navideño, entendemos que se debe a la festividad de San JUAN Evangelista, el texto de hoy es suyo, y además es testigo directo de la resurrección, pues todos los exegetas están de acuerdo en señalar que "el discípulo amado" es la referencia a JUAN mismo, sin embargo tratar ahora la Resurrección del Señor no es algo tan anacrónico, pensemos en el ALELUYA de HÄNDEL, cuyo canto se ha convertido en un clásico navideño, casi a modo de villancico, pero no se trata de un canto de Gloria, al modo del Gloria que entonaron los ángeles al anunciar el nacimiento a los pastores, pues se compuso como canto de Gloria ante la Resurrección del Señor, y fue en la Pascua de una Semana Santa que se estrenó la pieza musical por vez primera. De hecho el MESÍAS de HÄNDEL se articula en tres partes que llevan por título, precisamente: Nacimiento, Pasión y Resurrección.

Si no fuera por la Pascua de Resurrección, no habría Navidad. La Pascua es como la motivación y propósito de este ciclo navideño. La Navidad es especial porque el niño que nos ha nacido es el Hijo de Dios que crecerá para salvar al mundo con su Pasión y Resurrección. Es la Resurrección la que hace que este nacimiento sea especial. Sin Pascua, no hay Navidad. A la inversa, sin Navidad no hay Pascua de Resurrección, de no haber nacido, no podría dar la vida en Cruz por todos nosotros y derrotar a la muerte, el enemigo último, resucitando. Y como le gusta decir a @cuartapobreza, le tomo prestada la cita, la ENCARNACIÓN es un misterio mayor que el de la RESURRECCIÓN, porque resucitar es algo que Dios puede hacer de todos modos, hasta el Señor, siendo hombre, y verdadero Dios, resucitó, por ejemplo a LÁZARO en vida, pero dice el adagio típico de la lógica que "el que puede lo más, puede lo menos" (es decir, si un Gobernador de un Estado USA puede conmutar una pena de muerte (lo más) evidentemente puede hacer lo menos (conmutar una pena de prisión o una multa), pero no se puede obrar, en buena lógica, a la inversa, porque "el que puede lo menos, no puede lo más" porque excede de su competencia o capacidad (si un alcalde USA puede conmutar una multa ¡pero no una pena de muerte, carece de autoridad para ello!), por lo que no cabe entender de modo alguno el misterio de la ENCARNACION ¡que el autor del cielo y de la tierra, que no pueden ser contenido en ellas, venga a contenerse en el seno de la Virgen MARÍA!

Cada invierno, aquí en el hemisferio norte, celebramos el nacimiento del niño que viene para salvarnos. Cada primavera recordamos su Pasión, Muerte y Resurrección, su vida eterna que nos alcanza la vida eterna. El villancico tradicional "Envidia tiene la fuente del color" evoca claramente la Pasión del niño recién nacido "pastores de la laguna, ponerse todos a llorar, que el niño que está en la cuna, en una cruz moriráNo está mal, ni resulta innecesario, poner contexto a la Navidad desde la Pascua de Resurrección. Creo que es bueno pensar en la Pascua en Navidad. En el Evangelio de hoy, PEDRO y el discípulo a quien Jesús amaba fueron a la tumba. La tumba estaba vacía y las telas del sudario permanecían allí. El discípulo vio la tumba vacía y creyó. Es fácil pensar ahora en que hemos visto al niño recién nacido en el pesebre y que su madre "lo envuelve en pañales y lo acuesta" (Lucas 2,7), pero es difícil entrever en la necesidad de un recién nacido, más allá de su debilidad, desnudez, frío y hambre... En primavera lo veremos muerto en Cruz, pero después, al igual que los discípulos verán la tumba vacía. Y entonces creeremos con más fuerza, lo que hoy no es más que el anuncio...

martes, 26 de diciembre de 2017

LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES, SEMILLA DE CRISTIANOS


Al conocer la historia de algunos mártires se dan hechos que emocionan y que conmueven, y no me refiero a su entereza o al momento de su muerte, sino después. Una vez,leyendo sobre la beatificación (el 6 de Junio de 2010) del sacerdote JERZY POPIELUSZKO, torturado y muerto a la edad de treinta y siete años, durante la ocupación soviética de POLONIA, leí que su madre asistió a la ceremonia de beatificación. 

Pensaba qué debería sentir aquella mujer, aparte del hecho antinatural de que una madre sobreviva a la muerte de un hijo, viendo elevado a los altares a un hijo. Se veía, igualmente, una anciana frágil y delicada, con cara de sufrida, como tantos otros polacos que, a lo largo de su vida, cuando no se las tuvieron que ver con sendas Guerras Mundiales, fue con el nazismo, primero, y el comunismo después. Otras historias más conocidas son, por ejemplo, la presencia en la beatificación del carmelita MAXIMILIANO KOLBE del preso que iba a ser fusilado y por el que aquél entregó su vida; o el proceso de conversión en la cárcel, y después de salir de ella, de ALESSANDRO SERENELLI, el asesino de Santa MARIA GORETTI (su testimonio ya lo contamos en este mismo blog aquí).

Sin embargo, la lectura de hoy, en Hechos de los Apóstoles (6,8-10;7,54-60) nos muestra un testimonio diferente, en el caso del martirio de San ESTEBAN, que se celebra hoy, un dato que quizás san LUCAS, el redactor, no quería que pasara desapercibido y es que:

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»

Todos sabemos que este joven SAULO será luego San PABLO, el mismo al que poco después los judíos dearán plenos poderes para perseguir y detener a los cristianos, el mismo que, más adelante se convertirá y será uno de los más grandes predicadores y misioneros de la Iglesia naciente. No sabemos como el hecho de ser espectador de la muerte de ESTEBAN pudiera hacer mella en su ánimo y en sus convicciones, pero a lo largo de la historia han sido muchos los hombres y mujeres que se han cuestionado sus ideales, por acérrimos e irracionales que fueran, por firmes que fueran sus convicciones, precisamente, ante la barbarie de quienes las defienden, o al hecho de asistir a la muerte de inocentes por esa misma idea; en honor a la verdad, muchos oficiales alemanes comenzaron a desertar y cuestionar el nazismo ante la barbarie de los campos de concentración, como muchos musulmanes, por ejemplo, en FRANCIA, se cuestionaron su fe ante el asesinato de un anciano JACQUES HAMEL, y es que la muerte de un inocente siempre cuestiona. 

La Iglesia, desde los albores de su historia, y el relato de los Hechos de los Apóstoles así lo asevera, como lo harán luego las catacumbas romanas, y en la Edad Media las peregrinaciones y cierta exageración con las reliquias, y en la actualidad con las nuevas persecuciones y muertes, ha venerado siempre con devoción y respeto la memoria y el recuerdo de los mártires, "sanguis martyrum semen christianorum", la sangre de los mártires es semilla de los cristianos, por lo que a los vivos interpela, por el testimonio de su fidelidad hasta la muerte, y por que, incluso, hasta pueden ser motivo de conversión y salvación para sus propios verdugos.


domingo, 24 de diciembre de 2017

JESUCRISTO, PALABRA DEL PADRE

En la Palabra estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

(Juan 1,4-5)

He querido comenzar hoy con estas palabras del comienzo del Evangelio de Juan para acercaros al misterio de la Palabra de Dios, que no es otro que, JESUCRISTO, Nuestro Señor, "Palabra del Padre".

Pensad en el anuncio gozoso que escucharemos en el Evangelio de esta noche, en la Misa del Gallo:

"Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»" 

(Lucas, 2,8-14)

Y ahora comparadlo con el siguiente texto, a la izquierda de este articulo, se trata de un papiro, catalogado como BEROLINENSIS 13269, con el sugerente título de "Himno de la liturgia de Navidad", escrito en griego, bastante fluido, datado en EGIPTO, del Siglo VII, que parafrasea (Lucas 2,8-14) como paso previo a invitar a la asamblea a unirse al canto de los ángeles, el texto, traducido es el siguiente (con algunas variantes respecto del texto de LUCAS al tratarse de un texto litúrgico):

En Belén había unos pastores en los campos, y un ángel de Dios les anunció el nacimiento del Emmanuel. Y la gloria de Dios brilló alrededor de ellos y el ángel dijo: "No tengáis miedo. Los seres angelicales les anunciaron una gran alegría que sería para todo el pueblo, que Cristo, el Rey y Dios, el Salvador, habia nacido en la ciudad de David. Y ahora nosotros, cantemos junto con los ángeles: "Gloria a Dios en lo alto del Cielo y en la tierra..."

Me maravilla y emociona sentirme unido hoy, mil quinientos años después, a esa comunidad de cristianos egipcios del Siglo VII, completamente anónimos y desconocidos para mí, que tal noche como la de hoy, se reunían "para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones" (Hechos 2,42), pero a los que puedo llamar hermanos "en un sólo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (Efesios 4,5) con los que, en el nombre del Señor "ayer, hoy y siempre" (Hebreos 13,8), poder cantar esta noche a una sola voz:

Gloria a Dios en las alturas 
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. 

Y esta noche, acoged al niño que nace, con la misma alegría y desparpajo que estas hermanas, porque tened por seguro, que esta noche, en esta casa, se bailará y cantará igual con el niño en nuestros brazos:


Mi corazón se alegra
al ver su dulce rostro,
ya nació nuestro Salvador,
vamos juntos a adorarle,
vamos juntos a adorarle,
el Mesías ya nació,
mi corazón se alegra,
con el reconciliador.





sábado, 23 de diciembre de 2017

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO... O JUAN...


A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;  pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan".  Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". 

Papa MARTIN V
Leyendo el Evangelio de hoy (Lucas 1,57-66) me he acordado de la importancia que tiene nuestro nombre, insiste ZACARÍAS "Juan es su nombre" porque en el bautismo no sólo nos hacemos hijos de Dios, sino que, además adquirimos el ser ante Dios, tenemos un nombre, aquél por el que nos conocerá y nos amará, lo expresa de forma muy bella ISAÍAS al decir "¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ellas se olvidaran, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos tengo tatuado tu nombre" (Isaías 49,15-16) ¡Nuestros nombres están tatuados en las palmas de Dios! Por eso, una vez que le pregunté a @cuartapobreza "qué nombre se pondría de ser Papa" me contestó que "si fuera Papa" ¡puestos a imaginar! "nunca me cambiaría el nombre, porque mi nombre es como Dios me conoce por toda la eternidad" ¡Como siempre más acertado que yo, que siempre he dicho que me llamaría MARTÍN VI! (porque MARTÍN V, mi predecesor, fue el que acabó con el cisma de Occidente, sólo por eso...). 

Bromas aparte, nuestro nombre es muy importante, en algunos casos Dios mismo impone los nombres "tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Ismael" (Génesis 16,11), "Sara te dará un hijo, y tú le pondrás por nombre Isaac" (Génesis 17,19), en otros casos son fruto e una promesa "dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, porque se lo había pedido al Señor" (1 Samuel 1,20), otras veces obedece a un significado simbólico "su madre le puso por nombre Jabés, porque dijo: “En verdad lo he dado a luz con dolor.”" (1 Crónicas 4,9)... no cabe duda de que nuestro nombre es algo muy importante, podriamos poner nuestro nombre en el lugar correspondiente de aquella obra de teatro, comedia, de OSCAR WILDE titulada "La importancia de llamarse Ernesto".

Así que hoy se me antoja un buen día para pensar y reflexionar sobre nuestro nombre: A lo mejor nos lo pusieron porque formaba parte de la tradición familiar, a sensu contrario, el Evangelio de hoy "no hay nadie en tu familia que lleve ese nombre", o puede que fuera elección de nuestro padre "preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran" o de nuestra madre "la madre dijo: "debe llamarse Juan""; a veces puede que, agotadas las tradiciones familiares se siguieran otras como "echar mano del calendario" y llamar al niño o niña según el santoral de su día de nacimiento ¡y menos mal que no, porque me llamaría ISIDORO actualmente!, sea como fuere el Catecismo también nos recuerda la importancia de nuestro nombre:


2156 El sacramento del Bautismo es conferido “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). En el bautismo, el nombre del Señor santifica al hombre, y el cristiano recibe su nombre en la Iglesia. Puede ser el nombre de un santo, es decir, de un discípulo que vivió una vida de fidelidad ejemplar a su Señor. Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se ofrece al cristiano un modelo de caridad y se le asegura su intercesión. El “nombre de Bautismo” puede expresar también un misterio cristiano o una virtud cristiana. “Procuren los padres, los padrinos y el párroco que no se imponga un nombre ajeno al sentir cristiano”

¡Y menos mal que ya pasaron las modas de llamar a los niños KEVIN DE JESÚS o JENNIFER DE LOS ÁNGELES! Sea como fuere, tenemos un nombre, por el que Dios, Padre bueno del Cielo, nos conoce y nos ama, con la misma firmeza con que ZACARÍAS dijo "Juan es su nombre" digamos nosotros hoy, también "¡(N) es mi nombre!" con el firme convncimiento de que es por ese nombre por el que Dios nos dice ¡sí, también a nosotros! "Éste es mi Hijo, amado, mi predilecto, en quien me complazco", pues eso, y no otra cosa, es lo que el Señor nos dijo al oído el día de nuestro bautismo.

viernes, 22 de diciembre de 2017

ME FELICITARÁN TODAS LAS GENERACIONES


¡El canto de alabanza de MARÍA en el MAGNIFICAT!

¿Qué podremos añadir a la reflexión de la Madre de Dios sobre las maravillas del brazo poderoso de Dios en la historia de la salvación humana, como en ella misma, y por medio del Señor, en cada uno de nosotros?

Ciertamente no se puede añadir nada más hoy, dejémonos imbuir de las alabanzas y la alegría en el Espíritu en Dios, nuestro Salvador, de MARÍA, hagámonos uno con ella en este canto de alabanza... Había pensado compartiros un vídeo del MAGNIFICAT, en una versión cantada -en inglés- que había encontrado con imagénes de fondo de la película de la RAI Italiana "Maria di Nazaret", sin embargo, hablando de hacernos uno, sentir con el mismo corazón y el mismo espíritu, este regocijo y alabanza de MARÍA, he pensado mejor compartiros el canto del Magnificat, como sucede en la Iglesia Católica, en las Vísperas de una comunidad luterana... 



¡Qué envidia, una comunidad que canta a una sola voz y un solo corazón! No como nuestros coros, que o bien cantan ellos y la asamblea no participa, o cuando cantan algo que sabemos todos lo hacemos con desgana ¡Aprendamos también de ellos! Si, como decía San AGUSTÍN "el que canta, ora dos veces" puede que en dicha asamblea luterana no haya una imagen e MARÍA, pero seguro que le agrada más ese MAGNIFICAT, que nosotros lo catemos con pena y de forma arrastrada ante una imagen suya...


Y ya que hoy la Iglesia, casi cumplido el Adviento, nos invita a mirar a MARÍA, y a unirnos a su canto de alabanza, que es el canto de todos los que esperan y celebran la vida (mirad, de forma parecida, el cántico de ANA, la madre del profeta SAMUEL, que se nos ofrece hoy a modo de Salmo Responsorial) honremos a MARÍA como ella misma profetiza de sí misma:

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.

¡Felicitemos a MARÍA! Otras traducciones del MAGNIFICAT dicen "desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones

Magnificat anima mea Dominun meum,
καὶ ἠγαλλίασεν τὸ πνεῦμά μου 
ἐπὶ τῷ Θεῷ τῷ Σωτῆρί μου·
because he has looked favorably 
on his humble servant.
Desde agora, pois, todas as gerações 
me chamarão bem-aventurada, 
pentrucă Cel Atot Puternic a făcut 
lucruri mari pentru mine,
santo è il suo nome,
ورحمته الى جيل الاجيال للذين يتقونه.
Il a déployé la force de son bras:
und zerstreuet, die hoffärtig sind 
in ihres Herzens Sinn,
Han har nedstødt mægtige fra Troner 
og ophøjet ringe,
Hungrige beschenkt yr reich mit Gaabn,
och rika har han skickat 
bort med tomma händer.


Er nimmt si um seinn Knecht an, Isryheel, 
acordándose de la misericordia
우리 조상에게 말씀하신 것과 같이 아브라함과 
na wazawa wake hata milele.

¡Todas las generaciones, en todas las lenguas!
¡Dichosa, seas tú MARÍA, porque has creído!


jueves, 21 de diciembre de 2017

EL QUE ESPERA... ¿DESESPERA?

"Bienaventurada la que ha creído, 
porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá
(Lucas 1,45).

El Evangelio de hoy (Lucas 1,39-45) nos habla de cómo MARÍA "se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; a casa de Zacarías y su prima Isabel" que también se encuentra a la espera de tener su propio hijo. Es evidente que el encuentro entra ambas mujeres es un momento de alegría, cualquier encuentro debería serlo, alegría que incluso manifiesta el niño que ISABEL lleva en su seno "en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre". Y, sin embargo, tanto ISABEL, como MARÍA, están llevando a cabo una de las tareas mas ingratas y difíciles del mundo, que comparten con todas las embarazadas, y con el resto de la humanidad para otros menesteres, y que el refranero sabe expresar tan bien cuando advierte "el que espera, desespera", porque esta es la tarea más difícil de todas: Saber esperar.

Tanto para el niño más pequeño, como para la persona más anciana de la tierra,  esperar nos supone un gran desafío, que no todos encaramos con la misma sabiduría. Los niños esperan quizás la posibilidad de un buen postre después de una cena que no les gustaba demasiado; un joven atleta aguanta largas sesiones y horas de entrenamiento, sacrificando muchas cosas, en espera de la posibilidad de empezar a ganar títulos;  una joven pareja puede que, en las actuales circunstancias, tenga que vivir de alquiler mucho tiempo, en espera de tener la satisfacción de poder comprar su primera casa; ¡hasta nuestros perros obedecen en la espera de que de esa forma obtendrán una recompensa de algún tipo! Esperar es, por tanto, una parte muy importante de la vida, sobretodo en sus momentos iniciales y finales, provoca tanta ansiedad en la madre esperar el nacimiento de su hijo, hasta verificar que todo sale bien y lo tiene en sus brazos, como la el anciano que sabe que lo único que le queda por esperar, es la muerte.

La vida cristiana es una vida de espera. De hecho, entre todas las cosas para las que se supone que la fe nos capacita y nos ayuda, no solemos caer en este hecho de esperar, que además como hemos visto es lo más difícil, es el "esperar contra toda esperanza" (Romanos 4,18) ¡Rizar el rizo!, ciertamente, del que habla San PABLO. lo que la fe requiere esperar es, quizás, comparativamente subestimado en su dificultad. Pero aunque no cabe duda de que la espera es parte de la vida cristiana, no se hace pasivamente. 


Para el cristiano, la espera se acompaña de anticipación, actos de preparación, y esta preparación se hace siempre en oración, como los primeros cristianos esperando noticias de PEDRO en la cárcel orando; o los discípulos y MARÍA esperando en las palabras del resucitado "juntos en oración" antes de Pentecostés; y siempre, la oración y la espera se fundamentan, se basan,en una promesa, en el caso de MARÍA, en este tiempo de Adviento, la promesa de Dios de su propio Hijo.

En esta tiempo de Adviento, esperemos con MARÍA la venida de su Hijo. Pero no esperemos pasivamente. Más bien, preparemos nuestros corazones para recibir a Jesús de forma nueva esta Navidad. ¿Cómo podemos hacer más espacio en nuestros corazones para recibir a Jesús esta Navidad? ¿Qué oportunidades se nos presentan para ayudar a los que amo para que ellos hagan lo mismo? De hecho, esta preparación se hace con fe en la promesa de Dios. Durante el resto de este tiempo de Adviento y después, retengamos esta promesa con MARÍA como nuestro modelo para ello, y, con ella, proclamemos la grandeza del Señor (Lucas 1,46).

martes, 19 de diciembre de 2017

COMIENZA LA NOVEDAD DE DIOS....


¡Empiezan a romperse los esquemas!
¡Empiezan a pasar cosas nuevas!
¡Cuando Dios interviene todo se hace diferente!

Diferente porque el Evangelio de hoy (Lucas 1,26-38) ya difiere en algo muy importante,apenas imperceptible, con lo que se nos ha venido narrando, de la historia de la salvación, en las lecturas de estos días previos a esta semana grande de ADVIENTO ¡Cómo no empezar cada uno de estos días exclamando "¡Oh!" como las antífonas mayores, si Dios está haciendo cosas grandes! En las lecturas estos días pasados ​​se nos ha venido contando la historia de una serie de mujeres estériles: La madre de SANSÓN;  SARA la gran matriarca del pueblo de ISRAEL; ANA la madre de SAMUEL; la propia ISABEL respecto de San JUAN BAUTISTA... 


Con razón, en una enseñanza, de este año, ante la RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA española, la responsable a nivel internacional de su aspecto doctrinal, y al parecer, dotada de don de sanación, MARY HEALY, enseñaba que -en toda la Biblia- el milagro mas repetido y más frecuente son ¡los nacimientos! ¡Dios es, en efecto, "un Dios de vivos", que apuesta siempre por la vida!, pero en todos estos casos los niños nacen como respuesta de una petición orante de sus madres a Dios. 

En el Evangelio de hoy, la concepción del Señor... ¡Es la respuesta de una mujer, MARÍA, a la petición de Dios! Es no pequeña la diferencia, como podréis comprobar, que un corazón desbordante de alegría, sin poder contener la emoción ante este hecho, como el de San BERNARDO prorrumpe queriendo expresarlo así:

¡Responde ya, oh Virgen, que nos urge! Señora, di la palabra que ansían los cielos, los infiernos y la tierra. Ya ves, que el mismo Rey y Señor de todos, se ha prendado de tu belleza y desea ardientemente el asentimiento de tu palabra, por la que se ha propuesto salvar al mundo. Hasta ahora le has complacido con tu silencio. Pero ahora suspira por escucharte. Tú eres la mujer, por medio de la cual, Dios mismo, nuestro Rey, dispuso desde el principio realizar la salvación del mundo. ¡Contesta con prontitud al ángel! ¿Qué digo yo? ¡Al Señor mismo en la persona del ángel! Di una palabra y recibe a la Palabra; pronuncia la tuya y engendra la divina; expresa la transitoria y abraza la eterna. Es encantador el silencio pudoroso, pero es más necesaria la palabra sumisa. ¡Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento y las entrañas al Creador!

Una segunda, y tampoco nada desdeñable, diferencia es la reacción de MARÍA ante el anuncio del arcángel GABRIEL, en comparación con la reacción de ZACARÍAS, cuando se le anuncia el próximo nacimiento de San JUAN BAUTISTA, pide una señal, hemos de creer que ZACARÍAS lamentaría haber pedido dicha señal que le costó el don de la palabra hasta después de que naciera el niño. MARÍA, por su parte, no pide señal alguna, ni demostraciones, ni confirmaciones. Ella sólo objeta, pero no como duda, sino una más bien como discernimiento: ¿Y cómo hago para hacer lo que me pides? Mira que no conozco varón... 

Esta es la novedad de este tiempo de ADVIENTO, esta es la radicalidad de la acción de Dios, en nada cómo cabría esparar... Tanto ayer, como hoy y mañana el mundo seguirá lleno de los mismos acontecimientos, circunstancias y señales. El Concilio VATICANO II nos alentaba a saber discernir "los signos de los tiempos" que ya existen y para esto necesitamos una visión de fe, que acepta humildemente como MARÍA lo que le es ofrecido, pero intenta discernir, para mejor ser fiel al plan de Dios. Todas las circunstancias, acontecimientos y señales del mundo no son más que datos estadísticos y de información tanto para los creyentes, como para incrédulos, todos tenemos las mismas noticias, conocimiento de las mismas guerras, información de los males y bondades del mundo, evolución global de la humanidad.... 



La visión de fe nos ayuda a encontrar en toda esta amalgama un significado en fe, que a su vez nos lleva a dar una respuesta de fe a estos mismos datos, eventos y circunstancias... Ése ha de ser nuestro "".


lunes, 18 de diciembre de 2017

EL QUE ESPERA, DESESPERA...
¡SALVO QUE TENGA UN PLAN...!

¡Por fin terminamos de pintar el piso! (De nuevo el plural es mayestático) Pero bueno, esta semana, por fin, tengo turno de mañana en el trabajo y como las tardes cunden más, pues al menos podremos ir más deprisa limpiando y decorando la casa para NAVIDAD, así que apurado por el tiempo, he de recurrir de nuevo a la UNIVERSIDAD JESUITA de CREIGHTON, USA, para que me echen una mano con el comentario del Evangelio de hoy (Lucas 1,5-25), normalmente suelen ser profesores y personal docente los que hasta ahora han comentado, hoy me llev la sorpresa de que se trata de una estudiante, ya graduada VIVIAN AMU, que además está muy involucrada con la pastoral de la Universidad, concretamente con los bautismos de alumnos que desean bautizarse, después de conocer la espiritualidad y carisma de la universidad, lo que, al tratarse de jóvenes, se hace en pascua de resurrección ¡por cierto, esto es bautizar y lo demás es tontería!


Así que os dejo con el comentario de VIVIAN AMU:

 A veces, parece que después de todas nuestras oraciones no hay nada más que silencio. ¿Cuántas veces en nuestras vidas hemos renunciado a pedir lo que necesitamos y sin embargo creemos que Dios dice no a lo que pedimos según entendemos nos merecemos?  ¿Cuántas veces hemos sentido este tipo de "esterilidad" o "impotencia" en nuestras vidas, como todos los matrimonios en las lecturas de hoy? Si creemos que cada uno de nosotros nació para cumplir un propósito mucho más grande de lo que podríamos imaginar, entonces las dificultades y desafíos de nuestras vidas adquieren un significado completamente nuevo. Aunque personalmente creo que no hay nada imposible para Dios, yo también, como ZACARÍAS, tuve momentos en los que cuestioné la promesa de Dios. 

Aunque la mayoría de nuestros padres no fueron visitados por un ángel para anunciar nuestros nacimientos de una manera dramática, todos compartimos la historia de SANSÓN y JUAN el Bautista; sí, nuestros padres nos esperaban, nosotros nacimos, y luego salimos al mundo para cumplir nuestro propósito; nuestro santo propósito Imaginemos por un momento que, en el momento en que nacimos, Dios nos dijo: "Tú, hijo mío, tú que tienes mi espíritu, no importa el nombre que recibas desde hoy, serás apartado para una santa propósito, y todo lo que creas en tu vida también tendrá un propósito sagrado. Ahora déjate llevar, créeme, y déjame guiarte en tu camino" Si creyéramos de alguna manera que Dios susurró esto a nuestros oídos cuando nacimos y antes de que naciéramos....


¡El record del mundo en sonrisa prematura en bebés, a los cinco segundos de nacer!
¿Nos sería más fácil esperar en el silencio? ¿Esperar durante años y años para que se responda una oración? ¿Sería más fácil ser optimista y alegres? ¿Sería más fácil creer que nuestro tiempo no es el tiempo de Dios y nunca es demasiado tarde para que se responda una oración si se alinea con nuestro destino, y si es para la mayor gloria de Dios?

Ayer, llegué para una cita y me senté a esperar en el vestíbulo. Me gustaría decir que estaba esperando pacientemente, pero eso sería una mentira. Justo cuando estaba a punto de empezar a quejarme, recordé algo que leí el mes pasado sobre la práctica de la atención plena, así que decidí centrarme en algo aleatorio en el momento presente y no pensar en nada en particular. Me centré en una puerta que estaba ligeramente abierta, no mucho más que algunos centímetros, pero lo suficiente para ver que estaba oscuro en la otra habitación. Miré fijamente a la puerta por un momento, y luego comencé a tener cierta sensación de presencia. Eso no tenía sentido en ese momento porque sabía que la habitación estaba oscura y, por lo tanto, no podía haber nadie en ella... ¿Quién podría estar esperando salir de esa habitación a oscuras? Cuanto más miraba, más tenía la sensación de que la puerta ligeramente abierta se abriría y alguien diría algo emocionante, o alguien saltaría y diría: ¡Sorpresa! Aquí hay regalos para todos. Sé que suena ridículo, pero en realidad estaba empezando a sentir cierta ansiedad como si supiera a ciencia cierta que algo bueno iba a surgir de esa puerta ligeramente abierta. Lo que empezó siendo una especie de ejercicio aleatorio, para distraer mi impaciencia, no resultó ser tan aleatorio... ¡Fue una experiencia de Adviento! Sí, todos tenemos "experiencias de Adviento" cada día, y algunas veces nos damos cuenta, y otras veces, como lo hago a menudo, pierdo la oportunidad de experimentarlo completamente. 

Durante este tiempo de Adviento, esta vez, en vez de esperar y anhelar el "nacimiento" de algo maravilloso en nuestras vidas, sea lo que sea que eso sea para nosotros, dediquemos tiempo a preparar nuestros corazones y renovar nuestros espíritus. Es en nuestro anhelo y espera que encontramos a Dios; es en nuestro vacío interior que podemos recordar ese susurro de Dios en el momento de nuestro nacimiento. Este Adviento, ya sea que suframos, por ejemplo, la pérdida de un amigo, un esposo o esposa, un hijo, un padre, incluso una mascota, o si sentimos que nada ha brotado de nuestros esfuerzos, o si una enfermedad nos ha robado la alegría, la energía y nos dejó con grilletes de desesperación, vamos a dejar que -pese a todo, con todo- Dios nos sorprenda. Recordemos que tenemos un destino, un plan de Dios sobre nosotros, entonces podemos pasar el Adviento solo respirando en el silencio, mientras esperamos el advenimiento de las Buenas Noticias.

PORQUE ES NUESTRA FIESTA,
ES NUESTRA ESPERANZA

¡Gritad de gozo a Dios, nuestra fuerza, 
aclamad al Dios de Jacob!
¡Entonad la salmodia, tocad el tamboril, 
la melodiosa cítara y el arpa; 
tocad la trompeta
porque es el día de nuestra fiesta!

(Salmos 81,1-3)


Hoy es, en efecto, nuestra fiesta, celebra la Iglesia, y esta pobre porción de ella que somos nosotros, NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA, de la EXPECTACIÓN, de la O, en esta casa, de NAZARET. 

¡Es nuestra fiesta y ésta es nuestra esperanza!

Y somos, como todos nos conocen, POBRES DE NAZARET, porque si hemos fundado nuestra pobre opción de vida en tres pilares, a modo de invocaciones:

¡Abba!
¡Amén!
¡Aleluya!


No menos cierto es que,  para todo ello, tenemos por modelo y maestra a MARÍA, que por humillarse delante del Señor supo hacer suya, como nadie, su condición de hija, para poder exclamar:

¡Abba, Padre, necesito de ti!

Porque esta es la actitud de los pobres, de los pobres de la Biblia, los que aguardan y esperan en el Señor, los que cumplen su Palabra, los que viven de su justicia, los "anawim",  porque MARÍA al decir 

¡Fiat, hágase en mi tu Palabra!

estaba pronunciando el "Amén" definitivo al proyecto irreversible de Dios de salir al encuentro del hombre, en su hijo, JESÚS, nuestro Señor. Y finalmente porque ella, sin duda alguna, aunque los evangelios no lo narran, fue la primera en pronunciar el

¡Aleluya!

ante la resurrección de su hijo, no en vano, la Iglesia, conocedora de esta trayectoria vital de MARÍA, durante el gozo del tiempo pascual une la resurrección del Señor al gozo de MARÍA, saludándola con el "Regina Coeli".