viernes, 31 de marzo de 2017

EL SEÑOR ES EL MESÍAS

Decían los judíos del Evangelio de hoy (Juan 7,1-2.10.25-30) "¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene", esto es verdad, pero aprovechando que hoy es Viernes, y al atardecer -cuando a la luz natural no se sepa distinguir si un hilo es blanco o negro, según la norma- miles de judíos celebrarán la llegada del Shabbat os compartiré que aunque no sepan de dónde ha de venir el Mesías, sí saben quién le ha de preceder, lo que hace preciso que os cuente algo del profeta ELÍAS. De una enseñanza sobre el profeta, de una web judía, se nos dice:

Lo último que sabemos sobre ELÍAS según narra la Biblia es que iba caminando con su discípulo cuando “apareció un carro de fuego con caballos de fuego que apartó a los dos y Elías subió al cielo en un torbellino” (2 Reyes 2,11). Esta dramática desaparición dio nacimiento a siglos de leyendas judías acerca de lo que le sucedió a Elías. Lo fascinante es que la Biblia no registra su muerte, e incluso otro profeta llamado MALAQUÍAS concluye en forma críptica su profecía declarando “Yo enviaré al profeta Elías antes que llegue el gran e imponente día del Señor” (Malaquías 3,23). Por lo tanto el hecho que ELÍAS no muriera y que regresará el gran e imponente día propulsó la creencia judía popular de que justamente será él quien nos anuncie la llegada del Mesías. Así nosotros hasta el día de hoy imaginamos que ELÍAS se presenta en todas las mesas en las que se celebra el Seder (la cena pascual judía) en todo el planeta cuando se concluye con el ideal de Salvación Mesiánico en el que volvemos a ser rescatados de la esclavitud.

Por eso, el Señor, no sólo responde a los judíos de la lectura de hoy "a mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado", para confirmar su identidad mesiánica, que ya algunos se empezaban a preguntar, pues también leemos hoy que los presentes se decían "¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías?", dudas que encontramos también cuando el Señor preguntó a los discípulos acerca de quién creía la gente que era él, y ellos respondieron "unos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías" (Mateo 16,14), el carácter mesiánico del Señor se muestra también en la Transfiguración "y vieron a Elías y Moisés, que conversaban con Jesús" (Marcos 9,4), es decir, toda la Escritura (Moisés) y los profetas (Elías) confirmando la identidad del Señor; y hablando de precursores es conocido el diálogo del Señor con los discípulos a este respecto:

Los discípulos preguntaron a Jesús: ¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elías tiene que venir primero? Jesús contestó: Es cierto que Elías ha de venir y que ha de poner todas las cosas en orden. Sin embargo, yo os digo que Elías ya vino, pero ellos no le reconocieron, sino que hicieron con él cuanto quisieron. De la misma manera va a sufrir a manos de ellos el Hijo del hombre. Entonces comprendieron los discípulos que Jesús les estaba hablando de Juan el Bautista.

(Mateo 17,10-13)

Hoy es un día, pues, que nos invita a que renovemos nuestra confesión de fe, con PEDRO, cuando aquellas dudas sobre la identidad del Señor "Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente" (Mateo 16,16) y digamos nosotros también "JESÚS ES EL SEÑOR", es el Mesías, es el Salvador, es mi Señor "¡Señor mío y Dios mío!" (Juan 20,28) y como hemos leído de los judíos "ELÍAS se presenta en todas las mesas en las que se celebra el Seder (la cena pascual judía)" nosotros también retomemos el gusto por la Eucaristía, como los discípulos de EMAÚS, como dice la canción, "te conocimos Señor, al partir el pan", donde verdadera y realmente se encuentra presente nuestro Señor. 

Sea como fuere, podemos unirnos hoy, aunque sea en el sentimiento, a esta esperanza mesiánica, que en nuestro caso, pues el Señor ya vino, se refiere al Reino de Dios, cantando con nuestros hermanos judíos:


Eliyahu hanavi,
Elías, el profeta,
Eliyahu hatishbi,
Elías, el tisbita, 
Eliyahu hagil'adi,
Elías, el guileadita. 

Bim'hera yavoh eleinu, 
Que él venga pronto a nosotros
im mashiach ben David. 
con el Mesías, hijo de David.




jueves, 30 de marzo de 2017

¡DÉJATE ABRAZAR POR LA PALABRA!

De todo el largo discurso que el Señor lanza en el Evangelio de hoy (Juan 5,31-47) a los judíos, quedémonos con lo siguiente:

Vosotros estudiáis las Escrituras, porque en ellas pensáis encontrar la vida eterna: ellas dan testimonio de mí, y sin embargo, no queréis venir a mí para tener vida. (...) Si creyerais en Moisés, también creeríais en mí, porque él ha escrito acerca de mí.  Pero si no creéis lo que él ha escrito, ¿cómo creeréis lo que yo os digo?

Y hoy, porque me ha parecido de una gran belleza, para no estropearlo con mis torpes palabras, os comparto este comentario de San EFRÉN, el SIRIO, diácono del Siglo IV, y doctor de la Iglesia, aunque el campo en el que él destacó más fue en la composición de poemas e himnos de carácter religioso, no obstante comentando el Evangelio de hoy nos dice:

La palabra de Dios es un árbol de vida que por todas partes te ofrece sus frutos benditos. Es como una roca abierta en el desierto donde mana para todo hombre, en todas partes, una bebida espiritual. “Todos comieron del mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual.” (1 Corintios 10,3) 

A quien es dado participar en estas riquezas no se crea que la palabra de Dios sólo contiene lo que él ha encontrado en ella. Más bien, que se dé cuenta de que no ha sido capaz de descubrir en ella más que una sola cosa entre muchas. Enriquecido por la palabra, no se crea que ésta ha quedad menguada. Incapaz de agotar su riqueza, que dé gracias por su grandeza. ¡Alégrate pues ha sido saciado, pero no te entristezcas porque la riqueza de la palabra te sobrepasa! 

El que tiene sed se alegra de poder beber pero no se entristece por la incapacidad de agotar la fuente. Mejor que la fuente apague tu sed que tu sed apague la fuente. Si tu sed queda saciada por la fuente sin que ésta quede agotada, podrás beber de nuevo cada vez que tengas sed. Si, al contrario, apagando tu sed agotaras la fuente, tu victoria se convertiría en tu desgracia. ¡Da gracias por lo que has recibido y no murmures por lo que queda sin aprovechar! Tienes tu parte en lo que te ha aprovechado y que te has llevado contigo; pero lo que queda es asimismo también tu heredad.


miércoles, 29 de marzo de 2017

COMO EN UN ESPEJO...


Será que estamos en la semana "post-Encarnación del Hijo de Dios", pero nunca antes se me había ocurrido leer el Evangelio de hoy (Juan 5,17.30) "con unas gafas de Encarna" ¡que suena como si le hubiera pedido las gafas prestadas a una abuela del barrio! pero es que el Evangelio de hoy se me antoja como una explicación del misterio de la Encarnación, ese Dios que se hace carne, y acampa en medio de nosotros, como hombre, en el Señor, que se expresa de sí mismo, en relación al Padre, casi como si estuviera delante de un espejo:

Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo (...) el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió (...) Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. (...) Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

De la misma manera "mutatis mutandis" debería ser nuestra relación con el Señor, de tal modo que quien nos vea, sea capaz de percibir al Señor, al que decimos que anunciamos, o enturbiaremos la fuerza de nuestro testimonio, y por ascendencia, apartaremos a la gente del Señor, y subiendo aún más, del verdadero rostro de Dios, Padre bueno. Dice San AGUSTÍN que esto mismo es lo que dice San PABLO cuando predicando a los griegos les decía "en el Señor vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos 17,28)

lunes, 27 de marzo de 2017

QUE SEAMOS PERFECCIONADOS EN EL CRISTIANISMO

Dice el Evangelio de hoy (Juan 4,43-54) que cuando el funcionario real salió al encuentro del Señor para pedirle "que bajara a curar a su hijo moribundo", el Señor -pese a incomodarle esa constante petición de milagros -que no era su misión primordial "si no veis signos y prodigios, no creeis"- simplemente le dijo "vuelve a tu casa, tu hijo vive" y la respuesta del hombre, nos dice el Evangelio de forma escueta fue "el hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino"...

...El hombre creyó en la Palabra de Jesús... No solamente hemos de destacar esta actitud del padre del niño moribundo, sino que esa era la labor del Señor, mostrarnos la Palabra de Dios, no olvidemos que este Evangelio es de JUAN en el que la Palabra tiene un papel primordial, ya desde su prólogo "al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios" (Juan 1,1), no en vano decimos que "Jesucristo es Palabra del Padre". 

Y aunque sabéis que casi siempre os comparto mi propio comentario del Evangelio del día, en este caso, no me resisto a compartiros respecto de "el hombre creyó en la Palabra de Jesús" el bello comentario que hace a este respecto BAUDOIN DE FORD, abad y obispo benedictino del Siglo XII por la belleza de sus palabras:

Hay, pues, una Palabra en el Padre, una Palabra en la boca de los apóstoles, una Palabra en el corazón de los creyentes. La Palabra en la boca es expresión de la Palabra que está en el Padre; es también expresión de la Palabra que hay en el corazón del hombre. Cuando se comprende la Palabra, o cuando se la cree, o cuando se la ama, la Palabra en el corazón del hombre se convierte en inteligencia de la Palabra, o en fe en la Palabra,   amor en la Palabra. Cuando estas tres se reúnen en un solo corazón, en un momento se comprende, se cree y se ama a Cristo, Palabra de Dios, Palabra del Padre... Cristo habita en esta persona por la fe, y por una admirable condescendencia baja del Padre al corazón del hombre...

Por lo demás, la Cuaresma avanza a pasos agigantados, ya estamos en el Lunes IV de Cuaresma, habría que preguntarse qué es lo que hemos estado haciendo durante todo este tiempo de ayuno, limosna y oración, los tres pilares tradicionales de este tiempo litúrgico y de la conversión, ya sabéis que me gusta -de la misma manera- compartiros aquellas curiosidades arqueológico bíblicas o cristianas de las que tengo conocimiento, dejad que os proponga, para lo que queda de Cuaresma, una breve oración, tomada de un Papiro catalogado bajo el número 14315, de la llamada colección berolinensis (conjunto de papiros egipcios cristianos de los primeros siglos en la BIBLIOTECA DE BERLÍN), escrito en griego, y que lo único que pide, con toda sencillez es, precisamente, ser un buen cristiano, porque por mucho que cambien los medios, las tecnologías, las ideas, la historia de la Iglesia, etc, etc, hay algo que nunca pasará "la Palabra de Dios" (cfr Mateo 24,35) y la petición de los apóstoles "Señor, auméntanos la fe" (cfr Lucas 17,5):


Concédenos llevar a cabo el ayuno de una manera decorosa, 
de corazón puro; para que podamos ser salvados 
de todos los artificios del diablo, 
y que podamos ser perfeccionados en el Cristianismo. 
Concédenos que cumplamos hasta el último aliento 
por medio de la guía del pastor de nuestras almas, 
Jesucristo, por quien sea la gloria y el honor 
y el poder en todos los tiempos. Amén.

domingo, 26 de marzo de 2017

DOMINGO LAETARE
¡ALÉGRATE, JERUSALÉN!
¡ALÉGRATE, HIJA DE SIÓN!


Hoy es el Domingo IV de Cuaresma, llamado "Domingo Laetare", por las palabras con que comenzaba en el "introito" la Eucaristía de hoy, que dice:


Lætare, Jerusalem: et conventum facite omnes qui diligitis eam: gaudete cum lætitia, qui in tristitia fuistis: ut exultetis, et satiemini ab uberibus consolationis vestræ. Lætatus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Domini ibimus.

Regocíjate, Jerusalén, vosotros, los que la amáis, sea ella vuestra gloria. Llenaos con ella de alegría, los que con ella hicisteis duelo, para mamar sus consolaciones; para mamar en delicia a los pechos de su gloria. ¡Qué alegría tan grande la que tuve cuando oí que dijeron: ¡Andando ya, a la casa del Señor!

¡Qué bellas palabras para lo que celebramos ayer! Ya que hoy se relaja, por esta alegría, la severidad cuaresmal, pues se permiten los cantos, y el ornato con flores, que han brillado por su ausencia durante la Cuaresma, casi conviene el día de hoy, pues "todos los santos tienen octava", para seguir evocando la celebración de ayer, la Encarnación de Cristo, la Anunciación de MARÍA, pues en efecto ayer cantamos con júbilo:


¡Hija de Sión, alégrate!
Porque el SEÑOR ESTÁ EN TI, salvador y rey.

Álzate y resplandece porque viene tu luz,
sobre ti se alza la Gloria del Señor.
Mientras las tinieblas se extienden por la tierra
y yacen los pueblos en densa oscuridad.

Hacia tu luz caminan las naciones
y los reyes al fulgor de tu aurora,
alza los ojos y mira en torno tuyo,
todos tus hijos vienen a Ti.

Verás todo esto radiante de gozo,
te llenarás de emoción,
porque te llegan las vivezas de las gentes
y vienen a Ti los tesoros del mar.

Ya no será el sol tu luz en el día,
ni te alumbrará la claridad de la luna
porque el Señor será tu luz eterna
y tu belleza será tu Dios.

Qué mejor día, que el de hoy, para mirando a MARÍA, mamar sus consolaciones, para mamar en delicia a los pechos de su gloria, como nos invita la liturgia, para sentirnos alegres y dichosos, pues ayer, en efecto podemos decir que "estamos andando ya a la casa del Señor", más aún, lo mismo que en los tiempos del Arca de la Alianza... ¡El Señor mismo ya camina en medio de su pueblo, en el seno de MARÍA!

Ayer fue, ciertamente, un día de regocijo y gozo en esta pobre comunidad, celebrábamos, algo así, como el "titulus" de esta casa, POBRES DE NAZARET, en MARÍA, la pobre de NAZARET, en el misterio de su Anunciación y Encarnación.

Y como dice la primera lectura de hoy (1 Samuel 16,1-13) el Señor nos ha permitido entender que "aún quedan los pequeños", nosotros, los que no contamos, para nada, ni nadie, pero que por ahí andan, en el monte, a sus cosas "está por ahí, guardando las ovejas".

Y todo ello -especialmente en el momento de la Adoración Eucarística y una fuerte invocación del Espíritu Santo, y en este contexto gozoso también del 50 Aniversario de la Renovación Carismática Católica- para que el Señor nos confirme, una vez más, dándonos un nuevo ardor, "que él no se fija en las apariencias" y que una vez más nos "ungió, y el Espíritu Santo nos acompaña desde entonces en adelante".

Y de esta manera, con gozo, retomamos el camino de nuestro itinerario cuaresmal, que nos habrá de llevar a Cristo resucitado, "a cuya luz caminan todas las naciones", para unirnos con gozo a toda la Iglesia, pasada la cincuentena pascual, al don -que así sea- de un NUEVO PENTECOSTÉS para toda la Iglesia.




viernes, 24 de marzo de 2017

¡MARÍA, DI LA PALABRA QUE TANTO ANDAMOS ESPERANDO!


Había una canción, de la Virgen María, que se cantaba mucho en el colegio de mi hermana, y cuya letra decía así:

Era Nazaret de Galilea,
una casa humilde y una flor,
alababa a Dios en sus tareas,
estaba sumida en oración.
Un ángel del Señor,
se apareció felíz:
“¿Quieres, María, ser Madre de Dios?
De gracia llena estás,
Dios se complace en ti:
¡Dime, María, dime ya que sí!”

Y en este punto de la canción nos vamos a detener.

Consideremos por un momento la escena, Dios todopoderoso, por medio del arcángel GABRIEL, se comunica con una simple criatura, por más selecta y escogida que fuera desde su INMACULADA CONCEPCIÓN, y se abaja, hasta el punto de “pedirle permiso”. Hay que aclarar, con todo, que la escena de la anunciación, tal y como se presenta en el evangelio (Lucas), no refleja del todo esta idea de “pedir permiso”: El ángel le cuenta a MARÍA los planes de Dios, ella, tímidamente, propone una legítima y racional objeción puramente humana, el ángel se la aclara y ella asiente con la consabida expresión: “Hágase en mí, según tu Palabra” (Lucas 1, 26-38).

Sin embargo, frente a la exposición del evangelio, pareciera que ha arraigado en el sentir popular la idea de que Dios “pida permiso” a MARÍA, aunque esta idea no es del todo descabellada, ni va en contra de la Palabra de Dios, ya que si hay algo que nos enseña la Biblia, es precisamente, lo contrario, Dios no suele ser muy amigo de exponer sus planes, consultarlos siquiera con nosotros, y mucho menos necesita de nuestra respuesta para imponer su voluntad.  Así, Santo TOMÁS de AQUINO (“Summa Theologica” Artículo 6) haciendo referencia a la voluntad de Dios, hace una afirmación, entre otras cosas, demoledora, y no era palabra suya, sino que cita, dura y descarnadamente, la misma Palabra de Dios: “Todo lo que Dios quiere, lo hace” (Salmo 113, 11) y como se suele decir, en el argot vulgar: “¡Y punto y pelota!”. Y es que, en este punto, la Palabra de Dios no admite malas interpretaciones, ni pañitos de agua caliente, ni vaselinas: Dios es tan grande, y todopoderoso, que su voluntad se impone siempre, sin que tengamos nada que hacer al respecto, como pobres criaturillas que somos, hechura de sus manos:

Ya lo dijo bien, el rey DAVID, en sus Salmos:

“Tu Palabra Señor, es eterna, más estable que el cielo” (Salmo 119)

Y en ello mismo insisten, de forma unánime, los profetas del Antiguo Testamento:

Esto dice el Señor: No se retrasarán más mis palabras; lo que diga lo haré -oráculo del Señor-. (Ezequiel 12, 28)

De antemano yo anuncio el futuro; por adelantado, lo que aún no ha sucedido. Digo: Mi designio se cumplirá, mi voluntad la realizo. (Isaías 46, 10)

Ante estas afirmaciones, es evidente, que nadie, jamás, ha osado discutirle a Dios su voluntad, o enmendarle la plana, aunque a veces, precisamente, nos parezca lo contrario, pensemos por ejemplo en este célebre diálogo entre Dios y el más fiel de sus siervos, ABRAHÁN (Génesis 18, 20-38):

Después dijo el Señor: La denuncia contra Sodoma y Gomorra es seria y su pecado es gravísimo. Voy a bajar para averiguar si sus acciones responden realmente a la denuncia. Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. Entonces Abrahán se acercó y dijo: ¿De modo que vas a destruir al inocente con el culpable? Supongamos que hay en la ciudad cincuenta inocentes, ¿los destruirías en vez de perdonar al lugar en atención a los cincuenta inocentes que hay en él? Lejos de ti hacer tal cosa! Matar al inocente con el culpable, confundiendo al inocente con el culpable. ¡Lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia? El Señor respondió: Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos. Abrahán repuso: Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Supongamos que faltan cinco inocentes para los cincuenta, ¿destruirás por cinco toda la ciudad? Contestó: No la destruiré si encuentro allí los cuarenta y cinco. Abrahán insistió: Supongamos que se encuentran cuarenta. Respondió: No lo haré en atención a los cuarenta. Abrahán siguió: Que no se enfade mi Señor si insisto. Supongamos que se encuentran treinta. Respondió: No lo haré si encuentro allí treinta. Insistió: Me he atrevido a hablar a mi Señor. Supongamos que se encuentran veinte. Respondió: No la destruiré, en atención a los veinte. Abrahán siguió: Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. Supongamos que se encuentran allí diez. Respondió: En atención a los diez no la destruiré.

Pudiera parecer que ABRAHÁN osa discutir con Dios, "poner –como se dice vulgarmente- en sol fa su voluntad", que regatea con Dios como si esto fuera posible, pero el texto es engañoso, fuera de contexto, pues como sabemos, SODOMA y GOMORRA fueron ciertamente destruídas ¿Significa esto que Dios impuso su voluntad? Hay que responder afirmativamente. ¿Significa esto que la oración de ABRAHÁN no sirvió para nada? Pudiera parecer que sí, que no sirvió para nada, al menos para las ciudades de SODOMA y GOMORRA, pero es que el diálogo anterior y que Dios se dignara a discutir con ABRAHÁN no pretende enseñarnos que ABRAHÁN cambie la voluntad de Dios, sino todo lo contrario, que, por medio de este regateo aparente era la voluntad de ABRAHÁN la que se iba conformando, aceptando, haciéndose sumisa a la voluntad de Dios.

Y es que si hay algo en lo que somos expertos, los seres humanos, pese a lo inútil que resulta, es en pretender imponer nuestra voluntad sobre la de Dios, cuando ni siquiera tenemos forma de conocerla, ya lo advierte el profeta (Isaías 40,13):

“¿Quién conoce la voluntad de Dios? ¿Quién fue su consejero?”

O de una forma más poética, teniendo en cuenta que Dios es el sumo hacedor, y nosotros hechura de sus manos, arcilla modelada entre sus manos, insiste el profeta (Isaías 45, 9) en esta idea:

“¡Ay del que pleitea con su artífice, vasija contra el alfarero! ¿Acaso dice la arcilla al artesano: Qué estás haciendo, tu vasija no tiene asas?”

Y desde estos razonamientos es donde se manifiesta en todo su esplendor el Misterio de la Encarnación de Jesucristo en MARÍA. Interrumpimos nuestra canción de entrada en el momento en que el ángel hace la pregunta crucial “¿Quieres, María, ser madre de Dios?” y todo, en este preciso instante, podemos decir sin miedo a exagerar, parafraseando a San PABLO (Filipenses 2,10), “en el cielo, y en la tierra, y en el abismo”, se detuvo para esperar la respuesta de MARÍA.

Y ¿por qué decimos que todo se detuvo? Porque Dios, desde el momento en que nos creó como seres libres y racionales, dejando toda la creación en manos del hombre, según el mandato hecho a ADÁN y EVA(Génesis 1,28) “Creced, multiplicáos y someted la tierra” no puede estar constantemente interfiriendo en la naturaleza si es que quiere respetar la libertad con la que nos ha dotado y las leyes de la naturaleza según el orden creado. Dios no puede ser, al mismo tiempo, como bien explicaron los filósofos antiguos: “El reloj y el relojero son cosas distintas, el relojero no puede quedar atrapado en su reloj”. Sin embargo dice San JUAN (1 Juan 4,8) “Dios es amor” y el amor necesita, por propia definición, comunicarse, volcarse, transmitirse con toda intensidad sobre el objeto amado (que se lo pregunten, si no, a los novios que viven separados por cualquier circunstancia de la vida), y tarde o temprano este encuentro entre Dios y el hombre, por amor de Dios, tenía que producirse, siendo tal la conmoción, del encuentro de Dios con su criatura, o de el todopoderoso con la nada, que necesariamente se produce una quiebra en todo lo creado, todo se detiene en este punto de contacto, que no es otro que el encuentro del ángel con la virgen MARÍA.

Esta pausa de todo lo creado la refieren, por ejemplo, los evangelios apócrifos, aunque refiriéndola a un momento posterior, al nacimiento de Jesucristo, la verdadera y definitiva irrupción de Dios en la historia, mientras San JOSÉ, que aún no sabe la noticia, va buscando una partera (Protoevangelio de Santiago XVIII, 2):

Y yo, José, avanzaba, y he aquí que dejaba de avanzar. Y lanzaba mis miradas al aire, y veía el aire lleno de terror. Y las elevaba hacia el cielo, y lo veía inmóvil, y los pájaros detenidos. Y las bajé hacia la tierra, y vi una artesa, y obreros con las manos en ella, y los que estaban amasando no amasaban. Y los que llevaban la masa a su boca no la llevaban, sino que tenían los ojos puestos en la altura. Y unos carneros conducidos a pastar no marchaban, sino que permanecían quietos, y el pastor levantaba la mano para pegarles con su vara, y la mano quedaba suspensa en el vacío. Y contemplaba la corriente del río, y las bocas de los cabritos se mantenían a ras de agua y sin beber.

Y en este preciso momento, en que todo lo creado, contiene la respiración, bien pudiéramos hacer nuestras las palabras de San BERNARDO:

¡Responde ya, oh Virgen, que nos urge! Señora, di la palabra que ansían los cielos, los infiernos y la tierra. Ya ves, que el mismo Rey y Señor de todos, se ha prendado de tu belleza y desea ardientemente el asentimiento de tu palabra, por la que se ha propuesto salvar al mundo. Hasta ahora le has complacido con tu silencio. Pero ahora suspira por escucharte. Tú eres la mujer, por medio de la cual, Dios mismo, nuestro Rey, dispuso desde el principio realizar la salvación del mundo. ¡Contesta con prontitud al ángel! ¿Qué digo yo? ¡Al Señor mismo en la persona del ángel! Di una palabra y recibe a la Palabra; pronuncia la tuya y engendra la divina; expresa la transitoria y abraza la eterna. Es encantador el silencio pudoroso, pero es más necesaria la palabra sumisa. ¡Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento y las entrañas al Creador!

Y aún tuvo tiempo MARÍA de exponer una objeción, la canción de la que os hablé al principio, continúa de la siguiente manera:

¿Cómo seré virgen, siendo madre,
cómo de mi tallo brotará?

Y viene la explicación del ángel. Dios se digna, cosa rara en él, como dijimos antes, a dar explicaciones sobre sus planes (Lucas 1, 34-37):

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te hará sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios”.

Fijáos en lo que Dios hace decir al ángel, en su diálogo con MARÍA: “Nada hay imposible para Dios”, ciertamente, Dios todopoderoso podía haber hecho las cosas de otra forma, valiéndose de todo su poder, podía reírse de nosotros, pícaramente, diciéndonos algo así como una célebre canción de los años ochenta:

No soy más que vuestra fantasía,
tantas veces soñasteis que se hizo realidad,
pero lo que vosotros no sabíais, 
es que los sueños no se pueden dominar.
Cuando creéis que me veis, 
cruzo la pared, hago ¡chas! 
y aparezco a vuestro lado.
Queréis ir tras de mí 
¡Pobrecitos de vosotros, 
no me podéis atrapar!

Es decir, Dios no necesitaba para absolutamente nada el permiso de MARÍA, ni la intervención humana, ni ninguna mediación, bien pudo aparecerse, sin más, en medio de la historia… Cabría preguntarse entonces, en última instancia ¿Por qué, para qué? Y aquí, llegados a este punto de nuestra reflexión, es donde entra el misterio de la Encarnación, mucho más sublime que el de la Resurrección porque podemos concebir que Dios todopoderoso resucite a un muerto (Si Jesucristo, siendo humano, lo hizo de LÁZARO ¿No pudo hacerlo, igualmente Dios, de su hijo, que era hombre?), pero no podemos concebir que Dios, siendo infinito y todopoderoso, pueda hacerse el sumo pequeño y ser contenido en el seno de MARÍA. 

San LUIS MARÍA de GRIGNION MONFORT, lo expresa de una forma sublime, insistiendo, con todo en que es un misterio “Tratado de la verdadera devoción a la Virgen y Secreto de María”:

"Este buen maestro no se desdeñó de encerrarse en el seno de la Santísima Virgen como prisionero y esclavo de amor ni de vivir sometido y obediente a ella durante treinta años. Ante esto -lo repito- se anonada la razón humana, si reflexiona seriamente en la conducta de la Sabiduría encarnada, que no quiso, aunque hubiera podido hacerlo, entregarse directamente a los hombres, prefiriendo comunicarse a ellos por medio de la Santísima Virgen, y que tampoco quiso venir al mundo en plena madurez, independiente de los demás, sino como niño pequeño y débil, necesitado de los cuidados y la asistencia de una madre. Allí encontró Él sus complacencias durante nueve meses, realizó maravillas e hizo alarde de sus riquezas con la magnificencia de un Dios."

La respuesta es bien sencilla, de nuevo, como dice el Salmo (Salmo 113,11): “Todo lo que Dios quiere, lo hace” o en esas palabras, que no admiten contestación alguna, del franciscano DUNS SCOTO, reflexionando sobre otro misterio, el de la INMACULADA CONCEPCIÓN de la virgen, diciendo: “A Dios le convino, pudo hacerlo y lo hizo” y ahora sí que puedo añadir, con los vulgares “¡Y punto y pelota!”.

Pero antes de continuar con nuestra canción, insistamos una vez más en las bellas palabras de San BERNARDO que antes adelantamos “¡Responde ya, oh Virgen, que nos urge! Señora, di la palabra que ansían los cielos, los infiernos y la tierra”…. Y es que todos conocemos el momento en que Cristo entregó a PEDRO las llaves del Reino, diciendo (Mateo 16,19): “Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”, pero es que antes de que a PEDRO le entregaran las llaves del Reino de los Cielos, se hacía preciso abrir la puerta, y esta potestad, en este momento sublime, le correspondió, por designio amoroso y misterioso de Dios, a MARÍA, que bien pudo abrir las puertas del Cielo, con su llave, para luego entregárselas al pobretico de PEDRO. PEDRO administra las puertas del Reino de Dios, pero MARÍA las abrió por vez primera, por medio de su “sí, quiero, hágase en mí, según tu voluntad”, y no lo digo yo, lo dice San AMBROSIO:

¡Bella puerta, MARÍA , que siempre se mantuvo cerrada y no se abrió! Pasó a Cristo a través de ella, pero no se abrió. Y para que aprendamos que todo hombre tiene una puerta por la cual pasa Cristo, se dice: “Elevad vuestras puertas, príncipes; elevaos puertas eternales, y penetrará el Rey de la gloria”. ¡Con cuánta mayor razón puede decirse que había en María una puerta ante la cual se sentó y por la que pasó Cristo! Esta puerta miraba a Oriente; porque difundió verdaderos resplandores aquella que engendró al Oriente y dio la luz al Sol de justicia.

Y ahora sí, sigue la canción, por fin podemos respirar tranquilos, María, responde a la invitación de Dios:

Pero si mi vida, le complace,
hágase, Señor, tu voluntad.

“¡Hágase, Señor, en mi tu voluntad” y regresamos al punto de partida, a la voluntad de Dios, al motivo de esta enseñanza, y a nuestro compromiso para esta fiesta que hoy celebramos, que todos podamos discernir, en nuestra vida, la voluntad de Dios, para poder responder como MARÍA “que se haga en nosotros ¿Y cuál es la voluntad del Señor? Os preguntaréis. Dios mismo nos lo explica, comparándose con la lluvia, en estas bellas palabras del profeta ISAÍAS (Isaías 55, 10-11):

Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé semilla al sembrador y pan para comer, así será mi Palabra, que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.


Y MARÍA viene en nuestro auxilio, como maestra de la fe, para ayudarnos a discernir la voluntad de Dios, ella, que como hemos visto en este pasaje, acogió la Palabra de Dios en su vida, se dejó empapar por ella, y dio la semilla en su sazón, a su hijo, Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, y con ello nos dio pan para comer, el pan que no falta, el vino que no se gasta, la vida que es eterna, y que, finalmente, con todo su legítimo dolor de madre y con sumo desprendimiento al pie de la Cruz, dejó a la Palabra, hecha carne, regresar a Dios, preñada de humanidad, después de cumplir el encargo, y haberse hecho su voluntad. Que MARÍA, en su Anunciación, que la Encarnación de Cristo, nos comprometan a estar más atentos a la Palabra de Dios, a ese “Evangelio del Día” al que tanto cariño le tenéis, por ejemplo, y que tanto os gusta leer al comenzar la jornada, porque ciertamente “luz para mis pasos es tu palabra Señor” –como dice el Salmo (Salmo 119, 105)- y que, de esta forma, la Palabra nos ayude, día a día, a descubrir la voluntad de Dios en nuestras vidas; y hoy rezad el Ángelus con la alegría de degustar en cada palabra, el don que hoy celebramos "¡un Dios hecho carne, que planta su tienda en medio de nosotros!", y dejadme terminar, ahora sí, invitandoos a escuchar la canción sobre la ENCARNACIÓN, MARÍA de NAZARET:

miércoles, 22 de marzo de 2017

NO HE VENIDO A ABOLIR LA LEY


Cualquiera que se aproxime, con un poco de conocimiento, y basta para ello la introducción al Evangelio de Mateo que aparece en cualquier Biblia, sabe que el Evangelio de Mateo está escrito en un momento en el que se verificaba, definitivamente, al ruptura de la sinagoga, es decir, el judaísmo oficial, con la Iglesia, el cristianismo naciente, lo que hace que algunos cristianos conversos provenientes del judaísmo intentaran imponer sus normas a los cristianos procedentes del paganismo, por eso son frecuentes en él las diatribas y constantes reproches que se lanzan, mutuamente Jesucristo con los fariseos y los escribas, a este respecto, por ejemplo, la WIKIPEDIA manifiesta de forma lacónica "los destinatarios del Evangelio de Mateo fueron principalmente las comunidades judeo-cristianas, como lo muestra la profusa utilización de extractos del Antiguo Testamento para presentar a Jesús como el Mesías". Quizás por ello se le considera el evangelio más judaizante desde el punto de vista lingüístico, pues aunque escrito en griego contiene gran cantidad de expresiones hebreas, volcadas literalmente al griego.

Por eso, atendiendo a lo anterior, pareciera que en esta pugna con el judaísmo no se entienden muy bien las palabras del Señor en el Evangelio de hoy (Mateo 5,17-19), que por su brevedad podemos transcribir íntegramente:

«No penséis que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os aseguro que no desaparecerá ni una "i" ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.» 

Quizás se entienden mejor desde el siguiente comentario de San CIRILO DE ALEJANDRÍA que para enfrentar este texto no puede sino recurrir a otro autor que se las tuvo que ver con la fuerza de las reminiscencias judías en la Iglesia naciente, sobretodo en lo referente a la ley como es San PABLO, de esta manera nos dice: 

"Hemos visto a Cristo obedecer las leyes de Moisés, es decir que Dios, el legislador, se sometía, como un hombre, a sus propias leyes. Es lo que nos enseña San Pablo: «Cuando los tiempos fueron cumplidos, Dios envió a su Hijo; nacido de una mujer, estuvo sujeto a le Ley judía, para rescatar a los que estaban sujetos a la ley» (Gálatas 4,4-5). Por lo tanto, Cristo rescató de la maldición de la Ley a los que estaban sujetos a ella, pero que no la observaban. ¿De qué manera los rescató? Cumpliendo la Ley; de otra manera, con el fin de borrar la transgresión de la que Adán se hizo culpable, se mostró obediente y dócil en nuestro lugar, hacia Dios Padre. Porque está escrito: «Así como todos han llegado a ser pecadores porque un sólo hombre desobedeció, de la misma forma todos llegarán justos porque un solo hombre obedeció» (Romanos 5,18). Con nosotros inclinó la cabeza delante de la Ley, y lo hizo según el plan divino de la Encarnación. En efecto, «Debía cumplir perfectamente lo que es justo» (cfr Mateo 3,15)."

Quiero llamar la atención sobre las siguientes palabras de San CIRILO DE ALEJANDRÍA en el comentario anterior, cuando dice: "Cristo rescató de la maldición de la Ley a los que estaban sujetos a ella, pero que no la observaban", lo que me recuerda que existen varias citas de los Santos Padres en las que hacen referencia a la existencia de un pretendido Evangelio judaizante de Mateo que estaría escrito directamente en hebreo (anterior al canónico oficial que nosotros conocemos en griego) y que se llama judaizante porque minimizaba todas las referencias negativas a los judeo-cristianos del Evangelio de Mateo oficial, así, por ejemplo, en este punto dicho evangelio añadiría:

Το δε ειπειν αυτον Ουκ ηλθον καταλυσαι τον νομον, και φαινεσθαι αυτον καταλυοντα, σημαινοντος ην οτι α κατελυσεν ουκ ην του νομου. 

Aunque cuando el Señor dijo “No he venido a abolir la Ley”, ciertamente, por las cosas que hacía, no pareciera que aboliera la Ley, sino que abolía otras cosas diferentes.

(Pseudo-Clemente, Homilías, III.51,12)

Os daréis inmediata cuenta de cómo para defender la ley judía esta versión no tiene empacho en decir que, "aparentemente" pareciera que el Señor decía unas cosas y luego hiciera otras distintas, que es precisamente lo que San CIRILO DE ALEJANDRÍA recrimina "sujetos a la ley, pero no la observaban"... y ahora bien que podríamos aplicarnos nosotros el cuento... Suponiendo que nuestra nueva ley fuera el Evangelio ¿será posible, igualmente que alguien diga de nosotros, como San CIRILO DE ALEJANDRÍA que "estamos unidos al Evangelio, pero que no lo observamos", o peor aún, como los judaizantes echarnos en cara que "pareciera que dijeran que siguen el Evangelio, aunque por lo que hacen parece que siguen otras cosas"?

Y esta es la enseñanza del Evangelio de hoy, que no se trata tanto de sumisiones a las leyes, los mandamientos, las reglas o los preceptos, sino de vivir conforme a ellos, ser coherentes, porque de la sumisión del corazón en el fuero interno es que brota len coherencia nuestro quehacer en el fuero externo, la sabiduría popular, condensada en el refranero, dice que cuando somos incoherentes es el peor ejemplo que podemos dar "haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga"... 

...quizás por ello San FRANCISCO decía frecuentemente a sus frailecillos y hermanos: "Predicad el Evangelio, y si es preciso, con palabras"

martes, 21 de marzo de 2017

SETENTA VECES SIETE
¡QUÉ ES TANTO COMO DECIR "SIEMPRE"!


En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

(Mateo 18,21-35)


Durante la celebración, en Agosto, del JUBILEO DEL GRAN PERDÓN DE ASÍS, el Papa FRANCISCO visitó ASÍS, no sé si por casualidad, o a caso hecho, éste fue el Evangelio que escogió el Papa FRANCISCO para ilustrar el evento del GRAN PERDÓN, que se celebra todos los años, muy de la mano del otro evento extraordinario que fue el AÑO DE LA MISERICORDIA:


Quisiera recordar hoy, ante todo, las palabras que, según la antigua tradición, san Francisco pronunció justamente aquí ante todo el pueblo y los obispos: «Quiero enviaros a todos al paraíso». ¿Qué cosa más hermosa podía pedir el Poverello de Asís, si no el don de la salvación, de la vida eterna con Dios y de la alegría sin fin, que Jesús obtuvo para nosotros con su muerte y resurrección? (...) Quizás san Francisco, cuando pedía al Papa Honorio III la gracia de la indulgencia para quienes venían a la Porciúncula, pensaba en estas palabras de Jesús a sus discípulos: «En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros» (Juan 14,2-3).

Muchas veces, comentando algún texto del Evangelio me habréis leído, por aquí, o en las redes sociales, cuando como coletilla añado "¡Y aquí se nos quebró el Evangelio!", porque hay secciones del Evangelio que nos tocan más el corazón... ¿Quién no canta agradecido, como MARÍA, el texto sublime del MAGNIFICAT? ¿Quién no se conmueve viendo la escena de la crucifixión pensando que fue por mi, mi culpa, mi pecado? ¿Quién no se ha sentido alguna vez airado como Jesús látigo en mano en el templo? pero luego escuchamos al Señor decir "Anda, vende todo lo que tienes y sígueme" ¡Crack, se nos quebró el Evangelio!... "El que quiera seguirme que tome su Cruz y me siga" ¡Crack, se nos quebró el Evangelio!... "El que quiera ser el primero entre vosotros, sea vuestro servidor, servidor de todos" ¡Crack, se nos quebró el Evangelio!...

Y reconozcámoslo, éste es otro de esos momentos en los que el Evangelio se nos quiebra, nunca alcanzaremos a comprender por qué perdonar nos cuesta tanto, pero -como dice el Papa FRANCISCO también- "La vía maestra es ciertamente la del perdón, que se debe recorrer para lograr ese puesto en el paraíso. Y aquí, en la Porciúncula, todo habla de perdón. Qué gran regalo nos ha hecho el Señor enseñándonos a perdonar para experimentar en carne propia la misericordia del Padre. Hemos escuchado hace unos instantes la parábola con la que Jesús nos enseña a perdonar" (cfr. Mateo 18,21-35, el Evangelio de hoy). Quizás por ello, pese a su brevedad, cuando el Señor enseñó a sus discípulos la oración del Padrenuestro, se le debió de antojar muy necesario incluir el perdón entre las peticiones dirigidas al Padre, porque puede que de otra forma ni siquiera nos brotara de los labios acordarnos de perdonar "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden" (o deudas, lo que cuadra, en este caso, mejor con el contexto del Evangelio de hoy).

Nos recuerda el Papa FRANCISCO que "perdonar no es lo mismo que hacer justicia", tenemos por ejemplo la experiencia de quienes han sido víctimas de hechos violentos y se enfrentan a su agresor, una cosa es la justicia, que pague la cárcel o la pena que la sociedad o las leyes dispongan, pero eso no redime al agresor, ni sana a la víctima, sino el perdón, cuando es posible... Tampoco es perdonar la famosa "ley del embudo" según la cual pretendemos para nosotros lo ancho, y para los demás lo estrecho. Lo dice el Papa FRANCISCO así de esta manera: 

El problema, desgraciadamente, surge cuando nosotros nos ponemos a confrontarnos con nuestro hermano que nos ha hecho una pequeña injusticia. La reacción que hemos escuchado en la parábola es muy expresiva: «Págame lo que me debes» (Mt 18,28). En esta escena encontramos todo el drama de nuestras relaciones humanas. Cuando estamos nosotros en deuda con los demás, pretendemos la misericordia; en cambio cuando estamos en crédito, invocamos la justicia. Esta no es la reacción del discípulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos. Jesús nos enseña a perdonar, y a hacerlo sin límites: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

Dice el Papa FRANCISCO, además, que no seamos cicateros en nuestro perdón, como el Señor, en su infinita misericordia lo es con nosotros, porque de lo contrario llenaremos el mundo de personas que "viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz" Y permitidme que os comparta un testimonio estremecedor al respecto:

Todos hemos oído hablar de Santa MARÍA GORETTI, apenas una niña de 12 años, asesinada por un joven que intentó abusar sexualmente de ella, recibió catorce puñaladas que le sesgaron la vida, aparte de morir por defender su virtud, es sabido que sus últimas palabras fueron, como los mártires, precisamente, de perdón hacia su asesino, pues fueron "¡Lo quiero conmigo en el paraíso!" Deberíamos preguntarnos cómo es que sabemos cuáles fueron sus últimas palabras, lo que nos lleva a la persona de su joven agresor y asesino, un joven, obrero y fornido, llamado ALESSANDRO SERENELLI, cuya historia nos demuestra como el perdón puede redimir y rescatar por completo una vida perdida.

Al principio, en la cárcel, no mostró ningún arrepentimiento. Tampoco cuando le visitó el obispo para hablarle del perdón de Dios. Pero unos días después pidió hablar con el obispo: Había soñado con MARIETTA (el apelativo familiar y cariñoso de MARÍA GORETTI), su víctima, que llevaba 14 lirios (tantos como puñaladas había recibido) y le sonreía resplandeciente. Ahí empezó su transformación. El asesino, debido a la edad (entonces la mayoría de edad era a los 21 años) no fue condenado a la cadena perpetua, sino a 30 años de cárcel.  Su camino espiritual fue lento y duro. Fue tentado, por desesperación, incluso a quitarse la vida. Lo salvaron la certeza del perdón de MARIETTA y sus últimas palabras: «¡Lo quiero conmigo en el paraíso!» En la Navidad del año 1934 visitó a ASSUNTA, la madre de MARIETTA. Ella le dijo que ya le había perdonado. Fueron juntos a la Misa de Navidad para admiración de todos los que les reconocieron. Desde entonces se mantuvieron siempre en contacto. Juntos asistieron a la canonización de Santa MARÍA GORETTI, en el año 1950. Y ALESSANDRO estuvo junto a la anciana ASSUNTA en su lecho de muerte cuando ella murió. ALESSANDRO, por su parte, murió en la enfermería de los Padres Franciscanos Capuchinos de MARERATA, el 6 de mayo del año 1970, donde había servido como humilde portero durante décadas. 

Tras su muerte, en un sobre cerrado, encontraron escrito lo siguiente, a modo de testamento espiritual, fechado el día 5 de Mayo de 1970:

Soy un viejo de casi 80 años, pronto voy a terminar mis días. Echando una mirada al pasado, reconozco que en mi primera juventud recorrí un sendero falso, la vía del mal que me condujo a la ruina. Veía todo a través de la prensa, los espectáculos y los malos ejemplos que siguen la mayoría de los jóvenes sin siquiera pensarlo. Y yo hice lo mismo. No me preocupaba. Personas creyentes y practicantes tenía cerca de mí, pero no les prestaba atención, cegado por una fuerza brutal que me empujaba hacia un sendero malo. A los 20 años cometí el delito pasional, del que hoy me horrorizo con sólo recordarlo. María Goretti, ahora santa, fue el ángel bueno que la Providencia había puesto ante mis pasos para guiarme y salvarme. Todavía tengo grabadas en mi corazón sus palabras de compasión y de perdón. Rezó por mí e intercedió por su asesino.  Siguieron treinta años de prisión. Si no hubiera sido menor de edad, hubiera estado condenado a cadena perpetua. Acepté la merecida condena. Expié mi culpa.  La pequeña María fue verdaderamente mi luz, mi protectora; con su ayuda, me porté bien en mis 27 años de cárcel e intenté vivir honradamente cuando la sociedad me aceptó de nuevo entre sus miembros. Los Hermanos de San Francisco, los Capuchinos de las Marcas, me acogieron con caridad seráfica en su monasterio no como un siervo, sino como un hermano y con ellos convivo desde hace 24 años. Ahora espero sereno el momento de ser admitido en la visión de Dios, de abrazar a mis seres queridos de nuevo, y de estar junto a mi ángel protectora y su querida madre, Assunta. Los que lean esta carta, ojalá que quieran seguir la feliz enseñanza de huir del mal y seguir el bien siempre. Pienso que la religión con sus preceptos no es una cosa que se pueda menospreciar, sino que es el verdadero consuelo, el único camino seguro en toda circunstancia, hasta las más dolorosas de la vida. ¡Paz y bien!

Alessandro Serenelli

lunes, 20 de marzo de 2017

LA FE ES LA MISMA
¡PERO PODEMOS IR A DISTINTO PASO!


Celebramos hoy, porque ayer lo impedía litúrgicamente el ser Domingo de Cuaresma, a San JOSÉ, por eso el Evangelio de hoy (Mateo 1,16.18-21.24) nos relata nuevamente circunstancias del nacimiento del Señor.

Pero hoy me he dado cuenta de algo en lo que no había caído, es gracias a la Encíclica REDEMPTORIS CUSTOS (sobre la figura y la misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia) de JUAN PABLO II, y es que mientras que la fe de MARÍA, cuya ENCARNACIÓN estamos ya muy próximos a celebrar, fue acoger el plan de Dios en su vida de forma sumisa y humilde, a la vez que sin dudar "he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lucas 1,38), lo que hizo que una sorprendida ISABEL la saludara diciendo "¡Dichosa tú, que has creído!" (Lucas 1,45), la fe de JOSÉ transcurrió por otros derroteros, pues si bien dudó al principio "como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto" (Mateo 1,19), pese a todo también fue dócil a la voluntad del Señor, aún sin entender "hizo como el ángel del Señor le había mandado" (Mateo 1,24).

De aquí se deduce algo, que aunque resulta evidente, no siempre es así, y que en caso de no entenderlo, puede provocarnos dudas de fe absurdas, o sin querer, creárselas nosotros a los demás, especialmente cuando se atraviesan circunstancias adversas, y es que debemos de ser conscientes de dos cosas: En primer lugar la fe no tiene por qué ser la misma en todas las personas, aunque todas ellas crean, y en segundo lugar los niveles de fe para nada tienen que ver con los niveles de nuestra felicidad, mucho menos, éxito o progreso. Sacar estas conclusiones es dolorosísimo para la persona que a tales erróneos pensamientos llega.

Recientemente sólo es que hemos sabido que la Madre TERESA DE CALCUTA, fundadora de una de las pocas congregaciones religiosas existente en el mundo "con lista de espera" para sus novicias y postulantes, que realiza una labor misionera y caritativa ingente, atravesó durante los últimos cincuenta años de su vida una crisis de fe, una "noche oscura del alma" -como diría San JUAN DE LA CRUZ- que la llevó incluso a plantearse si Dios existía, o si no estaría engañando a todas las jóvenes que la seguían en el camino por ella iniciado; muchas veces cuando alguien lo pasa mal, pensemos por ejemplo en na terrible enfermedad, es legítimo y lícito enfadarse con Dios, tener dudas, decirle aquello de "¿Por qué a mi? ¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?", este primer momento es hasta psicológicamente recomendable, y cada cual ha de pasar este trago solo, pero si encima llegamos nosotros y le decimos con esa superficialidad que nos da el ver los toros desde la barrera "¡Ten fe, ya verás como todo se arregla!" puede que consigamos el efecto contrario, que esa persona dude de su fe, o crea que el Señor le está castigando por ello, o por algún pecado o falta del pasado, hemos de tener cuidado con zaherir la fe de los que dudan imponiéndoles las certezas de la nuestra, porque como dice San PABLO "al herir la conciencia de los hermanos débiles en la fe, pecáis contra Cristo mismo" (1 Corintios 8,12).

Uno no va a creer, tener más fe que una anciana que sólo sabe de su rosario, tarde tras tarde, con fidelidad, los minutos antes de empezar la Eucaristía de cada día, arrodillada en su banco de la primera fila, por el hecho de ser titular de una licenciatura en teología y un doctorado muy complejo en cualquier rama de la teología... ¡Seguramente la anciana pensará que el que adolece de falta de fe es el teólogo, encerrado en sus libros, en vez de acompañarla a ella en su rosario diario! 

Así que no olvidemos, como dice San PABLO "la fe que tienes, guárdala para ti mismo delante de Dios" (Romanos 14,22), y ayudemos a los demás a caminar con la suya, es lo que hizo MARÍA precisamente, "ella lo guardaba todo en su corazón" (Lucas 2,19) nos dice el Evangelio, pero supo amoldar su paso al de JOSÉ, con sus dudas, ayudándole a caminar con ella, puede que a otro paso, pero en la misma dirección, añade JUAN PABLO II 

La vía propia de José, su peregrinación de la fe, se concluirá antes, es decir, antes de que María se detenga ante la Cruz en el Gólgota y antes de que Ella, una vez vuelto Cristo al Padre, se encuentre en el Cenáculo de Pentecostés el día de la manifestación de la Iglesia al mundo, nacida mediante el poder del Espíritu de verdad. Sin embargo, la vía de la fe de José sigue la misma dirección, queda totalmente determinada por el mismo misterio del que él junto con María se había convertido en el primer depositario.