domingo, 30 de abril de 2017

EMÁUS: LA CRUZ, LA PALABRA Y LA EUCARISTÍA


Os comparto hoy una catequesis sobre el Evangelio de hoy del fallecido ya, y jesuita, Cardenal CARLO MARIA MARTINI, un cardenal que siempre me cayó bien desde que leí la anécdota de que en el cónclave de BENEDICTO XVI, sabiéndose -según esos vaticanistas y medios de comunicación que nunca aciertan nada- entre la lista de candidatos papables, le dijo a un periodista: "¡Válgame Dios, que disparate, prefiero seguir siendo un MARTINI rosso, a un MARTINI bianco!" 

“Los discípulos de Emaús” (Lucas 24,13-35) Un pasaje que siempre fascina. Un Evangelio en miniatura, una narraciónen la que la fe y la emoción, la razón y el sentimiento, la duda y la certeza, la alegría y el dolor se funden, tocando lo más profundo de los corazones de los lectores, ya sean creyentes o se hallen en búsqueda de la fe, creando un profundo deseo de ponerse en camino par encontrarse con aquél que nos ofrece la plenitud de la felicidad.

El camino de Emaís es el camino de una vida derrotada. Los acontecimientos de Jerusalén se han desarrollado de una foma cruel y vertiginosa: El proceso, la agonía, la muerte, la sepultura... Dos discípulos del Señor, que han sido espectadores de todo ello, abandonan Jerusalén mientras por el camino van hablando de todo lo acontecido, que de repente, ha dado al traste con todos sus planes de vida y de seguimiento del Señor.


Es un itinerario de huida del crucificado. Porque entre todas las lecturas posibles de este pasaje interesan dos claves de interpretación que son el "camino" y la "palabra", que no son temas desconocidos para Lucas, pensemos que en su Evangelio, toda la parte que comprende (Lucas 9,51-19,27) es como un gran viaje a Jerusalén del Señor con sus discípulos donde se intercalan algunas de sus enseñanzas, parábolas y discursos mas importantes. Los dos discípulos no han alcanzado a comprender el significado del momento de la muerte del Señor, para ellos la Cruz se ha convertido, en efecto, en un escándalo. Sobre la Cruz se ha desvanecido para ellos la posibilidad de que el Señor realmente produjera un cambio en las situaciones establecidas "esperábamos que fuera él el que liberara a Israel" Es verdad, no obstante, continúa el relato, que se ha corrido la voz, alimentada por algunas mujeres, de que él está vivo, pero los discípulos, a fin de cuentas, si el Señor está vivo no lo han visto. Los dos por el camino se desahogan de todas estas frustraciones que llevan consigo. En ellos se observa la diferencia que hay entre el saber y el creer: Ellos han proclamado su saber acerca del Señor, reconociéndole la condición de profeta, pero sólo hasta el momento de tener que decir "él está vivo", porque esta parte se les atranca, no la conciben, donde termina la razón empieza la fe, pero no han cruzado este umbral aún.

Pero la Palabra interpreta la vida. En este punto Lucas imprime un giro al relato, pone delante de la comunidad el obstáculo que no podían superar: La muerte del Señor y Lucas les representa la resurrección del Señor mediante la Palabra y la fracción del pan. La piedra de tropiezo de estos discípulos era la Cruz. Con ella había muerto definitivamente toda su esperanza. Ahora Lucas pone en boca de Jesús una expresión que es típica de toda la redacción de su Evangelio “No era necesario que....”. ¿Qué quiere decir con ello el evangelista? A bote pronto podríamos decir que la muerte del Señor era la consecuencia lógica de la vida de todo profeta comprometido a la par que incomprendido. Es la consecuencia de su enfrentamiento con los líderes religiosos del pueblo, sobretodo en aquellos aspectos más importantes (el sábado y su observancia, la pureza, la ley, el templo...) todo ello lo habría abocado a una muerte violenta. Pero el martirio del profeta no es más que una clave de lectura, el verbo "ser necesario" sustrae la muerte del Señor a cualquier consideración política, religiosa o de intereses, y la reconvierte en algo que sucede por decisión libre, soberana, consciente del Señor mismo. Esta piedra de tropiezo, este obstáculo insalvable a la fe de los discípulos se convierte ahora en una decisión en términos de salvación: La muerte es el máximo momento de la revelación de Dios, es el paso necesario para entrar en la Gloria del Padre. Es en este momento en que el Señor explica todo aquello que en la Escritura se refería a su persona, y le da pleno cumplimiento, él mismo se convierte en la clave interpretativa, en la comprensión de toda la historia de Israel. No es una explicación minuciosa de la Palabra de Dios a futuro, sino un llenar de contenido y de plenitud todo cuánto ha acontecido a la humanidad hasta ese preciso momento. Esta "catequesis bíblica" que el Señor hace a los discípulos comienza a desenmadejar esa maraña de ideas falsas sobre el Señor que se habían ido tejiendo en sus mentes.

El pan partido y repartido después de la Palabra constituye la segunda gran señal de la presencia, de la revelación, del Señor: "Quédate junto a nosotros" y él accede "a quedarse con ellos". Los dos discípulos, por ende, reconocen al cenar con el Señor lo que es genuinamente del Señor: La fracción del pan. Del Señor que siempre abre su mesa a todo el mundo, a los pecadores, a los fariseos, que pide el pan nuestro de cada día a su Padre, que entregó a la memoria de sus amigos el gesto del pan partido y repartido. En la fracción del pan es que el Señor se hace, por fin, accesible a los dos discípulos, y sacramentalmente al resto de la comunidad cristiana. 


Los ojos se abren, arden los corazones, justo en el momento en que el Señor desaparece. En el magistral desarrollo del relato por parte de Lucas los discípulos no han alcanzado a ver al Señor antes de la fracción del pan, lo que sucede en el preciso momento en que, dejan de verle. Con ello se hace una auténtica afirmación de fe ¡que no es de un desarrollo teológico o histórico posterior, pues aún no ha salido del relato evangélico! y es que el Señor está verdadera y sacramentalmente presente, vivo además, en la fracción del pan, en la comunidad que, previamente, escucha su Palabra.

Y concluye con la siguiente oración:


Señor Jesús, gracias porque te has revelado en la fracción del pan. 
Si bien estamos presurosos corriendo de vuelta a Jerusalén, 
y casi nos falta el aliento por la ansiedad de llegar temprano, 
nuestro corazón late más fuerte por una razón mucho más poderosa.
No debemos estar tristes porque ya no estés con nosotros. 
Al contrario, nos sentimos alegres. 
Nuestra alegría y nuestra premura por volver a Jerusalén, 
que hasta hemos dejado la mesa puesta,
es por anunciar cuánto antes que tú estás vivo y presente entre nosotros.
Que hemos cruzado hace unas pocas horas este mismo camino, 
cansados y decepcionados,
pero tú no nos has abandonado para nuestra desesperación. 
No has caldeado nuestra alma con reproches,
sino con un fuego que brota de dentro de nosotros mismos.
Porque guardábamos en nuestro interior el secreto de Dios
escondido en las páginas de la Escritura. 
Has caminado con nosotros, como un amigo paciente. 
Has sellado tu amistad con nosotros, una vez más,
mediante la fracción del pan, 
donde reconocemos que tú eres el Mesías, el Salvador de todos.
Señor, Jerusalén ya está cerca. 
Pero ya no es para nosotros la ciudad 
en la que nuestras esperanzas se estrellaron,
ahora es la ciudad en la que la tumba está vacía. 
Es la ciudad de la Cruz, pero es también la ciudad de la Pascua, 
la ciudad de la nueva fraternidad. 
Que se moverá a lo largo de las calles de todo el mundo 
para ser auténticos "testigos del Señor resucitado". 
Amén.

sábado, 29 de abril de 2017

NO TENGÁIS MIEDO...
OS LO REPITO:
¡NO TENGÁIS MIEDO...!


Es tan breve el Evangelio de hoy (Juan 6,16-21) que se puede compartir entero:

Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. El les dijo: "Soy yo, no temáis". Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban. 

¡No temáis! es una de las expresiones preferidas del Señor, constantemente está animando y exhortando a los discípulos con estas palabras. En tiempos de persecución y turbulencias nos dice que no temamos a los que matan el cuerpo pero no pueden acabar con la vida imperecedera del alma (Mateo 10,28 y Lucas 12,4); cuando los discípulos caen rostro a tierra desconcertados por la visión de la Transfiguración, de nuevo "no temáis, levantáos" (Mateo 17,7); de nuevo en el mismo episodio del Evangelio de hoy narrado por Marcos (Marcos 6,50)... Una y otra vez el Señor nos insiste, no tengamos miedo, porque por encima de la más adversa circunstancia, como su figura se recorta sobre el mar, siempre estará él, velando por nosotros, custodiando su barca, la Iglesia, es por ello que en el cenáculo el Señor desvelará a los discípulos en donde debe radicar su y nuestra ausencia de temor, "confiad, yo he vencido al mundo" (Juan 16,33)

En la mañana de su resurrección, a las mujeres aturdidas y alborozadas por la ausencia del cuerpo en el sepulcro, una vez más el ángel les dice "No tengáis miedo" (Mateo 28,5), desde la experiencia del resucitado, nosotros ya sabemos de su victoria sobre los enemigos del hombre, el pecado y la muerte. Por eso, hoy, sus palabras resuenan en nuestro corazón con una fuerza especial, porque son las palabras de Alguien que está vivo: ¡No tengamos miedo! Desde entonces este ha sido el lema de todos los que han puesto su confianza en el Señor sin ningún atisbo de zozobra: Palabras que hizo propias JUAN PABLO II al comienzo de su pontificado "¡No temáis, no tengáis miedo, abrid vuestras puertas a Cristo!", que BENEDICTO XVI repetía a los jóvenes "¡No tengáis miedo! Cristo puede colmar las aspiraciones más íntimas de vuestro corazón. ¿Acaso existen sueños irrealizables cuando es el Espíritu de Dios quien los suscita y cultiva en el corazón? ¿Hay algo que pueda frenar nuestro entusiasmo cuando estamos unidos a Cristo?

Ante la personal fragilidad para llevar a buen puerto las misiones que el Señor nos pida, sean del tipo que sea: Una vocación, un proyecto apostólico, un servicio..., nos consuela sobremanera, saber también que MARÍA escuchó las mismas palabras de parte del ángel antes de afrontar la misión que el Señor le tenía encomendada "No temas, María", que ella, hilvanando con el Evangelio de hoy, sea nuestra barca en medio de la tormenta, según esta bella oración compuesta por San BERNARDO:

Si se levanta la tempestad de las
tentaciones, si caes en el escollo de
las tristezas, eleva tus ojos a la Estrella
del Mar: ¡Invoca a María!

Si te golpean las olas de la soberbia,
de la maledicencia, de la envidia,
mira a la estrella: ¡Invoca a María!

Si ante el recuerdo desconsolador 
de tus muchos pecados 
y de la severidad de Dios, 
te sientes ir hacia el abismo del desaliento 
o de la desesperación,
lánzale una mirada a la estrella, 
e invoca a la Madre de Dios.

Si Ella te tiene de la mano no te puedes hundir. 
Bajo su manto nada hay que temer. 
¡Bajo su guía no habrá cansancio,
y con su favor llegarás felizmente 
al Puerto de la Patria Celestial!


viernes, 28 de abril de 2017

PRIMERO SEA EL PAN....


El Evangelio de hoy (Juan 6,1-15) nos narra la multiplicación de los panes y los peces, poso se puede añadir, ya sabemos que este pasaje, intuitivamente, nos habla de la Eucaristía "Jesús tomó los panes, pronunció la bendición y lo repartió", nos habla del compartir, nos habla de confiar en el Señor, no como FELIPE "¿Cómo vamos a comprar pan para todos éstos?", nos habla de disponibilidad "aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces", para que el Señor pueda obrar con nuestro poco.

Pero antes de que el Señor predicara sobre el pan de vida, primero se preocupó de atender las necesidades de esa multitud, antes se nos ha dicho "le seguían por haber sanado muchos enfermos", ahora les da de comer, lo que evoca esas palabras de San IRENEO de LYON que decía "Gloria Dei, homo vivens" (es decir, la Gloria de Dios es que el hombre viva), porque si previamente no hay HOMBRE, es decir, una vida humana digna, esto es, alimentada, sanada, educada, vestida, libre... ¿Sobre qué se va a apoyar DIOS? Monseñor OCAR ROMERO así lo entendió, pues él remedaba las palabras de IRENEO de LYON de la siguiente manera "la Gloria de Dios es que los pobres vivan", o como dice PEDRO CASALDÁLIGA en un poema suyo, que enseguida comparto "Primero sea el pan, después la libertad".

Porque es una vergüenza, que debería interpelarnos a todos, que según el Programa Mundial de Alimentos haya 795 millones de personas que pasan hambre en el mundo. Nunca como hoy la humanidad es capaz de producir tantos alimentos, sin embargo, cada año mueren millones de personas a causa de una alimentación deficiente. En las ciudades del primer mundo se tiran a diario toneladas de comida. Se prefiere tirar en el mar muchísimos productos para mantener los precios en el mercado internacional. Con lo que se gasta en la carrera armamentística de las potencias mundiales se podría asegurar la alimentación, salud y educación de la humanidad. 



Siempre diremos ¿y qué podemos hacer nosotros? Ante las grandes potencias y los mecanismos económicos, nada, ciertamente, salvo la denuncia, en lo que a nosotros toque, pequeños gestos: No tirar la comida por que si, o porque esté caducada, si es que está bien (mucha gente ignora que las fechas son orientativas no límites infranqueables), si sobra comida, pues mañana se recicla o se disfraza como un plato diferente, o se echa en tupperwares y se congela, o esos mismos tupperware, en raciones individuales, los echas en una bolsa y los vas repartiendo, conforme gente pidiendo en la calle veas, nosotros lo hemos hecho alguna vez, seis o siete tupperware de macarrones con carne picada y tomate, y nunca han llegado todos a la casa de vuelta... Siempre se puede compartir, siempre podemos estirar como el chicle esos cinco panes de cebada y esos dos peces...

Primero sea el pan
después la libertad.
(La libertad con hambre
es una flor encima de un cadáver).

Donde hay pan,
allí está Dios.
‘El arroz es un cielo’,
dice el poeta de Asia.
La tierra
es un plato
 gigantesco
 de arroz,
un pan inmenso y nuestro,
para el hambre de todos.
Dios se hace Pan
trabajo para el pobre,
dice el profeta Ghandi.

La Biblia es un menú de Pan fraterno.
Jesús es el Pan vivo.
El universo es nuestra mesa, hermanos.

Las masas tienen hambre,
y este Panes su carne,
destrozada en la lucha,
vencedora en la muerte.

Somos familia en la fracción del pan.
Sólo al partir el pan
podrán reconocernos.
Seamos pan, hermanos.

Danos, oh Padre, el pan de cada día:
el arroz, o el maíz, o la tortilla,
¡el pan del Tercer Mundo!

miércoles, 26 de abril de 2017

EL SEÑOR NO DA EL ESPÍRITU CON MEDIDA...


Puede que mientras esto leáis el que esto escribe esté en el hospital, quieren hacerme una biopsia del hueso de la cadera, a lo que a lo mejor siguen cuatro horas pasando unos sueros, los llamo así, por no darles importancia, para una enfermedad que no es grave, tan sólo un coñazo, pero no sería yo si os engañara... No tengo miedo, tampoco es que vaya a ir cantando al hospital, pero hace mucho tiempo que me di cuenta, como dice el Evangelio "que cada día tiene su afán" (Mateo 6,34). 

Hoy, haciendo mías las palabras del Evangelio de hoy (Juan 3,31-36) pensaré que "el Señor no da el Espíritu con medida", sino que sobre cada uno de nosotros lo derrama con abundancia, y con cierta predilección por las nadas, los rotos, los descartados... como tanto le gusta decir al Papa FRANCISCO, y es que -llamadme pesado, pues lo soy- con San PABLO puedo decir "pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y éste crucificado" (1 Corintios 2,2), con esto quiero decir que el Señor, precisamente en este año jubilar de la Renovación Carismática Católica, como dice JUAN "inclinando la cabeza entregó el Espíritu" (Juan 19,30), momento que ha captado de forma sublime el carpintero al que la Renovación Carismática Católica ha encargado para que represente este momento, en la llamada Cruz de la Renovación, recientemente puesta en los jardines de la casa de ejericios espirituales en DUQUESNE, PITTSBURGH, donde nació en 1967 la Renovación Carismática Católica:


Porque si el Espíritu Santo nos fue dado desde la Cruz, no cabe duda de que, desde la Cruz de la enfermedad, en cierto modo, me abro más a la acción del Espíritu en Cruz; Cruz, que como decía San ALFONSO Mª de GRIGNION MONFORT es la mía, la que me corresponde, porque el Señor sabe bien su largura, anchura, altura y profundidad:

Que cada uno cargue con su Cruz, y no con la del vecino, que lleve con valentía y alegría su propia Cruz, no la de los demás:

La Cruz que el Señor nos ha fabricado calculando con sabiduría su peso, número y medida (Sabiduría 11, 20).

La Cruz, cuyas dimensiones –espesor, longitud, anchura y profundidad- que el Señor ha trazado con su propia mano con perfección extraordinaria.

La Cruz que el Señor ha labrado con un trozo de la que él mismo llevó camino del Calvario, como fruto del amor infinito que nos tiene, ya que la Cruz es el mejor regalo que nos puede ofrecer.

La Cruz, cuyo espesor, está constituido por todo lo malo que nos acontece, la enfermedad, los contratiempos, las penalidades de la vida, todos aquellos pequeños obstáculos de la vida...

La Cruz, cuya longitud, viene dada por la duración en días, meses o años de todo lo anterior, pero que en ningún caso nos tiene que agobiar, sino alimentar en nosotros la paciencia y la humildad.

La Cruz, cuya anchura, es el abrazo del Señor, el único que debemos buscar y desear, sobretodo cuando son nuestros amigos, familiares, compañeros o conocidos los que nos hacen daño, los que no nos abrazan, los que nos rechazan...

La Cruz, cuya profundidad, son todas aquellas situaciones de la vida en las que ni siquiera alcanzamos a ver al Señor mismo obrando en ella... Es la profundidad de la “noche oscura del alma” en palabras de San Juan de la Cruz: “¡Dios mío, Dios mío...! ¿Por qué me has abandonado? (Mateo 27, 46)

Y ya que es verdad, como muchos hermanos de la Renovación Carismática Católica me dicen que la alabanza no es, precisamente, uno de mis dones, pues es lo que más se me resiste, citaré las palabras de un pastor pentecostal, del que no se decía su nombre, que encontré en internet, y que dicen:


Muchas veces en nuestras congregaciones oramos de la siguiente manera "¡Señor, manifiesta tu Gloria y tu poder, con brazo fuerte, Aleluya! ¡Alabado sea Dios, Aleluya! ¡Santo y fuerte es el Señor, Gloria!" y entonces Dios, al acoger esta alabanza, automáticamente traduce "¡Háblanos desde la Cruz, haznos pasar por la experiencia de la Cruz! ¡Danos tu Espíritu Santo en Cruz!" esto es así porque todos nuestros pecados quedaron resueltos en la Cruz, fueron crucificados, porque es en la Cruz donde concurren las bendiciones del cielo y la vida de la resurrección.

Así que, lo mismo que Santa TERESITA de LISIEUX decía "en el corazón de la Iglesia quiero ser el amor", a mí me gusta decir "en el corazón de la Iglesia, quiero ser la Cruz" y en el corazón de la Renovación Carismática Católica ¡oye, pues mira, que también!, porque puede que, sin querer, por mi enfermedad, por la Cruz... ¡Esté alabando, con todo, a la inversa!

SI LA SAL SE VUELVE SOSA....
¡PUES SE LE ECHA GRACIA...!


"Vosotros sois la sal de la tierra, 
pero si la sal se vuelve sosa ¿con qué se salará?

(Mateo 5,13)


En principio partamos de la base, y los que cocina es algo que saben bien, de que la sal siempre se puede corregir "por defecto" pero no "por exceso", porque si a la hora de comer te das cuenta de que las lentejas te han salido "sosas" pues se pone un salero en la mesa y que cada comensal corrija "al gusto", ¡pero como te hayan salido saladas eso ya no hay quien lo arregle! Ahora bien, en este caso nos encontramos en un supuesto en el que "la sal misma se queda sosa" entonces "¿con qué se salará?", y esto es algo que no tiene remedio, no es como aquello otro de "la mancha de una mora, con otra verde se quita", es decir, que la sal sosa no la vas a arreglar echándole más sal (que es algo tan inconcebible como cuando en los anuncios escucho que dicen "leche enriquecida con calcio de leche" y a mí se me queda cara de tonto pensando "¿qué hacen, le quitan el calcio a una leche para ponérselo a otra?").

Ahora bien, el Señor no está hablando de la sal en general, sino que se está refiriendo a nosotros mismos, pues dice "VOSOTROS sois la SAL", hemos de entender sus discípulos, sus seguidores, los bautizados, la Iglesia, todos nosotros... Yo siempre he entendido esta afirmación del Señor sobre la sal, más o menos, de la siguiente manera "Si perdéis la chispa inicial de mi seguimiento, de la vocación... ¿con qué la recuperaréis?" Antes de ayer os compartía que esa "chispa primera" en el seguimiento del Señor era ese momento en que en nuestras vidas, por vez primera, sentimos que el Señor de forma viva, real y presente se encontraba con nosotros, y mirándonos a los ojos, a la orilla del lago de GALILEA, nos decía "¡Ven y sígueme!", y lo experimentábamos en la vida y en el corazón, no como un seguimiento teórico, racional o catequético, sino de una experiencia vital de encuentro con el Señor, vivo, real y presente, que cambia y transforma todas nuestras vidas, por eso bien pudieron decir los discípulos de EMAÚS, de la misma manera, al encontrarse con el Señor "¿No ardían nuestros corazones...?" (Lucas 24,32)

De esta manera, si esta es la sal, si esta es la chispa, puede que a lo largo de la vida, por los motivos que sean, de repente "nos volvamos insulsos", lo que no significa más que hemos perdido el impulso primero, la chispa primera, es decir ¡hemos perdido al Señor mismo!, acordáos del lamento de MAGDALENA llorando "porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto" (cfr Juan 20,1-18); y la solución es bien difícil porque si ya hemos colegido que "si la sal se vuelve sosa ya no se puede salar", si perdemos al Señor difícil va a ser sustituirlo por otra cosa ¡sencillamente porque no hay sustituto para el Señor! ¿alguien sabe de la existencia de "sucedáneo del Señor"!


Vale, me diréis, cualquier secta al uso con un líder carismático y mesiánico ya es en sí un "sucedáneo del Señor" pero no me refiero al que entra en una secta sin haber conocido al Señor primero, porque eso tiene tan fácil arreglo como presentarle la belleza, la verdad, la vida y el camino del Señor ¡en cuanto se encuentre cara a cara con Cristo regresará a él y ya no querrá saber nada de la secta! ¿o es que alguien que prueba el cangrejo de verdad luego se conforma con ese sucedáneo baratungo de palitos de cangrejo?... Me refiero a los que pierden al Señor después de haber conocido al Señor... ¿Y esto, cómo se arregla?

¡Pues aunque no os lo creáis existe, ni mucho menos un sucedáneo del Señor, pero existe! Me explico, hace años había un antiguo anuncio que decía: "Para los ricos, para los pobres, para los trabajadores, para los autónomos, para los jubilados, para las familias, para los solteros, para los novios, para los ancianos, para los niños.... para todos, COCA-COLA", pues ahora reflexionad conmigo "para los tibios, para los alejados, para los que dudan, para los cansados, para los insulsos, para los sosos, para los vacilantes, para los miedosos... para todos...¡ESPÍRITU SANTO!" y esto no es cosa que lo diga yo, que ya lo dijo el Señor a sus discípulos "os conviene que yo me vaya para que venga a vosotros el Espíritu Santo" (Cfr. Juan 17,6), pues tampoco afirma en balde San PABLO "nadie puede decir Jesucristo es el Señor si no es por medio del Espíritu Santo" (1 Corintios 12,3).

En ANDALUCÍA -perdonad un momento el excursus que voy a hacer hilando de nuevo con la idea de la sal- hay dos palabras que siempre van juntas y definen la misma realidad, que es ese peculiar "no sé qué, que qué sé yo, que yo qué sé" de la idiosincrasia que tenemos los andaluces y que son "gracia y salero" por eso decimos "¡es que la gracia y el salero de ANDALUCÍA no se encuentran en otro lugar!", o verás a un padre, en la función del colegio de su hija, darle un codazo al padre de al lado mientras dice emocionado "¡pero qué gracia y salero tiene mi niña!"... por eso he querido hacer toda la introducción previa, porque la respuesta a la pregunta del Señor "si la sal se vuelve sosa ¿con qué se salará?" me sale sola y de forma intuitiva como andaluz "¡pues cómo va a ser, echándole gracia!", porque lo que no arregla el salero lo arregla la gracia, y en lo que parezca que Cristo nos falta ¡lo arregla el Espíritu Santo!.

Y debe ser verdad que los pueblos latinoamericanos comparten mucho del saber andaluz, porque hasta el Papa FRANCISCO, aunque sea de ancestros italianos como buen argentino, aunque tampoco "andan sobrados de gracia, los italianos" en una homilía sobre "la gracia del Espíritu Santo", precisamente, nos recuerda, sin ningún atisbo de duda, que "es imposible ser cristiano sin la gracia del Espíritu Santo" y nos recuerda el ejemplo de San PABLO en la Carta a los Efesios diciendo:

Pide al Padre que el Espíritu venga y nos refuerce, nos dé la fuerza. No se puede ir adelante sin la fuerza del Espíritu. Nuestras fuerzas son débiles. No se puede ser cristianos sin la gracia del Espíritu. Es precisamente el Espíritu quien nos cambia el corazón, quien nos hace ir hacia adelante en la virtud, para cumplir los mandamientos (...) Ante nuestras pequeñeces, ante nuestros intereses egoístas, tantos, PABLO estalla en alabanza, en adoración y pide al Padre que nos envíe al Espíritu para darnos fuerza y poder ir adelante; que nos haga comprender el amor de Cristo y que Cristo nos consolide en el amor.

Por tanto, no lo olvidéis, cuando "la sal se vuelva sosa", cuando nos tornemos sosos, tibios e insulsos, cuando en definitiva perdamos el salero ¡acudamos a la gracia, la gracia del Espíritu Santo! que aún en esos momentos de insulsez es capaz de adorar, alabar, clamar la presencia de Cristo en nuestras vidas, desde lo hondo de nuestro corazón, aún sin que lo sepamos, o nos demos cuenta "no sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables" (Romanos 8,26).

martes, 25 de abril de 2017

LOS SIGNOS QUE ACOMPAÑAN A LOS DISCÍPULOS....


Del Evangelio hoy (Marcos 16, 15-20), de boca del Señor, las señales que acompañarán a los que crean y prediquen en su nombre:

A los que crean, les acompañarán estos signos: Echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.

¡Pues visto de esta manera, debemos de creer bien poco! O encontrarme alguien, entre nosotros, los de andar por casa, que los santos no me valen para este experimento, que haga algo de lo que arriba dice el Señor... 

¡Bueno, no os asustéis! Recordad que muchas veces hemos dicho, y especialmente este año, que ya nos hacemos pesados, que nos encontramos en el JUBILEO DE ORO, 50 ANIVERSARIO de la RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA, que como ya hemos explicado muchas veces, no es una espiritualidad, no es un movimiento, no es una estructura, es simplemente una corriente de gracia, renovadora e impulsora de la vida de la Iglesia, constituida por todos aquellas personas que han experimentado todos los dones del Espiritu Santo (que ya recibimos en nuestro bautismo) con toda la fuerza del que se lo cree, esa es la experiencia carismática... y creedme, ninguna de estas cosas es ajena a quien de verdad se sabe bautizado, inhabitado por el Espíritu Santo, ungido como sacerdote, profeta y rey, os recuerdo nuevamente las palabras de San SIMEÓN, el Nuevo Teólogo ¡que las decía ya en el Siglo X, o sea que nada nuevo tampoco! "No concibo que haya nadie que diga que no ha experimentado nada en su bautismo, y que viven como si la totalidad de las gracias y dones del Espíritu Santo, fueran un tesoro desconocido para ellos"

Echarán demonios en mi nombre.- Es que solemos pensar en "echar demonios" y nos figuramos de repente delante de la cama de la niña desagradable, mal hablada de la película de EL EXORCISTA, y ya que, una de dos, o nos lo tomamos a pitorreo (porque los efectos especiales de una película tan antigua, ahora, nos dan risa) o nos entra un miedo atroz... ¡Claro, eso nos pasa porque siempre nos ponemos en el peor lugar! Es verdad, para los asuntos serios está la Iglesia, y los exorcistas acreditados como tales.... Pero todos nosotros podemos luchar, cada día, ya sea en nosotros, o en nuestros hermanos, con cientos de pequeños demonuelos domésticos ¡Y a estos sí podemos vencerlos! Dice, precisamente, a este respecto RAINIERO CANTALAMESSA en su libro comentando el VENI CREATOR SPIRITUS, que hoy en día el auténtico demonio que embarga a la gente, con más poder que cualquier otro "peliculero" que nos podamos imaginar es la angustia (precisamente lo contrario del Espíritu, que nos llena de paz interior), y sigue diciéndonos que la angustia, con sus hijas, la soledad, la desesperanza... es lo que más gente arrastra ¡a veces hasta el suicidio!, pero de todos esos fracasos personales sí que somos responsable, sí que podemos luchar contra ello,demos testimonio de paz, de esperanza, de alegría, de solidaridad... ¡que nadie se venza ante la vida en nuestra presencia!

Hablarán lenguas nuevas.- No me voy a extender en esto, porque lo hemos hecho muchas veces: 


Os recuerdo que tenéis que pedir este don al Espíritu Santo, para que libere muchas de las estructuras mentales de vuestra oración vocal y de intercesión, y como siempre, os remito a la catequesis al pie de este vídeo, o a la página del JUBILEO RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA (enlace aquí).

Cogerán serpientes con las manos y los venenos no le harán daño.- Esto sí que es más radical ¡conste que yo no lo he hecho! Aunque en honor a la verdad, existe una de esas tantas ramas pentecostales norteamericanas, que precisamente abundan en serpientes en sus reuniones, y las usan para bailar con ellas, alabar a Dios ¡se toman muy en serio lo que aquí dice el Señor! y en honor a la verdad diremos que nunca se ha verificado un ataque de serpientes entre ellos... en fin, no seré yo el que tiente la suerte... pero resumamos todo ello como que el Señor, Providente, vela por nosotros, que nada malo nos puede suceder, porque él no quiere nada malo para nosotros, menos aún el demonio, la serpiente por excelencia, porque ¡Si MARÍA le pisó la cabeza, CRISTO resucitando terminó cortándosela!, los Santos Padres del desierto, a este respecto, nos lo confirman con unas palabras que todos vamos a entender: "Desde que Cristo resucitó, el demonio es como un perro atado con una cadena, puede ladrar, amenazar, enseñar los dientes, amagar un ataque, pero no puede mucho más, salvo para los incautos que, no respetando la cadena, se acercan demasiado..."

Impondrán las manos a los enfermos y sanarán.- El otro día, en casa, viendo un reportaje sobre las estafas de todos los pretendidos curanderos y sanadores en la televisión, en casa, llegamos a la siguiente conclusión: Por supuesto que hay personas dotadas de un don de sanación, pero nunca se anuncian, ni se publicitan, se las suele conocer por el boca a boca, y nunca jamás cobran por sus servicios, ni la voluntad, ni gaitas, porque quien tiene un don así, ni presume de ello, ni lo explota, pues tiene conciencia en lo profundo de su corazón, de que es un don de Dios. Pero todos nosotros, armados de una gran fe, siendo constantes en la oración, persistentes en la necesidad, y abiertos a la voluntad de Dios, podemos conseguir este don de la sanación para otros, basta con orar, ésta es la intercesión, y hacerlo con la misma fe con la que un niño se acuesta escondiendo un diente debajo de la almohada ¡el Ratoncito Pérez no defrauda!, pero hay que tener esa fe de poner el diente bajo la almohada, si ni siquiera lo intentamos ¡nos quejaremos ante Dios por todo aquello que no nos da, o no nos escucha, porque simplemente es que ni siquiera se lo hemos pedido! Os recomiendo que busquéis en internet palabras y testimonio del sacerdote EMILIANO TARDIFF, ya fallecido, que tenía un gran don de sanación, de hecho se encuentra en curso su proceso de beatificación, y no tanto por los milagros que él hiciera, sino porque él no se consideraba un ser extraordinario, sino un gran orante y daba muchas enseñanzas sobre ello, eso es lo que debemos aprender.

Así que, demostrado queda, podemos hacer todas las señales y prodigios que acompañaban a los discípulos en los primeros años de la Iglesia, como dice el Evangelio de hoy porque, hoy como ayer, "el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban", por la sencilla razón de que en este mundo secularizado, tan urgido de una nueva evangelización, como se suele decir, a veces, es necesario algún gesto sorprendente para que nuestra predicación y testimonio resulten veraces, aunque nada más eficaz -milagros aparte- que la veracidad de la coherencia de nuestra propia vida, como gustaba decir a San FRANCISCO de ASÍS "Predicad el Evangelio, y si es preciso, con palabras".


lunes, 24 de abril de 2017

HAY QUE NACER DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU


Nos narra el Evangelio de hoy (Juan 3,1-8) el encuentro entre NICODEMO "que era uno de los notables entre los judíos" y el Señor; NICODEMO cree sinceramente en la figura del Señor, pues le reconoce "Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él", sin embargo el Señor le corrige, no basta con este reconocimiento, ni siquiera con ser un rabino notable, un experto en la palabra de Dios, hace falta "renacer de lo alto (...) nacer del agua y del Espíritu de Dios".

Para cualquiera de nosotros parecería que NICODEMO ya estaba "orientado, enfilado, a la salvación", como hemos dicho, pertenece al estamento sacerdotal, es un hombre de palabra, ha comenzado a percibir y creer en el Señor, pero todo esto no le basta; podríamos pensar, por ejemplo, en CORNELIO, aparentemente más piadoso que NICODEMO pues leemos en los Hechos de los Apóstoles "había en Cesarea un hombre, llamado Cornelio, centurión de la cohorte Itálica, piadoso y temeroso de Dios, como toda su familia, daba muchas limosnas al pueblo y continuamente oraba a Dios(Hechos 10,1) pero él también tuvo necesidad de este "renacer en el Espíritu" de la mano de PEDRO cuando éste se alojó en su casa.

Este renacer del agua y del Espíritu es una necesidad indispensable para todos nosotros. Ya hemos nacido "del agua" por nuestro bautismo, ciertamente, pero muchos cristianos de buena fe consideran que con ello, valga la expresión, se culmina el trámite, y vemos, que el Señor nos dice que "es necesario nacer del agua y del Espíritu". 

Este "renacer de lo alto (...) en el Espíritu Santo" como dice el Señor a NICODEMO, además, es un acontecimiento espiritual (que no implican la carne, no depende de algo empírico, fáctico, que dependa de nosotros) “lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu” (Juan 3,6). De este renacer del Espíritu Santo el beneficiario es nuestro espíritu interior. Puede incluso que no sepamos ni cómo aconteció, ni cómo sucedió, ni de que dependió, pues es en esta libertad que se mueve el Espíritu Santo "el viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va", al contrario que en el bautismo en agua, por el que sabemos con certeza somos constituidos hijos de Dios, y se perdonan nuestros pecados, y depende de un quehacer sacramental, en el caso del bautismo en el Espíritu Santo, pese a su necesidad, no hay un camino trazado, sino darse cuenta de que "hay que renacer de lo alto", aspirar a cosas mayores, crecer en la vida del Espíritu, desear que él lo sea todo en nosotros, que obre en nosotros.

El Señor se asombra de la ignorancia de NICODEMO en estos temas “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes estas cosas?” (Juan 3,10). Hoy en día, el Señor nos lanza esta misma pregunta a todos nosotros, y que nadie crea que está en una posición de conocimiento mejor que la de NICODEMO: Hay ciento de miles de bautizados en el agua, que están muertos en el Espíritu Santo (de lo que se sorprendía San SIMEON, el Nuevo Teólogo, en el Siglo XI, diciendo "no concibo que haya nadie que diga que no ha experimentado nada en su bautismo, y que viven como si la totalidad de las gracias y dones del Espíritu Santo, fueran un tesoro desconocido para ellos"); así como aquellos otros que ya han nacido de nuevo, han recibido este don del Espíritu Santo, y puede que nunca hayan oído hablar de renacer, de bautismo del Espíritu Santo, de dones y carismas... pero que aventajan a los simples bautizados en su caridad, su amor, su testimonio, sus acciones, su oración, en suma, haciendo de sus vidas auténtico testimonio de la bondad y la gloria de Dios.

Para poder responder a NICODEMO "¿Cómo es posible renacer de nuevo?" hagámonos asiduos de la oración, la escucha y la interiorización de la Palabra de Dios, porque allá donde se encuentra la Palabra de Dios obra su Espíritu (estaba la Palabra de Dios creando el mundo y el Espíritu Santo ya aleteaba sobre lo recién creado (Génesis 1,1-3)), como también dijo el Señor "El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida(Juan 6,63); es preciso además un primer movimiento por nuestra parte, saberse necesitado de ello, lo que motivó a NICODEMO buscar este encuentro con el Señor, y tener una actitud humilde, de reconocimiento de nuestro pecado, de nuestra indignidad, y aceptando que, como continuará el diálogo más adelante, que Jesús es el Señor "porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Juan 3,16) 

No hay que esperar acontecimientos maravillosos en nosotros al renacer de lo alto, al recibir el Espíritu Santo y renacer por él, antes dijimos que el Espíritu Santo obra de forma misteriosa en cada uno de nosotros "el viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu", pero no menos cierto es que "la brisa, por suave que sea, se percibe", y en nosotros empezarán a percibirse actitudes nuevas como crecer en nuestra vida espiritual, ser más precavidos con las ocasiones de pecado, pero no hacer de nuestra experiencia anterior de pecado un lastre que nos impida seguir caminando, donde antes Dios, Cristo y el Espíritu Santo eran entes irreales,asumidos por la fe, pero sin implicación con la vida, ahora son tan reales como nuestra vida misma, que nos relacionamos con ellos no desde el intelecto, sino desde la fe, hecha vida; la Biblia, la Palabra de Dios, su lectura, su oración, la escucha de la Palabra y la comunión y la fraternidad con los demás, la caridad, el coraje para hablar del Señor a los demás... todo eso que ahora nos parecía tan lejano, o que hacíamos con desgana, se convierten en necesidades vitales para nosotros, como el respirar...

domingo, 23 de abril de 2017

La PAZ nos ayuda a reconocer
al RESUCITADO que nos entrega
su ESPÍRITU para que
tengamos MISERICORDIA


"Hoy es el día octavo, que hace la semana primera y primer día de la Cuenta de Omer, faltan cuarenta y dos días para que el Espíritu Santo nos unja"  esta es la forma en la que los judíos (como estamos haciendo en el blog del Jubileo de Oro de la Renovación Carismática Católica, enlace aquí) cuentan el tiempo desde su Pascua (Pesaj, el 14 de Nisán) hasta Shavuot (la fiesta de Pentecostés), lo que para nosotros ha sido litúrgicamente la "Octava de Pascua", este día (prolongado en ocho) que no es más que una prolongación del día por excelencia, el Domingo de Resurrección, en el que la Iglesia y los creyentes no hemos dejado de anunciar "¡Cristo ha resucitado!". 

En este contexto, tanto de gozo pascual, como de tensa espera, de la solemne promesa del Padre, el Espíritu Santo -como canta el VENI CREATOR SPIRITUS- el Evangelio de hoy (Juan 20,19-31) adelanta la efusión del Espíritu Santo, que además ya había manifestado, en cierto modo, en el momento mismo de la crucifixión "e inclinando la cabeza, entregó el Espiritu" (Juan 19,30), no en vano el Señor les había dicho "os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré" (Juan 16,7), es normal que en la reflexión de Juan, este Consolador aparezca inmediatamente después de la muerte del Señor, de su partida, para consuelo de la primera comunidad naciente, para que no quedáramos huérfanos ni un instante "no os dejaré huérfanos; vendré a vosotros" (Juan 14,18), algo así como el Evangelio de hoy, pues acontece la misma tarde del Domingo:

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

El Señor se presenta en medio de ellos diciendo "paz a vosotros" la mejor manera de hacer evidente que era él mismo, los discípulos recordarían si duda las palabras del Señor -que quizás en su momento no entendieron durante la cena- y en las que aunaba esta paz con la venida del Espíritu Santo:

Y yo rogaré al Padre, y El os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Un poco más de tiempo y el mundo no me verá más, pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En ese día conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

(Juan 14,16-20.27)

Y a este saludo de paz, confirmando que es el Señor, y a la efusión del Espíritu Santo, sigue inmediatamente el perdón de los pecados, además de sobre los discípulos, la capacidad de que ellos lo hagan igual "a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados" Lo que me ayuda a entroncar con la fiesta de hoy, la DIVINA MISERICORDIA, de la inspiración personal de Sor FAUSTINA KOWALSKA a la Iglesia Universal de la manos de JUAN PABLO II; mucho se podría decir de la misericordia ¡Acabamos de salir, como quien dice, de un año entero, no tanto de reflexión, como de vivencia de la misma, para toda la Iglesia!, por lo que sólo os compartiré un texto sublime sobre la misericordia, escrito mucho tiempo antes de que "estuviera de moda", de la mano de San FRANCISCO de ASÍS, recomendando a un "ministro", es decir, cualquier superior de una comunidad franciscana, acerca de cómo debía de obrar ante las faltas y pecados de sus hermanos, no se me ocurre mejor forma de describir, hacia fuera, lo que es la misericordia, ni hacia dentro, lo que debería de ser un auténtico y sentido examen de conciencia para todos nosotros:

Y ámalos en esto; y no quieras que sean mejores cristianos. Y que esto sea para ti más que el eremitorio. Y en esto quiero conocer si tú amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieras esto, a saber, que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado todo cuanto haya podido pecar, que, después que haya visto tus ojos, no se marche jamás sin tu misericordia, si pide misericordia. Y si él no pidiera misericordia, que tú le preguntes si quiere misericordia. Y si mil veces pecara después delante de tus ojos, ámalo más que a mí para esto, para que lo atraigas al Señor; y ten siempre misericordia de tales hermanos. Y, cuando puedas, haz saber a los guardianes que, por tu parte, estás resuelto a obrar así.

(San FRANCISCO de ASÍS, Cta, M. 7-12)


sábado, 22 de abril de 2017

ANUNCIAD EL EVANGELIO A LA CREACIÓN ENTERA

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación»

El Evangelio de hoy (Marcos 16,9-15) parece una especie de "Informe Semanal" de todas las apariciones del resucitado que hemos ido viendo a lo largo de esta octava de Pascua, y concluye el Señor resucitado dando a sus discípulos lo que se denomina el mandato misionero "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación".

"A toda la creación...dice, curiosamente hoy, además que se celebra el DÍA MUNDIAL DE LA MADRE TIERRA por la ONU, los destinatarios de la misión además de los hombres, también alcanza el cosmos. El Papa FRANCISCO no puede evitar citar la relación de todo lo creado de San FRANCISCO de ASÍS en su encíclica LAUDATO SI cuando afirma:

Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas. Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores «invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón». Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe. Su discípulo san Buenaventura decía de él que, «lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas».

(Laudato Si, nº 11)


El mismo san FRANCISCO de ASÍS lo demostró en GUBBIO, donde por la zona había un lobo muy grande y feroz, que no sólo devoraba animales sino también a los hombres, por lo que todos estaban atemorizados. Entonces el santo, poniendo toda su confianza en Dios, fue en busca del lobo y le dijo: «Ven aquí, hermano lobo; te mando de parte de Cristo que no hagas daño ni a mí ni a nadie». De inmediato el lobo se comportó dócil como un cordero, y san Francisco se lo llevó a la ciudad, cuyos habitantes se encargaron de alimentarlo, el animal no volvió nunca a sus fieras cacerías sino que vivió con el santo y, dos años más tarde, murió de viejo.

Por su parte el beato SEBASTIÁN de APARICIO, como era el limosnero de su convento, viajaba en su carreta tirada por bueyes, distribuyendo limosnas por todos lados, incluso a los animales. Cuentan sus biógrafos que los mismos jóvenes estudiantes franciscanos se entretenían llevándole forraje a fray SEBASTIÁN para que lo distribuyera entre el ganado, y que todos los bueyes, por turno, iban recibiendo el alimento de su mano, sin tratar de arrebatárselo entre sí, y que obedecían a la voz del beato. Aun cuando ya era muy anciano (falleció a los noventa y ocho años) nunca tuvo dificultad para controlar a los bueyes: los llamaba para uncirlos al carro, y ellos venían sin resistencia. En sus largos viajes, por las noches los dejaba en libertad mientras él oraba y luego se echaba a descansar debajo de la carreta, pero ya antes les advertía que no entraran en los sembrados ni pelearan, y obedecían. En la mañana siempre estaban de vuelta a tiempo para empezar el trabajo. Cuando le hacía falta algún buey a fin de acarrear piedras, lo pedía prestado. A veces sus dueños le advertían de la bravura de alguno de estos animales, pero fray SEBASTIÁN simplemente se quitaba su cordón franciscano de la cintura, se lo ponía en el cuello al buey, y automáticamente éste se comportaba dócil y obediente.


Le sucedió a otro franciscano, san ANTONIO de PADUA, que estaba predicando pero los oyentes se burlaron y lo rechazaron. Entonces fray ANTONIO se fue al río considerando que valía más la pena predicar a los peces que a los hombres de corazón duro. En la orilla comenzó a predicar con gran fervor, y los peces se acercaron y amontonaron cerca del predicador, sacando fuera del agua la parte superior de sus cuerpos, mirando atentamente al santo, y no se marcharon sino hasta que terminó la predicación y san Antonio los bendijo.


A raíz de la renuncia de BENEDICTO XVI, con ocasión de su traslado al convento vaticano que es ahora su residencia, se supieron muchas curiosidades, como que tenía dos gatos, CHICO y su favorita CONTESSINA, que él mismo había adoptado de las calles; cuando era cardenal sus vecinos dicen que pasaba ratos sacando comida a los gatos callejeros de ROMA, y que cuando iba al VATICANO a trabajar, muchos le seguían, hasta que casi a las puertas, los Guardias Suizos de veían obligados a espantarlos para que no le siguieran más adentro. Se dice, no sé si verdad o no, que en su Cónclave de elección a un compañero cardenal le dijo "A ver si esto termina pronto, y me aceptan la renuncia, sólo quiero jubilarme y a ver si me da tiempo a uno de mis deseos, más tontos, pero por eso más queridos: Escribir un libro de gatos".



Cuando visitamos TIERRA SANTA vimos muchos animales, especialmente gatos, sobretodo en JERUSALEN en el casco antiguo, callejeros, así como algún perro aisladamente (los musulmanes no admiten los perros, salvo para labores de pastoreo, y los judíos ortodoxos consideran tener perro algo propio de la decadencia de nuestros valores) ¡El primer perrito callejero lo vimos en BELÉN!, así como muchos pájaros, especialmente una especie de cuervos muy feos que sólo habitan, curiosamente, en la explanada de las Mezquitas... El caso es que cuando nuestro guía franciscano nos estaba explicando en la capilla, de lo que se supone fuera el salón, arqueológicamente hablando, la casa de LÁZARO, MARTA y MARÍA en BETANIA, todos los peregrinos nos sonreíamos porque en la sede había un gato medio durmiendo la siesta... El fraile, al darse cuenta de nuestras risitas y descubrir al gato dijo "¡Está aquí el bribón...! ¿Alguien quiere un gato? Porque este cabezón siempre hace lo que le da la gana...!"

Unas religiosas, Franciscanas Misioneras de la Expiación, en ESTADOS UNIDOS se quedaron sin perro, y adoptaron un HUSKY negro, imponente, que pronto empezó a hacer "cosas" que a las religiosas les sorprendían "No nos deja entrar en nuestras celdas si primero no entra él y las comprueba; cuando hay mucha gente en el convento y el aparcamiento se llena, se dedica a caminar entre los coches como verificando el terreno" y añade "está aquí por cariño, compañía y protección, no tiene límites especiales, incluso se diría que en ese afán de pasar revista (debió de ser perro del ejército o de la policía antes de estar en la perrera, o no se explica), cada tarde ya nos está esperando en la capilla antes de llegar nosotras para el rezo".

Nosotros también tenemos perros, y tampoco han tenido nunca ninguna restricción, siempre decimos, medio en broma, medio en serio "que si tenemos perros es por la Providencia de Dios, porque si nosotros cuidamos del perro, Dios de la misma manera ha de cuidar por nosotros".



Para ellos, que hacen en todo la vida con nosotros y a los que ciertamente sólo les falta hablar a veces, toda la casa y actividades de la misma están a u disposición, como aquella vez, celebrando el perdón de Asís, el día 2 de Agosto, en que como gesto penitencial el sacerdote bendijo un cuenco de agua bendita (el agua de nuestro bautismo, que nos lava y purifica de nuestros pecados, ya que se trataba de un momento penitencial), y al ofrecerla luego en el ofertorio, se quedó a los pies del altar, y en esto aparece el perro en la capilla, se acerca... ¡y se la bebió toda! ¡se quedó tan pancho el colega...! 


La perrita es más de entrar y quedarse embelesada mirando cualquier cosa, pero nunca molestan, se ladran entre sí o interrumpen cuando entran en la capilla, y eso que son muy nerviosos y están siempre ladrando o chinchándose entre ellos... Además el perro, cuando alguna vez cantamos en lenguas, no es que aulle, es que se pone a acompañarnos haciendo tonalidades, que muchas veces, será porque lo hace mejor, o nos pica la risa, o nos callamos dejándole a él....