viernes, 14 de julio de 2017

EL ESPÍRITU SANTO HABLARÁ POR VOSOTROS


Si ayer el Señor daba a los discípulos el "Manual del Misionero", hoy el Señor nos enfrenta, si es que somos de verdad discípulos suyos, de los que "cogen su cruz y le siguen", con las consecuencias de dicho discipulado, que pasa por la persecución y la Cruz, esto ha sido siempre así, no nos deben de preocupar las persecuciones actuales, sean de enemigos del exterior -llámese integrismo islámico- o del interior- que sólo puede calificar de giliprogres que van de laicistas ¡y esto, siendo generoso con el calificativo!, porque el Señor nos la ha dicho bien claro "todos os odiarán por causa de mi nombre", y dice algo más:

Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.


Porque son fáciles de entender las persecuciones que vienen de fuera, de los extremistas islámicos, de los ateos, de los giliprogres... ¿Y cuando la persecución viene de dentro, de la propia Iglesia? ¿Qué sucede cuando la Iglesia, lejos de ser, en la bella expresión de JUAN XXIII, Madre y Maestra, se convierte en un monstruo que devora a sus a hijos?  Y es que hoy se celebra a Santa MARIA McNILLOP (1842-1909), la primera santa australiana, religiosa y fundadora de las HERMANAS DE SAN JOSÉ DEL SAGRADO CORAZÓN, allí llamadas "josefinas", llamadas desde muy pronto a la enseñanza de niños pobres. Su primera casa madre, convento, colegio, residencia y todo en uno era un simple granero destartalado. Hoy la celebramos como santa ¡qué alegría, qué gozo, qué alborozo! pero en sus días tuvo que afrontar una de las experiencias más duras de su vida: Ser excomulgada (lo que duró cinco meses por el Obispo de ADELAIDA, Monseñor LAWRENCE BONAVENTURA SHEIL, Ofm).

Imagináos una congregación religiosa en ciernes en la que de repente excomulgan a su fundadora. Las pocas escuelas existentes se cerraron , las alumnas devueltas a sus casas, las religiosas fieles a MARY McNILLOP obligadas a vestir de seglar y dispersarse, las novicias huyeron en desbandada ¿quién va a querer consagrar su vida en una congregación excomulgada? y la propia MARY McNILLOP por su condición de católica excomulgada, no encontró acogida ni ayuda entre sus "amigos católicos" de siempre ¡cómo desobedecer una orden del Obispo! Tuvo que ser acogida en casa de un matrimonio judío que la conocían de siempre, sólo los jesuitas, durante la vigencia de la excomunión, siguieron prestándole ayuda espiritual y dándole la comunión, a escondidas, durante este tiempo. Todo lo que no es de Dios, tarde o temprano acaba por saberse, porque al parecer la propia MARY McNILLOP y sus religiosas habrían tenido constancia de los abusos sexuales de un sacerdote hacia una de sus alumnas, precisamente acogida allí para salir del entorno y del escándalo, ellas lo notificaron al vicario (pues Monseñor SHEIL era un hombre enfermizo, y carente de voluntad que casi siempre estaba ausente, delegándolo todo en él), al parecer esto sentó mal en la diócesis, y como sueles suceder, en vez de tomar represalias contra el abusador y proteger a la víctima, los movimientos eclesiales por "salvar la cara" -como suele, tristemente suceder- hicieran de MARY McNILLOP la caeza de turco, y amparándose en una pretendida desobediencia, taparon un escándalo con una injusticia mayor. 



Precisamente, siendo una injusticia, agobiado quizás por la conciencia, un agonizante Monseñor SHEIL hizo prometer a su vicario, en su lecho de muerte que "haría todo lo posible por levantar la excomunión de la religiosa". De no haber sido así, y quizás, haber sobrevivido el Obispo más que MARY McNILLOP hoy no hablaríamos de la primera santa australiana, sino que,en alguna triste historia local se contaría que hubo una monja díscola, que desobedeciendo al obispo, fue excomulgada y el Señor la castigó con la desaparición de su congregación y de su memoria. En todo esto la que permaneció fiel, pese al dolor, "semper fidelis", fue nuestra protagonista, esa misma fidelidad y confianza en Dios, como la que demuestra cualquier perrillo agradecido, justo como el que comparte con ella esta foto, en silla de ruedas, muy mayor, poco antes de su muerte.

¿Tan injusta y veleidosa puede ser la historia? ¿La trayectoria de una persona puede depender de un error, de una injusticia, de la propia Iglesia? Tengo cuarenta y dos años, y a lo largo de mi vida puedo afirmar que lo mismo que he conocido religiosos, religiosas y sacerdotes, cuya vida de santidad sólo quedará en la memoria de quienes les conocimos, de la misma manera mi corazón guarda los nombres de tantos otros que han sido víctimas de estas actitudes de la Iglesia, que han padecido en silencio las humillaciones de su Madre, y que -lo mismo que Santa MARY McNILLOP- prefieren vivir en lo oculto y secreto de su humillación y sufrimiento, que hacer más daño a la Iglesia denunciando la injusticia de aquélla que está destruyendo la suya. Recemos por todos ellos, aunque qué triste debe de ser que alguien se tenga que morir, entre el sufrimiento y la incomprensión de la Iglesia, para que luego te reconozcan y te eleven a los altares.



Hace poco, el Papa FRANCISCO visitó las tumbas de dos sacerdotes italianos cuya vida no difiere mucho de nuestra santa australiana, defenestrados, perseguidos, incomprendidos, condenados de forma mas o menos evidente, me refiero a los sacerdotes PRIMO MAZZOLARI y LORENZO MILANI. No cabe duda de que este gesto al Papa FRANCISCO le honra, pero individualmente, porque en lo que a la Iglesia se refiere, como pasa muchas veces, el gesto no significa nada, porque la Iglesia también hace a veces las cosas "mal y tarde" De nada sirve poner flores en muerte a quienes hicieron la vida imposible en vida. Ojalá aprendamos de esta lección que Santa MARY McNILLOP nos ofrece hoy a todos.