domingo, 2 de julio de 2017

QUE TOME SU CRUZ Y ME SIGA...


En el Evangelio de hoy (Mateo 10,37-42) el Señor nos dice "el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí", y es que el Señor no dijo "el que no soporte las adversidades de la vida no es digno de mí" ¡no, no, no...! ¡dijo Cruz!, quiero decir con ello que la imagen del Señor es bastante gráfica a sus oyentes... ¡La Cruz! lo que sucede es que nosotros ya no estamos habituados al espectáculo horripilante de la Cruz, las autoridades ya no pasean por nuestras calles condenados a muerte, con su Cruz a cuestas camino del lugar de la ejecución... podemos, es verdad, intuirlo en las representaciones de los pasos de Semana Santa, en la iconografía, y en que tenemos  cruces (bueno, ya, las que nos dejan) por todos lados... nos hemos acostumbrado tanto a ella que las palabras del Señor ya no nos impresionan como a sus oyentes... quizás por eso el dramatismo de la PASIÓN de MEL GIBSON escandalizara a tanta gente, por no estarnos habituados a lo que suponía de verdad una crucifixión.

Primera página del Codex Qasr El-Wizz
"Discurso del Señor sobre la Cruz"
Al margen de lo anterior, añade también el Evangelio de hoy el Señor "os aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa", lo que me ha llamado la atención, porque uniéndolo a la Cruz, he encontrado recientemente en internet un papiro copto, encontrado en los años sesenta en el Monasterio de QASR EL-WIZZ, datado en torno a los Siglos IX o X, que contiene una escena en la que el Señor, instruyendo a los discípulos en el Monte de los Olivos, cuatro días antes de la Ascensión, es preguntado por PEDRO por qué cuando regrese "a juzgar a vivos y muertos" ha de regresar el Señor glorioso acompañado, precisamente, por la Cruz, a lo que el Señor le responde aunando ambas ideas, los justos serán tanto los que hacen las buenas obras (que ya conocemos del texto del Evangelio de Mateo sobre el juicio final "tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí" (Mateo 25,35-36)) como los que han creído, amado y respetado a la Cruz:

Primeros renglones del texto
 traducido a la izquierda
Oh Pedro, mi elegido, y vosotros, mis hermanos, ya sabéis todas las cosas que me hicieron esos judíos sin ley, así como las blasfemias que ellos amontonaron sobre mí en la Cruz; me escupieron, me golpearon, me pusieron la corona de espinas y las palabras insultantes que vertieron sobre mí. Por eso voy a traer conmigo la Cruz, para que pueda exponer su vergüenza. Y pondré sus infidelidades sobre sus cabezas. Pero ahora escuchadme atentamente, porque voy a explicaros otro gran honor de la Cruz. Cuando yo esté sentado en mi trono de Gloria para juzgar a todo el mundo, la Cruz estará puesta a mi derecha, plantada en el Valle de Josafat. Mientras sus raíces se hundan en la tierra, sus ramas brotarán de nuevo, como antes. En ese momento sus ramas cubrirán la tierra, tres partes de la tierra. Y todos los que hayan creído en la Cruz con todo su corazón, se congregarán bajo la sombra de la Cruz, todos ellos estarán allí, también los que dieron a los hambrientos de comer, o dieron a los sedientos de beber, o dieron ropa a los desnudos, pero especialmente los que hayan escrito libros de alabanza a la Cruz, hasta que termine de juzgar al mundo entero. Después de haber juzgado a todos los justos y los pecadores, se elevará la Cruz de nuevo y ascenderá a los cielos. Todos los que han creído en ella regresarán con ella, entrando en el Reino de los Cielos. 

Y me he acordado de ello además porque, hace poco, un amable seguidor me remitió un mensaje privado al TWITTER sobre mi campaña #YoSoyPuebloDeLaCruz referente a llevar nuestras cruces por fuera, visibles, en apoyo a nuestro hermanos perseguidos, y como gesto de no temor ante el arrinconamiento a la esfera privada al que nos quiere someter el secularismo radical imperante. 


La tesis de este lector es que "hacer alarde de un signo nos compromete mucho más, por lo que vista nuestra incoherencia, podemos escandalizar más que dar testimonio", me explico, según este lector -si es que entendí bien su argumento- es que, si -por ejemplo- yo pertenezco a un sindicato lo lógico es que me entreviste con los compañeros de trabajo, vaya a las reuniones, les apoye en sus problemas, denuncie ante la empresa, en suma, lo que se supone ha de hacer un buen sindicalista, pero si además, voy con el pin (por decir algo) del sindicato en la solapa de la chaqueta todo el día, no sólo me identifica, sino que me obliga mucho más, porque si un día no me apetece ir a una reunión del sindicato, pues no pasa nada, todos somos humanos, pero si voy presumiendo de ser del sindicato, con mi pin a todos lados, y no voy a esa reunión, el ejemplo que doy de coherencia es mucho peor. Y lo mismo vale para el pin de donante de sangre, del partido político, o del movimiento o congregación religiosa a la que pertenezca, según él.

Es verdad, entiendo el sentido de sus palabras y sus observaciones, en todos los ejemplos que se os ocurran, pero no lo comparto respecto de la Cruz, porque llevar mi Cruz por fuera no me identifica como "un cristiano ejemplar e intachable", ni me obliga a una coherencia heroica y siempre vigilante, que sólo alcanzan los santos, puesto que la Cruz, al contrario, es un constante signo de derrota y de fracaso, si precisamente llevo mi Cruz es para recordarme cuán débil, falible, pecador soy... Dicen que San FRANCISCO dijo una vez "puede que vosotros seáis la única Biblia que mucha gente lea" (y esa misma cita me la recuerda el lector que os digo, oponiendo el pretendido alarde de la Cruz con la coherencia de la vida personal), lo que más o menos quiere decir "por vuestro comportamiento la gente sabrá la verdad de vuestro anuncio". Sin embargo, ciertamente, lo uno no excluye lo otro, porque cuando me pongo a leer la Biblia descubro cientos de pecadores, hay borrachos, adúlteros, prostitutas, ladrones, asesinos, mentirosos, falsos profetas, recaudadores de impuestos aprovechados, pobres e ignorantes... en suma, veo muchos pecadores... por eso no puedo dejar de mirar la Cruz, donde Cristo los amó tanto para morir por todos y cada uno de ellos... A las típicas críticas que siempre nos están haciendo por ser cristianos (pensad en cualquier escándalo reciente de los que salen en los medios relacionados con la Iglesia) me gustaría responder, como accionado por un resorte, de inmediato, diciendo "todos esos pecadores, esos ejemplos de los que me hablas, no pueden ser cristianos. Me avergüenza ser agrupado con ellos. Los verdaderos cristianos no harían cosas malas. Aquí tienes un buen ejemplo, mírame a mí. Porque soy la mejor prueba de lo que es un buen cristiano", pero lo cierto es que hay que morderse la lengua, porque mis interlocutores no tardarían mucho en encontrar, averiguar o investigar cuáles son mis hipocresías, mis incoherencias y mis pecados. Por eso es que llevo una Cruz, porque como pecador, la necesito.

Tal vez deberíamos incluso llevar una Cruz a cuestas, más que una Cruz al cuello, para que a todos les quedara más claro: "No uso la Cruz como un signo de mi moralidad. Es una marca de mi pecado. Porque mi Dios murió por mí. Mi Dios ama incluso a un pecador como yo. Él no quiere lo que yo hago bien, porque ni siquiera nada bien hago... Él sólo murió por mí, y además, perdonando. Me identifico como alguien por quien el Señor murió. ¡Hola, mi nombre es bautizado! Me pongo esta Cruz porque el amor que Dios tiene por mí es más que un sentimiento, es tan grande que, en un momento dado, tuvo a bien sacrificar su vida por alguien tan indigno como yo. Y como este amor tan grande no puede existir en el vacío, ni puede expresarse con palabras, ni hay concepto que lo describa, este tipo de amor se parece más a esta Cruz que llevo".