miércoles, 12 de julio de 2017

VERÓNICA...
El verdadero icono del rostro de CRISTO


Veo en el santoral, si es que sigue existiendo a nivel oficial, que hoy es Santa VERÓNICA, he dicho si sigue existiendo porque la reforma del santoral en 1967 eliminó todos aquellos de los que no hubiere un vestigio documental atestiguado, siendo así que otros se mantienen por mera devoción y tradición. Y ya sabemos que de la VERÓNICA nada dicen los evangelios, pues es sólo conocida por la devoción popular, que la presenta camino del Calvario, encontrándose con el Señor y enjuagando su rostro, lo que le valió que quedara el rostro de Cristo impreso en dicho paño, y que es una de las estaciones del Vía Crucis tradicional, digo tradicional porque en las nuevas versiones del Vía Crucis se suelen usar sólo episodios evangélicos, suprimiendo los no documentados, hasta su nombre parece más simbólico que real, pues VERÓNICA significa en latín "vero icono" (verdadera imagen), por aquello de la impresión del rostro del Señor; aunque hay quien intenta salvar la autenticidad del personaje diciendo que su nombre griego sería BERENICE y que pasaría al latín como VERÓNICA.

Pero una devoción y tradición, además del Vía Crucis, debe de tener su origen, no vamos a creer que alguien se lo inventó, así sin más, y tuvo la suerte de imponer su ocurrencia por toda la cristiandad, de oriente a occidente, por lo que una vez más hemos de recurrir a los apócrifos (textos que de forma paralela a la expansión del cristianismo fueron recreando, completando, contando o exagerando lo ya contenido en los Evangelios canónicos, o sea, los oficiales), pero por ser apócrifos considerados "inspirados" como el resto de la Palabra de Dios, no tienen por qué ser necesariamente malos o heréticos, muchos no son más que recreaciones de piedad popular,por ejemplo, los nombres de los padres de la Virgen, JOAQUÍN y ANA, tampoco aparecen en el Evangelio, pero los conocemos, y celebramos, porque su historia aparece contenida en un apócrifo titulado "Protoevangelio de Santiago" donde se narra la infancia de María. 

Y aquí viene la sorpresa, porque VERÓNICA aparece recogida en otro apócrifo ¡y jamás adivinaríais de quién se trata!, aparece en el texto titulado "Actas de Pilato", en este texto PILATO hace todo lo posible por salvar al Señor, por lo que antes de condenarle se llaman varios testigos, y entre los que se presentan a declarar hallamos:

Y cierta mujer llamada Bernice (Verónica) empezó a gritar desde lejos, diciendo: «Encontrándome enferma con flujo de sangre, toqué la orla de su manto y cesó la hemorragia, que había tenido doce años consecutivos». Dijeron los judíos: «Hay un precepto que prohíbe presentar como testigo a una mujer».

Posteriormente, en otro apócrifo, llamado "Venganza del Salvador", los emperadores TITO y VESPASIANO, a instancias de los judíos, quieren acabar con PILATOS, a quien achacan el triunfo de los apóstoles, por no haber sabido custodiar el cuerpo, para que aquéllos lo robaran y ahora vayan diciendo que ha resucitado, por lo que PILATOS es encarcelado y perseguido por la propia autoridad romana, leemos:

Entonces hicieron una investigación acerca de la faz del Señor, sobre cómo podrían encontrarla. Y hallaron que estaba en poder de una mujer llamada Verónica. Después detuvieron a Pilato y lo metieron en la cárcel, donde había de ser custodiado por cuatro pelotones de soldados de a cuatro, apostados a la puerta de la prisión

¿A qué no os lo esperabais? Según esto... ¡VERÓNICA es la mujer hemorroísa sanada por el Señor! Ya os compartí antes de ayer, precisamente el Evangelio del día (Mateo 9,18-26) narraba el milagro de su sanación, que era uno de mis milagros favoritos, y desde que supe esta identificación hemorroísa-Verónica mucho más.

Me agrada la idea de pensar que la misma mujer que tuvo que abrirse paso entre la multitud, a empujones, confiando en que el Señor la sanaría, "si tocara la orla de su manto", es la misma que, poco después, se encuentra nuevamente abriéndose paso entre la multitud, a empujones, confiando en que podría consolar al Señor, "con el paño que llevaba". 

Me emociona creer que ella, que padecía una enfermedad de la sangre quedó sanada por el Señor en la plenitud de su vida, mientras que el Señor, que bajo la sangre de la tortura previa camino de la Cruz tenía un aspecto "tan desfigurado que no parecía hombre, ni su apariencia era humana" (Isaías 52,14) recupera su dignidad, su humanidad, al poder limpiarse la sangre del rostro gracias a ella. 

Me gusta pensar que lo mismo que el Evangelio sí narra el milagro que el Señor hizo con ella, ella por la tradición nos narra aquello mismo que el Evangelio calla: Cómo era el rostro de Nuestro Señor.

Sea un personaje histórico o no, sea su nombre real o simbólico, sea fruto de la piedad popular, lo que nos enseña hoy la VERÓNICA no difiere mucho de lo que ella misma hizo con el Señor: Ayudemos a todos nuestros hermanos, que son "vero icono", verdadera imagen del Señor, lo dijo él "lo que hicisteis con cada uno de vuestros hermanos, a mí mismo me lo hicisteis" (Mateo 25,40), para que en todas aquellas circunstancias de indignidad en las que se encuentren: hambre, paro, explotación, marginación, riesgo de exclusión social... acudamos presurosos a ayudarles, a devolverles su dignidad, a enjuagar sus rostros y brille la faz de lo que Dios quiso para ellos y sus vidas, no en lo que han quedado reducidos por los intereses ajenos, de toda índole, contrarios a Dios. 


Quizás, precisamente por todo ello, el Papa FRANCISCO, con esa delicadeza y profundidad que encierran todos sus gestos, cuando convocó el AÑO DE LA MISERICORDIA tituló la bula en que se convocaba "Misericordiae Vultus" ("El rostro de la Misericordia"), seamos pues como la VERÓNICA, capaces de mostrar a un mundo roto el rostro de Cristo.